{"id":1711,"date":"2009-05-20T12:36:45","date_gmt":"2009-05-20T12:36:45","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1711"},"modified":"2009-05-20T15:25:49","modified_gmt":"2009-05-20T15:25:49","slug":"6130","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/6130\/","title":{"rendered":"Cochabamba<br>De la guerra a la gesti&oacute;n del agua"},"content":{"rendered":"<p> <b>Con la guerra del agua de abril de 2000, los  pobres de la ciudad y del campo de Cochabamba consiguieron expulsar a la  multinacional que pretend&iacute;a adue&ntilde;arse del m&aacute;s elemental bien com&uacute;n. Entre 2003  y 2005 los pobres de todo el pa&iacute;s acabaron con el modelo neoliberal. La gesti&oacute;n  comunitaria del agua es ahora el desaf&iacute;o pendiente.<\/b><\/p>\n<p>\n  El asfalto  se termina demasiado pronto en los barrios del sur de Cochabamba. A s&oacute;lo cinco  kil&oacute;metros del centro, apenas se percibe una capa irregular sobre las grandes  avenidas que los coches transitan con dificultad. Al torcer hacia los cerros  que dominan un amplio valle sin &aacute;rboles, se ve s&oacute;lo polvo sobre las calles y  canales de riego convertidos en zanjas resecas por las que deber&iacute;a correr por  lo menos alg&uacute;n hilo de agua.<\/p>\n<p> Cuesta  arriba van apareciendo hileras de casas que se prolongan hasta que se pierde la  vista, casi en la cima de los cerros donde predomina un clima &aacute;rido y seco.  Estamos en uno de los barrios m&aacute;s importantes de la periferia sur, Villa  Sebasti&aacute;n Pagador, o distrito 14, fundado hace 32 a&ntilde;os por emigrantes de Oruro.  La zona sur, formada por seis distritos, re&uacute;ne la mitad de la poblaci&oacute;n de la  ciudad, unos 250 mil habitantes, los m&aacute;s pobres y los m&aacute;s afectados por la  ineficacia del Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (SEMAPA).<\/p>\n<p> El Estado  boliviano decidi&oacute;, en el per&iacute;odo neoliberal, que s&oacute;lo tendr&iacute;an agua los ricos y  las capas medias, un servicio elemental que no llega a los pobres, en  particular los inmigrantes de &uacute;ltima generaci&oacute;n. Para paliar o resolver este  grav&iacute;simo problema, los vecinos decidieron organizarse creando comit&eacute;s de agua,  cooperativas y asociaciones, construyendo ellos mismos las redes de  distribuci&oacute;n, los tanques de almacenamiento y la perforaci&oacute;n de los pozos con  sus escasos recursos.<\/p>\n<p> En los  barrios del sur de Cochabamba funcionan unos 120 comit&eacute;s de agua, a los que  deben sumarse unos 150 de la zona periurbana y una cantidad a&uacute;n mayor en las  zonas rurales, que regulan el uso del agua seg&uacute;n usos y costumbres de las  comunidades. En la zona urbana del sur entre 70 y 80% de la poblaci&oacute;n no es  atendida por la empresa municipal, en tanto los comit&eacute;s abastecen casi al 30% y  el resto reciben agua de camiones cisterna. Son cientos de miles de personas  organizadas s&oacute;lo para el agua, pero existe una multitud de organizaciones  territoriales.<\/p>\n<p> La c&eacute;lebre  &quot;guerra del agua&quot; s&oacute;lo puede explicarse como resultado de una  decisi&oacute;n comunitaria, de cientos de miles de personas, de defender un recurso que  no fue ni creado ni gestionado por el Estado sino por las propias comunidades  urbanas y rurales. En la ciudad, la poblaci&oacute;n que integra los sistemas de agua  comunitarios proviene de muchas regiones del pa&iacute;s, siendo una mezcla de  inmigrantes campesinos y mineros relocalizados<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">1<\/a>.  &quot;Estas dos caracter&iacute;sticas aportan fuertemente a la organizaci&oacute;n  comunitaria en torno al agua&quot;, dicen dos dirigentes del movimiento por el  agua<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">2<\/a>.