{"id":1058,"date":"2007-06-06T14:01:23","date_gmt":"2007-06-06T14:01:23","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1058"},"modified":"2007-06-06T19:21:44","modified_gmt":"2007-06-06T19:21:44","slug":"4291","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/4291\/","title":{"rendered":"Crecimiento econ&oacute;mico y desarrollo: una persistente confusi&oacute;n"},"content":{"rendered":"<p><b>En Am&eacute;rica Latina vuelve a confundirse desarrollo con crecimiento econ&oacute;mico, y crecimiento econ&oacute;mico con aumento de las inversiones y de las exportaciones. Estas mismas ideas han aparecido una y otra vez en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, han sido objeto de diferentes cr&iacute;ticas hasta perder credibilidad, pero resurgen. Para superar esta confusi&oacute;n es necesario replantear el debate sobre el desarrollo en todos sus planos. <\/b><\/p>\n<p>En Am&eacute;rica Latina, los economistas tradicionales&mdash;y junto con ellos muchos pol&iacute;ticos&mdash;insisten una y otra vez en la importancia clave del crecimiento econ&oacute;mico como motor que asegurar&aacute; el desarrollo y permitir&aacute; aliviar la pobreza. Esa idea se expresa no s&oacute;lo de esa manera simplista sino tambi&eacute;n bajo formas a veces un poco m&aacute;s floridas. En unos casos se considera que el crecimiento econ&oacute;mico s&oacute;lo se alcanzar&aacute; recibiendo inversiones externas o logrando fuertes flujos exportadores. Pero sea de una u otra manera, se pone el acento en la expansi&oacute;n econ&oacute;mica como condici&oacute;n necesaria para poder atacar los problemas de la pobreza. Estas ideas se van deformando, se las reduce a f&oacute;rmulas todav&iacute;a m&aacute;s esquem&aacute;ticas, y algunos de estos factores se convierten en fines en s&iacute; mismos. A lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas esta reducci&oacute;n simplista fue revisada y criticada, pero siempre renace. <\/p>\n<h3>La teor&iacute;a del crecimiento <\/h3>\n<p>Las posturas que sostienen que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) es indispensable para reducir la pobreza siguen prevaleciendo. Ese aumento se lograr&iacute;a por medio de algunos factores clave, entre los cuales se destacan por lo general dos: m&aacute;s inversiones extranjeras y aumento de las exportaciones. Los dos aspectos est&aacute;n relacionados ya que se sostiene que el incremento de las exportaciones no son posibles con el ahorro interno y se necesitan importantes inversiones extranjeras. <\/p>\n<p>Las instituciones financieras internacionales casi siempre han defendido la idea de que el crecimiento econ&oacute;mico, empujado por la liberalizaci&oacute;n comercial y las inversiones, podr&iacute;a acabar con la pobreza. Por ejemplo, los economistas del Banco Mundial David Dollar y Aart Kraay publicaron un promocionado ensayo con un t&iacute;tulo expl&iacute;cito: &quot;El crecimiento es bueno para los pobres&quot; (Dollar y Kraay, 2000). La idea era sencilla: la expansi&oacute;n del comercio estimula el crecimiento econ&oacute;mico y esto permite reducir la pobreza. <\/p>\n<p>Posiciones como esa han mantenido vigente la vieja idea del crecimiento econ&oacute;mico como eje central del desarrollo, aunque ahora asociado a la apertura econ&oacute;mica, tanto para exportar m&aacute;s como para recibir las inversiones externas. <\/p>\n<h3>La b&uacute;squeda de inversiones <\/h3>\n<p>La importancia de atraer inversiones extranjeras para alimentar el crecimiento econ&oacute;mico ha llegado al punto de caerse en simplificaciones, donde se termina afirmando que las inversiones son <i>necesarias<\/i> para combatir la pobreza. Se insiste tanto con esta idea que en la presentaci&oacute;n del Balance Econ&oacute;mico de Am&eacute;rica Latina y el Caribe del a&ntilde;o 2005 por parte del secretario ejecutivo de la Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina y el Caribe (CEPAL), Jos&eacute; Machinea, se subray&oacute; la necesidad de aumentar la inversi&oacute;n para hacer crecer el PIB, y que esa