{"id":773,"date":"2004-08-19T00:00:00","date_gmt":"2004-08-19T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=773"},"modified":"2006-03-22T13:28:24","modified_gmt":"2006-03-22T13:28:24","slug":"1822","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/1822\/","title":{"rendered":"Privatizaciones: el fin de un ciclo de despojos"},"content":{"rendered":"<p><i> Las pol&iacute;ticas neoliberales implantadas por la inmensa mayor&iacute;a de los gobiernos latinoamericanos en los a&ntilde;os noventa, tuvieron como uno de sus ejes m&aacute;s destacados la privatizaci&oacute;n de las empresas estatales. Este proceso, que signific&oacute; la liquidaci&oacute;n del patrimonio nacional, es tan grave que puede hacer inviable el futuro de pa&iacute;ses enteros. En algunas ocasiones, los sectores populares pudieron frenar las privatizaciones mediante grandes luchas que llegaron a convertirse en vastas insurrecciones. <\/i><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p> Las empresas estatales eran sentidas como &ldquo;propias&rdquo; por la poblaci&oacute;n de casi todos los pa&iacute;ses; eran empresas que de alguna manera serv&iacute;an los intereses populares o nacionales. Buena parte de ellas se crearon en el periodo posterior a la crisis econ&oacute;mica de 1929 y, sobre todo, durante y despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. En esos a&ntilde;os, el declive de Gran Breta&ntilde;a como potencia hegem&oacute;nica en Am&eacute;rica Latina, y su sustituci&oacute;n por Estados Unidos, abri&oacute; brechas como para fomentar un t&iacute;mido desarrollo con base en un papel m&aacute;s activo por parte de los Estados nacionales en la direcci&oacute;n de las econom&iacute;as, que se concret&oacute; en la industrializaci&oacute;n por sustituci&oacute;n de importaciones. <\/p>\n<p> Las empresas estatales, en general de servicios y transportes, y en ocasiones vinculadas a la producci&oacute;n, formaban parte del &ldquo;patrimonio nacional&rdquo;, aunque nunca se ignor&oacute; que estaban mal gestionadas y que de ellas se beneficiaba sobre todo la &eacute;lite pol&iacute;tica criolla. Aunque las empresas estatales fueron una necesidad para pa&iacute;ses que pretend&iacute;an industrializarse, es cierto que muchos gobiernos se aprovecharon de ellas para perpetuarse en el poder con pr&aacute;cticas clientelistas. Esas pr&aacute;cticas, sumadas a gestiones ineficientes, afectaron a las empresas estatales al inflarse sus plantillas de forma artificial, reduciendo su eficiencia y elevando los costos de forma desorbitada. <\/p>\n<p> En consecuencia, el deterioro de los servicios p&uacute;blicos estatales a lo largo de m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, dependiendo de los pa&iacute;ses, llev&oacute; a la crisis de muchas empresas estatales. Esto termin&oacute; facilitando la labor de los privatizadores que promet&iacute;an &ldquo;eficiencia&rdquo; a poblaciones cansadas de p&eacute;simos servicios. La oleada privatizadora avanz&oacute; con escasas resistencias o, mejor dicho, con el fracaso de las resistencias ensayadas en la mayor parte de los casos. <\/p>\n<p><b> &nbsp;<\/b><\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">La crisis de la deuda <\/font><\/h3>\n<p> A grandes rasgos, &ldquo;la privatizaci&oacute;n de las empresas del Estado est&aacute; siempre ligada a la renegociaci&oacute;n de la deuda externa del pa&iacute;s&rdquo;, como sostiene el economista belga Eric Toussaint, presidente del Comit&eacute; para la Anulaci&oacute;n de la Deuda del Tercer Mundo<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a>. Las ra&iacute;ces de la pol&iacute;tica de privatizaciones hay que buscarlas, por tanto, en la llamada &ldquo;crisis de la deuda&rdquo;, provocada por la moratoria decidida por M&eacute;xico en agosto de 1982. De forma sint&eacute;tica, la deuda de los pa&iacute;ses del Tercer Mundo se volvi&oacute; impagable por un cambio de rumbo de las &eacute;lites, con el objetivo de revertir la crisis de la hegemon&iacute;a estadounidense causada por: la derrota militar de Estados Unidos en Vietnam, las protestas internas contra la guerra, que se enlazaron con el movimiento negro por los derechos civiles y las demandas de los pa&iacute;ses del Tercer Mundo, y que desembocaron en la coyuntura provocada por la revoluci&oacute;n iran&iacute; de 1979 y la crisis de los rehenes de 1980. <\/p>\n<p> Este conjunto de factores, que hizo inocultable la crisis de hegemon&iacute;a de la naci&oacute;n m&aacute;s poderosa, promovi&oacute; un viraje de larga duraci&oacute;n: &ldquo;Se abandonaron los<i> New Deals<\/i> dom&eacute;stico y global, y Estados Unidos trat&oacute; de restablecer su prestigio militar. Para pagar el incremento de los gastos militares de la Segunda Guerra Fr&iacute;a, elev&oacute; sus tipos de inter&eacute;s y comenz&oacute; a competir activamente por el capital internacional en busca de inversi&oacute;n. Durante la d&eacute;cada de 1980 atrajo el excedente mundial, precipitando la &lsquo;crisis de la deuda&rsquo; y se&ntilde;alando el abandono de la promesa del &lsquo;desarrollo&rsquo;&rdquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a>. <\/p>\n<p> Con el aumento de las tasas de inter&eacute;s por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos, los pr&eacute;stamos a los pa&iacute;ses pobres se redujeron de forma dr&aacute;stica, impidi&eacute;ndoles conseguir fondos para el pago de sus deudas. Hasta ese momento, el endeudamiento del Tercer Mundo cumpl&iacute;a varios objetivos: daba salida a la sobre acumulaci&oacute;n de eurod&oacute;lares en los mercados financieros, estimulaba la compra de