<\/p>\n<p> Los  primeros aportaron sus tradiciones andinas de trabajo solidario y por turnos, conocido  como el &quot;ayni&quot;, y los segundos su vasta experiencia organizativa en  los sindicatos de las minas. Los sistemas de agua tienen un promedio de 200  familias asociadas pero algunos tienen apenas 30 &oacute; 40 usuarios. La mayor parte  no tienen personer&iacute;a jur&iacute;dica. Los vecinos que decidieron no organizarse  compran a los camiones cisterna que recorren todo el d&iacute;a la ciudad cobrando  precios abusivos por agua de dudosa calidad.<\/p>\n<h3>Don Fabi&aacute;n Condori, una vida por la comunidad<\/h3>\n<p>Es media  tarde del s&aacute;bado y el sol pega fuerte haciendo la subida m&aacute;s pesada. Llegamos  con Boris hasta un peque&ntilde;o predio con paredes de adobe, abrimos la puerta de  madera y aparece un amplio espacio abierto con dos peque&ntilde;as y prolijas oficinas  en los costados: estamos en la APAAS (Asociaci&oacute;n de Producci&oacute;n y Administraci&oacute;n  de Agua y Saneamiento), el primer sistema de agua de Cochabamba, y uno de los  m&aacute;s consolidados. Don Fabi&aacute;n Condori nos recibe con una generosa sonrisa que  ahonda los surcos que engalanan su rostro.<\/p>\n<p> &quot;Tengo  61 a&ntilde;os y llevo 19 en el sistema de agua. Nac&iacute; en Oruro y llegu&eacute; a Sebasti&aacute;n  Pagador cuando s&oacute;lo hab&iacute;a 70 familias, hace 30 a&ntilde;os. Hasta fines de los 90 casi  el 80% &eacute;ramos de Oruro pero ya somos 60 mil habitantes de todos los rincones  del pa&iacute;s, sobre todo andinos. Creo que la gente escogi&oacute; este lugar por su  clima, por su riqueza, o por la buena comida y la fruta&quot;. Fabi&aacute;n relata su  vida con calma, como si hablara de otra persona, tal vez porque no se considera  el centro de la historia que cuenta.<\/p>\n<p> En 1990 el  municipio lo declar&oacute; a Sebasti&aacute;n Pagador &quot;zona roja&quot;, cuando apenas  ten&iacute;a cinco mil habitantes, por la absoluta falta de agua. &quot;Esto era un  desierto&quot;, dice. &quot;A&uacute;n no hab&iacute;a avenidas, s&oacute;lo calles que la gente  abri&oacute; a pico y pala. Hab&iacute;a una acequia para los regantes y unos pozos cerca del  canal de riego donde nos hac&iacute;amos regalar el agua. Adem&aacute;s hab&iacute;a cisternas que  vend&iacute;an agua&quot;. Asegura que la mayor parte de sus vecinos son trabajadores  manuales por cuenta propia, comerciantes, artesanos, carpinteros, sastres. &quot;Como  todos levant&eacute; mi primer vivienda de adobe&quot;.<\/p>\n<p> En Villa  Pagador los ancianos como Fabi&aacute;n a&uacute;n hablan quechua, escuchan m&uacute;sica andina y  festejan el carnaval a lo grande, como lo hac&iacute;an en Oruro, con morenadas y  diabladas, con hasta 11 comparsas y 200 bailarinas, algunas llegadas del  departamento.<\/p>\n<p> &quot;Al  principio, como hab&iacute;a poca gente, nos alcanzaba con el canal de riego y con los  pocitos donde brotaba agua. Pero para el 80 ya hab&iacute;a m&aacute;s gente y hasta una  escuelita con 25 alumnos. Los ni&ntilde;os de 3 a 4 a&ntilde;os jugaban a ba&ntilde;arse con cubos de  arena&quot;. En ese per&iacute;odo se crea un Comit&eacute; Impulsor de Agua que nace en una  asamblea de 90 personas. &quot;Fue el primer comit&eacute; de Cochabamba. Empezamos a  dise&ntilde;ar la excavaci&oacute;n de la red de distribuci&oacute;n, porque primero se construye la  red y luego se busca el pozo&quot;.<\/p>\n<p> Comenzaron  en 1990 picando y cavando zanjas para las 390 familias que se adhirieron al  comit&eacute; de agua. &quot;Cada familia aportaba un boliviano por mes para  explosivos, herramientas, alquiler de oficinas. Eran los fondos propios. El  trabajo dur&oacute; tres a&ntilde;os. Cada familia ten&iacute;a que cavar seis metros por mes a  medio metro de profundidad, todo esto es terreno de roca, muy duro, por lo que  &iacute;bamos muy lento&quot;.<\/p>\n<p> El dise&ntilde;o  es muy sencillo: las zanjas salen de cada vivienda y se conectan con la red  matriz que a su vez se conecta con el ca&ntilde;o que lleva al pozo. &quot;Toda la  comunidad particip&oacute;, y el que no trabajaba se quedaba sin agua. Hab&iacute;a un  control que se llamaba jefe de manzana para ver c&oacute;mo se hac&iacute;a el trabajo.  Nosotros pon&iacute;amos la mano de obra no calificada. La m&aacute;quina &eacute;ramos nosotros.  