{"id":18837,"date":"2016-06-16T15:08:10","date_gmt":"2016-06-16T20:08:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cipamericas.org\/?p=18837"},"modified":"2016-06-17T23:55:02","modified_gmt":"2016-06-18T04:55:02","slug":"venezuela-la-crisis-de-los-alimentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/venezuela-la-crisis-de-los-alimentos\/","title":{"rendered":"Venezuela: La crisis de los alimentos"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-18839\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/image552fa4def0d5a2.77400718-300x181.jpg\" alt=\"image552fa4def0d5a2.77400718\" width=\"300\" height=\"181\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/image552fa4def0d5a2.77400718-300x181.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/image552fa4def0d5a2.77400718.jpg 696w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>La mujer sonr\u00ede mirando al cielo, agradeciendo el milagro, rodeada de cientos de personas y algunos polic\u00edas. Sonr\u00ede a la otra mujer que la acompa\u00f1a, tambi\u00e9n euf\u00f3rica, saliendo del tumulto tenso y angustiante. \u201cEsto es un sue\u00f1o\u201d exclama, mientras eleva el peque\u00f1o papel hacia el firmamento, lo besa con fervor como si fuera una estampita de la virgen y guarda el preciado tesoro en el sost\u00e9n, donde lo siente seguro pegado al coraz\u00f3n. Luego inicia, alegre y esperanzada, el camino de retorno.<\/p>\n<p>La mujer es apenas una de las siete u ocho mil personas que se formaron desde la tarde anterior en una larga cola, que daba varias vueltas a la manzana, para conseguir un n\u00famero que les permitiera, al d\u00eda siguiente, comprar alimentos en la feria central de Cecosesola, la red de cooperativas del estado de Lara que atiende tres mercados con m\u00e1s de 300 cajas simult\u00e1neas en la capital, Barquisimeto.<\/p>\n<p>Esa misma noche, sobre las tres de la madrugada, la polic\u00eda bolivariana recogi\u00f3 los documentos de identidad de m\u00e1s de mil personas, las primeras de la larga hilera. Fue el m\u00e9todo consensuado entre los cooperativistas y las autoridades para evitar desmanes, golpes y carreras en el momento en que se abren las puertas, los viernes a las 6 de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>La entrega del dichoso n\u00famero se produjo apenas tres horas despu\u00e9s de que la gente entregara sus documentos, a pesar de que los n\u00fameros dicen en letra grande que no garantizan que haya alimentos para comprar; s\u00f3lo aseguran que la persona ingresar\u00e1 a la feria en el lugar que le corresponde, que para la mencionada se\u00f1ora era cercano al mil cien.<\/p>\n<p>Las colas se producen porque escasean los alimentos a precios regulados y de no encontrarlos hay que acudir al mercado negro. Un kilo de harina de ma\u00edz, o \u201charina pan\u201d para hacer arepas, tiene un precio regulado de 19 bol\u00edvares, pero casi no se encuentra. En el mercado negro se vende a mil. El salario m\u00ednimo, el que ganan la mayor\u00eda de los trabajadores y los jubilados, es de 18 mil bol\u00edvares. O sea que comprando en el mercado negro, el salario se reduce a 18 kilos de harina.<\/p>\n<p>El problema principal de las colas, el que dispara la violencia provocando decenas de muertos, es que se ha formado una mafia de las colas. La se\u00f1ora que sinti\u00f3 haber cumplido su sue\u00f1o por tener s\u00f3lo un n\u00famero, debi\u00f3 pagar 500 bol\u00edvares a los \u201cdue\u00f1os\u201d de las colas. De lo contrario, la sacan a patadas o a tiros.<\/p>\n<p>Las colas han sido \u201ccolonizadas\u201d por los <em>bachaqueros<\/em>, zopilotes que viven de las angustias de la poblaci\u00f3n. El t\u00e9rmino viene de bachaco, hormiga en algunas regiones de Venezuela, y habla de una forma de vida a la que se han acoplado buena parte de los sectores populares del pa\u00eds.<\/p>\n<p><strong>Producir en colectivo<\/strong><\/p>\n<p>Un hombre fornido que se presenta como Hugo Quintero, nos recibe en el camino que conduce a la casa campesina, a unos 2.500 metros de altura, en plena sierra andina en centro del estado Trujillo. Bajamos por un camino escarpado y resbaloso hasta toparnos con la casa, una construcci\u00f3n reciente, en un estilo campesino moderno y funcional. Cuentan con dormitorios amplios para recibir a otros grupos de la red de cooperativas integradas en Cecosesola (Central Cooperativa de Servicios Sociales de Lara) con quienes realizan encuentros vivenciales de varios d\u00edas.