{"id":19273,"date":"2016-11-03T13:38:14","date_gmt":"2016-11-03T18:38:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cipamericas.org\/?p=19273"},"modified":"2017-08-04T14:04:07","modified_gmt":"2017-08-04T19:04:07","slug":"san-quintin-explotacion-que-no-cesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/san-quintin-explotacion-que-no-cesa\/","title":{"rendered":"San Quint\u00edn: Explotaci\u00f3n que no cesa"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-19337\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin3-1-300x254.jpg\" alt=\"sanquintin3\" width=\"300\" height=\"254\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin3-1-300x254.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin3-1-768x651.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin3-1-1024x867.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Horas antes de que amanezca, frente al parque de la colonia L\u00e1zaro C\u00e1rdenas, Valle de San Quint\u00edn, hombres y mujeres embozados con paliacates se arremolinan en torno a los camiones destartalados que los esperan para llevarlos a los surcos. Trabajan a cambio de una paga irrisible por diez horas de trabajo, ya sea en el corte de fresa, ar\u00e1ndano, mora, cereza, pepino, tomate, nopal o apeo de cebollas.<\/p>\n<p>As\u00ed inician las jornadas todas las madrugadas. Las cinco de la ma\u00f1ana es buena hora para alcanzar trabajo menos pesado y mejor pagado que es de ciento cincuenta pesos al d\u00eda, lo m\u00ednimo es de cien pesos para los que no alcancen los camiones que van a Rosario, que es donde pagan m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u201cVamos saliendo y pagando, la paga es de ciento cincuenta pesos,\u201d ofrece uno de bigote que busca llenar su cami\u00f3n antes de que sean las seis de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Cerca de ah\u00ed, varios hombres cuchichean en voz baja antes de decidir a cu\u00e1l cami\u00f3n abordar. Primero comisionaron a uno de sus compa\u00f1eros para que investigue en los camiones, cu\u00e1nto es la paga y el lugar de trabajo. Una vez que el comisionado regres\u00f3 con la informaci\u00f3n abordaron al cami\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfD\u00f3nde va ser el jale?\u201d pregunta Pedro, encargado del grupo conformado por Juan, Luis, Ra\u00fal, Nicol\u00e1s y Mirna. Todos llegaron embozados con l\u00e1mparas en mano desde la colonia Nuevo M\u00e9xico.<\/p>\n<p>\u201cA Rosario. Vamos a tapar cintas. S\u00ed, terminamos como a las tres de la tarde,\u201d contesta sonriente el de bigote, mientras anima a los dem\u00e1s a subir el cami\u00f3n 36.<\/p>\n<p>D\u00eda despu\u00e9s, Juan contar\u00eda que esa vez no taparon cinta, sino que los llevaron al corte de ejote, pero que ya no hab\u00eda, porque era repizca. \u201cEs culero el due\u00f1o del rancho donde fuimos el martes. Como no hab\u00eda ejotes decidimos no trabajar, eso enoj\u00f3 al patr\u00f3n y nos empez\u00f3 a gritar \u2018hijo de su puta madre, trabajen por eso los traje, a chingarle pinches huevones\u2019 solt\u00f3 el se\u00f1or. Las mujeres si se asustaron mucho, as\u00ed que decidieron trabajar, por setenta pesos\u201d.<\/p>\n<p>La historia de abuso patronal no es de ahora en Valle de San Quint\u00edn, el maltrato en los surcos se hizo costumbre para los jornaleros que se envejecieron sin alcanzar jubilaci\u00f3n. Aqu\u00ed no hay derecho de antig\u00fcedad, lo de saliendo y pagando es la nueva forma de explotaci\u00f3n laboral, porque los patrones no tienen compromisos laborales con los trabajadores.<\/p>\n<p>Ac\u00e1 los jornaleros prefieren trabajar bajo esta condici\u00f3n porque en su lugar de origen no hay ni empleo, y si los hay, el salario es por debajo de cien pesos. Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Veracruz son estados que expulsa en su mayor\u00eda a la poblaci\u00f3n ind\u00edgena al norte del pa\u00eds.<\/p>\n<p>En los d\u00edas que trabaj\u00e9 de jornalero en saliendo-pagando encontr\u00e9 a menores de edad en los surcos. Como nadie les pide identificaci\u00f3n ni otros documentos oficiales, ellos se camuflaj\u00e9an con paliacates y ropa ancha que los hacen ver como adultos para pasar desapercibidos, aunque los patrones no les importan mucho eso. De todos modos, no hay contrato laboral.