Cuando se colocaban las tuber&iacute;as se hac&iacute;a una cama con tierra cernida de 30  cent&iacute;metros para que las vibraciones no rompan el ca&ntilde;o&quot;.<\/p>\n<p> En los  casi tres a&ntilde;os que demand&oacute; el trabajo realizaron 105 asambleas, una cada diez  d&iacute;as. &quot;Era una pelea fuerte, aunque nosotros tambi&eacute;n nos peleamos. El  problema es que la gente no descansaba, ven&iacute;a de su trabajo a darle, cada  familia ten&iacute;a que aportar 35 jornadas de trabajo de 8 horas, pod&iacute;a trabajar  cualquier miembro de la familia pero mayormente trabajaron las se&ntilde;oras. Todo el  mundo estaba con ampollas y muy cansados. Pico, pala, carretilla, cernir  tierra, compactar, era mucho, mucho trabajo. Me di cuenta que la mujer es m&aacute;s  trabajadora&quot;.<\/p>\n<p> S&oacute;lo la  ilusi&oacute;n de tener agua los mantuvo activos tantos meses, en condiciones  precarias, en barrios repletos de zanjas. Fabi&aacute;n no reh&uacute;ye los problemas  internos del comit&eacute;. &quot;Hab&iacute;a mucha pelea. El primer a&ntilde;o y medio avanzamos  mucho, pero al terminar el segundo a&ntilde;o ya hab&iacute;a problemas; entre nosotros casi  nos tumbamos. Algunos del directorio trabajaban, pero otros son mirones. M&aacute;s o  menos la mitad de los dirigentes puso el hombro&quot;.<\/p>\n<h3>Pozos y bombas<\/h3>\n<p>En dos  a&ntilde;os y medio terminaron las zanjas y la colocaci&oacute;n de tuber&iacute;as, pero nadie  hab&iacute;a pensado de d&oacute;nde saldr&iacute;a el agua. Consiguieron un proyecto del Banco  Mundial, a lo que ning&uacute;n otro comit&eacute; pudo acceder, para construir la red de  aducci&oacute;n, una larga ca&ntilde;er&iacute;a de cinco kil&oacute;metros que sube 400 metros hasta la  monta&ntilde;a y sigue hasta un pozo perforado a siete kil&oacute;metros del barrio. &quot;Ah&iacute;  metimos dinamita y contratamos mineros porque es todo roca, no entra el pico ni  la pala. Seis meses m&aacute;s de trabajo hasta llegar arriba. Y al llegar ah&iacute;  preguntamos reci&eacute;n por la fuente de agua&hellip; Nadie hab&iacute;a pensado en eso. Ah&iacute; hubo  mucha presi&oacute;n de la comunidad&quot;.<\/p>\n<p> Durante  semanas consultaron ingenieros y ge&oacute;logos que les aconsejaron d&oacute;nde comprar un  terreno, del otro lado de la monta&ntilde;a, que cobijara bolsones de agua. &quot;Compramos  el terreno pero dijimos que era para un dep&oacute;sito, porque no nos iban a permitir.  Empezamos a desmontar los arbustos, nos &iacute;bamos hasta all&aacute; a trabajar y  empezamos la perforaci&oacute;n, a los 98 metros brot&oacute; un agua fuerte y buena. Pero  otros seis meses m&aacute;s demoramos porque aparecieron dirigentes de otros sectores  que nos paralizaron la obra porque necesitaban el agua. Perforamos dos pozos,  uno para nosotros y otro para ellos porque esas tierras les pertenec&iacute;an&quot;.<\/p>\n<p> El paso  siguiente fue construir un tanque de almacenaje en el lomo del cerro de 100  metros c&uacute;bicos. El siguiente problema fueron las bombas y las ca&ntilde;er&iacute;as.  Tuvieron que cambiar varias veces las bombas porque no resist&iacute;an, pero luego  los ca&ntilde;os reventaban por la presi&oacute;n. &quot;Ah&iacute; empezaron otra vez las peleas  entre nosotros porque no acert&aacute;bamos ni con el tipo de bombas ni con el tipo de  ca&ntilde;os, primero PVC, despu&eacute;s hierro, al final galvanizado&quot;.<\/p>\n<p> El 15 de  febrero de 1993 inauguraron el primer pozo comunitario de agua de toda la  ciudad. &quot;Abrimos los grifos all&aacute; en el cerro pero a las tres horas no  llegaba nada. Todo el mundo en la calle y nada. La gente desesperada. Al final  cuando nos est&aacute;bamos desparramando reci&eacute;n el agua salt&oacute;, a trav&eacute;s de una red  que se hab&iacute;a reventado. Era un ca&ntilde;o de la red que estaba malogrado. Pero por lo  menos era un indicio de que el agua lleg&oacute;. Entonces arreglamos, inauguramos, y  vino una fiesta, fiesta, fiesta&quot;.