{"id":1309,"date":"2005-09-30T17:02:35","date_gmt":"2005-09-30T17:02:35","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1309"},"modified":"2006-02-22T14:24:39","modified_gmt":"2006-02-22T14:24:39","slug":"1017","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/1017\/","title":{"rendered":"La construcci"},"content":{"rendered":"<p> En s&oacute;lo tres d&eacute;cadas, la izquierda uruguaya pas&oacute; de la marginalidad pol&iacute;tica a ser la fuerza hegem&oacute;nica, que se alzar&aacute; con la mayor&iacute;a absoluta el pr&oacute;ximo 31 de octubre. La progresi&oacute;n del Frente Amplio, creado en febrero de 1971, es permanente y asombrosa.<\/p>\n<p> La izquierda fragmentada no superaba el 5% de los votos, pero al unirse consigui&oacute; dar un salto al 18% en las elecciones de 1971, rompiendo el s&oacute;lido bipartidismo uruguayo. A partir de ese momento no dej&oacute; de crecer, hasta alcanzar el 52-55% que le otorgan las encuestas actuales. Los factores que explican este crecimiento son diversos y explicarlos supone abordar campos como la cultura, la historia pol&iacute;tica y social del Uruguay y, sobre todo, el fracaso del modelo neoliberal que destruy&oacute; un tejido social homog&eacute;neo y debilit&oacute; al m&aacute;s robusto Estado del bienestar de Am&eacute;rica Latina.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3>Una historia &ldquo;diferente&rdquo;<\/h3>\n<p> El historiador brit&aacute;nico Eric Hobsbawm sostiene que Uruguay era, a comienzos del siglo XX, uno de los escasos estados s&oacute;lidos de Occidente y la &ldquo;&uacute;nica democracia real&rdquo; de Am&eacute;rica Latina, por lo que ten&iacute;a bien ganada su fama de &ldquo;Suiza de Am&eacute;rica&rdquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a>. Los principales historiadores uruguayos coinciden en que nunca existi&oacute; una oligarqu&iacute;a, cuesti&oacute;n que lo diferencia de los dem&aacute;s pa&iacute;ses del continente, ya que los sectores econ&oacute;micos dominantes &ldquo;delegaron&rdquo; pronto la administraci&oacute;n del Estado en pol&iacute;ticos profesionales. Ambos argumentos resultan complementarios, y merecen una breve explicaci&oacute;n. <\/p>\n<p> La margen izquierda del r&iacute;o Uruguay y de ese gigantesco estuario llamado R&iacute;o de la Plata, debi&oacute; ser una provincia argentina, destino que se frustr&oacute; por la injerencia del imperio brit&aacute;nico. Alent&oacute; la creaci&oacute;n de un pa&iacute;s independiente que sirviera como &quot;Estado tap&oacute;n&quot; entre dos gigantes como Argentina y Brasil, lo que garantizar&iacute;a que ambas potencias regionales no rivalizaran por el estrat&eacute;gico estuario del Plata. El nuevo pa&iacute;s, creado en 1825 con el poco habitual nombre de Rep&uacute;blica Oriental del Uruguay, nunca ostent&oacute; riquezas minerales que despertaran la codicia y era, en realidad, una f&eacute;rtil y desierta planicie apropiada para la ganader&iacute;a extensiva que es, de hecho, su riqueza principal. La nueva rep&uacute;blica se estren&oacute; con el exterminio de los escasos indios que no hab&iacute;an acompa&ntilde;ado a Jos&eacute; Artigas, el h&eacute;roe nacional, a su exilio en Paraguay. <\/p>\n<p> Desde 1904, cuando finaliz&oacute; la era de las guerras civiles entre caudillos blancos (terratenientes) y colorados (patriciado urbano), el pa&iacute;s tuvo gobiernos de corte socialdem&oacute;crata o de centro, y ya en ese per&iacute;odo se aprobaron avanzadas leyes sociales que inclu&iacute;an protecci&oacute;n al trabajador, derechos democr&aacute;ticos y libertades pol&iacute;ticas, en un clima de tolerancia. La escasa poblaci&oacute;n distribuida en amplios espacios &#8211;dos millones y medio hacia mediados del siglo XX, apenas algo m&aacute;s de tres millones a comienzos del XXI&#8211;, compuesta por inmigrantes europeos concentrados en la franja costera en torno al puerto de Montevideo, fue un factor amortiguador de la conflictividad social. <\/p>\n<p> Las presidencias coloradas de Jos&eacute; Batlle y Ord&oacute;&ntilde;ez, a principios de siglo, fortalecieron el Estado y crearon un ambiente cultural y pol&iacute;tico signado por la paz social, pese a conflictos laborales localizados, que afianzaron la centralidad estatal y la mediaci&oacute;n como forma de solventar los conflictos sociales y pol&iacute;ticos. