{"id":64375,"date":"2024-08-23T12:49:22","date_gmt":"2024-08-23T17:49:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.americas.org\/?p=64375"},"modified":"2024-08-23T13:03:10","modified_gmt":"2024-08-23T18:03:10","slug":"cosechando-igualdad-las-luchas-de-las-mujeres-jornaleras-en-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/cosechando-igualdad-las-luchas-de-las-mujeres-jornaleras-en-america-latina\/","title":{"rendered":"Cosechando igualdad: Las luchas de las mujeres jornaleras en Am\u00e9rica Latina\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Blanca Ju\u00e1rez<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2560\" height=\"1920\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras3-reducido-scaled.jpeg\" alt=\"Mujer agricultora protegida para la jornada con paliacates cosechando en un sembrad\u00edo de chiles. \" class=\"wp-image-64380\" style=\"width:704px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras3-reducido-scaled.jpeg 2560w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras3-reducido-768x576.jpeg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras3-reducido-1536x1152.jpeg 1536w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras3-reducido-2048x1536.jpeg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 2560px) 100vw, 2560px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Agricultora  Foto: Blanca Ju\u00e1rez <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Bajo el mismo sol llameante, las mujeres jornaleras hacen el mismo trabajo que los hombres, pero con salarios inferiores. En Am\u00e9rica Latina, las trabajadoras agr\u00edcolas comparten otros problemas: la falta de acceso a la tierra y una sobrecarga de trabajo de cuidados no remunerado. Adem\u00e1s, sus luchas se han desarrollado en medio de conflictos sociales y violencia pol\u00edtico militar.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Se dice que son d\u00e9biles, pero son capaces de cargar un costal de m\u00e1s de 20 kilos de chiles con una cr\u00eda en el vientre que le puede agregar otros 10 kilos. Las comparan con \u201cla madre tierra\u201d, pero les niegan el acceso a un terreno, que ellas mismas trabajan. Seg\u00fan la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Alimentaci\u00f3n y la Agricultura (FAO, por sus siglas en ingl\u00e9s), m\u00e1s del 20% del empleo agr\u00edcola en Am\u00e9rica latina lo realizan mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Las comparan con \u201cla madre tierra\u201d, pero les niegan el acceso a un terreno, que ellas mismas trabajan.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, \u201cde derechos de las mujeres no se habla en las fincas\u201d, reprocha Leiria Vay, mujer maya quich\u00e9, integrante de la direcci\u00f3n pol\u00edtica del Comit\u00e9 de Desarrollo Campesino (CODECA) en Guatemala.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa vida de las mujeres jornaleras es ruda\u201d, dice Abelina Ram\u00edrez, dirigente del Sindicato Independiente Nacional Democr\u00e1tico de Jornaleros Agr\u00edcolas (SINDJA) en M\u00e9xico. El trabajo agr\u00edcola es pesado, pero \u201cla discriminaci\u00f3n de los gobiernos contra nosotras, de las empresas y hasta de nuestros compa\u00f1eros\u201d lo hace a\u00fan m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>La desigualdad salarial es una de las expresiones de dicha discriminaci\u00f3n. En Guatemala, indica Leiria Vay, apenas el 3% de las mujeres jornaleras alcanza a ganar un salario m\u00ednimo. En M\u00e9xico, a las mujeres que trabajan en la industria agr\u00edcola se les paga, en promedio, 200 pesos al d\u00eda ($10.55 d\u00f3lares). Mientras que los hombres ganan 230 pesos ($12.13 d\u00f3lares) diarios en promedio, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estad\u00edstica y Geograf\u00eda (INEGI).