<\/p>\n<p> Las  peripecias que relata Fabi&aacute;n fueron similares en m&aacute;s de cien comit&eacute;s de agua de  la zona sur. En muchos casos perforaron los pozos en el mismo barrio, pero el  agua suele ser salada y no es apta para el consumo, y los pozos se agotan o  tienen poca agua. Casi todos los comit&eacute;s cuentan con tanque. Los que no tienen  pozo, compran el l&iacute;quido a las cisternas y lo vierten en el tanque desde donde  llega a las viviendas. Una inmensa red descentralizada, construida en base a la  reciprocidad y la ayuda mutua, y gestionada de la misma forma.<\/p>\n<p> Como  se&ntilde;ala un estudio universitario: &quot;La autogesti&oacute;n de los servicios y de la  infraestructura es percibida por los vecinos como motivo de orgullo y un hecho  natural pues no esperan nada de las autoridades&quot;<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\" title=\"\">3<\/a>.  Sin embargo, una vez que se ha conseguido el agua comienza el problema de la  administraci&oacute;n. A grandes rasgos, existen dos situaciones diferentes: una  estrictamente t&eacute;cnica, relacionada con las bombas y el mantenimiento de la red,  y otra vinculada al precio de la electricidad y tambi&eacute;n a la participaci&oacute;n de  los vecinos que en esta etapa disminuye considerablemente.<\/p>\n<p> Don Fabi&aacute;n  admite que en el comit&eacute; de agua de su barrio comenz&oacute; otra etapa cuando las  familias tuvieron agua en sus viviendas. &quot;Hicimos cursos sobre el  mantenimiento de la red, redactamos estatutos, reglamentos, gestionamos la  personer&iacute;a, hicimos seminarios porque no hab&iacute;a ni un plomero, no sab&iacute;amos nada.  Fue la primera conexi&oacute;n de agua comunitaria de Cochabamba, el primer  experimento, el m&aacute;s complicado, pero a su vez fuimos privilegiados porque  tuvimos un pr&eacute;stamo&quot;.<\/p>\n<p> Hoy tienen  612 familias conectadas y unas 200 en espera. Cada familia paga un promedio de  16 bolivianos (dos d&oacute;lares) por mes a la organizaci&oacute;n. &quot;Pero el primer mes  los tres que trabajan en mantenimiento y bombeo y los tres de la administraci&oacute;n  no cobraron nada. Al principio ni mesita ten&iacute;amos. Nada, ni un boliviano. Hab&iacute;a  un desaf&iacute;o de hacer funcionar esto sin dinero. Al principio cobr&aacute;bamos a todos por  igual, pero todo lo que entraba se iba en la luz de la bomba y los trabajadores  s&oacute;lo recib&iacute;an 50 bolivianos cada uno&quot;<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\" title=\"\">4<\/a>.  Despu&eacute;s crearon la estructura tarifaria en una asamblea y comenzaron a ordenar  los gastos.<\/p>\n<p> Ahora  realizan s&oacute;lo cuatro asambleas al a&ntilde;o. Una de las mayores dificultades fue  luchar por una tarifa especial de electricidad porque el costo del uso de las  bombas era muy elevado. Lo consiguieron. La APAAS de Fabi&aacute;n dedica buena parte  de su tiempo a apoyar a otros comit&eacute;s de agua para mantener y mejorar las  bombas, en lo que se han convertido en expertos.<\/p>\n<p> &quot;Ac&aacute;  hay un gran control social, no hay ning&uacute;n secreto, todo est&aacute; claro, cada  usuario conoce todo lo que sucede, todo est&aacute; registrado. Hemos tomado mucha  experiencia. Todo esto, el equipamiento, los sistemas de bombeo, todo lo  sacamos con las utilidades. Nos autosostenemos, incluso compramos tres terrenos  para uso del barrio. Hemos trabajado unidos, claro que hay peleas, tiene que  haber porque si trabajamos tiene que haber observaciones, pero toda esa cr&iacute;tica  hay que aceptarla&quot;, concluye Don Fabi&aacute;n.<\/p>\n<h3>El retorno del Estado<\/h3>\n<p>En 2004  surgi&oacute; ASICA-SUR (Asociaci&oacute;n de Sistemas Comunitarios de Agua del Sur) para  buscar una soluci&oacute;n unitaria al problema de agua de la zona sur. Contaron con  el apoyo de SEMAPA en un momento en que los directores de la zona sur  respond&iacute;an a la orientaci&oacute;n de la coordinadora de defensa del agua y la vida,  que jug&oacute; un papel relevante en la &quot;guerra del agua&quot;<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\" title=\"\">5<\/a>.  