{"id":18117,"date":"2015-12-22T09:54:35","date_gmt":"2015-12-22T14:54:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cipamericas.org\/?p=18117"},"modified":"2016-01-16T11:54:34","modified_gmt":"2016-01-16T16:54:34","slug":"nuevo-mapa-politico-sudamericano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/nuevo-mapa-politico-sudamericano\/","title":{"rendered":"Nuevo mapa pol\u00edtico sudamericano"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-18118\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/3c444b9e-28d0-453d-bc4a-84d8acf1fe58-300x213.jpg\" alt=\"3c444b9e-28d0-453d-bc4a-84d8acf1fe58\" width=\"300\" height=\"213\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/3c444b9e-28d0-453d-bc4a-84d8acf1fe58-300x213.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/3c444b9e-28d0-453d-bc4a-84d8acf1fe58.jpg 620w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Los resultados electorales en Venezuela y Argentina, la crisis brasile\u00f1a y el desgaste de la \u201crevoluci\u00f3n ciudadana\u201d ecuatoriana, forman parte de un cambio de clima pol\u00edtico que coloca a la defensiva los procesos de transformaci\u00f3n en curso.<\/p>\n<p>En pocas semanas hemos visto c\u00f3mo cuatro gobiernos progresistas de la regi\u00f3n mostraron signos inequ\u00edvocos de debilidad: Rafael Correa renunci\u00f3 a competir por la reelecci\u00f3n, en un panorama econ\u00f3mico incierto para su pa\u00eds; Dilma Rousseff puede enfrentar un proceso de destituci\u00f3n por el parlamento; Nicol\u00e1s Maduro sufri\u00f3 la primera derrota electoral bolivariana, que deja a su gobierno a merced del parlamento; y el candidato de Cristina Fern\u00e1ndez fue derrotado por el derechista Mauricio Macri.<\/p>\n<p>Las explicaciones que se han dado oscilan entre las consecuencias de la ca\u00edda de los precios internacionales de las <em>commodities<\/em> hasta las ofensivas de las derechas y los grandes medios de comunicaci\u00f3n, considerados como aliados a la pol\u00edtica de los Estados Unidos. Sin duda, estos hechos son ciertos, pero no alcanzan para explicar las causas del deterioro de los gobiernos progresistas. Pocos analistas mencionan la rampante corrupci\u00f3n existente en Venezuela y en Brasil, y tienden a culpar de casi todo a los \u201cenemigos\u201d de los gobiernos.<\/p>\n<p>Lo cierto es que existe una inocultable crisis econ\u00f3mica en Argentina, Brasil y Venezuela con importante ca\u00edda del PIB, aumento del desempleo y de la pobreza, que eran algunos de los mayores logros de esos gobiernos. Sin embargo, no deber\u00eda generalizarse demasiado: aunque hay causas comunes, las particularidades tienen su peso. La crisis brasile\u00f1a est\u00e1 muy ligada a la deslegitimaci\u00f3n de la clase pol\u00edtica, mientras en Venezuela es la crisis econ\u00f3mica la clave de la derrota del gobierno en las parlamentarias.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfC\u00f3mo se lleg\u00f3 a semejante panorama de casi ruina?\u201d, se pregunta el periodista Eric Nepomuceno para intentar explicar la coyuntura brasile\u00f1a (<em>La Jornada<\/em>, 20 de diciembre de 2015). Su respuesta es que el \u201cpresidencialismo de coalici\u00f3n\u201d es la clave, ya que impone al Ejecutivo alianzas a contrapelo de las convicciones, por puro pragmatismo. Pero los gobiernos de Maduro, Correa y Fern\u00e1ndez con mayor\u00edas parlamentarias, atraviesan tambi\u00e9n serias dificultades.<\/p>\n<p>Aunque el ejemplo no invalida el an\u00e1lisis del caso brasile\u00f1o, impone levantar la mirada para ver los problemas en com\u00fan. La ca\u00edda del precio de las <em>commodities<\/em>, la persistencia de las desigualdades y la creciente distancia de sectores que antes respaldaban a los gobiernos, parecen las cuestiones principales que afectan por igual a todos los progresismos.<\/p>\n<p><strong>Fin de un ciclo inolvidable<\/strong><\/p>\n<p>Cuando el precio del barril de petr\u00f3leo superaba los 120 d\u00f3lares, y los minerales y la soja estaban por las nubes, no se pensaba en que alg\u00fan d\u00eda pod\u00edan caer o, mejor, volver a sus precios \u201cnormales\u201d. Fueron a\u00f1os de euforias y promesas que nunca salieron del papel. Hugo Ch\u00e1vez lleg\u00f3 al gobierno en 1999 con el barril a poco m\u00e1s de diez d\u00f3lares. La subida fue constante en los a\u00f1os siguientes con una brusca interrupci\u00f3n posterior a la crisis de 2008, cuando cay\u00f3 de 140 a 52 d\u00f3lares para retornar a m\u00e1s de cien en pocos meses.