{"id":18317,"date":"2016-01-21T19:28:14","date_gmt":"2016-01-22T00:28:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cipamericas.org\/?p=18317"},"modified":"2016-01-22T16:43:30","modified_gmt":"2016-01-22T21:43:30","slug":"deportados-una-historia-interminable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/deportados-una-historia-interminable\/","title":{"rendered":"Deportados: Una historia interminable"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"line-height: 1.5;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-18312\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1440092-300x169.jpg\" alt=\"20160118_1440092\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1440092-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1440092-768x432.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1440092-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1440092.jpg 1112w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Sus lagrimas son gruesas, rondan por sus mejillas. Mientras con su mano seca uno de sus ojos, el otro sigue destilando el dolor que se hace l\u00edquido.<\/span><\/p>\n<p>Estefany es la primera de las 127 personas migrantes deportadas el d\u00eda de hoy\u00a0a Honduras, de un total de 920 en lo que va del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Confundida, mira por todos lados. Fuertemente encogi\u00f3 sus brazos mostrando miedo mientras se sentaba t\u00edmidamente; parec\u00eda hablar sola. Definitivamente, no quer\u00eda volver a su patria.<\/p>\n<p>Luego de dos a\u00f1os de vivir en Georgia, Estados Unidos, Estefany, de 19 a\u00f1os de edad, fue detenida por el temido ICE a mediados de diciembre. Pas\u00f3 su ultima Navidad en el pa\u00eds en un centro de detenci\u00f3n de la uni\u00f3n americana.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-18313\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1434332-300x169.jpg\" alt=\"20160118_1434332\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1434332-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1434332-768x432.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1434332-1024x576.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Sus pocas pertenencias, al igual que las del resto de los migrantes, vienen en un costal anaranjado. Minutos antes un grupo de voluntarios del Centro de Atenci\u00f3n al Migrante Retornado (CAMR) las bajaron para luego entreg\u00e1rselas conforme los iban llamando por sus nombres.<\/p>\n<p>Mientras desempacan sus cosas, los llaman uno por uno para entregarles sus c\u00e9dulas de identidad o en su caso sus partidas de nacimientos que previamente fueron tramitadas por los encargados del CAMR. Adem\u00e1s de ofrecerles un caf\u00e9, les dan algo de dinero para comprar un boleto de autob\u00fas y as\u00ed poder regresar a sus casas. Muchos deciden darse la vuelta y volver al camino, al no poder regresar a sus barrios o colonias por que ser\u00eda morir en el intento.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-18311\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1313192-300x169.jpg\" alt=\"20160118_1313192\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1313192-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1313192-768x432.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1313192-1024x576.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Afuera del centro, algunas familias esperan ansiosamente ver salir por la puerta a su hijo o hija, esposo, hermanos o padres. Lloran, se abrazan, se besan, pero a la mayor\u00eda nadie los espera.<\/p>\n<p>Algunos de los deportados los agarraron en su intento por cruzar la frontera de los Estados Unidos&#8211;no avanzaron a acariciar el tan anhelado sue\u00f1o americano. No fue el caso de Allan Rosales, tambi\u00e9n entre el grupo de deportados el d\u00eda de hoy. El acudi\u00f3 a reportarse a las oficinas del ICE en Atlanta y ah\u00ed mismo fue detenido. A mediados del 2014 y con tan solo 16 a\u00f1os de edad, se entreg\u00f3 llegando en el puente internacional de Reynosa, Tamaulipas. Un coyote lo llev\u00f3 desde La Ceiba hasta la frontera con\u00a0los Estados Unidos por 7 mil d\u00f3lares. All\u00ed le dijo que caminara por el puente y se entregara a migraci\u00f3n. Su vida corr\u00eda peligro en su pa\u00eds y su familia no quer\u00eda que lo mataran, por lo que solicit\u00f3 refugio.<\/p>\n<p>En Octubre del 2015 se present\u00f3 a migraci\u00f3n. No sabia que ya ten\u00eda una orden de deportaci\u00f3n por lo que los agentes de migraci\u00f3n lo detuvieron ah\u00ed mismo. A las 14:00 horas el avi\u00f3n donde Allan fue deportado aterriz\u00f3 en San Pedro Sula, catalogada como la ciudad mas violenta del mundo, aunque el gobierno hondure\u00f1o dice lo contrario.<\/p>\n<p>Allan ya tiene 18 a\u00f1os cumplidos y extra\u00f1a a sus compa\u00f1eros de la Berkmar High School donde estudiaba. Al salir, logra pedir prestado un celular y a trav\u00e9s de whatsaap habla con su t\u00eda para que avise a su madre que ya hab\u00eda llegado a Honduras. Cuelga, seca sus lagrimas y exclama, \u201cTengo que regresar por que all\u00e1 estaba estudiando y no quiero perder el a\u00f1o.\u201d<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-18314\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1358342-300x169.jpg\" alt=\"20160118_1358342\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1358342-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1358342-768x432.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/20160118_1358342-1024x576.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>\u201cBienvenido Tulito&#8211;nos alegra tu llegada\u201d se lee en un cartel. Do\u00f1a Rosario y su esposo hab\u00eda ido a recibir a su sobrino que hace 20 a\u00f1os viv\u00eda del otro lado.<\/p>\n<p>\u201cHace tiempo que no lo vemos, solo por fotos,\u201d dicen a la salida del\u00a0 CAMR. Tulito fue reconocido y abrazado por sus t\u00edos que, emocionados, le ense\u00f1aron el cartel de bienvenida, mientras taxistas rodeaban a otros migrantes para ofrecerles viajes a sus colonias o a la central de autobuses.<\/p>\n<p>Las edades de los deportados son en su mayor\u00eda entre los 18 y 28 a\u00f1os. Son j\u00f3venes que huyen de la violencia y que buscan un\u00a0mejor futuro emigrando al norte. \u201cEste a\u00f1o esperamos que incrementen las deportaciones,\u201d dice Geraldine Garay, una de las coordinadoras del Centro de Atenci\u00f3n al Migrante Retornado.<\/p>\n<p>Son las 5 de la tarde de un d\u00eda nublado en San Pedro Sula. El CAMR termin\u00f3 sus actividades por\u00a0hoy. Dentro solo quedan las sillas vac\u00edas, que ma\u00f1ana ser\u00e1n ocupadas por otros deportados. Una historia interminable.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/twitter.com\/RubenFigueroaDH\">Rub\u00e9n Figueroa<\/a>\u00a0es activista y defensor de derechos humanos, coordinador sur \u2013 sureste del <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/MovimientoMigranteMesoamericano\">Movimiento Migrante Mesoamericano <\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estefany es la primera de las 127 personas migrantes deportadas el d\u00eda de hoy a Honduras, de un total de 920 en lo que va del a\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"author":420,"featured_media":18312,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[4919],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-18317","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-migracion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18317","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/420"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18317"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18317\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18318,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18317\/revisions\/18318"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18312"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18317"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18317"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18317"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=18317"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}