{"id":1255,"date":"2007-08-07T23:51:10","date_gmt":"2007-08-07T23:51:10","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1255"},"modified":"2008-05-13T13:56:07","modified_gmt":"2008-05-13T13:56:07","slug":"4463","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/4463\/","title":{"rendered":"Biocombustibles y agricultura campesina"},"content":{"rendered":"<p><b>El auge de los agrocombustibles no es una moda m&aacute;s, ni una explosi&oacute;n coyuntural. Es el resultado de un nuevo ciclo global de los alimentos y las energ&iacute;as que entra&ntilde;a muy significativos reacomodos en nuestras sociedades. <\/b><\/p>\n<p>Se agota el ciclo de los hidrocarburos como energ&iacute;a casi &uacute;nica y de los granos b&aacute;sicos utilizados como arma alimentaria e instrumento de subordinaci&oacute;n econ&oacute;mica, iniciado con la guerra Ir&aacute;n-Irak en 1979, y con la exportaci&oacute;n del trigo estadounidense a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica un a&ntilde;o despu&eacute;s. Los actores dominantes de este ciclo han sido las trasnacionales del agro negocio que controlan el mercado internacional mediante la pol&iacute;tica de precios bajos: cerealeras como Cargill y Archer Daniels-Midland, las petroleras, como Exxon-Mobil, Shell, y las de biotecnolog&iacute;a como Monsanto y Aventis-Novartis. <\/p>\n<p>Ha sido un ciclo muy agresivo contra las agriculturas campesinas y contra la naturaleza. Las exportaciones de cereales desde Estados Unidos y la Uni&oacute;n Europea, a precio subsidiado, han llevado a la quiebra a los peque&ntilde;os productores de los pa&iacute;ses-origen y a los campesinos de los pa&iacute;ses-destino. Se han impuesto a gran escala monocultivos como el de la soya en el cono sur latinoamericano, que han acabado con las granjas multifuncionales y su paquete tecnol&oacute;gico ha contaminado millones de hect&aacute;reas de suelos y aguas. <\/p>\n<p>Ahora, con el calentamiento global y el agotamiento de los hidrocarburos, as&iacute; como el creciente control de las energ&iacute;as f&oacute;siles por pa&iacute;ses u organismos no sometidos a los Estados Unidos ni a las trasnacionales&mdash;como Venezuela, Ir&aacute;n o Rusia&mdash;valoran la producci&oacute;n de bioenerg&iacute;a, y se inicia un nuevo ciclo de las energ&iacute;as y de los alimentos. <\/p>\n<p>Es un ciclo de desarrollo abierto, es decir, cuya evoluci&oacute;n puede orientarse en diversos sentidos: o lo aprovechan, como est&aacute;n intentando hacerlo, las trasnacionales y los estados que las apoyan para reestructurar su dominio, o lo aprovechan los poderes planetarios emergentes, tales como el grupo Brasil, Rusia, India y China, o la OPEP, o lo aprovechan tambi&eacute;n los poderes <i>de abajo<\/i>, las organizaciones de campesinos, de ind&iacute;genas, de peque&ntilde;os productores. <\/p>\n<p>Por lo pronto, millones y millones de hect&aacute;reas se van a dedicar a la producci&oacute;n de etanol en Estados Unidos y en la Uni&oacute;n Europea, sustrayendo de los mercados internacionales millones de toneladas de ma&iacute;z y elevando los precios mundiales, a la vez que poniendo en serios aprietos a los pa&iacute;ses que no construyeron su soberan&iacute;a alimentaria. <\/p>\n<p>Los gobiernos de la Uni&oacute;n Europea y de los Estados Unidos se han metido con todo a la promoci&oacute;n de la investigaci&oacute;n y siembra de granos, oleaginosas y plantas que puedan producir etanol o biodiesel. Nuestros vecinos del norte ya en 2005 dedicaron $8,900 millones de d&oacute;lares a los subsidios para la producci&oacute;n de etanol y a la investigaci&oacute;n y desarrollo de agrocombustibles. Por su parte, nuestros poderes ejecutivo y legislativo, como siempre, atr&aacute;s y sin ideas propias al respecto, hablan de promover los cultivos base de los biocombustibles pensando poco o nada en