{"id":1537,"date":"2008-10-23T12:47:21","date_gmt":"2008-10-23T12:47:21","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1537"},"modified":"2008-10-27T23:03:47","modified_gmt":"2008-10-27T23:03:47","slug":"5622","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5622\/","title":{"rendered":"El fracaso del Operativo Chihuahua"},"content":{"rendered":"<p><b>Lo que sucede en el estado de Chihuahua, M&eacute;xico, es una viva (o muerta) ilustraci&oacute;n del fracaso del Estado mexicano en la improvisada lucha que el Presidente Felipe Calder&oacute;n emprendi&oacute; desde el inicio de su mandato contra la delincuencia organizada. <\/b><\/p>\n<p>S&aacute;bado 16 de agosto: poco antes de las seis de la tarde tres camionetas de lujo conduciendo a una decena de sicarios llegan afuera de la bodega donde se celebra una fiesta de j&oacute;venes en la poblaci&oacute;n de Creel, enclavada en la sierra de Chihuahua. Aparentemente buscan a dos personas para ultimarlas, pero los ejecutores no conocen la precisi&oacute;n: rafaguean a mansalva reventando cuerpos, segando vidas, entre ellas la de un ni&ntilde;o de un a&ntilde;o que perece a pesar del gesto heroico de su padre que lo cubre con su cuerpo. Lo inexplicable es que ni en las horas anteriores ni en las posteriores a la matanza se hacen presentes la polic&iacute;a o el ej&eacute;rcito en Creel. La &uacute;nica autoridad que est&aacute; ah&iacute;, desde el estallamiento del dolor de las familias es la religiosa. <\/p>\n<p>El sacerdote Jesuita Javier &Aacute;vila no funge solamente como pastor de su grey machacada, sino como psic&oacute;logo y hasta de perito judicial. Ante la ausencia de todos, las autoridades le piden por tel&eacute;fono tomar fotos de los cuerpos masacrados mientras polic&iacute;as, ministerios p&uacute;blicos y peritos salen de sus escondites. <\/p>\n<p>Las explicaciones sobre la ausencia de las fuerzas de seguridad en Creel en esos momentos palidecen ante las dudas y las denuncias. Algunos elementos policiacos han denunciado que sus superiores les ordenaron retirarse de la poblaci&oacute;n porque ah&iacute; habr&iacute;a ejecuciones. No se ha confirmado, lo &uacute;nico que es cierto es que en esas horas de angustia ni los militares, ni la Polic&iacute;a Judicial Preventiva, ni la polic&iacute;a ministerial estaban en Creel. Al lugar de los hechos acudi&oacute; solo una patrulla de vialidad. <\/p>\n<p>Ese d&iacute;a el Estado no existi&oacute; para las familias de Creel. Su derecho humano fundamental, el de la vida, el que da origen al pacto que funda el Estado, no fue cumplimentado. Se ha producido una grav&iacute;sima violaci&oacute;n a los derechos humanos por omisi&oacute;n, dada la ineficacia de todos los &oacute;rdenes de gobierno. En la desesperaci&oacute;n e impotencia totales ante la magnitud de la tragedia y las autoridades omisas, los pobladores de Creel advierten ahora que se har&aacute;n justicia por su propia mano. El linchamiento como sustituto de la ineficiencia, la cobard&iacute;a y la complicidad de las autoridades. <\/p>\n<p>La hu&iacute;da o el pasmo de las fuerzas estatales no encuentra a los d&iacute;as siguientes explicaciones sino a lo m&aacute;s &quot;interpretaciones&quot;. La procuradora atribuye la masacre a &quot;La L&iacute;nea&quot;, rama del C&aacute;rtel de Ju&aacute;rez que domina la sierra y el medio rural de Chihuahua. Tambi&eacute;n explica lo obvio: &quot;es un acto de terrorismo para amedrentar a la poblaci&oacute;n&quot;. <\/p>\n<p>El Gobernador del Estado despu&eacute;s de decenas de muertos, descubre por fin el hilo negro, escucha los llamados que meses antes se le hicieron y plantea &quot;que se revise el operativo Chihuahua porque no est&aacute; dando resultados&quot;. <\/p>\n<p>Va m&aacute;s all&aacute;: manifiesta que es necesario &quot;revisar nuestro r&eacute;gimen de libertades individuales y garant&iacute;as ciudadanas&quot;. En el Congreso, la zozobra de las familias de Creel es aprovechada para que los panistas (partidarios del Partido de Acci&oacute;n Nacional) pidan las cabezas de los funcionarios y funcionarias de seguridad pri&iacute;stas (PRI) , y los pri&iacute;stas, de los correspondientes panistas. El gobierno federal procede con presteza a tapar los pozos una vez ahogados los ni&ntilde;os: env&iacute;a docenas de soldados a la Sierra a perseguir a los asesinos que seguramente estar&aacute;n a buen recaudo no en las casas de seguridad, sino en los municipios enteros de seguridad de que disponen. <\/p>\n<p>Ni el sacudimiento de Creel detiene el r&iacute;o de sangre. Los &uacute;ltimos d&iacute;as las cifras de ejecutados siguen creciendo. Al punto que la poblaci&oacute;n se las preguntas: &quot;&iquest; <i>Por qu&eacute; las fuerzas del gobierno no pueden impedir la matanza &#8230;? &iquest;O ser&aacute; que son ellas mismas quienes la perpetran?