{"id":1118,"date":"2007-05-17T13:11:49","date_gmt":"2007-05-17T13:11:49","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1118"},"modified":"2007-05-17T22:27:09","modified_gmt":"2007-05-17T22:27:09","slug":"4241","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/4241\/","title":{"rendered":"Chile: La larga resistencia mapuche"},"content":{"rendered":"<p align=\"left\"><b>El pueblo mapuche, su historia, su cultura, sus luchas, han sido cubiertas por un manto de silencio. Las pocas noticias que llegan desde el sur de Chile est&aacute;n casi siempre vinculadas a la represi&oacute;n o a denuncias de &quot;terrorismo&quot; por parte del Estado chileno. Pese al aislamiento social y pol&iacute;tico, reducidos a una penosa sobrevivencia en las &aacute;reas rurales y a empleos precarios y mal pagos en las ciudades, siguen resistiendo a las multinacionales forestales y a las hidroel&eacute;ctricas, y buscan mantener vivas sus tradiciones. <\/b><\/p>\n<p>&quot;Estoy considerado por el Estado Chileno un delincuente por defender mi familia y mis tierras&quot;, se&ntilde;ala <i><\/i>Waikilaj Cadim Calfunao, 25 a&ntilde;os, miembro de la comunidad Juan Paillalef, en la IX Regi&oacute;n, Araucan&iacute;a, en una breve carta que nos hace llegar desde la C&aacute;rcel de Alta Seguridad en Santiago, donde la guardia no nos permiti&oacute; el ingreso por razones burocr&aacute;ticas. Con escasa diferencia, otros presos mapuche se pronuncian de la misma forma. Jos&eacute; Huenchunao, uno de los fundadores de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), detenido el 20 de marzo pasado, fue condenado a diez a&ntilde;os por haber participado en la quema de m&aacute;quinas forestales. <\/p>\n<p>&quot;Las c&aacute;rceles son un lugar de castigo que el Estado chileno y sus operadores pol&iacute;ticos y judiciales han destinado a quienes luchan o representan al pueblo-naci&oacute;n mapuche&quot;, escribi&oacute; Huenchunao el 21 de marzo desde la prisi&oacute;n de Angol<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a>. H&eacute;ctor Llaitul, 37 a&ntilde;os, dirigente de la CAM, detenido el 21 de febrero bajo los mismos cargos que Huenchunao, inici&oacute; una huelga de hambre para denunciar el montaje pol&iacute;tico-judicial en su contra. La mayor parte de los m&aacute;s de 20 presos mapuche han recurrido a huelga de hambre para denunciar su situaci&oacute;n o para exigir el traslado a c&aacute;rceles cercanas a sus comunidades. <\/p>\n<p>Como casi todos los dirigentes mapuche, Llaitul hace hincapi&eacute; en el problema de las forestales: &quot;La Forestal Mininco junto a la hidroel&eacute;ctrica ENDESA, uno de nuestros principales adversarios, han cambiado de pol&iacute;tica. Ya no se trata del mero uso de la violencia. Est&aacute;n diversificando la represi&oacute;n: estudian las zonas donde funcionan y disponen planes adaptados a cada zona (propaganda, cursos y otros), muchas veces financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo con el fin de crear un c&iacute;rculo de seguridad en torno a sus propiedades. Arman a los campesinos parceleros y a los clubes de caza y pesca para que formen comit&eacute;s de vigilancia (legales en Chile) con los que defenderse de los &#8216;malos vecinos&#8217;. As&iacute; intentan aislar a los luchadores&quot;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a>. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Mi comunidad ha sido fuertemente reprimida puesto que todos los integrantes de mi familia est&aacute;n presos (mam&aacute;, pap&aacute;, hermano, t&iacute;a, etc&eacute;tera)&quot;, se&ntilde;ala Calfunao en su carta, y describe c&oacute;mo las tierras de su comunidad han sido &quot;robadas&quot; por las forestales y el Ministerio de Obras P&uacute;blicas, robo avalado por los tribunales que no respetan &quot;nuestro derecho consuetudinario y nuestras costumbres jur&iacute;dicas&quot;. Est&aacute; acusado de secuestro por haber realizado un corte de ruta, de des&oacute;rdenes p&uacute;blicos y destrucci&oacute;n de neum&aacute;ticos de un cami&oacute;n forestal que trasladaba madera de la regi&oacute;n mapuche. Cualquier actividad