{"id":12683,"date":"2014-07-29T11:16:09","date_gmt":"2014-07-29T16:16:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cipamericas.org\/?p=12683"},"modified":"2015-02-04T16:00:47","modified_gmt":"2015-02-04T21:00:47","slug":"el-infierno-en-las-hieleras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/el-infierno-en-las-hieleras\/","title":{"rendered":"El infierno en las hieleras"},"content":{"rendered":"<div class=\"column\">\n<p><a href=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/ChildImmigrantsjpg.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-14560\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/portada_12-300x165.jpg\" alt=\"portada_12\" width=\"300\" height=\"165\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/portada_12-300x165.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/portada_12.jpg 960w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>\u2014<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Tata Dios. Tata Dios\u2026 \u2014Felipe lleg\u00f3 hasta Nogales desde el noreste de Guatemala. No habla ingl\u00e9s. Apenas ara\u00f1a el espa\u00f1ol. Felipe es un ni\u00f1o guatemalteco que s\u00f3lo habla mam. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">A principios de julio, poco antes de que Estados Unidos celebrara otro aniversario de su independencia, el 4, empez\u00f3 a llegar a este centro de detenci\u00f3n una oleada de ni\u00f1os mam. \u201cHac\u00edamos lo que pod\u00edamos, pero tampoco nosotros les entend\u00edamos\u2026 casi s\u00f3lo hablaban la lengua de sus pueblos ind\u00edgenas\u201d, cuenta una agente consular salvadore\u00f1a destacada en Arizona. Guatemala no tiene consulado en Tucson o en Nogales: un par de empleados consulares, destacados en Phoenix, a poco menos de 300 kil\u00f3metros, viajan eventualmente hasta Nogales para atender a los migrantes de ese pa\u00eds. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">A miles de kil\u00f3metros de ah\u00ed, Mart\u00edn, un trabajador social en Maryland que se identific\u00f3 solo con su nombre de pila, escuch\u00f3 historias como la de Felipe e inici\u00f3 una cadena en Facebook para buscar, entre las comunidades guatemaltecas en el \u00e1rea metropolitana de Washington, int\u00e9rpretes de mam. No tuvo \u00e9xito. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">A Felipe lograron entenderle un poco con se\u00f1as, dibujos y, sobre todo, por la aflicci\u00f3n dibujada en el rostro cuando, tras hablar a Guatemala una vez desde el centro de Nogales \u2014desde julio, seg\u00fan fuentes consulares centroamericanas, a todos los ni\u00f1os, sin excepci\u00f3n, les permiten realizar una llamada telef\u00f3nica hasta sus pa\u00edses \u2014, se enter\u00f3 de que alguien hab\u00eda intentado matar a su mam\u00e1. <\/span><\/span><\/p>\n<p>\u2014<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Tata Dios, se\u00f1ora, Tata Dios \u2014gritaba el ni\u00f1o al escuchar las noticias de su aldea. Su caso recibi\u00f3 seguimiento de los agentes del CBP, quienes se interesaron por averiguar qu\u00e9 hab\u00eda pasado en la aldea de Huehuetenango de la que sali\u00f3 Felipe; al final, qued\u00f3 en claro que la madre hab\u00eda sido atacada por delincuentes y que la llevaron a un centro de salud donde la estabilizaron. Felipe, quien seg\u00fan entendieron agentes consulares que escucharon su historia viaj\u00f3 para huir de la violencia que postr\u00f3 a su madre, terminar\u00e1, por ahora, en un albergue: a\u00fan no identifica parientes que podr\u00edan responder por \u00e9l en Estados Unidos. <\/span><\/span><\/p>\n<p>\u201c<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Muchos ni\u00f1os, como \u00e9l, perdieron todas sus cosas, que nunca eran muchas, en el camino. Algunos contaban que se escond\u00edan en los calzoncillos el papelito en el que tra\u00edan nombres y tel\u00e9fonos de sus familias, pero los perdieron al cruzar el r\u00edo (Grande)\u201d, cuenta una agente consular salvadore\u00f1a. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Es una de las historias del centro de detenci\u00f3n de Nogales, donde una veintena de periodistas entr\u00f3 el 20 de junio pasado a mirar una versi\u00f3n m\u00e1s amable de la crisis de los ni\u00f1os migrantes. Durante esa visita guiada fue posible apreciar, durante unos minutos, la parte m\u00e1s fotog\u00e9nica de la crisis. La menos fea. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">En esta visita guiada hay mucho silencio: los ni\u00f1os no hablan, ni siquiera en susurros; apenas un par de sonrisas que no alcanzan a esconder el peso de sus historias, de las historias de los que llegan desde los pueblos mam o de las ni\u00f1as que dejan atr\u00e1s pa\u00edses de poca esperanza para aventurarse a llegar hasta el norte. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Pero incluso en esta visita guiada el fr\u00edo no puede esconderse: golpea. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Los ni\u00f1os les dicen hieleras. En la de Nogales, el fr\u00edo golpea desde la entrada, sobre todo porque quien entra viene del desierto, de la inmensa planicie seca de arena blanca, gruesa, que se extiende por todo el norte<br \/>\nde Sonora, en el norte de M\u00e9xico, y por el suroeste de los Estados Unidos, en Arizona, ah\u00ed por donde han caminado durante d\u00e9cadas los migrantes. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">El fr\u00edo golpea y, al decir de varios de las decenas de ni\u00f1os aqu\u00ed recluidos, llega a ser aun peor que los 45 grados Celsius, la resequedad en la boca y las llagas en la piel que provoca, afuera, el desierto. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Desde fuera, la hielera de Nogales luce como una c\u00e1rcel de las que Hollywood suele fotografiar con tomas a\u00e9reas: estructuras cuadradas de cemento gris y pardo; alambradas; reflectores; carros con sirenas y guardias armados. Adentro, el guion es tambi\u00e9n, como una pel\u00edcula, de terror cuando la cuentan los ni\u00f1os. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">S.G., una joven guatemalteca de 17 a\u00f1os, lleg\u00f3 a la hielera de Nogales a mediados del a\u00f1o pasado, despu\u00e9s de haber pasado por otras dos hieleras. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">S.G. entr\u00f3 a Estados Unidos por McAllen, el pueblo fronterizo tejano enclavado en el valle del R\u00edo Bravo que es el otro epicentro de esta crisis migratoria. Cuando los agentes de CBP la arrestaron, empezaron a maltratarla, seg\u00fan lo cont\u00f3 la joven a una trabajadora social con la que habl\u00f3 varias semanas despu\u00e9s. Este es su relato del terror, reconstruida a partir de esa entrevista. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"background: #ffffff;\">\u201c<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><i>Me vine de Guatemala con mi hija. Ella tiene un a\u00f1o. Estuve en tres hieleras, como nueve d\u00edas. En la primera hielera un oficial me grit\u00f3: \u2018Vienes a este pa\u00eds solo a robarnos el dinero\u2019\u2026 No me dejaron cambiarle la ropa a mi ni\u00f1a, solo el pa\u00f1al\u2026 <\/i><\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"background: #ffffff;\">\u201c<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><i>En la segunda hielera, los agentes no me dieron cobijas ni comida ni pa\u00f1ales para la ni\u00f1a hasta el tercer d\u00eda. Tampoco me dieron medicinas, pero yo sent\u00eda que la ni\u00f1a estaba enferma. En la tercera hielera (Nogales) tampoco me dieron comida, hasta el tercer d\u00eda. La ni\u00f1a ten\u00eda hambre. Lloraba y lloraba. Tuvo hambre en las tres hieleras\u201d. <\/i><\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"background: #ffffff;\">\u201c<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Le pregunt\u00e9 a uno de los agentes por qu\u00e9 tanto fr\u00edo, por qu\u00e9 la temperatura tan baja. Me contest\u00f3: la baja temperatura mata los microbios\u201d, lo dice, con una mueca de disgusto, la agente consular salvadore\u00f1a que ha entrevistado a decenas de menores de su pa\u00eds recluidos en Nogales desde que inici\u00f3 la crisis, quien acept\u00f3 compartir sus experiencias desde el anonimato para hablar con libertad. Mientras habla, la mujer apoya su mano sobre un escritorio de f\u00f3rmica en el consulado salvadore\u00f1o en Tucson, a 90 kil\u00f3metros de Nogales; a pocos cent\u00edmetros yace uno de los kits que los agentes dan a los ni\u00f1os que llegan a las hieleras: una bolsa de pl\u00e1stico transparente que contiene una yarda de un material brillante, como aluminio, para protegerse del fr\u00edo. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"background: #ffffff;\">Esa es una imagen que tambi\u00e9n golpea, la de muchas mantas de aluminio juntas, tendidas sobre decenas de ni\u00f1os y de beb\u00e9s que son sus hijos. Y golpean, de nuevo, sus historias: <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"background: #ffffff;\">\u201c<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Y.R. tiene 16 a\u00f1os. La arrestaron con su hijo de dos a\u00f1os y CBP los puso a ambos en una celda junto a otras 30 personas, la mayor\u00eda adultos. Dice Y.R. Que la celda era un \u2018congelador\u2019, y que no le dieron ninguna s\u00e1bana. Al tercer d\u00eda de estar en la celda, el hijo de Y.R ten\u00eda s\u00edntomas de fiebre. Al principio, la joven tuvo miedo de avisar a los custodios sobre la condici\u00f3n de su hijo porque hab\u00eda visto que le gritaban a cualquiera que ped\u00eda ayuda\u2026 Un oficial la acus\u00f3 de mentir sobre su edad; le dijo: \u2018las ni\u00f1as de 16 a\u00f1os no tienen hijos que son mayores de un a\u00f1o\u2019 \u201c. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"background: #ffffff;\">El testimonio de Y.R y el de S.G., guatemaltecas, son dos de 40 listados como ejemplos en una denuncia colectiva por 116 casos de abusos atribuidos por menores centroamericanos a agentes de CBP. Cinco organizaciones no gubernamentales, en representaci\u00f3n de los menores, interpusieron la demanda ante la Secretar\u00eda de Seguridad Interna (DHS, en ingl\u00e9s) en Washington la segunda semana de junio, poco despu\u00e9s que Obama etiquetara de crisis humanitaria la situaci\u00f3n de los ni\u00f1os en la frontera. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"background: #ffffff;\">La visita de periodistas a Nogales tambi\u00e9n sirvi\u00f3 para ver de lejos la bodega rectangular, divida en sectores con vallas m\u00f3viles de malla met\u00e1lica, donde duermen los menores. Ese d\u00eda no ol\u00eda mal. Usualmente, dicen trabajadores sociales, agentes consulares y ni\u00f1os que han estado ah\u00ed, apesta, a sudor, a cuerpos que han pasado hasta 20 d\u00edas sin ducha. A mierda. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"background: #ffffff;\">\u201c<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Hoy huele menos. Yo estuve 10 d\u00edas llegando a entrevistar a los ni\u00f1os. Cuando llegu\u00e9 se sent\u00eda el olor a caca\u2026 Al principio s\u00f3lo hab\u00eda pocas letrinas, despu\u00e9s pusieron de esos ba\u00f1os pl\u00e1sticos verdes, pero ese olor se esparce\u2026\u201d, cuenta un agente consular centroamericano que visit\u00f3 Nogales a finales de junio. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"background: #ffffff;\">Dice Ashley Huebner, coordinadora de los abogados demandantes, que decidieron aprovechar el reflector que el mismo Obama puso a la crisis en la frontera para ventilar los abusos a los que los menores han sido sometidos por agentes estadounidenses desde hace un buen tiempo. Los abusos, dice Huebner, no han recibido suficiente atenci\u00f3n del Washington oficial. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"background: #ffffff;\">En lo que va de crisis, de hecho, poco se ha hablado en Estados Unidos de esos abusos. El tema de los menores migrantes ya provoc\u00f3 un pu\u00f1ado de audiencias especiales en comit\u00e9s legislativos en Washington, a uno de los cuales lleg\u00f3 Jeh Johnson, secretario de DHS, y en las que algunos congresistas, como el senador republicano Lindsey Graham, de Carolina del Sur, propusieron a Obama que deporte a todos los ni\u00f1os que llegaron a partir de octubre. Tambi\u00e9n ha generado la crisis una nueva ola de peticiones a la Casa Blanca, desde el lobby latino, para que pare las repatriaciones. Se habl\u00f3 de presupuesto, de acciones desde el Ejecutivo, de la implicaci\u00f3n pol\u00edtica que para dem\u00f3cratas y republicanos tendr\u00e1 la crisis en las elecciones legislativas de noviembre pr\u00f3ximo. Y se habla, tambi\u00e9n, de la p\u00e9sima situaci\u00f3n de los pa\u00edses de origen de los menores. Poco se habla de las denuncias sobre abusos cometidos por agentes estadounidenses en suelo estadounidense. <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><span style=\"background: #ffffff;\">Al final, y en resumen, la soluci\u00f3n inmediata desde Washington, al menos la que se dibuja en la petici\u00f3n presupuestaria que Obama hizo al Congreso s\u00ed pasa por mejor atenci\u00f3n en las hieleras. Y