{"id":19952,"date":"2017-08-01T10:10:46","date_gmt":"2017-08-01T15:10:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.americas.org\/?p=19952"},"modified":"2017-08-04T13:59:50","modified_gmt":"2017-08-04T18:59:50","slug":"las-mujeres-detras-los-surcos-de-san-quintin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/las-mujeres-detras-los-surcos-de-san-quintin\/","title":{"rendered":"Las mujeres detr\u00e1s los surcos de San Quint\u00edn"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-19964\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/Jornaleras-Foto-Kau-Sirenio-2-242x300.jpg\" alt=\"\" width=\"242\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/Jornaleras-Foto-Kau-Sirenio-2-242x300.jpg 242w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/Jornaleras-Foto-Kau-Sirenio-2.jpg 646w\" sizes=\"auto, (max-width: 242px) 100vw, 242px\" \/>Mientras cortamos fresas en el rancho El Molino, Adela, una mujer\u00a0 rolliza de un metro y medio de estatura, cubierta con paliacate morado y un gorro que la protege del sol, platica despreocupada de su vida como jornalera.<\/p>\n<p>\u201cLlegu\u00e9 hace 30 a\u00f1os, cuando apenas ten\u00eda 12 a\u00f1os y desde entonces trabajo de jornalera, siempre lo hago de \u2018saliendo y pagando\u2019\u201d. Luego Adela explica, \u201cEsto es Caner\u00eda, es para rebanar la cola de las fresas. Se les quita la coleta verde, con este cuchillo filoso, hay que tener cuidado en este trabajo porque es muy peligroso, aqu\u00ed los accidentes son constantes durante el d\u00eda, las fresas pasan por estos dos agujeros de la cuchilla, muchos de los trabajadores abandonan la jornada cuando se accidentan y se van a sus casas para curarse porque la empresa no paga servicio m\u00e9dico\u201d.<\/p>\n<p>Adela cuenta que trabaj\u00f3 en BerryMex: \u201cCuando cort\u00e1bamos fresas, el rancho pon\u00eda una mesa alargada y dos supervisores, quienes procuran que las frutas no est\u00e9n maltratadas y vayan bien colocadas en los b\u00e1squets que contiene cada caja (12 por caja). Los supervisores tardan en revisar la caja, porque son muy meticulosos en su revisi\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>La revisi\u00f3n es m\u00e1s r\u00e1pida, mientras no est\u00e9 el capataz general o el due\u00f1o. Aqu\u00ed en el rancho El Molino, Carlos Haifer revisa que las fresas vayan bien cuidadas. El es due\u00f1o del rancho y se aboca a supervisar que los trabajadores cumplan con los est\u00e1ndares de calidad que le demanda Driscoll\u2019s, una trasnacional que compra todos los frutos rojos que se cultivan en el Valle.<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1nto tiempo tardas en ir y venir con tu caja? -le pregunto a Adela.<\/p>\n<p>-\u201cLos supervisores pueden tardar de 10 a 15 minutos en aprobar las cajas, esto provoca que haya filas esperando su turno. Si hay una o m\u00e1s fresas maltratadas, lo regresan para ordenarlo de nuevo, mientras perdiste una hora en lo que esperaste formado para entregar. Pero si regresas con las fresas maltratadas el mayordomo general ordena al de cuadrilla romper la tarjeta donde se anotan las cajas que cortaste en la jornada, eso significa que el trabajador o trabajadora es despedido sin la paga, esto pasa en BerryMex y otros ranchos, hasta ahora no me ha tocado esto aqu\u00ed\u201d agreg\u00f3.<\/p>\n<p>Escuchar a Adela en los surcos me llev\u00f3 a buscar a las jornaleras para conocer su situaci\u00f3n en el Valle. Platiqu\u00e9 con cien de ellas. Ochenta dijeron haber sido v\u00edctimas de acoso sexual, por los\u00a0capataces de cuadrillas y patrones en los surcos y veinte confesaron haberlo sufrido por sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Una jornalera me escribi\u00f3 una tarjeta donde me relat\u00f3 su experiencia: \u201cMejor conocido como Don Paz, de la colonia Benito Ju\u00e1rez que trabaja en el rancho Don Juanito, siempre pide un 24 de cervezas para dar trabajo. A\u00a0 las mujeres les dice que si se portan bien con \u00e9l van a ganar sin trabajar\u201d. La mayor\u00eda de los acosos sexuales ocurren justamente en ese rancho Don Juanito, pero en otros ranchos tambi\u00e9n se dan estos casos.