{"id":1587,"date":"2008-11-17T11:47:33","date_gmt":"2008-11-17T11:47:33","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1587"},"modified":"2008-12-09T15:29:06","modified_gmt":"2008-12-09T15:29:06","slug":"5675","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5675\/","title":{"rendered":"Colombia: El conflicto social desplaza la guerra"},"content":{"rendered":"<p><b>El conflicto social pas&oacute; a ocupar el centro del escenario pol&iacute;tico, descolocando al presidente Alvaro Uribe que se limita a repetir el libreto que tanto &eacute;xito le dio en la guerra: los indios, los ca&ntilde;eros, los maestros, los funcionarios y los camioneros, y todo el que protesta y se moviliza, est&aacute; manipulado por las FARC. <\/b><\/p>\n<p>&quot;Si se observa lo que est&aacute; sucediendo en el Cauca, se puede deducir que hay una perspectiva pol&iacute;tica nueva que no pasa por la confrontaci&oacute;n armada sino por el conflicto social&quot;, asegura el periodista y soci&oacute;logo Alfredo Molano. En el Cauca, al sur del pa&iacute;s, decenas de miles de indios nasa y de otras etnias est&aacute;n en Minga (trabajo colectivo) por la Vida desde el 12 de octubre y otros tantos cortadores de ca&ntilde;a de az&uacute;car llevan dos meses en paro. Algo est&aacute; cambiando en Colombia. <\/p>\n<p>Este a&ntilde;o 2008 el gobierno ha conseguido golpear fuerte a la guerrilla, pero la iniciativa pol&iacute;tica ya no est&aacute; en el Palacio de Nari&ntilde;o sino en la calle, donde se est&aacute;n redise&ntilde;ando los modos de hacer pol&iacute;tica en actividades multitudinarias que no pueden ser acusadas de terrorismo, como quisieran el presidente y sus ministros m&aacute;s cercanos. La tentaci&oacute;n de criminalizar la protesta social puede convertirse en un duro fracaso para Uribe ya que la poblaci&oacute;n comienza a perder el miedo y hasta el movimiento sindical asoma la cabeza. <\/p>\n<p>En paralelo, comienzan a aparecer fuertes denuncias sobre la violaci&oacute;n de los derechos humanos. Uribe se vio forzado a pasar a retiro a 27 militares en medio de un esc&aacute;ndalo que le cost&oacute; el cargo el comandante del ej&eacute;rcito, general Mario Montoya. Se comprob&oacute; que los militares secuestraban j&oacute;venes pobres de las periferias urbanas que aparec&iacute;an como &quot;guerrilleros&quot; muertos en las monta&ntilde;as. Hay 3,000 militares investigados por la justicia. En el &uacute;ltimo debate televisivo, Barack Obama le dijo a John McCain que mientras sigan asesinando sindicalistas en Colombia, no se firmar&aacute; el TLC. <\/p>\n<h3>Multitud de protestas <\/h3>\n<p>Septiembre y octubre han sido meses de paros, huelgas y manifestaciones. Los funcionarios judiciales realizaron una prolongada huelga por mejoras salariales y presupuesto para la Justicia que le permita sostener su autonom&iacute;a. El gobierno decret&oacute; el estado de &quot;conmoci&oacute;n interior&quot;, una medida exagerada que revela el estado de &aacute;nimo del gobierno, que cree ver guerrilleros detr&aacute;s de cada sindicato, cada huelga y cada protesta. Poco despu&eacute;s le siguieron los funcionarios del sistema electoral (Registradur&iacute;a), m&aacute;s tarde los maestros y los camioneros que ya hab&iacute;an hecho huelga en agosto. <\/p>\n<p>El 15 de septiembre entraron en huelga unos 12,000 cortadores de ca&ntilde;a de az&uacute;car con la ocupaci&oacute;n de ocho ingenios de Valle del Cauca. Los &quot;corteros&quot;, casi todos afrocolombianos, se levantan a las cuatro de la madrugada, trabajan de seis de la