{"id":723,"date":"2007-06-19T17:24:46","date_gmt":"2007-06-19T17:24:46","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=723"},"modified":"2008-05-23T14:28:16","modified_gmt":"2008-05-23T14:28:16","slug":"4318","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/4318\/","title":{"rendered":"La diplomacia de la energ&iacute;a y el cruce de caminos en la integraci&oacute;n suramericana"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.irc-online.org\/images\/irc\/10\/37.jpg\" alt=\"Eduardo Gudynas\" align=\"left\" border=\"1\" vspace=\"5\" hspace=\"5\"><b>Es posible postular que en estos momentos la integraci&oacute;n entre los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica del Sur se encuentra en un cruce de caminos. Diferentes estrategias han convergido a un punto en com&uacute;n, donde los grandes bloques comerciales se encuentran estancados y se convierten en foros pol&iacute;ticos. Los nuevos intentos se centran en la energ&iacute;a, y desde all&iacute; se abren nuevas propuestas. Brasil ha buscado un liderazgo por consenso pero no ha estado dispuesto a pagar los costos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos de esa posici&oacute;n, mientras que Venezuela est&aacute; explorando otro camino compartiendo proyectos y recursos energ&eacute;ticos con otros pa&iacute;ses. <\/b><\/p>\n<p>Los grandes bloques de integraci&oacute;n suramericanos, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Com&uacute;n del Sur (MERCOSUR) han tenido una historia distinta pero hoy se encuentran en situaciones similares. Los problemas comerciales persisten y los gobiernos parecen aceptar que muchas de esas dificultades no se resolver&aacute;n en el futuro inmediato y por lo tanto esos bloques persisten cada vez m&aacute;s como foros pol&iacute;ticos. Existen algunos temas donde los avances parecen posibles, y entre ellos se destaca la energ&iacute;a como uno de los ejes centrales de nuevos esfuerzos de integraci&oacute;n. Pero desde all&iacute; se abren nuevos caminos, donde hay por lo menos dos perspectivas: una es representada por la postura de Brasil y ejemplificada en el papel de su empresa petrolera Petrobras, y la otra por Venezuela y los acuerdos mixtos articulados alrededor de PDVSA, la compa&ntilde;&iacute;a estatal petrolera. Se est&aacute;n exhibiendo dos proyectos de integraci&oacute;n distintos, y que en algunos casos se encuentran en disputa. <\/p>\n<h3>La diplomacia de la energ&iacute;a <\/h3>\n<p>Desde inicios de 2007 se han sucedido una serie de encuentros, reuniones y cumbres presidenciales, casi a un ritmo vertiginoso, y donde la energ&iacute;a en muchos casos jug&oacute; un papel central. <\/p>\n<p>Comencemos por recordar que el presidente de Estados Unidos, G.W. Bush visit&oacute; en marzo a Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y M&eacute;xico, en la llamada &quot;gira del etanol&quot;. Su presencia aliment&oacute; la idea de un mayor acercamiento de Brasilia con Washington, en especial debido al comercio en biocombustibles. Bush reforz&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s esa idea invitando a Lula da Silva a visitarlo en los jardines de Camp David, semanas m&aacute;s tarde. Como reacci&oacute;n a estos encuentros, en primer lugar el presidente de Venezuela Hugo Ch&aacute;vez lanz&oacute; una &quot;contra-gira&quot; en oposici&oacute;n a Bush; y m&aacute;s tarde, conjuntamente con Fidel Castro se embarcaron en criticar el papel que desempe&ntilde;ar&aacute;n los biocombustibles. <\/p>\n<p>En ese contexto, se celebr&oacute; el 16-17 de abril un encuentro de jefes de estado suramericanos en la Isla Margarita (Venezuela), con la presencia de Ch&aacute;vez de Venezuela, junto a N&eacute;stor Kirchner de Argentina; Luiz In&aacute;cio Lula da Silva de Brasil, el boliviano Evo Morales; Nicanor Duarte de Paraguay; Rafael Correa de Ecuador, la presidente chilena Michelle Bachelet; &Aacute;lvaro Uribe de Colombia, el vicepresidente de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, el primer ministro de Guayana, Sam Hinds y el primer ministro delegado de Surinam, Gregory