inversi&oacute;n debe ser lo suficientemente alta como para repercutir sobre el mercado de trabajo y desencadenar la ca&iacute;da del desempleo. <\/p>\n<p>Sin duda la inversi&oacute;n es un aspecto importante en el desarrollo, pero la simplificaci&oacute;n de las ideas hace que otros factores pasen desapercibidos, sean ignorados o queden condicionados por aquella. Por ejemplo, en el caso del empleo productivo, su creaci&oacute;n por cierto requiere de un entorno macroecon&oacute;mico favorable para los emprendimientos empresariales, pero la inversi&oacute;n por s&iacute; sola no es suficiente para solucionar ese tipo de problemas. Existen muchos ejemplos de enormes inversiones orientadas a sectores como la miner&iacute;a donde la generaci&oacute;n de empleo es comparativamente peque&ntilde;a. Adem&aacute;s, posiciones como las de Machinea parecen reducir el complejo problema de la competitividad a una asociaci&oacute;n simple con el flujo de las inversiones. Esa visi&oacute;n simplista sostiene que el incremento de la inversi&oacute;n es la forma de mejorar la competitividad y para que ello se produzca se hace hincapi&eacute; en la necesidad de determinadas medidas para alentar el ingreso de capitales, como normas de propiedad intelectual, liberalizaci&oacute;n bancaria, etc&eacute;tera. Incluso las medidas que se toman en &aacute;reas productivas parecen quedar condicionadas a objetivos relacionados con el flujo de capital. <\/p>\n<p>Con ese razonamiento, buena parte de la estrategia econ&oacute;mica nacional queda relegada a un segundo plano bajo el gran paraguas de los flujos de capital. Esta idea est&aacute; profundamente arraigada en Am&eacute;rica Latina. Ha sido puesta en pr&aacute;ctica por gobiernos con estrategias convencionales, como el de &Aacute;lvaro Uribe en Colombia, pero tambi&eacute;n por la izquierda, comenzando con la Concertaci&oacute;n de Partidos por la Democracia en Chile y siguiendo con las medidas econ&oacute;micas del gobierno de Luiz In&aacute;cio Lula da Silva en Brasil. <\/p>\n<p>Otro ejemplo reciente se vive en Uruguay, donde el nuevo gobierno de izquierda del Frente Amplio est&aacute; tomando una actitud proactiva para atraer inversiones porque seg&uacute;n el ministro de Econom&iacute;a, Danilo Astori, la experiencia mundial aconseja salir a buscarlas porque &quot;son muchas las oportunidades que tienen los inversores en el mundo&quot;. El ejemplo que repetidamente se presenta como exitoso son las inversiones para construir una planta de celulosa en el r&iacute;o Uruguay, asumiendo que eso desencadenar&aacute; un &quot;enorme crecimiento de los puestos de trabajo&quot;. <\/p>\n<p>Justamente este caso ilustra los claroscuros de esta visi&oacute;n conceptual m&iacute;nima. En la margen uruguaya del r&iacute;o Uruguay se est&aacute; construyendo la planta procesadora de celulosa m&aacute;s grande de la regi&oacute;n, a partir de una inversi&oacute;n realizada por la empresa finlandesa Botnia, y que se asegura supera los mil millones de d&oacute;lares. El emprendimiento se encuentra en el centro de un persistente conflicto bilateral entre Uruguay y Argentina ya que grupos vecinales de este &uacute;ltimo pa&iacute;s denuncian los impactos ambientales que podr&iacute;a tener ese tipo de plantas. <\/p>\n<p>Desde el punto de vista contable uruguayo, un ingreso de dinero de ese porte ser&iacute;a m&aacute;s que remarcable. Pero las dificultades comienzan al quedar en evidencia que buena parte de la anunciada inversi&oacute;n en realidad ser&aacute; en maquinaria y bienes de capital cuya compra se realizar&aacute; en otros pa&iacute;ses industrializados, incluyendo la propia Finlandia. Por lo tanto, una proporci&oacute;n significativa de esa inversi&oacute;n quedar&aacute; en otros sitios y nunca llegar&aacute; a Uruguay. La inversi&oacute;n &quot;neta&quot; que recibir&aacute; el pa&iacute;s es motivo de debate, ya que no existe una agencia estatal independiente que pueda analizar esos aspectos. Se ha estimado que de los mil doscientos millones de d&oacute;lares de inversi&oacute;n