{"id":1555,"date":"2008-10-14T16:01:01","date_gmt":"2008-10-14T16:01:01","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1555"},"modified":"2008-11-05T19:45:35","modified_gmt":"2008-11-05T19:45:35","slug":"5597","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5597\/","title":{"rendered":"Buenos Aires: los m&aacute;s pobres resisten la &quot;limpieza social&quot;"},"content":{"rendered":"<p><b>Las <i>villas miseria<\/i> de la capital argentina son escenario de un agudo conflicto entre el gobierno de la ciudad, presidido por el empresario Mauricio Macri, y sus habitantes, los m&aacute;s pobres y marginados, que han sufrido d&eacute;cadas de persecuciones. <\/b><\/p>\n<p>&quot;Ahora&quot;, grita Orlando, y nos lanzamos corriendo sobre los ocho carriles de la autopista, atestada de camiones que llegan al puerto repletos de soja y otros productos b&aacute;sicos (commodities) para alimentar el ganado de los pa&iacute;ses europeos y asi&aacute;ticos. Al llegar a la vereda opuesta de la avenida Ant&aacute;rtida Argentina, nos internamos por una calle de tierra en medio de viviendas precarias de ladrillo sin revocar. Estamos entrando a la Villa 31 o Retiro, un lugar &quot;muy peligroso&quot; del que no es f&aacute;cil salir con vida, seg&uacute;n los media conservadores de Buenos Aires. <\/p>\n<p>Pasamos cerca de un peque&ntilde;o campo de f&uacute;tbol donde algunos ni&ntilde;os corren detr&aacute;s del bal&oacute;n y llegamos al Comedor Padre Mugica, que luce un enorme mural con la figura del sacerdote-emblema del barrio. Es un galp&oacute;n de mediano tama&ntilde;o, paredes descascaradas y techo de chapa donde nos recibe Jhony, un hombre bajo y corpulento de unos 60 a&ntilde;os, que luce pelo negro brillante. Es jubilado del puerto, naci&oacute; con la villa y la lleva en el coraz&oacute;n, a tal punto que dedica todo su tiempo a organizar y atender uno de los 20 comedores comunitarios de la villa. <\/p>\n<p>Sentadas en largos taburetes de madera, un grupo de mujeres-madres conversan en voz baja. El comedor puede albergar casi 100 personas en media docena de largas mesas, y una cocina del mismo tama&ntilde;o de la que salen todos los d&iacute;as 600 raciones para los vecinos, la inmensa mayor&iacute;a ni&ntilde;os. El gobierno entrega s&oacute;lo 300 raciones que ellos estiran para abastecer una demanda que no para de crecer, aunque el gobierno asegura que la econom&iacute;a crece un 8-9% todos los a&ntilde;os. <\/p>\n<p>Jhony y un grupo de madres voluntarias, hacen realidad todos los d&iacute;as el milagro cristiano de la multiplicaci&oacute;n de los panes. El gobierno pone la comida, pero ellos se encargan de cocinarla, servirla y mantener el lugar en condiciones. Por la ma&ntilde;ana sirven una taza de t&eacute; a los ni&ntilde;os de camino a la escuela, y a partir de las ocho las familias esperan el almuerzo. Trabajan hasta la tres de la tarde y luego el comedor se convierte en centro social. &quot;Aqu&iacute; se hacen los velorios y los cumplea&ntilde;os de esta parte del barrio&quot;, dice con orgullo una de las madres. <\/p>\n<p>Una vecina llega con un volante que denuncia la ofensiva medi&aacute;tica del gobierno de la ciudad contra las 14 villas de Buenos Aires, donde ya viven 235,000 personas. Seg&uacute;n datos no oficiales, desde la crisis de 2001 las villas duplicaron su poblaci&oacute;n y en a&ntilde;o y miedo crecieron un 30%. Macri fue elegido en 2007 para dirigir la ciudad por la mayor&iacute;a absoluta de la conservadora capital argentina. Fue presidente de Boca Juniors, el club de f&uacute;tbol m&aacute;s popular del pa&iacute;s, fue aliado del presidente neoliberal