{"id":17729,"date":"2015-12-03T15:17:16","date_gmt":"2015-12-03T20:17:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cipamericas.org\/?p=17729"},"modified":"2017-08-04T14:01:57","modified_gmt":"2017-08-04T19:01:57","slug":"indigenas-de-ayutla-en-el-abandono-y-hostigados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/indigenas-de-ayutla-en-el-abandono-y-hostigados\/","title":{"rendered":"Ind\u00edgenas de Ayutla, en el abandono y hostigados"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151125_142738-e1449173567700.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-17731\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151125_142738-e1449173567700-300x180.jpg\" alt=\"20151125_142738\" width=\"300\" height=\"180\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151125_142738-e1449173567700-300x180.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151125_142738-e1449173567700-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Alicia sali\u00f3 de La Concordia para morir en el hospital de Ayutla. Ah\u00ed la llevaron sus pap\u00e1s porque llevaba tres semanas con fiebre y en su pueblo no encontraron medicinas ni m\u00e9dico. Aqu\u00ed los ni\u00f1os se mueren por tuberculosis, sarampi\u00f3n y diarrea.<\/p>\n<p>En la Concordia son comunes las enfermedades respiratorias y gastrointestinales. El centro de salud que tiene la comunidad se cierra los viernes a partir de las tres de la tarde. Un m\u00e9dico y un enfermero dejan la comunidad los fines de semanas.<\/p>\n<p>El domingo 22 de noviembre, Minerva llev\u00f3 a su hija Alicia al hospital de Ayutla. Sin hablar el espa\u00f1ol, ni siquiera un traductor tuvo; ingres\u00f3 a su hija para que la atendieran, pero les dijeron que era imposible salvarla. Horas despu\u00e9s muri\u00f3. Ese mismo d\u00eda comenz\u00f3 la preocupaci\u00f3n&#8211;ahora necesitaba mil doscientos pesos para regresar a La Concordia para el sepelio.<\/p>\n<p>En el pueblo \u00f1uu savi, La Concordia, le falta de todo: medicinas, agua potable, transporte, servicio de telefon\u00eda y alimentos. Los lugare\u00f1os tienen que bajar a Ayutla a comprar lo necesario; lo hacen a las 5:00 de la madrugada y regresan a las dos de la tarde. Son los horarios en que las dos camionetas bajan a la plaza.<\/p>\n<p>\u201cDesde hace dos meses que salimos de la contingencia de la Chikungunya, se nos agot\u00f3 el Paracetamol, pero a\u00fan no nos surten. Estamos sin medicinas\u201d, dijo el enfermero Luis Antonio, que atiende a por lo menos cinco comunidades m\u00e1s aparte de La Concordia.<\/p>\n<p>Agrega: \u201cF\u00edjate que lo que m\u00e1s faltan son las medicinas. La gente viene y no tenemos, adem\u00e1s de que no tenemos material de curaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p><b>La persecuci\u00f3n en muchas formas<\/b><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182934-e1449173605359.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-17732\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182934-e1449173605359-180x300.jpg\" alt=\"20151127_182934\" width=\"180\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182934-e1449173605359-180x300.jpg 180w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182934-e1449173605359-614x1024.jpg 614w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182934-e1449173605359.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 180px) 100vw, 180px\" \/><\/a>En la zona ind\u00edgena de Ayutla de los Libres la persecuci\u00f3n en contra de los l\u00edderes comunitarios se agudiz\u00f3 desde 1998. El 15 de abril de 1998 y el 11 de julio del 2001, catorce hombres Me\u00b4phaa (tlapanecos) de El Camalote, fueron cooptados por la brigada sanitaria, integrada por el m\u00e9dico general operativo, Ernesto Guzm\u00e1n Le\u00f3n, el promotor m\u00e9dico, Rafael Almaz\u00e1n Sol\u00eds y la enfermera, Mayra Ramos Benito, quienes prometieron ayudas gubernamentales (una cl\u00ednica, m\u00e9dico, medicamentos, despensas, ropa, cobijas, vivienda y becas) a cambio de que aceptaran esterilizarse.<\/p>\n<p>No es el \u00fanico caso. El Centro de Derechos Humanos de la Monta\u00f1a <i>Tlachinollan<\/i> document\u00f3 otros hechos en las comunidades de La F\u00e1tima, Ojo de Agua y Ocotl\u00e1n. Tambi\u00e9n del municipio de Ayutla de los Libres, otros 16 ind\u00edgenas na savi (mixtecos) fueron convencidos para practicarse la vasectom\u00eda, bajo el mismo m\u00e9todo de promesas y enga\u00f1os.