<\/p>\n<p>Pero el petr\u00f3leo lleva m\u00e1s de un a\u00f1o cuesta abajo y nada indica que vuelva a recuperar su precio en poco tiempo. Ecuador ya exporta a 28 d\u00f3lares el barril, y se estima que por debajo de 20 ya no ser\u00e1 rentable la extracci\u00f3n.<\/p>\n<p>El problema es que los gobiernos hicieron sus presupuestos con el crudo por encima de 100 d\u00f3lares y ahora no encuentran c\u00f3mo tapar el agujero. Con la soja sucede algo similar: al principio de la d\u00e9cada de 2000 el precio oscilaba en torno a los 200 d\u00f3lares la tonelada, subi\u00f3 hasta rebasar los 600 en 2013, para caer hasta 350 d\u00f3lares en 2014. Si se repasan los precios hist\u00f3ricos de todas las <em>commodities<\/em>, se observan comportamientos similares. Recordemos que el oro estuvo por encima de los 1.800 d\u00f3lares la onza troy, para situarse estos d\u00edas en torno a los 1.100 d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Una mirada de largo plazo de los precios, permite comprender que se trataba de una burbuja especulativa. Aunque ahora no vuelvan a sus valores medios de las \u00faltimas d\u00e9cadas (entre 1970 y 2005 la media del oro era de 345 d\u00f3lares), parece dif\u00edcil que se repitan aquellas extraordinarias cotizaciones.<\/p>\n<p>Por otro lado, la Reserva Federal comenz\u00f3 a subir las tasas de inter\u00e9s, que estuvieron cerca de cero durante siete a\u00f1os, para reactivar la econom\u00eda estadounidense luego de la crisis de 2008. Se prev\u00e9 que las tasas subir\u00e1n gradualmente a lo largo de 2016 poniendo fin a la era del dinero barato, agravando la situaci\u00f3n de los pa\u00edses deudores y de las familias endeudadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>_______________________________________________________________________<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Las matrices productivas de Brasil y Argentina se re-primarizaron. No se utilizaron los excedentes de las exportaciones para diversificar la producci\u00f3n sino para impulsar el consumo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">_______________________________________________________________________<\/p>\n<p>La burbuja de las <em>commodities<\/em> aument\u00f3 la dependencia del dinero f\u00e1cil, como si la renta obtenida fuese una droga dura. M\u00e1s del 95 por ciento de las exportaciones venezolanas son petr\u00f3leo. Las matrices productivas de Brasil y Argentina se re-primarizaron. No se utilizaron los inmensos excedentes de las exportaciones para diversificar la producci\u00f3n sino para impulsar el consumo.<\/p>\n<p>A la falta de planificaci\u00f3n realista sobrevino la perplejidad. Debemos recordar que los argumentos para explicar la ca\u00edda de los precios de los hidrocarburos fueron m\u00e1s ideol\u00f3gicos que econ\u00f3micos y pol\u00edticos. Hubo quienes afirmaron que se trataba de una maniobra de Estados Unidos para castigar a Rusia, Ir\u00e1n y Venezuela, sus principales enemigos. Otros enfatizaron que Arabia Saud\u00ed estaba detr\u00e1s de los bajos precios para petardear el enorme aumento de la producci\u00f3n estadounidense por <em>fracking<\/em>.<\/p>\n<p>Lo cierto es que hoy la producci\u00f3n de petr\u00f3leo es mayor que la demanda, entre otras cosas porque el crecimiento de China ha ca\u00eddo del 9-10 por ciento anual al 7 por ciento. Pero sobre todo porque est\u00e1 produciendo un viraje hacia un crecimiento basado en las nuevas tecnolog\u00edas y menor consumo de energ\u00edas no renovables, aspectos en los que China se encuentra en la vanguardia. Asia no seguir\u00e1 creciendo en base a materias primas y mano de obra baratas, lo que sacude al mundo.