Rusland. <\/p>\n<p>La cumbre energ&eacute;tica present&oacute; objetivos que todos compartir&iacute;an, tales como que la integraci&oacute;n energ&eacute;tica &quot;debe ser utilizada como una herramienta importante para promover el desarrollo social, econ&oacute;mico y la erradicaci&oacute;n de la pobreza&quot;, o que &eacute;sta &quot;involucra como actores principales al Estado, la sociedad y a las empresas del sector&quot;, sin dejar de lado los cl&aacute;sicos llamados a la &quot;cooperaci&oacute;n t&eacute;cnica&quot;. Pero ese tipo de compromisos gen&eacute;ricos se han repetido en las declaraciones presidenciales desde hace muchos a&ntilde;os. <\/p>\n<p>Los acuerdos m&aacute;s concretos fueron la creaci&oacute;n del Consejo Energ&eacute;tico de Suram&eacute;rica, integrado por los ministros de energ&iacute;a de cada pa&iacute;s. Este consejo debe elaborar una Estrategia Energ&eacute;tica continental, un Plan de Acci&oacute;n y una propuesta para un Tratado Energ&eacute;tico Suramericano. Los presidentes volvieron a reconocer la importancia de emprendimientos conjuntos, mencionando espec&iacute;ficamente el plan venezolano de Petroam&eacute;rica. Pero tambi&eacute;n hay que reconocer que la Declaraci&oacute;n de Margarita no incluye ninguna medida concreta hacia otra integraci&oacute;n energ&eacute;tica, en el sentido de compartir esos recursos m&aacute;s all&aacute; de las interconexiones o de la compra-venta de petr&oacute;leo o gas. <\/p>\n<p>En otros temas tambi&eacute;n se repitieron los desencuentros entre los pa&iacute;ses. No hubo acuerdos en apoyar la idea de una organizaci&oacute;n internacional de pa&iacute;ses exportadores de gas natural. Tampoco se acord&oacute; apoyar el gran Gasoducto del Sur como un emprendimiento colectivo, y por ahora sigue su marcha en manos de Venezuela, Brasil y Argentina. Los biocombustibles fueron objeto de largas discusiones entre las delegaciones, en especial por la defensa ofrecida por Brasil, hasta que finalmente la declaraci&oacute;n final los acepta en el marco de la diversidad de fuentes energ&eacute;ticas (Bolivia mantuvo su discrepancia en este punto). Tampoco se alcanz&oacute; un acuerdo en lanzar el Banco del Sur, impulsado especialmente por Venezuela, Argentina y Ecuador. Brasil resisti&oacute; esa propuesta, y puso como condici&oacute;n para su incorporaci&oacute;n que se volvieran a discutir todos sus puntos. Los dem&aacute;s pa&iacute;ses accedieron, y nuevas discusiones est&aacute;n en marcha en estos momentos. <\/p>\n<p>Se acept&oacute; la propuesta venezolana de llamar a la Comunidad Sudamericana de Naciones como &quot;Uni&oacute;n de Naciones Suramericanas&quot; (UNASUR). Esta uni&oacute;n tendr&aacute; su secretar&iacute;a en Quito y se anunci&oacute; la creaci&oacute;n de un consejo. Si bien esta decisi&oacute;n estuvo rodeada de optimismo, no se acord&oacute; ning&uacute;n programa de acci&oacute;n. No puede olvidarse este es el tercer nombre que se le adjudica a los intentos de integraci&oacute;n sudamericana, que comenzaron en Brasilia en 2000 como un &aacute;rea continental de libre comercio, y que en 2004 en Cuzco (Per&uacute;) fue denominado como Comunidad Sudamericana de Naciones. <\/p>\n<p>Un balance de esas decisiones muestra que muchos presidentes realmente est&aacute;n buscando mecanismos de integraci&oacute;n regional, y que han dejado de ser meros promotores de exportaciones a los mercados globales. Tambi&eacute;n es evidente que la energ&iacute;a se ha vuelto un tema central, y que a partir de ella se est&aacute;n buscando acuerdos bilaterales o regionales. Pero por otro lado, se vuelve a caer en efectos publicitarios, donde se lanza la idea de la &quot;uni&oacute;n sudamericana&quot; a pesar de los serios problemas internos dentro de la Comunidad Andina y del MERCOSUR, y donde la Comunidad Sudamericana de Naciones apenas ha dado sus primeros pasos. <\/p>\n<p>Por lo tanto es cierto que el espacio de encuentro se mantiene, tambi&eacute;n es correcto reconocer avances en algunos puntos, pero tambi&eacute;n deben admitirse los problemas para llegar a compromisos