{"id":678,"date":"2008-05-06T21:46:20","date_gmt":"2008-05-06T21:46:20","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=678"},"modified":"2008-06-03T18:55:34","modified_gmt":"2008-06-03T18:55:34","slug":"5217","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5217\/","title":{"rendered":"La revoluci&oacute;n de 1968: Cuando el s&oacute;tano dijo &iexcl;Basta!"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p>&quot;Tan s&oacute;lo ha habido dos revoluciones mundiales. La primera se produjo en 1848. La segunda en 1968. Ambas constituyeron un fracaso hist&oacute;rico. Ambas transformaron el mundo. El hecho de que ninguna de las dos estuviese planeada y fueran espont&aacute;neas en el sentido profundo del t&eacute;rmino, explica ambas circunstancias: el hecho de que fracasaran y el hecho de que transformaran el mundo.&quot; <\/p>\n<p align=\"right\">Immanuel Wallerstein <\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<blockquote>\n<p>&quot; Los acontecimientos hist&oacute;ricos no son puntuales, sino que se extienden en un antes y un despu&eacute;s del tiempo que s&oacute;lo se revela gradualmente.&quot; <\/p>\n<p align=\"right\">Fredric Jameson <\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\"><b>Las cuatro d&eacute;cadas que han pasado desde la &quot;revoluci&oacute;n mundial del 68&quot;, concepto acu&ntilde;ado por Immanuel Wallerstein, parece un tiempo suficiente como para intentar comprender el rumbo que a partir de aquel momento comenz&oacute; a tomar la lucha antisist&eacute;mica en Am&eacute;rica Latina. Para ello habr&iacute;a que desviar la mirada de los grandes eventos &eacute;picos como la ofensiva del Tet de los combatientes vietnamitas, las manifestaciones de mayo en Par&iacute;s y la masacre de la Plaza de Tlatelolco en M&eacute;xico, por mencionar apenas tres hechos que impactaron en todo el mundo. <\/b><\/p>\n<p>Es cierto que estos tres acontecimientos no dan cuenta de toda la energ&iacute;a social y pol&iacute;tica que circul&oacute; en aquellos a&ntilde;os. Habr&iacute;a que sumar, s&oacute;lo pensando en nuestro continente, la insurrecci&oacute;n obrera de C&oacute;rdoba&mdash;el <i>Cordobazo<\/i> de 1969&mdash;que puso en retirada a la dictadura militar de Juan Carlos Ongan&iacute;a; el ascenso de las luchas urbanas en Chile, que modificaron la estructura de las ciudades y llevaron a la presidencia a Salvador Allende en 1970; las luchas campesinas en la sierra peruana, que forzaron al gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, desde 1968, a realizar la mayor reforma agraria de esa &eacute;poca despu&eacute;s de la cubana; el impresionante ascenso obrero y minero en Bolivia que construy&oacute; una Asamblea Popular, en 1970, &oacute;rgano con el que disputaron el poder a las clases dominantes. En cada pa&iacute;s podr&iacute;an sumarse hechos y procesos que f&aacute;cilmente pueden vincularse a lo que, gen&eacute;ricamente, se ha dado en llamar &quot;el 68&quot;. <\/p>\n<p>Sin embargo, habr&iacute;a que ir algo m&aacute;s abajo para desentra&ntilde;ar los cambios de larga duraci&oacute;n que permitan hablar de un antes y un despu&eacute;s de esos a&ntilde;os. &iquest;Qu&eacute; nos queda si al 68 le quitamos las multitudinarias manifestaciones en las grandes alamedas? &iquest;Qu&eacute;, si dejamos de lado los colosales acontecimientos, fugaces por cierto? Responder supone adentrarnos en una forma de ver el mundo diferente a la hegem&oacute;nica, similar por cierto a la que ensaya el subcomandante insurgente Marcos quien sostiene: &quot;Las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos monumentales y &eacute;picos, sino con movimientos peque&ntilde;os en su forma y que aparecen como irrelevantes para el pol&iacute;tico y el analista de arriba&quot;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a>. <\/p>\n<p>Estos cambios no se hicieron visibles de forma inmediata, sino que se van desplegando de forma imperceptible o de modo progresivo y ascendente, desde la periferia hacia el centro, desde las remotas &aacute;reas rurales hacia las ciudades, desde