ma&ntilde;ana a cinco de la tarde bajo un sol que lastima y llegan sobre las ocho de la noche a sus casas, luego de dar 5.400 golpes de machete e inhalar humo de la quema de ca&ntilde;a y el glifosato usado en las plantaciones. <\/p>\n<p>Ganan alrededor de 10 d&oacute;lares diarios, pero pagan de su bolsillo la seguridad social, las herramientas, la ropa de trabajo y el transporte hasta el ca&ntilde;averal. Al atardecer, se ven espigadas siluetas morenas al borde de la Panamericana, entre Cali y Popay&aacute;n, tambale&aacute;ndose como zombies luego de una jornada laboral criminal. <\/p>\n<p>Al comenzar la huelga, expusieron sus miserables condiciones de vida y trabajo concitando el apoyo de buena parte de la poblaci&oacute;n que suele dar la espalda a las demandas de afrocolombianos e ind&iacute;genas. Las autoridades se vieron sorprendidas por el amplio seguimiento de una huelga que pensaban resolver en pocos d&iacute;as. Sus demandas son elementales: ser contratados, que se les paguen los d&iacute;as perdidos por paradas de las empresas as&iacute; como los que deben asistir al m&eacute;dico, ya que los accidentes laborales incapacitan a 200 corteros cada a&ntilde;o, y que se eliminen las b&aacute;sculas m&oacute;viles que pesan a favor del patr&oacute;n. <\/p>\n<p>Para el gobierno y la Asociaci&oacute;n de Cultivadores de Ca&ntilde;a de Az&uacute;car, el principal problema es que la huelga forz&oacute; la importaci&oacute;n de az&uacute;car de Ecuador y Bolivia, paraliz&oacute; la producci&oacute;n de etanol y elev&oacute; el precio de la gasolina. En un alarde de escaso sentido com&uacute;n, el ministro de Protecci&oacute;n Social dijo en el parlamento que la huelga no es un problema social, sino una protesta de delincuentes. Varios ca&ntilde;eros fueron detenidos y se decidi&oacute; la expulsi&oacute;n de periodistas extranjeros que cubr&iacute;an la huelga. <\/p>\n<p>Las reformas laborales aprobadas en Colombia en 1990 y sobre todo en 2002, desregularon por completo el mercado laboral. En 1992 por cada empleo temporal se creaban cinco empleos permanentes. Con la creaci&oacute;n de las CTA (Cooperativas de Trabajo Asociado) el mapa laboral se invirti&oacute;: en los 10 primeros meses de 2008 por cada empleo permanente se crearon 10 empleos temporales seg&uacute;n un estudio de la Universidad Nacional. <\/p>\n<p>Con las CTA los empleadores evitan pagar costos fiscales y todos los aportes al Estado, y se benefician con una fuerte reducci&oacute;n de los costos laborales. El Congreso de los Estados Unidos cuestion&oacute; el <i>dumping <\/i> de la mano de obra, entre otras razones, para congelar la firma del TLC con Colombia. <\/p>\n<p>Los cortadores de ca&ntilde;a doblegaron a principios de noviembre la resistencia de los patrones, que necesitaron 54 d&iacute;as para dialogar con los delegados del sindicato Sinalcorteros. No consiguieron eliminar las CTA ni obtuvieron la contrataci&oacute;n directa, pero alcanzaron un 12% de aumento, control de las balanzas, dotaci&oacute;n de herramientas, mayores aportes patronales en bajas por enfermedad y accidentes y no trabajar luego de las cuatro de la tarde. El sindicato sale reforzado: pas&oacute; de 870 a 3,000 asociados. <\/p>\n<p>El deterioro de la condiciones de trabajo y el permanente aumento del precio de los alimentos, est&aacute; en la base del relanzamiento de la protesta laboral. Por eso Molano, perseguido por el r&eacute;gimen que lo forz&oacute; a un exilio de seis a&ntilde;os, insiste que &quot;la protesta actual es la punta del icebcerg de un movimiento social que