{"id":1530,"date":"2008-09-17T13:39:30","date_gmt":"2008-09-17T13:39:30","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1530"},"modified":"2008-10-15T14:08:34","modified_gmt":"2008-10-15T14:08:34","slug":"5542","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5542\/","title":{"rendered":"Pentecostalismo y movimientos sociales en Am&eacute;rica del Sur"},"content":{"rendered":"<p><b>Entre diversos movimientos sociales latinomericanos se abre paso una nueva lectura sobre el papel que est&aacute;n jugando las iglesias pentecostales en las barriadas pobres de las periferias urbanas, y las consecuencias pol&iacute;ticas que pueden tener. <\/b><\/p>\n<p>&quot;El pentecostalismo es el mayor movimiento autoorganizado de los pobres urbanos de todo el mundo&quot;, asegura el urbanista estadoundiense Mike Davis. Sus opiniones sobre este movimiento religioso suelen ser rechazadas de plano por muchos intelectuales de izquierda. Sin embargo, Davis est&aacute; convencido que &quot;mucha gente de izquierda ha cometido el error de dar por supuesto que el pentecostalismo es una fuerza reaccionaria, y no es as&iacute;&quot;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a>. <\/p>\n<p>Davis no s&oacute;lo provoca. Abre las mentes para investigar sin prejuicios ideol&oacute;gicos y para mirar la realidad desde las necesidades de la gente. Se explica: entre los pobres urbanos de Am&eacute;rica Latina, el pentecostalismo es una religi&oacute;n de mujeres que produce beneficios materiales reales. &quot;Las mujeres que se integran en la iglesia y que pueden arrastrar a sus maridos a que tambi&eacute;n se impliquen en las mismas, a menudo disfrutan de notables mejoras en sus niveles de vida: los hombres reducen sus propensi&oacute;n a emborracharse, o a ir con prostitutas, o a gastarse todo el dinero en el juego&quot;. <\/p>\n<p>Habr&iacute;a que sumar que disminuye tambi&eacute;n la violencia dom&eacute;stica. Davis considera que uno de los grandes atractivos del pentecostalismo, es que &quot;se trata de una especie de sistema sanitario paralelo&quot;. Para los pobres, la salud implica una situaci&oacute;n de crisis permanente, capaz de desestabilizar sus vidas, toda vez que el neoliberalismo desestructur&oacute; los servicios estatales de salud y las medicinas tienen precios inalcanzables. Constata que en las barriadas perif&eacute;ricas los pentecostales han conseguido buenos resultados en la reducci&oacute;n del alcoholismo, las neurosis y las obsesiones. Con algo de iron&iacute;a, lo define como un &quot;sistema de reparto a domicilio de salud espiritual&quot;. <\/p>\n<h3>Brasil, para&iacute;so de los pentecostales <\/h3>\n<p>A mediados de agosto de 2008, un grupo de activistas de movimientos sociales urbanos convoc&oacute; un encuentro en Brasilia denominado &quot;Curso de Pensamientos Heterodoxos&quot;. Durante tres d&iacute;as un centenar de j&oacute;venes debatieron sobre el trabajo social en las periferias urbanas. Marco Fernandes, historiador y psic&oacute;logo social que participa en el Movimiento de Trabajadores Sin Techo (<a href=\"http:\/\/www.mtst.info\/\">MTST<\/a>), mostr&oacute; su inter&eacute;s en profundizar la cuesti&oacute;n de las iglesias pentecostales y lleg&oacute; a conclusiones muy similares a las de Davis. <\/p>\n<p>En Brasil la religi&oacute;n cat&oacute;lica est&aacute; en crisis. En 1980, el 89% de la poblaci&oacute;n brasile&ntilde;a se declaraba cat&oacute;lica; en el censo de 2000 la cifra baj&oacute; a 74% para caer al 64% en 2007, cuando el Papa visit&oacute; el pa&iacute;s. En 1980, Juan Pablo II congreg&oacute; dos millones de personas, pero en 2007 Benedicto XVI apenas lleg&oacute; a los 800,000. <\/p>\n<p>Estuvo lejos de batir los r&eacute;cords de otras concentraciones de masas. Tres millones congregaron en S&atilde;o Paulo el &uacute;ltimo d&iacute;a del orgullo gay; 1.5 millones asistieron al show de Rolling Stones en Rio de Janeiro y, para escarnio del Vaticano, las iglesias evang&eacute;licas congregan todos los a&ntilde;os un o dos millones de fieles en la Marcha por Jes&uacute;s. <\/p>\n<p>Brasil es a la vez el pa&iacute;s