{"id":1658,"date":"2009-03-03T10:51:53","date_gmt":"2009-03-03T10:51:53","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1658"},"modified":"2009-03-03T13:18:00","modified_gmt":"2009-03-03T13:18:00","slug":"5916","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5916\/","title":{"rendered":"Migraci&oacute;n y Mecanizaci&oacute;n en los campos de ca&ntilde;a para biocombustibles de Brasil"},"content":{"rendered":"<p><b>En la rica regi&oacute;n de ca&ntilde;a de az&uacute;car de Sao Paulo se encuentra el apacible pueblo de Guariba. Afuera de la iglesia cat&oacute;lica de la plaza principal de Guariba, el equivalente a un automovilista estaciona su caballo y carreta entre un Chevy y un Fiat. Un vendedor ambulante empuja un tallo de ca&ntilde;a de az&uacute;car a trav&eacute;s de una prensa que extrae su dulce jugo para un cliente sediento, al mismo tiempo que j&oacute;venes brasile&ntilde;os toman un receso entre juegos de video y sesiones de chat frente a un caf&eacute; Internet. Ubicada en el centro del auge del etanol que est&aacute; transformando la centenaria industria de la ca&ntilde;a de az&uacute;car de Brasil en productora global y de alta tecnolog&iacute;a de los biocombustibles, Guariba es el choque de lo antiguo con lo nuevo <\/b>. <\/p>\n<table align=\"right\">\n<tr>\n<td><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/images\/irc\/1428.jpg\" align=\"center\" hspace=\"5\" vspace=\"5\" width=\"298\" height=\"396\">\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td><font size=\"-2\">La industria de ca&ntilde;a en S&atilde;o Paulo ahora es un epicentro de la<br \/>producci&oacute;n de biosombustibles. Foto: Gretchen Gordon.<\/font>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/table>\n<p>Casi 10% de la poblaci&oacute;n de Guariba labora como cortador de ca&ntilde;a. La mayor&iacute;a han emigrado desde el noreste de Brasil en donde la tierra y el empleo son escasos. A&uacute;n cuando los brasile&ntilde;os contin&uacute;an arribando a la regi&oacute;n en busca de una mejor forma de vida, la industria globalizada puede hacer esos sue&ntilde;os todav&iacute;a m&aacute;s inciertos. <\/p>\n<p>Desde los 1970s, Brasil ha desarrollado una vibrante industria del etanol que ha desplazado la mitad del mercado dom&eacute;stico de la gasolina derivada del petr&oacute;leo. En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, Brasil ha emergido como el mayor exportador global de etanol. La naci&oacute;n no s&oacute;lo ha expandido la producci&oacute;n y las exportaciones, tambi&eacute;n cre&oacute; un lucrativo nicho del suministro de tecnolog&iacute;a del etanol y de la inversi&oacute;n dirigida a naciones centroamericanas y del Caribe, con la esperanza de capitalizar el creciente mercado de los biocombustibles. <\/p>\n<h3>Un d&iacute;a de trabajo dif&iacute;cil <\/h3>\n<p>En una tarde de domingo, Jo&atilde;o Dias Peixoto de treinta a&ntilde;os, est&aacute; descansando en una banca de una de las plazas de Guariba. Originario de Minas Gerais, Dias Peixoto emigr&oacute; a Guariba para cortar ca&ntilde;a en una plantaci&oacute;n cercana. &Eacute;l considera al auge del etanol un desarrollo positivo para la naci&oacute;n. &quot;Si hay mercado en el extranjero, es bueno,&quot; dice. <\/p>\n<p>Cuando se le pregunta como es el trabajo, sin embargo, Dias Peixoto es menos entusiasta. &Eacute;l hace pausa por un momento. &quot;Es complicado,&quot; dice finalmente y admite que no le alcanza para cubrir sus gastos y que la industria es &quot;un tipo de esclavismo.