Comenzaron con 40 comit&eacute;s pero ahora ya son unos 120.<\/p>\n<p> La  organizaci&oacute;n cuenta con un directorio nombrado directamente por la asamblea de  los representantes de los sistemas comunitarios de agua. Pero para su  funcionamiento depende de un financiamiento de una ONG italiana ya que no  recibe aportes de sus afiliados. Los dirigentes no reciben remuneraciones<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\" title=\"\">6<\/a>.<\/p>\n<p> La  principal pregunta que se propuso responder ASICA-SUR es &quot;&iquest;Despu&eacute;s de la  guerra del agua, qu&eacute;?&quot; La respuesta que fueron encontrando es la  co-gesti&oacute;n como &quot;un modelo nuevo de gesti&oacute;n comunitaria p&uacute;blica&quot;<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\" title=\"\">7<\/a>.  Se trata de buscar un nuevo modelo de gesti&oacute;n que vaya m&aacute;s all&aacute; de la gran  empresa estatal, que resulta muy dif&iacute;cil de gestionar y controlar, y que se  apoye en la cultura comunitaria y su larga experiencia en el manejo de los  bienes comunes.<\/p>\n<p> A grandes  rasgos, la propuesta consiste en la co-gesti&oacute;n SEMAPA-ASICA-sistemas de agua, &quot;a  trav&eacute;s de una entidad p&uacute;blica, colectiva y comunitaria que se encargar&iacute;a de la  administraci&oacute;n conjunta de un bien colectivo comunitario como es el agua, donde  estar&iacute;an en constante coordinaci&oacute;n dos actores principales (SEMAPA y ASICA-SUR)  que est&aacute;n involucrados en la gesti&oacute;n del agua y que, adem&aacute;s, tienen  corresponsabilidades sobre el servicio&quot;<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\" title=\"\">8<\/a>.<\/p>\n<p> En tanto,  la organizaci&oacute;n desarroll&oacute; talleres de capacitaci&oacute;n sobre el manejo  administrativo de los comit&eacute;s de agua, la contabilidad, el manejo de las  bombas, su montaje y desmontaje as&iacute; como aspectos el&eacute;ctricos y mec&aacute;nicos. Se  contrataron t&eacute;cnicos para los talleres y se cont&oacute; con el apoyo de la APAAS,  dirigida por Don Fabi&aacute;n. Adem&aacute;s hubo relaciones estrechas con los sistemas de  agua de Santa Cruz y otras ciudades donde tambi&eacute;n existen comit&eacute;s y  cooperativas de agua.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n  realizaron talleres sobre el uso, cuidado y aprovechamiento del agua y  capacitaciones para conseguir que la empresa de energ&iacute;a el&eacute;ctrica les permita  modificar la estructura tarifaria y as&iacute; abaratar los costos para todos los  comit&eacute;s.<\/p>\n<p> El cambio  mayor sucedi&oacute; a ra&iacute;z de la llegada al gobierno de Evo Morales en enero de 2006.  Los viejos planes de SEMAPA de dotar de servicios de agua y alcantarillado a la  zona sur comenzaron a implementarse por diferentes v&iacute;as, poniendo a los  sistemas de agua y a la ASICA-SUR ante una nueva realidad. La co-gesti&oacute;n pas&oacute;  de los papeles a los hechos. Los desaf&iacute;os crecieron y se volvieron mucho m&aacute;s  complejos.<\/p>\n<p> En este  momento existen tres grandes proyectos de agua para la zona sur de Cochabamba.  Por un lado el Proyecto BID (Banco Interamericano de Desarrollo) que cuenta con  8 millones de d&oacute;lares para la actualizaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n del plan de expansi&oacute;n  de servicios de agua en parte de los distritos 6, 7, 8 y 14, en la zona sur,  gestionado por SEMAPA.<\/p>\n<p> En segundo  lugar est&aacute; el proyecto JICA (Agencia de Cooperaci&oacute;n Internacional de Jap&oacute;n),  destinado a algunos distritos de la zona sur siendo SEMAPA la encargada de la  ejecuci&oacute;n.<\/p>\n<p> Por  &uacute;ltimo, el proyecto PASAAS (Programa de Apoyo Sectorial en el Abastecimiento de  Agua y Saneamiento) es fruto de un convenio entre el gobierno de Bolivia y la  Uni&oacute;n Europea que est&aacute; realizando las obras de agua potable y alcantarillado  para 22 sistemas comunitarios de agua de la zona sur con una donaci&oacute;n de 4  millones de d&oacute;lares<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\" title=\"\">9<\/a>.  