Viacrucis: Inmigrantes cambian las sombras por las calles

By  |  9 / julio / 2014

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Translated by Daniel Rodriguez

Nosotros decidimos entre todos hacer una caminata hasta Palenque.”

Ochenta kilómetros separan Tenosique, Tabasco de Palenque, Chiapas. Para el final, la caminata que empezó en Tenosique terminó hasta Reynosa de Tamaulipas, justo en la frontera con Estados Unidos.

Esta es la historia de esa caminata y las personas que decidieron hacerla.

Sin papeles ni protección, los centroamericanos que emigran atravesando México deben de evadir ser detectados por los oficiales de migración mexicanos que tienen la autoridad de detenerlos y deportarlos, por los policías estatales y federales que comúnmente los extorsionan, y por el crimen organizado a nivel local, nacional y transnacional que también los han hecho un blanco para robos, secuestros y asesinatos. Por ello, no es ninguna sorpresa que la problemática de inmigración de centroamericanos a través de México, sigue siendo invisible para muchos mexicanos. Ellos tienen que ser invisibles para sobrevivir.

Sin embargo, en los estados mexicanos de Tabasco, Chiapas y Veracruz, los peligros de ser invisible se están convirtiendo aún mayores que los riesgos de ser vistos por la ley.

Abordar el tren en Tabasco y el sur de Veracruz se ha vuelto una situación de vida o muerte. Para febrero de este año, cada semana o cada dos, se publican artículos de inmigrantes asesinados por no pagar la “cuota”. Las “maras” – las pandillas centroamericanas que aterrorizan inmigrantes a lo largo del país – demandan que los inmigrantes que se suban al tren, paguen $100 por persona.

Las más grandes de estas pandillas, la Mara Salvatrucha 13 y Barrio 18, han creado alianzas con los carteles de los Zetas y del Golfo que operan a lo largo de las rutas migratorias. Los carteles han comprados los agentes de policía local y los oficiales de Inmigración en muchos lugares, permitiendo que sus operaciones de tráfico de drogas, secuestros y extorciones continúen sin enjuiciamiento.

mig2En semanas recientes, los operadores de trenes de carga dejaron de dejar inmigrantes a bordo de “La Bestia”, el tren que los lleva al centro del país. Aún si el tren es peligroso, quedarse abandonado en algún punto del trayecto es aún más.

El 31 de marzo, el gobernador de Veracruz Javier Duarte presentó una demanda en contra de las empresas de trenes Ferrocarriles Sur y Grupo Kansas City, argumentando que ellos son los responsables por las personas asesinadas, heridas y extorsionadas después de bajarse del tren. Duarte dijo que el caso haría que las compañías ataquen los problemas dentro de los trenes.

Pero críticos como Rubén Figueroa del Movimiento de Migración Mesoamericana (MMM) dicen que el caso solo hace a los inmigrantes más vulnerables, sin resolver ninguno de los problemas. Sin ninguna otra opción, a principios de abril, cientos de inmigrantes empezaron a congregarse en Tenosique, habiendo escuchado sobre el “Viacrucis del Migrante”, el cual ellos esperaban, les ayudase hacer la primer parte de su viaje más segura.

El Viacrucis, organizándose para proteger inmigrantes en México

En Tenosique, a una caminata de unos cuantos días de la frontera con Guatemala, Fray Tomás y el MMM estaban preparados para lanzar su cuarto Viacrucis para llamar atención al viaje de los inmigrantes a través del sur de México y clamar para su libre tránsito. El Viacrucis se refiere a las diferentes estaciones que Cristo pasó al cargar su cruz hacia la crucifixión. Es tradicional dentro de las iglesias Católicas el recrear el Viacrucis durante la Cuaresma para recordar a los creyentes del sufrimiento de Cristo.

mig3El Fray Tomás es un sacerdote dominico que administra el albergue en Tenosique, Tabasco. “La 72”, llamada así para conmemorar los 72 inmigrantes que fueron masacrados por los Zetas en Tamaulipas. El Fray Tomás, “La 72” y el MMM se han estado preparando para el Viacrucis y difundiendo la palabra entre los inmigrantes. El plan are abordar el tren “La Bestia” e ir hasta su primer parada en Palenque, Chiapas.

El Viacrucis se inspiró en caravanas previas para promover los derechos y protección de los inmigrantes. La novena Caravana de Madres Centroamericanas en Búsqueda de sus Hijos Desaparecidos atravesó México en noviembre y diciembre del 2013, y un grupo de amputados hondureños que perdieron sus extremidades en el viaje de tren, tuvieron una caravana en abril del 2014. El MMM organiza la Caravana de la Madre que ayudó a reunir a 12 inmigrantes con sus familiares sólo en el 2013.

