{"id":1330,"date":"2007-12-12T09:10:43","date_gmt":"2007-12-12T09:10:43","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1330"},"modified":"2008-03-20T16:31:29","modified_gmt":"2008-03-20T16:31:29","slug":"4810","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/4810\/","title":{"rendered":"Comedores populares de Per&uacute;: contra el hambre y soledad"},"content":{"rendered":"<p><b>S&oacute;lo en Lima los comedores populares proporcionan alimentaci&oacute;n diaria a medio mill&oacute;n<br \/>\nde personas. M&aacute;s de cien mil mujeres trabajan todos los d&iacute;as para dar de comer a sus hijos,<br \/>\ny lo hacen de forma colectiva, buscando el apoyo mutuo para superar la pobreza. <\/b><\/p>\n<p>Con la pendiente el arenal se convierte en duna gris; como el cielo eternamente gris<br \/>\nde Lima. Dejamos el centro de Villa El Salvador, la periferia pobre mejor organizada de Lima, para acercarnos<br \/>\na Lomo de Corvina, periferia de la periferia, donde hace 13 a&ntilde;os se instalaron cientos de familias<br \/>\nen un barrio que&mdash;por alguna misteriosa raz&oacute;n&mdash;denominaron Oasis. <\/p>\n<p>En medio del inh&oacute;spito desierto se levantan cientos de casuchas de esteras coronadas por banderitas<br \/>\nperuanas, que es la forma como los m&aacute;s pobres intentan disuadir la acci&oacute;n policial cuando<br \/>\nocupan terrenos de forma ilegal. Caminando por las calles irregulares de Oasis aparece, inevitable, la<br \/>\nimagen de la desolaci&oacute;n, una extra&ntilde;a mezcla de soledad y tristeza. No s&oacute;lo por el<br \/>\nestado precario de las viviendas; los rostros abatidos de los ni&ntilde;os que deambulan por las calles<br \/>\ncomponen el cuadro m&aacute;s estremecedor de la pobreza. La humedad se mete en el cuerpo, aumentando<br \/>\nla sensaci&oacute;n de desconsuelo. <\/p>\n<p>Elvis Mori, un joven activista que vivi&oacute; en el barrio hasta que decidi&oacute; instalarse en<br \/>\nVilla El Salvador, a escasos kil&oacute;metros de Oasis, nos lleva hasta el comedor popular Virgen del<br \/>\nCarmen, uno de los miles de espacios de Lima donde las mujeres m&aacute;s pobres se juntan y trabajan<br \/>\ntodos los d&iacute;as por sus hijos y los hijos de sus vecinas. Nos reciben Nilda, la presidenta del<br \/>\ncomedor, y Nelly, la mam&aacute; de Elvis, que trabaja en un comit&eacute; de Vaso de Leche en el mismo<br \/>\nbarrio. <\/p>\n<p>El comedor es una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n con suelo de cemento, una mesada, una cocina de<br \/>\ngas y otra de carb&oacute;n. Al costado, un min&uacute;sculo sal&oacute;n donde guardan la comida y un<br \/>\nfondo sin plantas, suelo marr&oacute;n bajo cielo gris. &quot;Este comedor naci&oacute; con el asentamiento,<br \/>\nhace 12 a&ntilde;os&quot;, empieza Nilda a desgranar su relato s&oacute;lo interrumpido por los cantos<br \/>\nde los gallos y el chisporroteo del aceite sobre el fuego. <\/p>\n<h3>Treinta a&ntilde;os cocinando en colectivo <\/h3>\n<p>Seg&uacute;n varios an&aacute;lisis, el comedor comunal es, como organizaci&oacute;n popular femenina,<br \/>\nuna experiencia &quot;sin paralelo a nivel latinoamericano y probablemente mundial&quot;.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a> Se<br \/>\ntrata de la forma elemental de la organizaci&oacute;n colectiva del m&aacute;s abajo; espacios donde<br \/>\nno s&oacute;lo se soluciona la sobrevivencia sino tambi&eacute;n &quot;una escuela donde muchas mujeres<br \/>\nse han adiestrado en actividades de organizaci&oacute;n, pr&aacute;ctica de democracia, en superar conflictos<br \/>\ny en el trato con instituciones y funcionarios&quot;.