<\/p>\n<p>Lucila Hern\u00e1ndez insiste mucho sobre el salario de las jornaleras: \u201cUna jornalera necesita 160 pesos a la semana para el pago de una guarder\u00eda de la Secretar\u00eda de Desarrollo Social (SEDESOL), aparte llevarles un lonche (tacos) y art\u00edculos personales. Esto casi suma 250 pesos por ni\u00f1o. Si son m\u00e1s de dos ni\u00f1os resulta imposible cuidarlos. Por eso suceden las tragedias como la que acaba de pasar donde dos ni\u00f1os murieron y otro est\u00e1 muy grave\u201d.<\/p>\n<p>En el Valle de San Quint\u00edn hay guarder\u00edas pero ninguna abre a las cuatro de la ma\u00f1ana, hora en que las mujeres empiezan a trabajar. Para las mujeres es m\u00e1s pesada la jornada&#8211;se levantan a las tres de la madrugada para cocinar: preparar tacos de frijoles y huevos (dieta diaria), luego le sirven el desayuno a su esposo, hijos mayores o hermanos que van a los campos. Luego ellas tambi\u00e9n se apuran para llegar a los camiones que las transportar\u00e1n a los ranchos.<\/p>\n<p><strong>In\u00e9s, la partera<\/strong><\/p>\n<p>Un abanico no es suficiente para refrescarse, el calor no cesa y m\u00e1s en ese cuartito que asfixia a los que entran a saludarla. Sus mand\u00edbulas se mueven bastante r\u00e1pido ante tantas preguntas que le llueven, su brazo derecho hace lo propio para ahuyentar a las moscas que interrumpen la pl\u00e1tica. Ese d\u00eda se habla todo, sobre todo de mujeres y de los jornaleros, durante ese tiempo no desdobl\u00f3 las piernas que mantuvo cruzadas a la orilla de su camastro.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-19953 size-medium\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160816_161026-180x300.jpg\" alt=\"\" width=\"180\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160816_161026-180x300.jpg 180w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160816_161026-768x1280.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160816_161026-614x1024.jpg 614w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160816_161026.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 180px) 100vw, 180px\" \/><\/p>\n<p>Con una risotada de oreja a oreja, a sus 70 a\u00f1os In\u00e9s L\u00f3pez L\u00e1zaro sabe muy bien lo que es vivir donde la explotaci\u00f3n es el pan de cada d\u00eda. Aunque presume de vez en cuando de los partos que le<span style=\"text-decoration: line-through;\">s<\/span> toc\u00f3 atender desde que lleg\u00f3 a Las Pulgas, lugar que se convirti\u00f3 en el campo agr\u00edcola m\u00e1s reconocido en el pa\u00eds desde los a\u00f1os treinta, y de cuando se sembraron los primeros trigos y de ah\u00ed siguieren otros cultivos.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 te puedo decir? Me siento bien por lo que hice, en Las Pulgas atend\u00ed 78 partos, todos los ni\u00f1os est\u00e1n vivos\u201d comenta con una calma que invade su hogar.<\/p>\n<p>Entre la pl\u00e1tica surgen sus recuerdos del campamento <em>Las Pulgas.<\/em> Lleg\u00f3 por primera vez cuando sali\u00f3 huyendo de la pobreza de Santa In\u00e9s del Monte Xachila, Oaxaca a mediados de los setenta con la ayuda de su hermano mayor quien nunca regres\u00f3 a su pueblo. Eso ha sido su vida desde que lleg\u00f3 a San Quint\u00edn hace m\u00e1s de 40 a\u00f1os.