{"id":1901,"date":"2009-10-21T12:21:32","date_gmt":"2009-10-21T12:21:32","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=1901"},"modified":"2009-11-04T18:10:12","modified_gmt":"2009-11-04T18:10:12","slug":"6515","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/6515\/","title":{"rendered":"Los 21 puntos de la Coalici&oacute;n por una Radiodifusi&oacute;n Democr&aacute;tica ya son ley"},"content":{"rendered":"<p><b>Miles  de militantes de organizaciones sociales y pol&iacute;ticas, las dos centrales de  trabajadores, organismos de derechos humanos, universidades nacionales, gente  de la cultura, artistas y periodistas que apoyaron la iniciativa, se nuclearon  en Argentina frente al Congreso Nacional para acompa&ntilde;ar el debate que  terminar&iacute;a convirtiendo en ley el Proyecto de Servicios de Comunicaci&oacute;n  Audiovisual.<\/b><\/p>\n<p>  La votaci&oacute;n en particular termin&oacute; de  madrugada pero, a diferencia de otras veces, no se caracteriz&oacute; por su opacidad  o desconocimiento p&uacute;blico. Al contrario, el tema&mdash;que llev&oacute; meses de discusi&oacute;n  en foros, audiencias p&uacute;blicas organizadas por el Parlamento, y cobertura en todos  los medios de comunicaci&oacute;n&mdash;tuvo una impactante instalaci&oacute;n p&uacute;blica, por la  feroz campa&ntilde;a en contra de las principales empresas period&iacute;sticas del pa&iacute;s.  Tanto quienes impulsaron la iniciativa, como los que la resistieron, siguieron  muy de cerca la sanci&oacute;n de una ley que fue filmada paso a paso por todos los  canales de televisi&oacute;n.<\/p>\n<h3> Al  fin se pudo<\/h3>\n<p>  La ley fue aprobada el 10 de octubre,  siete meses despu&eacute;s de que la presidenta Cristina Fern&aacute;ndez presentara el anteproyecto&mdash;el  18 de marzo pasado&mdash;para su discusi&oacute;n en foros p&uacute;blicos, antes de su env&iacute;o al  Congreso. La iniciativa oficial se inspir&oacute; en los 21 puntos elaborados por la <a href=\"http:\/\/www.coalicion.org.ar\/\">Coalici&oacute;n  por una Radiodifusi&oacute;n para la Democracia<\/a>. En este colectivo  participan redes de radios comunitarias como el Foro Argentino de Radios  Comunitarias (FARCO) y la   Asociaci&oacute;n Mundial de Radios Comunitarias de Argentina (AMARC);  cooperativas; gremios de prensa, televisi&oacute;n, actores y m&uacute;sicos vinculados a la Central de Trabajadores de  Argentina (CTA) y la Central   General de Trabajadores (CGT); organizaciones sociales y de  derechos humanos; periodistas y acad&eacute;micos, sobre todo de las carreras de  Ciencias de Comunicaci&oacute;n del pa&iacute;s.<\/p>\n<p> La activa participaci&oacute;n de la Coalici&oacute;n fue un factor  decisivo para el avance del proyecto, tanto en la etapa de debate previo, como  en el posterior apoyo parlamentario de los partidos y sectores de  centroizquierda, que posibilitaron una mayor&iacute;a muy s&oacute;lida en la sanci&oacute;n de la  ley. Esa mayor&iacute;a inesperada y plural, en ambas c&aacute;maras, le brind&oacute; una  legitimidad que hace insustancial la impugnaci&oacute;n pol&iacute;tica de los partidos de la  derecha y las probables presentaciones judiciales de las empresas.<\/p>\n<p> Los siete meses de instalaci&oacute;n y  debate de la iniciativa estuvieron marcados por una fuerte conflictividad  pol&iacute;tica, en particular el enfrentamiento entre el gobierno y el multimedia  Clar&iacute;n; la derrota electoral oficialista en las parlamentarias de junio pasado;  y una oposici&oacute;n decidida a dar por concluido el ciclo pol&iacute;tico de los Kirchner.