<\/p>\n<p>En El Charco, el 7 de junio de 1998, soldados del 48 Batall\u00f3n de Infanter\u00eda asesinaron a 10 ind\u00edgenas na savi y un estudiante de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (UNAM). Ah\u00ed estaban varios l\u00edderes y comisarios de las comunidades. Los militares dijeron que los que estaban en la escuela de esa comunidad eran de un grupo armado.<\/p>\n<p>En febrero y marzo de 2002, soldados del 41 Batall\u00f3n de Infanter\u00eda ultrajaron a In\u00e9s Fern\u00e1ndez Barranca Bejuco y Valentina Rosendo Cant\u00fa de Barranca Tecuani, ambas ind\u00edgena me\u2019phaa. Sus casos llegaron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.<\/p>\n<p>El 13 de febrero de 2009, Ra\u00fal Lucas Luc\u00eda y Manuel Ponce Rosas fueron levantados por tres sujetos con armas largas, quienes llegaron gritando\u00a0\u201cpolic\u00eda\u201d. Sus cuerpos aparecieron ocho d\u00edas despu\u00e9s con huellas de tortura y tiro de gracia.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Hern\u00e1ndez Abundio fue detenido en un operativo de polic\u00edas de la Agencia Federal de Investigaci\u00f3n el 17 de abril de 2008 y recluido en \u00a0la c\u00e1rcel municipal de Ayutla.<\/p>\n<p>A Bernardino Garc\u00eda Francisco lo detuvieron soldados del 48 Batall\u00f3n de Infanter\u00eda, el 20 de agosto de 2013; despu\u00e9s de dos meses tambi\u00e9n fue aprehendido Arturo Campos Herrera en Chilpancingo. Ambos l\u00edderes fundaron la polic\u00eda comunitaria despu\u00e9s de cumplir con las formalidades de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitaria en la asamblea regional de La Concordia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de El Charco, m\u00e1s de 20 l\u00edderes comunitarios han sido asesinados, se ha encarcelado a tres m\u00e1s y 30 fueron esterilizados.<\/p>\n<p>En La Concordia, se hizo la asamblea regional para fundar la polic\u00eda comunitaria el 20 de diciembre de 2012. Heladio Pedro Morales, dice que desde esa fecha recobraron la seguridad en la regi\u00f3n. Que antes, los militares sub\u00edan cada semana a las comunidades, pero hab\u00eda asaltos y asesinatos a plena luz del d\u00eda.<\/p>\n<p>Desde que detuvieron a Bernardino y a Arturo, ya no suben, \u201cpero nosotros estamos bien porque hay seguridad que nosotros mismos hemos implementado\u201d, dice entre risas y manoteo mientras sostiene la pl\u00e1tica.<\/p>\n<p><b>El camino a Concordia<\/b><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_184104-e1449173641388.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-17735\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_184104-e1449173641388-300x180.jpg\" alt=\"20151127_184104\" width=\"300\" height=\"180\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_184104-e1449173641388-300x180.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_184104-e1449173641388-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Llegar a La Concordia, municipio de Ayutla de los Libres, hay que hacerlo por la \u00fanica carretera que tienen. De la cabecera a El Para\u00edso se hace una hora, y de ah\u00ed inicia la terracer\u00eda. Si uno corre con suerte, lo hace en camioneta o de lo contrario hacerlo a pie, dos horas de camino.<\/p>\n<p>En el sitio de Ayutla, llegan transportistas locales a ofrecer sus servicios. Cobran ochocientos pesos por viaje. Los campesinos en algunos casos se cooperan para pagar el viaje o a veces se quedan mirando nom\u00e1s, porque dependen de la venta de sus productos que bajan a vender o intercambiar por insumos de primera necesidad.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed vive una poblaci\u00f3n de 997 personas, 473 hombres y 524 mujeres. De todos los vecinos solo una tercera parte asisti\u00f3 a una escuela, 249 no tienen ninguna escolaridad, 219 tienen una escolaridad incompleta y 28 tienen una escolaridad b\u00e1sica. El centro de salud que tiene La Concordia atiende a cinco pueblos \u00a0m\u00e1s: El Coyul, El Coquillo, La Palma, San Felipe y El Mes\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando un habitante se enferma tiene que caminar de una a dos horas para llegar a la cl\u00ednica, y si no encuentra al m\u00e9dico tiene que ir a Ayutla. En muchos de los casos, se les entrega una receta para comprar medicinas. En cualquiera de los casos tienen que desembolsar de doscientos a mil pesos en pasaje, m\u00e1s la compra de medicamentos.