puede dar un paso en la democratizaci&oacute;n del pa&iacute;s&quot;. El paro nacional realizado por la central sindical CUT el 23 de octubre, el primero de esa envergadura en a&ntilde;os, puede ser tomado como muestra de los cambios en curso. <\/p>\n<h3>La gran Minga ind&iacute;gena <\/h3>\n<p>La protesta m&aacute;s importante, la que tiene al gobierno de cabeza, se inici&oacute; el 12 de octubre: la Minga de los Pueblos Ind&iacute;genas, el trabajo colectivo y comunitario que busca revertir la situaci&oacute;n del centenar de etnias colombianas, convocada por la ONIC, el CRIC y la ACIN. <\/p>\n<p>Contempla cinco exigencias: rechazo al TLC con Estados Unidos, al que definen un tratado &quot;entre patrones y contra los pueblos&quot;; la derogaci&oacute;n de las reformas constitucionales que someten a los pueblos a la exclusi&oacute;n y la muerte; rechazo al Plan Colombia &quot;que infesta nuestros territorios y los siembra de muerte y desplazamiento&quot;; cumplimiento por el Estado de los acuerdos a ra&iacute;z de la masacre del Nilo en 1991, donde fueron asesinados 20 nasas, el grupo indio m&aacute;s movilizado y mejor organizado, por las que se les deben miles de hect&aacute;reas comprometidas como compensaci&oacute;n por el Estado. <\/p>\n<p>La movilizaci&oacute;n ind&iacute;gena comenz&oacute; con un corte en la estrat&eacute;gica carretera Panamericana por unos 10,000 ind&iacute;genas, que fueron brutalmente atacados por las fuerzas armadas que les provocaron dos muertos y unos 90 heridos, la mayor parte por bala. Las comunidades se replegaron y volvieron a ocupar otros tramos, y cuando el gobierno se neg&oacute; a recibirlos comenzaron una marcha hasta Cali, a la que se sumaron los ca&ntilde;eros y otros sectores sindicales. <\/p>\n<p>Los ind&iacute;genas fueron, como en ocasiones anteriores, los disparadores del conflicto social ya que sus demandas son m&aacute;s pol&iacute;ticas que las de otros sectores y tienen mayor capacidad de articulaci&oacute;n. Denunciaron que en los seis a&ntilde;os de gobierno de Uribe fueron asesinados 1,243 indios de las m&aacute;s de 100 etnias existentes en Colombia y 54,000 fueron expulsados de sus territorios. El lema &quot;Todos somos ca&ntilde;eros, todos somos ind&iacute;genas&quot;, mostr&oacute; una nueva articulaci&oacute;n pol&iacute;tica y social en un pa&iacute;s hasta hace poco polarizado, y paralizado, por la guerra. <\/p>\n<p>En Cali m&aacute;s de 20,000 ind&iacute;genas esperaron a Uribe para iniciar una ronda de conversaciones, luego de marchar una semana por la carretera Panamericana. El desencuentro del domingo 19 de octubre&mdash;Uribe lleg&oacute; cuando los ind&iacute;genas se retiraban cansados de esperar&mdash;no pudo ser compensado con el encuentro del 2 de noviembre en La Mar&iacute;a, Piendam&oacute;, donde miles de ind&iacute;genas est&aacute;n concentrados desde el 12 de octubre y han formado lo que denominan como Territorio de Di&aacute;logo, Convivencia y Negociaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Luego de seis horas de escuchar la arrogancia presidencial y de mostrar con datos la permanente violaci&oacute;n de los derechos humanos en Colombia, la Minga Ind&iacute;gena y Popular decidi&oacute; &quot;caminar la palabra&quot;, para seguir marchando por la vida. En realidad, tomaron el mismo camino que todos los ind&iacute;genas del continente: en decenas de asambleas decidieron seguir adelante. <\/p>\n<p>El 9 de noviembre comenzaron una nueva marcha, desde Cali hasta Bogot&aacute;, donde llegar&aacute;n el 24 de noviembre. La marcha