{"id":1802,"date":"2009-07-15T20:24:06","date_gmt":"2009-07-15T20:24:06","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1802"},"modified":"2009-08-11T13:47:23","modified_gmt":"2009-08-11T13:47:23","slug":"6271","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/6271\/","title":{"rendered":"Los condenados de la ciudad"},"content":{"rendered":"<p><b>Las  ciudades argentinas, sobre todo la ciudad de Buenos Aires, hoy sufren una  crisis profunda. Los barrios despose&iacute;dos se expanden, afloran nuevos  asentamientos informales, y cada vez m&aacute;s gente vive en hoteles, pensiones,  inquilinatos, o simplemente en la calle. La emergencia habitacional es  indiscutible.<\/b><\/p>\n<table align=\"center\">\n<tr>\n<td><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/images\/irc\/1616.jpg\" width=\"500\" height=\"325\" vspace=\"5\" hspace=\"5\">\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td><font size=\"-2\">Las ciudades argentinas, sobre todo la ciudad de Buenos Aires, hoy sufren una crisis profunda.<br \/>Foto: holafamilia.wordpress.com.<\/font>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/table>\n<p>\n  En paralelo, crece  casi en la misma dimensi&oacute;n una &quot;pol&iacute;tica de expulsi&oacute;n de pobres&quot;  mediante desalojos, aumentos de precios para alquiler o compra, una mayor autonom&iacute;a  del mercado inmobiliario y una falta de recursos p&uacute;blicos para la construcci&oacute;n  de viviendas sociales.<\/p>\n<p> Los barrios pobres  hoy est&aacute;n a merced de unas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de selecci&oacute;n y abandono urbano  que coinciden con la ca&iacute;da social de las familias trabajadoras, la mayor  competencia por el acceso a los bienes colectivos y el desempleo cr&oacute;nico. El  Estado se hace presente ah&iacute; casi solamente por su aparato policial.<\/p>\n<p> El tema no es nuevo  ni le compete solamente a Argentina. Hace un tiempo que en los marcos de la  ciudadan&iacute;a se empez&oacute; a hablar de un nuevo derecho, el derecho a la ciudad.  Marginalidad urbana, polarizaci&oacute;n de las metr&oacute;polis, relegaci&oacute;n social y  territorial son algunas de las f&oacute;rmulas que acompa&ntilde;an este problema abierto con  el neoliberalismo y el desmoronamiento del Estado de Bienestar.<\/p>\n<p> Las sociedades de  Norteam&eacute;rica, Europa Occidental y Am&eacute;rica Latina cuentan con t&eacute;rminos  espec&iacute;ficos para designar los lugares estigmatizados y situados en lo m&aacute;s bajo  del sistema jer&aacute;rquico de las ciudades. <i>Guetho,  banlieue, favela o villa <\/i>son algunas de las formas de nombrar esas &quot;zonas  de no derecho&quot;, el lugar donde viven, seg&uacute;n Lo&iuml;c Wacqant, &quot;los parias  urbanos del cambio de siglo&quot;.<\/p>\n<p> En Argentina, esta  relegaci&oacute;n territorial hoy es evidente e indiscreta. Coincide y se alimenta  adem&aacute;s de una estigmatizaci&oacute;n y una criminalizaci&oacute;n creciente de los sectores  populares. Sobre todo, a partir de que el discurso sobre la inseguridad reina  en los medios de comunicaci&oacute;n y se vuelve tema de agenda en las campa&ntilde;as  electorales, y espec&iacute;ficamente en legislativas de junio. Para este discurso del  miedo, los pobres de las ciudades son despreciables, peligrosos y violentos.<\/p>\n<p> En este marco y en  nombre del espacio p&uacute;blico, se privatizan sin pudores los centros urbanos. A medida  que aparecen propuestas de aplicaci&oacute;n de pena de muerte, tambi&eacute;n se habla de  construcci&oacute;n de muros y de erradicaci&oacute;n de villas. Y as&iacute; el sue&ntilde;o de una ciudad  sin pobres se va llevando a cabo poco a poco y de las formas m&aacute;s violentas.