comprometida unos ochocientos millones no llegar&aacute;n a Uruguay. <\/p>\n<p>Pero, adem&aacute;s, existen efectos colaterales y externalidades que deber&iacute;an ser sopesados al considerar cualquier inversi&oacute;n. No se ha analizado cu&aacute;nto se deber&aacute; restar a la inversi&oacute;n finlandesa por costos debido a posibles impactos ambientales, reducci&oacute;n de turistas en la zona y desaparici&oacute;n de la pesca artesanal. <\/p>\n<p>Finalmente, el equipo econ&oacute;mico uruguayo tambi&eacute;n defiende esas inversiones por la generaci&oacute;n de empleo. El emprendimiento de Botnia ha llegado a movilizar a casi mil quinientos obreros en el pico de la fase de construcci&oacute;n, pero esa etapa ya se ha superado, y el empleo no dejado de caer desde entonces. En momentos de operaci&oacute;n regular se estima que la planta ofrecer&aacute; poco m&aacute;s de trescientos puestos de trabajo. Es un t&iacute;pico caso de una enorme inversi&oacute;n para exportar <i>commodities<\/i> y que genera comparativamente poca mano de obra pero altos impactos sociales y ambientales. Otros casos similares son las inversiones orientadas a la extracci&oacute;n de hidrocarburos en Ecuador y Per&uacute; o los nuevos proyectos mineros en Per&uacute; y Argentina. <\/p>\n<h3>Relaciones complejas <\/h3>\n<p>Estos y otros ejemplos demuestran que los razonamientos simplistas que vinculan inversiones y exportaciones con crecimiento econ&oacute;mico para reducir la pobreza siguen siendo extendidos y vigorosos. Pero ya existe mucha evidencia emp&iacute;rica que obliga a ser mucho m&aacute;s cauteloso. <\/p>\n<p>El crecimiento de las exportaciones ha coincidido con un aumento del PIB per capita solamente en unos pocos pa&iacute;ses: Chile, Costa Rica, Colombia, El Salvador y Rep&uacute;blica Dominicana (considerando los crecimientos promedios de 1985 a 2005, seg&uacute;n CEPAL, 2006). En otros pa&iacute;ses, como Panam&aacute; y Uruguay, tuvo lugar un proceso casi opuesto a la teor&iacute;a ya que se increment&oacute; el PIB per c&aacute;pita mientras sus exportaciones aumentaron poco (a tasas por debajo del promedio del continente de 6% anual). Pero es particularmente impactante que muchos pa&iacute;ses latinoamericanos registraron aumentos de las exportaciones pero el PIB per capita apenas mejor&oacute; (por debajo del promedio continental de 1.1% anual durante esas dos d&eacute;cadas). Esa situaci&oacute;n tambi&eacute;n es contraria a la teor&iacute;a convencional, y en esa circunstancia se encuentran pa&iacute;ses como Brasil, Argentina y M&eacute;xico. <\/p>\n<p>Esos casos ofrecen ense&ntilde;anzas adicionales que tambi&eacute;n van en contra de las posturas convencionales. Brasil no s&oacute;lo es un gran exportador, sino que adem&aacute;s es el mayor captador de inversi&oacute;n extranjera directa en la regi&oacute;n, y a pesar de todo eso sus tasas de crecimiento econ&oacute;mico han sido muy modestas. M&eacute;xico no s&oacute;lo es el mayor exportador latinoamericano, sino que adem&aacute;s es el que tiene la m&aacute;s alta proporci&oacute;n de bienes manufacturados. Esas econom&iacute;as apenas crecieron, y siguen manteniendo altos niveles de pobreza (en el orden del 38% en Brasil en 2003, y 37% en M&eacute;xico en 2004). <\/p>\n<p>El aumento de las exportaciones y alto ingreso de inversiones tampoco asegura generar m&aacute;s empleos. Por ejemplo, si bien Brasil es el pa&iacute;s latinoamericano que m&aacute;s inversi&oacute;n externa atrae, los aumentos registrados entre 1990 y 2003 no siempre estuvieron asociados a un incremento en el empleo. M&aacute;s a&uacute;n, en 1990 la tasa de desempleo era de s&oacute;lo 4.3% y se recib&iacute;a un peque&ntilde;o flujo de inversi&oacute;n extranjera (324 millones de d&oacute;lares). Sin embargo en 2003, frente a una inversi&oacute;n mucho m&aacute;s alta, 9.894 millones de d&oacute;lares, el desempleo subi&oacute; a 12.3%. Observando fr&iacute;amente estos indicadores de Brasil podr&iacute;a decirse que, al contrario, a mayor inversi&oacute;n se