Carlos Menem y no son pocos los que aseguran que su fortuna no la obtuvo de forma transparente. <\/p>\n<p>En la campa&ntilde;a electoral prometi&oacute; urbanizar las villas y erradicar la de Retiro, trasladando a su poblaci&oacute;n a zonas perif&eacute;ricas o alejadas del centro. Los 40,000 habitantes de la Villa 31 saben que esa zona es muy codiciada por las empresas inmobiliarias&mdash;se han hecho multimillonarias obras en la zona portuaria lindante con la villa. Para ellos, ser&iacute;a repetir la triste historia que vivieron bajo la dictadura militar. <\/p>\n<h3>Historias de pobreza y dignidad <\/h3>\n<p>Orlando se ofrece de gu&iacute;a para recorrer la villa. Cuenta que naci&oacute; en Cochabamba, Bolivia, y que vino a vivir aqu&iacute; cuando ten&iacute;a apenas un a&ntilde;o. Caminamos por anchas calles de tierra y grandes charcos de barro, entre casas a medio construir de dos y hastas tres pisos. Abundan los pasadizos y todas las viviendas parecen estar conectadas entre s&iacute;. En los bajos hay decenas de comercios familiares que ofrecen frutas y verduras, &uacute;tiles escolares y golosinas, ropa y art&iacute;culos de limpieza. <\/p>\n<p>Casi todas tienen un sal&oacute;n que utilizan como taller. En las villas no s&oacute;lo se vende; se produce de todo, desde ropa hasta reparaci&oacute;n de coches. Una econom&iacute;a en la frontera entre la informalidad y la ilegalidad. Muchas familias instalan puestos en los mercados de la zona, otras consiguieron empleos m&aacute;s o menos estables en la ciudad formal, y una parte imposible de fijar tiene negocios ilegales. Todas esas econom&iacute;as son lubricadas por flujos inagotables de solidaridad, que trasmuta la humillaci&oacute;n en dignidad. <\/p>\n<p>Llegamos a un local bastante precario que luce un cartel pintado a mano: &quot;Centro Comunitario El Campito&quot;. Bajo una tenue luz se distinguen carteles a favor de Evo Morales, y Osvaldo explica que la mayor parte de los habitantes de la villa son bolivianos y paraguayos, y los argentinos suelen venir del norte, de las provincias que limitan con esos pa&iacute;ses. Una enorme foto del padre Mugica y otra del periodista desaparecido Rodolfo Walsh, engalanan la peque&ntilde;a biblioteca, y un Che de aire juvenil parece saludarnos con su sonrisa contagiosa. En la villa todo parece pol&iacute;tica o, mejor, resistencia. <\/p>\n<p>Una nube de ni&ntilde;os y media docena de madres est&aacute;n festejando el cumplea&ntilde;os de Juli&aacute;n, fundador del centro comunitario cuatro a&ntilde;os atr&aacute;s. Asegura que Macri &quot;representa al poder econ&oacute;mico concentrado que siempre quiso estas tierras&quot;, y que ahora quieren completar la erradicaci&oacute;n que la dictadura no pudo concluir. <\/p>\n<p>Es hora de hablar del pasado, de la historia de la villa, y para eso Orlando sugiere escuchar a Jhony. Con lentitud sus palabras van dando forma a una historia vivida con dolor. La villa fue formada por los obreros portuarios desocupados a ra&iacute;z de la crisis de 1929. Son 15 hect&aacute;reas p&uacute;blicas entre el puerto y una de las grandes estaciones ferroviarias que conecta con el norte del pa&iacute;s. En la d&eacute;cada de 1940 llegaron inmigrantes europeos y obreros del ferrocarril. A fines de los a&ntilde;os 50 hab&iacute;a ya seis barrios y una coordinadora que agrupaba a los delegados. <\/p>\n<p>A comienzos de los a&ntilde;os 70 la villa ten&iacute;a unas 16,000 familias, entre 50-60,000 habitantes. Una Coordinadora villera agrupaba a todas las villas de la ciudad, que luchaban por la tenencia de la tierra, la vivienda y la radicaci&oacute;n en el barrio