con mayor n&uacute;mero de cat&oacute;licos pero tambi&eacute;n con el mayor n&uacute;mero de pentecostales del mundo. Son 24 millones de fieles, frente a s&oacute;lo 5.8 millones en Estados Unidos, donde surgi&oacute; esa vertiente del protestantismo. <\/p>\n<p>Pero los pentecostales no son s&oacute;lo una fuerza religiosa sino tambi&eacute;n social y pol&iacute;tica. Iron&iacute;a de la historia, el mayor partido de izquierda del continente, el PT (Partido de los Trabajadores,) que fue creado junto a la iglesia cat&oacute;lica, lleg&oacute; al gobierno con un vicepresidente pentecostal, Jos&eacute; Alencar. La Iglesia Universal del Reino de Dios, a la que pertenece, controla 70 emisoras de televisi&oacute;n, m&aacute;s de 50 radios, un banco, varios diarios y tiene 3.500 templos<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a>. La Red Record disputa el primer lugar de la audiencia con la m&iacute;tica Red Globo, y factura mil millones de d&oacute;lares al a&ntilde;o. <\/p>\n<p>Los pentecostales cuentan con 61 diputados frente a 91 que se declaran cat&oacute;licos militantes, en un total de 550 diputados. El Partido Republicano Brasile&ntilde;o (PRB), vinculado a la Iglesia Universal, creado en 2005, al que pertenece el vicepresidente, es la fuerza pol&iacute;tica con mayor crecimiento en el pa&iacute;s. <\/p>\n<p>&quot;Cualquiera que viva en las periferias urbanas del Brasil de hoy, y yo hace a&ntilde;os que vivo all&iacute;, puede constatar que este es un fen&oacute;meno importante. Muchos compa&ntilde;eros del movimiento sin techo tambi&eacute;n participan en la iglesia pentecostal del barrio. No podemos olvidar que la religi&oacute;n jug&oacute; un papel importante en la formaci&oacute;n de nuestra izquierda&quot;, dice Fernandes<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a>. <\/p>\n<p>Para acercarse al desaf&iacute;o que representan los pentecostales para los movimientos sociales, sostiene que hay que abandonar prejuicios ideol&oacute;gicos. Por algo, dice, el PRB pas&oacute; en apenas un a&ntilde;o &quot;de mil afiliados a cien mil&quot;, algo que ning&uacute;n otro partido ha podido hacer. Su intenci&oacute;n, en primer lugar, es comprender porqu&eacute; consiguen movilizar tanta gente. &quot;La Iglesia Universal hace un par de meses convoc&oacute; un acto en la playa de Botafogo, en Rio, para recolectar fondos para ampliar su red de radio y fueron 650,000 personas, en una ciudad que tiene 10 millones. En S&atilde;o Paulo, la Marcha por Jes&uacute;s que organizan todas las iglesias pentecostales, convoc&oacute; el a&ntilde;o pasado 2.5 millones de personas&quot;. <\/p>\n<h3>Una alternativa en la favela <\/h3>\n<p>Fernandes asegura que en las favelas los pentecostales no s&oacute;lo consiguen que mucha gente abandone el alcohol, sino que en ocasiones logran que se aparten del narcotr&aacute;fico y de la delincuencia. Y lo consiguen sin presiones. &quot;Todo consiste en darle alternativas a la gente y esperanzas de un futuro mejor. Anoche escuch&eacute; la radio pentecostsal, una de tantas. Llam&oacute; por tel&eacute;fono un tipo que estaba desocupado y bebe mucho. El pastor le dijo: &#8216;Quiero que sepas que yo tambi&eacute;n tuve este problema&#8217;. Los pastores se colocan en el lugar de la gente, antes de darles consejos.&quot; <\/p>\n<p>El investigador-activista relata una historia personal. Hace un a&ntilde;o sufri&oacute; una fuerte depresi&oacute;n ante la muerte de uno de sus mejores amigos, asesinado en la favela, que coincidi&oacute; con un accidente que sufrieron varios compa&ntilde;eros del movimiento. &quot;Estaba solo en casa, me sent&iacute;a muy mal y sal&iacute; a la calle y unos amigos me dicen de ir a la iglesia pentecostal del barrio. Como no me sent&iacute;a bien, fui con ellos. Lo normal en estos casos es que te sientes a un costado para pasar inadvertido. Pero se acerc&oacute; una mujer de la iglesia, nos dijo que eramos invitados especiales y nos puso en el frente, delante de todos. Nos presentaron, nos llamaron por nuestros nombres y nos dieron la bienvenida con cantos&quot;. <\/p>\n<p>Sinti&oacute; un