que realicen las comunidades para impedir que las forestales les sigan robando sus tierras, es incluida por el Estado chileno bajo la legislaci&oacute;n &quot;antiterrorista&quot; heredada de la dictadura de Augusto Pinochet. <\/p>\n<h3>Al sur del B&iacute;o B&iacute;o <\/h3>\n<p>Llegando a Concepci&oacute;n, 500 kil&oacute;metros al sur de Santiago, el estrecho valle entre la cordillera andina y el Pac&iacute;fico, surcado por cultivos frutales que convirtieron a Chile en un importante agroexportador, el paisaje comienza a modificarse abruptamente. Los cultivos forestales envuelven colinas y montes. Las autopistas mudan en caminos que serpentean monta&ntilde;a arriba y se pierden entre los pinos. De improviso, una densa y blanca humareda anuncia una papelera, rodeada siempre de inmensos y extensos cultivos verdes. <\/p>\n<p align=\"left\">Lucio Cuenca, coordinador del Observatorio Latinoamericano de Conflitos Ambientales (OLCA), explica que el sector forestal crece a un ritmo superior al 6% anual. &quot;Entre 1975 y 1994 los cultivos se incrementaron un 57%&quot;, a&ntilde;ade. El sector forestal aporta algo m&aacute;s del 10% de las exportaciones; casi la mitad se dirigen a pa&iacute;ses asi&aacute;ticos. Algo m&aacute;s de dos millones de hect&aacute;reas de plantaciones forestales se concentran entre las regiones V y X, tierras tradicionales de los mapuches. El pino abarca el 75% frente al 17 del eucaliptos. &quot;Pero casi el 60% de la superficie plantada est&aacute; en manos de tres grupos econ&oacute;micos&quot;, asegura Cuenca. <\/p>\n<p align=\"left\">Explicar semejante concentraci&oacute;n de la propiedad requiere&mdash;como en casi todos los &oacute;rdenes en este Chile hiper privatizado&mdash;echar una mirada a los a&ntilde;os 70 y, muy en particular, al r&eacute;gimen de Pinochet. En los 60 y 70 los gobiernos dem&oacute;cratacristinos y socialista implementaron una reforma agraria que devolvi&oacute; tierras a los mapuche y foment&oacute; la creaci&oacute;n de cooperativas campesinas, y el Estado particip&oacute; activamente en la pol&iacute;tica forestal tanto en los cultivos como en el desarrollo de la industria. <\/p>\n<p align=\"left\">Cuenca explica lo sucedido bajo Pinochet: &quot;Luego, la dictadura militar realiz&oacute; una contrarreforma modificando tanto la propiedad como el uso de la tierra. En la segunda mitad de los 70, entre 1976 y 1979, el Estado traspas&oacute; a privados sus seis principales empresas del &aacute;rea: Celulosa Arauco, Celulosa Constituci&oacute;n, Forestal Arauco, Inforsa, Masisa y Compa&ntilde;&iacute;a Manufacturera de Papeles y Cartones, que se vendieron a grupos empresariales a un 78% de su valor&quot;. <\/p>\n<p>El pinochetismo marca la diferencia: la industria forestal en Chile est&aacute; en manos de dos grandes grupos empresarios nacionales, liderados por Anacleto Angelini y Eleodoro Matte. En el resto del continente la industria est&aacute; en manos de grandes multinacionales europeas o estadounidenses. Es en este punto donde la nacionalidad de los propietarios no tiene la menor relevancia. En Chile, s&oacute;lo el 7,5% de las plantaciones forestales est&aacute; en manos de peque&ntilde;os propietarios, en tanto el 66% pertenece a grandes propietarios que poseen un m&iacute;nimo de mil hect&aacute;reas forestadas. S&oacute;lo el Grupo Angelini tiene 765 mil hect&aacute;reas, mientras el Grupo Matte supera el medio mill&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Las regiones donde se desarrolla este lucrativo negocio&mdash;sigue Cuenca&mdash;se han convertido en las m&aacute;s pobres del pa&iacute;s&quot;. Mientras Angelini es uno de los seis hombres m&aacute;s ricos de Am&eacute;rica Latina, en las regiones VIII y IX la pobreza supera el 3%, el &iacute;ndice m&aacute;s alto del pa&iacute;s. &quot;Las ganancias no se reparten y nada queda en la regi&oacute;n, salvo la sobreexplotaci&oacute;n, la contaminaci&oacute;n, la p&eacute;rdida de diversidad biol&oacute;gica y cultural y, por supuesto, la pobreza&quot;, remata el coordinador de OLCA. <\/p>\n<p align=\"left\">Para los mapuche la expansi&oacute;n forestal es su