<\/p>\n<p>\u201cAqu\u00ed no hay nada, te puedes morir de la noche a la ma\u00f1ana porque no hay medicinas ni doctor\u201d, dice Heladio Pedro Morales, mientras toma su refresco.<\/p>\n<p>Los pobladores sobreviven de la agricultura, siembra de ma\u00edz, frijol y ca\u00f1a, que son la fuente del ingreso familiar.<\/p>\n<p>Agrega Morales, \u201cAc\u00e1, somos m\u00e1s autogestivos, si no fuera por el ca\u00f1averal y el frijol, creo que ya nos hubi\u00e9ramos muertos de hambre. Tenemos dinero por el piloncillo que vendemos en Ayutla, aunque lo pagan a precio bastante irrisorio\u201d.<\/p>\n<p><b>\u201cAqu\u00ed no tenemos nada\u201d<\/b><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182958-e1449173674460.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-17733\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182958-e1449173674460-300x180.jpg\" alt=\"20151127_182958\" width=\"300\" height=\"180\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182958-e1449173674460-300x180.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_182958-e1449173674460-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Sentado en la \u00fanica mesa que ocupa la comisar\u00eda municipal de El Coquillo, el comisario Elpidio Castro habla con el reportero en su lengua materna; \u00e9l nunca fue a una escuela para aprender a leer y escribir.<\/p>\n<p>\u201cLa \u00fanica obra fue la construcci\u00f3n de la comisar\u00eda en 2004. De ah\u00ed no hemos tenido nada. Aqu\u00ed no hay apoyo del gobierno, municipal, estatal y federal, estamos abandonados, la carretera se rastrea cada a\u00f1o, de ah\u00ed no pasa\u201d, dice mientras ordena sus documentos.<\/p>\n<p>Para llegar a El Coquillo no hay otra forma si no es caminando. De La Concordia a este poblado se hace dos horas a pie, primero se hace entre el ca\u00f1averal abundante que adorna el camino, luego empieza a subir como serpiente en la falda de los cerros. A los lados de la brecha se observan cultivos de frijol y ma\u00edz; casi entrando a la comunidad huele a pino por los \u00e1rboles alrededor que lucen frondosos y sirven de sombra.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed trabajan dos profesores que atienden a grupos multigrados de 47 ni\u00f1os. Todos llegan a clases descalzos y con uniformes desgastados que usan durante todo el periodo escolar.<\/p>\n<p>Los de El Coquillo tienen que bajar a La Concordia cuando se enferman, y de ah\u00ed a Ayutla, depende de la suerte del d\u00eda. Cuando venden sus cosechas tienen que salir del poblado a las 2 de madrugada para alcanzar transporte a la cabecera municipal.<\/p>\n<p>\u201cAqu\u00ed somos pac\u00edficos, no es necesario la polic\u00eda comunitaria, adem\u00e1s no alcanzamos para cubrir con los cargos. De por s\u00ed somos pocos, de los cuales nos dividimos en mayordom\u00eda, comit\u00e9s de escuelas y cargos en la iglesia\u201d, rese\u00f1a el comisario.<\/p>\n<p>Ac\u00e1, las mujeres solo tienen participaci\u00f3n en el comit\u00e9 de salud del programa asistencialista Prospera. En la toma de decisi\u00f3n comunitaria las mujeres son excluidas, mientras que la edad para casarse es a partir de los 15 a\u00f1os, cuando se van con el novio o este la pide.<\/p>\n<p>La mam\u00e1 m\u00e1s joven de El Coquillo es de 16 a\u00f1os, tuvo una ni\u00f1a. Ella y su esposo son padres adolescentes que se juntaron j\u00f3venes.<\/p>\n<p>\u201cNo tenemos nada, aqu\u00ed no hay comedor que se instalaron por la Cruzada contra el Hambre, esos solo en la Concordia. Como ves, no hay transporte, menos vamos a tener telefon\u00eda, agua potable, centro de salud. Apenas si tenemos dos tienditas que nos venden lo necesario\u201d, dice el secretario de la comisar\u00eda, Ignacio Ju\u00e1rez de los Santos, que a la vez sirve de int\u00e9rprete del comisario.<\/p>\n<p><b>Tuberculosis, la enfermedad de la pobreza extrema<\/b><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_184116-e1449173715183.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-17737\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_184116-e1449173715183-300x180.jpg\" alt=\"20151127_184116\" width=\"300\" height=\"180\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_184116-e1449173715183-300x180.