armas, aceitaba los mecanismos de corrupci&oacute;n de los reg&iacute;menes pro-estadounidenses y, sobre todo, era gratuita. Apenas un ejemplo: 2\/3 de la deuda total contra&iacute;da por los militares argentinos durante la dictadura (1976-1983), fueron depositados en cuentas bancarias del Norte<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a>. De m&aacute;s est&aacute; decir, que el dinero prestado&#8211;en gran medida como &ldquo;ayuda&rdquo; a pa&iacute;ses pobres&#8211;nunca lleg&oacute;, o lo hizo con cuentagotas, a las econom&iacute;as de los pa&iacute;ses destinatarios o a sus pueblos. <\/p>\n<p> El plan Brady<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">4<\/a>, dise&ntilde;ado en los ochenta, supuso acuerdos bilaterales entre los pa&iacute;ses latinoamericanos y las autoridades de Estados Unidos para reducir o escalonar el pago de sus deudas. Uno de los elementos centrales del plan Brady era la privatizaci&oacute;n de las empresas p&uacute;blicas. En 1985, luego de una conferencia sobre la deuda externa en Berna, Henry Kissinger fue tan claro como siempre supo serlo: &ldquo;No hay soluci&oacute;n indolora a su situaci&oacute;n cr&iacute;tica, pero debemos promover algunas enmiendas al programa de ajuste del FMI. La soluci&oacute;n implicar&aacute; un sacrificio; yo prefiero que las naciones endeudadas aseguren sus obligaciones externas frente a los acreedores a la ayuda de activos reales, v&iacute;a cesi&oacute;n del patrimonio de las empresas p&uacute;blicas&rdquo;<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">5<\/a>. <\/p>\n<p> Para asegurar el pago de las deudas se implantaron las pol&iacute;ticas de ajuste estructural promovidas por el FMI y el BM, que desde comienzos de los ochenta se convirtieron en los administradores de la crisis de la deuda, los encargados de poner en marcha las pol&iacute;ticas de ajuste y se transformaron en los grandes recaudadores. Los ajustes que promovieron consistieron en la llamada &ldquo;estabilizaci&oacute;n macroecon&oacute;mica&rdquo; (devaluaci&oacute;n, liberaci&oacute;n de precios, austeridad fiscal) como primer paso para proceder luego a reformas estructurales: apertura comercial, liberalizaci&oacute;n del sistema bancario y de todas las actividades financieras, flexibilizaci&oacute;n del mercado de trabajo y privatizaciones. <\/p>\n<p> Es evidente que este conjunto de pol&iacute;ticas supone la p&eacute;rdida de la soberan&iacute;a econ&oacute;mica de los pa&iacute;ses en los que se aplican y que, para ello, fue necesario que antes o de forma simult&aacute;nea perdieran tambi&eacute;n su soberan&iacute;a pol&iacute;tica. Esto fue posible por el &ldquo;trabajo sucio&rdquo; realizado por las dictaduras o las democracias corruptas del Sur, las que se encargaron de que la deuda externa se multiplicara por ocho entre 1971 y 1980. <\/p>\n<p> En casi todos los pa&iacute;ses, las empresas p&uacute;blicas estaban fuertemente endeudadas ya que los gobiernos les exigieron hacerlo como forma de conseguir pr&eacute;stamos de los bancos privados. La petrolera estatal argentina, YPF, ten&iacute;a en 1976, cuando se inici&oacute; el gobierno militar, una deuda de apenas 372 millones de d&oacute;lares. Siete a&ntilde;os despu&eacute;s su deuda ascend&iacute;a a 6 mil millones de d&oacute;lares. Pero hay m&aacute;s: casi la totalidad de esa deuda qued&oacute; en manos de la dictadura sin ingresar a la caja de empresa, &eacute;sta fue forzada a refinar su petr&oacute;leo en las refiner&iacute;as privadas, no permiti&eacute;ndosele adquirir una refiner&iacute;a propia. En 1982, al finalizar la dictadura, casi todo el activo de la empresa estaba prendado por deudas<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">6<\/a>. De este modo, en el momento de la privatizaci&oacute;n, el monto de la transacci&oacute;n a menudo no fue siquiera suficiente para cubrir las deudas existentes. <\/p>\n<p> Dicho de otra forma, la deuda fue el precio a pagar para corromper a los encargados de poner en marcha las pol&iacute;ticas de dependencia y subordinaci&oacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Una forma casi mafiosa de operar <\/font><\/h3>\n<p> Joseph Stiglitz, premio Nobel de Econom&iacute;a en 2001, ex asesor econ&oacute;mico del gobierno de Bill Clinton y ex vicepresidente del Banco Mundial, sostiene que uno de los principales problemas de la pol&iacute;tica de privatizaciones impulsada por el FMI y el BM es que &ldquo;deb&iacute;a ser concretada r&aacute;pidamente&rdquo;, a tal punto que los pa&iacute;ses que &ldquo;privatizaban m&aacute;s de prisa obten&iacute;an las mejores calificaciones&rdquo;<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">7<\/a>. Stiglitz, que es partidario de las privatizaciones, se queja amargamente de que se realizaron sin los debidos controles, de que sustituyeron los monopolios p&uacute;blicos por monopolios privados provocando sufrimientos a los consumidores, y de que estuvieron envueltas en un marco de corrupci&oacute;n y sobornos. <\/p>\n<p> En Am&eacute;rica Latina, las privatizaciones no s&oacute;lo destruyeron pa&iacute;ses enteros (como Argentina y Per&uacute;), sino que adem&aacute;s tienen un costo humano fuera de lo com&uacute;n, como lo atestigua la masacre de octubre de 2003 en Bolivia, en el marco de la &ldquo;guerra del gas&rdquo; con la que el pueblo boliviano pretende rescatar su principal riqueza, entregada a un peque&ntilde;o grupo de multinacionales (Repsol-YPF, Shell, Enron, Petrobras) por los sucesivos gobiernos neoliberales. <\/p>\n<p> Veamos algunos casos significativos que revelan el <i>modus operandi<\/i> del impulso privatizador. En Argentina, el