urbanizado. En ese per&iacute;odo a&uacute;n no exist&iacute;an los asentamientos, que tienen caracter&iacute;sticas y genealog&iacute;as distintas: la villa se forma en base al arribo familia por familia a un espacio en permanente re-definici&oacute;n. El asentamiento es una toma colectiva, organizada previamente con un dise&ntilde;o planificado de los espacios. <\/p>\n<p>Durante la dictadura militar (1976-1983) el intendente brigadier general Osvaldo Cacciatore implement&oacute; una pol&iacute;tica de erradicaci&oacute;n violenta de las villas. Los militares llegaban por la noche, obligaban a familias enteras a subir a camiones con sus pocas pertenencias, y los dejaban en las afueras de la ciudad, perdidos en lugares que desconoc&iacute;an. A los extranjeros los trasladaban hasta la frontera. Luego las topadoras derribaban las viviendas para dejar la tierra arrasada. &quot;Buenos Aires no es para cualquiera sino para el que la merezca. Debemos tener una ciudad mejor para la mejor gente&quot;, dec&iacute;a Cacciatore. <\/p>\n<p>En apenas tres a&ntilde;os, en 1979, quedaban s&oacute;lo 46 familias, entre 180 y 200 habitantes. Los otros 60,000 hab&iacute;an sido expulsados, junto a otras decenas de miles de otras villas de la ciudad. La expulsi&oacute;n compulsiva fue frenada en 1979 por un recurso de amparo presentando por los &quot;curas villeros&quot;. Al retornar la democracia en 1984, la villa se repobl&oacute; r&aacute;pidamente, a un ritmo de 200 familias por noche, con viejos y nuevos villeros. Aunque en los neoliberales a&ntilde;os 90 hubo intentos por desalojarlos, a trav&eacute;s de una &quot;limpieza de pobres&quot; que derrib&oacute; 800 viviendas en 1995, la Villa 31 sigue creciendo hasta albergar 40,000 habitantes. <\/p>\n<h3>Los curas villeros <\/h3>\n<p>Fueron y son uno de los actores sociales y pol&iacute;ticos m&aacute;s importantes de Argentina y merecer&iacute;an un largo espacio. Como consecuencia del Concilio Vaticano II, en octubre de 1962, comenz&oacute; en el mundo cristiano un fuerte debate que en Am&eacute;rica Latina se focaliz&oacute; en la actitud hacia los pobres. El 15 de agosto de 1967 se public&oacute; el Manifiesto de 18 Obispos del Tercer Mundo. Nueve de ellos eran brasile&ntilde;os, encabezados por Helder Camara, y uno colombiano. <\/p>\n<p>El texto denunciaba &quot;el imperialismo internacional del dinero&quot; y que &quot;la Iglesia ha estado pr&aacute;cticamente siempre ligada al sistema pol&iacute;tico, social y econ&oacute;mico&quot;. Criticaban a los ricos que &quot;hab&iacute;an lanzado una guerra subversiva &#8230; masacrando a pueblos enteros&quot;. El Manifiesto terminaba con el vers&iacute;culo 28 del cap&iacute;tulo 21 del Evangelio de Lucas: &quot;Poneos de pie y levantad la cabeza, pues vuesta liberaci&oacute;n est&aacute; pr&oacute;xima&quot;. <\/p>\n<p>La idea de la &quot;liberaci&oacute;n&quot; se extendi&oacute; como un reguero por toda Am&eacute;rica Latina. En Argentina, en diciembre de ese a&ntilde;o y en un clima de fuerte agitaci&oacute;n social, bajo la dictadura militar de Juan Carlos Ongan&iacute;a, 270 sacerdotes firmaron el Manifiesto. En mayo de 1968, se realizo el primer encuentro nacional que cre&oacute; el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM), que lleg&oacute; a agrupar a 524 sacerdotes, el 15% del clero diocesano. <\/p>\n<p>Algunos miembros del movimiento predicaban en villas miseria, como Carlos Mugica, quien hab&iacute;a nacido en 1930 en el elegante Barrio Norte. No s&oacute;lo daban misa en las villas sino que unos cuantos comenzaron a vivir con los m&aacute;s pobres. Las precarias capillas eran levantadas