<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a><\/p>\n<p>Los primeros comedores nacieron a fines de la d&eacute;cada de 1970. Era un per&iacute;odo de grandes<br \/>\nmovilizaciones sociales cuando finalizaba el r&eacute;gimen militar (1968-1980). El sindicato de maestros<br \/>\n(SUTEP) presionaba por mejores salariales entre 1978 y 1979 y los maestros tomaron colegios en los barrios<br \/>\npopulares. Las mujeres comenzaron a preparar ollas comunes en solidaridad con los huelguistas: &quot;Durante<br \/>\nsemanas las escuelas se convirtieron en lugares de discusi&oacute;n pol&iacute;tica, en espacios de encuentro<br \/>\nentre el barrio, la escuela y los conflictos sociales y pol&iacute;ticos del momento&quot;.<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a><\/p>\n<p>A partir de ese momento muchas mujeres-madres comenzaron a participar en la organizaci&oacute;n vecinal<br \/>\nen sus barrios y esa experiencia les sirvi&oacute; para crear organizaciones femeninas para la alimentaci&oacute;n<br \/>\nde sus familias. &quot;Estas experiencias colectivas propiciaron que las mujeres pasaran del aislamiento<br \/>\ndel &aacute;mbito dom&eacute;stico a la participaci&oacute;n en acciones en el &aacute;mbito p&uacute;blico&quot;,<br \/>\nconcluyen Cecilia Blondet y Carmen Montero. <\/p>\n<p>En el mismo per&iacute;odo, una religiosa que era a su vez enfermera de un hospital de la periferia<br \/>\nnorte, Mar&iacute;a Van del Linde, comenz&oacute; a trabajar con un grupo de mujeres que recib&iacute;an<br \/>\nalimentos de la iglesia. &quot;Yo les propuse ayudarlas con una condici&oacute;n: que los v&iacute;veres<br \/>\nno se distribuyeran en crudo sino que se preparen colectivamente y que cada uno recibiera de acuerdo<br \/>\nal n&uacute;mero de miembros de su familia&quot;.<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">4<\/a> La experiencia<br \/>\nfue un &eacute;xito y pronto tuvo seguidores en varios barrios de la periferia al punto que en 1982 ya<br \/>\nhab&iacute;a 200 comedores en Lima. <\/p>\n<p>Una caracter&iacute;stica de los comedores impulsados por la iglesia, y que los diferencia de los<br \/>\nque comenz&oacute; a apoyar el Estado, es el impulso a la autoayuda y la autoprestaci&oacute;n de servicios.<br \/>\nEstos comedores se consideran &quot;autogestionados&quot;, mientras los estatales se denominan &quot;administrados&quot; o &quot;subvencionados&quot;,<br \/>\nporque &quot;se busc&oacute; fortalecer la autonom&iacute;a de los pobres en su relaci&oacute;n con el<br \/>\nEstado y las instituciones de caridad&quot;. <\/p>\n<p>Con la crisis econ&oacute;mica y el primer ajuste estructural, entre 1988 y 1989, los comedores crecieron<br \/>\nde forma explosiva: pasaron de 1.800 a 3.000. Con el brutal ajuste econ&oacute;mico de Alberto Fujimori<br \/>\n(1991) superaron los 5.000. Los barrios se llenaron de ollas populares improvisadas y la demanda de alimentos<br \/>\nen los comedores fue el doble que el a&ntilde;o anterior. Con los a&ntilde;os, y pese a una notoria mejor&iacute;a<br \/>\nen la situaci&oacute;n econ&oacute;mica del pa&iacute;s, el n&uacute;mero de comedores sigui&oacute; en<br \/>\nla cifra alcanzada en el pico de la pobreza. Una encuesta realizada en 2003 revela que en Lima Metropolitana<br \/>\nsiguen existiendo unos 5.000 comedores con una 150 mil socias.