sus impactos sociales, econ&oacute;micos y ambientales y m&aacute;s a&uacute;n, sin bases s&oacute;lidas de investigaci&oacute;n sobre las condiciones de nuestro campo, sobre la producci&oacute;n agroalimentaria ni mucho menos sobre el car&aacute;cter de la relaci&oacute;n en M&eacute;xico entre la producci&oacute;n de alimentos y la producci&oacute;n de agrocombustibles: &iquest;es complementaria? &iquest;es mutuamente excluyente? <\/p>\n<p>En M&eacute;xico no podemos lanzarnos a promover la producci&oacute;n masiva, extensiva e intensiva de biocombustibles si no partimos de nuestra realidad social e hist&oacute;rica, de los valores que orientan nuestro proyecto de naci&oacute;n, de la diversidad social y regional que nos constituye, de nuestra cultura, mejor dicho de nuestra pluriculturalidad, de nuestra biodiversidad, de nuestra dotaci&oacute;n de recursos naturales. Por eso me atrevo a proponer seis criterios b&aacute;sicos o condiciones que deben tomarse en cuenta para el desarrollo de los biocombustibles en nuestro pa&iacute;s: <\/p>\n<ol>\n<li><i><b>Criterio de la soberan&iacute;a y de la seguridad alimentarias:<\/b><\/i> En nuestro pa&iacute;s hay 17 millones de personas en extrema pobreza y 20 millones en pobreza moderada que obtienen del ma&iacute;z su principal fuente de energ&iacute;a, fibra y prote&iacute;nas. El disminuir la superficie sembrada de ma&iacute;z o destinar buena parte de la producci&oacute;n de la gram&iacute;nea es reducir el suministro del mismo o encarecerlo, afectando en primer lugar a las familias de bajos ingresos. El aceptar el cultivo masivo de plantas para producir biocombustibles es incrementar la presi&oacute;n sobre la tierra actualmente dedicada a producir alimentos, es aumentar nuestra ya grande vulnerabilidad alimentaria. Si dependemos del extranjero para la provisi&oacute;n de una cuarta parte del consumo nacional de ma&iacute;z, de la mitad del trigo, m&aacute;s de la mitad del arroz y casi el 90% de las semillas oleaginosas, ser&iacute;a totalmente irresponsable dedicar grandes superficies a los cultivos para biocombustibles, pues provocar&iacute;a una carest&iacute;a aun mayor en los alimentos b&aacute;sicos y nos har&iacute;a m&aacute;s vulnerables a las presiones de los pa&iacute;ses y de las empresas trasnacionales que controlan el mercado internacional. El derecho a la alimentaci&oacute;n, energ&iacute;a b&aacute;sica de los seres vivos, es de rango superior al derecho a la energ&iacute;a para las m&aacute;quinas. <\/li>\n<li><i><b>Criterio del derecho de las familias campesinas e ind&iacute;genas a la tierra y a vivir dignamente de su trabajo agr&iacute;cola:<\/b><\/i> la experiencia de las naciones, como Argentina, donde se ha impuesto un monocultivo dictado por el mercado internacional es muy clara: implica el desplazamiento de cientos de miles de peque&ntilde;os y medianos productores, la expulsi&oacute;n de las mismas del campo hacia la ciudad, el desempleo forzado de todos aquellos que no tienen la posibilidad de cultivar grandes extensiones para obtener los beneficios de econom&iacute;a de escala, que no cuentan con los recursos para adquirir la maquinaria especializada o los paquetes tecnol&oacute;gicos demandados. Implica tambi&eacute;n el desplazamiento de aquellos que se endeudaron para adquirirlos pero luego son vencidos por la competitividad de las grandes firmas. La promoci&oacute;n de los cultivos base de los biocombustibles, en donde se ha hecho, tiene todas las caracter&iacute;sticas y las desventajas de los monocultivos en este aspecto. Por lo tanto, si en M&eacute;xico se quieren promover dichos cultivos ha de cuidarse que no se desplace a los peque&ntilde;os productores, a los campesinos y a los ind&iacute;genas de su tierra. El Estado y la sociedad debemos garantizar el respeto y la no presi&oacute;n a las tierras