<\/p>\n<p>No solo hay chavillos en los surcos, tambi\u00e9n corren de un lado a otro con sus pesados botes de tomate o pepino mujeres embarazadas y unos que otros ancianos que a duras penas caminan, por cincuenta o sesenta pesos cuando muy bien les va.<\/p>\n<p>Para las mujeres es m\u00e1s pesado la jornada. Ellas se levantan a las tres de la madrugada, desde esa hora inician sus rutinas en cocina: preparar tacos de fr\u00edjoles y huevos (dieta diaria), de ah\u00ed servir el desayuno para el esposo, hijos mayores o hermanos que van a los campos, dejar comida para los peque\u00f1ines que van a las escuelas, y despu\u00e9s de eso a correr a los camiones que los esperan.<\/p>\n<p>No basta con eso, en los surcos son acosadas por los mayordomos (capataces), patrones y de vez en cuando por sus compa\u00f1eros. Si una de ellas se envalentona a denunciar los acosos es m\u00e1s probable que sea despedida sin liquidaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas en San Quint\u00edn, donde un grupo de diez agro-empresarios explotan a m\u00e1s de 70 mil jornaleros que viven en condiciones paup\u00e9rrimas en los 280 kil\u00f3metros del Valle. Estos agroindustriales conformaron el Concejo Agr\u00edcola de Baja California.<\/p>\n<p>Mauricio Casta\u00f1eda Castro, due\u00f1o del rancho Berry Veg de Baja, S.A. de C.V; Conrado Gonz\u00e1lez Sandoval del rancho Don Juanito; Felipe Ruiz Esparza Arellano del rancho Seco o rancho Maga\u00f1a&#8211;\u00e9l pidi\u00f3 la intervenci\u00f3n de la fuerza p\u00fablica federal y estatal el 9 de mayo de 2015 para desalojar a los jornaleros que protestaban por aumento salarial. En la refriega cientos de colonos de la colonia Lomas de San Ram\u00f3n fueron brutalmente golpeados. El argumento del cacique fue que los jornaleros intentaron incendiar su rancho.<\/p>\n<p>Otros de los explotadores de Valle son: Julio Meza Virgilio propietario del rancho Agr\u00edcola Santa M\u00f3nica; Hugo Becerra Ram\u00edrez de rancho Nuevo Produce, S.A. de C.V; Agust\u00edn Penagos, SPR Olivarera de Baja California; Ram\u00f3n Silva Mart\u00ednez, Sociedad Agr\u00edcola Bella Vista, SPR de RL; Gilberto Olmos, rancho Calandrias; y Salvador Garc\u00eda Guti\u00e9rrez, poseedor de rancho San Vicente Camal\u00fa, SPR de RL.<\/p>\n<p><strong>Corte de chile en Rosario\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>El lunes, cuarto d\u00eda de mi estancia en San Quint\u00edn. Mi despertador son\u00f3 a las cuatro de la madrugada para ir a mi nueva jornada. Antes de llegar al parque donde m\u00e1s de cincuenta camiones esperan a los jornaleros, pas\u00e9 donde la se\u00f1ora D\u00e9bora por mi itacate. Ah\u00ed varios hombres flacuchos esperan lo suyo. Ni uno sab\u00eda cu\u00e1l ser\u00eda su destino de ese d\u00eda.<\/p>\n<p>Con los pasos m\u00e1s alargados que de costumbre llegu\u00e9 donde volv\u00ed a escuchar \u201cciento cincuenta pesos, saliendo y pagando\u201d. Esta frase suena a canto ma\u00f1anero para los jornaleros que suben a los camiones con ranchos desconocidos.<\/p>\n<p>Al llegar a los camiones veo a cientos de hombres y mujeres formados esperando su turno para abordar, entre empujones y gritos pelean los asientos. All\u00ed no hay caballeros, nadie cede sus asientos, as\u00ed que todos viajan parados o colgados de la puerta. Algunos empiezan a sacar sus tacos y entre pl\u00e1ticas comen y beben sus tasas de caf\u00e9.<\/p>\n<p>\u201cCome chavalo, ahora que se puede, porque no creo que nos d\u00e9 tiempo de almorzar cuando lleguemos a Rosario, es algo retirado,\u201d recomienda un muchacho delgado de unos 25 a\u00f1os a su amigo que lo acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>Entre los jornaleros de ese d\u00eda, se distingu\u00eda a varios adolescentes por sus formas de hablar, un lenguaje propio de los chavos en San Quint\u00edn: \u201cA ver c\u00f3mo nos va ahora, ayer si echamos barra (relajo) durante el d\u00eda, ya ven el mayordomo que nos toc\u00f3 no se ag\u00fcitaba\u201d, suelta un moreno que se apura a encender su cigarrillo.