<\/p>\n<p>En el sal\u00f3n central nos esperan los 14 campesinos que integran la cooperativa de Estiguates, trece varones y una mujer que lleva la administraci\u00f3n del colectivo. M\u00e1s que un pueblo es un caser\u00edo disperso de 350 personas, unas 80 familias, entre verdes valles en los que destacan los cultivos de fresas, que se distinguen por las grandes superficies plastificadas para protegerlas.<\/p>\n<p>Sin embargo, los campesinos que integran la cooperativa de Estiguates siembran b\u00e1sicamente papas y zanahorias en sus parcelas familiares de tres hect\u00e1reas en promedio, situadas en las escarpadas pendientes de la regi\u00f3n de un estado monta\u00f1oso y quebrado con profundos valles, recostado sobre el lago Maracaibo. Trabajan la tierra al modo artesanal, con arados tirados por bueyes, y todo el trabajo es manual.<\/p>\n<p>La cooperativa comenz\u00f3 en 1992 y a pesar de ser un peque\u00f1o grupo de productores consiguieron construir una infraestructura impresionante, en parte por el fondo com\u00fan al que aportan el 5% de la producci\u00f3n de cada uno, pero tambi\u00e9n porque compraron tierras colectivas que las cultivan entre todos. Casi todas las cooperativas rurales agrupadas en Cecosesola tienen tierras comunes que les permiten obtener excedentes para las necesidades del grupo.<\/p>\n<p>Los productores de Estiguates construyeron una bodega para almacenar la producci\u00f3n y para tener un centro para uso de los ni\u00f1os. Luego comenzaron a comprar camiones con las cosechas comunes. Hoy tienen tres grandes camiones que les dan autonom\u00eda a la hora de trasladar las cosechas a las ciudades y no depender de los coyotes. Luego construyeron un galp\u00f3n para guardar los veh\u00edculos y los aperos de labranza. Y finalmente la casa campesina, la construcci\u00f3n m\u00e1s importante de la cooperativa.<\/p>\n<p>Sentados en ronda los 14 productores explican la importancia de esta casa. Tienen un enorme sal\u00f3n comunal, los dormitorios y una gran cocina. Es el lugar de encuentro de los socios y donde reciben a otras cooperativas de la zona. En esta zona hay siete grupos de productores vinculados a Cecosesola con los que mantienen estrechas relaciones. En ocasiones, decenas de cooperativistas urbanos hacen el viaje de cinco horas para apoyar y compartir con los productores del estado de Trujillo.<\/p>\n<p>Gustavo Salas, uno de los fundadores de la red de cooperativas hace 42 a\u00f1os, explica la importancia de mantener un contacto permanente con los grupos de productores: \u201cSi no vamos hasta los grupos todas las semanas, empiezan los problemas, se terminan acercando a la cultura que nos rodea\u201d.<\/p>\n<p>Las ferias urbanas y los productores establecen acuerdos cada tres meses sobre la cantidad de productos que pueden suministrar y pactan los precios por consenso. Pero algunos productores se sienten tentados a vender por fuera de la red cuando los precios suben. Cuando violan los acuerdos son separados de la red, lo que les impide seguir llevando sus productos a las ferias.<\/p>\n<p><strong>La lucha por la comida<\/strong><\/p>\n<p>Cecosesola tiene tres grandes ferias en Barquisimeto que venden 700 toneladas semanales de frutas y verduras. Es uno de los principales centros de ventas para los productores de los estados de Lara, Trujillo, Barinas y Portuguesa. Esas tres ferias reciben unos 80 mil comprados por semana, de los cuales 20 mil son asociados, cuentan con 300 cajas simult\u00e1neas tres d\u00edas a la semana. Los precios son 30% m\u00e1s bajos que los del mercado porque eluden a los intermediarios.<\/p>\n<p>Los mercados, como todos los servicios de Cecosesola, est\u00e1n atendidos por 1.300 trabajadores asociados que reciben todos los mismos ingresos y pueden comprar la misma cantidad de alimentos que le corresponde a la comunidad. Esto es algo extra\u00f1o en una sociedad donde impera el individualismo y la viveza.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las ferias que venden la producci\u00f3n de 15 cooperativas en las que trabajan 280 familias campesinas y cien productores en proceso de organizaci\u00f3n, la red incluye otras 35 cooperativas urbanas de ahorro, pr\u00e9stamo y venta de alimentos y artefactos para el hogar. Tienen ocho unidades de producci\u00f3n cooperativa con 50 integrantes que producen pastas, granola, ali\u00f1os, miel, pulpas de frutas, salsas, dulce, art\u00edculos de higiene personal y del hogar.<\/p>\n<p>Han creado un fondo de financiamiento en base a los aportes de los asociados que utilizan para financiar cosechas, insumos m\u00e9dicos, terrenos y obras para las cooperativas. El Centro Integral Cooperativo de Salud es un edificio en Barquisimeto que fue construido con recursos propios, sin pedir pr\u00e9stamos ni apoyo al Estado ni a ninguna instituci\u00f3n, que cuenta con dos quir\u00f3fanos y 20 camas, atiende 230 mil personas por a\u00f1o y realiza m\u00e1s de 1.700 cirug\u00edas con precios 50% m\u00e1s bajos que las cl\u00ednicas privadas.