<\/p>\n<p> Pocos apostaban a que un proyecto de  semejante envergadura llegara a ser tratado. En 26 a&ntilde;os de democracia, los m&aacute;s  de 70 proyectos de ley de radiodifusi&oacute;n presentados por diferentes partidos  nunca hab&iacute;an podido alcanzar estado parlamentario. Desde 1983, los intentos por  dictar una norma que reemplazara la llamada &quot;Ley de la dictadura&quot;  hab&iacute;an fracasado frente al lobby de las corporaciones medi&aacute;ticas. Esos grandes  actores sociales y pol&iacute;ticos, constituidos durante los a&ntilde;os 90, se acostumbraron  a manejarse sin marcos regulatorios que pusieran l&iacute;mites a los fenomenales  procesos de concentraci&oacute;n que llevaron a cabo. Las m&uacute;ltiples reformas que se le  hicieron al decreto del gobierno militar fueron para favorecer sus intereses.<\/p>\n<h3> La  concentraci&oacute;n de la palabra y las luchas por su democratizaci&oacute;n<\/h3>\n<p>  La concentraci&oacute;n de la propiedad de  los medios de comunicaci&oacute;n es un rasgo com&uacute;n en Am&eacute;rica Latina, que tambi&eacute;n se  caracteriza por una m&iacute;nima participaci&oacute;n del estado en la propiedad de los  medios gr&aacute;ficos y audiovisuales. En Brasil, M&eacute;xico, Argentina y Venezuela se  desarrollaron grupos multimedia locales cuya presencia dominante en sus  respectivos mercados los convirti&oacute; en actores pol&iacute;ticos de gran relevancia. Los  procesos de concentraci&oacute;n comenzaron en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 80 y se  consolidaron en los 90, cuando las presiones empresariales lograron romper las  barreras normativas y forzaron las privatizaciones en el mercado audiovisual.  Su permanencia desnuda la incapacidad de los estados para fomentar un mapa de  medios que se acerque al paradigma del pluralismo y la diversidad.<\/p>\n<p>  La ofensiva &quot;desreguladora&quot;  avanz&oacute; primero en tiempos de Margaret Thatcher en Gran Breta&ntilde;a y se implant&oacute;  sin cortapisas en los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n. En Argentina, el discurso &uacute;nico del  neoliberalismo&mdash;que en los 90 desguaz&oacute; todos los recursos y activos del Estado y  arras&oacute; con sus funciones esenciales&mdash;se impuso con la invalorable contribuci&oacute;n  de los grandes medios. De hecho, las privatizaciones que convirtieron a Carlos  Menem en abanderado de las recetas del Consenso de Washington, comenzaron con  el remate de radios y canales y una reforma de la legislaci&oacute;n vigente para  permitir la propiedad cruzada de medios gr&aacute;ficos y audiovisuales. As&iacute; surgieron  los conglomerados multimedia.<\/p>\n<p> Para comprender este proceso de  concentraci&oacute;n vertical y horizontal, basta pensar que el Grupo Clar&iacute;n  actualmente maneja un canal de televisi&oacute;n abierta (<i>Canal 13<\/i>) y varias se&ntilde;ales de cable, entre ellas, <i>TN<\/i>. Es propietario de <i>Radio Mitre, Radio Mitre C&oacute;rdoba<\/i> y <i>FM100<\/i>. Controla cuatro peri&oacute;dicos: <i>Los Andes<\/i>, <i>Voz del Interior<\/i>, el diario deportivo <i>Ol&eacute; <\/i>y <i>La Raz&oacute;n<\/i> (de  circulaci&oacute;n gratuita). Tiene participaci&oacute;n en la agencia de noticias <i>DyN<\/i> y en varias productoras de  contenidos cinematogr&aacute;ficos y televisivos. Posee editoriales, portales de  Internet y organizadoras de eventos.