<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">5<\/a><\/p>\n<p>Los comedores alimentan alrededor del 7% de la poblaci&oacute;n de Lima, estimada en unos 7,5 millones.<br \/>\nPero ese medio mill&oacute;n de platos que reparten diariamente supone casi el 20% de la poblaci&oacute;n<br \/>\nen situaci&oacute;n de pobreza extrema. <\/p>\n<h3>Mujer, solidaridad, autonom&iacute;a <\/h3>\n<p>Lima es una de las sociedades urbanas donde la acci&oacute;n social colectiva de las mujeres populares<br \/>\ntiene mayor presencia. En 1994, hab&iacute;a en la capital peruana unas 15 mil organizaciones populares<br \/>\nregistradas: 7.630 comit&eacute;s del Vaso de Leche, 2.575 clubes de madres, 2.273 comedores populares<br \/>\ny 1.871 juntas vecinales, seg&uacute;n fuentes oficiales.<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">6<\/a> Muchas<br \/>\nde ellas est&aacute;n ligadas a los partidos (los clubes de madres al APRA desde 1985) o fueron cooptadas<br \/>\npor ellos. Los comit&eacute;s del Vaso de Leche nacieron durante la alcald&iacute;a de izquierda de Alfonso<br \/>\nBarrantes, en 1984, cuando por la presi&oacute;n de las mujeres pobres decidi&oacute; al municipio a<br \/>\nimplementar el Programa del Vaso de Leche dirigido a proporcionar desayuno a menores de seis a&ntilde;os<br \/>\ny a las madres gestantes o lactantes. <\/p>\n<p>Clubes de Madres, comit&eacute;s del Vaso de Leche y comedores populares contaban a mediados de la<br \/>\nd&eacute;cada de 1990 con cuatro millones de beneficiarios en todo el pa&iacute;s y eran gestionados<br \/>\ncasi exclusivamente por mujeres. Cada comedor tiene un promedio de 22 socias activas, siendo una organizaci&oacute;n<br \/>\nde vecinas de mismo barrio, seg&uacute;n la encuesta de 2003. El 90% de las socias ha recibido alg&uacute;n<br \/>\ntipo de capacitaci&oacute;n y ha tenido alguna responsabilidad en la gesti&oacute;n. S&oacute;lo el 20%<br \/>\nde las presidentas de los comedores tiene secundaria completa. En Lima hab&iacute;a, en 2003, 2.775 comedores<br \/>\nautogestionados y 1.930 subsidiados. <\/p>\n<p>Cada comedor produce unas 100 raciones diarias en promedio, casi medio mill&oacute;n de raciones diarias<br \/>\nen Lima. Es interesante observar a qui&eacute;nes van dirigidas las raciones: el 60% a las socias y sus<br \/>\nfamilias; un 12% a las socias que cocinan como compensaci&oacute;n por su trabajo (no hay pago en efectivo);<br \/>\nun 8% son donados a personas pobres del barrio (&quot;casos sociales&quot;). S&oacute;lo se venden el<br \/>\n18% de las raciones producidas por el comedor. La mitad de ese porcentaje se vende a gente del barrio,<br \/>\nen general siempre la misma, y el otro 9% a gente &quot;de paso&quot;, o sea clientes como empleados<br \/>\nde empresas de servicios y otros. A las socias se les vende a un precio menor que a los clientes externos. <\/p>\n<p>Parece evidente que los comedores se han instalado para la atenci&oacute;n de las socias y sus familias,<br \/>\ny no para vender o tener ganancias. Los comedores no ahorran ni distribuyen beneficios a sus socias y &quot;lo<br \/>\nm&aacute;s probable es que las propias socias est&eacute;n subsidiando el comedor de manera directa (donando<br \/>\ninsumos, entregando trabajo, etc.) m&aacute;s all&aacute; de los turnos normales de cocina&quot;.