<\/p>\n<p>In\u00e9s relata su vivencia en <em>Las Pulgas<\/em> donde residi\u00f3 m\u00e1s de 26 a\u00f1os. Tambi\u00e9n habla de mujeres que sufr\u00edan del acoso sexual en los surcos por los capataces. Adem\u00e1s de la violencia intrafamiliar que se vive por el alto \u00edndice de alcoholismo en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>De los recuerdos que no le dejan tranquila desde que vive ac\u00e1, salta <span style=\"text-decoration: line-through;\">la<\/span> el del d\u00eda que lleg\u00f3 al Valle: \u201cCuando llegamos no hab\u00eda buenas casas. Los cuartos eran de l\u00e1mina<span style=\"text-decoration: line-through;\">s<\/span> negra, esa vez\u00a0 nos trataron mal, ac\u00e1 a toda la gente se le trataba<span style=\"text-decoration: line-through;\">n<\/span> mal. Hab\u00eda personas que se mor\u00edan de hambre cuando llov\u00eda; recuerdo que en 1992 se cayeron los puentes, unos paisanos de Oaxaca me hablaron que ven\u00edan tres trailers de comida, pero esa comida no lleg\u00f3 a nosotros\u201d.<\/p>\n<p>Con voz casi inaudible por el lloriqueo de su nieto que le pide diez pesos para su chucher\u00eda, In\u00e9s retoma la pl\u00e1tica: \u201cLas despensas s\u00ed llegaron s\u00f3lo que no fue para nosotros sino para los hermanos Rodr\u00edguez quienes los vendieron a cinco pesos la bolsita. Afortunadamente yo no batall\u00e9 mucho por no obtener la comida, ten\u00eda mi<span style=\"text-decoration: line-through;\">s<\/span> despensa almacenada porque atend\u00eda un comedor donde le daba de comer a los trabajadores\u201d.<\/p>\n<p>A los jornaleros que llegaban en el campamento <em>Las Pulgas<\/em> los llamaban &#8220;abonados&#8221; (jornaleros que com\u00edan y pagaban a la semana). La mayor\u00eda de ellos acud\u00edan con la se\u00f1ora In\u00e9s porque era la que les vend\u00eda la comida a bajo precio y les daba fiado hasta dos semanas cuando se lo ped\u00edan.<\/p>\n<p>Cierto d\u00eda In\u00e9s recibi\u00f3 una visita de dos mujeres de Guerrero que llegaron con siete ni\u00f1os \u00a0pidiendo comida, llevaban tres d\u00edas sin comer. \u201cEstamos pasando hambre, fuimos a esperar al patr\u00f3n a ver si nos apoyaba con algo pero don Benjam\u00edn Rodr\u00edguez (due\u00f1o de Los Pinos) nos dijo que fu\u00e9ramos al cerro a comer hierba, pasto, tomate o lo que encontr\u00e1ramos\u201d suplicaron las mujeres.<\/p>\n<p>Al escuchar\u00a0 las s\u00faplicas de las\u00a0 mujeres, In\u00e9s les ofreci\u00f3 ayuda: \u201cLes di el almuerzo y un poco de despensa<span style=\"text-decoration: line-through;\">s<\/span>, mientras ellas descansaban yo esperaba con ansiedad a don Benjam\u00edn\u201d.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 Benjam\u00edn Rodr\u00edguez, In\u00e9s lo encar\u00f3. Y fue entonces que el \u201ccacique de pepino\u201d la amenaz\u00f3 con echarla del campamento, a lo cual ella respondi\u00f3: \u201c<em>Es m\u00e1s f\u00e1cil que un camello pase por el <\/em>ojo<em> de una aguja que un rico entre al el Reino de los Cielos\u201d<\/em>. Mis paisanos tienen hambre, no porque seamos del sur por eso nos va a discriminar \u00a0y si usted quiere correrme de aqu\u00ed, pues ah\u00ed lo dejo a ver qui\u00e9n va a mantener a sus trabajadores\u201d.<\/p>\n<p><strong>Las madres solteras<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-19954 size-medium\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160314_100824-231x300.jpg\" alt=\"\" width=\"231\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160314_100824-231x300.jpg 231w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160314_100824-768x999.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160314_100824-787x1024.jpg 787w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/20160314_100824.jpg 1918w\" sizes=\"auto, (max-width: 231px) 100vw, 231px\" \/><\/p>\n<p>Eva Marcos Remedios lleg\u00f3 con una mochila floreada con olor a hiervas podridas entre lodazal, los dem\u00e1s se quedaron mirando con la palabra en la boca pero la mujer ni siquiera les hizo caso, aun con ese cuerpo que a diario se pelea con el viento para que no se la lleve. Ella solt\u00f3 su bolso en el asiento y despu\u00e9s se sent\u00f3. Afuera del cami\u00f3n, un remolino se levanta y empolva el ata\u00fad donde reposan los restos mortales de Gudelia L\u00e1zaro L\u00f3pez.