<\/p>\n<p><strong>Desigualdad y endeudamiento<\/strong><\/p>\n<p>Para la regi\u00f3n sudamericana la combinaci\u00f3n de precios bajos de las exportaciones y aumento del precio del dinero es una bomba de tiempo. Un reciente informe de la Fundaci\u00f3n Friedrich Ebert de Brasil, destaca que casi la mitad de los ingresos de las familias (el 46,5 por ciento) est\u00e1 comprometida con el pago de deudas, frente a s\u00f3lo el 19,3 por ciento en 2005. \u201cDe esta forma es imposible dinamizar la econom\u00eda\u201d, asegura el economista Ladislau Dowbor.<\/p>\n<p>Pero las empresas tambi\u00e9n est\u00e1n afectadas por las tasas abusivas que cobra la banca, que oscilan en 50 por ciento frente a s\u00f3lo 2 por ciento que se cobra en Europa. Con la demanda trabada por las deudas, las industrias impedidas de expandirse por los altos costos del dinero y la imposibilidad del gobierno para invertir por la crisis fiscal que atraviesa, la situaci\u00f3n es explosiva. Dowbor sostiene que <em>\u201clos recursos que deber\u00edan ser invertidos para el fomento de la econom\u00eda son desviados por la especulaci\u00f3n financiera\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>El caso de Brasil es la norma regional. Hay 900 millones de tarjetas de cr\u00e9dito, seis por persona y la cantidad de cuentas bancarias creci\u00f3 un 179 por ciento desde 1999. La llamada \u201cinclusi\u00f3n financiera\u201d benefici\u00f3 sobre todo a una banca cada d\u00eda m\u00e1s concentrada. Al final del ciclo virtuoso de las <em>commodities<\/em>, las familias son m\u00e1s dependientes del sistema financiero ya que invirtieron buena parte de los beneficios sociales en consumo de electrodom\u00e9sticos. Pero la salud y la educaci\u00f3n no experimentaron cambios sustanciales.<\/p>\n<p>Por otro lado, algunos estudios recientes desmienten los discursos progresistas sobre la ca\u00edda de la desigualdad, en particular en Uruguay y Brasil. Si bien la pobreza tuvo una importante reducci\u00f3n respecto al pico de la crisis, la desigualdad muestra m\u00e1s continuidades que cambios. Los trabajos de economistas del Instituto de Econom\u00eda de Uruguay y del Instituto de Investigaci\u00f3n Econ\u00f3mica Aplicada de Brasil sobre el 1 por ciento con mayores ingresos, llegan a conclusiones id\u00e9nticas: la desigualdad se mantiene y tiende a aumentar de forma leve, antes de la crisis actual.<\/p>\n<p>El panorama que surge de los estudios m\u00e1s recientes, es que la pobreza cay\u00f3 de forma contundente en los primeros a\u00f1os del nuevo siglo, que coincidieron con un crecimiento econ\u00f3mico y la aplicaci\u00f3n de pol\u00edticas sociales. Pero en la segunda mitad de la d\u00e9cada la ca\u00edda de la pobreza perdi\u00f3 fuerza, algo que parece razonable ya que se trataba de abordar los n\u00facleos m\u00e1s duros y ya no s\u00f3lo aquellos sectores empobrecidos durante la \u00faltima crisis.<\/p>\n<p>Pero la desigualdad casi no se movi\u00f3. M\u00e1s a\u00fan, en la medida que la crisis en curso se expande, buena parte de las llamadas \u201cconquistas\u201d est\u00e1n siendo erosionadas por la inflaci\u00f3n como viene sucediendo en Argentina desde 2013. En Brasil, los \u00edndices de desempleo tambi\u00e9n est\u00e1n creciendo, as\u00ed como en los dem\u00e1s pa\u00edses de la regi\u00f3n, mientras los salarios tienden a estancarse.<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, se llega al final del ciclo con grandes incertidumbres y la sensaci\u00f3n de tiempo perdido, ya que no se produjeron cambios estructurales ni se diversific\u00f3 la matriz productiva.<\/p>\n<p><strong>Movimientos desconformes<\/strong><\/p>\n<p>Los movimientos sociales que jugaron un papel destacado en la deslegitimaci\u00f3n del neoliberalismo en la d\u00e9cada de 1990, se han debilitado. Una parte considerable se recostaron en las financiaciones estatales y han mellado su perfil militante. Otros se han plegado a la pol\u00edtica electoral y no pocos han desaparecido. El movimiento piquetero argentino que estremeci\u00f3 al pa\u00eds a comienzos de la d\u00e9cada de 2000 ya no existe, desgajado entre esos tres caminos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">_________________________________________________________________________<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Los movimientos sociales que jugaron un papel destacado en la deslegitimaci\u00f3n del neoliberalismo en la d\u00e9cada de 1990, se han debilitado&#8230; Pero van naciendo nuevos movimientos y otros se reactivan.