<\/p>\n<p>\u201cVoy a ser feliz \/ contigo o sin ti \/ ya he sufrido tanto y decid\u00ed \/ que voy ser feliz \/ contigo o sin ti \/ yo no sab\u00eda olvidar \/ pero aprend\u00ed\u2026\u201d retumba en el cami\u00f3n mientras pasamos en la gasolinera Los Pinos, propiedad del rancho Los Pinos o de los hermanos Rodr\u00edguez, las muchachas repiten a coro la vieja canci\u00f3n del cacique de Juliantla, Guerrero. Joan Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>Mientras el ruletero pone m\u00fasica grupera de los noventa, en la \u00faltima fila de los asientos, un grupo de chavos encienden su primer cigarrillo de mariguana. Esto no parece preocuparles a los que ah\u00ed viajan, uno que otros muy discretos aspiran el humo que huele a petate viejo o a or\u00e9gano, sin dejar de acompa\u00f1ar a sus artistas del momento.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una hora de viaje, entre olor a mariguana y canto en el cami\u00f3n llegamos al ejido el Rosario. Ah\u00ed un viejo mal encarado nos recibi\u00f3; a los jornaleros ni un saludo de buen d\u00eda, pero al chofer del cami\u00f3n la bienvenida fue c\u00e1lida.<\/p>\n<p>\u201cQu\u00e9 bueno que llenaste el cami\u00f3n,\u201d dijo el viejo.<\/p>\n<p>\u201cSe quedaron varios que ya no alcanzaron subir.\u00a0 Hubieras dicho antes para decirle a mi compa\u00f1ero para que echara un viaje,\u201d contest\u00f3 el chofer, mientras se sobaba la panza.<\/p>\n<p>La pl\u00e1tica entre el viejo y el chofer contin\u00faaba, mientras que los jornaleros que no pudieron almorzar en el cami\u00f3n durante el trayecto, sacaron de su mochila sus tacos para comer. Lo hacen parados y r\u00e1pidos, antes de que el patr\u00f3n los vea. Dos o tres mordidas y un sorbo de agua o caf\u00e9 fue suficiente, a guardar las bolsas de las comidas y a esperar \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>\u201cT\u00fa y t\u00fa, f\u00f3rmense ah\u00ed!\u201d ordena el viejo.<\/p>\n<p>Unos 15 o 20 hombres fueron elegidos. Hasta esa hora no se sabe si el viejo es mayordomo general o mayordomos de cuadrilla. Lo cierto es que los jornaleros seleccionados no cortar\u00e1n chile, sino que har\u00e1n a otro trabajo distinto a lo que fueron llevados por ciento veinte pesos.<\/p>\n<p>Cuando los seleccionados fueron enviados a realizar otro trabajo, el viejo nos entreg\u00f3 un bote de 20 litros a cada uno. \u201cHoy vamos a cortar chile, ya saben c\u00f3mo se hace, as\u00ed que no est\u00e9n preguntando. La paga es siete pesos por cada bote que llenen. Si hacen 20, pueden ganar ciento cuarenta pesos, as\u00ed que ap\u00farenle, llegaron tarde y todav\u00eda no empieza\u201d rega\u00f1a ahora el viejo que est\u00e1 enfundado en su chamarra de mezclilla.<\/p>\n<p>Tom\u00e9 mi bote y empec\u00e9 a pizcar. A mi lado derecho va una muchacha delgada, de unos ciento cincuenta cent\u00edmetros de estatura, usa paliacate rosa mexicana que le cubre todo el rostro, una gorra azul y sudadera gris, la capucha sirve a la vez un segundo gorro, botas negras y pantal\u00f3n rojo. Despu\u00e9s de dos surcos, me dijo que es madre soltera, adem\u00e1s su nombre&#8211; Margarita Solano.<\/p>\n<p>Para una madre jornalera su cotidianidad es \u201cir al trabajo para dar de comer a sus hijos,\u201d dice Lucila Hern\u00e1ndez, l\u00edder ind\u00edgena en San Quint\u00edn, \u201cdej\u00e1ndolos solos con un adulto mayor, o el hermano m\u00e1s grandecito, en riesgo de maltrato, de abuso y hasta de muerte, o quedarse y desfallecer de hambre junto a ellos\u201d.<\/p>\n<p>Al surco de lado izquierdo, va Rub\u00e9n. El, igual que Margarita, anda cubierto de pies a cabeza, como tratando de ocultar su edad. Es m\u00e1s callado. Con un poco de ayuda con su surco se anim\u00f3 a hablar, dijo que es de Olinal\u00e1, Guerrero y que tiene 16 a\u00f1os. Adem\u00e1s fue pap\u00e1 a los 15 a\u00f1os, por eso se vio obligado trabajar de jornalero.<\/p>\n<p>La gran mayor\u00eda de los muchachos que trabajan en saliendo y pagando tienen pareja como Rub\u00e9n, muchos est\u00e1n juntados con mujeres que les rebasan en edad.