<\/p>\n<h3>Buenos Aires no duerme<\/h3>\n<p>Mar&iacute;a y su marido  tienen su rancho en la bajada de una autopista, en el tur&iacute;stico barrio de San  Telmo. Viven ah&iacute; desde que se fueron de su casa en Lan&uacute;s, provincia de Buenos  Aires, y despu&eacute;s de pasar cuatro a&ntilde;os en un vag&oacute;n abandonado, tres en una casa  tomada y dos repartidos entre inquilinatos y cientos de paradores de la ciudad  porte&ntilde;a.<\/p>\n<p> Ahora, tomando un  mate lavado hace horas, cuentan c&oacute;mo fue su &uacute;ltimo desalojo. De madrugada, una  patada los levant&oacute; del colch&oacute;n donde dorm&iacute;an; &quot;Dale, arriba, vamos&quot;,  fueron los primeros gritos. Los cinco hombres de buzo negro con capucha ya  empujaban sus cosas con pies y palos. Levantaban colchones, frazadas, ropa y los  tres lienzos con botellas de pl&aacute;stico y cartones. Atr&aacute;s los esperaba un cami&oacute;n  de basura camuflado, y quince m&aacute;s por si la cosa se pon&iacute;a pesada.<\/p>\n<p> El ataque, dice  Mar&iacute;a, fue de la patota del gobierno. Se refiere a la Unidad de Control del  Espacio P&uacute;blico (UCEP) creada por el decreto 1232 con la misi&oacute;n de quitar  objetos de la calle, &quot;disuadirlos&quot; y &quot;persuadirlos&quot;. Su  objetivo real es atacar a las personas que viven en plazas, parques o edificios  p&uacute;blicos, desplazando as&iacute; al Buenos Aires Presente (BAP) que se encargaba de  ofrecer alojamientos provisorios y que hoy est&aacute; a cargo del militar retirado,  Pablo Gabriel D&iacute;az.<\/p>\n<p> El grupo de tareas  est&aacute; compuesto por 29 empleados de planta transitoria que dependen del  Ministerio de Ambiente y Espacio P&uacute;blico a cargo de Juan Pablo Piccardo. Cuenta  con un presupuesto de un mill&oacute;n de pesos, salarios que rondan los 1200 pesos y  un costo por operativo de 1500 pesos.<\/p>\n<p> Funciona oficialmente  desde octubre de 2008, con la Jefatura de Gobierno a cargo del ex Presidente de  Boca Juniors, el empresario Mauricio Macri. Pero seg&uacute;n Facundo Di Filippo,  Presidente de la comisi&oacute;n de vivienda de la Legislatura de Buenos Aires, la  UCEP existe desde la gesti&oacute;n de Anibal Ibarra, qui&eacute;n fue candidato a diputado  nacional.<\/p>\n<p> &quot;La primer  denuncia que recibimos sobre una patota que expulsa indigentes de las calles a  los golpes es de diciembre de 2006 en el tren del Oeste. Funcionarios p&uacute;blicos  de la actual gesti&oacute;n confirmaron que ellos no hicieron m&aacute;s que volver legal un  grupo de tareas que ya exist&iacute;a&quot;, asegura Di Fillipo.<\/p>\n<p> Si Mar&iacute;a y su marido  tuviesen unos a&ntilde;os m&aacute;s, esta historia les sonar&iacute;a conocida. Durante la &uacute;ltima  dictadura militar, el tucumano Domingo Bussi quiso una ciudad sin pobres y para  eso cre&oacute; un grupo de tareas que cazaba indigentes, les quemaba los ranchos y  los arrojaba al desierto catamarque&ntilde;o.<\/p>\n<p> Los operativos de la  UCEP, de madrugada, sin orden judicial ni aviso y dentro de un marco de s&iacute;mil  legalidad, no son tan distintos. Por eso, el organismo tiene denuncias en su  contra hechas por la Defensor&iacute;a del Pueblo de la Ciudad, organizaciones  sociales, de derechos humanos, y legisladores de la oposici&oacute;n.<\/p>\n<p> &quot;Macri tiene el  plan de volver a Buenos Aires un gran <i>country<\/i>.  Esta es su vanguardia para sacar a los indigentes de la ciudad y volverla  excluyente en nombre del espacio p&uacute;blico. Pero este grupo es ilegal, ellos  deciden qui&eacute;nes son usurpadores y qui&eacute;nes no cuando eso lo tiene que hacer un  juez&quot;, comentaba al respecto Liliana Parada, legisladora por Igualdad  Social.<\/p>\n<p> Sin embargo, los  desalojos no se limitan a la gente en situaci&oacute;n de calle. Aunque no hay datos  oficiales, porque es una forma de no reconocer el problema de la crisis  habitacional, la Coordinadora de Inquilinos de Buenos Aires (CIBA) calcula que  entre el 2007 y la actualidad, 10 mil familias fueron desalojadas de sus  viviendas. As&iacute; tambi&eacute;n la Asesor&iacute;a General Tutelar de Buenos Aires comunic&oacute; que  hay mil personas m&aacute;s en situaci&oacute;n de calle en el &uacute;ltimo a&ntilde;o por desalojos.