desencadena mayor desempleo. &Eacute;sta es, sin duda, una posici&oacute;n aventurada y as&iacute; como no puede afirmarse que mayor inversi&oacute;n traiga mayor desempleo tampoco es posible afirmar que como consecuencia de ella el empleo aumente. Pero deja en claro que las relaciones entre inversi&oacute;n y empleo son mucho m&aacute;s complejas. <\/p>\n<p>Factores como la inversi&oacute;n o las exportaciones por s&iacute; solos no pueden lograr descensos significativos de la tasa de desempleo o en el n&uacute;mero de pobres, como han argumentado por a&ntilde;os muy destacados economistas. No existen relaciones causales directas de unos sobre otros, y siempre es clave el papel que desempe&ntilde;an los Estados en manejar esos procesos y los mecanismos de redistribuci&oacute;n de riqueza y compensaci&oacute;n que aplican. La insistencia en reducir al crecimiento econ&oacute;mico la din&aacute;mica del desarrollo se presenta muchas veces como signo de sensatez, aunque en realidad es de simplificaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Finalmente, la idea de solucionar los problemas de la pobreza y la desigualdad por el &quot;goteo&quot; del crecimiento econ&oacute;mico implicar&iacute;a esperar por d&eacute;cadas para lograr mejoras sustanciales. Un estudio de la Fundaci&oacute;n para la Nueva Econom&iacute;a toma el promedio del crecimiento econ&oacute;mico de diferentes pa&iacute;ses entre 1980 y 2001 y a partir de ese aumento calcul&oacute; el tiempo necesario para alcanzar el mismo nivel de distribuci&oacute;n de la riqueza que la Uni&oacute;n Europea (Woodward y Simms, 2006). Es as&iacute; que Brasil, con una tasa de crecimiento econ&oacute;mico que promedi&oacute; 0.5%, deber&aacute; esperar 304 a&ntilde;os, M&eacute;xico 187 a&ntilde;os y Colombia 138 a&ntilde;os. Chile, con una tasa promedio de 3.3%, requerir&aacute; 38 a&ntilde;os. <\/p>\n<h3>La historia del debate <\/h3>\n<p>La ilusi&oacute;n de resolver la pobreza gracias al crecimiento econ&oacute;mico ha sido matizada y cuestionada en muchas ocasiones. Recordemos algunos ejemplos. Entre los m&aacute;s recientes, Bernardo Kliksberg enumera diez falacias sobre los problemas sociales en Am&eacute;rica Latina, donde el tercer puesto lo ocupa la idea de que el crecimiento econ&oacute;mico por s&iacute; solo basta para mejorar la calidad de vida de la gente. Kliksberg (2000) afirma que el crecimiento econ&oacute;mico es s&oacute;lo un medio, y como tal no puede ser convertido en un fin en s&iacute; mismo. <\/p>\n<p>A&ntilde;os antes, Albert Hirschman alertaba en un art&iacute;culo cl&aacute;sico que en la d&eacute;cada del ochenta, cuando casi todos los aspectos econ&oacute;micos empeoraron, algunos pa&iacute;ses lograron de todas maneras mejorar varios indicadores sociales en salud y educaci&oacute;n. Por esta raz&oacute;n Hirschman concluye que el &quot;progreso econ&oacute;mico&quot; tiene una conexi&oacute;n intermitente con lo que llama &quot;progreso pol&iacute;tico&quot;. Las relaciones a veces son de causalidad de uno sobre otro, pero en otras ocasiones pueden oponerse, aunque son m&aacute;s comunes las interacciones complejas e intrincadas (Hirschman, 1994). <\/p>\n<p>Otro ciclo de cuestionamientos ocurri&oacute; a&uacute;n m&aacute;s temprano, desde mediados de la d&eacute;cada del sesenta. En aquel entonces dominaba una idea todav&iacute;a m&aacute;s simple donde se igualaba directamente crecimiento econ&oacute;mico sin m&aacute;s. Esas ideas comenzaron a ser cuestionadas, y un importante n&uacute;mero de analistas sostuvo que el problema para los pa&iacute;ses del Sur no es el crecimiento sino el desarrollo, una opini&oacute;n que se escucha muy poco en la actualidad. As&iacute; comenz&oacute; un florido debate sobre el desarrollo, incorporando discusiones sobre el desarrollo social, la generaci&oacute;n del empleo, la composici&oacute;n y distribuci&oacute;n del crecimiento, y la necesidad de incorporar instrumentos que generen equidad (v&eacute;ase la excelente revisi&oacute;n hist&oacute;rica de Arndt, 1987). <\/p>\n<p>En