La cuarta caravana de amputados fue organizada por la Asociación de Migrantes con Discapacidad esta primavera. Dieciséis hombres hondureños entre las edades de 29 y 50 viajaron desde la frontera hasta la Ciudad de México, buscando una audiencia con el Presidente Enrique Peña Nieto. Este se negó a reunirse con ellos, pero aún así su viaje ganó atención de los medios y aumentó el conocimiento público de los mortales peligros que los inmigrantes enfrentan en México.

En Tenosique, Augusto era uno de los que estaban esperando el inicio del Viacrucis. Cuando describía la situación en su país natal de Honduras, Augusto explicaba que “para vivir, hay que pagar el impuesto de guerra. De la misma manera que en este viaje nos están cobrando para poder abordar La Bestia, el tren, es así en Honduras también. Para vivir en tu casa, tienes que pagar también. En tu propia casa. Si no, se meten con tu familia, los matan. Estamos jodidos ahí.” [1]

Augusto es un soldador con su esposa, dos hijos, madre y varios hermanos que dependen de él. El está sumamente consciente de los peligros del viaje a través de México.

Imagina,” él dice. “Si ellos dependen de ti, y tú vienes aquí y pierdes tu vida, entonces ¿quién va a alimentar tu familia?” [2]

Unos días antes, un inmigrante salvadoreño que dejó su familia atrás fue mortalmente herido por no pagarle a las bandas de crimen organizado que cobran a los inmigrantes para subirse al tren.

La caravana del Viacrucis planeó incluir a la prensa y a los defensores de los derechos humanos, trayendo atención pública a la necesidad de proteger inmigrantes en su viaje. Augusto y sus amigos que aguardaban que empezase el Viacrucis, esperaban que los inmigrantes se pudiesen ayudar entre ellos y entre los que no han empezado el viaje.

Como Fray Tomás dijo luego, “Estamos haciendo visible lo que por muchos años ha sido invisible… la muerte que nuestros gobiernos nos causan; el sistema económico, que es el más responsable por nuestra partida y que nos trae muerte. No podemos continuar muriendo. Tenemos que transformar este paso de muerte en un paso de vida.” [3]

Vamos caminando” – El Viacrucis empieza

El 14 de abril, el MMM y la 72 publicaron un comunicado con las demandas del Viacrucis. Además de la demanda principal de libre tránsito para inmigrantes, la publicación pidió “la disolución del Instituto de Inmigración Nacional y la creación de un Instituto que promueva seguridad humana en lugar de seguridad nacional,” la creación de políticas públicas a un nivel regional para terminar con la inmigración forzada y violencia estructural, y que México ofreciese asilo y refugio a aquellos huyendo de la violencia en sus países.

El viaje comenzó en Guatemala el 15 de abril con Fray Tomás y Rubén Figueroa, vocero del MMM, como los líderes civiles miembros de la caravana hacia la frontera con Tenosique. Este primer trayecto se viajó río-arriba en bote o lancha desde El Naranjo, Guatemala, hasta un rancho cerca de la frontera mexicana. Mientras esperaban a que una segunda lancha llegase al rancho con el resto del grupo, el conductor de la primer lancha describió su experiencia.

Es un viaje difícil” remarcó solemnemente. “No sabría que decir [cuántos] pero muchísimos de ellos pasan.” [4]

El recordó como ellos antes llevaban grupos de inmigrantes a través de los puestos militares, chantajeando a los oficiales con “mujeres, comida y tequila.” Desde esto, los guardas han sido cambiados, y ahora tienen que esquivar el puesto. Algunos de los guías que operan en el área cobran altos precios y dejan a los inmigrantes a medio camino. Algunos de ellos cobran menos y son honestos. De cualquier manera, todos se benefician de la oportunidad de hacer negocios con el tráfico de personas.

Desde el rancho, el grupo caminó a un pueblo llamado El Pedregal, cruzando la frontera en este trayecto. La mayoría de los inmigrantes entonces caminan una noche o dos a Tenosique, donde ellos llegan con ampollas y dolores en los pies. El Viacrucis viajó a Tenosique en un pickup, acompañados por un grupo de inmigrantes que llegaban a El Pedregal alrededor de la misma hora. Al principio, estaban sospechosos de los periodistas y activistas – después de todo, como muchos inmigrantes dicen, durante este trayecto “uno no puede confiar en nadie, ni en la propia sombra.” Pero unos cuantos de ellos, habían ya oído del Viacrucis estando en Guatemala, y estaban contentos de unírsele, con sus grandes sonrisas a como el pickup conducido por Fray Tomás pasaba sin detectar por los puntos de revisión de inmigración a lo largo del viaje.

El día siguiente, líderes del refugio e inmigrantes marcharon por Tenosique al puesto de inmigración en la autopista, donde se estacionaron luego con música, discursos y cantos. Estas actividades, como Fray Tomás y Rubén Figueroa saben bien, sirven no sólo para llamar la atención, pero también para crear un sentido de comunidad y lucha social entre el grupo de inmigrantes participando del Viacrucis.