la vida cotidiana hacia formas culturales reconocidas. Pero no lo hacen siguiendo la l&oacute;gica de los an&aacute;lisis sobre los &quot;movimientos sociales&quot; de la sociolog&iacute;a europea y norteamericana. O sea, analizando las <i>caracter&iacute;sticas de las organizaciones<\/i> que desarrollan <i>ciclos de protesta<\/i>, que comienzan cuando <i>actores sociales<\/i> aprovechan la <i>estructura de las oportunidades pol&iacute;ticas<\/i> para desplegar <i>repertorios de acci&oacute;n social<\/i> que les permitan conseguir sus <i>objetivos y fines<\/i> en una <i>interacci&oacute;n con el Estado<\/i> y sus aliados. Por este camino conceptual dif&iacute;cilmente podamos comprender lo que viene sucediendo en los s&oacute;tanos de nuestras sociedades. <\/p>\n<p>Uno de los resultados m&aacute;s notables de lo sucedido en torno al 68 es la revelaci&oacute;n del m&aacute;s abajo, o sea su visibilizaci&oacute;n diferenciada, para luego ensayar la sublevaci&oacute;n o alzamiento, o sea pronunciar un <i>Ya Basta<\/i> que con los a&ntilde;os comenz&oacute; a cobrar forma en la creaci&oacute;n de un mundo otro, diferente al hegem&oacute;nico. Para ello ser&aacute; necesario echar una mirada similar a la que Marcos le atribuye al antrop&oacute;logo Andr&eacute;s Aubry, que implica ir m&aacute;s all&aacute; de lo exterior y visible para comprender la parte de los pueblos &quot;que est&aacute; vuelta hacia adentro&quot;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a>. <\/p>\n<h3>Una nueva generaci&oacute;n de luchas <\/h3>\n<p>Lo primero que llama la atenci&oacute;n es el nacimiento de gran cantidad de organizaciones de nuevo tipo, que encarnan sujetos sociales diferentes a los que hasta ese momento hab&iacute;an ocupado el centro del escenario, como los movimientos sindical y estudiantil. Sin la menor pretensi&oacute;n de exhaustividad, en 1971 nace el CRIC (Consejo Regional Ind&iacute;gena del Cauca), en Colombia, que luego contribuir&aacute; a la creaci&oacute;n de la ONIC (Organizaci&oacute;n Nacional Ind&iacute;gena de Colombia). En 1972 se crea Ecuarunari, la organizaci&oacute;n quichua de la sierra que jug&oacute; un papel determinante en la formaci&oacute;n de la CONAIE (Confederaci&oacute;n de Nacionalidades Ind&iacute;genas del Ecuador). En 1973 se emite el Manifiesto de Tiahuanaco, en Bolivia, por parte de un grupo de estudiantes, docentes y campesinos aymaras, que modific&oacute; la historia de las luchas sociales al plantear la cuesti&oacute;n de la opresi&oacute;n junto a la explotaci&oacute;n, que hasta ese momento era la mirada excluyente. En 1974 se realiza el Congreso Ind&iacute;gena de San Crist&oacute;bal de las Casas, Chiapas, donde por primera vez las diversas lenguas indias se relacionan entre s&iacute; superando viejas divisiones. Iniciativas todas vinculadas al mundo ind&iacute;gena y campesino que en esos a&ntilde;os pugnaba por independizarse de las iglesias y los estados. <\/p>\n<p>En los a&ntilde;os siguientes surgen otros colectivos de nuevo tipo: Madres de Plaza de Mayo, en 1977, se convierte en parteaguas y bisagra entre las luchas sindicales y las de los piqueteros. Hacia 1979 los campesinos sin tierra del sur de Brasil&mdash;cuya experiencia organizativa hab&iacute;a sido brutalmente cortada por la dictadura instalada en 1964&mdash;comienzan sus primeras ocupaciones de lo que luego ser&aacute; el MST (Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra); ese mismo a&ntilde;o la corriente katarista surgida del Manifiesto de Tiahuanaco consigue formar una central aut&oacute;noma, la Confederaci&oacute;n Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia. Estas organizaciones condensan largos per&iacute;odos de construcciones y crecimientos, pero fueron tambi&eacute;n trampolines para nuevos avances que s&oacute;lo el tiempo pod&iacute;a develar. <\/p>\n<p>Con todo lo nuevo que encarnan, fueron apenas un primer paso. A diferencia de lo sucedido cuando el partido ten&iacute;a una posici&oacute;n dirigente frente al movimiento, en esta nueva camada de organizaciones hay una buena