concretos en muchos aspectos relacionados con la articulaci&oacute;n econ&oacute;mica y productiva entre los pa&iacute;ses, mientras que persisten claras discrepancias en varias cuestiones. Es as&iacute; que estos encuentros derivan en foros pol&iacute;ticos. <\/p>\n<p>Unos pocos d&iacute;as m&aacute;s tarde, el 28-29 de abril, tuvo lugar el quinto encuentro presidencial de los pa&iacute;ses participantes en el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Am&eacute;ricas), y en este caso asistieron Ch&aacute;vez, Morales (Bolivia), Daniel Ortega (Nicaragua) y Carlos Lage (vicepresidente cubano), y observadores de Hait&iacute; y Ecuador, entre otros. All&iacute; se firmaron una serie de acuerdos, incluyendo un &quot;Tratado energ&eacute;tico del ALBA&quot;, con importantes novedades como el acceso compartido a un bloque de explotaci&oacute;n petrolera en la cuenca del R&iacute;o Orinoco, que asegura a los dem&aacute;s pa&iacute;ses el acceso a esas reservas por los pr&oacute;ximos 25 a&ntilde;os. Se anunci&oacute; la creaci&oacute;n de empresas mixtas para el aprovechamiento del gas natural y se apuntar&aacute; a ampliar la capacidad de refinaci&oacute;n de cada socio. Si bien esas metas todav&iacute;a son gen&eacute;ricas, se cre&oacute; un Consejo Energ&eacute;tico del ALBA integrado por los ministros de cada pa&iacute;s para llevarlas a la pr&aacute;ctica. <\/p>\n<p>Pero el aspecto m&aacute;s destacado fue la presentaci&oacute;n del concepto de empresa &quot;gran nacional&quot; (como agente alternativo a las compa&ntilde;&iacute;as transnacionales). En el convenio sobre energ&iacute;a se anuncia una empresa &quot;gran nacional&quot; energ&eacute;tica que abarcar&aacute; amplios sectores como petr&oacute;leo, gas, refinaci&oacute;n, petroqu&iacute;mica, desarrollo de infraestructura de almacenamiento y transporte, energ&iacute;a el&eacute;ctrica y energ&iacute;as alternativas. El tratado establece que esta nueva empresa &quot;gran nacional&quot; ser&aacute; constituida por las compa&ntilde;&iacute;as estatales. <\/p>\n<h3>Brasil y Bolivia se despiden <\/h3>\n<p>Poco despu&eacute;s de esos encuentros presidenciales tuvo lugar lo que parece ser la soluci&oacute;n final de las controversias entre el gobierno de Bolivia, Petrobras y el gobierno de Brasil. Esas disputas son un claro ejemplo de las distancias reales que hay entre las declaraciones de las cumbres y las relaciones concretas entre los pa&iacute;ses. Desde que Morales iniciara en mayo de 2006 acciones para controlar la extracci&oacute;n y venta de hidrocarburos, tuvieron lugar disputas con la petrolera brasile&ntilde;a. Para Brasil, el gas natural boliviano es un aporte clave a su matriz energ&eacute;tica, y por largos meses discutieron su precio. Enseguida se sumaron las negociaciones para traspasar las refiner&iacute;as de Petrobras a la estatal petrolera boliviana YPFB. Un observador lejano podr&iacute;a sorprenderse de encontrar conflictos entre dos gobiernos que se autodefinen de izquierda, pero la verdad es que se defend&iacute;an intereses comerciales y metas en pol&iacute;tica nacional, sin lograr concertar una verdadera integraci&oacute;n energ&eacute;tica. <\/p>\n<p>Los muchos argumentos en juego no pueden resumirse en este art&iacute;culo, pero pueden mencionarse dos hechos como ejemplo de su complejidad. Primero, hay que reconocer que Petrobras no cumpli&oacute; sus promesas de procesamiento de hidrocarburos dentro de Bolivia, y por lo tanto no hubo contribuci&oacute;n real al desarrollo boliviano m&aacute;s all&aacute; de la venta del gas. Este es un ejemplo de interconexi&oacute;n energ&eacute;tica sin integraci&oacute;n productiva. <\/p>\n<p>Segundo, tambi&eacute;n es importante reconocer que el gobierno Lula logr&oacute; contrarrestar las fuertes presiones internas de sectores conservadores y empresariales que deseaban pr&aacute;cticamente aplastar la nacionalizaci&oacute;n boliviana de sus hidrocarburos. Esos grupos presentaban la disputa como la &quot;Guerra del Gas&quot;, alternando el nacionalismo herido con reclamos de represalias. <\/p>\n<p>El