<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo problema atraviesan las mujeres en Colombia, donde el \u201ccontexto tan patriarcal y machista\u201d les impide ganar igual que los hombres, reconoce Daniel Camilo Arciniegas, de Resistencias, un colectivo de jornaleros y jornaleras del municipio de Cajamarca. Seg\u00fan la Sociedad de Agricultores, las jornaleras colombianas ganan en promedio 14% menos que los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Del hogar a la tierra, el trabajo no acaba para las mujeres<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A las 5 de la ma\u00f1ana ya se le ha hecho tarde a Ofelia Hern\u00e1ndez. \u201cTengo que hacer tortillas y algo de lonche. Una parte es para que mi se\u00f1or, mis dos hijos y yo almorcemos en el campo. La otra es para mis otras dos hijas, la de 11 a\u00f1os se queda a cuidar a su hermanita de tres\u201d, cuenta. Pasadas las 6 de la ma\u00f1ana se encaminan a trabajar en los surcos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ofelia Hern\u00e1ndez y su familia son originarias de Guerrero, al sur del pa\u00eds, una de las entidades m\u00e1s empobrecidas de M\u00e9xico, pero viven poco tiempo en su casa. La mayor parte del a\u00f1o van persiguiendo los ingresos econ\u00f3micos al ritmo del ciclo agr\u00edcola y bajo las condiciones de las empresas. La falta de oportunidades laborales en su comunidad les obliga a emigrar cada a\u00f1o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2560\" height=\"1920\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras2-scaled.jpeg\" alt=\"Mujer jornalera agr\u00edcola protegida para el trabajo cosechando chiles de un sembrad\u00edo. \" class=\"wp-image-64377\" style=\"width:527px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras2-scaled.jpeg 2560w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras2-768x576.jpeg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras2-1536x1152.jpeg 1536w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras2-2048x1536.jpeg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 2560px) 100vw, 2560px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Trabajadora agr\u00edcola  Foto: Blanca Ju\u00e1rez<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Este a\u00f1o toc\u00f3 viajar a Nayarit, un estado al occidente del territorio mexicano, donde contrataron a su familia y a otras decenas para la cosecha de chile. El a\u00f1o pasado fue Baja California en el norte de M\u00e9xico y para finales de \u00e9ste podr\u00eda ser Guanajuato, Sinaloa o Durango.<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar el jornal en el campo, a eso de las 4 o 5 de la tarde, el trabajo no ha concluido para Ofelia Hern\u00e1ndez. De vuelta al alojamiento temporal en Nayarit, prepara la comida y releva a su hija de 11 a\u00f1os en el cuidado de la m\u00e1s peque\u00f1a. Pronto acabar\u00e1 el d\u00eda y mientras el resto de la familia quiz\u00e1 descansa, ella lava la ropa a mano, hace la cena o adelanta la elaboraci\u00f3n del almuerzo para el d\u00eda siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>En Am\u00e9rica Latina, el 48% de las mujeres rurales con empleo se dedica a la agricultura, la ganader\u00eda o la pesca artesanal, seg\u00fan la FAO. El resto, se dedica al comercio, al trabajo dom\u00e9stico remunerado o labora en los sectores de salud, educaci\u00f3n, turismo o gobierno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Sin embargo, los ingresos que obtiene la mayor\u00eda en cualquiera de esas ocupaciones son insuficientes para vivir una vida digna. Seg\u00fan el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 58% de las mujeres rurales en Am\u00e9rica Latina y el Caribe vive en pobreza multidimensional. Y es quiz\u00e1 en el trabajo agr\u00edcola, una labor esencial para garantizar la alimentaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n, donde tienen \u201clos menores ingresos y peores condiciones de vida en la mayor\u00eda de los pa\u00edses latinoamericanos\u201d, de acuerdo con la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS).\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>En ese contexto, las familias jornaleras de la regi\u00f3n se enfrentan a una grave precariedad laboral. Principalmente las mujeres, quienes adem\u00e1s del trabajo en el campo se encargan de la mayor parte del trabajo del hogar y de cuidados no remunerados.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Seg\u00fan el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 58% de las mujeres rurales en Am\u00e9rica Latina y el Caribe vive en pobreza multidimensional.