<\/p>\n<p> La primera oleada de  expulsiones comenz&oacute; en 2007, casi triplicando a la de los a&ntilde;os previos, y  fueron sobre todo de propiedades privadas. La especulaci&oacute;n financiera del lobby  inmobiliario, contenido por el Estado y un mercado de vivienda desregulado, fue  el factor de presi&oacute;n determinante para que se avance sobre el desalojo  estructural que ya exist&iacute;a.<\/p>\n<p> Seg&uacute;n el Informe de  Derechos Humanos del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) de 2008, este  proceso cont&oacute; adem&aacute;s con un aval fundamental del poder judicial. A partir de  que los conflictos sociales por vivienda ingresaban al campo judicial sufr&iacute;an  una metamorfosis: eran despojados de sus connotaciones pol&iacute;ticas, sin  visualizar que afectaban derechos sociales, y se procesaban, y se siguen  procesando, como cuestiones propias del derecho civil o penal.<\/p>\n<p> Tal como se&ntilde;ala Pilar  Arcidi&aacute;cono, Directora del Programa Derechos Econ&oacute;micos, Sociales y Culturales  del CELS: &quot;El poder judicial es un gran facilitador porque toma a los  desalojos sin tener en cuenta la vulneraci&oacute;n de derechos sociales previos. Con  eso queda en evidencia lo dif&iacute;cil que es para los sectores m&aacute;s carenciados de  la ciudad acceder a la justicia. A pesar de que se avanz&oacute; en el reconocimiento  normativo de los derechos sociales, los grupos con menos recursos vieron  reducido el goce efectivo de los mismos&quot;.<\/p>\n<p> El aumento de  desalojos fue acompa&ntilde;ado adem&aacute;s de un endurecimiento de los requisitos para  recibir subsidios, que son casi la &uacute;nica medida que funciona como pol&iacute;tica  p&uacute;blica vinculada a la vivienda.<\/p>\n<p> Por ejemplo para  recibir una ayuda por emergencia habitacional de 10 cuotas que suman hasta 7  mil pesos, una de las condiciones es presentar la fotocopia del DNI del due&ntilde;o  del inmueble que se alquila. Una misi&oacute;n casi imposible cuando las  organizaciones sociales calculan que nueve de cada diez hoteles, inquilinatos o  pensiones no cuentan con las habilitaciones ni los permisos correspondientes.<\/p>\n<p> El endurecimiento del  decreto 960 signific&oacute; no s&oacute;lo una regresividad en t&eacute;rminos de pol&iacute;ticas  p&uacute;blicas sino que adem&aacute;s perjudic&oacute; fuertemente a las zonas de migrantes, sobre  todo de peruanos, paraguayos y bolivianos, que en muchos casos, como en la zona  tur&iacute;stica del Abasto, coincide con el mapa de viviendas ocupadas.<\/p>\n<p> La situaci&oacute;n se  termin&oacute; de agravar con la decisi&oacute;n de la Jefatura del Gobierno de vetar en  enero de 2009 la Ley de Emergencia Habitacional. Este proyecto, aprobado por  todo el arco opositor, ten&iacute;a como objetivo priorizar las garant&iacute;as del derecho  a la vivienda, bloqueando al Estado la posibilidad de desalojar propiedades  fiscales. Pero el macrismo ten&iacute;a en vistas avanzar sobre las casas ocupadas de  la traza de la Ex-Au3<a href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\" title=\"\">1<\/a>,  terrenos sobre los que el lobby inmobiliario est&aacute; ejerciendo una fuerte  presi&oacute;n, y no iba a permitir que esta ley trabara futuros negocios. Como  resultado, en 2009 no s&oacute;lo siguieron los desalojos privados sino que adem&aacute;s se  empezaron a implementar los desalojos administrativos.<\/p>\n<p> Esta expulsi&oacute;n se  complementa con la falta de una pol&iacute;tica p&uacute;blica para reducir el d&eacute;ficit  habitacional. El vaciamiento presupuestario del Instituto de Vivienda de la  Ciudad (IVC) es uno de los ejemplos: pas&oacute; de 480 millones a menos de 120&mdash;s&oacute;lo  en pago de sueldos y funcionamiento administrativo se va un mill&oacute;n&mdash;y en lo que  va del primer trimestre de 2009 s&oacute;lo se ejecut&oacute; el 3,24% del total.