{"id":1652,"date":"2009-02-08T15:55:08","date_gmt":"2009-02-08T15:55:08","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1652"},"modified":"2009-02-25T02:28:32","modified_gmt":"2009-02-25T02:28:32","slug":"5850","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5850\/","title":{"rendered":"&iquest;Ayudar a los pobres o aprender de ellos?"},"content":{"rendered":"<p><b>La ideolog&iacute;a que emana de los organismos financieros internacionales, sostiene que los pobres sufren &quot;carencias&quot;, que la pobreza es un flagelo a combatir y el camino para hacerlo es &quot;ayudar&quot; a los pobres. Por el contrario, los sacerdotes que viven entre los pobres creen que se debe aprender de ellos. <\/b><\/p>\n<table align=\"left\">\n<tr>\n<td><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/images\/irc\/1427.jpg\" align=\"left\" hspace=\"5\" vspace=\"5\" width=\"400\" height=\"300\">\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td><font size=\"-2\">Vista panor&aacute;mica de Villa 21. Foto: http:\/\/2.bp.blogspot.com\/.<\/font>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/table>\n<p>La iglesia Nuestra Se&ntilde;ora de Caacup&eacute; est&aacute; en el centro de la Villa 21 de Buenos Aires, tambi&eacute;n conocida como Villa de Barracas o &quot;Villa de los paraguayos&quot;. Es una peque&ntilde;a parroquia en la calle Osvaldo Cruz, la principal de la villa, por donde transitan algunos coches y decenas de personas que van y vienen por el asfalto. Sin embargo, las primeras impresiones enga&ntilde;an: cada pocos metros salen peque&ntilde;as v&iacute;as que se bifurcan en pasadizos estrechos e irregulares, donde viven las 40 mil personas de la villa. <\/p>\n<p>Al costado de la parroquia hay un galp&oacute;n con inmensos frescos de los sacerdotes Carlos Mugica y Daniel de la Sierra, con los brazos abiertos en se&ntilde;al de esperanza y acogida. Mugica es el referente obligado de todos los curas villeros, asesinado en 1974 por la Alianza Anticomunista Argentina, y De la Sierra fue el fundador de la parroquia donde ahora est&aacute; enterrrado. En una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n est&aacute; el padre Pepe, Jos&eacute; Mar&iacute;a Di Paola, pelo largo, ropa informal, 46 a&ntilde;os de edad y diez en la villa. <\/p>\n<p>La parroquia se fund&oacute; en 1987 cuando se independiz&oacute; de la tradicional bas&iacute;lica del Sagrado Coraz&oacute;n, a pocas cuadras de la villa. &quot;El cura Daniel le pregunt&oacute; a la gente qu&eacute; nombre quer&iacute;an ponerle, y la mayor&iacute;a eligi&oacute; el de la patrona de Paraguay&quot;, dice Pepe. La villa se encuentra en el barrio de Barracas, donde la ciudad de Buenos Aires limita al sur con el Riachuelo, un barrio obrero repleto de f&aacute;bricas abandonadas. <\/p>\n<p>El barrio ocupa 65 manzanas, pero si se suman la Villa 24 y los asentamientos precarios llegan a 90 hect&aacute;reas. Mientras en la Villa 21 predominan los paraguayos, en la Villa 24 la mayor&iacute;a son argentinos del norte, de Santiago del Estero y Tucum&aacute;n. Un censo realizado por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, asegura que la poblaci&oacute;n de ambas villas vive en tres tipos de viviendas: un 31% en casas que tienen piso de material o agua por ca&ntilde;er&iacute;a; un 32% en casas con piso de tierra o que no tienen agua, y otro 33% habita en casillas, mucho m&aacute;s precarias a&uacute;n. Uno de cada cinco habitantes son ni&ntilde;os o adolescentes entre 10 y 19 a&ntilde;os. <\/p>\n<h3>El estigma de la violencia <\/h3>\n<p>La Villa 21 fue noticia meses atr&aacute;s cuando cinco personas fueron muertas en un tiroteo. Casi todos los meses las villas aparecen en los diarios por sucesos similares: los medios asocian sistem&aacute;ticamente violencia con delincuencia y drogas, como sucede en toda Am&eacute;rica Latina. Pero la violencia y la delincuencia tienen un costado pol&iacute;tico, algo que los medios esconden. <\/p>\n<p>Bernardo Kliksberg, asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para la regi&oacute;n, afirma que la criminalidad y la violencia son percibidas como el mayor problema por la poblaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina, como ense&ntilde;a el Latinobar&oacute;metro. En efecto, la tasa de homicidios cada