pasa, tambi\u00e9n, por m\u00e1s deportaciones: los ni\u00f1os que est\u00e1n en el sistema desde que empez\u00f3 la crisis ser\u00e1n repatriados. Lo dijo el vicepresidente Joe Biden durante su reciente visita a Guatemala. Lo dijo el secretario Johnson, tambi\u00e9n en <\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Guatemala. Lo dijo Josh Earnest, vocero de la Casa Blanca. Y lo empez\u00f3 a hacer ya la administraci\u00f3n a trav\u00e9s de DHS: el martes pasado sali\u00f3 de Estados Unidos el primer vuelo fletado lleno s\u00f3lo de menores hondure\u00f1os; a Guatemala han sido <span style=\"color: #0000ff;\">deportados ni\u00f1os, <\/span>pero que viajaban en compa\u00f1\u00eda de familiares. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><b>Ep\u00edlogo <\/b><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">All\u00e1, en la hielera de Nogales, quedan otras historias. Decenas. Cientos. Como la de Felipe, el ni\u00f1o mam, o la de los hermanos Rodr\u00edguez. <\/span><\/span><\/p>\n<p>\u2014<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">En la otra jaula, \u00e9l se puso violento. Yo tengo que hacerle cosquillitas para calmarlo. \u2014Juan, de 11 a\u00f1os, el menor de los dos hermanos, explica a la trabajadora social porque siempre tiene que estar cerca de su hermano mayor, Byron, de 13 a\u00f1os. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Los Rodr\u00edguez llegaron con su t\u00eda, otra ni\u00f1a, de 15 a\u00f1os, y otras dos hermanitas. A la t\u00eda no la separaron de las peque\u00f1as. A Juan lo iban a separar de Byron, pero el mayor de los hermanos empez\u00f3 a atacar a otros ni\u00f1os que estaban recluidos junto a \u00e9l; a uno lo tom\u00f3 del cuello, con fuerza. Juan abraz\u00f3 por detr\u00e1s a su hermano para hacerle cosquillas. Para calmarlo. Solo as\u00ed Byron dej\u00f3 ir el cuello del otro. <\/span><\/span><\/p>\n<p>\u2014<span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">\u00bfY tu pap\u00e1 est\u00e1 aqu\u00ed en Estados Unidos? \u2014le pregunt\u00f3 alguien a Juan en la hielera de Nogales. \u2014Aqu\u00ed vive. Se llama como yo, pero yo no lo conozco \u2014contest\u00f3 el ni\u00f1o. <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\"><em>Hector Silva es reportero con Plaza P\u00fablica, Guatemala. La versi\u00f3n completa de este reportaje se encuentra en http:\/\/www.plazapublica.com.gt\/content\/el-infierno-en-las-hieleras-0<\/em> <\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial,sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">*La mayor\u00eda de los nombres en este reportaje, como el de Silvia, est\u00e1n cambiados a petici\u00f3n de los mismos protagonistas o de las personas que narraron las historias de Los ni\u00f1os que viajan por M\u00e9xico en compa\u00f1\u00eda de coyotes y pasan solos la frontera con Estados Unidos. <\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0in;\">\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A principios de julio, poco antes de que Estados Unidos celebrara otro aniversario de su independencia, el 4, empez\u00f3 a llegar a este centro de detenci\u00f3n una oleada de ni\u00f1os mam. \u201cHac\u00edamos lo que pod\u00edamos, pero tampoco nosotros les entend\u00edamos\u2026 casi s\u00f3lo hablaban la lengua de sus pueblos ind\u00edgenas\u201d, cuenta una agente consular salvadore\u00f1a destacada en Arizona.<\/p>\n","protected":false},"author":378,"featured_media":12690,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[4916,4919],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-12683","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-derechos-humanos","category-migracion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12683","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/378"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12683"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12683\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14561,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12683\/revisions\/14561"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12690"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12683"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12683"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12683"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=12683"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}