&quot; <\/p>\n<p>La alusi&oacute;n al esclavismo no es una mera hip&eacute;rbola. Inspecciones en el sector agr&iacute;cola llevadas a cabo por el Ministerio del Trabajo brasile&ntilde;o durante el a&ntilde;o pasado, revelaron que m&aacute;s de 4,500 trabajadores eran mantenidos en condiciones de peonaje y m&aacute;s de la mitad de ellos laboraban en plantaciones de ca&ntilde;a. A&uacute;n en donde los cortadores de ca&ntilde;a de az&uacute;car ganan el salario m&iacute;nimo, su pago total est&aacute; basado en el volumen cortado de ca&ntilde;a. Debido a que es casi imposible que los trabajadores estimen el volumen que han cortado, es com&uacute;n la expoliaci&oacute;n de su salario. Adem&aacute;s, la labor f&iacute;sicamente extenuante de cortar ca&ntilde;a, con frecuencia lleva a lesiones debilitantes de la espina dorsal; mientras que la pr&aacute;ctica de quemar los ca&ntilde;averales para facilitar el corte manual puede causar enfermedades respiratorias severas. Al tiempo que la competencia en la industria se incrementa, los trabajadores compiten por cortar a mayor velocidad con el fin de asegurar un lugar en la pr&oacute;xima cosecha, llevando a algunos a trabajar hasta el colapso e incluso hasta la muerte. <\/p>\n<p>La extenuante naturaleza del corte manual de ca&ntilde;a es uno de los pocos asuntos en los que la mayor&iacute;a de los brasile&ntilde;os pueden estar de acuerdo. Y &eacute;ste es un asunto que est&aacute; recibiendo creciente escrutinio de importadores de etanol, especialmente en Europa. Qu&eacute; hacer acerca de ello es, sin embargo, menos claro. <\/p>\n<p>Con la creciente inversi&oacute;n y competencia en la industria del etanol y el cada vez mayor escrutinio internacional de las condiciones laborales, as&iacute; como de los impactos ambientales provocados por las quemas de ca&ntilde;averales, la industria brasile&ntilde;a del etanol se est&aacute; mecanizando r&aacute;pidamente. La mayor&iacute;a de los trabajadores de la ca&ntilde;a perciben a la mecanizaci&oacute;n como una amenaza, incluso mayor a los riesgos de su propio trabajo. <\/p>\n<p>De acuerdo con el Sindicato de Trabajadores Rurales de Guariba, cada cosechadora mec&aacute;nica reemplaza a m&aacute;s de 100 trabajadores. La Asociaci&oacute;n de Industriales de la Ca&ntilde;a de Az&uacute;car de Brasil, predice que el 80 por ciento de los 500,000 puestos de trabajo del sector desaparecer&aacute;n en los pr&oacute;ximos tres a&ntilde;os debido a la mecanizaci&oacute;n. En ausencia de otras fuentes de trabajo que absorban esta fuerza laboral primordialmente migrante, el resultado podr&iacute;a ser la descomposici&oacute;n y la agitaci&oacute;n social. <\/p>\n<h3>Una poblaci&oacute;n invisible <\/h3>\n<p>La hermana Ines Facioli coordina Pastoral do Migrante, una organizaci&oacute;n cat&oacute;lica que atiende a los cortadores de ca&ntilde;a migrantes de la regi&oacute;n. De acuerdo con la hermana Ines, aproximadamente el 70 por ciento de los 350,000 cortadores de ca&ntilde;a del estado de Sao Paulo son trabajadores migrantes. Sin embargo, ni los ingenios azucareros ni el gobierno saben qui&eacute;nes son estos trabajadores migrantes, en d&oacute;nde viven o c&oacute;mo est&aacute;n subsistiendo. Ante la transformaci&oacute;n que ha experimentado la industria, de ingenios azucareros familiares a ingenios cuya tenencia est&aacute; en manos de grupos de inversi&oacute;n o compa&ntilde;&iacute;as multinacionales, los cortadores de ca&ntilde;a&mdash;que sol&iacute;an hospedarse en barracas propiedad de los ingenios&mdash;son ahora dejados a su suerte para encontrar alojamiento en pueblos y ciudades cercanos. Muchos migrantes viven con otros cortadores de ca&ntilde;a en chozas informales en los pueblos o en las crecientes favelas de las periferias urbanas. <\/p>\n<p>La raz&oacute;n principal por la cual los migrantes dejan sus comunidades es la falta de oportunidades econ&oacute;micas, especialmente en el noreste empobrecido. &quot;Ellos no tienen tierra, y trabajar la tierra en s&iacute; mismo no provee lo suficiente para vivir.&quot; explica la hermana Ines. &quot;Ellos vienen aqu&iacute; con el objetivo de comprar un poco de tierra, construir una casa.