una recordada conferencia ofrecida en 1969, Dudley Seers se&ntilde;al&oacute; que todos fueron muy tontos al confundir desarrollo con desarrollo econ&oacute;mico, y desarrollo econ&oacute;mico con crecimiento econ&oacute;mico. Agreg&oacute; que tambi&eacute;n fue infantil asumir que el incremento en el ingreso nacional, si ocurre m&aacute;s r&aacute;pido que el crecimiento de la poblaci&oacute;n, tarde o temprano llevar&aacute; a la soluci&oacute;n de los problemas sociales y pol&iacute;ticos. Seers agreg&oacute; que parecer&iacute;a como si el crecimiento econ&oacute;mico no s&oacute;lo falla en resolver las dificultades pol&iacute;ticas y sociales sino que ciertos tipos de crecimiento pueden causar esos problemas (basado en Arndt, 1987). Esos duros cuestionamientos tuvieron un eco importante tanto en la academia como en las instituciones que trabajan en temas de desarrollo, pero una vez m&aacute;s esas voces fueron deso&iacute;das, y la f&eacute; en el crecimiento econ&oacute;mico reapareci&oacute; durante los a&ntilde;os del Consenso de Washington. <\/p>\n<h3>El debate debe ser sobre el desarrollo <\/h3>\n<p>En la actualidad se sigue sumando evidencia de las limitaciones que desencadena confundir inversiones, exportaciones o crecimiento econ&oacute;mico con desarrollo. La posici&oacute;n pasiva que asume un &quot;goteo&quot; o &quot;chorreo&quot; del crecimiento hacia los sectores m&aacute;s pobres no funciona en la pr&aacute;ctica, adem&aacute;s de ser pol&iacute;tica, social y moralmente cuestionable. <\/p>\n<p>Muy por el contrario, las estrategias convencionales que se siguen aplicando s&oacute;lo logran el crecimiento econ&oacute;mico a costa de mantener o profundizar las desigualdades (S&aacute;nchez Parga, 2005). Adem&aacute;s de los problemas en el frente social se suma la incompatibilidad ecol&oacute;gica de la idea del crecimiento econ&oacute;mico continuado. Eso se debe a que los recursos naturales son finitos y que la capacidad de amortiguaci&oacute;n ambiental de los ecosistemas tambi&eacute;n est&aacute; acotada. El &eacute;nfasis en una estrategia financiera no crea por s&iacute; misma instrumentos de apoyo a los grupos marginados, ni desemboca en medidas de redistribuci&oacute;n de la riqueza. Ese tipo de instrumentos deben ser creados y puestos en pr&aacute;ctica por el Estado con una activa participaci&oacute;n social. <\/p>\n<p>La visi&oacute;n ortodoxa del crecimiento econ&oacute;mico presta poca atenci&oacute;n a ese tipo de componentes y apenas acepta que se los aplique como medidas paliativas de los impactos sociales, cuando en realidad se deber&iacute;a vertebrar una estrategia de desarrollo desde las demandas sociales. En su versi&oacute;n m&aacute;s exitosa, se apuesta a tomar parte de ese &quot;goteo&quot; del crecimiento econ&oacute;mico para financiar medidas compensatorias y paliativas en el campo social. <\/p>\n<p>Por lo tanto, es necesario ampliar el debate sobre las exportaciones, las inversiones y el crecimiento econ&oacute;mico a un temario mucho m&aacute;s amplio. La problem&aacute;tica del desarrollo es mucho m&aacute;s amplia que promover los embarques de exportaci&oacute;n o agilizar los flujos de capital. Es indispensable volver a enfocar esa discusi&oacute;n en los problemas del desarrollo para no quedar atrapados no s&oacute;lo dentro de la econom&iacute;a sino dentro de una particular l&iacute;nea de pensamiento en esa disciplina. Es hora de que la tem&aacute;tica de desarrollo vuelva al centro de la escena en todas sus dimensiones, tanto las econ&oacute;micas como las sociales y ambientales. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Am&eacute;rica Latina vuelve a confundirse desarrollo con crecimiento econ&oacute;mico, y crecimiento econ&oacute;mico con aumento de las inversiones y de las exportaciones. Estas mismas ideas han aparecido una y otra vez en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, han sido objeto de diferentes cr&iacute;ticas hasta perder credibilidad, pero resurgen. 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