por la comunidad, en base al trabajo colectivo del mismo modo como construyen sus viviendas. Como muchos colegas, Mugica era peronista, apoyaba las luchas sociales, defend&iacute;a que los trabajadores tomaran el poder para construir un mundo nuevo, y mostraba simpat&iacute;a con la guerrilla. Pero en 1973 Mugica se distanci&oacute; de la guerrilla declarando: &quot;Como dice la Bilbia, hay que dejar las armas para empu&ntilde;ar los arados&quot;. <\/p>\n<p>Algunos obispos los apoyaron, pero la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica argentina siempre fue fiel aliada de los privilegiados y de los militares, con quienes establecieron una s&oacute;lida alianza durante la dictadura. Miguel Ramondetti, quien fue secretario general de MSTM, sosten&iacute;a que el episcopado argentino &quot;siempre fue el m&aacute;s retr&oacute;grado, junto al colombiano, de Am&eacute;rica Latina&quot;. <\/p>\n<p>Los curas villeros fueron el sector de la iglesia m&aacute;s comprometido con los pobres y quiz&aacute; por eso el m&aacute;s atacado. El 11 de mayo de 1974 Mugica fue asesinado en Buenos Aires por el grupo paramiltiar Alianza Anticomunista Argentina (AAA). Fue el primer sacerdote asesinado en el pa&iacute;s. Mugica participaba tambi&eacute;n en el Equipo Pastoral para Villas de Emergencia que en 1968 hab&iacute;a creado el Episcopado. Fue acribillado cuando sal&iacute;a de la parroquia de San Francisco Solano, donde fue velado por miles de pobres, y luego en la capilla de Cristo Obero en la Villa de Retiro. <\/p>\n<p>A su entierro acudi&oacute; una multitud impresionante integrada por pobres de las villas miseria, que &quot;lo acompa&ntilde;&oacute; por m&aacute;s de 50 cuadras hasta la Recoleta, en una manifestaci&oacute;n de fe con tal profundo sentido religioso y popular, que no se tiene memoria, en nuestra ciudad, de otra similar&quot;. Veinticino a&ntilde;os despu&eacute;s, sus restos hac&iacute;an el camino inverso, retornando desde el cementerio m&aacute;s lujoso hasta la capilla de Retiro: &quot;Cuatro cuadras de villeros marcharon con las im&aacute;genes de las v&iacute;rgnes de Copacabana y Caacup&eacute;, con banderas de Paraguay y de Bolivia y con las consignas que, seguramente, dijeron hace 25 a&ntilde;os pero a contramano: pan, techo, trabajo&quot;, escribi&oacute; el diario <i>La Naci&oacute;n<\/i>. <\/p>\n<p>Seg&uacute;n el libro &quot;Iglesia y dictadura&quot; del defensor de los derechos humanos Emilio Mignone, el r&eacute;gimen militar persigui&oacute; a m&aacute;s de 60 sacerdotes y obispos: 21 fueron asesinados y desaparecidos, entre ellos el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli; 10 sufrieron largos a&ntilde;os de prisi&oacute;n; otros 11 fueron presos, torturados y luego expulsados del pa&iacute;s; m&aacute;s de 20 debieron exiliarse. El MSTM se debilit&oacute; por diferencias internas y dej&oacute; de funcionar en 1976, al instaurarse la dictadura. <\/p>\n<h3>La guerra de Macri <\/h3>\n<p>Los sacerdotes comprometidos con los pobres siguen siendo una pesadilla para los poderosos, por el arraigo que tienen en sus barrios y por su descarnada visi&oacute;n del mundo de los opresores. El 13 de julio de 2008 falleci&oacute; Rodolfo Ricciardelli, fundador del MSTM, que viv&iacute;a desde 1973 en la villa 1-11-14 o Bajo Flores. Resisti&oacute; las topadoras de la dictadura desde la parroquia Mar&iacute;a Madre del Pueblo, donde levantaron adem&aacute;s un comedor y jard&iacute;n maternal, aunque le desaparecieron a cinco catequistas. <\/p>\n<p>Ricciardelli fue velado a caj&oacute;n abierto en la iglesia &quot;entre v&iacute;rgenes y jesuses negros&quot;; ten&iacute;a &quot;una remera y bandera del club Boca Juniors a sus pies y lo rodeaban fotos suyas y otra del cura asesinado por la AAA, Carlos Mugica&quot;. Las vecinas lloraban y aseguraron que cuando se produc&iacute;an robos en el barrio, el sacerdote iba a las casas de los ladrones para hacerles devolver lo robado. <\/p>\n<p>El 11 de junio de 2007, cuando arreciaba la campa&ntilde;a de Macri, quien se declar&oacute; admirador de Cacciatore, contra las villas, 15 sacerdotes de siete villas de Buenos Aires, entre ellos Ricciardelli, difundieron un texto titulado &quot;Reflexiones sobre la urbanizaci&oacute;n y el respeto por la cultura villera&quot;. El texto es una de las piezas m&aacute;s profundas de an&aacute;lisis y comprensi&oacute;n de la cultura de los sectores populares urbanos. <\/p>\n<p>Comienza diciendo que &quot;vivir en la villa&quot; ha hecho que los sacerdotes tengan &quot;una mirada particular&quot; y diferente de la que puedan tener quienes viven en otros espacios. A contracorriente de los pol&iacute;ticos y de la sociedad formal, que creen que entre los pobres todo es &quot;carencia&quot; y negatividad (drogas, violencia, miseria), postulan &quot;una mirada positiva de la cultura que se da en la villa&quot;. <\/p>\n<p>&quot;La villa no es un lugar s&oacute;lo para ayudar, es m&aacute;s bien el &aacute;mbito que nos ense&ntilde;a una vida m&aacute;s humana, y por consiguiente m&aacute;s cristiana. Valoramos la cultura que se da en la villa, que surge del encuentro de los valores m&aacute;s nobles y propios del interior del pa&iacute;s o de los pa&iacute;ses vecinos, con la realidad urbana. La cultura villera no es otra cosa que la rica cultura popular de nuestros pueblos latinoamericanos&quot;. La considera parte del &quot;cristianismo popular&quot;, un cristianismo &quot;no eclesi&aacute;stico&quot; que &quot;el pueblo siempre lo vivi&oacute; como propio, con autonom&iacute;a&quot;. <\/p>\n<p>Los curas villeros aseguran que la cultura villera &quot;celebra la vida porque se organiza en torno a ella&quot;. Destacan los valores de fraternidad y solidaridad: el &quot;dar la vida por el otro&quot;, &quot;preferir el nacimiento a la muerte&quot; y sobre todo &quot;ofrecer un lugar para el enfermo en la propia casa y compartir el pan con el hambriento&quot;. Mientras la &quot;sociedad liberal se organiza y hace fiesta en torno al poder y a la riqueza, y que es expresi&oacute;n de ideolog&iacute;as de derecha a izquierda&quot;, la cultura villera profesa &quot;valores que se sustentan en que la medida de cada ser humano es Dios, y no el dinero&quot;. <\/p>\n<p>De ese modo, los sacerdotes invierten el discurso discriminador de las autoridades y de buena parte de la sociedad, que apunta a criminalizar la pobreza. A la hora de enfrentar la propuesta de urbanizar las villas, dicen: &quot;La cultura villera tiene un modo propio de concebir y utilizar el espacio p&uacute;blico. As&iacute; la calle es extensi&oacute;n natural del propio hogar, no simplemente lugar de tr&aacute;nsito, sino el lugar donde generar v&iacute;nculos con los vecinos, donde encontrar la posibilidad de expresarse, el lugar de la celebraci&oacute;n popular&quot;. <\/p>\n<p>Rechazan la palabra urbanizar porque &quot;es unilateral, se da desde el poder, y muestra una desvalorizaci&oacute;n de la cultura villera&quot;. Pero van m&aacute;s lejos al cuestionar los valores dominantes: &quot;Si urbanizaci&oacute;n significa que la cultura porte&ntilde;a invada con su vanidad la cultura villera, pensando que progreso es darle a los villeros todo lo que necesitan para ser una &#8216;sociedad civilizada&#8217;, no estamos