El proyecto se denomina &quot;Mejoramiento y Ampliaci&oacute;n de Sistemas de Agua  Potable y Construcci&oacute;n de Alcantarillado en los Distritos 7, 8, 9 y 14 de la  Zona Sur en los Sistemas Comunitarios de Agua pertenecientes a ASICA-SUR&quot;.<\/p>\n<p> La  peculiaridad del proyecto PASAAS es que la organizaci&oacute;n ASICA-SUR y los comit&eacute;s  de agua son los encargados de supervisar todo el proceso de dise&ntilde;o, licitaci&oacute;n,  adjudicaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de las obras. &quot;La participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n  beneficiaria se realiza a trav&eacute;s de un Comit&eacute; Consultivo (conformado por tres  representantes de base elegidos), representantes del sistema de agua, y en  forma directa a trav&eacute;s de asambleas comunitarias donde los diferentes  representantes informan para posteriormente tomar decisiones&quot;<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\" title=\"\">10<\/a>.<\/p>\n<p> En segundo  lugar, las obras no pretenden sustituir los sistemas de agua existentes sino &quot;mejorarlos  y ampliarlos&quot;, haciendo llegar el agua a las familias que a&uacute;n no tienen.  ASICA-SUR y los sistemas comunitarios de agua se han convertido en los actores  principales de gesti&oacute;n y ejecuci&oacute;n de proyectos, articulando instituciones,  sistemas comunitarios de agua y empresas constructoras. Para ello contrataron  seis supervisores encargados de vigilar los trabajos de siete empresas, tanto  en lo relativo a la ejecuci&oacute;n de las obras como a la calidad de los materiales  de construcci&oacute;n.<\/p>\n<p> El tercer  aspecto son los talleres de capacitaci&oacute;n para la gesti&oacute;n t&eacute;cnica,  administrativa, sanitaria y ambiental del servicio de agua. Todo el proceso se  ve marcado por varios hechos: las empresas constructoras deben contratar  preferentemente a hombres y mujeres que residan en los distritos donde se  realizan las obras; los sistemas de agua han acumulado una larga experiencia que  les permite fiscalizar a las empresas, que en el pasado realizaron fraudes y  actos de corrupci&oacute;n; se siguen creando nuevos comit&eacute;s de agua, ya son 150 en la  zona sur, con lo que la organizaci&oacute;n de base se sigue fortaleciendo.<\/p>\n<h3>La dif&iacute;cil creaci&oacute;n de un mundo nuevo<\/h3>\n<p>La zona  sur de Cochabamba es un hervidero de obras, reuniones, asambleas, del que nacen  zanjas, tanques y colectores. Por primera vez en mucho tiempo el Estado est&aacute;  empezando a realizar obras elementales como el alcantarillado y las redes de agua  potable domiciliaria. La ausencia del Estado forz&oacute; a los vecinos a organizarse  de forma comunitaria para resolver todos sus problemas, entre ellos el del  abastecimiento de agua. Ahora que el Estado se hizo presente, aparecen nuevos  debates.<\/p>\n<p> En 2003 el  peri&oacute;dico <i>Yaku al Sur<\/i> formulaba  interesantes preguntas. &quot;&iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de nuestros comit&eacute;s cuando SEMAPA  reciba la concesi&oacute;n sobre nuestros distritos? &iquest;Nuestra organizaci&oacute;n habr&aacute;  terminado? &iquest;Podremos influir en las decisiones de SEMAPA a partir de ese  momento? &iquest;Nos convertiremos en usuarios individuales y an&oacute;nimos de la empresa  municipal? &iquest;O podremos conservar nuestras organizaciones, nuestra capacidad de  decisi&oacute;n y de gesti&oacute;n que hemos demostrado durante a&ntilde;os?&quot;<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\" title=\"\">11<\/a>.<\/p>\n<p> Las  preguntas apuntan al nudo de los problemas: &iquest;qui&eacute;n tendr&aacute; el poder en la  gesti&oacute;n del agua? Ya han pasado casi diez a&ntilde;os de la &quot;guerra del agua&quot;  y los miembros de los sistemas comunitarios de agua han aprendido mucho en base  a su propia y prolongada experiencia. Podemos enumerar tres grandes aprendizajes:<\/p>\n<ol>\n<li>Fueron capaces de construir todo el sistema  de agua, desde la perforaci&oacute;n de pozos hasta la construcci&oacute;n de las conexiones  y las redes domiciliarias. Pero tambi&eacute;n aprendieron a mantener las bombas y los  ca&ntilde;os en buen estado o a repararlos y, sobre todo, a administrar toda la red.