<\/p>\n<p> Luego de la fusi&oacute;n de <i>Multicanal <\/i>y <i>Cablevisi&oacute;n<\/i>, ocupa una posici&oacute;n monop&oacute;lica en el mercado de cable  en el pa&iacute;s y se convirti&oacute; en el mayor operador latinoamericano. A trav&eacute;s de  Televisi&oacute;n Satelital Codificada (TSC) monopoliz&oacute;&mdash;hasta la ruptura del contrato  en agosto de 2009&mdash;el millonario negocio del f&uacute;tbol televisado. El holding  tambi&eacute;n posee casi el 50% de las acciones de <i>Papel Prensa<\/i>, la empresa mixta que, junto al diario <i>La Naci&oacute;n<\/i>,  comparte con el Estado. La historia nefasta de esa empresa, inaugurada por Jorge  Videla en 1978, delata la connivencia de las grandes empresas period&iacute;sticas con  las dictaduras militares y, actualmente, el acceso privilegiado a un insumo  b&aacute;sico para la prensa gr&aacute;fica.<\/p>\n<p> Frente a estos fen&oacute;menos, en  Latinoam&eacute;rica surgieron varias iniciativas de la sociedad civil, que instalaron el problema en la  agenda p&uacute;blica e intentan ocupar un lugar en el debate. Plantearon que la  diversidad de contenidos y el acceso a la emisi&oacute;n de mensajes diferentes  requieren una pol&iacute;tica activa de desmonopolizaci&oacute;n. Si las industrias de la  cultura y la informaci&oacute;n est&aacute;n en pocas manos, no existen condiciones que  garanticen el derecho de los ciudadanos a una informaci&oacute;n plural.<\/p>\n<h3> El  caso argentino: 21 puntos que hicieron historia<\/h3>\n<p>  La autoconvocatoria para impulsar una  nueva ley&mdash;origen de la Coalici&oacute;n&mdash;surgi&oacute; en 2003, luego de que la Corte Suprema de  Justicia determinara que la ley de  radiodifusi&oacute;n violaba varios art&iacute;culos de la Constituci&oacute;n Nacional  y el art&iacute;culo 13 de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).  El marco legal que ofrece la CIDH  es muy importante porque reconoce la libertad de buscar, recibir y difundir  informaciones y opiniones, como un derecho de todos los seres humanos. Ese  reconocimiento, que comprende tanto las facultades de quienes emiten como de  quienes reciben informaciones y  opiniones, implica una ampliaci&oacute;n del sujeto de derecho.<\/p>\n<p>  Lo que hoy entendemos por derecho  universal a la informaci&oacute;n es producto de un proceso hist&oacute;rico y, por tanto, un  concepto jur&iacute;dico m&aacute;s amplio que la noci&oacute;n cl&aacute;sica de libertad de prensa. No se  restringe a los derechos del sujeto empresario (propietario de &quot;la prensa&quot;)  ni a los de los periodistas, sino que abarca al sujeto universal que cotidianamente  recibe mensajes de la prensa. Implica tambi&eacute;n el efectivo acceso a expresar sus  propias opiniones en los mismos medios. Aqu&iacute; es donde la cosa se complica.<\/p>\n<p> El caso argentino nos permite apreciar  la operatividad del art&iacute;culo 13 del Pacto de San Jos&eacute; de Costa Rica porque en  &eacute;l se fund&oacute; la Corte Suprema para declarar inconstitucional el art&iacute;culo 45 de la  famosa Ley de la dictadura, vigente hasta el 10 de octubre pasado. Ese art&iacute;culo  establec&iacute;a que la actividad radiodifusora s&oacute;lo pod&iacute;a estar en manos de sociedades  comerciales y prohib&iacute;a a las entidades sin fines de lucro el acceso a las  licencias. Los jueces entendieron que se estaba violando el derecho de  expresi&oacute;n y opini&oacute;n de radios comunitarias, cooperativas y diferentes  organizaciones sociales.<\/p>\n<p> El fallo del m&aacute;ximo tribunal de  justicia argentino&mdash;que goza de un un&aacute;nime prestigio desde su reforma en 2003&mdash;entusiasm&oacute;  a la militancia comprometida con la democratizaci&oacute;n de las comunicaciones y  sirvi&oacute; de puntapi&eacute; inicial para un trabajo conjunto. En mayo de 2004 lo dieron a conocer, en una entrega  p&uacute;blica al entonces presidente N&eacute;stor Kirchner.