{"id":1050,"date":"2007-06-14T16:56:14","date_gmt":"2007-06-14T16:56:14","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1050"},"modified":"2007-06-14T17:48:50","modified_gmt":"2007-06-14T17:48:50","slug":"4307","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/4307\/","title":{"rendered":"Venezuela: mediocracia y libertad de expresi&oacute;n"},"content":{"rendered":"<p><b>A confesi&oacute;n de parte, relevo de pruebas. El 11 de abril de 2002, unos cuantos d&iacute;as despu&eacute;s del fallido golpe de Estado contra Hugo Ch&aacute;vez, el vicealmirante V&iacute;ctor Ram&iacute;rez P&eacute;rez, uno de los organizadores de la conspiraci&oacute;n, declar&oacute; a la cadena Venevisi&oacute;n: &quot;nosotros cont&aacute;bamos con un arma mortal: los medios&quot;. No minti&oacute;. Los medios de comunicaci&oacute;n desempe&ntilde;aron un papel fundamental en la aventura golpista. Y lo siguieron teniendo despu&eacute;s, al alentar el paro petrolero de 2002-2003 y el referendo revocatorio para tratar de destituir al presidente electo en 2004. <\/b><\/p>\n<p>Ante una oposici&oacute;n partidaria pulverizada, enfrentada entre s&iacute; y con p&eacute;sima reputaci&oacute;n, los medios de comunicaci&oacute;n, principalmente los electr&oacute;nicos, han asumido el papel de organizaci&oacute;n ideol&oacute;gica dirigente de la coalici&oacute;n antichavista, esto es, de suprapartido pol&iacute;tico. Los due&ntilde;os de los consorcios informativos y de entretenimiento, sus creativos y publicistas elaboran plataformas pol&iacute;ticas y campa&ntilde;as, construyen el discurso para enfrentar al presidente, movilizan a la poblaci&oacute;n en su contra y escogen a los l&iacute;deres opositores. <\/p>\n<p>Son ellos quienes deciden cu&aacute;les personajes aparecen ante la opini&oacute;n p&uacute;blica como los representantes opositores. Basta con que sus noticieros y mesas de an&aacute;lisis pol&iacute;tico los presenten como tales, bloqueando el acceso a la televisi&oacute;n y la radio de quienes resultan inconvenientes, aun si pertenecen a sus mismas filas. <\/p>\n<p>Las grandes cadenas de televisi&oacute;n y sus audiencias han sustituido as&iacute; la cl&aacute;sica relaci&oacute;n entre partidos, afiliados y votantes, creando un nuevo modelo de representaci&oacute;n pol&iacute;tica, no s&oacute;lo al margen de las instituciones, sino en su contra. Se han convertido en una verdadera mediocracia, que rebasa, con mucho, el papel tradicionalmente asignado al cuarto poder. <\/p>\n<p>Parte de su estrategia consiste en fabricar con falsas apariencias una Venezuela medi&aacute;tica existente en las pantallas de televisi&oacute;n y en los programas de radio, sin conexi&oacute;n con la Venezuela real. Inventan un pa&iacute;s virtual al gusto de los miedos y fantas&iacute;as de su auditorio, cubriendo mentiras con el ropaje del discurso de la verdad. <\/p>\n<p>Cualquiera que haya visto la televisi&oacute;n opositora en tierra venezolana puede constatar la enorme distancia que hay entre la realidad que se vive todos los d&iacute;as en las calles y los contenidos que esos medios divulgan. <\/p>\n<p>No es exageraci&oacute;n. Durante mi &uacute;ltimo viaje a ese pa&iacute;s vi en uno de esos programas a una mujer indignada, diciendo que su naci&oacute;n era una dictadura, que all&iacute; no hab&iacute;a democracia ni libertad de expresi&oacute;n. La entrevistada acus&oacute; a Hugo Ch&aacute;vez de ser un agente del castro-comunismo, peor que Adolfo Hitler, un gorila al que hab&iacute;a que sacar de cualquier manera del Palacio de Miraflores para liberar a la patria. Por supuesto, ni esa persona ni el canal de televisi&oacute;n sufrieron ninguna represalia por lo que ella dijo. <\/p>\n<p>Este enfrentamiento entre la mediocracia y la revoluci&oacute;n bolivariana no siempre existi&oacute;. El triunfo electoral de Hugo Ch&aacute;vez en 1998 estuvo estrechamente ligado a la profunda