para&iacute;so de las privatizaciones, la primera privatizada fue la empresa de telecomunicaciones ENTEL. Fue tasada en 3 100 millones de d&oacute;lares pero el gobierno fij&oacute; la base m&iacute;nima de oferentes en 214 millones. La venta debi&oacute; contar con el visto bueno de la banca acreedora. <\/p>\n<p> Luego de varias pr&oacute;rrogas e irregularidades, una parte de ENTEL fue vendida a Telef&oacute;nica de Espa&ntilde;a y la otra a France Telecom. S&oacute;lo pagaron 214 millones de d&oacute;lares en efectivo entre ambas, el resto fueron adquisiciones de t&iacute;tulos de deuda externa. En el momento de la privatizaci&oacute;n ENTEL ten&iacute;a una deuda de 1,900 millones de d&oacute;lares&#8211;1,400 de deuda externa y 500 de deudas con los contratistas argentinos. Aun as&iacute;, el gobierno hab&iacute;a prometido invertir el dinero de la privatizaci&oacute;n en salud y educaci&oacute;n, pero el 60 por ciento se us&oacute; en pagos de la deuda externa y el 40 por ciento restante, seg&uacute;n el investigador Daniel Muchnik, &ldquo;se perdi&oacute; en los vericuetos contables de la administraci&oacute;n p&uacute;blica&rdquo;<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">8<\/a>. <\/p>\n<p> El gobierno de Carlos Menem no hizo sino continuar el estilo corrupto de la dictadura militar. Entre 1990 y 1992 el gobierno de Menem privatiz&oacute; gran parte del patrimonio nacional, lo que signific&oacute; una p&eacute;rdida de unos 60 mil millones de d&oacute;lares (&iquest;es el valor bruto de los activos? Al privatizar YPF, se confi&oacute; al banco estadounidense Merrill Lynch la evaluaci&oacute;n de su valor. Pero el banco redujo deliberadamente en un 30 por ciento las reservas petroleras disponibles para subestimar el valor de la empresa. Una vez concretada la privatizaci&oacute;n, la parte de las reservas ocultas reapareci&oacute; en las cuentas y los compradores obtuvieron as&iacute; fabulosas ganancias, gracias al inmediato aumento de la cotizaci&oacute;n en la bolsa de las acciones de YPF. <\/p>\n<p> Aunque parezca una broma pesada, &ldquo;el Banco Central argentino declar&oacute; que no ten&iacute;a registro de la deuda externa p&uacute;blica, lo que hizo que las autoridades argentinas que sucedieron a la dictadura tuvieran que basarse en las declaraciones de los acreedores extranjeros y en los contratos firmados por los miembros de la dictadura, sin que &eacute;stos hayan pasado por el control del Banco Central&rdquo;<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">9<\/a>. En paralelo, la dictadura decidi&oacute; estatizar la deuda privada que hab&iacute;an contratado las filiales de Renault, Mercedes Benz, Ford, IBM, City Bank, Chase Manhattan Bank, y Bank of America, entre otros. Entre 1981 y 1982 se establecieron los reg&iacute;menes de seguro de cambio&#8211;el Estado les asegur&oacute; un tipo de cambio preferencial&#8211;, por los cuales se transfirieron al Estado argentino buena parte de las deudas de esos grupos econ&oacute;micos&quot;. <\/p>\n<p> En Brasil, el gobierno de Fernando Henrique Cardoso contrat&oacute; a Merrill Lynch en 1977 para evaluar la principal sociedad p&uacute;blica, la empresa minera Vale do R&iacute;o Doce. Numerosos parlamentarios brasile&ntilde;os acusaron a Merrill Lynch de haber devaluado en un 75 por ciento las reservas minerales de la empresa. Durante el periodo de Cardoso fueron privatizadas, adem&aacute;s de la minera estatal, la telef&oacute;nica Telebras, las empresas de gas y de la navegaci&oacute;n de cabotaje, entre las m&aacute;s importantes. <\/p>\n<p> En Per&uacute;, fue el gobierno de Alberto Fujimori el encargado de privatizar buena parte del patrimonio estatal, con sonados casos de corrupci&oacute;n. El r&eacute;gimen de Fujimori aplic&oacute; el programa neoliberal de forma brutal y completa: elimin&oacute; todos los controles sobre el capital financiero, redujo la protecci&oacute;n arancelaria del pa&iacute;s, erradic&oacute; todo marco normativo del trabajo asalariado y desmantel&oacute; las empresas estatales productivas y de servicios. La estructura del pa&iacute;s se retorn&oacute; a su car&aacute;cter de productor de materias primas; el pa&iacute;s se empobreci&oacute; y la poblaci&oacute;n pobre pas&oacute; de 7 a 12 millones, en un pa&iacute;s de 22 millones de habitantes entre 1990 y 2000. <\/p>\n<p> Sin embargo, las privatizaciones encaradas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cuando es ya evidente el fracaso del modelo, resultan cada vez m&aacute;s problem&aacute;ticas y generan fuerte oposici&oacute;n. Alejandro Toledo asumi&oacute; la presidencia el 28 de julio de 2001, luego de haberse convertido en el receptor del movimiento social opositor al fujimorismo. Durante su campa&ntilde;a, centrada en el tema de la pobreza y el desempleo, se hab&iacute;a comprometido a no privatizar las empresas estatales de la sure&ntilde;a ciudad de Arequipa. Pero una vez en el gobierno Toledo decidi&oacute; alinearse con las altas finanzas y, para ganar su confianza y solventar el d&eacute;ficit fiscal, continu&oacute; con la pol&iacute;tica de privatizaciones del r&eacute;gimen anterior. <\/p>\n<p> Dentro del cronograma privatizador se encontraban dos empresas p&uacute;blicas de servicios el&eacute;ctricos (EGASA y EGESUR) que abastec&iacute;an a los sure&ntilde;os departamentos de Arequipa, Moquegua y Tacna. El 14 de junio de 2002 la empresa estatal fue adjudicada a una firma belga acusada de haber pagado sobornos a Fujimori, violando una resoluci&oacute;n judicial que ordenaba la paralizaci&oacute;n del proceso de privatizaci&oacute;n<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">10<\/a>. <\/p>\n<p> En