trato directo y personal, y una acogida muy c&aacute;lida, algo que se le result&oacute; inesperado. &quot;Comenz&oacute; el culto con tres pastores. Primero llega un grupo de chicas j&oacute;venes cantando y dando gracias a dios. Cantan muy bonito porque ensayan mucho, con palmas, con movimientos r&iacute;tmicos. Despu&eacute;s un grupo de se&ntilde;oras de unos 40 a&ntilde;os, con la banda de la iglesia y bailan un ritmo de samba pero con letras pentecostales. Al final un duo de chicas muy j&oacute;venes, adolescentes, cantando y bailando. Todo eso dur&oacute; como dos horas y luego los tres pastores hablaron, pero apenas 20 minutos, leyendo la Biblia. O sea, fue una fiesta popular, una pe&ntilde;a, donde el mensaje pentecostal no era lo central&quot;. <\/p>\n<p>Fernandes, que es ateo, confes&oacute; que sali&oacute; muy bien de la iglesia, que hab&iacute;a desparecido la angustia y se sent&iacute;a m&aacute;s &quot;liviano&quot;. &quot;Me sorprendi&oacute; la disposici&oacute;n de las sillas, no es como la iglesia tradicional, sino un c&iacute;rculo grande como hacemos en los movimientos, la gente se mira mientras canta, mientras hace toda esa catarsis colectiva. Y mientras estaba all&iacute; pensaba que nosotros podemos hacer esas cosas en nuestros movimientos&quot;. <\/p>\n<p>Cuando nos dispusimos a analizar las relaciones a escala micro entre las iglesias pentecostales y los vecinos de los barrios, aparecieron algunos detalles que explican el &eacute;xito de estas religiones. &quot;La gente tiene en sus barrios una vida mon&oacute;tona, donde los domingos no hay nada para hacer, porque el barrio es feo, no tiene servicios, ni cine, ni teatro ni cancha de f&uacute;tbol. En esos barrios la &uacute;nica posibilidad de tener una experiencia agradable es ir a la iglesia pentecostal, donde vas a tener una experiencia est&eacute;tica impresionante, con m&uacute;sica, con baile, porque no van en busca de la verdad sino para vivir un momento agradable, encontrar o hacer amigos, sentirse parte de una comunidad&quot;. <\/p>\n<p>Por otro lado, las iglesias pentecostales tienen guarder&iacute;as donde las madres pueden dejar a sus ni&ntilde;os mientras participan en el culto. No debe olvidarse, que tanto en los movimientos de las periferias como en las iglesias de esos barrios las personas m&aacute;s activas son, siempre y en todos los casos, las mujeres madres. En general, son mujeres j&oacute;venes, menores de 30 a&ntilde;os, con varios hijos, sin pareja o con parejas ocasionales. Sobre ellas recae la sobrevivencia de la familia. Y tambi&eacute;n necesitan divertirse. <\/p>\n<p>&quot;Por otro lado&quot;, dice Fernandes, &quot;en el culto hay colores, los olores del incienso, adem&aacute;s del canto y la m&uacute;sica, que facilitan la catarsis. La gente se viste muy tradicional, por supuesto las j&oacute;venes no usan minifalda sino faldas largas y los varones muchas veces van de traje al culto. Un alba&ntilde;il de traje se siente de otra manera&quot;. Por catarsis entiende una conmoci&oacute;n interna que produce una sensaci&oacute;n de bienestar, similar a la que puede vivirse en un recital de rock o en un partido de f&uacute;tbol. <\/p>\n<h3>M&aacute;s all&aacute; de la religi&oacute;n <\/h3>\n<p>En otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina se pueden constatar preocupaciones similares a las de Fernandes entre los activistas sociales. Entre piqueteros argentinos y entre campesinos organizados de Guatemala, se registran intentos por comprender las razones por las cuales tantos activistas de los movimientos asisten a las iglesias pentecostales. De hecho, movimientos e iglesias trabajan con los mismos sectores sociales. <\/p>\n<p>Lo cierto es que los discursos anticlericales de la izquierda parecen funcionar s&oacute;lo para los intelectuales, que tradicionalmente se resistieron a comprender la funci&oacute;n simb&oacute;lica de las religiones, pero ahora tambi&eacute;n las consecuencias materiales positivas para sus miembros. La Iglesia Universal, por ejemplo, tiene especialistas en micro-emprendimientos, que orientan a los fieles para instalar sus