<\/p>\n<p>Entre pl\u00e1tica con los compa\u00f1eros de los surcos supe que el viejo gru\u00f1\u00f3n es el due\u00f1o del cultivo y es el que m\u00e1s maltrata a sus trabajadores. El nunca contrata a los jornaleros de manera directa, siempre lo hace a trav\u00e9s de los transportistas o camioneros. As\u00ed, \u00e9l evade cualquier demanda laboral que se les presente.<\/p>\n<p>A mediod\u00eda el mayordomo de cuadrilla grit\u00f3 lo m\u00e1s que pudo: \u201cVamos a comer, ya es hora\u201d, as\u00ed que todos dejamos la tarea y nos encaminamos al cami\u00f3n donde dejamos las mochilas.<\/p>\n<p>Ac\u00e1, no hay carpas o mesas que sirvan de comedor como en otros ranchos. Los jornaleros buscan algunas piedras donde sentarse a comer. Todos comimos desganados, el cansancio y los tacos fr\u00edos hicieron que le perdi\u00e9ramos sabor a la comida.<\/p>\n<p>Por m\u00e1s que le apur\u00e9, no logr\u00e9 m\u00e1s que cortar nueve botes de chile, as\u00ed que hice mi cuenta de cu\u00e1nto iba a ganar ese d\u00eda. Ya formados para abordar el cami\u00f3n el viejo me extendi\u00f3 un sobre con 63 pesos, del cu\u00e1l iba pagar mi comida del d\u00eda, por el itacate y la comida caliente que me sirvi\u00f3 la se\u00f1ora D\u00e9bora, fue 150 pesos.<\/p>\n<p>De regreso a la colonia L\u00e1zaro C\u00e1rdenas, el conductor de nuevo puso m\u00fasica, ahora de Marco Antonio Sol\u00eds. El olor a cannabis brot\u00f3 en los asientos de atr\u00e1s y las chicas a todo pulm\u00f3n cantaban. En una parada los chavos bajaron a comprar cervezas y chucher\u00eda, en ese recorrido la mayor\u00eda gast\u00f3 todo su dinero, llegaron a la casa como salieron, sin nada de dinero.<\/p>\n<p><strong>Saliendo y pagando, trabajo de golondrinos <\/strong><\/p>\n<p>Lorenzo Rodr\u00edguez me recibi\u00f3 en la casa de su suegro el domingo, una semana despu\u00e9s que llegu\u00e9 al Valle. Luego de saludar entr\u00f3 a la cocina a preguntar a su esposa si ya estaba listo el almuerzo, pidi\u00f3 que pasara a la casa, a su compa\u00f1era le dijo que avisara en cuanto estuviera servido la mesa. Sali\u00f3 arrastrando dos sillas.<\/p>\n<p>\u201cPasa al patio mientras terminan de cocinar,\u201d dijo alargando la mano con una silla.<\/p>\n<p>\u00c9l es un muchacho de apenas 27 a\u00f1os de edad, con una hija de dos a\u00f1os y un largo recorrido en los surcos. El 28 de noviembre de 2015 fue electo secretario general del Sindicato Independiente Nacional Democr\u00e1tico de Jornaleros Agr\u00edcolas&#8211;el m\u00e1s joven de los l\u00edderes sindicales en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>El novel dirigente sindical habl\u00f3 esa ma\u00f1ana con el reportero de la lucha de los jornaleros en el Valle de San Quint\u00edn, as\u00ed como de su experiencia en el sindicato.<\/p>\n<p>Entre la pl\u00e1tica, Lorenzo cont\u00f3 que estudi\u00f3 un a\u00f1o en el Colegio de Bachilleres de Baja California. Antes de juntarse con Otilia Velazco, ahora su esposa, fue migrante en los Estados Unidos donde regres\u00f3 para seguir de jornalero, primero en Berry-Mex, luego rancho Los Pinos y despu\u00e9s recorrer casi todos los ranchos trabajando como golondrino, as\u00ed como \u00e9l lo dice a los que se alquilan en saliendo y pagando.<\/p>\n<p>Cuando habla de saliendo y pagando, lo primero que dice es que \u201ces un tema muy complejo\u201d, luego empieza a hilar su idea.<\/p>\n<p>\u201cSe podr\u00eda decir que tiene su pro y su contra, pero si se analiza bien lo de saliendo y pagando, en realidad no les beneficia, la mayor\u00eda de los jornaleros viven al d\u00eda, a mucho les ayuda cuando van llegando, sin embargo, esto es muy distinto, aqu\u00ed no hay de otra, trabajar por cien o ciento cincuenta pesos si corres con suerte\u201d.<\/p>\n<p>En Oaxaca, termin\u00f3 la secundaria. Al terminar la clausura, empac\u00f3 sus ropas para viajar a San Quint\u00edn, donde le dijeron que estaba el para\u00edso laboral. Pero no fue as\u00ed, en cuanto lleg\u00f3 al Valle, empez\u00f3 a trabajar por la ma\u00f1ana en Berry-Mex, al terminar la tarea, por la tarde se iba a la escuela.