Bolivia, la aprobaci&oacute;n de la ley 2029, de privatizaci&oacute;n del servicio de agua potable, el 20 de octubre de 1999, ocurri&oacute; sin haberse sometido a consulta en lo absoluto. Para evitar el debate sobre los recursos h&iacute;dricos, la coalici&oacute;n de gobierno logr&oacute; una alianza coyuntural con su principal oponente pol&iacute;tico, el MNR, partido del ex presidente Gonzalo S&aacute;nchez de Lozada, bajo cuyo gobierno se dise&ntilde;&oacute; la aplicaci&oacute;n del modelo econ&oacute;mico vigente. La ley estableci&oacute; regulaciones para la prestaci&oacute;n del servicio de agua potable y tambi&eacute;n para el acceso a las fuentes de agua para cualquier uso, otorgando exclusividad al concesionario sin tomar en cuenta los usos y costumbres de las comunidades y organizaciones sociales, las que deb&iacute;an convertirse en usuarios de los servicios del titular de la concesi&oacute;n. Adem&aacute;s, estableci&oacute; una indexaci&oacute;n de tarifas al &Iacute;ndice de Precios al Consumidor de Estados Unidos. La ley regulariz&oacute; contratos como el de la empresa Aguas del Tunari, subsidiaria de International Water Limited de Londres, de propiedad de Bechtel Enterprises, de San Francisco, California, y Edison, de Mil&aacute;n, Italia. <\/p>\n<p> Tanto en Per&uacute; como en Bolivia (tambi&eacute;n en Paraguay y Uruguay), las privatizaciones generaron un clima social de fuerte oposici&oacute;n, provocando en varios casos levantamientos populares. <\/p>\n<p><b> &nbsp;<\/b><\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Un fracaso estremecedor <\/font><\/h3>\n<p> Las privatizaciones no s&oacute;lo se dieron en un marco de profunda corrupci&oacute;n y de expoliaci&oacute;n de los recursos nacionales. Fueron tambi&eacute;n un fracaso desde el punto de vista empresarial, que las poblaciones terminaron pagando: peores servicios, aumento de las tarifas, deterioro de las infraestructuras por falta de inversiones y, en contrapartida, fabulosas ganancias de las multinacionales. <\/p>\n<p> Un reciente libro del ge&oacute;grafo estadounidense David Harvey<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">11<\/a>, explica la l&oacute;gica de las privatizaciones: ante la creciente dificultad para obtener ganancias, por un exceso de capitales y escasas oportunidades para invertirlos de forma rentable, las &eacute;lites desarrollan la modalidad que denomina &ldquo;acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n&rdquo;. El t&eacute;rmino, acu&ntilde;ado por Harvey, remite al &ldquo;cercamiento de los campos&rdquo; comunales en la Inglaterra victoriana, que estuvo en la ra&iacute;z de la expansi&oacute;n del capitalismo. <\/p>\n<p> Pero a diferencia de la expropiaci&oacute;n de los terrenos comunales&#8211;y todo el proceso de rapi&ntilde;a, guerra y conquista colonial con que el capital implant&oacute; su dominio&#8211;la actual acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n combina formas brutales con otras sutiles, o &ldquo;legales&rdquo;, de despojo: biopirater&iacute;a, derechos de propiedad intelectual, pillaje de los recursos gen&eacute;ticos de la humanidad por media docena de empresas farmac&eacute;uticas y las privatizaciones. En efecto, el neoliberalismo en esta fase &ldquo;internaliza pr&aacute;cticas can&iacute;bales, depredadoras y fraudulentas&rdquo; que, tiempo atr&aacute;s, parec&iacute;an erradicadas<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">12<\/a>. Lo interesante de este an&aacute;lisis es que permite comprender que la corrupci&oacute;n no es una anomal&iacute;a sino la forma &ldquo;habitual&rdquo; de operar del sistema en la etapa actual. <\/p>\n<p> El ministro de Econom&iacute;a del gobierno de N&eacute;stor Kirchner, Roberto Lavagna, ante la gran cantidad de anomal&iacute;as de las empresas privatizadas, solicit&oacute; un informe a la Auditor&iacute;a General de la Naci&oacute;n. El organismo compil&oacute; cuarenta trabajos sobre privatizaciones desde 1993 hasta hoy. Entre los datos m&aacute;s relevantes figuran: las empresas no cumplen con las inversiones pautadas; modifican las obras a realizar, los montos y los plazos, sin autorizaci&oacute;n; no cumplen con el patrimonio m&iacute;nimo necesario seg&uacute;n el contrato para asegurar la solvencia de la empresa; apelan al endeudamiento como medio de financiar sus actividades; tienen deudas con el sistema jubilatorio; modifican la composici&oacute;n del paquete accionario, prohibido en los contratos, y no mantienen sus bienes. Adem&aacute;s, no cuentan con seguros o est&aacute;n vencidos; realizaron ajustes de las tarifas que violan los contratos; no pagan las multas impuestas por el &oacute;rgano regulador; no tienen sistemas de recepci&oacute;n de quejas y no presentan la documentaci&oacute;n requerida por el Estado. Varios de los informes recomiendan la rescisi&oacute;n de los contratos<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">13<\/a>. <\/p>\n<p> Un reciente informe de Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) sostiene que las empresas privatizadas en Argentina obtienen ganancias &uacute;nicas en el mundo. En el periodo 1993-1999, las 200 firmas m&aacute;s grandes del pa&iacute;s generaron utilidades por 25 900 millones de d&oacute;lares, correspondiendo el 54 por ciento de ese total a 26 firmas privatizadas que ganaron 2 mil millones de d&oacute;lares por a&ntilde;o. El trabajo concluye que, durante los noventa, &ldquo;la rentabilidad media de las empresas privatizadas fue entre siete u ocho veces superior al resto de las mayores firmas del pa&iacute;s&rdquo;. Pero