&quot; <\/p>\n<p>En la estaci&oacute;n de camiones en Timbiras, en la regi&oacute;n de Maranh&atilde;o, cada d&iacute;a parten 13 camiones a Sao Paulo. En 2007 aproximadamente 70,000 residentes emigraron. Pero para muchos el sue&ntilde;o que motiva a los j&oacute;venes Maranhenses para dejar sus pueblos nunca se realiza. <\/p>\n<p>&quot;La gente va a emigrar a donde hay trabajo &#8230; en busca de algo mejor,&quot; dice la hermana Ines. &quot;Pero aqu&iacute; es peor. La vivienda de los Maranhenses aqu&iacute; es peor de lo que ten&iacute;an all&aacute;. M&aacute;s importante a&uacute;n, all&aacute; ellos ten&iacute;an una estructura social.&quot; <\/p>\n<h3>Una promesa ilusoria <\/h3>\n<p>En la esquina de la plaza de Guariba, los autos avanzan hacia la estaci&oacute;n de gasolina verde y blanco de Nivaldo Mazz, para llenar sus tanques con etanol a 1.25 reales brasile&ntilde;os por litro. &quot;El precio del etanol se ha incrementado,&quot; dice Dias Peixoto al tiempo que observa. &quot;Pero no es un precio alto para alguien que trabaja en la ca&ntilde;a&mdash;el trabajador no ve nada de &eacute;ste.&quot; <\/p>\n<p>El costo del etanol brasile&ntilde;o no se mide s&oacute;lo en reales. &quot;Alguien que corta ca&ntilde;a por diez a&ntilde;os est&aacute; acabado,&quot; dice la hermana Ines. &quot;Los ves con los brazos hinchados, deformados, con problemas de la espina dorsal.&quot; <\/p>\n<p>Mientras que la creciente mecanizaci&oacute;n del sector ca&ntilde;ero de Brasil puede ayudar a mejorar la imagen de la industria al remover seres humanos de un proceso fatigante y explotador, como lo percibe la hermana Ines, la mecanizaci&oacute;n no est&aacute; exenta de sus propios costos significativos. &quot;&Eacute;sta va a generar m&aacute;s pobreza,&quot; dice ella, especialmente para los migrantes. &quot;Si ellos no tienen empleo all&aacute;, ellos vienen aqu&iacute;. Y si ellos no tienen empleo aqu&iacute; &iquest;adonde ir&aacute;n?&quot; <\/p>\n<h3>Soluciones dif&iacute;ciles <\/h3>\n<p>Mitigar problemas a&ntilde;ejos de pobreza y migraci&oacute;n requiere invertir en las regiones m&aacute;s empobrecidas y, a&uacute;n m&aacute;s importante, en programas de gran envergadura de reforma agraria, de tal manera que los brasile&ntilde;os rurales puedan encontrar oportunidades sin tener que migrar. Pero asegurar un mayor acceso a la tierra no es parte del plan gubernamental de desarrollo de biocombustibles, ni tampoco es el objetivo de otras naciones que est&aacute;n emulando el ejemplo brasile&ntilde;o. <\/p>\n<p>Mientras el auge de los biocombustibles ha atra&iacute;do un flujo de inversiones en d&oacute;lares de todas las regiones del globo, mayores ganancias no han beneficiado a los brasile&ntilde;os que trabajan para producir esa energ&iacute;a. &quot;Los ingenios azucareros no valoran nuestro trabajo,&quot; dice Dias Peixoto. &quot;No importa si el producto final tiene valor.&quot; <\/p>\n<p>Aunque la reciente crisis financiera global est&aacute; mermando las nuevas inversiones en biocombustibles, los analistas predicen que el auge de los biocombustibles resurgir&aacute; cuando los precios del petr&oacute;leo se recuperen. Al tiempo que la promesa de un desarrollo econ&oacute;mico basado en biocombustibles contin&uacute;a capturando la imaginaci&oacute;n de los migrantes a lo largo de Brasil, as&iacute; como de naciones a lo largo de la regi&oacute;n, con la globalizaci&oacute;n esa promesa puede estar transitando a la deriva lejos de la realidad. <\/p>\n<p>&quot;Yo vine aqu&iacute; con la esperanza de encontrar algo mejor&mdash;es la raz&oacute;n por la que todos migran,&quot; dice Dias Peixoto. &quot;Pero es s&oacute;lo una ilusi&oacute;n.&quot; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la rica regi&oacute;n de ca&ntilde;a de az&uacute;car de Sao Paulo se encuentra el apacible pueblo de Guariba. Afuera de la iglesia cat&oacute;lica de la plaza principal de Guariba, el equivalente a un automovilista estaciona su caballo y carreta entre un Chevy y un Fiat. 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