descomposici&oacute;n y descr&eacute;dito que viv&iacute;an tanto la clase pol&iacute;tica como las instituciones gubernamentales. En el proceso de demolici&oacute;n de las mediaciones pol&iacute;ticas tradicionales y de cr&iacute;tica a las administraciones ineficientes desempe&ntilde;&oacute; un papel nada despreciable Marcel Granier, director general de RCTV (Radio Caracas Televisi&oacute;n). <\/p>\n<p>Cuando en 1995, despu&eacute;s de salir de la c&aacute;rcel, Hugo Ch&aacute;vez comenz&oacute; a hacer pol&iacute;tica abierta, la relaci&oacute;n entre varios de los barones de los medios y el teniente coronel era cordial y amistosa. El director de El Nacional lo hosped&oacute; en su casa, al tiempo que prensa, radio y televisi&oacute;n no escatimaron abrirle espacios. Esta luna de miel termin&oacute;, sin embargo, a ra&iacute;z del proceso de transformaci&oacute;n impulsado por el mandatario. La abolici&oacute;n de poderes acordada por la Asamblea Constituyente, la instauraci&oacute;n de la quinta rep&uacute;blica, la reforma agraria y la redistribuci&oacute;n de la renta petrolera hacia la poblaci&oacute;n m&aacute;s necesitada provocaron el rompimiento. <\/p>\n<p>Con amargura y desesperaci&oacute;n, la mediocracia descubri&oacute; que el mandatario no era un gui&ntilde;ol que pudiera manejar. Y comenz&oacute; a disparar contra &eacute;l descargas de artiller&iacute;a, construyendo la caricatura de Hugo Ch&aacute;vez que se difunde por todo el mundo. En lugar de recular, el presidente dobl&oacute; la apuesta. Dotado de una eficaz capacidad para comunicarse directamente con los sectores populares, denunci&oacute; el papel faccioso que jugaban los medios. Simult&aacute;neamente emprendi&oacute; reformas legales para democratizar el acceso a la informaci&oacute;n y foment&oacute; la creaci&oacute;n de medios de comunicaci&oacute;n alternativos no marginales. <\/p>\n<p>La confrontaci&oacute;n subi&oacute; de tono. Convencidos de que Venezuela es de ellos, los consorcios informativos tomaron como bandera para proteger sus intereses particulares la libertad de expresi&oacute;n y el derecho a la informaci&oacute;n. Su vocaci&oacute;n olig&aacute;rquica se envolvi&oacute; con el ropaje de las reivindicaciones universales. <\/p>\n<p>La &uacute;ltima batalla de esta guerra&mdash;que no la final&mdash;ha sido la decisi&oacute;n gubernamental de no renovar la concesi&oacute;n a RCTV. Se trata de una medida soberana que nada tiene que ver con la libertad de expresi&oacute;n. La televisora puede seguir transmitiendo a trav&eacute;s de cable y sat&eacute;lite. Sus integrantes pueden seguir diciendo lo que quieran, dentro del marco legal existente. El consorcio claramente ha incumplido con las normas b&aacute;sicas del inter&eacute;s p&uacute;blico. El espectro radioel&eacute;ctrico es un bien gestionado por el Estado. Es competencia del gobierno renovar o no la concesi&oacute;n que regula su uso. La concesi&oacute;n lleg&oacute; a su t&eacute;rmino. RCTV se qued&oacute; sin ella. Punto. <\/p>\n<p>No hay que hacerse bolas. Confundir los intereses particulares de la mediocracia con la libertad de expresi&oacute;n y el derecho a la informaci&oacute;n es una trampa. La informaci&oacute;n es un bien p&uacute;blico, no una mercanc&iacute;a. Los due&ntilde;os de las televisoras y las radiodifusoras no son la libertad de expresi&oacute;n; son, tan s&oacute;lo, propietarios de los medios. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A confesi&oacute;n de parte, relevo de pruebas. El 11 de abril de 2002, unos cuantos d&iacute;as despu&eacute;s del fallido golpe de Estado contra Hugo Ch&aacute;vez, el vicealmirante V&iacute;ctor Ram&iacute;rez P&eacute;rez, uno de los organizadores de la conspiraci&oacute;n, declar&oacute; a la cadena Venevisi&oacute;n: &quot;nosotros cont&aacute;bamos con un arma mortal: los medios&quot;. No minti&oacute;. 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