&quot;<\/i> El Estado posweberiano: de monopolizador de la violencia leg&iacute;tima, a monopolizador de la ineficacia extrema, o monopolizador de todas las violencias. <\/p>\n<p>Si en agosto fue Creel, el 9 de octubre es el bar <i>R&iacute;o Rosas<\/i> en la ciudad de Chihuahua el espacio de la masacre. Un comando de siete encapuchados ejecuta a 11 personas, entre ellas al periodista David Garc&iacute;a Monroy. Cuatro de los muertos ten&iacute;an antecedentes penales, los dem&aacute;s, se fueron a tomar una cerveza al lugar y al momento equivocado. En su hu&iacute;da rumbo a Ciudad Ju&aacute;rez los sicarios se enfrentaron a polic&iacute;as federales con el saldo de dos muertos de cada lado. <\/p>\n<p>En lo que va del a&ntilde;o 65 personas han sido ejecutadas en siete masacres en toda la vastedad de Chihuahua. Desesperado ya, ante el fracaso del operativo que &eacute;l mismo aval&oacute;, el gobernador Reyes Baeza declara que &quot;la PGR nos ha abandonado&quot;, aduciendo que no participa en las investigaciones ni en los operativos y que hasta ahora la Federaci&oacute;n no ha cumplido con enviarles los 70 ministerios p&uacute;blicos federales que prometi&oacute; al firmar el Acuerdo Nacional para la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, el 25 de agosto. Luego el Gobierno del Estado entrega a la PGR cerca de 580 expedientes de hechos de sangre ligados con la delincuencia organizada para que los investigue y los atraiga por ser su materia. <\/p>\n<p>A diferencia de la masacre de Morelia, Michoac&aacute;n, el 15 de septiembre, Calder&oacute;n no se ha hecho presente en el estado, ni ahora ni cuando la matanza de Creel. El propio gobernador se queja que de la Federaci&oacute;n no ha habido &quot;siquiera una llamada&quot;. <\/p>\n<p>Ahora s&iacute;, el ejecutivo del estado tiene que reconocer lo que hace mucho tiempo se le observ&oacute; y &eacute;l no reconoci&oacute;: el <i>Operativo Conjunto Chihuahua<\/i> en el que participan el Ej&eacute;rcito, las polic&iacute;as federales y las estaduales, es un gran fiasco. Se caracteriza m&aacute;s por los fracasos en contener las acciones de la delincuencia organizada y por los abusos a los derechos humanos que por resultados eficaces. No s&oacute;lo eso, en realidad lo de <i>conjunto<\/i> no se da. No hay una estrategia com&uacute;n, por ejemplo, durante los operativos el Ej&eacute;rcito acude a la polic&iacute;a estatal no a la federal. En los cateos, en las detenciones, brillan por su ausencia los agentes del ministerio p&uacute;blico federales, viol&aacute;ndose el precepto constitucional de que las fuerzas militares deben estar siempre sujetas a las autoridades civiles. <\/p>\n<p>Por otro lado, es de observarse la total ineficacia de otras instancias federales: los tres veh&iacute;culos en que huyeron los sicarios hab&iacute;an sido robados en El Paso Texas apenas unas semanas antes. Las armas que portaban indudablemente fueron introducidas de los Estados Unidos. Y, sin embargo, ni las autoridades aduanales, ni las polic&iacute;as federales fueron capaces de detectar los veh&iacute;culos y las armas asesinas cuando pasaron a este lado de la frontera. <\/p>\n<p>Lo que revelan toda esta incapacidad, toda esta descoordinaci&oacute;n, toda esta serie de bloqueos mutuos es que no s&oacute;lo en Chihuahua, sino en toda la rep&uacute;blica el esquema calderoniano de los <i>operativos conjuntos<\/i> es un fracaso total. El amontonar soldados por varias partes del pa&iacute;s, lejos de disuadir a los narcotraficantes y sus sicarios, incrementa exponencialmente el riesgo de la poblaci&oacute;n civil, que ahora tiene que cuidarse por todos lados: de la irrupci&oacute;n de sicarios en los lugares donde despliega su vida cotidiana, de las balas perdidas, de los atropellos a sus derechos por parte de las polic&iacute;as y del Ej&eacute;rcito. <\/p>\n<p>La estrategia de Calder&oacute;n en los <i>operativos conjuntos<\/i> no tiene como prop&oacute;sito primero recuperar o construir la seguridad de las ciudadanas y los ciudadanos. Su objetivo b&aacute;sico es mezquino y mucho m&aacute;s limitado: mediante un gran despliegue de fuerza militar y desplantes medi&aacute;ticos concitar a la unidad de la poblaci&oacute;n y a partir de ella generar algo de la legitimidad nunca ganada en las urnas. <\/p>\n<p>Entonces no puede uno dejar de acordarse de la Guerra de las Malvinas en 1982. En ese a&ntilde;o, un grupo de generales represores, llegados al poder de la Argentina por un golpe de estado intentaron construir la unidad nacional y legitimarse convocando al pueblo a luchar por una causa justa: la recuperaci&oacute;n de la soberan&iacute;a argentina sobre las Islas Malvinas. Sin una estrategia consistente, mal armados, mal pertrechados, con comandantes que pensaban m&aacute;s en su supervivencia y en su provecho personal, llevaron a decenas de j&oacute;venes argentinos a la muerte en la fr&iacute;a desolaci&oacute;n del Atl&aacute;ntico Sur. Guerra vacua, perdida desde antes de declararla, no pagada por los generales, sino por la poblaci&oacute;n civil. A eso suena la guerra contra el crimen organizado que emprendi&oacute;, por cierto vestido de militar, Felipe Calder&oacute;n. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que sucede en el estado de Chihuahua, M&eacute;xico, es una viva (o muerta) ilustraci&oacute;n del fracaso del Estado mexicano en la improvisada lucha que el Presidente Felipe Calder&oacute;n emprendi&oacute; desde el inicio de su mandato contra la delincuencia organizada. 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