gobierno Lula busc&oacute; una soluci&oacute;n al conflicto por varias razones, que van desde la necesidad de terminar con el debate interno dentro de Brasil, a evitar futuras acusaciones de causar una desestabilizaci&oacute;n de Morales. Finalmente Petrobras acept&oacute; recibir 112 millones de d&oacute;lares por sus refiner&iacute;as en Bolivia. Este arreglo fue celebrado por el gobierno boliviano, aunque su apuesta es muy grande dadas las limitaciones que enfrenta para contar con capacidad t&eacute;cnica y recursos para manejar las nuevas instalaciones. De alguna manera Brasil ha abandonado a Bolivia a su suerte, con un claro distanciamiento entre los dos presidentes. Petrobras mantendr&aacute; sus contratos de compra de gas natural hasta su vencimiento en el a&ntilde;o 2019, y anunci&oacute; que a partir de esa fecha no comprar&aacute; m&aacute;s gas boliviano. <\/p>\n<p>Mientras Brasil se despide de Bolivia, el gobierno de Morales busc&oacute; apoyos en otros pa&iacute;ses. Los ejemplos m&aacute;s claros son los acuerdos con Venezuela, incluyendo asistencia t&eacute;cnica de PDVSA, as&iacute; como nuevas exploraciones petroleras en el norte del pa&iacute;s. Tambi&eacute;n se logr&oacute; un acuerdo de largo plazo para la venta de gas natural hacia Argentina, pare reducir su dependencia de las compras brasile&ntilde;as. <\/p>\n<p>Posiblemente estos desencuentros entre Brasil y Bolivia sean los m&aacute;s conocidos, pero existen otros que son muy similares y menos publicitados. Por ejemplo, Paraguay viene reclamando cambios en los viejos contratos de venta de energ&iacute;a el&eacute;ctrica hacia Brasil, desde la represa de Itaip&uacute; que comparten las dos naciones; y Argentina ha reiniciado las suspensiones intermitentes de exportaciones de gas hacia Chile, a pesar de los contratos y acuerdos entre los dos pa&iacute;ses. <\/p>\n<h3>La sombra de la corrupci&oacute;n <\/h3>\n<p>Otro problema real que se est&aacute; haciendo evidente en el sector energ&eacute;tico es el regreso de la sombra de la corrupci&oacute;n, tanto entre los actores privados como en el sector estatal. <\/p>\n<p>El caso m&aacute;s alarmante se est&aacute; desarrollando en Argentina, donde luego de repetidas denuncias se confirmaron irregularidades en el pago de impuestos de la empresa sueca Skanka, encargada de obras en el transporte de gas natural. Al avanzar la investigaci&oacute;n, qued&oacute; en evidencia un esquema de sobreprecios en las obras encargadas por el gobierno argentino de m&aacute;s de 5 millones de d&oacute;lares. <\/p>\n<p>El caso tiene aspectos impactantes, tales como la denuncia que la exigencia de sobreprecios parti&oacute; desde altos funcionarios gubernamentales, y ellos mismos montaron el mecanismo por el cual se derivaban los fondos. Las obras son financiadas por un enorme fideicomiso gubernamental argentino para financiar obras de infraestructura y que no tiene control parlamentario. Los aportes a ese fondo son tanto del tesoro de Argentina como del Banco Nacional de Desarrollo Econ&oacute;mico y Social de Brasil (BNDES). El avance de la investigaci&oacute;n determin&oacute; que el presidente Kirchner destituy&oacute; a varios altos funcionarios, incluyendo al gerente de ese fideicomiso estatal as&iacute; como al presidente de la recientemente creada empresa nacional del gas. Las investigaciones se han ampliado a otras empresas (Techint y Odebrecht), y con emprendimientos en otros pa&iacute;ses del continente (como Per&uacute;). <\/p>\n<p>Casi simult&aacute;neamente, en Brasil, una investigaci&oacute;n policial descubri&oacute; un esquema de sobornos montado por empresas constructoras que involucra altas figuras del gobierno federal y de gobiernos estaduales, legisladores y empresarios. El caso desemboc&oacute; en la renuncia del ministro de energ&iacute;a, Silas Rondeau. <\/p>\n<p>Todos estos son duros golpes a los intentos de lograr una mayor presencia del sector estatal, sea por medio de empresas estatales como por medio de una mayor regulaci&oacute;n de los privados. Muchos de los acuerdos de interconexi&oacute;n energ&eacute;tica