En esta demostración, Fray Tomás recalcó la naturaleza pacifista de la caravana y clamó por unidad. Él repitió un mensaje de charlas pasadas a otros inmigrantes: “Si no podemos transformar nuestra indignación, nuestro enojo, en un camino de vida, no lograremos mucho.” [5]

Fray Tomás habló también de los peligros del crimen organizado a través del viaje pero le aseguró al grupo que, “Un criminal no puede lograr más que cientos de personas llenas de esperanza.” [6]

Él recapituló las demandas y críticas del Viacrucis, y condenó tanto las políticas migratorias de México como las de Estados Unidos, las cuales designó como “para controlar y para parar, dictadas por la política migratoria de los Estados Unidos de Norte América. La policía migratoria de ese país está designada a matar.” [7]

Los inmigrantes tomaron turnos con el micrófono, declarando que ellos también son seres humanos. “Nadie es ilegal,” gritó un hombre hondureño. “Todos somos legales en la Tierra. La Tierra no es sólo los Estados Unidos. Podemos ir donde queramos.” [8]

De vuelta en el refugio, entre música y bromas, la espera por el tren comenzó. Un inmigrante hondureño conocido como “Treinta Treinta”, alivió la tensión con su sentido del humor y voz rasposa, a como los inmigrantes apretados a su alrededor se carcajeaban con uno de sus clásicos chistes. La gente se reunía alrededor del guitarrista Erick, también de Honduras, quien tocaba en una banda en Nueva Orleans donde ha vivido por años. Él fue deportado recientemente después de haber sido descubierto sin papeles y su familia está esperando ansiosamente su regreso.

No fue hasta las tempranas horas de la siguiente mañana que el tren podía ser escuchado vibrando en la distancia. Cerca de 500 miembros de la caravana abordaron el tren, forzándose dentro de unos cuantos carros.

Ellos esperaron más de cuatro horas encima del tren a que este parara, aguardando cuidadosamente el clang, clang, clang que anuncia el jalón de los carros del tren a como se van moviendo uno por uno. Si uno no se aferra fuerte, puede terminar como tanto inmigrantes que han perdido una mano, una extremidad o aún peor. Con la primera luz del día, el tren finalmente empezó a moverse. Salió de Tenosique – pero dejó a los inmigrantes atrás.

Los operadores habían desconectados los carros que traían los inmigrantes. Ellos informaron a Fray Tomás que estaban actuando con “órdenes de la compañía.”

De vuelta en el refugio, muchos expresaron frustración, confusión y enojo. Fray Tomás reunió a todos y les dijo: “¿Qué vamos a hacer? Esto es lo que todos ustedes tienen que decidir… Este es el momento cuando todos ustedes tienen que tomar en serio la defensa de sus derechos.” [9]

Figueroa, quien inmigró para trabajar en Carolina del Norte y luego volvió a México para unirse a la lucha para defender los derechos de los inmigrantes, se dirigió al grupo de preocupados inmigrantes. “Ahora tenemos que hacer estos colectivamente. Hoy son todos ustedes quienes van a llevar el liderato.” [10]

Alrededor de 450 inmigrantes discutieron sus opciones, considerando que el siguiente tren a Palenque podría o no dejarlos abordar. Wiliam, hondureño, anunció la decisión del grupo:

Todos hemos decidido juntos que vamos a caminar a Palenque.”

Inmediatamente, el refugio empezó a resonar con emoción y actividad. Los inmigrantes organizaron equipos para ir a los vecindarios de Tenosique para pedir donaciones para apoyar su marcha a Palenque. Otro equipo empezó a trabajar en la limpieza del refugio. Los activistas y defensores de derechos humanos, empezaron a escribir un comunicado para que fuese publicado por el MMM:

No estamos pidiendo sólo abordar el tren, al contrario, demandamos el derecho de cruzar segura y libremente, sin ser expuestos a la extorsión y violencia de parte de las autoridades y crimen organizado.” [11]

En ese momento, el Viacrucis 2014 tomó un rumbo definitivamente diferente de las caravanas pasadas. No era sólo una acción simbólica para traer atención al clamor de los inmigrantes. Se había convertido en el desafío más básico que los inmigrantes enfrentan – averiguar cómo viajar al norte cuando todos los planes se desmoronan. Pero esta vez, lo hicieron juntos y a lo largo del trayecto, iban pidiendo un paso libre de violencia y humillación para todos los inmigrantes.

No fue una decisión fácil de tomar para nadie. Los inmigrantes tenían que considerar tanto participar en la lucha por los derechos de los inmigrantes como el hecho de que tenían que sustentar sus familias. Un inmigrante manifestó su duda, insistiendo que él quería ayudar el movimiento, pero que no sabía que tan larga sería la caminata y que estaba en un apuro de llegar al norte y mandar dinero a la casa.