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">_________________________________________________________________________<\/p>\n<p>Pero van naciendo nuevos movimientos y otros se reactivan. El levantamiento ind\u00edgena y obrero de agosto de este a\u00f1o en Ecuador, enfrent\u00f3 como pocas veces al gobierno de Correa y la Confederaci\u00f3n de Nacionalidades Ind\u00edgenas del Ecuador (CONAIE), que protagoniz\u00f3 las mayores movilizaciones en a\u00f1os contra el autoritarismo gubernamental. En Brasil naci\u00f3 una nueva camada de movimientos al calor de las Jornadas de Junio de 2013, con cientos de peque\u00f1os grupos en los barrios de clase media y en las favelas, destacando la reciente oleada de ocupaciones estudiantiles de m\u00e1s de 200 colegios secundarios de Sao Paulo.<\/p>\n<p>En casi todos los pa\u00edses se registra un nuevo activismo, bien diferente del que se fragu\u00f3 en los a\u00f1os 90 y se referenci\u00f3 en los foros sociales a partir de 2000. El de ahora es menos ideologizado y m\u00e1s concreto en sus demandas, pero no menos contundente como lo mostraron los estudiantes paulistas que forzaron al gobierno a archivar la reestructuraci\u00f3n educativa que pretend\u00eda cerrar 90 centros periferia y concentrar a los j\u00f3venes en grandes colegios superpoblados.<\/p>\n<p>Al parecer, est\u00e1 naciendo una nueva conciencia que en gran medida es producto de las pol\u00edticas sociales de los gobiernos progresistas. En las favelas cariocas, por ejemplo, abundan los estudiantes universitarios que veinte a\u00f1os atr\u00e1s se contaban con los dedos. Con ellos se han multiplicado las acciones vinculadas a ONGs, pero tambi\u00e9n surgen grupos de base de teatro, de cultura negra, de mujeres y micro emprendimientos econ\u00f3micos. Aparecen nuevos saberes organizativos, herederos de las luchas de 2013 que se plasman en las ocupaciones junto a un sentido de dignidad que en el futuro dar\u00e1 que hablar.<\/p>\n<p>En toda la regi\u00f3n se habla m\u00e1s y m\u00e1s claro. Las p\u00e1ginas de <em>Aporrea<\/em>, que siempre cerraban filas en torno al chavismo, muestran en los \u00faltimos meses un panorama bien distinto: se menta abiertamente la corrupci\u00f3n, la ineficiencia y las p\u00e9simas gestiones gubernamentales. El escritor Luis Brito Garc\u00eda, siempre fiel al proceso bolivariano, acaba de publicar un art\u00edculo pol\u00e9mico en el que concluye: \u201cRevoluci\u00f3n sin ideolog\u00eda es pi\u00f1ata, donde todos se arrodillan hasta que se acaban los caramelos\u201d (<em>Aporrea<\/em>, 20 de diciembre de 2015).<\/p>\n<p>Si es cierto que se est\u00e1n acabando los caramelos, el tiempo de las vacas flacas puede alentar deserciones o reflexiones que vayan m\u00e1s all\u00e1 de la palmadita en la espalda. Porque los n\u00fameros cantan: el chavismo perdi\u00f3 dos millones de votos mientras la oposici\u00f3n apenas gan\u00f3 400 mil. Un voto castigo tan duro como necesario.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los resultados electorales en Venezuela y Argentina, la crisis brasile\u00f1a y el desgaste de la \u201crevoluci\u00f3n ciudadana\u201d ecuatoriana, forman parte de un cambio de clima pol\u00edtico que coloca a la defensiva los procesos de transformaci\u00f3n en curso.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":18118,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-18117","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18117","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18117"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18117\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18121,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18117\/revisions\/18121"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18118"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18117"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18117"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18117"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=18117"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}