<\/p>\n<p>A los 15 a\u00f1os de edad, se meti\u00f3 a los surcos como jornalero: \u201cYo no quer\u00eda ser Jornalero, por eso estudiaba mi bachillerato aqu\u00ed en el Valle, siempre desee estudiar leyes para defender a la gente, pero no me alcanzaron las cuerdas y dinero\u201d.<\/p>\n<p>A\u00fan no termina de gesticular la \u00faltima palabra que est\u00e1 por soltar cuando sale su esposa a decirle que ya est\u00e1 listo el almuerzo. \u201cVamos\u201d contesta y pide que pase al comedor.<\/p>\n<p>En un cuarto que sirve de cocina y a la vez de comedor, la esposa de Lorenzo sirve pollo frito y salsa verde. Regresa a la estufa a voltear la tortilla de harina que dej\u00f3 en el comal antes de llevar los platos a la mesa.<\/p>\n<p>Entre la pl\u00e1tica, Lorenzo cuenta de los surcos: \u201cSaliendo y pagando no es ni una garant\u00eda de trabajo, ah\u00ed no piden documentos, pero tampoco te dan seguro social o derecho de antig\u00fcedad, pero a los j\u00f3venes si les sirve cuando quieren trabajar, muchos con apenas 14 a\u00f1os, otros que trabajan por este concepto son los centroamericanos y de los estados del Sur que van llegando al Valle\u201d.<\/p>\n<p><strong>Situaci\u00f3n de la mujer en los surcos <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-19277 alignright\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin2-180x300.jpg\" alt=\"sanquintin2\" width=\"180\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin2-180x300.jpg 180w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin2-768x1280.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin2-614x1024.jpg 614w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin2.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 180px) 100vw, 180px\" \/><\/strong><\/p>\n<p>Mientras cortamos fresas en el rancho El Molino, Adela, una mujer de 145 cm de estatura, con unos kilos dem\u00e1s en el cuerpo, cubierta con paliacate morada y un gorro que le cubre del sol, platica despreocupada de su vida como jornalera. \u201cLlegue hace 30 a\u00f1os, cuando apenas ten\u00eda 12 a\u00f1os y desde entonces trabajo de jornalera, siempre lo hago de saliendo y pagando\u201d.<\/p>\n<p>Agrega, \u201cEsto es Caner\u00eda, se hace para rebanar la cola de las fresas. Se les quita la coleta verde, con este cuchillo filoso, hay que tener cuidado en este trabajo porque es muy peligroso, aqu\u00ed los accidentes son constantes durante el d\u00eda, las fresas pasan por estos dos agujeros de la cuchilla, muchos de los trabajadores abandonan la jornada cuando se accidentan y se van a sus casas para curarse porque la empresa no paga servicio m\u00e9dico\u201d.<\/p>\n<p>Con Adela seguimos platicando. Ese d\u00eda escuch\u00e9 historia desgarradora que la jornalera cont\u00f3, cuando trabaj\u00f3 en Berry-Mex en temporada de fresas.<\/p>\n<p>\u201cCuando cortamos fresas, el rancho pon\u00eda una mesa alargada y dos revisadores, quienes procuran que las frutas no est\u00e9n maltratadas y vayan bien colocadas en los b\u00e1squets que contienen cada caja (12 por caja), los revisadores tardan en revisar la caja, porque son muy meticulosos en su revisi\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>La revisi\u00f3n es r\u00e1pida, mientras no est\u00e9 el mayordomo general o el due\u00f1o. Aqu\u00ed en el rancho el Molino, Carlos Haifer revisa que las fresas vayan bien cuidadas, \u00e9l es due\u00f1o del rancho y se aboca a supervisar que los trabajadores cumplan con los est\u00e1ndares de calidad que le demanda Driscoll\u2019s, una trasnacional que compra todos los frutos rojos que se cultivan en el Valle.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfCu\u00e1nto tiempo tardas en ir y venir con tu caja?\u201d le pregunto a Adela.<\/p>\n<p>-Los revisadores pueden tardar de diez a quince minutos en aprobar las cajas, esto provoca que haya filas esperando su turno. Si hay una o m\u00e1s fresas maltratadas, lo regresan para ordenarlo de nuevo, mientras perdiste una hora en lo que esperaste formado para entregar.<\/p>\n<p>\u201cS\u00ed el jornalero reincide \u00bfqu\u00e9 le hacen?\u201d quiero saber.