Aún así, los días anteriores de asambleas, creación de afiches, marchas, oraciones y cantos, habían instaurado un sentido de comunidad y espíritu colectivo que no sería resquebrajado fácilmente. La mayoría de los inmigrantes decidieron unirse a la caravana.

Tabasco, Chiapas, Veracruz y Puebla

El grupo salió de Tenosique el 17 de abril a las 5 pm, caminando hacia Palenque hasta que después de caminar bastante de noche, llegaron a un pequeño pueblo, Arena de Hidalgo. Cuando llegaron ahí, algunos voluntarios fueron a buscar a los oficiales del pueblo para anunciar su llegada. En el megáfono, Fray Tomás explicaba que “tenemos que informarles que no los lastimaremos, que no somos criminales, que hemos decidido caminar porque no nos dejaban abordar el tren.” [12]

En cuestión de una hora, el pueblo abrió los baños públicos del parque a los inmigrantes, los proveyeron de agua, y les dieron bocadillos a los hambrientos hombres, mujeres y niños después de sus 20 km caminados. Exhaustos y con pies callosos, los inmigrantes se acostaron por el resto de la noche.

La mañana siguiente, mientras los inmigrantes hablaban de los deliciosos tamales donados para el desayuno, Aaron Rodríguez, director ejecutivo de la Misión Scalabriniana para Migrantes y Refugiados, mencionaba que “Esto es una solidaridad tremenda. ¿Dónde se ve esto?” [13]. Esa solidaridad no terminó en la Arena de Hidalgo.

Cuando la energía y el ánimo empezaron a enflaquecer con el calor del día, los inmigrantes se toparon una pequeña iglesia en el campo cuyos miembros se habían reunido para celebrar el Viernes Santo con calabaza caramelizada y pozol, una bebida a base de maíz. Ellos donaron todo lo que tenían a los inmigrantes del Viacrucis.

No había suficiente para todos,” remarcó una de las personas en la iglesia, “porque sólo iba a ser para nosotros. Pero les ofrecimos algo al menos.”

Miembros de la Iglesia Católica de la siguiente ciudad en el camino, llegaron para llevar a los inmigrantes en sus pickups. Fray Aurelio del albergue de inmigrantes “La 72” y Hermana Magdalena de Cafemín viajaron adelante del grupo para notificar pueblos de su llegada y para pedir apoyo.

Cuando el grupo llegó al pueblo de Playmig4as de Catazaja, fueron recibidos por más de 200 inmigrantes que habían viajado del albergue en Palenque para unirse al Viacrucis. Se fueron de Palenque a pie, pero lograron convencer al Estado para que proveyera transporte y así llegaron en camiones de Policía Militar.

Con un grupo más grande y un sentimiento de ímpetu, el grupo decidió pasar Palenque e ir directamente a Veracruz.

El estado de la Costa del Golfo de Veracruz va desde el sur hasta el centro de México. Desde Guatemala, los inmigrantes deciden viajar a través de Ixtepec, Oaxaca o Tenosique, Tabasco, pero todo aquel que se monte a “La Bestia”, debe pasar por Veracruz para abordar trenes en el Estados de México. Veracruz ha sido uno de los lugares más peligrosos para inmigrantes en los últimos años, y en meses recientes, ha visto una crecida en la cantidad de muertes de inmigrantes.

El Viacrucis paró primero en la ciudad de Coatzacoalcos, Veracruz. “Coatza,” como muchos lo llaman, es protagonista en las historias de terror que los inmigrantes comparten entre ellos y con periodistas, especialmente cuando se trata de crimen organizado y secuestros. Hablan generalmente acerca de lo que pasa en los rieles del tren. Solamente revelan si se les pregunta directamente, silenciosos y con miradas a los lados, que son en realidad ellos el personaje en su historia quien fue secuestrado, robado, violado. Ellos muestran las cicatrices y ríen.

Todos escuchan de los riesgos antes de dejar sus casas. “¿Pero qué más podemos hacer?” preguntan. “No tenemos otra opción.” Ellos tienen que alimentar a sus familias, o están huyendo de las amenazas de muerte de las pandillas.

Los inmigrantes dejaron los buses a la orilla del pueblo y entraron a la ciudad a pie, marchando con 700 personas hacia un paso a desnivel por las líneas del tren donde una organización benéfica local distribuía comida gratis a los inmigrantes. Ahí, un grupo de 100 inmigrantes en un bus desde el albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, Oaxaca, se unieron a la caravana, acompañados por el fundador del albergue, el Padre Alejandro Solalinde.

Para este punto, el Viacrucis había ganado atención de la prensa y el respeto de los ciudadanos mexicanos. Los participantes ya no tenían que caminar a lo largo de la autopista, esperando donaciones de comida y agua de parte de aquellos que pasaban. Ellos usaban su capital político para asegurar buses, comidas y servicios médicos de gobiernos estatales y regionales, así como organizaciones locales.