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ante la poca cobertura de servicios de cuidado en las \u00e1reas rurales -como estancias infantiles- y la falta de equilibrio en el reparto de las tareas de cuidado entre mujeres y hombres adultos, muchas ni\u00f1as asumen parte de ese trabajo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan Unicef, a nivel mundial las ni\u00f1as de entre 5 y 14 a\u00f1os de edad dedican 40% m\u00e1s de su tiempo a cocinar, limpiar y cuidar de familiares que los ni\u00f1os de ese mismo rango de edad. Asumir esa responsabilidad les quita horas para jugar, estudiar o descansar, derechos fundamentales de la ni\u00f1ez. Adem\u00e1s, muchas de las actividades dom\u00e9sticas que realizan pueden ser peligrosas para su edad, por ejemplo, cocinar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPocas empresas agr\u00edcolas tienen guarder\u00edas\u201d, dice Abelina Ram\u00edrez desde M\u00e9xico. \u201cNo hemos logrado que, si no todas, al menos la mayor\u00eda adopte esa pr\u00e1ctica\u201d. En Guatemala, \u201ceso est\u00e1 bien lejos de nuestra realidad, no es algo que veamos en nuestro panorama a mediano plazo\u201d, lamenta Leiria Vay.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No solo se trata de que las empresas o los gobiernos provean del servicio de cuidado infantil, sino que \u00e9ste sea de calidad y atienda a las ni\u00f1eces jornaleras como lo hace con ni\u00f1as y ni\u00f1os en las ciudades o de familias no racializadas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cYo llevaba a mi ni\u00f1a a la guarder\u00eda de la empresa, pero me la regresaban ronca de tanto que hab\u00eda chillado. Dejan que los ni\u00f1os lloren, no los consuelan, no los abrazan. Un d\u00eda le hab\u00edan quitado toda su ropita, nom\u00e1s andaba en pa\u00f1al, me dijeron que porque hac\u00eda mucho calor. Mejor ya no la llev\u00e9, por eso ahora la cuida su hermana\u201d, dice Ofelia Hern\u00e1ndez.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La hermana ha dejado la primaria por hacerse cargo de la beb\u00e9. \u201cUno de los principales problemas de las jornaleras agr\u00edcolas es la falta de educaci\u00f3n b\u00e1sica\u201d, se\u00f1ala Abelina Ram\u00edrez. Adem\u00e1s del trabajo de cuidados, la movilidad es otro obst\u00e1culo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco tiempo de que comienza el ciclo escolar, la familia tiene que irse de casa para trabajar por seis meses o m\u00e1s en otro estado del pa\u00eds. Si a donde llegan hay una escuela cerca, inscriben a los hijos e hijas, pero las ni\u00f1as con hermanxs menores tienen menos probabilidad de acudir. Luego, cuando termina la temporada agr\u00edcola, faltan varias semanas para que el a\u00f1o escolar acabe y tienen que volver a irse.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Violencia sexual contra las jornaleras<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de 2015 cuando fue fundado el Sindicato Independiente Nacional Democr\u00e1tico de Jornaleros Agr\u00edcolas (SINDJA), Abelina Ram\u00edrez, recuerda que algunas mujeres se atrevieron a hablar del acoso sexual en los campos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDescubrimos que es muy dif\u00edcil que salga la luz. Con aquellas que se han atrevido a contarlo, les hemos dado acompa\u00f1amiento si es que quieren denunciarlo de manera formal\u201d. Sin embargo, el caso de una joven que present\u00f3 una denuncia ante autoridades laborales contra uno de los patrones ha desalentado a muchas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl proceso tard\u00f3 m\u00e1s de un a\u00f1o y, finalmente, el abogado nos dijo que acept\u00e1ramos el dinero que ofrec\u00eda la empresa porque la demanda no iba a prosperar. El poder de las grandes compa\u00f1\u00edas contra la palabra de una mujer a\u00fan es enorme\u201d, cuenta Abelina Ram\u00edrez.