va m&aacute;s lejos: los aumentos de tarifas fueron ilegales; se deterior&oacute; la calidad de los servicios y se redujeron los planteles de empleados. El resultado se resume en &ldquo;la transferencia de recursos, en primer lugar, desde los sectores asalariados y de bajos ingresos a los sectores empresarios, y, en segundo lugar, dentro de estos &uacute;ltimos, de las peque&ntilde;as y medianas empresas hacia las grandes&rdquo;<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">14<\/a>. <\/p>\n<p> Aunque el caso argentino es uno de los m&aacute;s extremos, quiz&aacute; junto al peruano, puede observarse c&oacute;mo la pol&iacute;tica de privatizaciones colabor&oacute; en la concentraci&oacute;n de la riqueza, perjudicando a las grandes mayor&iacute;as, polarizando al pa&iacute;s y degradando la convivencia. <\/p>\n<p><b> &nbsp;<\/b><\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Resistencias: de la oposici&oacute;n a la insurrecci&oacute;n<\/font> <\/h3>\n<p> Hasta comienzos del nuevo siglo, las grandes luchas populares en Am&eacute;rica Latina se dieron contra las pol&iacute;ticas de ajuste fiscal (Caracazo en 1989) o contra la corrupci&oacute;n con que vinieron envueltos los gobiernos neoliberales (&ldquo;impeachment&rdquo; contra Fernando Collor de Melo en 1992, en Brasil) o, sencillamente, contra las pol&iacute;ticas neoliberales como sucedi&oacute; en casi todos los pa&iacute;ses. La situaci&oacute;n dio un vuelco significativo hacia el a&ntilde;o 2000: se sucedieron varias luchas contra las privatizaciones que consiguieron imponer en la calle un cambio en la pol&iacute;tica neoliberal hacia las empresas estatales. Son los casos de la rebeli&oacute;n de Cochabamba por el control de los recursos acu&iacute;feros en los primeros meses de 2000, las grandes luchas en Per&uacute; y Paraguay en 2002 y el refer&eacute;ndum en Uruguay contra la privatizaci&oacute;n de la empresa petrolera estatal, en 2003. <\/p>\n<p> A medida que el fracaso de las privatizaciones se hizo inocultable, la oposici&oacute;n inicial se fue radicalizando. De las manifestaciones y los referendos se fue pasando a la acci&oacute;n directa, en un proceso que pareci&oacute; acelerarse hacia fines de la d&eacute;cada de 1990: desde las revueltas en Arequipa, Cochabamba y Paraguay hasta los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001 en Argentina y la &ldquo;guerra del gas&rdquo; en Bolivia en septiembre y octubre de 2003. Las pol&iacute;ticas neoliberales, y dentro de e llas las privatizaciones como una de sus facetas m&aacute;s visibles, tuvieron un efecto inesperado: por un lado, unieron a sectores sociales muy diversos, en particular obreros y desocupados con capas medias, y en segundo lugar, provocaron una crisis sin precedentes de los Estados nacionales. <\/p>\n<p> Recapitularemos brevemente algunas luchas significativas. En Uruguay, existen mecanismos legales para revocar leyes a trav&eacute;s de la presentaci&oacute;n de firmas (un 25 por ciento del padr&oacute;n electoral), que obliga al Poder Ejecutivo a convocar un refer&eacute;ndum. El movimiento popular utiliza a menudo este mecanismo. En diciembre de 1992, durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, un amplio movimiento social, sindical y pol&iacute;tico consigui&oacute; frenar la Ley de Empresas P&uacute;blicas (que preve&iacute;a varias privatizaciones), alcanzando en el refer&eacute;ndum el 72 por ciento de los votos favorables a la derogaci&oacute;n. En 2002, el sindicato de ANCAP (empresa estatal de petr&oacute;leos), el movimiento sindical y la izquierda consiguieron las firmas necesarias para forzar un refer&eacute;ndum. El resultado fue contundente: 62 por ciento de los votos por la derogaci&oacute;n de la ley y 35 por ciento a favor de mantenerla. <\/p>\n<p> En los dem&aacute;s pa&iacute;ses, al no haber resquicios legales para impedir las privatizaciones, se recurri&oacute; a la acci&oacute;n directa. En Per&uacute;, el mismo d&iacute;a que el gobierno anunci&oacute; las privatizaciones de las empresas el&eacute;ctricas (14 de julio de 2002), el pueblo de Arequipa sali&oacute; a la calle, construy&oacute; barricadas y se enfrent&oacute; abiertamente con la polic&iacute;a. Volvi&oacute; a escucharse el m&iacute;tico grito &quot;&iexcl;Arequipa revoluci&oacute;n!&quot;, que d&eacute;cadas atr&aacute;s se hab&iacute;a popularizado en la ciudad de tradici&oacute;n levantisca. <\/p>\n<p> Cientos de manifestantes tomaron el aeropuerto y los vuelos debieron suspenderse. Pese a que el gobierno envi&oacute; refuerzos policiales y militares, la poblaci&oacute;n sigui&oacute; combatiendo y protestando. Ni siquiera el toque de queda y la declaraci&oacute;n de que la ciudad quedaba bajo el control de las fuerzas armadas, logr&oacute; sacar a la poblaci&oacute;n de las calles. Con el paso de los d&iacute;as, el contingente de la protesta creci&oacute; y se extendi&oacute; a todo el sur del pa&iacute;s, asumiendo formas insurreccionales. Cuzco, Tacna, Moquegua y Puno, fueron escenarios de movilizaciones en solidaridad con Arequipa, que se hab&iacute;a convertido ya en el epicentro de una revuelta que amenazaba con abarcar a toda la regi&oacute;n sur. <\/p>\n<p> El d&iacute;a 18, cuatro d&iacute;as despu&eacute;s de iniciada la revuelta, que ya hab&iacute;a costado un muerto, cien heridos y da&ntilde;os cuantiosos, Toledo debi&oacute; pedir disculpas al pueblo arequipe&ntilde;o y comenzar negociaciones con los alcaldes y el FACA, que fructificaron en la firma de la Declaraci&oacute;n de Arequipa en la que se compromete a no seguir adelante con las privatizaciones y dejar todo en manos del poder judicial. La