<\/p>\n<p>Mientras Eva mira en silencio a los familiares de Gudelia, Lucila trata de descifrar la vida de la jornalera que falleci\u00f3 en los surcos del sector 1, malla 20, del rancho Los Pinos, atropellada por un cami\u00f3n que la llev\u00f3 a este lugar para cortar jitomate.<\/p>\n<p>No habla \u00fanicamente de Gudelia sino que tambi\u00e9n narra la historia de las mujeres jornaleras que han tenido que ingeni\u00e1rselas para criar a sus hijos cuando son abandonadas por sus parejas, as\u00ed que tienen que trabajar en la pisca y en sus d\u00edas de descanso a lavar ropa ajena, s\u00f3lo as\u00ed sobreviven pero no logran mandar a sus hijos a las escuelas porque por m\u00e1s que generen dinero, no les es suficiente.<\/p>\n<p>Eva conoci\u00f3 a Gudelia cuando lleg\u00f3 a San Quint\u00edn expulsada de la comunidad de Joya Real, municipio de Cochoapa el Grande. Desde que se instal\u00f3 en la colonia Santa Mar\u00eda los Pinos, mejor conocida como &#8220;Las Casitas\u201d, entabl\u00f3 amistad con la difunta quien al morir dej\u00f3 cuatro hijos: Carlos, Rodrigo, Adriana y William. Ellos no conocieron al pap\u00e1, ni \u00a0a sus abuelos o t\u00edos que se hayan quedado en la mixteca oaxaque\u00f1a. El \u00fanico contacto que tuvieron con ellos fue por llamadas telef\u00f3nicas.<\/p>\n<p>Un d\u00eda Eva lleg\u00f3 a la casa de la jornalera Lucila Hern\u00e1ndez a preparar comida para unos 25 abonados. Despu\u00e9s que comieron los jornaleros, la mujer vio que sobr\u00f3 comida y le dijo a la que ahora es l\u00edder de la organizaci\u00f3n <em>Alianza de Mujeres\u00a0 Jornaleras de todos los Colores<\/em>\u00a0 A. C\u00a0 que en una galera del campamento <em>Las Pulgas<\/em> una mujer llevaba un d\u00eda sin comer porque estaba reci\u00e9n parida.<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfC\u00f3mo puede ser? \u00bfEs posible eso? \u2013contest\u00f3 Lucila mientras barr\u00eda su peque\u00f1o comedor.<\/p>\n<p>Desde ese d\u00eda la visita se hizo m\u00e1s frecuente y a las dos semanas invit\u00f3 a la jornalera que le ayudara a lavar trastes a cambio de esos menesteres. Le propuso pagarle con comida mientras decid\u00eda cuanto podr\u00eda ofrecer de salario.<\/p>\n<p>\u201cLe llev\u00e9 comida de lo que me sobr\u00f3 \u2013recuerda Lucila. Lo hice porque soy mujer y tambi\u00e9n pensando un poco de m\u00ed, que alg\u00fan d\u00eda iba a necesitar ayuda de los dem\u00e1s. A pesar de que era muy joven, ten\u00eda como 19 a\u00f1os, cuando me vio se puso muy contenta a pesar de que era una mujer joven en ese tiempo se ve\u00eda de muchos a\u00f1os.&#8221; Le dije &#8216;Oiga, le traigo comida para que coma con los ni\u00f1os&#8217;. Ella me contest\u00f3, &#8216;No tengo marido, por lo que debo de lavar ropa ajena para darle de comer a mis dos ni\u00f1os&#8217;.\u00a0 Eso \u00a0me doli\u00f3 porque era mam\u00e1 de mi segunda hija, una ni\u00f1a de tres o cuatro meses\u201d.<\/p>\n<p>Eva escucha la conversaci\u00f3n con enfado, pero no se aguanta el dolor cuando escucha la historia de Gudelia, mientras que en el patio de la capilla a\u00fan no terminan de sacar las flores ni las velas que amigos y vecinos llevaron en el velorio en la noche anterior.<\/p>\n<p>De ese encuentro en la galera entre Gudelia y Lucila naci\u00f3 la amistad. Despu\u00e9s la l\u00edder de las jornaleras decidi\u00f3 vivir en la Ciudad de M\u00e9xico a principios de 2000 donde habit\u00f3 por cincos a\u00f1os, pues volvi\u00f3 en 2005 a Santa Mar\u00eda los Pinos, para encontrar que Gudelia hab\u00eda comprado un terreno.<\/p>\n<p><strong>Vicky<\/strong><\/p>\n<p>La voz f\u00fanebre de Victoria atrae a\u00f1oranza que se combina con el silencio que contagia a los visitantes. Cada palabra que la jornalera suelta despierta dolor y coraje y m\u00e1s cuando habla de la muerte de su esposo. A pesar de que entreg\u00f3 su vida en la Berrymex, la empresa agr\u00edcola se deslind\u00f3 de los gastos f\u00fanebres. De ese recuerdo me platic\u00f3\u00a0 Vicky en su casa.