se est&aacute;n convirtiendo en jugosos negocios, muy dif&iacute;ciles de controlar, y que requieren nuevos mecanismos de transparencia. <\/p>\n<h3>Interconexiones e integraci&oacute;n: dos conceptos distintos <\/h3>\n<p>Si bien la energ&iacute;a aparece una y otra vez como el eje de los nuevos esfuerzos de integraci&oacute;n, es necesario advertir que en muchos casos se llama &quot;integraci&oacute;n&quot; a lo que en realidad son &quot;interconexiones&quot;, tales como gasoductos, oleoductos o redes de transporte de electricidad. Esos emprendimientos son importantes, pero son &uacute;nicamente conexiones que permiten la comercializaci&oacute;n de la energ&iacute;a. Buena parte del optimismo se sustenta en concebir a los acuerdos de interconexi&oacute;n como avances en la integraci&oacute;n, pero en realidad no son sin&oacute;nimos ya que sigue pendiente acordar estrategias comunes sobre el acceso a los recursos y las formas en que ser&aacute;n usados. <\/p>\n<p>Esta distinci&oacute;n entre &quot;interconexi&oacute;n&quot; e &quot;integraci&oacute;n&quot; permite comprender que dos pa&iacute;ses muy interconectados, como Bolivia y Brasil, de todas maneras no avanzaran en un proceso de integraci&oacute;n energ&eacute;tica. La misma situaci&oacute;n se repite en el caso de los problemas entre Paraguay y Brasil, o Argentina y Chile, que se comentaron arriba. <\/p>\n<p>De la misma manera, la diferencia entre &quot;interconexi&oacute;n&quot; e &quot;integraci&oacute;n&quot; tambi&eacute;n explica los avances en los negocios energ&eacute;ticos entre Colombia y Venezuela, a pesar de las diferencias ideol&oacute;gicas entre los dos gobiernos. En efecto, estos pa&iacute;ses han concretado emprendimientos como el gasoducto binacional Ballenas-Maracaibo, que conducir&aacute; gas colombiano hacia Venezuela, incluyendo su posible ampliaci&oacute;n a Panam&aacute; y el resto de Centroam&eacute;rica, as&iacute; como las inversiones venezolanas en Colombia, aplicadas en obras como la construcci&oacute;n de una planta de fertilizantes en Cartagena. Uribe y Ch&aacute;vez hacen buenos negocios pero no construyen pol&iacute;ticas energ&eacute;ticas comunes; es un ejemplo de comercio sin integraci&oacute;n entre dos reg&iacute;menes pol&iacute;ticamente distintos. De la misma manera, en el Cono Sur, existe una intrincada red de interconexiones de electricidad y gas entre Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Uruguay, pero no se ha logrado una plataforma energ&eacute;tica com&uacute;n dentro del MERCOSUR. <\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os la confusi&oacute;n entre interconexiones en infraestructura, tanto en carreteras e hidrov&iacute;as como en energ&iacute;a, ha sido uno de los pilares para defender una versi&oacute;n optimista sobre la marcha de la vinculaci&oacute;n entre los pa&iacute;ses sudamericanos. Sin embargo, esas conexiones en casi todos los casos sigue dependiendo de intereses comerciales convencionales anclados en importar y exportar energ&eacute;ticos guiados en unas ocasiones por metas empresariales de rentabilidad, y en otras por posturas nacionalistas cl&aacute;sicas. Como esos son negocios, all&iacute; juega la sombra de la corrupci&oacute;n, sea desde actores privados como estatales. Entretanto, en las cumbres presidenciales, como la de Cartagena, se intenta buscar una estrategia com&uacute;n en energ&iacute;a, pero todav&iacute;a no se han logrado acciones efectivas para una integraci&oacute;n real. <\/p>\n<h3>Las perspectivas en juego <\/h3>\n<p>En la actualidad se pueden distinguir dos perspectivas principales en las propuestas de vinculaci&oacute;n energ&eacute;tica. La primera puede describirse como una estrategia basada en acuerdos comerciales cl&aacute;sicos de compra-venta de energ&iacute;a, dependientes de las demandas de mercado, y donde las empresas que intervienen (sean estatales o privadas) buscan maximizar su rentabilidad y sus ventajas en esos negocios. Bajo esta forma han actuado los acuerdos internacionales convencionales y operan las empresas transnacionales del hemisferio