Después de cuatro días de haber empezado el viaje, la estructura organizacional del Viacrucis había también evolucionado significativamente. Los inmigrantes sostenían reuniones para formar un equipo de coordinadores representando los grupos de Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, mujeres, Garifunas (una población afro-descendiente de Honduras) y la comunidad LGBTQIA. Los representantes se reunían regularmente con los activistas y defensores de derechos humanos que estaban acompañando el Viacrucis, y participaban activamente en el liderazgo de acciones públicas, tomando decisiones grupales y hablando con la prensa.

Elena Urbina, una representante del grupo de mujeres que viajaba con su esposo y dos hijos, explicó que ella decidió unirse al Viacrucis por la protección que este ofrecía. Pero desde temprano, incluso antes de ser elegida como una representante, ella sintió un creciente sentido de orgullo y emoción por lo que el Viacrucis representaba como movimiento social.

Para mí, [la caravana] va a ser algo histórico,” dijo, el segundo día de caminata. “Va a trascender en la historia porque es algo en lo que yo tengo fe que lograremos todos juntos.” [14]

Cuando llegaron a Amatlán de los Reyes, Veracruz, los representantes de los inmigrantes y los defensores de derechos humanos que acompañaban el Viacrucis se reunieron con el Gobernador Duarte. Volvieron al grupo con las buenas noticias que el gobernador había prometido establecer libre tránsito de inmigrantes en el estado y que el Viacrucis sería transportado en bus. También ellos volvieron para encontrarse con una deliciosa comida de pollo, arroz, frijoles y tortillas preparada por Las Patronas, un grupo de mujeres que han dado comida a inmigrantes por años. Ellos se enorgullecen de las comidas que sirven a aquellos que pasan por la villa en “La Bestia” y la cena que prepararon para el Viacrucis no fue la excepción.

Después de una noche en Puebla, donde los inmigrantes tuvieron la oportunidad de descansar y relajarse porque la marcha programada fue cancelada por lluvia, el Viacrucis continuó hacia la Ciudad de México. El 23 de abril, seis días después de que el grupo original de 450 saliera de Tenosique a pie, muchos más de 1000 inmigrantes centroamericanos indocumentados entraron a la capital de México.

Ciudad de México: Los que dan papeles y los que no los tienen

La Ciudad de México representó un clímax de todo tipo para el Viacrucis. El grupo dejó atrás más de 20 buses en el Ángel de Independencia y marchó hacia la residencia presidencial en Los Pinos, cantando en el trayecto: “¡Los migrantes no somos criminales! ¡Somos trabajadores internacionales!”. La autoridad moral del Viacrucis estaba demostrada por la sobresaliente ausencia de la policía antimotines, casi siempre presente cuando más que unos cuantos cientos de personas se manifiestan en las calles principales de la Ciudad de México.

mig5Muchos defensores de derechos humanos hablaron a la prensa, junto con los inmigrantes en la entrada de la residencia presidencial, incluyendo a Fray Tomás, Rubén Figueroa y Marta Sánchez Soler del MMM, Hermana Leticia Gutiérrez y Aarón Rodríguez de la orden Scalabriana, el Padre Solalinde y otros. En repetidas veces a lo largo del viaje a la Ciudad de México, el Viacrucis había asegurado transporte o acomodaciones gracias a una combinación de los contactos dados por los defensores de derechos humanos formados durante años de duro trabajo, negociación y abogacía, y la presión política de cientos de inmigrantes que marchaban por sus derechos.

Ahora en la capital, esa combinación de viejas relaciones aún funcionales y el masivo desafío político, permitió al Viacrucis reunirse con miembros de los poderes ejecutivos y legislativos del gobierno federal. En la reunión con los oficiales que incluían a Paloma Guillén bajo la Secretaria para Inmigración y Asuntos Religiosos, y Ardelio Vargas, el director del Instituto Mexicano de Migración (similar al ICE en los Estados Unidos) y la comisión de representantes de los inmigrantes junto con los defensores de derechos humanos que los acompañaron, negociaron la expedición de “permisos de salida” válidos por 30 días para todos los miembros del Viacrucis. Estos permisos permiten a su portador viajar libre y legalmente en México hasta por 30 días, periodo después del que ellos tendrán que irse del país.

[Estamos haciendo esto] no sólo por nosotros mismos, sino por todos aquellos que vienen después de nosotros, y por toda la sangre derramada en las líneas del tren. Es una lástima que México sabe al respecto, pero quita la mirada.”