<\/p>\n<p>Antes de ahondar con las remembranzas, la mujer me ofrece un vaso de agua y una silla, casi a la orilla de su cama de donde solo se levanta a comer y tomar agua, con el dinero que recibe de pensi\u00f3n no le sirve ni siquiera para comprarse frutas y carne.<\/p>\n<p>Vicky, as\u00ed es como la conocen ac\u00e1, enviud\u00f3 hace diez a\u00f1os. Desde esa fecha recibe una pensi\u00f3n de dos mil pesos mensuales. La empresa Berrymex \u00a0cuantific\u00f3 el seguro de Jaime por 40 pesos de salario por jornada, y aunque muri\u00f3 por un accidente en los surcos, la empresa aleg\u00f3 que fue muerte natural.<\/p>\n<p>Ella no se explica porque recibe una pensi\u00f3n de dos mil pesos cuando deber\u00eda ser m\u00e1s. \u201cEntonces usted me est\u00e1 dando a entender que yo debo cobrar un poquito m\u00e1s de pensi\u00f3n, \u00bfno es as\u00ed?\u201d fue la pregunta de Vicky, para la que yo no ten\u00eda respuesta.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del intercambio de palabras se levanta de su asiento para ir por otro vaso de agua. A su regreso ya m\u00e1s aliviada, retoma la pl\u00e1tica que dej\u00f3 al aire y de su bolso saca unas recetas que le entreg\u00f3 el Seguro Social cuando fue a consulta el d\u00eda que ella se accident\u00f3 mientras levantaba t\u00faneles de invernadero en el cultivo de fresas.<\/p>\n<p>\u201cFueron los de derechos humanos a darnos las pl\u00e1ticas antes de que me accidentara, los acompa\u00f1\u00f3 el ingeniero Julio, nos dijeron que habr\u00eda aumento salarial pero no les entend\u00ed nada. Hablaron de mejor paga, pero en mi cheque no se ve el aumento salarial\u201d\u00a0 cuenta.<\/p>\n<p>Vicky vino del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca hace 27 a\u00f1os. Desde que falleci\u00f3 su esposo, ella lo reemplaz\u00f3 en Berrymex. Como parte de nuestra conversaci\u00f3n le pregunt\u00e9 c\u00f3mo se llamaba el representante de la comisi\u00f3n de derechos humanos, a lo que ella respondi\u00f3, \u201cJaime Acevedo, es un se\u00f1or chaparrito, usa lentes\u201d. Contest\u00f3 apresurada, como si alguien le arrebatara la palabra. Yo insist\u00ed en que me contara un poco m\u00e1s sobre su condici\u00f3n f\u00edsica y sus lesiones. \u201cEs una injusticia lo que me pas\u00f3, te cuento, ese d\u00eda que me lesion\u00e9 el brazo, nos dio un cuadro y medio de tarea para 15 mujeres. Era levantar los t\u00faneles, cargar los aros pesados y montarlos, cosa que solo los hombres hacen, pero mandaron a nosotras a hacerlo porque no hab\u00eda hombres suficientes para hacerlos\u201d se lament\u00f3.<\/p>\n<p>Agreg\u00f3 que \u201ccuando faltaban tres t\u00faneles para acabar con la tarea, \u00a0sent\u00ed un ardor en mi brazo, parec\u00eda que me estaba quemando los huesos, ese dolor me hizo voltear a ver los metales que levant\u00e9, s\u00f3lo me hice la pregunta \u00bfc\u00f3mo aguant\u00e9 tanto peso yo sola?, con tal de acabar mi tarea y ganar mi dinero aguant\u00e9, a\u00fan con el dolor en el brazo. Fui a avisar al supervisor\u00a0que me dol\u00eda mucho mi brazo, que ya no pod\u00eda. \u00c9l nos grit\u00f3, \u2018!Ap\u00farense porque andan por tarea!\u2019 No, me hizo caso\u201d.<\/p>\n<p>Seguido a esto, le ped\u00ed que me proporcionara el nombre del capataz, a lo que ella respondi\u00f3, \u201cMiguel Santiago, es el que est\u00e1 a cargo del rancho, ah\u00ed nunca nos da por d\u00eda, siempre nos dejan tarea, mis compa\u00f1eros dicen que el mayordomo le ahorra a la empresa por el rendimiento, con eso ahorra mano de obra a la empresa, por eso explotan a los jornaleros. Nuestros mismos compa\u00f1eros son los que explotan a la gente, es el \u00fanico que le ahorra mucho a Berrymex\u201d.