América Latina: los muros de Trump y los puentes de China

By  |  24 / marzo / 2017

El presidente Xi Jinping realizó en noviembre su tercera visita a la región latinoamericana en apenas cuatro años. Esta vez el viaje de una semana lo llevó a Perú y Chile, integrantes de la Alianza del Pacífico liderada por Estados Unidos como parte del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés) que excluye a China, y también a Ecuador con quien el país asiático mantiene una importante relación económica y política.

La gira comenzó el 16 de noviembre, incluyó la participación en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Lima y finalizó en Chile el 23 de noviembre. Las fechas del viaje presidencial lo dicen todo. El 8 de noviembre Donald Trump ganó las elecciones con la promesa de poner fin al TPP, algo que deja en ascuas a los países que habían apostado por incorporarse a esa alianza, como Perú y Chile, además de México y Colombia.

Aunque el viaje estaba programado antes de las elecciones estadounidenses, se trata de una jugada maestra. Mientras Estados Unidos se convierte en socio problemático por su errática política exterior, China extiende los brazos y ofrece un nuevo tipo de relaciones que van mucho más allá de los lazos comerciales, como sucedía hasta ahora.

“Se trata de la tercera visita de Xi a Latinoamérica desde que llegó al poder hace tres años, tras las de 2013 y 2014, y se centra en países de la costa del Pacífico con los que el gigante asiático mantiene una importante relación económica y política” (El Comercio, 16 de noviembre de 2016). El medio conservador peruano puso el dedo en el lugar correcto.

La relación de China con América Latina, incluyendo a los países exportadores de minerales como Perú, ya traspasa los lazos meramente comerciales para implicarse en asuntos de geopolítica global.

En su discurso ante el parlamento peruano, Xi enfatizó que los lazos entre la región y China “alcanzaron un salto en su desarrollo con un avance integral en la cooperación en todos los ámbitos”. Se trata, en palabras del presidente, de una cooperación integral que la caracteriza por “la igualdad, el beneficio mutuo y el desarrollo compartido” (Xinghua, 23 de noviembre de 2016).

El contraste entre la política de la Casa Blanca, que amenaza con expulsar millones de latinos indocumentados mientras Xi habla de un “futuro compartido” en base a la cooperación, no puede ser mayor.

En menos de un año, Xi se reunió dos veces con Mauricio Macri, mostrando que las diferencias ideológicas no son nada en comparación con las ventajas económicas que trae la relación con China. Durante la gira del presidente, se realizó en La Plata (Argentina) el “V Foro de Diálogo de Alto Nivel Académico China-América Latina”, donde el embajador en  Buenos Aires, Yang Wanming, propuso que se establezca “un modelo de cooperación con el fin de promover el acoplamiento efectivo de industrias entre China y América Latina”.

Mientras Washington y Bruselas muestran dudas sobre el escenario actual y tienden a retroceder hacia cierto proteccionismo dando un paso atrás en la globalización, Xi no dejó de enfatizar en su gira latina que la globalización económica es una tendencia irresistible” y llamó a “promover la liberalización y las facilidades al comercio y la inversión y oponerse a cualquier tipo de proteccionismo” (Diario de Pueblo, 25 de noviembre de 2016).

Es evidente que la potencia emergente se apropió del discurso de las elites occidentales, porque se siente fuerte en ese mismo terreno, no sólo en el económico sino también en el financiero con la internacionalización del yuan en curso.

 

China a la vanguardia

Una parte considerable de la opinión pública estima que China es un fabricante masivo de productos baratos de baja calidad. Esa percepción pierde de vista que ninguna nación llega al rango de potencia global produciendo baratijas. Por el contrario, el dragón es capaz de inundar el mundo con todo tipo de mercancías a precios inaccesibles para los demás productores, pero es también el país más avanzado en innovación y en tecnologías de punta.

Cada seis meses se actualiza la lista de los 500 “superordenadores” del mundo que se puede encontrar en top500.org. En 2001 casi la mitad de esos ordenadores pertenecía a los Estados Unidos y China no aparecía en lista. En 2013 Estados Unidos seguía ostentando la mayoría absoluta, pero China ya tenía 63 superordenadores entre los 500 más veloces. En ese año el ordenador más rápido era el Tianhe-2, fabricado por la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa de China, desplazando al mejor de los Estados Unidos. El tiempo diría que no fue flor de un día.

Este año se produjo un hecho notable. O mejor, tres en uno. El Centro de Computación de Wuxi creó una computadora que deja atrás a todas las máquinas conocidas. Se llama Sunway TaihuLight (La luz de la divinidad Taihu), es capaz de realizar 93.000 billones de operaciones de coma flotante por segundo, o 93 petaflops.