comunitarias, ejidales y familiares. Porque no se trata de garantizar s&oacute;lo la propiedad o la posesi&oacute;n de la tierra, sino la base del trabajo que da sustento a la familia de los agricultores, que les proporciona su empleo. <\/li>\n<li><i><b>Criterio de la sustentabilidad h&iacute;drica: <\/b><\/i>En nuestro pa&iacute;s tenemos un grave problema de abatimiento de mantos acu&iacute;feros y de sobreexplotaci&oacute;n de corrientes y espejos de agua. Problema que se va a agudizar seg&uacute;n los estudiosos del cambio clim&aacute;tico que pronostican mayores sequ&iacute;as en el norte del pa&iacute;s, menores precipitaciones, reducci&oacute;n en la captaci&oacute;n de presas y en la recarga de mantos. Y si alguna cosa caracteriza a los monocultivos es el uso intensivo del agua. Las empresas interesadas en los biocombustibles no se van a dirigir a las tierras temporaleras, por su productividad van a preferir las superficies que cuentan con irrigaci&oacute;n. Y, salvo en algunas contadas regiones, en M&eacute;xico todav&iacute;a no est&aacute;n generalizados los sistemas de uso eficiente del agua. Contamos con muy poco agua en nuestro pa&iacute;s y agotar ese recurso vital y primario en aras de la producci&oacute;n de combustibles ser&iacute;a poner en riesgo no s&oacute;lo nuestra soberan&iacute;a, sino incluso nuestra viabilidad como naci&oacute;n. El cultivo de las plantas base para biocombustibles debe estar siempre supeditado no a la disponibilidad, sino a la sustentabilidad en el manejo del agua. <\/li>\n<li><i><b>Criterio de la sustentabilidad de recursos naturales: <\/b><\/i>Todas las experiencias de cultivo intensivo de soya, palma aceitera, ma&iacute;z, nos muestran que conllevan una considerable devastaci&oacute;n de recursos naturales: desmonte de miles de hect&aacute;reas de bosques y de arbustos; contaminaci&oacute;n y empobrecimiento de suelos por el uso de agroqu&iacute;micos, p&eacute;rdida de la biodiversidad inducida por el monocultivo; emisiones de gases que contribuyen al efecto invernadero, como el &oacute;xido nitroso producido por los fertilizantes. Adem&aacute;s habr&iacute;a que agregar que el cambio de uso de suelo, por ejemplo, al dedicar &aacute;reas antes no cultivadas y desmontarlas para la siembra contribuye tambi&eacute;n al calentamiento global, por la reducci&oacute;n de la cubierta vegetal y a la mayor liberaci&oacute;n de carbono. Por lo tanto, en M&eacute;xico, los cultivos base para los biocombustibles deben contribuir a la sustentabilidad de los recursos naturales. <\/li>\n<li><i><b>Criterio del no uso de transg&eacute;nicos:<\/b><\/i> La urgencia por producir cada vez m&aacute;s biocombustibles dispara la utilizaci&oacute;n de semillas transg&eacute;nicas, como es el caso de la soya y del ma&iacute;z, o de &aacute;rboles gen&eacute;ticamente modificados, como la palma africana y el &aacute;lamo transg&eacute;nico, o el desarrollo de pastos tambi&eacute;n transg&eacute;nicos. Caer en esta trampa implica dos amenazas, la primera de ellas, ponerse en manos de las trasnacionales como Monsanto, depender de ellas y pagarles patentes por emplear sus semillas. La segunda, peor todav&iacute;a, es la agresi&oacute;n a las semillas, pastos, &aacute;rboles nativos y a ecosistemas completos por la intrusi&oacute;n de elementos transg&eacute;nicos que pueden acabar con la diversidad y extinguir especies animales o vegetales. No puede permitirse por ello que el desarrollo de agrocombustibles se haga con base en plantas y semillas transg&eacute;nicas. <\/li>\n<li><i><b>Criterio del control comunitario, local y nacional: <\/b><\/i>Mal que bien, a gritos y a sombrerazos en M&eacute;xico mantenemos la soberan&iacute;a nacional sobre el petr&oacute;leo, aunque las comunidades donde se asientan los pozos petroleros son las &uacute;ltimas beneficiarias de la extracci&oacute;n