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn Guatemala no es un tema que se haya documentado debidamente\u201d, dice Leiria Vay. Hace algunos a\u00f1os, cuando desde el Codeca realizaban una investigaci\u00f3n sobre las condiciones laborales de las personas jornaleras, pudieron observar m\u00e1s claramente la violencia sexual contra las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>En una reuni\u00f3n cerca de las fincas bananeras de Tiquisate, en la costa sur, \u201cuna se\u00f1ora lideresa, a quien que yo conoc\u00eda desde hace tiempo pero poco sab\u00eda de su vida, hablaba de la sobreexplotaci\u00f3n y de todos los problemas que ya sabemos\u201d, recuerda Vay.<\/p>\n\n\n\n<p>Su discurso avanz\u00f3 y entr\u00f3 al tema de la desigualdad de g\u00e9nero y tras una pausa para tomar fuerza, dijo: \u201cCompa\u00f1eros, estoy aqu\u00ed con mi hija de 5 a\u00f1os de edad. Bueno, ella es producto de una violaci\u00f3n en la finca\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Leiria Vay qued\u00f3 helada, apenas pudo atinar a preguntarle si hab\u00eda denunciado. \u201cMe dijo que ten\u00eda otros dos hijos y si denunciaba, ese se\u00f1or ya no le iba a dar trabajo nunca m\u00e1s\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En Colombia, dice Daniel Camilo Arciniegas, \u201cel movimiento feminista ha llegado a la lucha de las personas jornaleras. Varias compa\u00f1eras hablan del acoso sexual en el trabajo agr\u00edcola, lo nombran, porque antes no se le identificaba\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Criminalizaci\u00f3n y resistencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2560\" height=\"1920\" src=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras1-reducido-scaled.jpeg\" alt=\"Agricultora protegida para la jornada con una mochila con herramientas y un saco con los productos de la cosecha. \" class=\"wp-image-64382\" style=\"width:518px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras1-reducido-scaled.jpeg 2560w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras1-reducido-768x576.jpeg 768w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras1-reducido-1536x1152.jpeg 1536w, https:\/\/www.americas.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Jornaleras1-reducido-2048x1536.jpeg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 2560px) 100vw, 2560px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Mujer jornalera  Foto: Blanca Ju\u00e1rez<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Las luchas de las poblaciones jornaleras en Am\u00e9rica Latina han encontrado eco en los movimientos por la defensa de la tierra, el territorio y el medio ambiente. Tambi\u00e9n en las organizaciones que reclaman justicia social, pol\u00edtica, laboral o econ\u00f3mica. Sin embargo, esta relaci\u00f3n tambi\u00e9n ha provocado que sus demandas sean criminalizadas, lo cual afecta a los grupos m\u00e1s vulnerados, como las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Codeca fue fundado en 1992 \u201cpor compa\u00f1eros ind\u00edgenas, que no sab\u00edan leer ni escribir, para luchar por el derecho a la tierra y los derechos laborales de las jornaleras y los jornaleros agr\u00edcolas\u201d. Vay explica que \u201ccuando se firm\u00f3 la paz en Guatemala, hace 28 a\u00f1os, nos ilusionamos. Pensamos que habr\u00eda mejores oportunidades para los pueblos ind\u00edgenas y campesinos. Pero todo fue para desarmar a la guerrilla y abrirle las puertas a las transnacionales con sus proyectos extractivos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El gobierno firm\u00f3 el Acuerdo de Paz Firme y Duradera con la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) en 1996. En el conflicto armado participaron el Ej\u00e9rcito, grupos paramilitares y grupos guerrilleros. Dur\u00f3 36 a\u00f1os y dej\u00f3 a m\u00e1s de 200 mil personas muertas y desaparecidas. En ese tiempo, la violencia contra las mujeres fue particularmente cruel.