<\/p>\n<p> El mismo destino  corre para la Ley 341 destinada a las cooperativas de vivienda, y por eso el  90% de las organizaciones que ya compraron su terreno tienen parada la  construcci&oacute;n por falta de giros. El dato no es menor considerando que en la de  gesti&oacute;n Macri no se construyeron viviendas sociales y s&oacute;lo se terminaron 800  inmuebles de la gesti&oacute;n anterior. Se calcula adem&aacute;s que desde la reactivaci&oacute;n  econ&oacute;mica en 2003, el 80% de las construcciones en la ciudad fueron edificios  lujosos para clase media alta y alta.<\/p>\n<p> &quot;Esta es una  guerra del mercado inmobiliario y del Estado contra pobres&quot;, aseguraba al  respecto Jorge Abasto de CIBA. &quot;La burbuja de especulaci&oacute;n financiera hizo  que los precios de la vivienda se tripliquen frente al &iacute;ndice de inflaci&oacute;n  media. A la gente no le queda m&aacute;s opci&oacute;n que dejar la ciudad e irse al  conurbano&quot;.<\/p>\n<p> Desde que en 2006  algunos cambios legislativos endurecieron las penas por usurpaci&oacute;n, la toma de  inmuebles desocupados&mdash;que seg&uacute;n el censo de 2001 y a pesar del discurso de la  no disponibilidad de tierras, llega a 110 mil viviendas&mdash;no es una opci&oacute;n a  tener en cuenta.<\/p>\n<p> Tampoco es una salida  estable el alquiler de piezas en inquilinatos o pensiones, sobre todo  considerando el aumento de precios: se calcula que en Constituci&oacute;n o Barracas  el costo por una habitaci&oacute;n pas&oacute; de 300 pesos en 2003 a 1000 pesos en 2009.  Adem&aacute;s, por el boom tur&iacute;stico de algunas zonas, sobre todo en la zona sur,  muchos hoteleros invierten esos inmuebles en hostales y echan a la gente sin  previo aviso. Si &eacute;stos se resisten defendiendo sus derechos de locaci&oacute;n, los  mismos con los que cuenta alguien que alquila un departamento, llegan los  apuros, los aprietes y los matones de la mafia hotelera.<\/p>\n<p> Las villas, cada vez  m&aacute;s densificadas y hacinadas, tampoco parecen una opci&oacute;n segura. Seg&uacute;n la  Asociaci&oacute;n Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y el Centro de Derechos a  la Vivienda y contra Desalojos (COHRE) la poblaci&oacute;n en villas de emergencia  llegar&iacute;a casi a las 200 mil personas, con un promedio de edad de 24,4 a&ntilde;os. Sin  embargo, los planes de urbanizaci&oacute;n para descomprimir estos tejidos quedan s&oacute;lo  en declaraciones y el cercamiento avanza.<\/p>\n<p> Mientras tanto, el  lobby inmobiliario cuenta con un resguardo seguro: el silencio de los medios de  comunicaci&oacute;n y el miedo de la gente. A los pibes chorros, al paco, a que te  maten por dos pesos o por una bici. El espacio p&uacute;blico entonces se abandona, la  gente se desapodera y las calles quedan vac&iacute;as. Los argentinos prefieren mirar  a otro lado y decir bajito lo que antes era tan pol&iacute;ticamente incorrecto: &quot;Lleven  a los pobres a donde sea, pero s&aacute;quenlos de ac&aacute;&quot;.<\/p>\n<h3>Hacer visible lo invisible<\/h3>\n<p>&quot;Despacito, en  silencio, se van haciendo los desalojos&quot;, hab&iacute;a anunciado con extremo  sarcasmo el jefe de Gabinete porte&ntilde;o Horacio Rodr&iacute;guez Larreta ante el impulso  de sacar la Ley de Emergencia Habitacional.<\/p>\n<p> Hoy son varias las  organizaciones sociales que tienen como objetivo mostrar lo que nadie quiere  ver, la violencia desde arriba. Despu&eacute;s de la destrucci&oacute;n en el mes de mayo de  la Huerta Org&aacute;zmika, un centro cultural en el barrio porte&ntilde;o de Caballito, se  cre&oacute; la Asamblea contra los desalojos, un frente que integran movimientos  sociales de la ciudad y que llevan varias manifestaciones y denuncias. Tambi&eacute;n,  la Coordinadora de Lucha en la Ciudad est&aacute; realizando un trabajo de discusi&oacute;n y  movilizaci&oacute;n contra los operativos de la UCEP.