cien mil personas creci&oacute; de 12,5 en 1980, a 25,1 en 2006. En comparaci&oacute;n, Noruega presenta 0,9 homicidios cada cien mil habitantes, Dinamarca 1,1, Canad&aacute; 1,5, Finalndia 2,2 y Estados Unidos, que presenta la mayor tasa del mundo desarrollado, alcanza s&oacute;lo 5,5. Pero Sao Paulo y Rio de Janeiro alcanzan los 60 homicidos cada cien mil personas, cifras superiores a las que tienen los pa&iacute;ses en guerra. <\/p>\n<p>En 1980 Am&eacute;rica Latina ten&iacute;a 136 millones de pobres. Hoy tiene 200 millones, el 40 por ciento de la poblaci&oacute;n. Se trata de la regi&oacute;n m&aacute;s desigual del mundo. Entre los ingresos del 10% m&aacute;s rico y los del 10 % m&aacute;s pobre, hay una diferencia de uno a 50. En Bolivia, de uno a 168; Colombia, de uno a 63; Brasil de uno a 58; Paraguay, de uno a 73. En contraste, en Espa&ntilde;a la relaci&oacute;n entre los m&aacute;s ricos y los m&aacute;s pobres es de uno a 10, y en Noruega de uno a seis. &quot;La desiguladad es la raz&oacute;n principal de la pobreza en Am&eacute;rica Latina&quot;, concluy&oacute; Kliksberg. <\/p>\n<p>La violencia y el crimen crecieron en el mismo per&iacute;odo que se dispar&oacute; la desigualdad y la pobreza. Si no se habla del contexto, dice Kliksberg &quot;da la impresi&oacute;n de que en la sociedad existe un grupo de locos que cometen delitos&quot;. Por eso los altos niveles de pobreza y desigualdad hacen de Am&eacute;rica Latina &quot;un continente muy tenso, con una cohesi&oacute;n social muy baja. No es lo mismo ser pobre en una sociedad de pobres, que ser pobre en la sociedad m&aacute;s desigual del mundo. El nivel de tensi&oacute;n que se genera es tremendo. Y para colmo, ser pobre despu&eacute;s de no haber sido pobre&quot;, dijo Kliskberg. <\/p>\n<p>Para avalar esa afirmaci&oacute;n, mostr&oacute; un cuadro in&eacute;dito sobre posesi&oacute;n de bienes en Am&eacute;rica Latina, comparando 1995 con 2007. Los datos son alucinantes: en 1995, el 90% ten&iacute;a agua potable, hoy s&oacute;lo la tiene el 83%; en 1995, el 85% ten&iacute;a heladera, hoy s&oacute;lo el 77%; los que tienen acceso al alcantarillado pasaron del 76% al 64%; lavarropas del 57% al 48%; agua caliente por ca&ntilde;er&iacute;a del 57% al 35%; auto del 33% al 22%. Y eso que el continente lleva cinco a&ntilde;os de crecimiento sostenido, porque los datos de 2003 son mucho peores. <\/p>\n<h3>Debate sobre la ayuda <\/h3>\n<p>Los barrios pobres de Am&eacute;rica Latina tienen muchos rasgos en com&uacute;n, sobre todo aquellos similares a las <i>villas<\/i> argentinas, las <i>callampas<\/i> chilenas, los <i>cantegriles<\/i> uruguayos y las <i>favelas<\/i> brasile&ntilde;as. Todos los datos coinciden en que crecen de forma exponencial en casi todos los pa&iacute;ses, sobre todo desde que en la d&eacute;cada de 1990 se implement&oacute; el modelo neoliberal que fue sentido como un verdadero despojo por una parte considerable de la poblaci&oacute;n. <\/p>\n<p>El padre Pepe tiene una visi&oacute;n completamente diferente de quienes ven en la pobreza algo negativo o una &quot;carencia&quot;. Como ejemplo pone el caso de la parroquia de Caacup&eacute; que fue ampliada y remodelada en el a&ntilde;o 2000 por sus vecinos, en jornadas de fines de semana en las que participaron m&aacute;s de cien personas por turnos. Cree que las villas crecen porque all&iacute; existe solidaridad, &quot;porque ac&aacute; hay alguien enfermo y se le hace un lugar en la casa&quot;. Va m&aacute;s lejos y asegura que &quot;ac&aacute; hay una sociedad distinta&quot;. <\/p>\n<p>Semejante afirmaci&oacute;n merece una larga explicaci&oacute;n: &quot;Cuando la campa&ntilde;a electoral vimos que todos ten&iacute;an una posici&oacute;n equivocada, tanto los conservadores como los progresistas. De la villa s&oacute;lo informa la prensa amarilla que se&ntilde;ala los defectos, o bien los tecn&oacute;cratas que te hacen una maqueta y dicen c&oacute;mo debe ser el barrio pero no interact&uacute;an con la gente, no la escuchan. Eso les impide ver al hombre real de la villa que fue armando su historia desde hace 40 o 50 a&ntilde;os en un &aacute;mbito al margen de la ciudad, donde interact&uacute;an una cultura rural que la mayor&iacute;a trae con una cultura de barrio, que nosotros la vemos ligada al cristianismo