de acuerdo&quot;. <\/p>\n<p>La carta represent&oacute; uno de los principales frenos a las ambiciones del gobierno de la capital y de las empresas inmobiliarias para hacer buenos negocios con tierras urbanas muy bien situadas. La especulaci&oacute;n urbana en la zona cercana al puerto ha llevado a grandes empresas de capitales argentinos, europeos y estadounidenses, a crear Puerto Madero, un megaemprendimiento tipo barrio cerrado que cuenta con marina privada para yates, hoteles cinco estrellas, oficinas de multinacionales y restaurantes de lujo. <\/p>\n<p>Ahora proyectan ampliarlo con Puerto Madero II, pero para eso necesitan &quot;liberar&quot; las 15 hect&aacute;reas de la Villa 31. Esta vez no pueden usar las topadoras. Pero, se sabe, la codicia no tiene l&iacute;mites. La s&oacute;lida alianza entre los habitantes de las villas y sus curas, y el aporte de los movimientos sociales argentinos, parece en condiciones de resistir a las &quot;topadoras&quot; del capital especulativo. Pero el capital y el poder pol&iacute;tico est&aacute;n usando nuevas armas, mucho m&aacute;s sutiles. <\/p>\n<p>&quot;Est&aacute;n buscando dividirnos a trav&eacute;s de punteros que llegan con mucho dinero. Uno de ellos se hace llamar <i>comandante<\/i> porque en los 70 era de izquierda&quot;, dice una de las madres que acompa&ntilde;an a Jhony en el comedor comunitario. Ella es delegada de su manzana y cuenta que por las noches su casa es pintada por gente que trabaja para los punteros, y que recibe provocaciones casi constantes. Una de las peleas m&aacute;s fuertes es en torno a la organizaci&oacute;n de la villa. <\/p>\n<p>El poder pol&iacute;tico ha optado por impulsar que cada barrio elija una junta vecinal, en la que el presidente tiene un poder casi absoluto. Pero ellos, sobre todo ellas, prefieren a los delegados de manzana, a los que conocen y con los que tienen relaciones cara a cara. Entre todos, forman un cuerpo de delegados, inspirados en la tradicional cultura obrera fabril. En la Villa 31 se form&oacute; el cuerpo de delegados en 2001 con unos 60 integrantes. <\/p>\n<p>&quot;Nosotros al presidente nunca lo vemos. Aparece cuando hay elecciones para la junta, reparte dinero y despu&eacute;s nunca m&aacute;s viene. En cambio elegimos delegados por manzana, de uno a cinco seg&uacute;n la cantidad de familias. A ellos los vemos todos los d&iacute;as porque son vecinos. Y si lo hacen mal, los cambiamos&quot;, comenta la misma madre. La experiencia de la Villa 31 dej&oacute; algunas ense&ntilde;anzas: tienen que controlar a sus &quot;representantes&quot; para que no los compren los poderes. Saben que si consiguen hacerlo, Macri y el capital especulativo habr&aacute;n ganado. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las villas miseria de la capital argentina son escenario de un agudo conflicto entre el gobierno de la ciudad, presidido por el empresario Mauricio Macri, y sus habitantes, los m&aacute;s pobres y marginados, que han sufrido d&eacute;cadas de persecuciones. &quot;Ahora&quot;, grita Orlando, y nos lanzamos corriendo sobre los ocho carriles de la autopista, atestada de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-1555","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1555","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1555"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1555\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1555"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1555"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1555"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=1555"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}