peque&ntilde;as empresas y de alguna forma las ayudan a resolver el problema del desempleo. <\/p>\n<p>Fernandes explica las enormes diferencias existentes entre las realidad actual y la que exist&iacute;a en la d&eacute;cada 1960 entre los sectores populares, en el per&iacute;odo en el que las comunidades eclesiales de base (CEBS), contribuyeron al nacimiento de varios movimientos, entre ellos los sin tierra, la central de trabajadores (CUT) y el propio PT. &quot;Las CEBS ten&iacute;an una pr&aacute;ctica muy racional, adecuada para personas escolarizadas. Por eso separaron de sus rituales la religiosidad popular m&aacute;s cat&aacute;rtica, como la que se da en los cultos afro, por prejuicios que dicen que se trata de formas de alienaci&oacute;n, que en su opini&oacute;n desviaban el foco de la concientizaci&oacute;n pol&iacute;tica&quot;. <\/p>\n<p>La matriz racional de las comunidades de base implica m&eacute;todos de lectura colectiva de la Biblia, como forma de comprensi&oacute;n de la realidad. &quot;Era adecuado para un per&iacute;odo en el que predominaban la familia nuclear m&aacute;s o menos estructurada, el trabajador de la industria o los servicios con un empleo fijo, los ni&ntilde;os en la escuela y un futuro por delante. Con el neoliberalismo todo eso se termin&oacute; para los sectores populares y aquellos m&eacute;todos ya no funcionan. Ac&aacute; el protagonista ya no es el obrero calificado, sino la mujer y sus hijos, que no tienen futuro en esta sociedad&quot;, asegura Fernandes. <\/p>\n<table align=\"left\" bgcolor=\"#CDBB7B\" border=\"1\" cellpadding=\"1\" cellspacing=\"1\" width=\"40%\">\n<tr>\n<td>\n<h3>Los sin techo <\/h3>\n<p><font size=\"-1\"><\/p>\n<p>El Movimiento de Trabajadores Sin Techo (<a href=\"http:\/\/www.mtst.info\/\">MTST<\/a>) naci&oacute; en 1997 por iniciativa del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) para &quot;articular la lucha por la tierra y las luchas urbanas&quot;. La primera gran ocupaci&oacute;n de tierra urbana se realiz&oacute; ese mismo a&ntilde;o en la ciudad de Campinas, en el estado de S&atilde;o Paulo, con 5,200 familias. <\/p>\n<p>El 19 de julio de 2003 el MTST cre&oacute; un campamento en un terreno de Volkswagen en S&atilde;o Paulo al que llegaron 4,000 familias para conseguir una vivienda. El gobierno socialdem&oacute;crata de S&atilde;o Paulo envi&oacute; a la polic&iacute;a militar, aisl&oacute; el campamento con helic&oacute;pteros con tiradores de elite y el 9 de agosto atac&oacute; a los sin techo provocando decenas de heridos y detenidos. La ocupaci&oacute;n fue desarticulada. <\/p>\n<p>Los campamentos construyen viviendas y espacios comunitarios de salud, educaci&oacute;n y cultura, instalan bibliotecas populares con donaciones de Venezuela, realizan actividades teatrales y de cine, suelen cultivar huertas para el autoconsumo de las familias y realizar limpiezas colectiva y tareas de salud. Muchos ocupantes son cartoneros que buscan crear cooperativas para reciclar y vender de forma colectiva. Realizan festivales con bandas de hip hop, la m&uacute;sica preferida por los j&oacute;venes de las periferias. <\/p>\n<p><\/font>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/table>\n<p>Por otro lado, la religi&oacute;n pentecostal permite que cualquier persona tenga un contacto directo con el esp&iacute;ritu santo, sin la mediaci&oacute;n del pastor. &quot;Ese contacto directo es la catarsis, la fiesta, que es lo que desea la gente cuando no tiene futuro en una sociedad que no le deja ning&uacute;n lugar&quot;. <\/p>\n<p>La mayor parte de los fieles de los barrios no pertenece a las grandes iglesias, como la Universal o la Asamblea de Dios, sino a las peque&ntilde;as iglesias con fuerte arraigo territorial. &quot;Uno puede pensar que cuanto m&aacute;s peque&ntilde;as son las iglesias las relaciones son m&aacute;s directas, cara a cara. La gente que vive en la misma cuadra no se conoce, pero se descubre en el culto del domingo&quot;. En muchos barrios de la periferia, la &uacute;nica construcci&oacute;n pintada, bonita pero no ostentosa, es la iglesia pentecostal, que a menudo