dosis de actuaci&oacute;n aut&oacute;noma, a&uacute;n en los casos en que se registran convergencias con organizaciones pol&iacute;ticas. Y es que estamos ante una nueva etapa, en la que se produce una reacci&oacute;n a lo que Wallerstein denomina las &quot;dolencias end&oacute;genas&quot; del campo popular; a la vez que luchan contra los enemigos tradicionales&mdash;imperialismo, capitalismo y elites locales&mdash;encarnan reacciones ante los l&iacute;mites de la vieja izquierda: &quot;No podemos comprender 1968 a no ser que lo contemplemos simult&aacute;neamente como un <i>cri de coer <\/i>contra las maldades del sistema mundial y como un cuestionamiento fundamental de la estrategia de la oposici&oacute;n de la vieja izquierda frente al sistema mundial&quot;<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a>. <\/p>\n<p>En Am&eacute;rica Latina las nuevas organizaciones comenzaron un crecimiento de doble car&aacute;cter: hacia afuera expandieron su influencia en forma de ondas, como una piedra que cae en un estanque. Pero, sobre todo, empezaron a remover las aguas profundas de los sectores sociales que hasta ese momento no se hab&iacute;an expresado de forma independiente, sino que se hab&iacute;an sumado a amplios conglomerados en los cuales sus voces eran apenas audibles. Algo que ven&iacute;a sucediendo desde las revueltas por la independencia, donde estos sectores&mdash;populares, ind&iacute;genas y afros, pero tambi&eacute;n mujeres y otras &quot;minor&iacute;as&mdash;se jugaron la vida en guerras que no eran, en sentido estricto, las suyas. <\/p>\n<p>Lo cierto es que hacia los a&ntilde;os 70, los que habitan el s&oacute;tano de nuestras sociedades comenzaron a construir organizaciones propias, sin tutelas de partidos, iglesias o caudillos. Y, lo que es a&uacute;n m&aacute;s importante, comenzaron a hablar en voz alta, usando sus propios modos y formas. En un principio, lo hicieron aparentando respetar las maneras de las instituciones, la cultura hegem&oacute;nica, pero a medida que fueron ganando en autoestima comenzaron a mostrar que profesan otras cosmovisiones y se construyen sobre bases culturales diferentes. <\/p>\n<h3>De la tierra y del territorio <\/h3>\n<p>La lucha por la tierra es una caracter&iacute;stica com&uacute;n a todos los actores del subsuelo. La recuperaci&oacute;n de tierras es un paso necesario en el largo y sinuoso proceso de conformaci&oacute;n de sujetos. Luego descubrimos que la tierra no era el objetivo final sino apenas un primer paso. Fue apareciendo la l&oacute;gica de los territorios, en la que estamos inmersos en este comienzo de milenio, porque &quot;la lucha por la tierra es la lucha por un determinado territorio&quot;<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">4<\/a>. Millones de hect&aacute;reas fueron recuperadas por los campesinos e ind&iacute;genas de modo legal e ilegal, por reforma agraria o a trav&eacute;s de tomas e invasiones. <\/p>\n<p>Con la particularidad de que siendo un proceso que comenz&oacute; en las &aacute;reas rurales de la mano de indios y campesinos sin tierra, se despliega tambi&eacute;n en las grandes ciudades del continente, en esos nudos de la dominaci&oacute;n del capital donde comienzan a establecerse barrios y hasta ciudades enteras que de alguna manera replican la experiencia rural. La autoconstrucci&oacute;n de barrios populares en las periferias de las grandes ciudades, como se&ntilde;ala un trabajo sobre Ciudad Bol&iacute;var en Bogot&aacute;, es &quot;la prolongaci&oacute;n de la lucha por la tierra que por d&eacute;cadas ha cubierto el campo de nuestro pa&iacute;s, expresada en la urbe en forma de lucha por la vivienda&quot;<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">5<\/a>. Los barrios piqueteros con sus f&aacute;bricas recuperadas, los cerros de Caracas, las periferias de Sao Paulo, de Asunci&oacute;n, de Bogot&aacute;, de Lima &#8230; muestran la fortaleza de los territorios urbanos de la pobreza. <\/p>\n<p>La verdadera diferencia con los per&iacute;odos anteriores es la creaci&oacute;n de territorios: el largo proceso