El 24 de abril, alrededor de 40 inmigrantes acompañados por varios de los defensores de derechos humanos se reunieron con un grupo de legisladores nacionales para contar sus historias y delinear sus demandas. Axel, el representante del grupo de guatemaltecos, le contó aquellos allí: “Me fui porque si no pagaba una extorsión ahí, ellos me matarían… [Estamos haciendo esto] no sólo por nosotros mismos, sino por todos aquellos que vienen después de nosotros, y por toda la sangre derramada en las líneas del tren. Es una lástima que México sabe al respecto, pero quita la mirada.” [15]

La inmigrante guatemalteca Jessica Paola Sánchez López dio su testimonio personal del sufrimiento que muchos centroamericanos, especialmente mujeres, enfrentan en sus países de origen y a lo largo de la ruta:

Yo tengo una niña pequeña. …Una noche antes de llegar al albergue nosotros durmimos en un camión, aguantando frío. Pidiendo comida. Entonces mi hija es así. Ella fue la que sufrió más. Ella me decía “mamita donde vamos.” Y yo le decía a ella “a buscar un mejor futuro.” Porque yo no tengo familia ni adelante ni yendo para atrás a mi país. Entonces allá muchos se burlan porque yo soy madre soltera. Mi familia me echó de la casa. A mí me han ocurrido muchas cosas. Si yo me voy para adelante, cruzo la frontera, que primero diós sea así, yo no tengo a ninguna persona que me está esperando allá. … Y si me regresan para atrás, quizá voy a sufrir mucho más.” [16]

Delia María Barahona de Honduras le hicieron eco a las demandas de los inmigrantes de que México debe de permitirles transitar libre y seguramente a través del país:

Es obvio que vemos las noticias y vemos los casos que se presentan a diario. Hemos visto todo lo que pasa en el tren. … Porque muchos salimos de nuestros países como lo mencionaban los compañeros con una ilusión de encontrar una nueva oportunidad, donde salir adelante porque no somos personas malas. …Entonces sí pedimos que nos den una visa de tránsito y una urgente reingienería en el departamento de migración porque ellos nos extorsionan.” [17]

Los legisladores escucharon a testimonio tras testimonio, todos relatando la realidad de la migración forzosa y violencia estructural. Y aún así, como Marta Sánchez Soler apuntaba durante la reunión, esta no es la primera vez que inmigrantes centroamericanos se han reunido con legisladores. Y el problema no solo continúa, pero también crece. Sánchez Soler urgió a aquellos presentes para que trabajaran en sus promesas de mejorar la legislación, advirtiendo que la situación se está convirtiendo en una crisis.

Ellos ganaron sus visas de tránsito. Con promesas y permisos en mano, muchos de los inmigrantes todavía tenían sus miradas puestas en la frontera norteña.

La Ciudad de México fue la última parada para algunos de los defensores de los derechos de los inmigrantes. Era momento de que ellos volviesen a sus respectivos hogares y retomaran sus trabajos diarios de manejar albergues, cocinas, oficinas y organizaciones. Aquellos que se fueron aquí, continuaron apoyando de lejos, y algunos siguieron con el Viacrucis.

En el Norte había otros defensores de derechos humanos y albergues listos para recibir y acompañar los inmigrantes, muchos de los cuales estaban tan ansiosos para seguir moviéndose como estaban emocionados acerca del éxito de las actividades del Viacrucis en la Ciudad de México. De ahí en adelante, sin embargo, la participación de los representantes de los inmigrantes en la coordinación de decisiones, organización y logística, se volvió aún más importante.

Al Río Bravo y más allá

El gobierno del Estado de México, fronterizo con el Distrito Federal, ha sido notoriamente hostil hacia los inmigrantes. Varios albergues han sido forzados a cerrar en años recientes y organizaciones humanitarias forcejean para mantener sus servicios disponibles para los inmigrantes. Después de pasar la noche del 25 de abril en Lechería, bajo mucho peor condiciones que los prometidas por el gobierno estatal, los 700-800 inmigrantes que continuaron con el Viacrucis marcharon hasta Huehuetoca donde fueron recibidos por el albergue San Juan Diego Cuauhtlatoazin, administrado por el estado.

Las llamadas telefónicas y mera presencia de cientos de inmigrantes que ayudaron a asegurar transporte para el Viacrucis en otros estados, fueron insuficientes en el Estado de México. No fue hasta que representantes de los inmigrantes y activistas acompañantes decidieron anunciar, el 28 de abril, su plan para tomar la autopista a pie la próxima mañana a las 4 am, que fueron proveídos los buses que llevaron el grupo a San Luis Potosí.

Representantes de los inmigrantes como Jaime Henríquez de Honduras ayudaron a mantener el flujo de información abierta entre los organizadores y los inmigrantes, y fueron cada vez más importantes para el manejo de logísticas como el registro de miembros del Viacrucis y la coordinación de la carga y descarga de los buses. Henríquez ha viajado en los trenes muchas veces, conoce el viaje de los inmigrantes bien, y él mismo ha sido el blanco de secuestros y ataques. Con un fuerte físico de anchos hombros, cuando habla de las amenazas que ha recibido, siempre menciona que no le tiene miedo a nada.