<\/p>\n<p> Gracias a este  impulso ya se frenaron varios desalojos administrativos. Uno de ellos es la  casa de Alejandra en el barrio de Almagro. Ella, su mam&aacute;, su hermana y sus  siete hijos viven en esta propiedad municipal hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y llevan  por lo menos tres tratando de comprarla con el cr&eacute;dito individual de 120 mil  pesos que recibi&oacute; del IVC. Una movilizaci&oacute;n al Edificio de Administraci&oacute;n de  Bienes pudo contener la expulsi&oacute;n y la subasta que ya estaba preparada.<\/p>\n<p> Este movimiento  autoconvocado se suma adem&aacute;s al trabajo que organizaciones de base vienen  llevando a cabo con el problema de la vivienda y por el que son cada vez m&aacute;s  criminalizados. &quot;A nosotros nos dicen ocupas profesionales,  extorsionadores, el movimiento tiene compa&ntilde;eros presos y varios con causas  penales&quot;, comenta Rub&eacute;n Sabouland de la Asamblea de San Telmo. &quot;Nosotros  resistimos a lo que el gobierno est&aacute; haciendo por el boom tur&iacute;stico, echar a  los pobres, las putas, los indigentes y los inmigrantes. Pero con los narcos,  los fisura y la mafia hotelera ni se meten&quot;.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n la  resistencia proviene de las cooperativas de vivienda que pelean para recibir el  financiamiento de la Ley 341&shy;. A nueve a&ntilde;os de su promulgaci&oacute;n, s&oacute;lo hay cuatro  &oacute; cinco complejos terminados y de las 400 cooperativas inscriptas, 110  compraron terreno, pero no pudieron empezar la obra. S&oacute;lo organizaciones con  capacidad de negociaci&oacute;n consiguen el dinero; como el Movimiento de Ocupantes e  Inquilinos (MOI) que despu&eacute;s de ocho a&ntilde;os est&aacute; en proceso de construcci&oacute;n de  dos inmuebles, La F&aacute;brica y Yatay, para que habiten 50 familias en cada una.<\/p>\n<p> Las organizaciones  denuncian as&iacute; la falta de una pol&iacute;tica de vivienda diferencial, que empez&oacute; con  la &uacute;ltima dictadura y parece no est&aacute; destinada a cambiar en los a&ntilde;os pr&oacute;ximos.  Al mismo tiempo que ponen en evidencia que este no es s&oacute;lo un problema de la  ciudad: &quot;Los Kirchner nos quieren hacer creer que Buenos Aires es una  burbuja municipal, pero esta es una pol&iacute;tica de expulsi&oacute;n a nivel nacional&quot;,  comentaba al respecto N&eacute;stor Jeifetz del MOI. Carla Rodr&iacute;guez, tambi&eacute;n del MOI,  agregaba &quot;El ejemplo de la privatizaci&oacute;n de Puerto Madero, que compromete  toda la costa del R&iacute;o de la Plata, no es tan distinto a lo que pasa con la  extranjerizaci&oacute;n del suelo en la Patagonia y el Calafate&quot;.<\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<ol>\n<li>    <a href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\" title=\"\"> <\/a> La  Autopista 3 -una v&iacute;a r&aacute;pida que deb&iacute;a atravesar la Capital desde la General Paz  hasta Pompeya- quiso ser un s&iacute;mbolo de progreso, pero termin&oacute; en la lista de obras fara&oacute;nicas que nunca se  hicieron. El proyecto fue impulsado por el ex intendente de la dictadura  Osvaldo Cacciatore y para ello expropi&oacute; m&aacute;s de 800 propiedades y destruy&oacute; el tejido urbano de cada uno  de los lugares por los que deber&iacute;a haber pasado. Muchas de las  propiedades de esa traza, tomadas algunas hace  treinta a&ntilde;os, est&aacute;n en zonas bien valuadas de la capital federal.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las ciudades argentinas, sobre todo la ciudad de Buenos Aires, hoy sufren una crisis profunda. Los barrios despose&iacute;dos se expanden, afloran nuevos asentamientos informales, y cada vez m&aacute;s gente vive en hoteles, pensiones, inquilinatos, o simplemente en la calle. La emergencia habitacional es indiscutible. 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