ciudad fue una fiesta, y la rebeli&oacute;n aceler&oacute; el desgaste del gobierno de Toledo. <\/p>\n<p> En el caso de Bolivia, la llamada &ldquo;guerra del agua&ldquo; en la ciudad de Cochabamba, merecer&iacute;a un cap&iacute;tulo aparte. Es la primera gran batalla de calles con objetivos precisos que resulta victoriosa en muchos a&ntilde;os, y fue capaz de reunir a sujetos sociales muy diversos: obreros, campesinos, ind&iacute;genas, amas de casa, profesionales, y j&oacute;venes. <\/p>\n<p> A comienzos de 2000 se cre&oacute; la Coordinadora por el Agua y por la Vida, que agrupa al Comit&eacute; de Defensa del Agua, a las Federaciones de Regantes, a los sindicatos de fabriles y maestros, comerciantes, campesinos y a colegios profesionales como los de ingenieros, abogados y economistas. La Coordinadora convoc&oacute; una consulta popular para el domingo 26 de marzo, luego de marchas, cabildos abiertos y movilizaciones que fueron duramente reprimidas lleg&aacute;ndose a la militarizaci&oacute;n de la ciudad. La consulta recogi&oacute; la opini&oacute;n de 50 mil personas que se pronunciaron en m&aacute;s de 140 mesas electorales en todos los barrios. Basada en ese resultado, se convoc&oacute; a partir del 4 de abril a un bloqueo general de la ciudad y de las carreteras, exigiendo al gobierno la soluci&oacute;n definitiva al problema del agua, advirtiendo que daba comienzo la &ldquo;batalla final&rdquo; para que Aguas del Tunari se retirara de la regi&oacute;n, se congelaran las tarifas de agua y se derogara la ley. <\/p>\n<p> A partir del 4 de abril la Coordinadora comenz&oacute; un paro con bloqueo de rutas, a los que sum&oacute; la Confederaci&oacute;n campesina (CSUTCB) cortando las rutas en todo el pa&iacute;s, y hasta el personal de las l&iacute;neas a&eacute;reas (LAB) suspendi&oacute; sus vuelos en apoyo a la lucha en Cochabamba. Despu&eacute;s de cuatro d&iacute;as de huelga general, militares y polic&iacute;as tomaron la plaza de Cochabamba que estaba colmada de manifestantes, detuvieron a los dirigentes de la Coordinadora y establecieron el estado de sitio. En las zonas rurales del departamento de La Paz se realizaron tres cabildos (el m&aacute;s importante fue el de Achacachi, cerca del lago Titicaca, con 15 mil indios), que ratificaron continuar los bloqueos de carreteras. El 7 de abril, Cochabamba fue nuevamente tomada por miles de personas que volvieron a ocupar la plaza haciendo retroceder a la represi&oacute;n. El alcalde anunci&oacute; que Aguas del Tunari se retiraba y se desat&oacute; una fiesta popular. Militares y polic&iacute;as se vieron obligados a retirarse a los cuarteles ante la masiva presencia de la poblaci&oacute;n en las calles. En este clima, el 10 de abril el gobierno accedi&oacute; a firmar un acuerdo con los campesinos y confirm&oacute; la retirada de Aguas del Tunari. <\/p>\n<p> En la insurrecci&oacute;n de Cochabamba emergieron &ldquo;in&eacute;ditas formas organizativas capaces de cobijar la moderna obrerizaci&oacute;n h&iacute;brida de la poblaci&oacute;n urbana y la expansi&oacute;n de construcciones discursivas fuertemente ancladas en un auto reconocimiento en la carencia, el sufrimiento y la laboriosidad&rdquo;. Se rechaz&oacute; de forma expl&iacute;cita la marcha y la huelga como forma principal de lucha, por considerarlas propias de momentos de reflujo, y se opt&oacute; por la ocupaci&oacute;n del espacio. La forma de consulta con las bases fue el cabildo; la representaci&oacute;n tradicional desapareci&oacute; en aras de la representaci&oacute;n propia, de la multitud en la calle, que es &ldquo;una trama intensa de auto organizaci&oacute;n local&rdquo;, una poderosa red de poder, movilizaci&oacute;n y control territorial y regional propios. <a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">15<\/a><\/p>\n<p> La descripci&oacute;n de c&oacute;mo la multitud pasa de su estado de desagregaci&oacute;n a una multitud en estado de militarizaci&oacute;n, revela la profundidad de la movilizaci&oacute;n y de los cambios respecto a la anterior centralidad del sujeto obrero: &ldquo;Cada barrio, cada comit&eacute; de aguas, comenz&oacute; a llegar a la plaza con sus autoridades y estandartes por delante de unas formaciones compactas de j&oacute;venes, hombres y mujeres blandiendo palos, botellas, molotovs, piedras y cuchillos. Cada barrio, sindicato agrario y comit&eacute; de aguas hab&iacute;a decidido ir a la plaza a hacer la guerra y ven&iacute;a dispuesto a ello [&#8230;] Sobre esa base de militarizaci&oacute;n de las estructuras locales de movilizaci&oacute;n, nacer&aacute;n luego los <i>guerreros del agua<\/i> que se atrincherar&aacute;n en la plaza 14 de septiembre durante los tres d&iacute;as siguientes&ldquo;.<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">16<\/a><\/p>\n<p> En Paraguay, los principales protagonistas de la lucha contra las privatizaciones fueron los campesinos, que en un proceso de apenas cuatro a&ntilde;os consiguieron unificar al conjunto del movimiento popular en el Congreso Democr&aacute;tico del Pueblo (CDP). El Congreso es la confluencia de m&aacute;s de sesenta organizaciones campesinas, sindicales, populares y pol&iacute;ticas, que se construy&oacute; de abajo hacia arriba luego de la fractura de la unidad campesina en 1998. <\/p>\n<p> A su vez, fueron tejiendo amplias alianzas que cuajaron en la formaci&oacute;n del Frente en Defensa de los Bienes P&uacute;blicos y el Patrimonio Nacional y la Plenaria Popular Contra el Terrorismo de Estado. Ante la inminente privatizaci&oacute;n de las empresas estatales, y el aumento de la represi&oacute;n, que incluy&oacute; la presentaci&oacute;n