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la creaci&oacute;n de una mediana industria nacional por sustituci&oacute;n de importaciones, protegida por un Estado regulador en cuyas manos estaban desde los ferrocarriles y el correo hasta las empresas de electricidad, tel&eacute;fonos y petr&oacute;leo, gener&oacute; una situaci&oacute;n de bonanza econ&oacute;mica. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Izquierda y movimiento social <\/font><\/h3>\n<p> Era un ambiente de estabilidad poco propicio para la implantaci&oacute;n de la izquierda, que tuvo dificultades para hacer pie en una sociedad integrada social y &eacute;tnicamente y fuertemente amortiguadora por la hegemon&iacute;a cultural de las capas medias, compuestas por profesionales, obreros especializados y una gran masa de empleados p&uacute;blicos. El mapa pol&iacute;tico aparec&iacute;a monopolizado por el Partido Colorado, arraigado en Montevideo y las ciudades m&aacute;s pr&oacute;speras, y el Partido Nacional, de ra&iacute;z rural, que se manten&iacute;an al frente del pa&iacute;s desde el momento de su fundaci&oacute;n. Hasta que la recuperaci&oacute;n de los pa&iacute;ses centrales y la crisis del modelo industrial no mostraron los l&iacute;mites de un pa&iacute;s dependiente, con la aplicaci&oacute;n de las recetas del FMI a fines de la d&eacute;cada de 1950, la izquierda sigui&oacute; siendo marginal. <\/p>\n<p> Correspondi&oacute; al movimiento sindical abrir brechas, al calor del declive econ&oacute;mico. Reci&eacute;n en 1964 pudieron superarse los recelos entre socialistas, comunistas, anarcosindicalistas y cristianos, cre&aacute;ndose la Convenci&oacute;n Nacional de Trabajadores (CNT), que un a&ntilde;o despu&eacute;s convoc&oacute; el Congreso del Pueblo, que reuni&oacute; m&aacute;s de 700 organizaciones de base, sindicales, barriales, de la iglesia, de profesionales y estudiantes, y formul&oacute; un programa antiimperialista: reforma agraria, nacionalizaci&oacute;n de la banca y el comercio exterior, y moratoria de la deuda externa. A lo largo de los 60, el Estado fue ocupado por un nuevo sector social: grandes terratenientes y banqueros que comenzaron a desmontar el Estado benefactor, abrir la econom&iacute;a, cerrar industrias y limitar las libertades democr&aacute;ticas. Emergi&oacute; as&iacute; un nuevo pa&iacute;s, caracterizado por dos fuerzas sociales antag&oacute;nicas que entraron en conflicto. <\/p>\n<p> La radicalizaci&oacute;n de obreros y capas medias se manifest&oacute; en conflictividad social y guerrilla urbana (tupamaros), ante una crisis que destru&iacute;a las formas tradicionales de vida asentadas en el seguro ascenso social a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n o el trabajo especializado. A partir de 1966 el autoritarismo, la represi&oacute;n y las torturas erizaron la piel del pa&iacute;s ilustrado, que se hab&iacute;a enorgullecido de haber formado intelectuales como Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Carlos Rama, Idea Vilari&ntilde;o o Eduardo Galeano. <\/p>\n<p> En la tempestad de la crisis la izquierda teji&oacute; su unidad, a la que se sum&oacute; la democracia cristiana y sectores desgajados de los partidos tradicionales. Por la brecha abierta por los sindicatos se col&oacute; la izquierda que recuper&oacute; &iacute;ntegramente el programa del Congreso del Pueblo. En 1971 rompi&oacute; el bipartidismo, pero s&oacute;lo en Montevideo era una fuerza importante (30%), y segu&iacute;a siendo marginal en el Interior, donde no alcanzaba el 10% de los votos. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">El crecimiento explosivo <\/font><\/h3>\n<p> El golpe de Estado y la dictadura militar (1973-1985) congelaron la pol&iacute;tica uruguaya. Pese a la dura represi&oacute;n y la emigraci&oacute;n masiva, la cultura de izquierda se conserv&oacute; repleg&aacute;ndose en el entorno familiar, donde perdur&oacute; con fuerza y se recre&oacute; en base a solidaridades fuertes. Desde sus primeros pasos, el Frente Amplio aport&oacute; una originalidad que ser&iacute;a con los a&ntilde;os una de las claves de su penetraci&oacute;n en la sociedad: los comit&eacute;s de base, donde se agrupan militantes y activistas de todas las corrientes que lo integran. La tupida red de comit&eacute;s se convirti&oacute; en un espacio de socializaci&oacute;n en el que se fue fraguando una identidad frenteamplista que subsumi&oacute; las identidades previas de los sectores que lo conformaron. &Eacute;sta es una de las peculiaridades de la izquierda uruguaya: la unidad es mucho m&aacute;s que la suma de las partes, es &ldquo;otra cosa&rdquo;, que marca diferencias con otros modelos y procesos. <\/p>\n<p> El Frente Amplio emergi&oacute; legitimado de la dictadura, sobre todo a trav&eacute;s de sus l&iacute;deres hist&oacute;ricos, como el general Liber Seregni, que luego de una d&eacute;cada de prisi&oacute;n obtuvo el reconocimiento de todos los sectores pol&iacute;ticos del pa&iacute;s. Pero tambi&eacute;n de dirigentes tupamaros como Ra&uacute;l Sendic, que soport&oacute; con entereza trece a&ntilde;os de torturas y prisi&oacute;n en condiciones muy duras, pasando meses en aljibes con el agua hasta los tobillos. Fue durante la dictadura cuando la identidad de la izquierda se consolid&oacute; tambi&eacute;n a nivel de dirigentes, signando una suerte de &quot;pacto de sangre&quot; que sell&oacute; lealtades pese a las enormes diferencias de estrategias y m&eacute;todos. Fue tambi&eacute;n en esos a&ntilde;os cuando la izquierda, como cultura de oposici&oacute;n y resistencia, desbord&oacute; los cauces, haci&eacute;ndose hegem&oacute;nica en las principales manifestaciones culturales, como el carnaval y la m&uacute;sica popular. <\/p>\n<p> En las primeras elecciones posdictadura la izquierda cosech&oacute; el 21% de los votos, pero sus principales dirigentes ostentaban una aureola que traspasaba ya las fronteras partidarias. M&aacute;s importante fue el despliegue de activismo pol&iacute;tico en la transici&oacute;n democr&aacute;tica: hacia 1985 unos 500 comit&eacute;s de base nacieron en el pa&iacute;s (uno cada 5-6 mil habitantes), llegando a todos los rincones de la sociedad, aunque el Interior permanec&iacute;a a&uacute;n distante de la izquierda. Ser frenteamplista, o de izquierda era mucho m&aacute;s que votar cada cinco a&ntilde;os, actitud que de alguna manera recog&iacute;a las mejores tradiciones pol&iacute;tico-sociales del sector socialdem&oacute;crata del Partido Colorado, conocido como batllismo. <\/p>\n<p> Un hito trascendental para comprender el crecimiento de la izquierda fue la aprobaci&oacute;n en 1986 de la ley de caducidad (o ley de impunidad). Aprobada por blancos y colorados, sancion&oacute; que el Estado uruguayo renunciara a juzgar y castigar a los militares implicados en las violaciones de los derechos humanos. Para la derecha fue el principio del fin. Para la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, acostumbrada a vivir en un pa&iacute;s donde todos eran iguales ante la ley, fue un mazazo. La reacci&oacute;n fue el nacimiento de un impresionante movimiento social para derogar la ley de caducidad, que se tradujo en la formaci&oacute;n de unas 300 comisiones barriales en todo el pa&iacute;s, integradas no s&oacute;lo por frenteamplistas sino tambi&eacute;n por blancos y colorados progresistas. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Una poderosa red social <\/font><\/h3>\n<p> La campa&ntilde;a para derogar la ley dur&oacute; dos a&ntilde;os y se convirti&oacute; en un verdadero di&aacute;logo social por la base. Se necesitaba que el 25% del padr&oacute;n electoral firmara para que se convocara un refer&eacute;ndum derogatorio. Para ello, los activistas barriales debieron &quot;peinar&quot; el pa&iacute;s, yendo casa por casa, dialogando con los vecinos para explicarles de qu&eacute; se trataba y pedirles su firma. El &quot;casa por casa&quot; fue un trabajo en el que participaron unos 30 mil activistas que visitaron el 80% de las viviendas, dialogaron con m&aacute;s de un mill&oacute;n de personas y en algunas ocasiones tuvieron que volver dos, tres y hasta siete veces para conseguir una firma<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a> . <\/p>\n<p> Esto permiti&oacute; a los activistas conocer el pa&iacute;s profundo. Sobre todo en las remotas aldeas del Interior, pero tambi&eacute;n en los barrios urbanos marginados, all&iacute; donde no entraban ni los partidos de izquierda ni los movimientos. Fue el mayor movimiento social que existi&oacute; en el Uruguay, y le cambi&oacute; la cara al pa&iacute;s, pese a que en abril de 1989, el 42% vot&oacute; por derogar la ley de impunidad, pero m&aacute;s del 56% vot&oacute; por mantenerla. El resultado, a mediano plazo, fue que la izquierda pol&iacute;tica y social rompi&oacute; sus propios l&iacute;mites hist&oacute;ricos, muy en particular en el Interior rural. Poco despu&eacute;s, la izquierda se present&oacute; dividida a las elecciones; pese a ello, el Frente Amplio cosech&oacute; nuevamente el 21% y el escindido Nuevo Espacio alcanz&oacute; el 10%, lo que en realidad signific&oacute; para el conjunto de la izquierda su mayor crecimiento hasta ese momento. Y gan&oacute; la capital, Montevideo, con el 35%, donde una gesti&oacute;n muy superior a las anteriores le permite todav&iacute;a obtener mayor simpat&iacute;a de la poblaci&oacute;n. <\/p>\n<p> Vale la pena detenerse en la organizaci&oacute;n del Frente Amplio. Por la base, cientos de comit&eacute;s mantienen una actividad constante, no s&oacute;lo pol&iacute;tica sino tambi&eacute;n social, y un conjunto de comit&eacute;s barriales se agrupan en coordinadoras zonales, que en Montevideo son dieciocho. Los comit&eacute;s eligen sus autoridades y las renuevan cada dos a&ntilde;os mediante voto secreto. El conjunto de adherentes, que lo son por sufragar en las elecciones internas y pagar una cuota de medio d&oacute;lar mensual, eligen cada dos a&ntilde;os las autoridades: Plenario y Mesa Pol&iacute;tica, organismos que tienen una integraci&oacute;n mixta de representantes de los partidos y de las bases. En las &uacute;ltimas elecciones internas participaron 207 mil adherentes, uno de cada cuatro votantes de la izquierda, lo que revela la magnitud de la base social organizada, en cada barrio y casi en cada manzana de la capital. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">La crisis neoliberal <\/font><\/h3>\n<p> El broche de este imparable ascenso lo promovi&oacute; la crisis del modelo en los a&ntilde;os 90. En 1992 el movimiento social y la izquierda&#8211;que act&uacute;an de forma concertada&#8211;consiguieron frenar parte de la pol&iacute;tica neoliberal, imponiendo un refer&eacute;ndum contra las privatizaciones que ganaron con un 70% de votos. Tambi&eacute;n en este aspecto, la defensa del Estado social por parte de la izquierda tiene ra&iacute;ces hist&oacute;ricas y culturales en el batllismo, lo que legitima su posici&oacute;n contraria al neoliberalismo. En 1994, el Frente Amplio trep&oacute; hasta el 30% y estuvo a s&oacute;lo dos puntos de ganar, mientras el Nuevo Espacio ca&iacute;a al 5%. Para las siguientes elecciones, la derecha consigui&oacute; reformar la Constituci&oacute;n para imponer el ballotage que, supon&iacute;a, iba a dificultar el triunfo de la izquierda. En 1999, el Frente Amplio creci&oacute; una vez m&aacute;s alcanzando el 44% en la segunda vuelta. <\/p>\n<p> La brutal crisis econ&oacute;mica de 2002 termin&oacute; de apartar a los uruguayos de los partidos tradicionales, pero muy en particular del Partido Colorado, que fue en los hechos el creador del Estado uruguayo&#8211;una suerte de Partido-Estado&#8211;y dirigi&oacute; el pa&iacute;s durante m&aacute;s de un siglo<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a>. La recesi&oacute;n se instal&oacute; en 1999, a la par del estancamiento argentino. Entre enero y julio de 2002, el riesgo pa&iacute;s pas&oacute; de 220 a 3.000 puntos; la corrida financiera se llev&oacute; el 45% de los dep&oacute;sitos bancarios; el precio del d&oacute;lar se duplic&oacute; y el producto bruto interno cay&oacute; a la mitad del de 1998. La desocupaci&oacute;n trep&oacute; al 20% y el porcentaje de la poblaci&oacute;n por debajo del &iacute;ndice de pobreza alcanz&oacute; el 40%. <\/p>\n<p> Como en los dem&aacute;s pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, el modelo neoliberal entr&oacute; en crisis de legitimidad. En Uruguay esa crisis no gener&oacute; un movimiento de protesta social, sino que fue canalizada hacia el terreno electoral, en un pa&iacute;s donde el Estado, a&uacute;n debilitado, todav&iacute;a funciona; donde la cultura pol&iacute;tica desplaz&oacute;, hace mucho tiempo, el centro de gravedad de lo pol&iacute;tico-social hacia lo pol&iacute;tico-electoral. <\/p>\n<p> Si la lenta construcci&oacute;n de la hegemon&iacute;a de la izquierda&#8211;que siempre es pol&iacute;tica pero tambi&eacute;n cultural y hasta de &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;&#8211;no deriva ni en corrupci&oacute;n generalizada, ni en dominaci&oacute;n (como ya sucedi&oacute; en los casos del PRI mexicano y del peronismo en Argentina), es posible que la izquierda uruguaya, pese a su tradicional moderaci&oacute;n, consiga gobernar casi tantas d&eacute;cadas como lo hizo el agonizante Partido Colorado. <\/p>\n<h3><font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Notas<\/font><\/h3>\n<ol>\n<li><font size=\"-1\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\"> Eric Hobsbawm, <i>Historia del siglo XX<\/i>, Cr&iacute;tica, Barcelona, 1995, p. 118.<\/font><\/font><\/li>\n<li><font size=\"-1\" face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a> Maria Delagdo, Marisa Ruiz and Ra&uacute;l Zibechi, So the people can decide. <i>The experience of the referendum against impunity law in Uruguay (1985-1989,<\/i> International Human Rights Intership Program, Washington, 2001. <\/font><\/li>\n<li><font size=\"-1\" face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a> En 1966, los partidos tradicionales (Nacional, o blanco, y Colorado) ten&iacute;an el 90% de los votos; ahora aspiran a retener el 45%; pero los colorados pasaron de un hist&oacute;rico 40-50%, a una intenci&oacute;n de voto del 8%.<\/font><\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En s&oacute;lo tres d&eacute;cadas, la izquierda uruguaya pas&oacute; de la marginalidad pol&iacute;tica a ser la fuerza hegem&oacute;nica, que se alzar&aacute; con la mayor&iacute;a absoluta el pr&oacute;ximo 31 de octubre. 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