<\/p>\n<p>Las ferias abren sus puertas tres d\u00edas a la semana. Es la principal actividad, la que sostiene la red y donde todos trabajan de forma rotativa. El resto de la semana los trabajadores y los asociados que lo deseen, participan en decenas de reuniones, sobre todo los lunes por la tarde cuando funcionan 50 grupos de forma simult\u00e1nea, donde discuten los problemas a resolver, las dificultades que se presentan y, como se\u00f1ala un documento, \u201cc\u00f3mo ir profundizando nuestro proceso educativo transformador\u201d.<\/p>\n<p>Las tres mil reuniones anuales que realiza la red son concebidas como un proceso de auto-educaci\u00f3n permanente, sin educadores ni educandos, porque Cecosesola no tiene comisi\u00f3n o junta directiva, ni cargos, ni ninguna forma de jerarqu\u00edas. Todo transcurre en las asambleas, que se contin\u00faan los martes, mi\u00e9rcoles y jueves hasta que los viernes abren nuevamente las ferias.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s desconcertante, lo que convierte a la red en un \u201ccaos en movimiento\u201d, como destaca Gustavo Salas, es que las reuniones no toman acuerdos, no hay decisiones sino consensos, pero tampoco tienen orden del d\u00eda ni agenda. Viven relaciones de cooperaci\u00f3n, con mucho trabajo y mucha alegr\u00eda, ancladas en \u201cel deseo de convivir aqu\u00ed y ahora en el respeto, e el compartir, en la participaci\u00f3n plena de todos\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>El estilo de trabajo puede resultar desconcertante para quienes profesan la cultura cl\u00e1sica de las izquierdas y los movimientos sociales. \u201cNo existen planes estrat\u00e9gicos ni definici\u00f3n de objetivos generales espec\u00edficos. Como tampoco las correspondientes metas con sus medios para lograrlas. Nunca nos hemos propuesto metas de crecimiento ni de actividades a desarrollar. As\u00ed, el abanico de posibilidades queda abierto. Por supuesto, nos mantenemos pendientes de que la velocidad de nuestro crecimiento no comprometa el proceso educativo\u201d.<\/p>\n<p><strong>Debates en medio de la crisis<\/strong><\/p>\n<p>\u201cHoy quien tiene alimentos a precios regulados tiene poder\u201d, dice una de las decenas de personas que participan en una de las muchas reuniones de la red de Cecosesola. Se trata de los alimentos b\u00e1sicos, harina, arroz, az\u00facar, leche, pero tambi\u00e9n papel higi\u00e9nico, pa\u00f1ales, gas; decenas de productos que no se consiguen sino en el mercado negro pagando hasta cuarenta veces el precio oficial.<\/p>\n<p>Ser\u00eda muy largo explicar las razones del desabastecimiento, que est\u00e1 llegando a niveles cr\u00edticos a punto que se sucedenrse saqueos de camiones, comercios, supermercados y panader\u00edas. Por un lado, es evidente que la producci\u00f3n ha ca\u00eddo considerablemente, sobre todo en las empresas nacionalizadas, por la burocracia y la escasa cultura de trabajo existente en la sociedad venezolana. Por otro, porque el gobierno no tiene divisas suficientes para importar ni alimentos ni otros muchos productos.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n hay especulaci\u00f3n de los empresarios, aliados con mandos militares y policiales, que ganan millones al desviar los productos al mercado negro. Y, como se\u00f1ala el gobierno, tambi\u00e9n hay presiones desde el exterior para deteriorar el proceso venezolano y promover la ca\u00edda del gobierno. Sin embargo, en procesos similares como el de Bolivia no se observan problemas de abastecimiento.<\/p>\n<p>Son todos temas que se debaten en las reuniones de Cecosesola. Pero el asunto m\u00e1s dram\u00e1tico son las colas. Hay personas que pasan m\u00e1s de diez horas en colas para intentar comprar comida. El principal problema, sin embargo, es que los <em>bachaqueros<\/em> (contrabandistas) son un poder en las colas, cobran a las personas para permitirles estar en un lugar determinado o bien les exigen que les entreguen una parte de los alimentos que compraron para luego revenderlos dentro o fuera de Venezuela.