de conformaci&oacute;n de un sector social que s&oacute;lo puede construirse a s&iacute; mismo construyendo espacios para habitar las diferencias. Mirados desde los sectores populares, desde el s&oacute;tano de nuestras sociedades, estos territorios son producto del arraigo de relaciones sociales diferentes en espacios f&iacute;sicos en los que se despliega la vida en su totalidad, social, cultural, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica, a trav&eacute;s de iniciativas de producci&oacute;n, de salud, de educaci&oacute;n, de celebraci&oacute;n y de poder. Estos territorios son producto de intensas luchas sociales. Como se&ntilde;ala Bernardo Man&ccedil;ano, &quot;una clase social no se realiza en el territorio de otra clase social&quot;<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">6<\/a>. De alguna manera, la territorializaci&oacute;n de los sujetos sociales es una respuesta a la territorializaci&oacute;n del capital, urbano y rural, pero tambi&eacute;n es una r&eacute;plica de los pobres a la &quot;acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n&quot;, como interpreta el ge&oacute;grafo David Harvey el per&iacute;odo neoliberal, con que el capital busca recomponerse luego de la revoluci&oacute;n del 68. <\/p>\n<p>Por primera vez en la historia del capitalismo se produjo un viraje por el cual los trabajadores fueron capaces de configurar la crisis del sistema. &quot;Mientras que en las anteriores crisis hegem&oacute;nicas la intensificaci&oacute;n de la rivalidad entre las grandes potencias precedi&oacute; y configur&oacute; de arriba abajo la intensificaci&oacute;n del conflicto social, en la crisis de la hegemon&iacute;a estadounidense esta &uacute;ltima precedi&oacute; y configur&oacute; enteramente aquella&quot;, nos dice Giovanni Arrighi&quot;<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">7<\/a>. La crisis fue provocada por &quot;una oleada de militancia obrera&quot; hacia finales de la d&eacute;cada de 1960, que &quot;precedi&oacute; la crisis del fordismo y la configur&oacute;&quot;. <\/p>\n<p>Este hecho es fundamental para comprender dos cuestiones del mayor relieve: las opciones realizadas por el capital para superar la crisis, y las opciones consecutivas de los sectores populares. Las elites desmontaron el <i>welfare<\/i> y abandonaron toda pretensi&oacute;n de integrar a las clases peligrosas, apostando a la guerra como forma de acumulaci&oacute;n. Eso es el neoliberalismo. Los de abajo, cada vez m&aacute;s conscientes que el objetivo de los de arriba consiste en exterminarlos&mdash;por lo menos a porciones enteras de ellos, y muy en particular a los j&oacute;venes&mdash;est&aacute;n convirtiendo sus espacios en trincheras. &quot;Es la respuesta estrat&eacute;gica de los pobres a la crisis de la vieja territorialidad de la f&aacute;brica y la hacienda, y a la reformulaci&oacute;n por parte del capital de los viejos modos de dominaci&oacute;n&quot;<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">8<\/a>. <\/p>\n<p>Postulo que en Am&eacute;rica Latina el rasgo diferenciador del 68 es la apertura hacia la territorializaci&oacute;n de los sujetos: indios, campesinos y sectores populares urbanos. Sin embargo, la l&oacute;gica del territorio es bien diferente de la del movimiento social. Mientras &eacute;ste act&uacute;a en funci&oacute;n de demandas al Estado, aquel es &quot;un espacio de vida&quot;<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">9<\/a>, caracterizado por la capacidad de producir y reproducir la vida cotidiana de sus miembros, de modo integral, en una totalidad no unificada sino diversa y heterog&eacute;nea. El territorio tiene una l&oacute;gica autocentrada: aunque formula demandas hacia el Estado no se organiza con ese objetivo. <\/p>\n<p>Mientras para el movimiento social lo central son las formas de organizaci&oacute;n, los objetivos y la construcci&oacute;n de identidades, para los &quot;territorios de la emancipaci&oacute;n&quot;<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">10<\/a> lo decisivo son las relaciones sociales que