<\/li>\n<li>Comenzaron luchando contra la privatizaci&oacute;n  del agua pero pronto percibieron que no se trata de la tradicional alternativa  privado-estatal, ya que la larga experiencia con la empresa municipal, SEMAPA,  los llev&oacute; a formular la propuesta de una propiedad &quot;p&uacute;blica comunal&quot;  o &quot;comunitaria&quot;, que &quot;en cierto sentido es privada (porque no  depende del Estado sino de la ciudadan&iacute;a directamente), pero que al mismo  tiempo es p&uacute;blica (no pertenece a un individuo, sino a toda la comunidad)&quot;<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\" title=\"\">12<\/a>.<\/li>\n<li>Aprendieron que una gran empresa, aunque sea  de propiedad estatal, no puede ser controlada ya que se interpone una enorme  burocracia con intereses propios y ajenos a los vecinos de los barrios pobres.  La historia de SEMAPA es de corrupci&oacute;n e ineficiencia, incluso cuando los  sistemas de agua fueron capaces de nombrar a sus propios directores en el  organismo. Por eso no quieren entregarle el poder al Estado y aspiran a  mantener en pie los sistemas comunitarios de agua. O sea, su propio poder de base.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En este  punto aparecen grandes dificultades e incertidumbres. La ASICA-SUR se ha  pronunciado por la co-gesti&oacute;n, que pasa por la creaci&oacute;n de una &quot;entidad  p&uacute;blica, colectiva y comunitaria&quot; que nacer&iacute;a de una articulaci&oacute;n entre  SEMAPA, ASICA-SUR y los sistemas de agua. La f&oacute;rmula no ha sido a&uacute;n dise&ntilde;ada,  pero el seguimiento del proyecto PASAAS puede contribuir en esa direcci&oacute;n.<\/p>\n<table align=\"left\" bgcolor=\"#CDBB7B\" border=\"1\" cellpadding=\"1\" cellspacing=\"1\" width=\"40%\">\n<tr>\n<td>\n<h3>Villa Pagador o Distrito 14*<\/h3>\n<p><font size=\"-1\"><\/p>\n<p>Seg&uacute;n el  Censo de 2001 Villa Pagador ten&iacute;a 21.764 habitantes. Pero muchos se censaron en  sus comunidades de origen, por lo que la estimaci&oacute;n de unos 55-60 mil habitantes  no parece exagerada. La tasa de mortalidad infantil es 24% superior a la media  de la ciudad de Cochabamba y justo el doble de la del Distrito 12, uno de los  m&aacute;s ricos. El 50% de las mujeres tienen sus hijos en sus domicilios y s&oacute;lo el  43% en hospitales.<\/p>\n<p> El 44% de  los habitantes de toda la zona sur habla quechua y el 11% aymara. En Villa  Pagador el 45% son trabajadores por cuenta propia y s&oacute;lo 36% son trabajadores  asalariados. Casi el 60% de las mujeres trabajan en el comercio, son vendedoras  en los mercados populares, y el 48% de los varones trabajan en la construcci&oacute;n  o la industria. S&oacute;lo el 15% ten&iacute;a en 2001 agua por ca&ntilde;er&iacute;a, mientras el 77% la  compraba a los camiones cisterna.<\/p>\n<p><\/font><\/p>\n<p><font size=\"-2\">* &quot;Carpeta  de Datos de la Zona Sur de Cochabamba&quot;, CEDIB, 2004.<\/font><\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/table>\n<p> Por otro  lado, los comit&eacute;s de agua tienen claro que no deben desaparecer cuando todo el  sistema est&eacute; terminado, si es que alg&uacute;n d&iacute;a eso sucede. Eduardo Yssa,  vicepresidente de ASICA-SUR y miembro del comit&eacute; de agua PDA de Villa Sebasti&aacute;n  Pagador, sostiene que &quot;cuando todos tengamos agua por ca&ntilde;er&iacute;a y  saneamiento, los comit&eacute;s de agua no deben desaparecer, sino que deben continuar  para actuar como mecanismos de control&quot;. Adem&aacute;s cree que &quot;los tanques  de agua en cada barrio deben mantenerse en pie, porque no ser&iacute;a bueno que una  mega empresa como SEMAPA administre y gestione todo&quot;<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\" title=\"\">13<\/a>.<\/p>\n<p> Si las  comunidades dejaran de lado sus tanques de almacenamiento, sus redes y pozos de  agua, estar&iacute;an desarmando lo que fueron capaces de construir en dos d&eacute;cadas.  