<\/p>\n<p>Por la lesi\u00f3n de su brazo, a Victoria le dieron dos meses de incapacidad y un pago de mil cien pesos mensual, con lo que apenas le alcanz\u00f3 para comer arroz con frijoles y de vez en cuando unos huevos, porque no le pagaron por riesgo de trabajo sino que la incapacitaron por enfermedad com\u00fan. La empresa donde Victoria se lesion\u00f3 se llama Moramex pero su denominaci\u00f3n comercial es Berrymex y la marca internacional es Driscoll\u2019s.<\/p>\n<p><strong>Gloria<\/strong><\/p>\n<p>El motor del auto compacto marca Honda de Gloria Gracida estacionada a la orilla del parque comunitario de la colonia L\u00e1zaro C\u00e1rdenas segu\u00eda encendido mientras que la ex jornalera narraba la historia que teji\u00f3 en los surcos antes de que se dedicara a estudiar en la Escuela Normal Experimental Profr. <em>Gregorio Torres Quintero <\/em>y se volviera profesora en la misma regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ella nunca apag\u00f3 el motor de su coche durante los cuarenta minutos que dur\u00f3 la pl\u00e1tica. Su rostro se reflejaba con la luz tenue de la cabina que la mantuvo seria y se prest\u00f3 solo a contestar lo necesario a lo que se le preguntaba.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-19962\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/jornaleras-foto-kau-1-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/jornaleras-foto-kau-1-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/jornaleras-foto-kau-1-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/jornaleras-foto-kau-1-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/jornaleras-foto-kau-1.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>\u201cEl d\u00eda que pas\u00e9 una hoja para que los alumnos se anotaran, un muchacho me dijo \u2018profesora, an\u00f3teme usted porque no s\u00e9 escribir\u2019. La verdad no supe qu\u00e9 contestar, s\u00f3lo atin\u00e9 a decirle, \u2018No est\u00e9s jugando y firma\u2019 le dije, pensando que mi alumno me jugaba una broma, pero no, el joven repiti\u00f3 de nuevo \u2018La verdad, no s\u00e9 escribir\u2019. Eso me dio mucho coraje\u201d, recuerda Gloria.<\/p>\n<p>Gracias a esa experiencia Gloria no dud\u00f3 en incorporarse al movimiento de los jornaleros el 17 de marzo de 2015. As\u00ed como muchas mujeres jornaleras, form\u00f3 parte de la brigada que recorri\u00f3 los 280 kil\u00f3metros del Valle de San Quint\u00edn. Desde ese d\u00eda inici\u00f3 su lucha en contra de la explotaci\u00f3n infantil, acu\u00f1ando su propio discurso: <em>\u201cLos ni\u00f1os a la escuela y salario justo para sus padres\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Sabe bien de lo que habla. Gloria Gracida creci\u00f3 en los surcos del rancho Los Pinos donde aprendi\u00f3 el corte de pepino, jitomate, bolita de br\u00facela y calabacitas, actividades que combinaba con sus estudios desde la primaria, secundaria, bachillerato, hasta que termin\u00f3 la licenciatura en educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Delgada, de 156 cm de estatura, que a los lejos se le puede percibir como una adolescente, conoce el vericueto de la lucha magisterial aunque dice que muy poco se ha involucrado debido a que en Baja California no hay movimiento fuerte que comprometa a los jornaleros. \u201cMi lucha es como jornalera, y no de profesor, porque esto no hay ac\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEn 2006 me enviaron a Guerrero Negro como maestra, all\u00e1 no hay experiencia de lucha, es m\u00e1s, la gente no se organiza. Podr\u00edamos decir que la conciencia la obtuve cuando me fui al Distrito Federal a estudiar mi maestr\u00eda, all\u00e1 aprend\u00ed sobre los movimientos sociales, fue donde me involucr\u00e9 por primera vez en un marcha\u201d, recuerda.