del crudo, si no las principales perjudicadas por los da&ntilde;os ambientales producidos por la actividad extractiva. Ahora bien, las principales promotoras de la producci&oacute;n de biocombustibles son varias empresas trasnacionales: las petroleras, como la Shell y la Exxon; las qu&iacute;micas, como Monsanto y Dupont; las del agronegocio, como la Cargill. Ante los cuestionamientos a los combustibles f&oacute;siles se han apresurado a reconvertirse y devenir las controladoras de la producci&oacute;n de la bioenerg&iacute;a. Por eso, otro criterio que debe normar la producci&oacute;n de biocombustibles en M&eacute;xico es el del control nacional y comunitario sobre los mismos. Esto quiere decir que no sean las trasnacionales quienes se apropien del proceso de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de los mismos, sino que se mantenga dentro del control de la naci&oacute;n. Pero, eso no basta, dadas las experiencias negativas que han experimentado las comunidades que tienen &quot;la desgracia&quot; de que en su territorio haya recursos petroleros, es necesario que las propias comunidades campesinas, con apoyo del Estado, cuenten con los mecanismos que les permitan desarrollar y ejercer un control comunitario sobre la bioenerg&iacute;a que ellas mismas produzcan. Es decir, que ellas sean las que decidan las formas, las cantidades, los usos y los destinatarios de esa energ&iacute;a. <\/li>\n<\/ol>\n<p>No son criterios sacados de la manga. La mayor&iacute;a de ellos surgen de la pr&aacute;ctica, de los usos y costumbres de la agricultura campesina e ind&iacute;gena en nuestro pa&iacute;s. Ella produce, en primer lugar para alimentar a la propia unidad familiar y a la comunidad. Al hacerlo brinda una fuente de trabajo a la familia, dentro de su propia tierra y comunidad, aunque por las muchas distorsiones econ&oacute;micas y sociales en muchos casos dicha fuente de trabajo no es suficiente para la subsistencia de la propia unidad dom&eacute;stica. Hay un gran cuidado por la sustentabilidad en el empleo del agua y de los recursos naturales. La raz&oacute;n es muy sencilla: el mantener o incluso mejorar la dotaci&oacute;n de estos recursos es la condici&oacute;n para que la familia se siga reproduciendo inter-generacionalmente. Echan mano exclusivamente de las semillas y las plantas nativas, que reciben y transmiten de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, o de las criollas que la propia familia o la comunidad han adaptado a las condiciones clim&aacute;ticas, de suelo y de humedad de su tierra. Y, finalmente, las decisiones fundamentales sobre lo que se cultiva, c&oacute;mo se cultiva, a qu&eacute; mercado se dirige y en qu&eacute; condiciones no son tomadas fuera de la unidad familiar ni de la comunidad. <\/p>\n<p>No es pues, que se rechacen los biocombustibles en general, rechazamos con toda claridad que en M&eacute;xico se promueva la producci&oacute;n de etanol con base en el ma&iacute;z y a que los biocombustibles se promuevan con la l&oacute;gica de las trasnacionales. Es necesario encontrar opciones energ&eacute;ticas ante el cambio clim&aacute;tico, pero la exploraci&oacute;n y desarrollo de las mismas, si entra a la l&oacute;gica hiperindustrial, y trasnacional redundar&aacute; en perjuicio no s&oacute;lo de las familias y comunidades campesinas, sino tambi&eacute;n de las naciones menos poderosas y , a la larga, ser&aacute; incluso contraproducente para los males que pretende solucionar. En este sentido, la producci&oacute;n de biocombustibles en peque&ntilde;a escala, diversificados en sus fuentes para no entrar en conflicto con la producci&oacute;n de alimentos ni caer en el monocultivo; sobre todo aprovechando al m&aacute;ximo esquilmos agr&iacute;colas, excretas del ganado, biomasa generada, con un empleo sustentable del agua y de los recursos