popular&quot;. <\/p>\n<p>Como todos los &quot;curas villeros&quot; desconf&iacute;a de la ayuda institucionalizada y profesionalizada, tan diferente a la ayuda incondicional y espont&aacute;nea que practicaron los primeros cristianos. Una mirada cr&iacute;tica sobre la llamada &quot;asistencia para el desarrollo&quot; sostiene que la ayuda es &quot;una manera de disciplinar&quot;, ya que la cooperaci&oacute;n se ha convertido en una verdadera estrategia dise&ntilde;ada y diagnosticada desde afuera: &quot;La ayuda es ofrecida por razones propias de seguridad nacional del que ayuda, para los prop&oacute;sitos de mantener su propia prosperidad&quot;. <\/p>\n<p>La cooperaci&oacute;n actual establece, en opini&oacute;n de los cr&iacute;ticos del desarrollo, una relaci&oacute;n entre quienes otorgan y reciben la ayuda &quot;casi feudal, por el diferencial de poder que ella misma establece&quot;. En consecuencia, denuncian que la ayuda genera una relaci&oacute;n de superioridad e inferioridad que se resume en &quot;la verg&uuml;enza de quien recibe y la arrogancia de quien dona&quot;. <\/p>\n<p>El Padre Pepe cuestiona el concepto de &quot;ayuda&quot; y en su lugar sostiene que &quot;debemos aprender de los pobres&quot;. Una vez m&aacute;s apela a los ejemplos, ahora sobre la forma como en el barrio se construyen las viviendas: cuando se hacen las losas o techos de cemento, varias familias cooperan durante todo el fin de semana de modo espont&aacute;neo. &quot;Mientras los hombres hacen la losa, las mujeres cocinan y los ni&ntilde;os juegan cerca y colaboran, y la fiesta es lo central, ac&aacute; no se hace nada sin fiesta&quot;, dice Pepe. <\/p>\n<p>Cuando otra familia se decide a construir su techo, las dem&aacute;s familias le cooperan y as&iacute; lo hacen de modo rotativo, pero sin una &quot;organizaci&oacute;n&quot; formal sino de modo natural. El primer trabajo comunitario fue rellenar los terrenos que se inundaban. Luego vino la lenta construcci&oacute;n de la vivienda familiar, que puede demorar hasta diez a&ntilde;os y alberga familias extensas, o sea padres e hijos pero tambi&eacute;n abuelos, los hijos que se casan y tienen m&aacute;s hijos, y hasta primos o parientes lejanos. <\/p>\n<p>La fuerza del v&iacute;nculo comunitario permite abaratar costos, de modo que el precio de la construcci&oacute;n es s&oacute;lo el precio de los materiales. &quot;Si hubi&eacute;ramos tenido que encargar esta iglesia a una empresa hubiera costado decenas de miles de d&oacute;lares. Pero no cost&oacute; nada. Se construy&oacute; con mano de obra solidaria y haciendo fiestas para comprar los materiales. De ese modo pudimos hasta levantar una torre grande con campanas&quot;, se&ntilde;ala Pepe. <\/p>\n<p>Se trata de una econom&iacute;a popular comunitaria que ha sido capaz de construir barrios enteros, con todo su equipamiento. Las construcciones comunitarias y los trabajos de autoayuda social ser&iacute;an imposibles sin la solidaridad del barrio. Una lista incompleta de las actividades que desarrolla la parroquia, que no es la &uacute;nica entidad del barrio en trabajar con los vecinos, incluye seis capillas que replican las mismas actividades de la parroquia, que en los hechos funcionan como verdadereos centros sociales y culturales. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s cuentan con ocho comedores directamente atendidos por la parroquia, pero en el barrio hay muchos m&aacute;s, tal vez 20 comedores populares. Tienen grupos de apoyo escolar y de prevenci&oacute;n sobre drogas, merenderos, programas de deporte y de campamentos donde han llevado a m&aacute;s de mil j&oacute;venes del barrio en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La base es el trabajo voluntario, pero algunos programas tienen apoyo del gobierno municipal y de C&aacute;ritas. <\/p>\n<p>&quot;El pr&oacute;ximo fin de semana llevo 200 chicos al campo&quot;, dice Pepe. &quot;Adem&aacute;s tenemos un centro de adolescentes varones, otro centro de adolescentes mujeres y una escuela de oficios que hacen carpinter&iacute;a, herrer&iacute;a y artesan&iacute;a en vela y cer&aacute;mica con dos chicas del barrio que dirigen los talleres. En los exploradores hay 850 chicos y estamos empezando con el trabajo m&aacute;s dif&iacute;cil que es la recuperaci&oacute;n de