norte. <\/p>\n<p>El hecho reciente es que varios pa&iacute;ses han actuado de esa manera (como los convenios de compra-venta de gas entre Argentina y Chile, y Bolivia con Brasil), as&iacute; como empresas regionales (el caso m&aacute;s claro es Petrobras). Esta postura no est&aacute; re&ntilde;ida con promover las interconexiones energ&eacute;ticas, ya que &eacute;stas son indispensables para permitir la comercializaci&oacute;n de los productos. Pero no existe una integraci&oacute;n energ&eacute;tica, en el sentido de poner en com&uacute;n los recursos energ&eacute;ticos, elaborar emprendimientos conjuntos, y que sirvan a iniciativas productivas compartidas. <\/p>\n<p>La segunda estrategia es mucho m&aacute;s reciente, y est&aacute; en sus etapas iniciales. Tambi&eacute;n incluye acuerdos de comercializaci&oacute;n y promueve las interconexiones, pero ofrece la novedad de intentar compartir los energ&eacute;ticos y vincularlos a proyectos productivos conjuntos. Esta postura es promovida por el gobierno venezolano y su actor principal es la empresa petrolera estatal PDVSA. Se opera por medio de proyectos conjuntos o empresas mixtas entre PDVSA y un socio local, usualmente una empresa estatal. Pero a la vez se permite que ese socio local participe de emprendimientos petroleros dentro de Venezuela. Asimismo, existen pagos en dinero pero tambi&eacute;n se apelan a otros procedimientos, como el pago en productos locales que se exportan hacia Venezuela. En muchos casos hay una desbalance evidente en los costos, y Venezuela est&aacute; aportando m&aacute;s de lo que recibe. <\/p>\n<p>Bajo la primera perspectiva no se realizan proyectos mixtos de ese tipo, y los pa&iacute;ses no comparten de esa manera sus yacimientos de hidrocarburos, los que se mantienen por explotaciones directas o concesiones bajo reglas comerciales cl&aacute;sicas. Un ejemplo claro ha sido el papel de Brasil y Petrobras, ya que las pol&eacute;micas con esa empresa no s&oacute;lo han tenido lugar en Bolivia, sino que se han repetido en Ecuador, Per&uacute; y Argentina. En todos esos casos, la empresa brasile&ntilde;a se ha comportado como cualquier corporaci&oacute;n transnacional, buscando maximizar sus ganancias, sin promover el desarrollo local y con un pobre desempe&ntilde;o social y ambiental. <\/p>\n<p>Entretanto, la venezolana PDVSA ha tejido una red de acuerdos en muchos otros pa&iacute;ses. Por ejemplo se han firmado convenios con las empresas estatales de Ecuador (Petroecuador), Colombia (Ecopetrol), Paraguay (Petropar), Uruguay (Ancap), YPFB (Bolivia), entre otras, e incluso con la propia Petrobras. Los acuerdos son de distinto tipo; en unos hay inversiones venezolanas en refiner&iacute;as nacionales para adaptarlas a los crudos extrapesados de ese pa&iacute;s (por ejemplo en Paraguay y Uruguay); en otros se intercambian accesos a los campos petroleros (por ejemplo, Venezuela permite la coparticipaci&oacute;n de Ecuador en la Faja del Orinoco, mientras que Ecuador le concede prioridad para acceder a la gran reserva petrolera de Ishpingo-Tambococha-Tiputini). Se realizan convenios donde Venezuela acepta recibir como contrapartida productos (por ejemplo, el acuerdo con ANCAP de Uruguay otorga participaci&oacute;n en yacimientos venezolanas, pero se deber&aacute; procesar en Uruguay crudo venezolano y se aceptan los pagos con cemento p&oacute;rtland y otros productos uruguayos bajo condiciones ventajosas), mientras que en otros casos tambi&eacute;n hay importantes componentes de apoyo directo, tal como se observa en Bolivia. <\/p>\n<p>Si bien Brasil se presenta como l&iacute;der regional, hay que admitir que no ha seguido un camino de este tipo, y no ha estado dispuesto a cubrir los costos de acuerdos que promuevan emprendimientos productivos entre sus vecinos. Adem&aacute;s, sus empresas nacionales, no solo Petrobras, sino otras como Odebrecht han actuado unilateralmente en los pa&iacute;ses vecinos. Ese no es un problema exclusivo de Brasil, ya que otro tanto ha tenido lugar entre otros pa&iacute;ses importantes de la regi&oacute;n, como Argentina y Chile, los que tampoco