ante el parlamento de una ley antiterrorista impulsada abiertamente por la embajada de Estados Unidos, se cre&oacute; el 15 de mayo de 2002 el CDP. En su primera sesi&oacute;n, ante m&aacute;s de mil delegados, se resolvi&oacute; iniciar una amplia movilizaci&oacute;n nacional por la derogaci&oacute;n de la ley de privatizaciones, contra le ley de reforma de la banca p&uacute;blica, la ley antiterrorista, la que privatiza las rutas nacionales, la del impuesto agropecuario y contra la corrupci&oacute;n y la impunidad que campean en el pa&iacute;s. <\/p>\n<p> El 21 de mayo comenzaron las movilizaciones de forma escalonada, con intermitentes cortes de rutas en 18 puntos de 12 departamentos del pa&iacute;s. En un clima de gran polarizaci&oacute;n, se produjeron choques entre campesinos y fuerzas represivas, se detuvo a m&aacute;s de cien manifestantes y varios dirigentes sociales. A 130 kil&oacute;metros de Asunci&oacute;n, en la ciudad de Coronel Oviedo, en la principal ruta del pa&iacute;s, s&oacute;lidas barreras policiales y militares impidieron el paso de unos cinco mil campesinos que se dirig&iacute;an hacia la capital, en la que muri&oacute; un campesino. Pero en los d&iacute;as siguientes los campesinos rompieron los cordones represivos y se acercaron a la capital, mientras la oleada de protestas se extend&iacute;a a todo el pa&iacute;s. El 3 de junio, los campesinos comenzaron a llegar a Asunci&oacute;n y acamparon en las plazas frente al parlamento, mientras en las principales ciudades continuaban las manifestaciones y las rutas segu&iacute;an cortadas. Al d&iacute;a siguiente, miles de campesinos de la regi&oacute;n Norte rompieron los cordones policiales para confluir hacia la capital con otras columnas que avanzaban desde el Este y el Sur, mientras 1 500 personas tomaban la comisar&iacute;a de la ciudad de San Estanislao. Los estudiantes tambi&eacute;n hicieron cortes carreteros y se suspendieron las clases en todo el pa&iacute;s. En ese clima, el Senado suspendi&oacute; por tiempo indefinido la ley de privatizaciones. Fue una important&iacute;sima victoria tras 16 d&iacute;as de intensas movilizaciones. <\/p>\n<p><b> &nbsp;<\/b><\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Balance provisorio: crisis social y pol&iacute;tica <\/font><\/h3>\n<p> Las victoriosas luchas contra las privatizaciones en cuatro pa&iacute;ses latinoamericanos, observadas desde el propio campo popular, revelan c&oacute;mo se han ido configurando nuevos sujetos sociales a ra&iacute;z de los cambios promovidos por dos d&eacute;cadas de neoliberalismo. Pero revelan tambi&eacute;n la fragilizaci&oacute;n de los Estados nacionales, la aparici&oacute;n de nuevas formas de lucha y relaciones diferentes entre actores sociales y pol&iacute;ticos. <\/p>\n<p> Desde 2000 se evidencia una recomposici&oacute;n del campo popular, una de cuyas manifestaciones son las mencionadas luchas contra las privatizaciones, luego de las derrotas de los a&ntilde;os ochenta y noventa. Sin embargo, esta ofensiva se alza sobre un terreno social modificado por el modelo neoliberal. Los cambios m&aacute;s evidentes se relacionan con la inexistencia de un actor central como lo fueron los obreros en el periodo anterior. En su lugar, aparecen un conjunto de protagonistas (desde informales y desocupados hasta t&eacute;cnicos y profesionales) que establecen alianzas de hecho ante situaciones concretas. En suma, aparecen nuevos sujetos sociales que presentan una gran heterogeneidad. En todos los casos, tienden a establecerse relaciones distintas entre las fuerzas sociales y las pol&iacute;ticas: el dinamismo movilizador corre por cuenta de las primeras, en tanto las segundas buscan aportar a reconfigurar las viejas estructuras de la izquierda (como en el caso boliviano) o quedan por fuera del escenario (como en el caso peruano). <\/p>\n<p> En segundo lugar, las luchas contra las privatizaciones ponen al descubierto la debilidad creciente de los Estados nacionales. Salvo en el caso uruguayo, donde el Estado mantiene su hegemon&iacute;a sobre la sociedad civil, destaca la incapacidad para resolver los conflictos sociales sin apelar a la represi&oacute;n. Este debilitamiento de los Estados nacionales est&aacute; directamente relacionado con las pol&iacute;ticas neoliberales y, en paralelo, con la creciente debilidad de las izquierdas tradicionales en la mayor parte del continente. <\/p>\n<p> Los cambios socioculturales se reflejan en los cambios en las formas de lucha, estrechamente vinculados a la crisis de representaci&oacute;n que atraviesa a todos los pa&iacute;ses. Los cortes de ruta y las movilizaciones de tipo insurreccional, vienen a ocupar el lugar de las huelgas y los paros del movimiento sindical. Estas formas de lucha tienen dos caracter&iacute;sticas destacables: representan la emergencia de actores territorializados, con una nueva configuraci&oacute;n y relaci&oacute;n espacial, en la que los pobladores, los campesinos y los desocupados juegan un papel relevante, junto a las mujeres y los j&oacute;venes. Las multitudes ocupan el espacio p&uacute;blico porque rechazan la representaci&oacute;n, se autoconvocan y dan vida a esa forma-multitud que ha protagonizado las luchas m&aacute;s importantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Am&eacute;rica Latina. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Viejos problemas, nuevas preguntas <\/font><\/h3>\n<p> Por &uacute;ltimo, comienza a cobrar forma un nuevo debate que est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado tanto con el fracaso de las privatizaciones como con el &eacute;xito de las luchas contra el neoliberalismo: &iquest;Qu&eacute; hacer con las empresas privatizadas? &iquest;C&oacute;mo recuperarlas? Y, sobre todo, &iquest;c&oacute;mo y qui&eacute;n debe gestionarlas? <\/p>\n<p> El reciente referendo en Bolivia puede ser un buen indicador. El primer dato es que el movimiento social que aparece muy unido frente a las privatizaciones, se divide y fragmenta cuando se trata de encontrar soluciones. La enorme fortaleza que mostr&oacute; el pueblo boliviano, a la hora de defender con su vida la nacionalizaci&oacute;n del gas, se evapor&oacute; cuando el gobierno de Carlos Mesa convoc&oacute; la consulta del 18 de julio. <\/p>\n<p> El problema, en el fondo, es el Estado. Cada vez son m&aacute;s los sectores sociales que desconf&iacute;an de la capacidad de los Estados de gestionar correctamente los recursos de cada pa&iacute;s. La memoria sobre la corrupci&oacute;n y el clientelismo en la gesti&oacute;n de las empresas luego privatizadas, juega en contra de la opci&oacute;n estatal como alternativa. Sin embargo, el debate est&aacute; presente. En Bolivia desde la &ldquo;guerra del agua&rdquo; en Cochabamba, y desde la revuelta de octubre de 2003 con la cuesti&oacute;n del gas. Pero tambi&eacute;n se debate en Argentina y en muchos otros pa&iacute;ses. <\/p>\n<p> La opci&oacute;n no es, como tiempo atr&aacute;s, entre p&uacute;blico y privado. El economista argentino Julio Gambina, recogiendo el sentir de asambleas populares y grupos piqueteros, reconoce que la estatizaci&oacute;n sin m&aacute;s de las empresas privatizadas no ser&iacute;a un buen camino, &ldquo;porque termina siendo burocr&aacute;tico y sometido al grupo pol&iacute;tico que administre al Estado en ese momento&rdquo;<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">17<\/a>. Nadie tiene alternativas preparadas, pero en los debates en curso van apareciendo posibilidades de gesti&oacute;n no estatal o, cuando menos, mixta: empresas cooperativas gestionadas por los usuarios, con posible participaci&oacute;n del Estado, conformado un &aacute;rea social flexible que pueda dar cabida a empresas p&uacute;blicas no estatales, mutuales, cooperativas y formas comunitarias de organizaci&oacute;n. <\/p>\n<p> Todas las opciones, al parecer, pasan por la co-administraci&oacute;n entre consumidores, trabajadores y, tal vez, el Estado. El debate, a&uacute;n incipiente, tiene una enorme virtud: coloca las preocupaciones de la gente com&uacute;n en otro lugar; en c&oacute;mo hacer para autogestionar los bienes p&uacute;blicos sin entregarlos a &rdquo;otros&rdquo; para que lo hagan. Si este camino se profundiza, tal vez la terrible historia de las privatizaciones pueda tener un final feliz. <\/p>\n<h3><font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Notas<\/font> <\/h3>\n<ol>\n<li><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a> Eric Toussaint, <i>Deuda externa en el Tercer Mundo: las finanzas contra los pueblos<\/i>, Nueva Sociedad, Caracas, 1998, p. 141. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a> Giovanni Arrighi y Beverly Silver, <i>Caos y orden en el sistema-mundo moderno<\/i>, Akal, Madrid, 2001, p. 219. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a> Toussaint, p. 86. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a> Nicholas Brady fue secretario del Tesoro&hellip;. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a> Citado por Toussaint, p. 79. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><\/a> Toussaint, p. 189. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><\/a> Joseph Stiglitz, <i>El malestar en la globalizaci&oacute;n<\/i>, Taurus, Buenos Aires, 2002, p. 90. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><\/a> Daniel Muchnik, <i>Plata f&aacute;cil. <\/i><i> Los empresarios y el poder en la Argentina<\/i>, Norma, Buenos Aires, 2001, p. 227. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\"><\/a> Toussaint, p. 191. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\"><\/a> Jaime Coronado Del Valle, &ldquo;Democracia, ciudadan&iacute;a y protesta social: la experiencia de Arequipa y la colonialidad del poder&rdquo;, en revista <i>OSAL<\/i> No. 8, CLACSO, Buenos Aires, setiembre de 2002. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\"><\/a> David Harvey <i>El nuevo imperialismo<\/i>, Akal, Madrid, 2004. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\"><\/a> Harvey, p. 121. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\"><\/a> Por m&aacute;s informaci&oacute;n puede consultarse el sitio www.agn.gov.ar <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\"><\/a> Resumen del informe de Flacso, &ldquo;El modus operandi&rdquo;, en <a href=\"http:\/\/www.lavaca.com\/\" target=\"_blank\">www.lavaca.com<\/a> <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\"><\/a> Garc&iacute;a Linera, Alvaro, Gutierrez, Raquel y Tapia, Luis &ldquo;La forma multitud de la pol&iacute;tica de las necesidades vitales&quot;, en <i>El retorno de la Bolivia plebeya<\/i>, Muela del diablo, La Paz, 2000, p. 148. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\"><\/a> Linera, et.al.,p. 157.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\"><\/a> Julio Gambina, &ldquo;C&oacute;mo recuperar las empresas privatizadas&rdquo;, en <a href=\"http:\/\/www.lavaca.org\/\" target=\"_blank\">www.lavaca.org<\/a> <\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las pol&iacute;ticas neoliberales implantadas por la inmensa mayor&iacute;a de los gobiernos latinoamericanos en los a&ntilde;os noventa, tuvieron como uno de sus ejes m&aacute;s destacados la privatizaci&oacute;n de las empresas estatales. 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