atraviesa parte de la cordillera andina y entrar&aacute; en varias ciudades con el objetivo de debatir con la sociedad civil los problemas de cada sector. En Bogot&aacute;, instalar&aacute;n un Congreso de Organizaciones Sociales para acordar una agenda com&uacute;n de los movimientos sociales. <\/p>\n<p>Concientes de la importancia que tiene la observaci&oacute;n internacional sobre Colombia, para evitar m&aacute;s represi&oacute;n, el 8 de noviembre la ACIN envi&oacute; una carta al pr&oacute;ximo presidente Obama. En ella exponen la permanente violaci&oacute;n de los derechos humanos de los ind&iacute;genas, pero la vinculan tanto al Plan Colombia como al TLC: &quot;Grandes empresas transnacionales se han beneficiado con contratos petroleros o de gas, concesiones mineras, privatizaciones y bajos salarios y apuntan a la explotaci&oacute;n de la biodiversidad de nuestros territorios&quot;. <\/p>\n<p>Para la ACIN, la guerra en Colombia y la violaci&oacute;n de los derechos humanos forman parte de un gran proyecto multinacional para apropiarse de la vida, o como ellos dicen, para &quot;la transformaci&oacute;n de la vida en mercanc&iacute;a&quot;. Por eso sostienen que &quot;la destrucci&oacute;n de nuestros pueblos en Colombia, es consecuencia de esta equivocaci&oacute;n que hoy llamamos crisis&quot;, que no es m&aacute;s que &quot;la codicia y la sacralizaci&oacute;n de la acumulaci&oacute;n&quot;. <\/p>\n<h3>Algo est&aacute; cambiando <\/h3>\n<p>Molano asegura que el presidente Uribe &quot;est&aacute; en una situaci&oacute;n dif&iacute;cil&quot;, tanto por razones locales como internacionales. La crisis global est&aacute; empezando a afectar sus bases de apoyo entre las clases medias urbanas, &quot;endeudadas hasta en el 25% de sus ingresos&quot;, seg&uacute;n Molano. Pero la crisis tambi&eacute;n le impedir&aacute; seguir con su astron&oacute;micos gastos militares que alcanzan al 4.6% del PIB. &quot;Va a haber m&aacute;s demandas sociales y menos apoyo estadounidense&quot; , concluye. <\/p>\n<p>Pero no todo es econom&iacute;a. Amplios sectores de la sociedad colombiana est&aacute;n comenzando a comprender que las denuncias de los organismos de derechos humanos no eran disparatadas. A fines de septiembre toda la prensa inform&oacute; que once j&oacute;venes desaparecidos en las ciudades de Bogot&aacute; y Soacha fueron encontrados en otro departamento, Norte de Santander, en fosas comunes y reportados por el ej&eacute;rcito como subversivos muertos en combate. <\/p>\n<p>D&iacute;as despu&eacute;s la cifra se elev&oacute; a 23 y m&aacute;s tarde trascendi&oacute; que ser&iacute;an m&aacute;s de 100. La Defensor&iacute;a del Pueblo se&ntilde;al&oacute; que en lo que va de 2008 son 5,522 las denuncias por desapariciones. El &quot;Informe preliminar de la Misi&oacute;n Internacional de observaciones sobre ejecuciones extrajudiciales e impunidad en Colombia&quot;, conocido en octubre de 2007, sostiene que en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os son 955 los casos comprobados de ejecuciones extrajudiciales. <\/p>\n<p>Al parecer los militares act&uacute;an seg&uacute;n un patr&oacute;n com&uacute;n. Secuestran j&oacute;venes pobres de las periferias urbanas, en algunos casos con deficiencias mentales, los asesinan y los presentan en otros lugares como &quot;bajas&quot; en el combate contra la guerrilla. Los pocos casos comprobados hasta ahora permiten suponer que son apenas la punta del iceberg de una monstruosa forma de violaci&oacute;n de los derechos humanos. <\/p>\n<p>En medio del esc&aacute;ndalo Uribe pas&oacute; a retiro a 27 militares, entre ellos tres generales, y el comandante del ej&eacute;rcito Montoya debi&oacute; renunciar a su cargo. En su columna dominical del 9 de noviembre, Molano formula una pregunta muy inc&oacute;moda: &quot;&iquest;Que se habr&aacute; hecho de los indigentes, que cada vez se ven menos? &iquest;Ser&aacute; otro resultado de la Seguridad Democr&aacute;tica?