naturales, orientados en primer lugar a satisfacer las necesidades energ&eacute;ticas de la comunidad local, es la v&iacute;a a seguir. <\/p>\n<p>Este es un comienzo, pero no pensemos que la producci&oacute;n de energ&iacute;as alternativas y sustentables va a solucionar por s&iacute; sola el problema del calentamiento global. Porque en la base de todo el problema es que el modelo civilizatorio, el modelo cultural, como se&ntilde;ala Alain Touraine, de nuestra sociedad planetaria sigue girando en torno a la industrializaci&oacute;n y entra&ntilde;a, adem&aacute;s de una permanente y estructural sumisi&oacute;n del campo a la ciudad, un enorme consumo y derroche de todo tipo de energ&iacute;as. Para el modelo de consumo que ahora ejemplifican los pa&iacute;ses ricos del norte no hay energ&iacute;a que alcance: incluso las energ&iacute;as pretendidamente renovables como las de los biocombustibles terminar&aacute;n no si&eacute;ndolo dadas las enormes agresiones a la naturaleza que acarrean. <\/p>\n<p>Por esto es necesario ir al fondo del problema y cuestionar el sistema capitalista industrial y post-industrial, consumidor voraz de alimentos producidos industrialmente y de todo tipo de energ&iacute;as para moverse en un planeta, en unas ciudades de escala sobrehumana. Como se&ntilde;ala el te&oacute;logo brasile&ntilde;o Leonardo Boff. &quot; <i>No basta solamente (con) adaptarse a la nueva realidad, ni es suficiente aminorar los efectos da&ntilde;inos del calentamiento global, sino que hay que ir a algo m&aacute;s profundo: hay que refundar el sentir de la vida, hay que recrear una nueva espiritualidad, es decir, un nuevo sentido m&aacute;s amplio de nuestro pasar por este mundo, de nuestra coexistencia como seres humanos, para hacer que <\/i><i>la Tierra <\/i><i>, la humanidad, puedan, sigan teniendo futuro&quot;. <\/i><\/p>\n<p>En este autocuestionamiento de nuestra civilizaci&oacute;n y de los valores que la gu&iacute;an , en esta b&uacute;squeda de sentido, las comunidades campesinas e ind&iacute;genas tienen mucho qu&eacute; decir : Ahora se ve que los campesinos ten&iacute;an la raz&oacute;n estrat&eacute;gica. Ahora que se cae en la cuenta de los enormes perjuicios ambientales de la agricultura y de la ganader&iacute;a industriales. Ahora que se ve la necesidad de preservar las semillas criollas y el patrimonio gen&eacute;tico de las naciones. Es muy claro que el ciclo que ahora dolorosamente comienza no debe ser el de las semillas transg&eacute;nicas y el de las energ&iacute;as depredadoras de la biodiversidad. Debe ser el de la comida sana para todos y las energ&iacute;as diversificadas, administradas con sabidur&iacute;a convivial, como dir&iacute;a Iv&aacute;n Illich. <\/p>\n<p>Por esto se han generado las bases materiales para el renacer campesino. Esta y las pr&oacute;ximas generaciones requieren alimentos suficientes y sanos, producidos sin atentar contra el medio ambiente, con el objetivo primordial de nutrir a las personas y no de hacer negocio, sin derroches de agua y de energ&iacute;a. Sin veleidades que retiren millones de hect&aacute;reas a la producci&oacute;n de alimentos para dedicarlas a la generaci&oacute;n de etanol o biodiesel. Los &uacute;nicos que pueden hacer esto, que cuentan con los saberes ancestrales, con la herencia gen&eacute;tica, el amor a la tierra y la vocaci&oacute;n de servicio para producirlos, son las comunidades campesinas. Por eso deben ser fortalecidas como actores econ&oacute;micos y sociales, cuando menos. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El auge de los agrocombustibles no es una moda m&aacute;s, ni una explosi&oacute;n coyuntural. Es el resultado de un nuevo ciclo global de los alimentos y las energ&iacute;as que entra&ntilde;a muy significativos reacomodos en nuestras sociedades. 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