muerte como pueblo. Cada a&ntilde;o la frontera forestal se expande unas 50 mil hect&aacute;reas. Adem&aacute;s de verse literalmente ahogados por los cultivos, comienzan a sentir escasez de agua, cambios en la flora y la fauna y la r&aacute;pida desaparici&oacute;n del bosque nativo. Un informe del Banco Central asegura que en 25 a&ntilde;os Chile se quedar&aacute; sin bosque nativo. Todo indica, no obstante, que la expansi&oacute;n forestal es imparable. <\/p>\n<p align=\"left\">Pese a las denuncias sobre el deterioro ambiental y social, por encima de la resistencia de decenas de comunidades mapuche pero ahora tambi&eacute;n de pescadores y agricultores, y a&uacute;n por encima de an&aacute;lisis de organismos estatales que advierten los peligros de seguir desarrollando la industria forestal, para 2018 se duplicar&aacute; la cantidad de madera disponible en 1995, seg&uacute;n informa la Corporaci&oacute;n de la Madera. Eso llevar&aacute; de modo ineluctable a que se abran nuevas plantas de celulosa. Chile externaliza una serie de costos (laborales y ambientales) que le permiten producir la tonelada de celulosa a s&oacute;lo 222 d&oacute;lares, frente a los 344 de Canad&aacute; y los 349 de Suecia y Finlandia. Es el &uacute;nico argumento de peso. <\/p>\n<h3>Tres siglos de independencia <\/h3>\n<p align=\"left\">Es imposible comprender la realidad actual del pueblo mapuche sin remontarse a su historia. A diferencia de los otros grandes pueblos del continente, los mapuche consiguieron imponer su autonom&iacute;a e independencia a la Corona espa&ntilde;ola durante 260 a&ntilde;os. Reci&eacute;n fueron doblegados a fines del siglo XIX por el Estado independiente de Chile. Esta notable excepci&oacute;n marca la historia de un pueblo que, desde muchos puntos de vista, ha acu&ntilde;ado suficientes diferencias con sus semejantes originarios como para impedir generalizar sus historias y realidades. <\/p>\n<p>Se estima que a la llegada de los espa&ntilde;oles hab&iacute;a un mill&oacute;n de mapuche, concentrados sobre todo en la Araucan&iacute;a (territorio entre Concepci&oacute;n y Valdivia). Era un pueblo de pescadores, cazadores y recolectores, se alimentaban en base a papa y porotos que cultivaban en claros de bosques, y al pi&ntilde;&oacute;n de la araucaria, el gigantesco &aacute;rbol que dominaba la geograf&iacute;a del sur. Aunque eran sedentarios no constitu&iacute;an pueblos; cada familia ten&iacute;a autonom&iacute;a territorial. La abundancia de recursos en tierras muy ricas es lo que permiti&oacute; que existiera &quot;una poblaci&oacute;n muy superior a lo que un sistema econ&oacute;mico preagrario podr&iacute;a abastecer&quot;, sostiene Jos&eacute; Bengoa, el principal historiador del pueblo mapuche<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a>. <\/p>\n<p>Esta sociedad de cazadores-guerreros, donde la familia era la &uacute;nica instituci&oacute;n social permanente agrupada en torno a caciques o loncos, era bien diferente de las sociedades ind&iacute;genas que encontraron los espa&ntilde;oles en Am&eacute;rica. Entre 1546 y 1598 los mapuche resistieron con &eacute;xito a los espa&ntilde;oles. En 1554 Pedro Valdivia, Capit&aacute;n General de la Conquista, fue derrotado por el cacique Lautaro cerca de Ca&ntilde;ete, hecho prisionero y muerto por &quot;haber querido esclavizarnos&quot;. <\/p>\n<p>Pese a las epidemias de tifus y viruela, que se cobraron un tercio de la poblaci&oacute;n mapuche, una segunda y otra tercera generaci&oacute;n de caciques resistieron con &eacute;xito las nuevas embestidas de los colonizadores. En 1598 cambi&oacute; el curso de la guerra. La superioridad militar de los mapuche, que se convirtieron en grandes jinetes y ten&iacute;an m&aacute;s caballos que los ej&eacute;rcitos espa&ntilde;oles, puso a los conquistadores a la defensiva. Destruyeron todas las ciudades espa&ntilde;olas al sur del B&iacute;o B&iacute;o, entre ellas Valdivia y Villarrica, que reci&eacute;n fue refundada 283 a&ntilde;os despu&eacute;s luego de la &quot;pacificaci&oacute;n de la Araucan&iacute;a&quot;. <\/p>\n<p>Una tensa paz se instal&oacute; en la &quot;frontera&quot;. El 