<\/p>\n<p> Pero, como en el caso de otras  experiencias similares en la regi&oacute;n, en ese momento esta iniciativa estuvo  destinada al fracaso. En el a&ntilde;o 2005, por decreto, el ex presidente Kirchner extendi&oacute; por 10 a&ntilde;os las licencias de  los principales grupos econ&oacute;micos que dominan el mercado audiovisual. Los grandes medios de comunicaci&oacute;n ni  siquiera publicaron la noticia, festejaron en privado la medida que, de un  plumazo, ech&oacute; por la borda las esperanzas de cambio. Las pocas voces que se  alzaron entonces para denunciar esa nueva concesi&oacute;n a las corporaciones  medi&aacute;ticas&mdash;en l&iacute;nea con los anteriores gobiernos democr&aacute;ticos&mdash;fueron de los  integrantes de la Coalici&oacute;n.<\/p>\n<h3> Nueva  chance<\/h3>\n<p>  Aquellos que criticaron en 2005,  fueron los mismos que mantuvieron la extensa vigilia el viernes 10 de octubre,  y festejaron en la calle y bares cercanos al Congreso la sanci&oacute;n de la Ley de Servicios de  Comunicaci&oacute;n Audiovisual. Lo que muestra varias cuestiones que pueden servirnos  como ense&ntilde;anza. Una primera: la productividad que han demostrado las  experiencias de colectivos ciudadanos<b>,<\/b> capaces de crear consensos para impulsar una iniciativa con la fuerte  determinaci&oacute;n de incidir en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas vinculadas a esa militancia.  La segunda: el grave error en el que incurri&oacute; la oposici&oacute;n pol&iacute;tica, que  desestim&oacute; la posibilidad de que el proyecto llegara al Congreso y se pleg&oacute; a la  estrategia de las corporaciones multimedi&aacute;ticas. Reemplazaron la discusi&oacute;n del  contenido de la propuesta por la chicaner&iacute;a y la descalificaci&oacute;n. La impugnaron  antes de leerla, le adjudicaron una intencionalidad electoralista, y  subestimaron a los actores sociales movilizados por la iniciativa. Hasta  impugnaron la discusi&oacute;n participativa en la sociedad, quer&iacute;an que llegara al  Parlamento, y cuando lleg&oacute; no dieron la discusi&oacute;n y se retiraron del recinto.  Los medios la llamaron &quot;Ley de medios K&quot;, &quot;Ley mordaza&quot;, &quot;Ley  de control de medios&quot;, entre otras calificaciones agraviantes.<\/p>\n<p> Ese rechazo <i>in limine<\/i> tuvo un alto precio para la  mayor&iacute;a de los partidos opositores. No percibieron que la iniciativa ten&iacute;a una  rica historia de militancia plural vinculada  a sectores sociales y pol&iacute;ticos muy diversos, que los partidos de  centroizquierda s&iacute; reconocieron como propia. La mayor&iacute;a de sus diputados  pertenece a colectivos que hab&iacute;an trabajado en los 21 puntos. Por eso, a&uacute;n  deseando diferenciarse del gobierno, apoyaron decididamente el proyecto. Otro  error de la Uni&oacute;n C&iacute;vica  Radica y la Coalici&oacute;n   C&iacute;vica de Elisa Carri&oacute;&mdash;que funcionaron en t&aacute;ndem con la nueva  derecha de Uni&oacute;n PRO de Francisco de Narv&aacute;ez y Mauricio Macri&mdash;fue impugnar  puntos que, cuando fueron modificados, no los hizo cambiar de posici&oacute;n. Lo que  buscaban era no tratar la ley.<\/p>\n<p> El cambio m&aacute;s  importante fue el relativo a las empresas telef&oacute;nicas (Telef&oacute;nica y Telecom).  El proyecto inicial permit&iacute;a su ingreso como licenciatarios de servicios  audiovisuales, abriendo de este modo el camino al <i>triple play<\/i> (prestaci&oacute;n de contenidos, Internet y telefon&iacute;a en un  mismo soporte). Esta es una cuesti&oacute;n muy resistida por el grupo Clar&iacute;n, porque la  tecnolog&iacute;a superior de esas empresas amenaza su posici&oacute;n monop&oacute;lica en el negocio  de televisi&oacute;n por cable. La oposici&oacute;n&mdash;por diferentes motivos&mdash;rechaz&oacute; mayoritariamente  la participaci&oacute;n de las telef&oacute;nicas, incluso algunos acusaron al gobierno de  permitir ese ingreso porque ten&iacute;an arreglos con las empresas. Para despejar  sospechas y allanar consensos con los diputados de la centroizquierda, la  presidenta Kirchner decidi&oacute; retirar ese punto controversial del anteproyecto.  