<\/p>\n<p>En una de las cooperativas urbanas, la Kennedy, se present\u00f3 una situaci\u00f3n muy tensa por la falta de alimentos y hubo una suerte de \u201cpueblada\u201d, cuando varias personas alentaron a las m\u00e1s de 300 que estaban en la cola para que saquearan la cooperativa. Te\u00f3filo, otro de los fundadores de la red, asegura que \u201chab\u00eda gente de la oposici\u00f3n, de la MUD, entre los que alentaban el saqueo, porque quieren calentar la calle como forma de tirar al gobierno\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>Una de las decisiones que sobrevuelan las reuniones de la red de cooperativas es la de no vender m\u00e1s los productos regulados para concentrarse en frutas y verduras, que es el verdadero objetivo de las ferias de Cecosesola porque son los productos que salen de sus cooperativas rurales. Es una decisi\u00f3n dif\u00edcil, porque implica que los 1.300 trabajadores tampoco tendr\u00e1n acceso a esos productos.<\/p>\n<p>Pero es tambi\u00e9n un modo de salirse de la pelea diaria por los alimentos regulados para seguir siendo lo que son, una red auto-educativa, o sea \u201cun proceso inclusivo de capacitaci\u00f3n y transformaci\u00f3n cultural\u201d abierto a todos y todas los que se quieran incorporar<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. Consideran que si descuidan el proceso educativo \u201cse presentan situaciones de estancamiento donde nos burocratizamos a la par que vamos perdiendo la capacidad de responder con frescura y con rapidez a las coyunturas que se presentan\u201d.<\/p>\n<p>Es evidente que los valores de una sociedad en crisis se cuelan en cualquier organizaci\u00f3n. Los robos crecen. Antes no pasaban del 1%, pero ahora superan esa cifra. El tema merece largos debates en las reuniones porque ,la sociedad tiende a justificar al que roba. Sin embargo los miembros de Cecosesola se afirman en la necesidad de actuar guiados por la \u00e9tica. En un breve documento titulado \u201c\u00c9tica y revoluci\u00f3n\u201d, sostienen que en el pa\u00eds \u201cse va imponiendo una nueva modalidad de propiedad privada al intentar adue\u00f1arse cada quien del espacio que se le antoje seg\u00fan su conveniencia\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>Aseguran que \u201csin \u00e9tica no hay revoluci\u00f3n\u201d, y se afirman en pr\u00e1cticas como el consenso para evitar la lucha interna por el poder, en recibir todos los mismos ingresos, en que los miembros de la red compren la misma cantidad de alimentos que puede comprar el resto de la poblaci\u00f3n cuando \u00e9stos son escasos y, algo muy especial, en \u201cir desmontando las jerarqu\u00edas y las relaciones de poder\u201d. Los miembros de Cecosesola muestran, como los kurdos de Rojava, que a\u00fan en las m\u00e1s dif\u00edciles situaciones es posible transformar el mundo, transform\u00e1ndose colectivamente.<\/p>\n<p><em>Ra\u00fal Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de Am\u00e9rica Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el \u201cInforme Mensual de Zibechi\u201d para el Programa de las Am\u00e9ricas <a href=\"http:\/\/cipamericas\/org\/es\" target=\"_blank\">cipamericas\/org\/es<\/a><\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u201cCecosesola, un proceso emergente\u201d, mayo de 2016.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> MUD son las siglas de Mesa de Unidad Democr\u00e1tica, coalici\u00f3n de partidos opositores.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Idem, p. 4.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> \u201c\u00c9tica y revoluci\u00f3n\u201d, marzo de 2016.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las colas se producen porque escasean los alimentos a precios regulados y de no encontrarlos hay que acudir al mercado negro. Un kilo de harina de ma\u00edz, o \u201charina pan\u201d para hacer arepas, tiene un precio regulado de 19 bol\u00edvares, pero casi no se encuentra. En el mercado negro se vende a mil.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":18839,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[4884,4913],"tags":[252],"coauthors":[],"class_list":["post-18837","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-democracia","category-soberania-alimentaria","tag-sudamerica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18837","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18837"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18837\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18840,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18837\/revisions\/18840"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18839"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18837"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18837"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18837"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=18837"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}