6 de enero de 1641 se reunieron por primera vez espa&ntilde;oles y mapuche en el Parlamento de Quil&iacute;n: se reconoce la frontera en el B&iacute;o B&iacute;o y la independencia mapuche, pero &eacute;stos dejar&iacute;an predicar a los misioneros y devolvieron a los prisioneros. El Parlamento de Negrete, en 1726, regul&oacute; el comercio que era fuente de conflictos y los mapuche se comprometieron a defender a la Corona espa&ntilde;ola contra los criollos. <\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo explicar esta peculiaridad mapuche? Diversos historiadores y antrop&oacute;logos, entre ellos Bengoa, coinciden en que &quot;a diferencia de los incas y mexicanos, que pose&iacute;an gobiernos centralizados y divisiones pol&iacute;ticas internas, los mapuches pose&iacute;an una estructura social no jerarquizada. En la situaci&oacute;n mexicana y andina, el conquistador golpe&oacute; el centro del poder pol&iacute;tico y, al conquistarlo, asegur&oacute; el dominio del Imperio. En el caso mapuche esto no era posible, ya que su sometimiento pasaba por el de cada una de las miles de familias independientes&quot;<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">4<\/a>. De paso, habr&iacute;a que agregar que el predominio de esta cultura explica tambi&eacute;n la enorme dificultad con que cuenta el movimiento mapuche para construir organizaciones unitarias y representativas. <\/p>\n<p align=\"left\">Hacia el siglo XVII, influenciada por la Colonia que hab&iacute;a difundido la ganader&iacute;a extensiva, la sociedad mapuche se fue convirtiendo en una econom&iacute;a ganadera mercantil que controlaba uno de los territorios m&aacute;s extensos pose&iacute;do por un grupo &eacute;tnico en Am&eacute;rica del Sur: se hab&iacute;an expandido hacia las pampas y llegaban hasta lo que hoy es la provincia de Buenos Aires. Esta nueva econom&iacute;a fortaleci&oacute; el papel de los loncos y gener&oacute; relaciones de subordinaci&oacute;n social que los mapuches no hab&iacute;an conocido. &quot;La mayor concentraci&oacute;n de ganado en algunos loncos y la necesidad de contar con dirigentes que negociaran con el poder colonial, intensific&oacute; la jerarquizaci&oacute;n social y la centralizaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico&quot;, se&ntilde;ala el historiador Gabriel Salazar. <\/p>\n<p>La econom&iacute;a minera de la nueva rep&uacute;blica independiente necesit&oacute;, luego de la crisis de 1857, extender la producci&oacute;n agr&iacute;cola. A partir de 1862 el ej&eacute;rcito comenz&oacute; a ocupar la Araucan&iacute;a. Hasta 1881, en que los mapuche fueron definitivamente derrotados, se desat&oacute; una guerra de exterminio. Tras la derrota los mapuche fueron confinados en &quot;reducciones&quot;: de los 10 millones de hect&aacute;reas que controlaban pasaron al medio mill&oacute;n, siendo el resto de sus tierras rematadas por el Estado a privados. As&iacute; se convirtieron en agricultores pobres forzados a cambiar sus costumbres, formas de producci&oacute;n y normas jur&iacute;dicas. <\/p>\n<h3>Una nueva realidad <\/h3>\n<p>Unos cien kil&oacute;metros al sur de Concepci&oacute;n, el peque&ntilde;o pueblo de Ca&ntilde;ete es uno de los nudos del conflicto mapuche: en la Navidad de 1553 los mapuche destruyeron el fuerte Tucapel construido por Pedro de Valdivia, y lo ejecutaron. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s el gran cacique Caupolic&aacute;n fue llevado a suplicio en la plaza que hoy lleva su nombre, donde se alzan imponentes figuras de madera en homenaje de su pueblo. En esa misma plaza, una ma&ntilde;ana lluviosa de abril se concentraron unos 200 mapuche y estudiantes para pedir la libertad de Jos&eacute; Huenchunao, dirigente de la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco-Malleco (CAM), detenido semanas atr&aacute;s como parte de una ofensiva del Estado que llev&oacute; a prisi&oacute;n a los principales dirigentes de la Coordiandora, entre ellos H&eacute;ctor Llaitul y Jos&eacute; Llanquileo. <\/p>\n<p>Cuando la marcha se disuleve luego de recorrer cinco cuadras rodeada de un amplio dispositivo