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para Leiria Vay, los acuerdos de paz \u201cafianzaron el sistema neoliberal, creando un mercado en el que vale m\u00e1s el dinero que la vida misma de las personas\u201d. Tras los acuerdos, las familias ricas y las empresas transnacionales pudieron acaparar m\u00e1s f\u00e1cilmente el territorio. Eso dej\u00f3 a la poblaci\u00f3n rural e ind\u00edgena sin tierras, o con terrenos poco f\u00e9rtiles. Sin embargo, las mujeres ni siquiera obtuvieron tierras infecundas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLas mujeres que poseen tierras normalmente tienen terrenos m\u00e1s peque\u00f1os, de menor calidad y con derechos menos afianzados\u201d, seg\u00fan el reporte <em>Las voces de las mujeres rurales de Am\u00e9rica Latina y el Caribe ante las crisis multidimensionales<\/em>, de la FAO. Dependiendo del pa\u00eds, en la regi\u00f3n las mujeres son propietarias de entre el 8 y el 30 % de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Leiria Vay explica que, tras el despojo en Guatemala, una de las pocas formas para obtener ingresos fue trabajar en las grandes fincas favorecidas por el modelo neoliberal en el pa\u00eds, donde los salarios son bajos, especialmente para las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Miles m\u00e1s han cruzado la frontera con M\u00e9xico y laboran como jornaleras en Chiapas y, en los \u00faltimos a\u00f1os, en los campos de Jalisco, Michoac\u00e1n y Guanajuato. Otras se han ido a Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>En M\u00e9xico, de los m\u00e1s de 5 millones de personas con escrituras de tierras ejidales o comunales, s\u00f3lo 27% son mujeres, seg\u00fan el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEs dif\u00edcil que las jornaleras accedan a la tenencia de la tierra. En cambio, eso se facilita para las grandes empresas, sobre todo para las extranjeras. Parece a veces que estamos destinadas a trabajar siempre en la tierra ajena\u201d, reflexiona Abelina Ram\u00edrez.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cYo me integr\u00e9 a la lucha de los derechos laborales a partir del paro laboral en el Valle de San Quint\u00edn, Baja California, en 2015\u201d, cuenta la activista originaria del estado de Oaxaca, al sur de M\u00e9xico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cViv\u00edamos condiciones verdaderamente inhumanas, la gente no ten\u00eda ba\u00f1os ni tiempo de comida. Los salarios eran de miseria, pero todav\u00eda peor para las mujeres. El acoso sexual de los mayordomos (capataces) y hasta de los empresarios o gerentes a las jornaleras era el pan amargo de cada d\u00eda\u201d. Al formar el sindicato, muchas mujeres, como Abelina Ram\u00edrez, exigieron a sus compa\u00f1eros que la lucha por los derechos laborales tendr\u00eda que tomar en cuenta la voz de las jornaleras. En el pasado, movimientos pol\u00edticos armados, como los liderados por Genaro V\u00e1zquez y Lucio Caba\u00f1as en Guerrero, y la Liga Comunista 23 de Septiembre en diversas regiones de M\u00e9xico en los a\u00f1os 70 incorporaron las demandas de los jornaleros agr\u00edcolas, pero no atendieron espec\u00edficamente las necesidades de las mujeres. Adem\u00e1s, su v\u00ednculo real o presunto con esos movimientos fue tomado como un pretexto por el Estado mexicano y las empresas para criminalizar las demandas de los jornaleros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa organizaci\u00f3n de las poblaciones oprimidas siempre se intentar\u00e1 desacreditar\u201d, apunta Daniel Camilo Arciniegas. En Cajamarca, Colombia, \u201ccuando las personas sin tierra nos comenzamos a activar nuevamente hace unos a\u00f1os, se nos asoci\u00f3 con movimientos guerrilleros\u201d del conflicto armado que vive el pa\u00eds desde 1960.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De esa manera los gobiernos neoliberales, como los describe el activista, buscaban menoscabar sus demandas y no atenderlas. \u201cA pesar de que hay unos predios que podr\u00edan ser destinados a familias campesinas, esto dif\u00edcilmente suceder\u00e1\u201d, dice el joven.<\/p>\n\n\n\n<p>En Cajamarca, las familias jornaleras tambi\u00e9n se organizaron para evitar la operaci\u00f3n de una mina a cielo abierto. \u201cNuestra lucha actualmente es muy diversa, y cada vez vamos comprendiendo mejor que lo que logremos tendr\u00e1 que ser con las mujeres y para las mujeres\u201d, dice Daniel Camilo Arciniegas.