Los inmigrantes que habían estado previamente menos involucrados con las muchas tareas que tienen que ver con el manejo del Viacrucis, empezaron a tomar roles más activos. Un joven inmigrante hondureño, apodado “El Chele” – la palabra para una persona de piel clara en Honduras, encontró su nicho en la cocina del refugio de Huehuetoca. Anteriormente, “El Chele” había frustrado a los coordinadores con su reticencia para cooperar, pero cuando se le preguntó sobre su participación en la cocina respondió: “Después de ver cuantos de los inmigrantes y los que nos acompañas trabajan todo el tiempo para el Viacrucis, empecé a pensar, ¿por qué también yo no ayudo?”

El Viacrucis fue bien recibido en San Luis Potosí en el albergue administrado por el Padre Rubén Pérez Ortiz, quien ayudo a organizar una conferencia de prensa después de una marcha que pasaba por el centro histórico de la ciudad. La tarea de hablar con la prensa recayó en los hombros de los representantes de cada sector de la población inmigrante. En Saltillo, el Padre Pedro Pantoja, el Obispo Raúl Vera y varios activistas acompañaron una comisión de los inmigrantes a su reunión con el gobernador del estado de Coahuila. La comisión incluía una mujer llamada cariñosamente por todos en el Viacrucis “la abuelita”.

El nombre real de “la abuelita” es Blanca Lidia Valenzuela. Hondureña, ella ha viajado a México 16 veces en los últimos 9 años en busca de su hijo desaparecido, Víctor Manuel Hernández. La cara color tierra y arrugada con la edad, la traiciona con signos de cansancio cada vez que habla de su hijo. Pero la misma cara tiene arrugas que se profundizan cuando sonríe, y demuestra que no sólo está determinada a encontrar a su hijo, pero que también está determinada a acompañar el Viacrucis hasta el final y decir lo que piensa.

En Saltillo, la mitad del grupo fue al pueblo colindante de Reynosa, Tamaulipas, haciendo el Viacrucis la primer caravana de cientos de inmigrantes en cruzar México completamente a lo largo. La otra mitad fue a Monterrey, donde los inmigrantes podían escoger quedarse y trabajar o viajar a otros pueblos vecinos. La abuelita se convirtió en una de los 60 inmigrantes más vulnerables – mujeres, niños, menores sin compañía y miembros de la comunidad GLBTQIA – que decidieron entregarse a las autoridades de inmigración estadounidense el 3 de mayo para aplicar por asilo político.

El día anterior, los aproximadamente 200 inmigrantes que permanecieron en el albergue de Reynosa habían protagonizado un último acto de protesta marchando hacia la orilla del Río Bravo y formando el número 72 con sus cuerpos acostados en el suelo. Un grupo de inmigrantes había pintado letras en sus pechos con pintura roja que deletreaban: ¿Dónde están los culpables?”. El acto conmemoraba la masacre de los 72 inmigrantes en el cercano San Fernando y hacían una simple pregunta, una pregunta que critica la impunidad que reina a lo largo de la ruta migratoria en México, una impunidad simbolizada por los 72 inmigrantes de San Fernando. El mismo 72 por quien el refugio de inmigrantes “La 72” fue nombrado, el refugio donde el Viacrucis empezó.

Final del camino, comienzo del próximo

Después de la protesta en Reynosa, los inmigrantes formaron parte de una última instancia de desafío político. Los coordinadores empezaron a instar a los inmigrantes a que empezaran a marchar de vuelta al albergue, pero en lugar ellos se empezaron a congregar en un afloramiento con vista al río.

Se juntaron alrededor de una cruz dedicada a aquellos que han muerto tratando de cruzar al otro lado. Al otro lado, dentro del rango que recorrería una piedra tirada a mano, los agentes de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos montados a caballo también se habían reunido, probablemente en anticipación del evento que había tenía tanta publicidad.

Los inmigrantes se agruparon y viendo hacia el río que separa México de los Estados Unidos, América Latino del llamada “America”, pobre del rico, ellos de sus sueños y metas. Los inmigrantes empezaron a corear. En voz alta, enfáticamente, tal vez airadamente.

¡Libertad, libertad, al migrante libertad!

Este arrebato – que alarmó al director del refugio de inmigrantes, quien estaba preocupado acerca de la seguridad y del helicóptero de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos que sobrevolaba la manifestación, mostró que este grupo de inmigrantes había salido por completo de las sombras en cuales tantos centroamericanos luchan, se esconden, sufren y mueren. Ya no tenían miedo a morir, y definitivamente ya no estaban callados.

También esto mostró que a pesar de que este grupo veía a los Estados Unidos como una supuesta fuente de oportunidad económica, seguridad y esperanza, los inmigrantes claramente también denunciaban el role estadounidense en la migración regional.

La política migratoria estadounidense, así como su política exterior y sistema económico, ha generado aún más violencia, pobreza e inestabilidad en Centroamérica. Estas condiciones llevan a su vez a la migración forzosa, donde las personas enfrentan la violencia estructural y criminalización que resulta de la política migratoria de México.