antidisturbios, los loncos Jorge y Fernando nos acercan hasta su comunidad. A poca distancia de uno de los tantos pueblos de la zona, en una especie de claro entre los pinos, un pu&ntilde;ado de casas precarias forman la comunidad Pablo Quintriqueo, <i>&quot;un ind&iacute;gena espa&ntilde;olizado que viv&oacute; en esta regi&oacute;n hacia el 1800&quot;<\/i>, explica Mari, asistente social mapuche que vive en Concepci&oacute;n. Para sorpresa de quien ha visitado comunidades andinas o mayas, est&aacute; integrada por apenas siete familias y se form&oacute; hace s&oacute;lo ocho a&ntilde;os; la peque&ntilde;a huerta al fondo de las casas no puede abastecer a m&aacute;s de 30 comuneros. <\/p>\n<p>Haciendo circular un mate, explican. Las familias hab&iacute;an emigrado a Concepci&oacute;n y dejaron los predios de sus ancestros en los que hab&iacute;an nacido y vivido hasta hace una d&eacute;cada. Mari se cas&oacute; con un huinka (blanco), tiene dos hijos y un buen trabajo. Muchos j&oacute;venes, como H&eacute;ctor Llaitul ahora preso en el penal de Angol, se graduaron en la Universidad de Concepci&oacute;n y luego crearon organizaciones en defensa de sus tierras y comunidades. Cuando las forestales avanzaron sobre sus tierras, retornaron para defenderlas. &quot;En total son 1.600 hect&aacute;reas en disputa s&oacute;lo en esta comunidad&quot;, aseguran. <\/p>\n<p>No resulta sencillo comprender la realidad mapuche. El lonco Jorge, 35 a&ntilde;os, uno de los m&aacute;s j&oacute;venes del grupo, da una pista al se&ntilde;alar que &quot;el proyecto de reestructuraci&oacute;n del pueblo mapuche pasa por recuperar el territorio&quot;. De ello puede deducirse que los mapuche viven un per&iacute;odo que otros pueblos ind&iacute;genas del continente atravesaron hace medio siglo, cuando aseguraron la recuperaci&oacute;n y el control de tierras y territorios que les hab&iacute;an pertenecido desde que tienen memoria. En segundo lugar, todo indica que la derrota mapuche es a&uacute;n demasiado cercana (apenas un siglo) frente a los tres o cinco siglos que pasaron desde la irrupci&oacute;n de los espa&ntilde;oles o la derrota de T&uacute;pac Amaru, seg&uacute;n la cronolog&iacute;a que se prefiera. La memoria de la p&eacute;rdida de la independencia mapuche a&uacute;n est&aacute; muy fresca, y ese puede ser el motivo de una tendencia que se repite en una y otra conversaci&oacute;n: a diferencia de aymaras, quechuas y mayas, los mapuche se colocan en una posici&oacute;n de v&iacute;ctimas que, no por ser justa, resulta inc&oacute;moda. <\/p>\n<p align=\"left\">Jos&eacute; Huenchunao asegura que las comunidades viven una nueva situaci&oacute;n por la desesperaci&oacute;n existente. Y lanza una advertencia que no parece desmesurada: &quot;Si esta administraci&oacute;n pol&iacute;tica, si los actores de la sociedad civil no toman en cuenta nuestra situaci&oacute;n, estamos a las puertas de que los conflictos que se han dado en forma aislada, se reproduzcan con mayor fuerza y de forma m&aacute;s coordinada. Esto puede ser mucho m&aacute;s grave, puede tener un costo mucho mayor para esta sociedad que devolver ciertas cantidades de tierra, que son el m&iacute;nimo que las comunidades est&aacute;n reclamando&quot;<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">5<\/a>. <\/p>\n<p>Para los chilenos del &quot;m&aacute;s abajo&quot; no resulta evidente que la democracia electoral haya mejorado de sus vidas. &quot;La estrategia pol&iacute;tica de la Concertaci&oacute;n, a lo largo de sus 16 a&ntilde;os de gobierno, ha estado orientada por el &#8216;cambio pol&iacute;tico y social m&iacute;nimo&quot; y la ampliaci&oacute;n y profundizaci&oacute;n del capitalismo neoliberal en todas las esferas de la sociedad. La administraci&oacute;n concertacionista ha gobernado m&aacute;s al mercado que a la sociedad, acentuando con ello la p&eacute;sima distribuci&oacute;n del ingreso, y llevando a la sociedad chilena a convertirse en la segunda sociedad m&aacute;s desigual&mdash;detr&aacute;s de Brasil&mdash;del continente latinoamericano&quot;, sostiene el polit&oacute;logo G&oacute;mez Leyt&oacute;n<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">6<\/a>. <\/p>\n<p>Pero hay s&iacute;ntomas claros de que el tiempo de la Concertaci&oacute;n se est&aacute; agotando. Es posible, adem&aacute;s, que la apreciaci&oacute;n de Huenchunao sea cierta. La larga resistencia del pueblo mapuche no s&oacute;lo no se ha apagado sino que renace una y otra vez pese a la represi&oacute;n. Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os al sur del B&iacute;o B&iacute;o no son s&oacute;lo los mapuche los que resisten el modelo neoliberal salvaje. Los pescadores artesanales de Mehuin y los agricultores que ven contaminadas sus aguas ya han realizado varias protestas. A principios de mayo los Carabineros dieron muerte a un obrero forestal, Rodrigo Cisternas, que participaba en una huelga por aumento de salarios. <\/p>\n<p>Quiz&aacute; este hecho represente el comienzo del fin de la Concertaci&oacute;n. Durante m&aacute;s de 40 d&iacute;as, los obreros de Bosques Arauco, propiedad del Grupo Angelini ubicada en la regi&oacute;n B&iacute;o B&iacute;o, realizaron una huelga a la que se sumaron los tres sindicatos que representan a siete mil trabajadores. Como la empresa hab&iacute;a acumulado ganancias del 40% los obreros reclamaron un aumento de salarios de similar porcentaje. Luego de largas e in&uacute;tiles negociaciones volvieron a la huelga. Rodearon la planta donde la empresa hab&iacute;a concentrado sus tres turnos para desbaratar la huelga. &quot;Al ver que Carabineros se divert&iacute;an destruyendo sus veh&iacute;culos, se defendieron usando maquinaria pesada, ante lo cual las fuerzas de Carabineros asesinaron a balazos a uno de los huelguistas y dejaron a otros gravemente heridos&quot;, se&ntilde;ala un comunicado del Movimiento por la Asamblea del Pueblo<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">7<\/a>. <\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos meses, el gobierno de Michelle Bachelet ha abierto demasiados frentes. Al conflicto con el pueblo mapuche se suma la protesta estudiantil contra la ley de educaci&oacute;n que el a&ntilde;o pasado provoc&oacute; manifestaciones de cientos de miles de j&oacute;venes. A comienzos de este a&ntilde;o se desat&oacute; un conflicto a&uacute;n no resuelto a ra&iacute;z de la reestructuraci&oacute;n del transporte p&uacute;blico en Santiago, ya que la puesta en marcha del <i>Transantiago <\/i> perjudica a los sectores populares. Ahora se suma la muerte de un obrero en una regi&oacute;n caliente. Es posible que, como ya sucedi&oacute; en otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, la poblaci&oacute;n chilena haya comenzado a dar vuelta la p&aacute;gina del neoliberalismo salvaje. <\/p>\n<h3>La democracia contra los mapuche <\/h3>\n<p>Un ministro de Pinochet se ufanaba diciendo que &quot;en Chile no hay ind&iacute;genas, son todos chilenos&quot;. En consecuencia la dictadura dict&oacute; decretos para terminar con las excepciones legales hacia los mapuche e introducir el concepto de propiedad individual de sus tierras. Pero &quot;al privarse al pueblo mapuche de su reconocimiento como tal, la identidad &eacute;tnica se reforz&oacute;&quot;, apunta Gabriel Salazar, reciente ganador del Premio Nacional de Historia. <\/p>\n<p align=\"left\">A comienzos de los 80 se registr&oacute; una &quot;explosi&oacute;n social&quot; del pueblo mapuche en respuesta a los decretos de 1979 que permitieron la divisi&oacute;n de m&aacute;s 460 mil hect&aacute;reas de tierras ind&iacute;genas. &quot;La divisi&oacute;n&mdash;apunta Salazar&mdash;no respet&oacute; espacios que siempre se consideraron comunes y que eran fundamentales para la reproducci&oacute;n material y cultural del pueblo mapuche, tales como &aacute;reas destinadas a bosques, pastizales y ceremonias religiosas. El aumento de la poblaci&oacute;n, unido a lo reducido de su territorio, contribuy&oacute; a &#8216;vaciar&#8217; las comunidades de su gente y su cultura&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">La democracia tampoco fue generosa con el pueblo mapuche. Si la dictadura quer&iacute;a terminar con ellos, apostando a su conversi&oacute;n de indios en campesinos, con del