<\/p>\n<p>La ideolog\u00eda de izquierda de Gloria cobr\u00f3 fuerza cuando realiz\u00f3 un viaje de estudios al Estado de Chiapas con sus compa\u00f1eros de la Universidad Iberoam\u00e9rica: \u201cLa verdad, fue muy impresionante para m\u00ed viajar a Chiapas. En Chiapas se destapa la pobreza de M\u00e9xico, creo que ah\u00ed me di cuenta realmente de c\u00f3mo estamos, y me acuerdo que vi a la gente, a nuestros hermanos ind\u00edgenas. En ese viaje dije que ten\u00eda que hacer algo, no s\u00e9 qu\u00e9, pero quer\u00eda hacer algo y esta siempre fue mi preocupaci\u00f3n. Es que mi mam\u00e1 hasta la fecha no sabe leer ni escribir\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cubrirse de la lluvia de preguntas, la expresi\u00f3n de Gloria revela recuerdos de familia bastante profundos de cuando llegaron a San Quint\u00edn. Desde cuando era una ni\u00f1a, de aquella vez cuando no pod\u00edan comprar ni tortillas porque no sab\u00edan c\u00f3mo pedirlo, su vida hab\u00eda sufrido una metamorfosis kafkiana al cambiar cultura, tradiciones, costumbres y lengua. Dos mundos opuestos.<\/p>\n<p>El sentimiento que cubre el rostro de la ex jornalera se agudiza y casi suelta sus l\u00e1grimas. \u201cMis hermanos no usaban zapatos para ir a trabajar y con el fr\u00edo que hace y el lodo cuando llueve, son cosas que poco a poco ten\u00eda en la mente porque ellos hab\u00edan sufrido mucho m\u00e1s que nosotros y luego en el d\u00eda se iban a trabajar al campo y en la noche se iban a trabajar a las almejas. En la madrugada llegando se iban al campo, entonces en su momento yo no lo ve\u00eda mal, pero ahora digo \u00bfc\u00f3mo es posible? y ahora mis hermanos enfermos a los 30 o 40 a\u00f1os, eso me motiva a seguir\u201d.<\/p>\n<p>Finalmente, Gloria lament\u00f3 que \u201cLo que m\u00e1s impacta y da coraje es que en Sinaloa cuando ya se iban a regresar mis pap\u00e1s con sus ahorros a Oaxaca se quemaron las galeras y pues ah\u00ed se quedaron todos sus ahorros, y regresaron con las manos vac\u00edas, y no solo ellos porque las casas son de cart\u00f3n y de l\u00e1minas de petr\u00f3leo, entonces si se quema una se queman todas. Esta historia no es solo de ellos, sino tambi\u00e9n de otras familias. Entonces se ha dicho que nosotros los de Oaxaca somos de puro trabajo y ni siquiera te alimentas bien y te privas de muchas cosas para poder ahorrar, y mi papa ten\u00eda esa idea de tener que ahorrar para comer bien y que al \u00faltimo sus ahorros se quemaron\u201d.<\/p>\n<p>Fotos: Kau Sirenio.<\/p>\n<h4>Este reportaje forma parte de la serie <a href=\"https:\/\/www.americas.org\/es\/?s=kau+sirenio\"><strong>&#8220;De la pobreza a los surcos&#8221;<\/strong><\/a> sobre el trabajo jornalero en el norte de M\u00e9xico y la pobreza extrema de las comunidades del sur de donde salen los y las jornaleros. Para ver los otros reportajes de la serie escritos por Kau Sirenio dar click <a href=\"https:\/\/www.americas.org\/es\/?s=kau+sirenio\">AQU\u00cd<\/a>.<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acoso sexual, injusticias y abusos son el pan de cada d\u00eda de las mujeres jornaleras de San Quint\u00edn. Historias testimoniales de las mujeres detr\u00e1s de los surcos.<\/p>\n","protected":false},"author":396,"featured_media":19955,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[4884,4916,4915],"tags":[5046],"coauthors":[],"class_list":["post-19952","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-democracia","category-derechos-humanos","category-tierra","tag-mexico-north-america"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19952","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/396"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19952"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19952\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19994,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19952\/revisions\/19994"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19955"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19952"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19952"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19952"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=19952"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}