Los inmigrantes miraban al otro lado del río y podían ver la patrulla fronteriza montada. Ellos sabían que esos guardas con sus serias caras, los podían oír y por ello, ellos expresaban su indignación, alto y claro, todos juntos.

Por Martha Pskowski y Alex Mensing

Martha Pskowski es una escritora e investigadora basada en la Ciudad de México, originaria del área de Washington DC. Martha tiene un bachillerato de Hampshire College y trabaja en los campos de antropología y geografía. Su investigación se enfoca en políticas ambientales globales y sus impactos en las comunidades indígenas de México y Centroamérica que emigran en México. Ella es miembro del equipo del Programa CIP Américas en www.americas.org. Alex Mensing es un escritor independiente, organizador de viajes del oeste de los Estados Unidos.

 

NOTAS:

[1]uno para poder vivir tiene que pagar un impuesto de guerra. O sea, como que ahorita venimos en este camino y ahí nos están cobrando una cuota para podernos montar a la bestia, que es el tren, así es en Honduras también. Para que puedas vivir en tu casa tienes que pagar también. En la casa de uno. Si no, pues, ya les chingan la familia a uno, pues, las matan y estamos fregados allá. Usted sabe que la familia es primero, pues.

[2]Imagínate, si ellos dependen de tí, y tú vienes a perder la vida aquí, ¿entonces quién va a alimentar a tu familia?

[3] “Aquí tenemos que empezar a transformar el camino de dolor. La muerte que nos infunden nuestros gobiernos, el sistema económico que es el más culpable por el que estamos saliendo, que nos da muerte, nosotros no podemos seguir muriendo. Tenemos que transformar este camino de muerte en camino de vida.”

[4] “Está duro el camino.” “No sabría decirte [cuantos], pero sí pasan muchísimos.”

[5]“si nuestra indignación, nuestro coraje, no lo transformamos en un camino de vida, poco es lo que vamos a lograr.”

[6]No puede hacer más un criminal que tres cientos personas llenas de esperanza.

[7]“controlar y para frenar, dictada por la política migratoria de los Estados Unidos de Norteamérica. Aquella política migratoria de ese país está diseñada para matar.

[8]“Que nadie es ilegal. Que todos somos legales en la tierra. Que la tierra no sólo es Estados Unidos. Que podemos ir aquí donde nosotros queramos.”

[9] Que vamos a hacer? Eso es lo que ustedes se tienen que poner de acuerdo, verdad?

Eso es el momento en que ustedes tomen en serio la defensa sus proprios derechos

[10]Ahora el trabajo lo podemos hacer en común. Hoy día ustedes son los que van a lanzar la voz.

[11] No se busca el simple abordaje del tren, por el contrario, se exige el derecho a cruzar el
país de manera segura y libre, sin estar expuestos a la extorsión y a la violencia por
parte de las autoridades y del Crimen Organizado.

[12]Decirles quienes somos y qué estamos haciendo. Decirles que no vamos a hacer ningún daño, que no somos delincuentes, que hemos decidido caminar porque el tren no nos dejó subir.

[13]Esta es una solidaridad tremenda. ¿Dónde lo ves esto?

[14]Elena Urbida, in Interview with the authors DATE/PLACE

[15]“Yo me vine huyendo de allá porque si no pagaba una extorsión, me mataban. […] Todo esto que estamos haciendo, no sólo por nosotros, sino que por todos los otros que vienen detrás de nosotros, y por toda esa sangre derramada en las líneas del tren, que lastimosamente el pueblo de México lo sabe, pero se hace de la vista gorda.”

[16] “Yo tengo una niña pequeña. …Una noche antes de llegar al albergue nosotros durmimos en un camión, aguantando frío. Pidiendo comida. Entonces mi hija es así. Ella fue la que sufrió más. Ella me decía “mamita donde vamos.” Y yo le decía a ella “a buscar un mejor futuro.” Porque yo no tengo familia ni adelante ni yendo para atrás a mi país. Entonces allá muchos se burlan porque yo soy madre soltera. Mi familia me echó de la casa. A mí me han ocurrido muchas cosas. Si yo me voy para adelante, cruzo la frontera, que primero diós sea así, yo no tengo a ninguna persona que me está esperando allá. … Y si me regresan para atrás, quizá voy a sufrir mucho más.”

[17] “Es obvio que vemos las noticias y vemos los casos que se presentan a diario. Hemos visto todo lo que pasa en el tren. … Porque muchos salimos de nuestros países como lo mencionaban los compañeros con una ilusión de encontrar una nueva oportunidad, donde salir adelante porque no somos personas malas. …Entonces sí pedimos que nos den una visa de tránsito y una urgente reingienería en el departamento de migración porque ellos nos extorsionan.”

 

 

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