<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">7<\/a> Las<br \/>\nmujeres que trabajan en los comedores funcionan en base a la l&oacute;gica de la econom&iacute;a solidaria<br \/>\ny no del mercado, y no se rigen con criterios empresariales. <\/p>\n<p>Ha sido definido como &quot;un sistema de subsidios popular que canaliza recursos de los pobres hacia<br \/>\nlos m&aacute;s pobres&quot;, ya que cada comedor destina un 10% de las raciones para indigentes que no<br \/>\npueden pagar los alimentos. <\/p>\n<p>La mayor parte de los comedores realizan fiestas y rifas para tener otros ingresos ya que los aportes<br \/>\nde alimentos del Estado apenas cubren el 20% del costo de la raci&oacute;n. Un estudio de la Federaci&oacute;n<br \/>\nde Mujeres Organizadas en Comedores Populares Autogestionarios (Femoccpaal) del a&ntilde;o 2006, que<br \/>\nagrupa a unos 1.800 comedores, asegura que &quot;el comedor ya no es un complemento de salario alguno,<br \/>\nporque ese salario ya no existe, para muchas familias es la &uacute;nica v&iacute;a de acceso a la alimentaci&oacute;n&quot;.<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">8<\/a><\/p>\n<p>Esto en un per&iacute;odo de fuerte crecimiento econ&oacute;mico. Un detallado estudio de esa organizaci&oacute;n<br \/>\nrevela que m&aacute;s del 80% del costo de la raci&oacute;n es aportada por las organizaciones de los<br \/>\ncomedores, en tanto el Estado aporta el 19%. A la hora de cuantificar el costo final de una raci&oacute;n,<br \/>\nlas socias de los comedores compran en alimentos el equivalente al 33%, la mano de obra gratuita supone<br \/>\nel 32%, siendo el 16% restante gastos de administraci&oacute;n, transporte para recoger los alimentos<br \/>\ndonados por el Estado y otros servicios compensados con trabajo o raciones. <\/p>\n<p>Por eso, postulo que los comedores tienen poco que ver tanto con la caridad o el clientelismo. Ambas<br \/>\ncosas, por cierto, existen. Pero mujeres como Nilda y Nelly tienen muy claro que podr&iacute;an estar<br \/>\nhaciendo otras cosas, entre ellas ocuparse s&oacute;lo de salir adelante ellas como individuos, pero<br \/>\nhan optado por dedicar buena parte del d&iacute;a a apoyar a los m&aacute;s pobres de sus vecinos. <\/p>\n<h3>Pobreza, soledad, marginaci&oacute;n <\/h3>\n<p>A las siete de la ma&ntilde;ana las tres encargadas de cocinar llegan al comedor. Revisan los alimentos<br \/>\nque tienen y los que deben comprar. Antes de las ocho, van al mercado en busca de alimentos y para completar<br \/>\nlos combustibles para la cocina. Sobre las 10 comienzan a cocinar para tener el men&uacute; listo para<br \/>\nel mediod&iacute;a. Sobre las tres de la tarde terminan de limpiar la cocina, la tesorera hace las cuentas<br \/>\ny se despiden hasta la ma&ntilde;ana siguiente. As&iacute; todos los d&iacute;as del mes, con la &uacute;nica<br \/>\nexcepci&oacute;n de s&aacute;bados y domingos. <\/p>\n<p>Ninguna persona hace un trabajo de ese tipo si no le reporta alg&uacute;n beneficio, adem&aacute;s<br \/>\ndel estrictamente material. Conversando con Nelly y Nilda fue posible percibir que ese arduo trabajo<br \/>\nlo hacen con cari&ntilde;o y una enorme dosis de ternura. Para las soci&oacute;logas, trabajos gratuitos<br \/>\ny solidarios como los comedores populares &quot;ofrecen a las participantes la oportunidad de salir del<br \/>\nhogar y superar la situaci&oacute;n de aislamiento que caracteriza su vida&quot;.