<\/p>\n\n\n\n<p>Abelina Ram\u00edrez concluye: \u201cLas mujeres en los surcos han sido invisibilizadas. Tambi\u00e9n nuestro trabajo en los hogares y en luchas sociales. Pero las jornaleras trabajamos la tierra, cultivamos los alimentos, criamos a las personas y es hora de que se oiga y se reconozca todo eso\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los procesos de organizaci\u00f3n de las mujeres jornaleras en M\u00e9xico, Guatemala, Colombia y, en general, en Am\u00e9rica Latina han avanzado a ritmos y por rumbos diferentes. Se han relacionado con movimientos sociales, de defensa de la tierra y derechos campesinos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em><strong>Para Abelina Ram\u00edrez, el sindicalismo es una de las formas de organizaci\u00f3n que m\u00e1s beneficios puede traer a las mujeres jornaleras. Al menos, esa ha sido su experiencia.\u00a0<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la huelga de 2015, en San Quint\u00edn, Baja California, en M\u00e9xico, las condiciones laborales de las trabajadoras y los trabajadores agr\u00edcolas no hab\u00edan mejorado, as\u00ed que el SINDJA realiz\u00f3 una caravana desde aquella entidad al norte del pa\u00eds hasta la Ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cFue cuando empec\u00e9 a participar p\u00fablicamente, llevando la voz de las mujeres jornaleras no solamente de San Quint\u00edn, sino de todo el pa\u00eds. Fue cuando empec\u00e9 un trabajo m\u00e1s intenso, m\u00e1s aguerrido. Cambi\u00f3 mi vida, mi forma de pensar sobre las empresas, las trabajadoras y los trabajadores. Y fue cuando descubr\u00ed la importancia de difundir los derechos que tenemos las mujeres\u201d, se\u00f1ala la activista mexicana.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En Colombia, la Plataforma de Incidencia pol\u00edtica de mujeres rurales colombianas logr\u00f3 que en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 se incluyeran algunas de sus demandas laborales. El proyecto gubernamental contempla crear medidas para mejorar las condiciones de trabajo de las mujeres, lo cual \u201cimplica espacios libres de violencias y discriminaciones, disminuci\u00f3n de la brecha salarial de g\u00e9nero, la armonizaci\u00f3n de la vida personal y el aumento de su bienestar integral\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en Guatemala, el Comit\u00e9 de Desarrollo Campesino (Codeca) ha ampliado su lucha, propone crear un Estado Plurinacional, explica Leiria Vay. \u201cHemos luchado mucho, pero nuestras condiciones de vida no cambian. Seguiremos luchando por tierra y por derechos laborales, pero el problema es m\u00e1s grande: es estructural. Son las estructuras del poder, es el sistema mismo, que no permite que las cosas funcionen\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que han integrado a \u201credes de mujeres, profesionales, estudiantes, vendedores y otros grupos\u201d para conformar la Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional, desde donde surja ese Estado Plurinacional. \u201cQue sean los pueblos los que construyan su propio camino\u201d, dice.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bajo el mismo sol llameante, las mujeres jornaleras hacen el mismo trabajo que los hombres, pero con salarios inferiores. <\/p>\n","protected":false},"author":502,"featured_media":64388,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[5094,4915],"tags":[8662,5643,8640,8661,5553,8660,8659,4958,8488],"coauthors":[8618],"class_list":["post-64375","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-medio-ambiente","category-tierra","tag-agricultoras","tag-colombia","tag-derechos-laborales","tag-discriminacion","tag-guatemala","tag-jornaleras","tag-latinoamercia","tag-mexico","tag-mira-feminismos-y-democracias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64375","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/502"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=64375"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64375\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":64386,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64375\/revisions\/64386"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/64388"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=64375"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=64375"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=64375"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=64375"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}