<\/p>\n<p>\u201cEl mayordomo general ordena al de cuadrilla romper la tarjeta donde se anotan las cajas que cort\u00f3 en la jornada, eso significa que el trabajador o trabajadora es despedido sin la paga. Esto pasa en Berry-Mex y otros ranchos, hasta ahora no me ha tocado esto aqu\u00ed\u201d, agrega.<\/p>\n<p>Escuchar a Adela en los surcos me llev\u00f3 a buscar a las jornaleras para conocer su situaci\u00f3n en el Valle, platiqu\u00e9 con cien de ellas, ochenta dijeron haber sido v\u00edctimas de acoso sexual, por los mayordomos de cuadrillas, general y patrones en los surcos y veinte confesaron haberlo sufrido por sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>A las jornaleras les piden regalos, cervezas, carne y panes del Sur, de Oaxaca son las preferencias, adem\u00e1s de sexo para que las puedan emplear en los surcos. As\u00ed lo escribe una jornalera en una tarjeta que entreg\u00f3 al reportero: \u201cMejor conocido como Don Paz, de la colonia Benito Ju\u00e1rez trabaja con rancho Don Juanito, siempre pide un 24 de cervezas para dar trabajo, a las mujeres les dice que si se portan bien con \u00e9l van a ganar sin trabajar\u201d.<\/p>\n<p>El resultado final de las entrevistas con las jornaleras, es la siguiente: rancho Don Juanito ocupa primer lugar en acoso sexual y maltrato verbal; le sigue Berry-Mex que concentra la demanda de las jornaleras por carga de tarea y acoso; en tercer lugar, se ubica rancho de Chava Garc\u00eda; el cuarto lugar es para rancho Los Pinos que tiene quejas de carga de trabajo y maltrato, en ese orden siguen las dem\u00e1s empresas, las mujeres que se quejaron son trabajadoras eventuales.<\/p>\n<p>Lucila Hern\u00e1ndez insiste mucho sobre el salario de las jornaleras: \u201cUna jornalera necesita 160 pesos a la semana para el pago de una guarder\u00eda de la Secretar\u00eda de Desarrollo Social (SEDESOL), aparte llevarles un lonche (tacos) y art\u00edculos personales. Esto casi suma 250 pesos por ni\u00f1o. Si son m\u00e1s de dos ni\u00f1os resulta imposible cuidarlos. Por eso suceden las tragedias como la que acaba de pasar donde dos ni\u00f1os murieron, otro muy grave\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una semana de jornada recorr\u00ed el Valle, de El Rosario a Punta Colonet. En el recorrido se puede constatar la falta de guarder\u00edas, y las que hay no tienen el horario que las jornaleras necesitan, de cuatro y media de la ma\u00f1ana a siete de la noche.<\/p>\n<p><strong>\u00daltimo d\u00eda en el rancho los Eucaliptos<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin1-180x300.jpg\" alt=\"sanquintin1\" width=\"180\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin1-180x300.jpg 180w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin1-768x1280.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin1-614x1024.jpg 614w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/SanQuintin1.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 180px) 100vw, 180px\" \/>Los tractoristas, garrafas en mano, llenan los tanques de los tractores. Cerca de ah\u00ed unos muchachos desayunan tacos de frijoles, y para desatorarse la comida beben caf\u00e9 unos, otros refrescos y agua. La jornada a\u00fan no inicia, pero los gritos se arrecian entre maquinistas y camioneros.<\/p>\n<p>Juan Jim\u00e9nez, al escuchar el grito del mayordomo general, apresurado guard\u00f3 su comida en una mochila negra, que a unos metros el olor a \u201cqueso rancio\u201d del bolso rebaza la frontera entre los alimentos de los jornaleros.<\/p>\n<p>Un d\u00eda antes, Juan me platic\u00f3 de ese rancho. Dijo que la paga es de doscientos pesos y que es m\u00e1s tranquilo el trabajo. \u201cAh\u00ed pagan bien vato loco; adem\u00e1s puedes echar barra, bueno tus doscientos varos si lo sacas. Ayer cortamos pepinos, pero tambi\u00e9n hay mora, ah\u00ed s\u00ed conviene porque te pagan m\u00e1s, joms\u201d.<\/p>\n<p>\u00c9l vive en el ejido General Leandro Valle a quinces minutos a la colonia L\u00e1zaro C\u00e1rdenas, en un cuarto de tres por tres. Originario de la comunidad \u00f1uu de Cuanacaxtitl\u00e1n, municipio de San Luis Acatl\u00e1n, Guerrero, Juan lleg\u00f3 primero en 2013 al Valle, despu\u00e9s de haber trabajado en el corte de tomate en Sinaloa donde escap\u00f3 de la guardia que custodiaban la empresa agr\u00edcola.