Las telef&oacute;nicas quedaron as&iacute; impedidas de participar en el mercado audiovisual,  aunque algunos especialistas en comunicaciones piensan que era correcto  permitir un ingreso regulado con barreras antimonop&oacute;licas como estaba previsto.  Opinan que al dejarlas fuera, se corre el peligro de que el avance y la  convergencia tecnol&oacute;gica se impongan sin marcos regulatorios.<\/p>\n<p> Despu&eacute;s de  ese y otros cambios que se hicieron en Diputados, todo el arco de centroizquierda  (Partido Socialista; Proyecto Sur, algunos diputados de origen radical y otros  del progresismo) acompa&ntilde;aron el proyecto en ambas c&aacute;maras.<\/p>\n<p> En s&iacute;ntesis,  podemos sostener como lo expresaron varios diputados y senadores al momento de  la votaci&oacute;n, que la ley constituye una victoria de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica  sobre las corporaciones econ&oacute;micas. Se logr&oacute; una buena ley, perfectible, pero  que implica un enorme avance en la democratizaci&oacute;n y desmonopolizaci&oacute;n de los  medios. Garantiza un 33% del espectro para las organizaciones e instituciones  sin fines de lucro. Crea una Autoridad de Aplicaci&oacute;n con participaci&oacute;n de las  minor&iacute;as parlamentarias, las provincias y la sociedad civil. Introduce la  figura del Defensor del P&uacute;blico y establece cuotas de mercado similares a las  de los EEUU y los pa&iacute;ses europeos.<\/p>\n<p> Apelando a palabras de Frank la Ru&eacute;, Relator de Naciones  Unidas sobre la Promoci&oacute;n  y Protecci&oacute;n de la Libertad  de Expresi&oacute;n, &quot;Es un precedente important&iacute;simo que sienta doctrina&quot;.  El guatemalteco&mdash;por el pecado de haberse pronunciado a favor de un proyecto  demonizado&mdash;sufri&oacute; un impactante destrato en los medios locales cuando visit&oacute; la Argentina en julio  pasado. Directamente ocultaron sus m&eacute;ritos como luchador por los derechos  humanos en Guatemala, y destacado acad&eacute;mico y conocedor de los temas  relacionados con sus funciones. Debi&oacute; soportar las agresiones de unos azorados  diputados opositores, cerrados a cualquier opini&oacute;n que no sea la propia.  Tambi&eacute;n escuch&oacute; reproches de las empresas period&iacute;sticas.<\/p>\n<p> La defensa de Frank La Ru&eacute; fue sencilla y  contundente: &quot;Acept&eacute; venir con un objetivo muy espec&iacute;fico: ver el proceso  de trabajo para la presentaci&oacute;n de esta ley. La oposici&oacute;n en el Congreso se  horroriz&oacute;, normalmente a los relatores nos toca criticar a los estados. Pero es  importante tambi&eacute;n se&ntilde;alar las buenas iniciativas&quot;. Enfatiz&oacute; como muy  positivo el hecho de que la propuesta haya surgido de la sociedad civil y que  se inspire en las recomendaciones y doctrina en la materia de organismos  internacionales como la CIDH  y OEA.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miles de militantes de organizaciones sociales y pol&iacute;ticas, las dos centrales de trabajadores, organismos de derechos humanos, universidades nacionales, gente de la cultura, artistas y periodistas que apoyaron la iniciativa, se nuclearon en Argentina frente al Congreso Nacional para acompa&ntilde;ar el debate que terminar&iacute;a convirtiendo en ley el Proyecto de Servicios de Comunicaci&oacute;n Audiovisual. 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