En suma, es tres veces más rápida que la supercomputadora china que estaba en primer lugar en el ranking mundial y casi seis veces más veloz que la estadounidense mejor colocada. La “compu” tiene 41.000 procesadores y 260 núcleos y su costo fue de 260 millones de dólares.

El segundo dato es que fue construida totalmente con componentes chinos. Las otras supercomputadoras chinas, como la Tianhe-2, están fabricadas con chips de la estadounidense Intel. Pero en abril 2015 Estados Unidos prohibió la venta de chips para supercomputadoras a China, lo que en realidad sirvió para estimular a los asiáticos (El Mundo, 21 de junio de 2016).

El tercer dato es que por primera vez China supera a Estados Unidos en la cantidad de máquinas en la lista de las 500 más veloces. Tiene 167 supercomputadores frente a 165 de su competidor. Un dato adicional, es que todas las computadoras de este tipo, en todos los países, utilizan Linux, o sea software libre.

En paralelo, China ha sobrepasado a todos los países en la solicitud de patentes, ensanchando cada año las distancias con los demás. En 2015 China solicitó 1.100.000 patentes a la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), cifra que supera a las que presentaron Estados Unidos, Japón y Corea del Sur juntos, que son los que le siguen en el ranking mundial.

Pero lo más importante es la velocidad del crecimiento chino, similar al que registra en todos los rubros. En 2001, China presentó poco más de 30 mil solicitudes de patentes, mientras Japón solicitaba medio millón y Estados Unidos casi 300 mil. Una diferencia abismal. Quince años después, Japón quedó estancado y los estadounidenses apenas llegan a la mitad de patentes que los chinos.

China se ha convertido en el país más innovador del mundo; no sólo en el más productivo. Las diferencias son tan grandes que se puede asegurar que la supremacía asiática seguirá creciendo como un tsunami en las próximas décadas.

 

Nuevas relaciones

Al finalizar la gira sudamericana de Xi Jinping, el gobierno chino difundió un nuevo documento sobre sus relaciones con América Latina. A diferencia del documento anterior, de 2008 cuando el entonces presidente Hu Jintao realizó una gira por la región, el actual no está centrado en los aspectos económicos sino en la política.

De todos modos, las propuestas en curso parten de los vínculos económicos previos. Hasta la fecha, tres países han suscrito tratados de libre comercio con China: Chile en 2005, Perú en 2009 y Costa Rica en 2010. En 2015 el volumen comercial alcanzó 236.000 millones de dólares, cifra que se multiplicó por 20 en sólo una década.

En ese lapso se crearon varios foros de cooperación, siendo el más importante el Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y de Caribe) que celebró su primera reunión en enero de 2015 en Beijing. El nuevo organismo estableció un plan hasta 2019 que prevé 500 mil millones de dólares de comercio y 250 mil millones de dólares de stock de inversión extranjera directa recíprocos.

Es improbable que esos objetivos puedan cumplirse en los plazos estipulados, ya que el comercio bilateral está en retroceso desde 2013 por el menor crecimiento de la economía china y por la desaceleración global desde la crisis de 2008. Sin embargo, la diplomacia china se mostró muy optimista. El documento difundido destaca que “desde 2008 el ascenso de los países en desarrollo y los mercados emergentes se ha convertido en una tendencia irreversible” (Global Times, 28 de noviembre de 2016).

Pero el aspecto más novedoso es cuando afirma que “China puede introducir su experiencia en América Latina y el Caribe para contribuir a mejorar su gobernabilidad”.

Este es un lenguaje que no había aparecido anteriormente. En la versión difundida por el periódico oficialista Global Times, se añade que los intercambios en las experiencias de gobierno deben liberarse de “grilletes ideológicos”.

Ese es el camino que está explorando China en América Latina cuando propone una “asociación estratégica integral” y al organizar la “Cumbre de líderes de medios de comunicación de China y América Latina y el Caribe” en Santiago. Un lenguaje de nuevo tipo obedece a objetivos nuevos. Una primera pista la dio el canciller Wang Yi, cuando afirmó que la importancia de “la imagen de China como un actor responsable y su papel clave a la dar tranquilidad a la gente, reforzar la confianza y construir consensos” (Xinghua, 25 de noviembre de 2016).