<\/p>\n<p>En mayo regres\u00f3 a Guerrero para inscribirse en la Universidad Aut\u00f3noma de Guerrero (UAG), pero no alcanz\u00f3 fichas que la m\u00e1xima casa de estudio dispuso en su portal de internet. Esto lo oblig\u00f3 a regresar a San Quint\u00edn. En ese viaje de regreso viaj\u00e9 con \u00e9l.<\/p>\n<p>Cuando pasamos en Cruz de Elota, municipio de Mazatl\u00e1n, Sinaloa, me cont\u00f3 de c\u00f3mo vivi\u00f3 en ese campo agr\u00edcola.<\/p>\n<p>\u201cLa paga de aqu\u00ed es peor que en San Quint\u00edn&#8211;por cortar una cubeta de tomate te pagan cincuenta centavos. En temporada de lluvia trabajas entre el lodazal y si no logras tu tarea al otro d\u00eda te castigan, as\u00ed que tuvimos que escapar en la cajuela del cami\u00f3n con otros paisanos. Ellos regresaron al pueblo y yo me fui a la Baja a buscar a mi jefa\u201d.<\/p>\n<p>Qued\u00e9 de esperar a Juan el viernes en la contra esquina del 67 Batall\u00f3n de Infanter\u00eda, no sin antes el me marcar\u00eda para avisar que su cami\u00f3n sali\u00f3 de Leandro Valle.<\/p>\n<p>Cinco minutos de espera fue suficiente. El cami\u00f3n se detuvo y \u00e9l sali\u00f3 a indicar que abordara, en cuanto sub\u00ed ojee de un lado a otro para buscar un espacio donde sentar, pero no hab\u00eda cupo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de medio almorzar nos indicaron que abord\u00e1ramos el cami\u00f3n para ir al \u00e1rea de trabajo, mientras el mayordomo general seleccionaban unos hombres que llevar\u00e1 a hacer otra actividad distinta a la nuestra, adem\u00e1s de salario.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfD\u00f3nde vamos, mayor?\u201d, pregunt\u00f3 Juan.<\/p>\n<p>\u201cT\u00fa s\u00fabete y no hagas preguntas\u201d, rega\u00f1\u00f3 el mayordomo, mientras contaba a los que sub\u00edan al cami\u00f3n.<\/p>\n<p>Llegamos a la malla sombra, ah\u00ed un muchacho de unos 160 cm. nos recibi\u00f3 junto con el mayordomo general. Entre los dos hicieron el registro, y conforme avanzamos nos entregaban una cubeta, una tijera, un pedazo de cart\u00f3n, el n\u00famero que nos corresponde de la lista y una tarjeta de donde anotar los botes de pepinos que cortemos.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfC\u00f3mo te llamas?\u201d, me pregunt\u00f3 el muchacho, con un espa\u00f1ol golpeado.<\/p>\n<p>\u201cJuan Antonio Garc\u00eda\u201d, contest\u00e9.<\/p>\n<p>\u201cTen. Este es tu n\u00famero y la tarjeta, cada vez que vac\u00edes tu bote de pepino, pasa conmigo para que perfore tu tarjeta\u201d; ordena en un espa\u00f1ol que suena m\u00e1s a Centroam\u00e9rica que de la Monta\u00f1a de Guerrero.<\/p>\n<p>En cuanto entraron todos los jornaleros a la malla sombra, inici\u00f3 la carrera por los pepinos. El silencio se apoder\u00f3 en lo surcos, s\u00f3lo se o\u00eda tac tac tac de los botes cuando ca\u00edan los pepinos y el paso alargados de los peones.<\/p>\n<p>En la plataforma donde est\u00e1 montada la tara de tres metros de largo y dos de ancho se depositan los pepinos. Arriba dos hombres vigilan que no vaya fruto tierno, cuando alguien llega con su bote medio lleno lo regresan o si hay tiernos hacen lo mismo, el grito es ensordecedor: \u201cHijo de puta, fijen bien lo que est\u00e1n haciendo, corten buenos o le quitamos su bote\u201d.<\/p>\n<p>El corte dur\u00f3 dos horas. Por ser repizca, no todos lograron la meta&#8211;el m\u00e1s r\u00e1pido cort\u00f3 m\u00e1s de 50 botes, los m\u00e1s lentos s\u00f3lo cortaron 25 botes. En mi caso alcanc\u00e9 llenar 36 botes.<\/p>\n<p><em>En cuanto entraron todos los jornaleros a la malla sombra, inici\u00f3 la carrera por los pepinos. El silencio se apoder\u00f3 en lo surcos, s\u00f3lo se o\u00eda tac tac tac de los botes cuando ca\u00edan los pepinos y el paso alargados de los peones<\/em>.<\/p>\n<p>El mayordomo pregunt\u00f3 a los jornaleros si quer\u00edan seguir con otra tarea o prefer\u00edan comer primero, todos dijeron que a comer.<\/p>\n<p>Salimos de la malla, nos fuimos al cami\u00f3n por las mochilas donde ten\u00edamos la comida. Los jornaleros buscaron donde sentarse, pero no encontraron, la mayor\u00eda opt\u00f3 por sentarse en alguna sombra a comer, sin importar que a unos metros hubiera excrementos.