&quot; <\/p>\n<p>De ese modo, Molano recuerda que desde la d&eacute;cada de 1980 los paramilitares se dedicaron a la &quot;limpieza social&quot;, con particular intensidad en ciudades como Cali, donde asesinaban mendigos, homosexuales, prostitutas, minusv&aacute;lidos y personas con retraso mental. Estas pr&aacute;cticas de car&aacute;cter &quot;nazi&quot; nunca desparecieron, pero la pregunta pretende descubrir si detr&aacute;s de las actuales desapariciones hay indicios de &quot;limpieza social&quot;. <\/p>\n<p>En paralelo, Amnist&iacute;a Internacional difundi&oacute; a fines de octubre su &uacute;ltimo informe sobre Colobmia, bajo el t&iacute;tulo &quot;&iexcl;D&eacute;jennos en paz!&quot;. Asegura que &quot;la impunidad sigue estando en el centro de la crisis de los derechos humanos en el pa&iacute;s, ya que la mayor&iacute;a de los responsables no han sido llevados ante la justicia&quot;. Denuncia tambi&eacute;n que el gobierno colombiano niega la gravedad de la situaci&oacute;n y afirma, contra toda evidencia, que el paramilitarismo ha desparecido. S&oacute;lo en los seis primeros meses de 2008, Amnist&iacute;a registra 270,000 desplazados forzados, 41% m&aacute;s que en 2007. <\/p>\n<p>La difusi&oacute;n de hechos graves que vinculan al gobierno con violaciones a los derechos humanos de personas que nada tienen que ver con la guerra y que avalan la fuerte corrupci&oacute;n existente en el Estado, tienden a apartar a sectores de las clases medias urbanas del gobierno de Uribe. Una tendencia que tiende a crecer con la elecci&oacute;n de Obama y las consecuencias de la crisis mundial. <\/p>\n<p>En la pr&oacute;ximas semanas, cuando la Minga ind&iacute;gena llegue a Bogot&aacute;, ser&aacute; posible constatar si, efectivamente, la poblaci&oacute;n urbana est&aacute; descongelando su decidido apoyo al r&eacute;gimen por una oposici&oacute;n m&aacute;s o menos consistente. No ser&aacute; f&aacute;cil. S&oacute;lo en octubre se registraron m&aacute;s de 20 asesinatos de ind&iacute;genas, porque como reza el comunicado en el que convocan la marcha a Bogot&aacute;, para el r&eacute;gimen &quot;quien se opone al gobierno es terrorista&quot; y debe ser reprimido. <\/p>\n<p>En sinton&iacute;a con los Zapatistas en M&eacute;xico cuando convocaron La Otra Campa&ntilde;a, la larga experiencia del pueblo nasa les dice que &quot;ning&uacute;n sector actuando solo puede enfrentar la agenda de explotaci&oacute;n y sometimiento de quienes desde el r&eacute;gimen la van implementando&quot;. La Minga es el modo como los de abajo han decidido &quot;concertar la palabra y convertirla en camino&quot;. Es apenas el primer paso. Pero, como saben los de abajo, es el que marca el rumbo y deja huella. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El conflicto social pas&oacute; a ocupar el centro del escenario pol&iacute;tico, descolocando al presidente Alvaro Uribe que se limita a repetir el libreto que tanto &eacute;xito le dio en la guerra: los indios, los ca&ntilde;eros, los maestros, los funcionarios y los camioneros, y todo el que protesta y se moviliza, est&aacute; manipulado por las FARC. 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