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_184116-e1449173715183-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Mar\u00eda Luisa camina y junta quelites entre el ca\u00f1averal que guisar\u00e1 para la comida. Mientras da sus vueltas se detiene para platicar con el reportero en la lengua materna que comparten. Cerca de ah\u00ed se oye el cantar de los gallos y el ladrido de los perros que dan vida a El Coyul, pueblo de apenas 200 habitantes. Entre las casuchas se observa la comisar\u00eda, una escuela y la iglesia.<\/p>\n<p>En esta comunidad dos mujeres se enfermaron desde hace a\u00f1os de tuberculosis, pero no han tenido tratamiento adecuado. A Mar\u00eda Laureana de la Cruz le dijeron en el hospital de Ayutla que no tienen medicamentos. Eso s\u00ed, le entregaron una receta para comprar en la farmacia, cuando pueda bajar a vender sus frijoles y panela.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Luisa dice que ella cuida sus chivos todos los d\u00edas porque son los \u00fanicos que tienen de valor, de ah\u00ed unas gallinas y unos puercos que tiene en su casa. Voltea a ver las ca\u00f1as y sonr\u00ede, \u201cpronto tendremos trabajo porque ya viene la molienda de la ca\u00f1a. En una semana m\u00e1s, estaremos haciendo panela para vender\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de platicar con la se\u00f1ora, llego a la casa de Patricio Gaudencio Porfirio y nos sentamos a platicar. Cuando oye de medicinas o m\u00e9dico, una sonrisa se le dibuja y aprovecha para encomendar al reportero que diga que en su pueblo la gente se enferma porque no hay m\u00e9dicos ni medicinas.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfC\u00f3mo le hacen para viajar a Ayutla en temporada de lluvia?\u201d, le pregunto en tu\u2019un savi (Mixeco).<\/p>\n<p>\u201cCuando llueve pues nos quedamos en la casa. Ac\u00e1 es m\u00e1s f\u00e1cil morir de la enfermedad porque no hay transporte. Adem\u00e1s, los transportistas no hacen el viaje porque el camino se pone muy feo\u201d, \u00a0contesta entre preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A la pl\u00e1tica se une Mar\u00eda Laureana, que entre tos y tos intenta decir que ella no es la \u00fanica que tiene esa rara enfermedad, sino que hay otra persona. \u201cC\u00e1ndida Marcelina Sabino tiene la misma tos. Ya fuimos al m\u00e9dico pero nom\u00e1s dicen que estamos bien, aunque la maestra de mi hijo dice que tengo tuberculosis. Hay veces que tengo calentura y dolor de cabeza, pero con medicina casera se me quita\u201d.<\/p>\n<p>A\u00fan no termina de explicar c\u00f3mo prepara su brebaje cuando Patricio retoma la pl\u00e1tica. Ahora se queja de cuando el presidente municipal, Severo Castro God\u00ednez, mand\u00f3 a asfaltar la carretera Ayutla-La Concordia. \u201cEmpezaron a rastrear el camino en tiempo de lluvia, lo que hac\u00edan en el d\u00eda se desmoronaba en la noche con la lluvia, as\u00ed estuvieron y nunca terminaron de pavimentar el camino\u201d.<\/p>\n<p>Agrega, \u201cAqu\u00ed siempre nos han enga\u00f1ado, cuando el ex gobernador \u00c1ngel Aguirre Rivero andaba en campa\u00f1a electoral, nos prometi\u00f3 que una vez que ganara la gubernatura vendr\u00eda de nuevo para hacer la carretera de La Concordia a San Luis Acatl\u00e1n, pero nunca vino y tampoco se hizo el anunciado camino\u201d.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Minerva Emiliano Porfirio observa la foto de su hija Alicia, de seis a\u00f1os, fallecida a causa de tuberculosis que la atac\u00f3. \u201cMi hija, la mat\u00f3 la pobreza. No tuvimos dinero para comprarle sus tratamiento y en el centro de salud nos dijeron que no hab\u00eda medicinas. El domingo que se puso grave la llevamos a Ayutla pero no sirvi\u00f3 de nada&#8211;nom\u00e1s la llevamos a morir\u201d, dice con voz entrecortada.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">_____________________________________<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b><i>\u201cMi hija, la mat\u00f3 la pobreza\u201d, Minerva Emiliano Porfirio, madre de Alicia, 6 a\u00f1os<br \/>\n<\/i><\/b>_____________________________________<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_183032-e1449173788547.