<\/p>\n<p>Mientras com\u00edan, lleg\u00f3 una camioneta de doble cabina. Se estacion\u00f3 en la entrada de la malla sombra. Los jornaleros se acercaron a comprar refrescos y dulces, Juan pregunt\u00f3 si quer\u00eda cervezas, le dije que no. Despu\u00e9s quise saber si ah\u00ed se venden bebidas alcoh\u00f3licas, a lo que \u00e9l contest\u00f3 que el de la camioneta siempre vende cervezas.<\/p>\n<p>Media hora despu\u00e9s lleg\u00f3 el muchacho de espa\u00f1ol golpeado con unas escaleras, unas chuecas y otras de plano que no sirv\u00edan. Los peones escogieron la mejor pero no hab\u00eda m\u00e1s. \u201cEsta escalera no sirve, si me caigo ustedes no van a pagar la curaci\u00f3n si me los rompo\u201d. \u201cEs lo que hay\u201d, contest\u00f3 el mayordomo.<\/p>\n<p>Tom\u00e9 una escalera y regres\u00e9 al surco a desbrotar la planta de pepino. Juan me ayud\u00f3 terminar mi surco, mientras eso ocurr\u00eda el olor a mariguana se expandi\u00f3 en la malla sombra, y el grito surgi\u00f3 entre los trabajadores, \u201cInviten, no sean culeros\u201d, grit\u00f3 uno, \u201cs\u00f3lo un toque\u201d, revira otro en la esquina. Ah\u00ed donde fuman anda puros adolescentes.<\/p>\n<p>Por el surco me pagaron 40 pesos y por los 36 botes, 81 pesos, en total la paga del d\u00eda fue de 121 pesos, aunque s\u00f3lo me pagaron 120, el peso se perdi\u00f3 en la cuenta de la contadora de la empresa.<\/p>\n<p>Salimos de trabajar ese d\u00eda, con un abrazo. Con nostalgia desped\u00ed a Juan Jim\u00e9nez quien se qued\u00f3 en el Valle, a redoblar esfuerzo porque debe de pagar renta, comida y pasaje por mil pesos que gana a la semana. Ah\u00ed, de los 70 mil trabajadores del campo, un promedio de 50 mil pagan rentas y servicios m\u00e9dicos. Los gruesos de los jornaleros actuales son j\u00f3venes.<\/p>\n<h4>Este reportaje forma parte de la serie\u00a0<a href=\"https:\/\/www.americas.org\/es\/?s=kau+sirenio\"><strong>&#8220;De la pobreza a los surcos&#8221;<\/strong><\/a>\u00a0sobre el trabajo jornalero en el norte de M\u00e9xico y la pobreza extrema de las comunidades del sur de donde salen los y las jornaleros. Para ver los otros reportajes de la serie escritos por Kau Sirenio dar click\u00a0<a href=\"https:\/\/www.americas.org\/es\/?s=kau+sirenio\">AQU\u00cd<\/a>.<\/h4>\n<p><i>Kau Sirenio Pioquinto, (Cuanacaxtitl\u00e1n, Guerrero), periodista \u00f1uu savi (ind\u00edgena). Fue reportero del peri\u00f3dico El Sur de Acapulco y La Jornada Guerrero, locutor de programa biling\u00fce Tatyi Savi (voz de la lluvia) en Radio y Televisi\u00f3n de Guerrero y radio Universidad Aut\u00f3noma de Guerrero XEUAG en lengua tu\u2019un savi. Actualmente es \u00a0reportero del semanario Trinchera.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Horas antes de que amanezca, frente al parque de la colonia L\u00e1zaro C\u00e1rdenas, Valle de San Quint\u00edn, hombres y mujeres embozados con paliacates se arremolinan en torno a los camiones destartalados que los esperan para llevarlos a los surcos.<\/p>\n","protected":false},"author":396,"featured_media":19337,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[4884,4916,4918],"tags":[4958],"coauthors":[],"class_list":["post-19273","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-democracia","category-derechos-humanos","category-feminismos","tag-mexico"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19273","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/396"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19273"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19273\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19998,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19273\/revisions\/19998"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19337"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19273"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19273"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19273"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=19273"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}