han intentado promover otra integraci&oacute;n regional, y sus empresas nacionales han repetido las pr&aacute;cticas comerciales y empresariales tradicionales. La diferencia radica en que Brasil busca posicionarse como l&iacute;der regional, mientras que otras naciones no buscan ese puesto. <\/p>\n<h3>Cruce de caminos <\/h3>\n<p>La serie de casos y ejemplos presentados a lo largo del presente art&iacute;culo permite ofrecer ahora un an&aacute;lisis de las tendencias en marcha. Es posible postular que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han existido dos tipos de procesos de vinculaci&oacute;n entre las naciones suramericanas. <\/p>\n<p>El modelo de integraci&oacute;n a la europea, basado en un mercado com&uacute;n que avanza en paralelo a una estructura pol&iacute;tica, estuvo representado por el MERCOSUR. Ese esfuerzo choc&oacute; contra la imposibilidad de dar el necesario paso a la supranacionalidad, y fue en particular Brasil el que no acept&oacute; esa medida. En tanto ese pa&iacute;s tambi&eacute;n es la mayor econom&iacute;a regional, pod&iacute;a haber ensayado una medida suced&aacute;nea o paliativa de permitir ciertos niveles de comercio asim&eacute;trico que beneficiaran a los pa&iacute;ses vecinos m&aacute;s peque&ntilde;os. Pero Brasil tampoco estuvo dispuesto a cubrir ese costo, y por el contrario su comportamiento en Bolivia no logr&oacute; romper la l&oacute;gica empresarial de maximizar ventajas y renta. La &uacute;nica concesi&oacute;n sustantiva fue otorgada a Argentina, acept&aacute;ndose un convenio comercial de protecci&oacute;n de sectores sensibles, lo que permiti&oacute; reducir los roces con Buenos Aires, pero a costa de aumentar el desencanto de Paraguay y Uruguay. Bajo esta situaci&oacute;n, el MERCOSUR avanza y retrocede alrededor de problemas comerciales, que no puede resolver en tanto se carece de un marco normativo supranacional, y por lo tanto sigue estancado bajo una uni&oacute;n aduanera muy incompleta. Esto explica por qu&eacute; el bloque se desempe&ntilde;a sobre todo como un foro pol&iacute;tico. El hecho relevante actualmente es que parece haber una aceptaci&oacute;n (mezclado con cansancio) de esta situaci&oacute;n entre los socios del MERCOSUR. <\/p>\n<p>Otro modelo estuvo basado en una apertura importante a los mercados internacionales, sea de los pa&iacute;ses vecinos como los de otros continentes. Es una forma extrema de &quot;regionalismo abierto&quot; que fue seguida por Chile, y m&aacute;s recientemente por Colombia y Per&uacute;. Estos pa&iacute;ses no han logrado articular un proceso de integraci&oacute;n m&aacute;s profundo dentro de la CAN, ya que su meta est&aacute; en la apertura comercial y no se plantean lograr otros acuerdos, como por ejemplo, pol&iacute;ticas productivas comunes. A diferencia de lo ocurrido en el MERCOSUR, donde todav&iacute;a se mantienen ciertos niveles de proteccionismo comercial, en la CAN se apuesta a una fuerte liberalizaci&oacute;n; asimismo, los andinos abandonaron los intentos de supranacionalidad e incluso los de lograr una uni&oacute;n aduanera. Por lo tanto la CAN tambi&eacute;n termin&oacute; siendo un foro pol&iacute;tico, aunque por razones y por un camino distinto al del MERCOSUR. <\/p>\n<p>Nos encontramos frente a dos caminos que por diferentes razones ahora se entrecruzan en una situaci&oacute;n similar, donde los aspectos comerciales y econ&oacute;micos est&aacute;n estancados, y los bloques se mantienen como foros pol&iacute;ticos. Esto explica en buena medida las razones por la cual el intento de unidad sudamericana, sea bajo el nombre de Comunidad o de Uni&oacute;n, tambi&eacute;n se expresa como un foro pol&iacute;tico. <\/p>\n<p>En esta situaci&oacute;n es clave el papel de Brasil. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ese pa&iacute;s ha mantenido una idea m&aacute;s o menos definida de un proyecto de integraci&oacute;n regional. Su propuesta, iniciada en el a&ntilde;o 2000 bajo la administraci&oacute;n de F.H. Cardoso, fue adaptada por el gobierno Lula da Silva, manteniendo su n&uacute;cleo central y otorg&aacute;ndole algunos matices propios. Su posici&oacute;n es la de ejercer un liderazgo regional por consenso, o un liderazgo ben&eacute;volo, donde busca promover cierta integraci&oacute;n regional pero no est&aacute; dispuesto a asumir los costos de ese liderazgo, tanto en lo econ&oacute;mico como en lo pol&iacute;tico. <\/p>\n<p>Es m&aacute;s, Brasil ha anunciado que realizar&aacute; una negociaci&oacute;n por separado del resto del MERCOSUR por un acuerdo estrat&eacute;gico con la Uni&oacute;n Europea, mientras alienta la idea de ingresar a la OCDE (la organizaci&oacute;n de los pa&iacute;ses industrializados). Si bien se la presenta como diferente a un convenio comercial, esa distinci&oacute;n puede ser apenas una diferencia terminol&oacute;gica ya que involucrar&aacute; compromisos y concesiones mutuas. Ese paso ser&aacute; un golpe duro para el MERCOSUR, y ser&aacute; invocado por Paraguay y Uruguay para buscar a su vez alg&uacute;n acuerdo con los EE.UU. Asimismo, los lobby empresariales que promueven los tratados de libre comercio dentro de Brasil, saldr&aacute;n fortalecidos. <\/p>\n<p>De esta manera, en Brasil se vive una fuerte tensi&oacute;n entre el deseo de integraci&oacute;n regional y las obligaciones y costos que esa tarea requiere. Ese tipo de tensi&oacute;n no est&aacute; presente en el camino del regionalismo abierto o en las posiciones de Chile, ya que su meta esencial es la apertura comercial. <\/p>\n<p>El cambio reciente m&aacute;s relevante es que aparece Venezuela con una idea distinta sobre la integraci&oacute;n regional. Su posici&oacute;n apunta a una relaci&oacute;n m&aacute;s estrecha entre las naciones suramericanas y a una desvinculaci&oacute;n m&aacute;s activa de la globalizaci&oacute;n para ganar mayor autonom&iacute;a. Estas ideas, a diferencia de la perspectiva brasile&ntilde;a, son por ahora mucho m&aacute;s difusas, en algunos casos imprecisas, a veces contradictorias, y que est&aacute;n en construcci&oacute;n. <\/p>\n<p>En algunas circunstancias, el gobierno de Caracas parece apostar a reforzar la integraci&oacute;n regional pero en otros parecer&iacute;a que la entorpece: abandon&oacute; la CAN, y pidi&oacute; el ingreso al MERCOSUR, y si bien est&aacute; dando all&iacute; sus primeros pasos, el presidente Ch&aacute;vez ya ha dicho que ese bloque no sirve en su estado actual; apuesta por la Comunidad Sudamericana de Naciones y despu&eacute;s promueve renombrarla como Uni&oacute;n de Naciones, pero enseguida refuerza su propio esquema bajo el ALBA. <\/p>\n<p>Esto hace que la postura venezolana sea por momentos contradictoria y genere muchas pol&eacute;micas. Pero m&aacute;s all&aacute; de esas discusiones hay que reconocer que se ofrece una diferencia clave frente a las propuestas anteriores: Venezuela est&aacute; dispuesta a asumir por ahora los costos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos de su propuesta de integraci&oacute;n. Esto no se basa &uacute;nicamente en la gran disponibilidad de fondos debido su renta petrolera, sino que tambi&eacute;n refleja otra postura pol&iacute;tica frente a las naciones vecinas. En este caso no est&aacute;n ocurriendo tensiones frente a una meta de supranacionalidad o por soberan&iacute;as que se sienten heridas, ya que se ha logrado un atajo basado en los emprendimientos mixtos con participaci&oacute;n de varios pa&iacute;ses. Los proyectos de empresas estatales conjuntas, y en especial la coparticipaci&oacute;n en la reservas petroleras de Venezuela tienen una importancia econ&oacute;mica indudable, pero adem&aacute;s genera una red de apoyo y sost&eacute;n para ensayar otro proceso de integraci&oacute;n. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es posible postular que en estos momentos la integraci&oacute;n entre los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica del Sur se encuentra en un cruce de caminos. Diferentes estrategias han convergido a un punto en com&uacute;n, donde los grandes bloques comerciales se encuentran estancados y se convierten en foros pol&iacute;ticos. 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