El papel de los medios en la cooperación ambiental del Tratado de Libre Comercio

By  |  24 / septiembre / 2013

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16443_CouncilBannerLos días 17 y 18 de octubre se reúne el Comité Asesor Público en Washington, D.C., oportunidad que deben aprovechar quienes en el continente tienen que hacer saber a la Comisión para la Cooperación Ambiental (CEC, por sus siglas en inglés) de América del Norte, lo que piensan de sus 20 años de existencia y lo que falta por realizar.

No es necesario asistir a la reunión en la capital de los Estados Unidos para participar del evento: por medio de internet estará a disposición de todo México, Estados Unidos y Canadá.

Este tipo de apertura es lo que ha marcado a la CEC desde que se estableció, como un requisito para que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en Inglés) fuera aprobado por el gobierno de EUA en 1994.

Esta Comisión con domicilio en Montreal, ha brindado muchas oportunidades en cuanto a aportes pluralistas al proceso de toma de decisiones federales, incluso cuando los gobiernos de los tres países se hayan cerrado a sus propios ciudadanos.

La Comisión también es vista como un modelo para otros países de las Américas, en tanto que desarrollan acuerdos de comercio y estándares ambientales que buscan nivelar el campo de acción de los negocios y la salud.

La CEC es una herramienta de la justicia ambiental: o la usamos o la perdemos.

Quienes participen en las audiencias deben asegurarse que la CEC siga existiendo, recomendando que se asignen más fondos para los programas que opera.

Una vez más, los gobiernos en el TLCAN están indecisos respecto a continuar financiando a la CEC con aportaciones individuales de $3 millones de dólares al año: es de suma importancia decirle a los ministros de medio ambiente que apoyen y aumenten el apoyo financiero.

Además, deben ofrecerse en este foro, abierto a la crítica constructiva, formas nuevas de aumentar la efectividad de la CEC.

El Comité Consultivo Público Conjunto (JPAC, por sus siglas en Inglés), ha planteado que necesita saber lo que el público opina sobre el accionar de la CEC, lo que está bien hecho y lo que debe mejorar.

En varias oportunidades, el aporte ciudadano a la CEC, ha rendido frutos en muchos lugares.

Con brillo propio, se destacan los esfuerzos por hacer que la información obligatoria sobre los contaminantes industriales sea comparable a través de las fronteras políticas; que se investigue y se informe sobre los reclamos de los ciudadanos con respecto a la violación de la ley ambiental, y que se financien proyectos locales sustentables, que se adhieran a una perspectiva trinacional, en cuanto a mitigar los efectos peligrosos del comercio global.

Se debe reconocer el papel de los medios de comunicación en este proceso.

En efecto, sin participación de los medios, quienes toman decisiones no contarían con el conocimiento necesario acerca del peligro de lugares tóxicos y rutas de traslado de desechos, que han sido revelados por los Registros de Emisiones y Transferencias de Contaminantes de América del Norte (NAPRTR, por sus siglas en inglés).

De igual manera, los resultados de la Comisión en lo referente a solicitudes ciudadanas que tienen que ver con asuntos de aplicación de los Artículos 14 y 15 de la CEC, que cubren las omisiones perpetradas por los países firmantes del TLCAN en cuanto a aplicar sus propias leyes ambientales, no serían de conocimiento público, y mucho menos inspirarían la toma de medidas correctivas.

No se conocería la existencia de $1.2 millones de dólares para el concurso de propuestas sobre la implementación de iniciativas comunitarias verdes, online casino tampoco existiría información del uso de dichos fondos, que serían trabajados en aislamiento y anonimato.

Con base a su cobertura mediática o a su experiencia personal, quienes ofrecen su testimonio en las audiencias, pueden contribuir con ejemplos positivos sobre cómo los esfuerzos de la CEC han provocado un ambiente mejor. Por ejemplo:

  • México acaba de legislar un registro obligatorio sobre la contaminación industrial, gracias a la participación ciudadana auspiciada por la CEC;
  • En un barrio de Tijuana, se acaba de erradicar un vertedero tóxico, por el uso de un registro actual, que ministros de medio ambiente de los tres países del TLCAN hicieron de conocimiento público;
  • Comunidades originarias a lo ancho y lejano, están utilizando hornos solares para ahorrar energía y prevenir que el humo del fuego a leña provoque problemas respiratorios, gracias a los fondos provenientes de la Alianza de América del Norte para la Acción Comunitaria Ambiental (NAPECA, por sus siglas en inglés).

La CEC podría obtener sacar más provecho a cada dólar otorgado si dedicara una mayor parte de su financiamiento, diseminación y política, a involucrar a los medios de comunicación.

El vigésimo aniversario de la CEC ciertamente revivirá el viejo argumento acerca de si es necesario reforzar su competencia de ejecución. Ya sea que dicha actividad sea o no realzada, se tiene la certeza que la cobertura mediática sobre este cuerpo ambiental trinacional, o lo consolida o lo rompe.

El Cuarto Estado es el alfiler punzante entre la burocracia y la participación democrática.

Desafortunadamente, muchos periodistas, incluso aquellos que se especializan en la actualidad ambiental, no saben de la CEC ni dan seguimiento a sus actividades.

Al respecto, el testimonio público podría incentivar a los ministros de la CEC a dirigir a sus equipos de trabajo a mejorar el potencial de la comunicación mediática en todos sus programas y proyectos.

Los ministros ambientales debieran verse animados en canalizar financiamiento para el desarrollo global para esta causa.

Incluso sin la inyección de fondos nuevos, podemos imaginar lo que se podría lograr si la CEC decidiera conformar una relación de trabajo con las redes de comunicadores medioambientales de los tres países de América del Norte.

La CEC capacitaría a comunicadores medioambientales acerca de las herramientas que la Comisión está generando, para proporcionar un acceso sin precedentes a la información ambiental.

A su vez, estos comunicadores podrían capacitar a quienes pertenecen a sus asociaciones profesionales.

Y más aún, estos periodistas diseminarían la información al público y a tomadores de decisiones, en maneras que no se han visto hasta ahora.

Los tres gobiernos podrían estar perdiendo una gran oportunidad si no consideran este potencial. Por otra parte, si responden positivamente a este llamado, el medio ambiente, la salud pública, y por tanto la economía, se verían beneficiados.

Talli Nauman, periodista sobre el medio ambiente, miembro fundador de la Red Mexicana de Periodistas Medioambientales, es columnista del Programa de las Américas del CIP, www.americas.org/es
Traduccion: Maria Stella Dabancens

 

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