{"id":1542,"date":"2008-10-23T18:29:24","date_gmt":"2008-10-23T18:29:24","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1542"},"modified":"2008-10-26T15:53:37","modified_gmt":"2008-10-26T15:53:37","slug":"5625","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5625\/","title":{"rendered":"Cientos reunidos para confrontar la militarizaci&oacute;n de Latinoam&eacute;rica"},"content":{"rendered":"<p><b>Llueve a c&aacute;ntaros en La Esperanza, Honduras. En las &uacute;ltimas semanas las lluvias han arrasado cosechas, caminos rurales, y en algunos casos lo poco que los campesinos ten&iacute;an para subsistir. Pero hasta en el instante en que las calles se vuelven charcos gigantes y lodazales y los r&iacute;os se aprestan a inundar los campos, el pueblo todav&iacute;a hace honor a su nombre y representa esperanza. <\/b><\/p>\n<p>Esta persistencia, absurda por momentos, caracteriza tambi&eacute;n la lucha de los m&aacute;s de 800 miembros de organizaciones de todo el hemisferio reunidos en el <a href=\"http:\/\/www.ircamericas.org\/esp\/5617\">II Encuentro Hemisf&eacute;rico Frente a Militarizaci&oacute;n<\/a>. Absurda, porque en las apenas primeras horas de presentaciones, ya tuvimos una visi&oacute;n de un hemisferio bajo asalto. Persistencia, porque a pesar de amenazas y penurias, la gente acudi&oacute; desde todos los rumbos para encontrar maneras de detener a la militarizaci&oacute;n, y en lugar de desalentarse ante la magnitud de los retos, hall&oacute; maneras reales de progresar compartiendo ideas y culturas, problemas y soluciones. <\/p>\n<p>Desde el primer encuentro en mayo de 2003, los participantes han desarrollado una definici&oacute;n amplia de la militarizaci&oacute;n. Concebirla meramente como la presencia de fuerzas armadas no es suficiente. En Colombia y Chiapas, por ejemplo, las fuerzas paramilitares constituyen una amenaza formidable. En muchas partes del hemisferio se est&aacute;n utilizando las fuerzas polic&iacute;acas como fuerzas de choque para sofocar la protesta social, implementando planes para arrancar el control de los recursos naturales a las comunidades rurales y para crear un clima de miedo en las ciudades. <\/p>\n<p>Conforme al modelo actual, el gobierno de Estados Unidos&mdash;cuyas francas intervenciones militares siguen frescas en el recuerdo de muchos de los presentes&mdash;puede tener presencia y control militar en una naci&oacute;n sin enviar sus tropas, a trav&eacute;s de la capacitaci&oacute;n en m&eacute;todos y objetivos militares que conforman a la agenda de seguridad nacional del gobierno de EEUU (como pasa en la Escuela de las Am&eacute;ricas), la contrataci&oacute;n de empresas privadas de seguridad, y su participaci&oacute;n directa en la infraestructura de inteligencia y espionaje de otros pa&iacute;ses. <\/p>\n<p>En un adelanto trascendente, los participantes&mdash;miembros casi todos de organizaciones de base ind&iacute;genas, campesinas y obreras&mdash;analizaron tambi&eacute;n c&oacute;mo la militarizaci&oacute;n brota de una mentalidad, la misma mentalidad del patriarcado que perpet&uacute;a la violencia contra las mujeres. El militarismo se fundamenta en esta mentalidad que ve al cuerpo de la mujer como bot&iacute;n de guerra, y como campo de batalla para intimidar y aterrorizar el enemigo, no s&oacute;lo por parte de las fuerzas armadas en las guerras y los conflictos, sino tambi&eacute;n dentro del &aacute;mbito dom&eacute;stico y en las calles. La militarizaci&oacute;n no podr&iacute;a prosperar si no fuera por esta mentalidad, junto con formas coloniales de educaci&oacute;n que alimentan el racismo y la discriminaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Otra reflexi&oacute;n importante que sali&oacute; de los talleres del encuentro fue en torno al papel dual del sistema de justicia. A lo largo y ancho de Am&eacute;rica Latina, &quot;hijos de la Ley Patriota&quot; (de Bush) han nacido y sido adoptados por las legislaciones nacionales a instancias expresas del gobierno de Estados Unidos y las instituciones financieras internacionales. Estas leyes &quot;antiterroristas&quot;&mdash;carentes de valor real para combatir el terrorismo internacional que casi no existe en Am&eacute;rica Latina&mdash;ya se han aplicado contra protestas sociales en El Salvador, Nicaragua y M&eacute;xico. En tanto que nuevas leyes criminalizan la disidencia, del otro lado del sistema disfuncional de justicia se ostenta la impunidad de que gozan las fuerzas de seguridad, quienes han cometido toda suerte de cr&iacute;menes en contra de su propio pueblo, incluyendo estupros, asesinatos, asaltos y torturas. <\/p>\n<p>Los hombres y mujeres del Encuentro frente a la Militarizaci&oacute;n saben que est&aacute;n nadando a contracorriente, en el contexto de pol&iacute;ticas tales como el Plan M&eacute;xico\/Iniciativa M&eacute;rida, y megaproyectos que introducen &quot;desarrollo&quot; respaldado con ametralladoras. No importa. Para ir m&aacute;s all&aacute; de lo que pudiera parecer una visi&oacute;n de resistencia rom&aacute;ntica, tendr&iacute;a que contar el trabajo cotidiano que hacen los individuos y organizaciones representados en el encuentro. Ser&iacute;a una narrativa maravillosa&mdash;llena de valor y de esperanza. Faltando eso, habr&aacute;n ustedes de imaginar, entonces, qu&eacute; ocurre cuando se mezclan el conocimiento, el compromiso y la capacidad de casi un millar de personas de todo el continente reunidas en defensa de su tierra, sus vidas y sus comunidades contra la dominaci&oacute;n militar. Aun despu&eacute;s del desolador recuento de aflicciones, eso basta para inspirar a la acci&oacute;n y, s&iacute;, al regocijo. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llueve a c&aacute;ntaros en La Esperanza, Honduras. En las &uacute;ltimas semanas las lluvias han arrasado cosechas, caminos rurales, y en algunos casos lo poco que los campesinos ten&iacute;an para subsistir. Pero hasta en el instante en que las calles se vuelven charcos gigantes y lodazales y los r&iacute;os se aprestan a inundar los campos, el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-1542","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1542","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1542"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1542\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1542"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1542"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1542"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=1542"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}