es pintada por la propia gente del barrio. La iglesia pentecostal crea sentido de pertenencia, de comunidad. <\/p>\n<p>Muchos activistas sienten cierto pesimismo a la hora de hacer compatible el trabajo de organizaci&oacute;n de los movimientos sociales con las iglesias pentecostales. Recuerdan que las comunidades eclesiales de base de la iglesia cat&oacute;lica nacieron en un contexto pol&iacute;tico muy diferente, y en el marco del Concilio Vaticano II que promov&iacute;a la justicia social y defend&iacute;a la &quot;opci&oacute;n por los pobres&quot;. <\/p>\n<p>&quot;Mientras los cat&oacute;licos nunca aprobaron la riqueza, y esto puede verse incluso en un papa conservador como Benedicto XVI, aunque puede decirse que este es un doble discurso, los pentecostales hacen un culto del enriquecimiento individual. Por eso creo que es dif&iacute;cil que se vinculen a los movimientos sociales, aunque hay peque&ntilde;os sectores que s&iacute; lo hacen&quot;, dice Fernandes. <\/p>\n<p>Lo interesante es que la reflexi&oacute;n ideologizada va quedando atr&aacute;s. El deseo de belleza, de comuni&oacute;n a trav&eacute;s de la m&uacute;sica y la danza, es parte de la pr&aacute;ctica del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, lo que ellos denominan &quot;m&iacute;stica&quot; y que juega un papel relevante en la consolidaci&oacute;n de los colectivos que ocupan tierras. Pero no ha sido incorporada por la mayor parte de los movimientos sociales, sobre todo en las periferias urbanas. &quot;Cada vez estoy m&aacute;s convencido, a&ntilde;ade Fernandes, que si los movimientos sociales no somos capaces de comprender que la gente tiene hambre de belleza, de alegr&iacute;a, no vamos a crecer ni vamos a llegar a la poblaci&oacute;n que m&aacute;s necesita los cambios&quot;. <\/p>\n<p>Un discurso crudamente materialista, ha hecho de los problemas econ&oacute;micos una preocupaci&oacute;n casi excluyente para la mayor parte de las izquierdas, que provienen de las clases medias universitarias que tienen la convicci&oacute;n de que los pastores pentecostales explotan la ignorancia del pueblo, en referencia al dinero que aportan los fieles. Desde su experiencia como sic&oacute;logo, Fernandes lo ve de otro modo: &quot;Se olvidan que la gente cuando empieza a ir a las iglesias empieza a sentirse mejor, reconstruyen sus vidas, y claro, qui&eacute;n no pagar&iacute;a alg&uacute;n dinero por eso. A la clase media no le parece absurdo pagar mucho dinero por una sesi&oacute;n de psicoan&aacute;lisis, por s&oacute;lo 50 minutos con un se&ntilde;or que apenas te habla y ni te mira. Eso parece correcto, porque es una pr&aacute;ctica reconocida, &#8216;cient&iacute;fica&#8217;. Pero eso no funciona para las clases populares.&quot; <\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<ol>\n<li><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Mike Davis, ob. cit. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Luis Esnal, &quot;Brasil: la hora de los pentecostales&quot;, <i>La Naci&oacute;n<\/i>, 20 de agosto de 2006. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Entrevista personal a Marco Fernandes. <\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre diversos movimientos sociales latinomericanos se abre paso una nueva lectura sobre el papel que est&aacute;n jugando las iglesias pentecostales en las barriadas pobres de las periferias urbanas, y las consecuencias pol&iacute;ticas que pueden tener. &quot;El pentecostalismo es el mayor movimiento autoorganizado de los pobres urbanos de todo el mundo&quot;, asegura el urbanista estadoundiense Mike [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-1530","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1530","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1530"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1530\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1530"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1530"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1530"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=1530"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}