El verano ardiente de la oposición indignada

By  |  7 / julio / 2015
Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.
Yo bajaré los abismos que me digas.
Yo beberé tus cálices amargos.
Yo me quedaré ciego para que tengas ojos.
Yo me quedaré sin voz para que tú cantes.
Yo he de morir para que tú no mueras,
para que emerja tu rostro flameando al horizonte
de cada flor que nazca de mis huesos.   Otto René Castillo. Guatemala
Para Amanda Castro, constructora de la matria grande

11222059_10153540041174063_1269671266352536417_nNo conozco país más tropical (a excepción de Nicaragua) que Honduras. Y cuando imagino Centroamérica en general, no puedo evitar las imágenes de un sol despampanante que cae como plomo sobre las gentes y las cosas, ni los cuerpos sudados, ahora más todavía, impregnados del olor a gas, que ha llevado recientemente la marcha de las antorchas contra la corrupción. Este pueblo, conocido por haragán y conciliador, tuvo su primer ataque de rebeldía cuando se dio el golpe de Estado del 2009 y desde allí, hemos seguido resistiendo, algunas veces públicamente, otras veces en silencio, desde hace seis años.

Por demás está decir que este mar de fueguitos que ahora somos, como decía Galeano, responden más a un verano ardiente e incendiario, que a una “primavera” llena de flores.

La movilización de las antorchas se da cada semana, como respuesta ante los muchos casos de corrupción que han salido a la luz del actual gobierno, entre ellos, el millonario desfalco al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) que habría causado la muerte de aproximadamente 3,000 personas. Esta movilización inicia primero, en las ciudades grandes (Tegucigalpa y San Pedro Sula), para ir avanzando hacia ciudades más pequeñas y que se repite como un eco, en más y más lugares. Encabezan este movimiento hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes, que se hacen llamar la oposición indignada.

El lunes 22 de junio, dos jóvenes, Ariel Varela y Miguel Briceño, iniciaron una huelga de hambre a la cual se sumaron Osman Calero, Luis Banegas y Erlin Mejía, exigiendo la instalación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Honduras (CICIH) y demandando la intervención de Naciones Unidas, como garante y mediador del proceso de esta instalación.

Otras de demandas son: la destitución del fiscal adjunto y el fiscal general y en última instancia la renuncia del presidente de la República, Juan Orlando Hernández.

En respuesta, el poder ejecutivo ha iniciado la creación de un Sistema Integral Hondureño de Combate a la Impunidad y la Corrupción (SIHCIC) que sería un órgano compuesto por autoridades nacionales —lo que quiere decir que el mismo Estado se estaría juzgando. También ha llamado a un diálogo abierto y sin condiciones a todos los sectores de la sociedad civil, pero validando ya una estructura determinada de sociedad civil, con la cual dialogar.

La oposición indignada, a la que se han sumado ya varias organizaciones del movimiento social, se niega a ese diálogo mientras el presidente de la República no se comprometa a la instalación de la CICIH. La primera semana de julio se sumaron a la huelga otros jóvenes, como Germán Ayala, quien ya cumple 13 días en huelga de hambre y otros integrantes el pueblo tolupán de San Francisco Locomapa[1] (7 hombres y una mujer, Alejandra Cabrera) quienes cumplen aproximadamente 10 días de huelga de hambre, sin que el gobierno haya contestado las demandas de la instalación de la CICIH. Actualmente se está esperando una comisión de diálogo que sería enviada por las Naciones Unidas para escuchar los planteamientos de la oposición indignada.

El movimiento indignado, donde confluye de forma masiva el pueblo hondureño, es la capitalización del descontento popular y las flagrantes violaciones a los derechos humanos de las cuales hemos sido víctimas, con más fuerza, desde el golpe de Estado del 2009. Tanto los partidos políticos, como la elite gobernante, ha sido incapaz de revertir esta oleada de violación a derechos y de corrupción que nos abate. El pueblo que ha estado en resistencia siempre aunque esto no implica pertenecer ipso facto al Frente Nacional de Resistencia u otra corriente política, sino más bien que algunas organizaciones y personas, estábamos allí con el golpe y seguimos estándolo, a pesar de nuestras diferencias o simpatías con algún partido. Coloco como ejemplo a las Feministas en Resistencia que surge como una articulación en contra la ruptura del Estado de derecho, desde una visión feminista y de movimiento de mujeres. Y así, como nosotras, muchos movimientos sociales más.

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¿Qué hacemos con este país que amamos hasta la médula y en el cual vivimos de a pedazos, entre la pobreza, la injusticia, la corrupción y la violencia?

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Las preguntas obligadas son entonces:

¿Cómo no perdernos en este mar de insatisfacciones con una propuesta totalmente diferente a la que plantea el estado? ¿Qué hacer ante un estado que sólo se escucha a sí mismo y que está dispuesto a dejar que seguidamente o por relevo, sus ciudadanos hagan huelgas de hambre, poniendo en peligro su salud y su vida? ¿Cómo establecer un diálogo con la OEA o Naciones Unidas, respetando los límites de la propuesta misma de exigencia de una CICIH en Honduras? Es más: ¿cómo la adecuamos a nuestras necesidades?

Y en suma, ¿qué hacemos con este país que amamos hasta la médula y en el cual vivimos de a pedazos, entre la pobreza, la injusticia, la corrupción y la violencia? ¿Qué hacer con esta Honduras, que duele tanto?

La respuesta está en el mismo movimiento social que se está gestando en las calles. Desde el norte del país surge la iniciativa de analizar el planteamiento del movimiento indignado y hacer propuestas concretas, en torno a “mesas de la indignación” que, a mi juicio, deberían articularse en todo el país. Espero que no toleremos la incursión de líderes fugaces, que no acompañen esta huelga de hambre, ni que se erijan en representación de todo un movimiento, que es diverso, amplio y nace desde las demandas más sentidas de las hondureñas y los hondureños.

Esperemos que el mar de fueguitos que conforma el movimiento de las antorchas no se apague y que nuestras pasos no desistan de esta amplia caminata de resistencia, que lleva ya mucho tiempo. Apoyemos las mesas de la indignación y llamemos a un gran diálogo ciudadano, donde podamos representarnos y escucharnos, donde las organizaciones y personas estemos representadas de verdad y no justificadas por unas cuantas personas que se autoproclaman voceros de la sociedad civil en su conjunto o de la indignación.

Porque el corazón de este pueblo es resistente y el verano hondureño/centroamericano, no ha hecho más que comenzar, al amparo de estas luces que son como luciérnagas necias del descontento, soles ardientes, danzantes de la noche que dibujan caminos en el corazón despierto de la matria grande.

Jessica Isla, hondureña, es periodista, autora y miembro de Feministas en Resistencia. Ella es columnista del Programa de las Américas

Notas:

[1] Los tolupanes son un pueblo originario de Honduras, que se encuentra localizado geográficamente al norte y centro del país (departamento de Yoro y Olancho) y cuenta con una historia documentada de resistencia indígena que data de tiempos de la conquista española, a quienes ésta no logró someter. Los tolupanes siguen luchando por la recuperación de sus tierras, por su libertad y el respeto a sus derechos por parte del estado.

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