M&aacute;s a&uacute;n: estar&iacute;an pasando de un servicio descentralizado y disperso, y por lo  tanto controlable por las bases, a un sistema centralizado y concentrado,  administrado por una burocracia y por t&eacute;cnicos que son los que tendr&aacute;n el poder  real sobre un bien com&uacute;n indispensable para la vida.<\/p>\n<p> Por  &uacute;ltimo, cientos de miles de personas se han demostrado a s&iacute; mismas que son  capaces de hacer, de crear algo nuevo desde la nada, con sus propias fuerzas.  Quienes aspiren a un mundo nuevo (&quot;Otro mundo es posible&quot;, dice el  lema de los Foros Sociales), pr&aacute;cticas como las de los comit&eacute;s de agua ser&aacute;n  decisivas. Se trata, nada menos, que de la gesti&oacute;n exitosa de bienes comunes en  un medio urbano, algo en lo que los movimientos antisist&eacute;micos han tenido  escasas experiencias.<\/p>\n<p> Nos  ense&ntilde;an que es posible gestionar por fuera del Estado y de las grandes empresas  privadas y estatales; pusieron en marcha un modelo que consiste en infinidad de  iniciativas descentralizadas y horizontales, exitosas y sostenibles, eficientes  y sin burocracias. De alg&uacute;n modo, la experiencias de los comit&eacute;s y sistemas  comunitarios de agua de Cochabamba anticipa, de modo embrionario, los trazos  que podr&iacute;a tener ese &quot;otro mundo&quot;, tan necesario como posible.<\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<ol>\n<li>  <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\"> <\/a> Trabajadores de las minas que luego de su cierre o privatizaci&oacute;n,  en 1985, emigraron buscando nuevas fuentes de trabajo. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\"> <\/a> Abraham Grandydier y Rosalio Tinta, ob cit p. 241.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\" title=\"\"> <\/a> Nelson Antequera Dur&aacute;n, ob cit p.78.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\" title=\"\"> <\/a> Un d&oacute;lar son siete bolivianos (marzo de 2009).<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\" title=\"\"> <\/a> El movimiento social por el agua consigui&oacute; que una parte de los  directores de la empresa municipal fueran nombrados en elecciones. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\" title=\"\"> <\/a> Grandydier y Tinta, <i>ob cit<\/i>.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\" title=\"\"> <\/a> Idem p.246.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\" title=\"\"> <\/a> Idem.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\" title=\"\"> <\/a> Bolet&iacute;n <i>Yaku al Sur<\/i> No.  15, ASICA-SUR, 2008, p.4.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\" title=\"\"> <\/a> Bolet&iacute;n <i>Yaku al Sur<\/i> No.  16, ASICA-SUR, diciembre de 2008, p.2.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\" title=\"\"> <\/a> Bolet&iacute;n <i>Yaku al Sur<\/i> No.  2, agosto de 2003, p.1.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\" title=\"\"> <\/a> Idem p.5.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\" title=\"\"> <\/a> Entrevista a Eduardo Yssa.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la guerra del agua de abril de 2000, los pobres de la ciudad y del campo de Cochabamba consiguieron expulsar a la multinacional que pretend&iacute;a adue&ntilde;arse del m&aacute;s elemental bien com&uacute;n. Entre 2003 y 2005 los pobres de todo el pa&iacute;s acabaron con el modelo neoliberal. La gesti&oacute;n comunitaria del agua es ahora el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-1711","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1711","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1711"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1711\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1711"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1711"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1711"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=1711"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}