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-17734\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_183032-e1449173788547-300x180.jpg\" alt=\"20151127_183032\" width=\"300\" height=\"180\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_183032-e1449173788547-300x180.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/20151127_183032-e1449173788547-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>En la casa de Minerva lo \u00fanico que se respira es el abandono. El resto de los hermanos menores de Alicia traen panza abultada, \u00a0todos andan descalzo, ni siquiera tienen petate para dormir. Aqu\u00ed la miseria cala hasta los huesos, y m\u00e1s si uno presta atenci\u00f3n a la pl\u00e1tica de su esposo, Cristino Garc\u00eda Ceferino.<\/p>\n<p>\u201cVendimos el frijol y ma\u00edz a tiempo, a la hora de cosechar vamos a entregar todo lo que levantemos porque debemos mucho dinero. Adem\u00e1s vend\u00ed mis caballos y puercos, estamos en la peor miseria\u201d, narra.<\/p>\n<p>Antes de que se olvide de su hija, Minerva retoma la pl\u00e1tica. Dice que ella se enferm\u00f3 y que la llevaron a Acapulco, donde estuvo internada por diez d\u00edas. Corre a su cuarto, tarda unos minutos y regresa con una hoja en la mano. Es la referencia m\u00e9dica de cuando sali\u00f3 del hospital.<\/p>\n<p>En el documento se lee que Minerva ingres\u00f3 al hospital por aborto s\u00e9ptico, adem\u00e1s le diagnosticaron probable diabetes mellitus. \u201cGastamos mucho dinero all\u00e1, cerca de 18 mil pesos. De ah\u00ed mi esposo vendi\u00f3 todo lo que ten\u00edamos\u201d.<\/p>\n<p>Agrega, \u201cPor eso cuando se puso muy mal mi hija, ya no supimos qu\u00e9 hacer. Vend\u00ed mis pollos para juntar mil pesos para pagar la camioneta que nos llev\u00f3, pero mi hija ya no resisti\u00f3. Muri\u00f3 en la noche en que la internamos. Despu\u00e9s buscamos qui\u00e9n nos apoyara con mil doscientos para traerla de regreso\u201d.<\/p>\n<p>Cristino y Minerva vendieron todo, hasta la casa y el solar. Ahora viven arrimados con el hermano de Cristino, una casita que no tiene drenaje ni piso. A la precaria vivienda le falta de todo. Ahora tienen que trabajar para pagar los casi 30 mil pesos que pidieron prestado, para la curaci\u00f3n de Minerva y los gastos f\u00fanebre de Alicia.<\/p>\n<h4>Este reportaje forma parte de la serie\u00a0<a href=\"https:\/\/www.americas.org\/es\/?s=kau+sirenio\"><strong>&#8220;De la pobreza a los surcos&#8221;<\/strong><\/a>\u00a0sobre el trabajo jornalero en el norte de M\u00e9xico y la pobreza extrema de las comunidades del sur de donde salen los y las jornaleros. Para ver los otros reportajes de la serie escritos por Kau Sirenio dar click\u00a0<a href=\"https:\/\/www.americas.org\/es\/?s=kau+sirenio\">AQU\u00cd<\/a>.<\/h4>\n<p><i>Kau Sirenio Pioquinto, (Cuanacaxtitl\u00e1n, Guerrero), periodista \u00f1uu savi (ind\u00edgena). Fue reportero del peri\u00f3dico El Sur de Acapulco y La Jornada Guerrero, locutor de programa biling\u00fce Tatyi Savi (voz de la lluvia) en Radio y Televisi\u00f3n de Guerrero y radio Universidad Aut\u00f3noma de Guerrero XEUAG en lengua tu\u2019un savi. Actualmente es \u00a0reportero del semanario Trinchera.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Concordia son comunes las enfermedades respiratorias y gastrointestinales. El centro de salud que tiene la comunidad se cierra los viernes a partir de las tres de la tarde. Un m\u00e9dico y un enfermero dejan la comunidad los fines de semanas.<\/p>\n","protected":false},"author":396,"featured_media":17731,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-17729","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17729","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/396"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17729"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17729\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19996,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17729\/revisions\/19996"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17731"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17729"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17729"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17729"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=17729"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}