gobierno de la Concertaci&oacute;n<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">8<\/a> (a partir de 1990) se abrieron nuevas expectativas. El presidente Patricio Aylwin gener&oacute; espacios y comprometi&oacute; su apoyo a una ley que se debati&oacute; en el Parlamento. Sin embargo, a diferencia de los sucedido en otros pa&iacute;ses del continente, en 1992 el Parlamento rechaz&oacute; el convenio 169 de la OIT y el reconocimiento constitucional de los mapuches como pueblo, tal como promov&iacute;an las Naciones Unidas. <\/p>\n<p align=\"left\">Actualmente &quot;el mundo ind&iacute;gena rural es parte constituyente de la pobreza estructural de Chile&quot;, asegura Salazar. En 1960 cada familia mapuche ten&iacute;a un promedio de 9,2 hect&aacute;reas aunque el Estado sosten&iacute;a que necesitaban 50 hect&aacute;reas para vivir &quot;dignamente&quot;. Entre 1979 y 1986 a cada familia le correspond&iacute;an 5,3 hect&aacute;reas, superficie que en la actualidad se reduce a s&oacute;lo 3 hect&aacute;reas de tierra por familia. Bajo las dictadura los mapuche perdieron 200 de las 300 mil hect&aacute;reas que a&uacute;n conservaban. El avance de las forestales y la hidroel&eacute;ctricas sobre sus tierras, provocan un aumento exponencial de la pobreza y de la emigraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Desesperadas, muchas comunidades invaden tierras apropiadas por las empresas forestales por lo que son acusadas de &quot;terrorismo&quot;. La Ley Aniterrorista de la dictadura sigue siendo aplicada a las comunidades por quemas de plantaciones, cortes de rutas y desacato a los Carabineros. Actualmente existen decenas de organizaciones mapuche que oscilan entre la colaboraci&oacute;n con las autoridades y la autonom&iacute;a militante, destacando el nacimiento de nuevos grupos de car&aacute;cter urbano, en particular en Santiago, donde reside m&aacute;s del 40 por ciento del mill&oacute;n de mapuches que viven en Chile seg&uacute;n el censo de 1992. <\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<ol>\n<li><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Carta de Jos&eacute; Huenchunao desde la prisi&oacute;n. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Entrevista a H&eacute;ctor Llaitul <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Jos&eacute; Bengoa, Historia del pueblo mapuche. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Idem, p. 41. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Entrevista a Jos&eacute; Huenchunao. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><\/a>Juan Carlos G&oacute;mez Leyt&oacute;n, ob. cit. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><\/a>Comunicado del 5 de mayo de 2007 en <a href=\"http:\/\/www.piensachile.com\/\">www.piensachile.com<\/a><\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><\/a>Concertaci&oacute;n Democr&aacute;tica se denomina la alianza entre Partido Dem&oacute;crata Cristiano, Partido Por la Democracia, Partido Radical y Partido Socialista que gobierna en Chile desde que Pincohet abandon&oacute; la presidencia: Patricio Aylwin (1990-1995), Eduardo Frei Ruiz Tagle (1995- 2000), Ricardo Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006). <\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pueblo mapuche, su historia, su cultura, sus luchas, han sido cubiertas por un manto de silencio. Las pocas noticias que llegan desde el sur de Chile est&aacute;n casi siempre vinculadas a la represi&oacute;n o a denuncias de &quot;terrorismo&quot; por parte del Estado chileno. Pese al aislamiento social y pol&iacute;tico, reducidos a una penosa sobrevivencia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-1118","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1118","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1118"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1118\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1118"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1118"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1118"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=1118"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}