se construyen sobre la reapropiaci&oacute;n de la tierra y de los medios de producci&oacute;n. No para producir mercanc&iacute;as sino valores de uso comunitarios, porque esas relaciones sociales no son capitalistas. Mientras el movimiento social triunfa cuando consigue sus demandas, los territorios triunfan al consolidarse cada d&iacute;a y expandirse, haciendo de esas islas rodeadas de capitalismo &quot;no un refugio para la autosatisfacci&oacute;n, sino una barca para encontrarse con otra isla y con otra y con otra &#8230;&quot;, como ha se&ntilde;alado Marcos. <\/p>\n<p>La territorializaci&oacute;n de los sujetos en rebeld&iacute;a, que es en realidad lo que viene sucediendo en este continente, forma parte de una profunda revoluci&oacute;n pol&iacute;tica y te&oacute;rica, de una nueva forma de practicar el cambio social cuyos mejores exponentes son los zapatistas. Poner en pie territorios supone construir soberan&iacute;a, autonom&iacute;a, autodeterminaci&oacute;n; en suma, autogobierno. Se trata de <i>sociedades otras<\/i> que est&aacute;n naciendo en el seno de la sociedad capitalista en descomposici&oacute;n. Los caracoles y las Juntas de Buen Gobierno de Chiapas, los cabildos ind&iacute;genas del Norte del Cauca, los cuarteles aymaras del altiplano boliviano, pero tambi&eacute;n los barrios de El Alto y de muchas otras ciudades, son formas diferentes y diversas, en grados distintos de desarrollo, de autogobierno popular, que nace, vive y pugna por crecer abajo y a la izquierda. <\/p>\n<h3>Territorios, poder, revoluci&oacute;n <\/h3>\n<p>El proceso pol&iacute;tico cultural iniciado en torno a las rebeliones de 1968 est&aacute; modificando tambi&eacute;n el imaginario sobre la transici&oacute;n a un mundo nuevo. Salvo minor&iacute;as, pocos dudaban que la llave maestra de la construcci&oacute;n de una sociedad mejor giraba en torno a la conquista del poder estatal, ya fuera por la v&iacute;a institucional, insurreccional o luego de una guerra prolongada. Pero la l&oacute;gica territorial modific&oacute; de ra&iacute;z este imaginario nacido con la revoluci&oacute;n francesa. <\/p>\n<p>Aunque los zapatistas fueron los primeros en formular de modo expl&iacute;cito que no pretenden tomar el poder estatal sino construir un mundo nuevo, que incluye por supuesto la creaci&oacute;n de otros poderes no sim&eacute;tricos a los del Estado, este tema ya estaba impl&iacute;cito en la forma de construcci&oacute;n que ven&iacute;an adoptando los movimientos m&aacute;s importantes del continente. La construcci&oacute;n de territorios en los que anidan relaciones sociales no capitalistas, abri&oacute; un proceso que pone en el centro la creaci&oacute;n de contrapoderes, o poderes otros, y no en conquistar el poder estatal. <\/p>\n<p>De ese modo se registra una suerte de &quot;retorno&quot; a los or&iacute;genes. En los comienzos del movimiento socialista, fue Carlos Marx quien una y otra vez volvi&oacute; sobre el tema de la transici&oacute;n, imagin&aacute;ndola siempre como una suerte de &quot;parto&quot;. Defendi&oacute; una par&aacute;bola del cambio social en la que la creaci&oacute;n del mundo nuevo y la revoluci&oacute;n son dos hechos separados, pero no al estilo de quienes proponen una estrategia en dos pasos&mdash;toma del poder y luego construcci&oacute;n del socialismo&mdash;sino algo m&aacute;s natural y complejo. <\/p>\n<p>En <i>La guerra civil en Francia<\/i>, al evaluar la Comuna de Par&iacute;s, sostuvo: &quot;Los obreros no tienen ninguna utop&iacute;a lista para implantarla por decreto del pueblo (&#8230;) Ellos no tienen que realizar ningunos ideales, sino simplemente dar suelta a los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad burguesa agonizante lleva en su seno&quot;<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">11<\/a>. &quot;Dar suelta&quot;, o <i>set free<\/i> o <i>liber&eacute;r<\/i>, nos est&aacute; indicando que la nueva sociedad existe ya en germen, en alg&uacute;n grado de desarrollo, en el seno del capitalismo. Por eso usaba tambi&eacute;n la par&aacute;bola del parto. La