En la misma dirección, pero más contundente, fue el editorial de Global Times en el que contrasta las políticas belicistas y desestabilizadores de Washington en el mundo con las propuestas de alcanzar una “gobernabilidad global” de la mano de Beijing. El periódico cita un reciente titular de Financial Times titulado Trump construye muros, Xi construye puentes en América Latina”, para ilustrar las agudas diferencias entre ambos proyectos para el mundo.

En esta lectura, Trump viene a empeorar la herencia del Consenso de Washington, aunque la diplomacia china tiene muy claro que no habrá una ruptura entre la región y Estados Unidos. A modo de balance, el editorial concluye con una frase reveladora: “La cooperación económica entre China y América Latina ha dado a los países latinoamericanos una alternativa en el campo diplomático y más poder para negociar con los Estados Unidos” (Global Times, 17 de noviembre de 2016).

 

Nada es lo que parece

“Desde la perspectiva de América Latina y el Caribe, la diversificación exportadora aparece como la principal asignatura pendiente: sólo cinco productos, todos primarios, representaron el 69 por ciento del valor de los envíos regionales a China en 2015. La dinámica de la inversión extranjera directa china en la región refuerza este patrón, ya que casi el 90 por ciento de dicha inversión entre 2010 y 2015 se dirigió a las actividades extractivas, en particular la minería y la producción de hidrocarburos”, sintetizó la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcenas, al presentar el documento “Oportunidades y desafíos” publicado con motivo de la visita de Xin Jinping al organismo.

Comparó las características del comercio de la región con China con el que mantiene con otras regiones del mundo. “La canasta exportadora de América Latina y el Caribe hacia China es mucho menos sofisticada que su canasta exportadora hacia el resto del mundo. En 2015 los productos primarios representaron el 70 por ciento de las exportaciones de la región a China, frente a un 34 por ciento de sus envíos al mundo”.

En paralelo, el 90 por ciento de las inversiones chinas se focalizan en los recursos naturales, siendo fuente de no pocos conflictos sociales. En este punto, debe mencionarse que la organización Acción Ecológica del Ecuador lanzó un documento que coincidió con la visita de Xi, en el que destaca los graves problemas ambientales y sociales que genera la cuantiosa inversión china.

El colectivo ambientalista apunta que hasta el año 2000 Monsanto poseía la patente sobre el principio activo del glifosato, pero que al caducar varias empresas comenzaron a fabricar el producto genérico a menor costo. “Así, China se ha convertido en el mayor productor y exportador de glifosato a nivel mundial” (Acción Ecológica, 15 de noviembre de 2016). Aunque el dato no es novedoso, permite destacar que la potencia hegemónica en ascenso puede traer consecuencias igual de nefastas que la potencia en declive.

China lidera las inversiones mineras en Ecuador, que han llevado a modificar la ley de minería para favorecer a sus empresas, que cuentan con grandes emprendimientos como el proyecto Mirador que incluye la construcción de un puerto  y carreteras para transportar el mineral desde la región amazónica. Además, el país asiático es la principal fuente de créditos para el país, atados al pago anticipado de petróleo o a compromisos de compraventa. De ese modo, más del 80 por ciento del petróleo exportado por Ecuador se vende a China.

Pero el caso más emblemático es la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, inaugurada por Xi en su viaje, construida por la china Sinohydro con financiamiento estatal. En diciembre de 2014 murieron 13 obreros en la construcción de la represa, que se suman a los cuatro muertos que hubo meses antes en otra represa construida por China, esta vez técnicos asiáticos. “Las obras forman parte de una red de ocho hidroeléctricas en construcción con la que Ecuador, un país petrolero, espera dejar de importar energía eléctrica y convertirse en un exportador de energía limpia” (El Comercio, 14 de diciembre de 2014).

Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, sostiene que “la nueva estrategia apunta a un salto cualitativo señalando la disposición de China a participar de forma activa en la transformación de la región sumando no solo oportunidades de desarrollo sino también sellando una alianza para catapultar su proyección política global”.

Pero, a la vez, señala que “el documento sugiere la paralela urgencia de que América Latina y el Caribe establezca unos lineamientos mínimos de su política en relación a China” (Rebelion, 1 de diciembre de 2016).

Este parece ser hoy el punto clave. Que China esté dispuesta a cooperar con el lanzamiento de la región como actor global, debe tener su contrapartida en que la región alcance algunos logros en materia de integración y sobre todo de perfil estratégico, o sea qué lugar quiere ocupar en el mundo y, por lo tanto, qué tipo de inversiones pretende acoger. Sin dar ese salto, seguirá siendo proveedora de commodities sin valor agregado, hipotecando su futuro.

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