<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">9<\/a> Esa<br \/>\nactividad fortalece su autoestima y su identificaci&oacute;n con los sectores populares del barrio, adem&aacute;s<br \/>\nde la formaci&oacute;n que les brindan los proyectos. <\/p>\n<p>Todo lo que tienen, aunque pueda parecer poco o pobre, lo hicieron entre todas, superando<br \/>\nsus diferencias, las inevitables rencillas, los rencores. Es el valor de lo colectivo. Habla Nilda: &quot;Hab&iacute;a<br \/>\nuna se&ntilde;ora Marta que estaba de presidenta y al principio trabajaba muy bien. Las dem&aacute;s<br \/>\nest&aacute;bamos ocupadas en el terreno a ver si nos echaban y no nos dimos cuenta lo que pasaba en el<br \/>\ncomedor, pero la se&ntilde;ora ocupaba todos los cargos, tesorera, presidenta, todo y ah&iacute; la misma<br \/>\ngente empez&oacute; a reclamar. Y las vecinas empezaron a pedir control&quot;. <\/p>\n<p>Se trataba de democratizar el funcionamiento del comedor, ya que a menudo las agencias<br \/>\n(USAID, la Agencia de Desarrollo Internacional del gobierno de Estados Unidos, es la principal donante<br \/>\nde alimentos) saben que existe una presidenta que se queda con dinero pero lo toleran. &quot;Nos juntamos<br \/>\nunas 50 mujeres, se organiz&oacute; una asamblea y ganamos. Empezamos desde cero, sin ollas, ni local<br \/>\nporque el comedor estaba en su casa; nos ech&oacute; y no nos entreg&oacute; nada. Nos prestamos ollas<br \/>\ny cada vecina pon&iacute;a algo, un cuchar&oacute;n, un cuchillo, y nos fuimos al parque industrial para<br \/>\nconseguir aserr&iacute;n y le&ntilde;a para cocinar. Empezamos en mi casa a cocinar con latas de aceite<br \/>\ndonde pon&iacute;amos el aserr&iacute;n, porque no ten&iacute;amos dinero para comprar gas&quot;. <\/p>\n<p>Nilda relata y las mujeres que cocinan a&ntilde;aden algunos datos. Ella se retir&oacute; por problemas<br \/>\nfamiliares y la presidencia la ocup&oacute; una mujer que a la vez &quot;era cabeza de una ONG y le dieron<br \/>\nun dinero para comprar un local y se gasta el dinero en comprar un terreno para ella&quot;. Luego de<br \/>\nlargas gestiones consiguieron que les ceda el terreno donde ahora funciona el comedor popular. &quot;Lo<br \/>\nconstruimos con dinero que recaudamos con actividades como polladas, venta de caldo de gallina, rifas,<br \/>\ncada socia colabora para comprar la comida y se compromete a vender y con ese dinero con eso construimos<br \/>\nel local&quot;. <\/p>\n<p>Ahora tienen una cocina de gas y otra de carb&oacute;n, pero necesitan reponerla y van<br \/>\na hacer una fiesta o una venta de comida especial para juntar el dinero. &iquest;Las reuniones? &quot;Nos<br \/>\nsentamos en redondo y cada una opina. Es como una reuni&oacute;n familiar grande. Ya nos estamos modernizando,<br \/>\nahora cada una pide la palabra (risas) porque antes habl&aacute;bamos todas a la vez. Y hasta hacemos<br \/>\nactas&quot;, dice Nilda. <\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo funcionan? Por turnos y rotaci&oacute;n: dos o tres cocinan durante<br \/>\nuna semana. Preparan unas 100 raciones diarias que venden a 1,50 soles (un d&oacute;lar equivale a tres<br \/>\nsoles). Las cocineras se llevan entre cinco y diez raciones, seg&uacute;n la cantidad de hijos, porque<br \/>\nno cobran dinero por su trabajo. Nilda se encarga de las finanzas y otras socias integran el Comit&eacute; de<br \/>\nVigilancia, que se encarga de cuidar que no falten alimentos y que no hayan abusos. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s de las actividades del comedor, algunas participan en talleres contra la<br \/>\nviolencia dom&eacute;stica y en reuniones donde se abordan temas como alcoholismo y drogas. &quot;Hay<br \/>\nmucha violencia en las casas&mdash;dice Nilda&mdash;mi esposo era alcoh&oacute;lico y al ir a las reuniones aprendo<br \/>\nbastante; yo tambi&eacute;n he sido violenta pero participar en los talleres me ayuda a cambiar, yo a<br \/>\nmi hijo lo maltrataba porque no quer&iacute;a hacer la tarea. Aprendemos a tratarlos con amor&quot;. <\/p>\n<p>Nelly participa en el Comit&eacute; del Vaso de Leche que funciona de modo muy similar al comedor.<br \/>\nAcude a reuniones de la Federaci&oacute;n de Mujeres y asegura que se siente feliz de poder participar<br \/>\nen organizaciones sociales. &quot;Nos permite conocer otras personas y casos peores que el de cada una<br \/>\ny nos da la facilidad de llegar a otras personas. Es bueno saber que estar ayudando, que haces algo por<br \/>\ntu pueblo&quot;. <\/p>\n<p>Nilda dice que lo que hace es una de las cosas m&aacute;s importantes en su vida: &quot;Me<br \/>\nsirve para la comida de mis hijos, para ayudar al pr&oacute;jimo. A mi me hace feliz poder estar ac&aacute;,<br \/>\nno es s&oacute;lo cuesti&oacute;n de recibir sino de poder dar. Lo que mas me gusta es estar ac&aacute; &#8230;&quot;.<br \/>\nLa bocina del cami&oacute;n de agua la interrumpe. &quot;Las mujeres que est&aacute;n en el Vaso de Leche<br \/>\ny en los comedores son las m&aacute;s activas del barrio, son las primera que acuden a colaborar cuando<br \/>\nsurge cualquier problema. Son las m&aacute;s solidarias&quot;, asegura Nelly. <\/p>\n<p>Cuando salimos del comedor, la conversaci&oacute;n deriva hacia uno de los problemas m&aacute;s graves<br \/>\ndel barrio: despu&eacute;s de las 10 de la noche no se puede salir a la calle por la violencia de los<br \/>\npandilleros, dicen todas. Hace poco mataron a un chico de 15 a&ntilde;os. Nada pueden esperar de las<br \/>\nautoridades ni de la polic&iacute;a. Es momento de apagar el grabador: &quot;Antes se hizo, de organizarse<br \/>\ny hacer justicia por nuestra mano &#8230;&quot;, dice una voz que se pierde en el arenal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<ol>\n<li><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Cecilia Blondet y Carmen Montero, ob. cit. p. 19. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Idem, p. 15. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Idem, p. 55. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Idem, p. 56. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Cecilia Blondet y Carmen Trivelli, ob. cit. p. 20. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.inei.gob.pe\">www.inei.gob.pe<\/a>.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><\/a>Cecilia Blondet y Carmen Trivelli, ob. cit. p. 32. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.femoccpaal.org\">www.femoccpaal.org<\/a>. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\"><\/a>Cecilia Blondet y Carmen Moreno, ob. cit. p. 20. <\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S&oacute;lo en Lima los comedores populares proporcionan alimentaci&oacute;n diaria a medio mill&oacute;n de personas. 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