revoluci&oacute;n, como acto de fuerza, hace nacer, suelta, libera lo que ya vive de forma emb r ionaria, para que pueda seguir creciendo. <\/p>\n<p>Esos &quot;elementos de la nueva sociedad&quot; los podemos ver en los municipios aut&oacute;nomos de Chiapas y en los resguardos del Norte del Cauca. Y, de modo m&aacute;s embrionario a&uacute;n, en miles de asentamientos sin tierra, en algunas comunidades ind&iacute;genas aymaras, quechuas, mapuche y de tantos otros grupos originarios, y tambi&eacute;n en unas cuantas periferias urbanas. Son trazos y trozos del mundo nuevo que pugna por crecer. Si el movimiento social contin&uacute;a desarrollando, con sus resistencias y sus luchas, las relaciones sociales no capitalistas que existen en los territorios mencionados, el capitalismo seguir&aacute; profundizando su crisis. <\/p>\n<p>En alg&uacute;n momento &quot;ser&aacute; preciso romper las trabas&quot; (Marx) que suponen las relaciones sociales capitalistas. Ser&aacute; una lucha colosal, una verdadera revoluci&oacute;n, que contribuir&aacute; al nacimiento del mundo nuevo que los movimientos territorializados vienen creando desde hace algunas d&eacute;cadas. <\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<ol>\n<li><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Subcomandante Insurgente Marcos, &quot;Coloquio Aubry. Parte I. Pensar el Blanco&quot;, San Crist&oacute;bal de las Casas, 13 de diciembre de 2007. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Idem, &quot;Parte VI. Mirar el Azul&quot;. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Immanuel Wallerstein, &quot;1968: el gran ensayo&quot; en Arrighi, Hopkins, Wallerstein, <i>Movimientos Antisist&eacute;micos<\/i>, Akal, Madrid, 1999, p. 99. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Bernardo Man&ccedil;ano Fernandes, &quot;Territorios, teor&iacute;a y pol&iacute;tica&quot;, intervenci&oacute;n en el Seminario Internacional &quot;Las configuraciones de los territorios rurales en el siglo XXI, Universidad Javeriana, 25 de marzo de 2008. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Corporaci&oacute;n Taliber, &quot;Potos&iacute;-La Isla. Historia de una lucha&quot;, Bogot&aacute;, 1998, p. 9. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><\/a>Bernardo Man&ccedil;ano Fernandez, idem. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><\/a>Giovanni Arrighi y Beverly Silver, <i>Caos y orden en el sistema-mundo moderno<\/i>, Akal, Madrid, 2001, p. 219. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><\/a>Ra&uacute;l Zibechi, &quot;Los movimientos sociales latinoamericanos: tendencias y desaf&iacute;os&quot;, en revista <i>OSAL<\/i> No. 9, Buenos Aires, Clacso, enero de 2003. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\"><\/a>Bernardo Man&ccedil;ano Fernandes, idem. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\"><\/a>Concepto acu&ntilde;ado por el ge&oacute;grafo brasile&ntilde;o Carlos Walter Porto Gon&ccedil;alves. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\"><\/a>Carlos Marx, <i>La guerra civil en Francia<\/i>, Editorial Progreso, Mosc&uacute;, 1980, pp. 68-69. <\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&quot;Tan s&oacute;lo ha habido dos revoluciones mundiales. La primera se produjo en 1848. La segunda en 1968. Ambas constituyeron un fracaso hist&oacute;rico. Ambas transformaron el mundo. El hecho de que ninguna de las dos estuviese planeada y fueran espont&aacute;neas en el sentido profundo del t&eacute;rmino, explica ambas circunstancias: el hecho de que fracasaran y el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-678","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/678","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=678"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/678\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=678"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=678"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=678"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=678"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}