la droga, el <i>paco <\/i> como le dice ac&aacute;&quot;. <\/p>\n<h3>El poder de las redes sociales <\/h3>\n<p>La forma como sacan a los adolescentes de la droga revela la profundidad del compromiso y los recursos humanos a los que apelan. Crearon un centro diurno para recibir a los j&oacute;venes dependientes donde cuentan con una peque&ntilde;a granja donde ya viven ocho j&oacute;venes en proceso de recuperaci&oacute;n. Pero la granja est&aacute; lejos del barrio, en un ambiente natural donde se les facilita la posibilidad de cortar con la droga. El paso siguiente es la reinserci&oacute;n en el barrio, donde pueden entrar nuevamente en contacto con las drogas. <\/p>\n<p>&quot;En la granja hay un ambiente id&iacute;lico en donde es m&aacute;s f&aacute;cil dejar la droga. Pero volver al barrio es todo un desaf&iacute;o. Para hacerlo de modo gradual, decidimos un paso intermedio: est&aacute;n en el barrio pero no en sus casas ni en sus pasillos. Hacen una vida comunitaria de seis meses en la villa con talleres de herrer&iacute;a y otros trabajos. As&iacute; recomienzan una vida m&aacute;s s&oacute;lida con otras amistades, con otros horizontes pero cerca de la familia&quot;, relata Pepe con entusiasmo. <\/p>\n<p>El <i>paco<\/i> est&aacute; considerada la droga m&aacute;s destructiva, que involucra a ni&ntilde;os desde los 8 a&ntilde;os y dej&oacute; a toda la gente que trabaja en droga sin respuesta. &quot;Del 2000 para ac&aacute; esto cambi&oacute; mucho, se generaliz&oacute; la droga. Antes los que se drogaban pod&iacute;an convivir con la droga, pod&iacute;an ir al colegio o incluso trabajar y nadie lo notaba, pero hoy eso cambi&oacute; y se requiere un trabajo muy urgente porque destruye en pocos meses&quot;, dice Pepe con un dejo de tristeza. <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n trabajan con la tercera edad que es otro sector muy vulnerable. Muchos trabajaron en negro, sin aportes jubilatorios, y cuando ya no pudieron trabajar m&aacute;s se quedaron solos y tuvieron que acudir a las villas como &uacute;ltimo recurso. Una vez m&aacute;s Pepe: &quot;Hicimos un grupo, luego un comedor y un hogar donde viven diez abuelos, y tratamos que tengan un papel protag&oacute;nico, muchos cocinan en los comedores, otros cuidan las puerta, o hacen mandados, cuesti&oacute;n que se sientan &uacute;tiles. Algunos estaban alcoholizados, tirados en la calle y lograron salir con el apoyo de la comunidad. La gente dice que los que se drogan vienen a las villas porque aqu&iacute; se vende droga. Nosotros decimos que vienen porque ac&aacute; no los van a dejar morir, aunque est&eacute;n tirados en la calle les dan comida, ropa, un ba&ntilde;o&quot;. <\/p>\n<p>Es interesante la forma como abordan la violencia dom&eacute;stica. Hacen retiros de hombres y de mujeres, por separado, en grupos de 60 a 70 durante todo un fin de semana. El Padre Pepe habla del hombre golpeador y se hace un largo silencio. Al parecer, no pasa nada. &quot;En el retiro de hombres se da la posibilidad de que en la charla personal aparezca el tema del alcohol y de la violencia. De a poco la gente empieza a tomar como objetivo el cambio, empieza a hablar y un tiempo despu&eacute;s uno ve que van a Alcoh&oacute;licos An&oacute;nimos o vienen a hablar de sus problemas. Muchos empiezan durante el retiro un proceso que luego contin&uacute;a, porque la gente est&aacute; muy sola y no tiene la posibilidad de que alguien le diga lo que est&aacute; haciendo mal&quot;. <\/p>\n<p>Pepe no cree que est&eacute; haciendo algo especial. Siente que todo consiste en ponerse del lado de la gente, escucharla, aprender, y no decirle lo que tiene que hacer. &quot;La cosa no es concientizarlo de que tiene que liberarse sino escuchar y ver lo que hace, interpretar a la gente y no tanto dirigirla. Poner el o&iacute;do &#8230; .&quot;. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ideolog&iacute;a que emana de los organismos financieros internacionales, sostiene que los pobres sufren &quot;carencias&quot;, que la pobreza es un flagelo a combatir y el camino para hacerlo es &quot;ayudar&quot; a los pobres. Por el contrario, los sacerdotes que viven entre los pobres creen que se debe aprender de ellos. Vista panor&aacute;mica de Villa 21. 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