{"id":787,"date":"2008-07-17T18:16:29","date_gmt":"2008-07-17T18:16:29","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=787"},"modified":"2008-08-07T14:26:25","modified_gmt":"2008-08-07T14:26:25","slug":"5385","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/5385\/","title":{"rendered":"Ba&ntilde;ados de Asunci&oacute;n: La potencia de la comunidad"},"content":{"rendered":"<p><b>Hace apenas medio siglo los Ba&ntilde;ados eran una ci&eacute;naga sobre la que el r&iacute;o Paraguay desbordaba sus aguas en &eacute;pocas de lluvias. Eran, tambi&eacute;n el vertedero de basura de Asunci&oacute;n. Hoy es uno de los barrios m&aacute;s poblados, donde la extrema pobreza se vuelve tolerable gracias a una incre&iacute;ble solidaridad. <\/b><\/p>\n<p>Una ancha y transitada avenida separa dos mundos, bajo el calor pegajoso de Asunci&oacute;n. De un lado, grandes casonas protegidas por los enormes &aacute;rboles floridos que caracterizan la ciudad; calles empedradas o asfaltadas, veredas limpias y parejas, representan el trazado urbano de un barrio cualquiera de las clases medias latinoamericanas. Del otro lado un camino de tierra, cuesta abajo en direcci&oacute;n al r&iacute;o, con enormes huecos de barro y agua, delata que entramos en la zona inundable, los Ba&ntilde;ados. <\/p>\n<p>A medida que vamos ingresando al barrio, las viviendas son cada vez m&aacute;s precarias y las aguas servidas se escurren por peque&ntilde;os canales que construyen los vecinos. Un ni&ntilde;o de unos tres a&ntilde;os juega con el agua, ante la mirada indiferente de su hermana mayor. La calle por la que ingresamos al barrio es una de las m&aacute;s importantes del Ba&ntilde;ado Sur, frontera de los barrios San Juan y Santa Cruz camino obligado de las camionetas 4X4 que se dirigen al club Mbigu&aacute;, a orillas del r&iacute;o Paraguay, uno de los m&aacute;s elitistas de la ciudad. <\/p>\n<p>Cuando el r&iacute;o se desborda, los Ba&ntilde;ados quedan sepultados bajo las aguas, como sucedi&oacute; en 1983 cuando el agua lleg&oacute; a hasta la avenida que los separa de la ciudad formal. &quot;Hasta 1994 el r&iacute;o crec&iacute;a todos los a&ntilde;os y la gente ten&iacute;a que dejar sus casas&quot;, asegura Orlando Castillo, miembro de la organizaci&oacute;n de derechos humanos Serpaj (Servicio de Paz y Justicia), que naci&oacute; en los Ba&ntilde;ados, donde vivi&oacute; hasta hace apenas cinco a&ntilde;os. Entre la basura y el barro, sus 100,000 habitantes sobreviven gracias a compactas y extensas redes de solidaridad. <\/p>\n<p>Es domingo y el campo de f&uacute;tbol de Santa Cruz se convierte en lugar de encuentro de los j&oacute;venes y en centro de reuni&oacute;n del barrio. Pasan decenas de vendedores ambulantes ofreciendo refrescos fr&iacute;os y helados para los peque&ntilde;os, mientras algunos venden rifas para &quot;beneficio&quot; del barrio. Orlando y sus amigos terminan un partido de f&uacute;tbol, piden cervezas y comienzan a relatar su versi&oacute;n de la historia del barrio. <\/p>\n<h3>Los m&aacute;s pobres del Paraguay <\/h3>\n<p>Los Ba&ntilde;ados comenzaron a poblarse hace m&aacute;s de medio siglo. En los cuatro o cinco kil&oacute;metros de ancho que ocupan, entre la ciudad y el r&iacute;o, se fueron instalando campesinos que llegaron a la ciudad por la expansi&oacute;n de la ganader&iacute;a en la d&eacute;cada de 1960. &quot;Era el basural de la ciudad. Pero la gente pon&iacute;a letreros para comprar basura, porque era la forma de rellenar los ba&ntilde;ados para hacerlos habitables&quot;, recuerda Orlando. <\/p>\n<p>Muchos campesinos se instalaron en esta larga franja por la proximidad del Hospital de Cl&iacute;nicas, el que mejor atiende a los pobres en Paraguay. El barrio m&aacute;s antiguo, Chacarita, se levant&oacute; a pocos metros de la casa de gobierno. Los dem&aacute;s se extienden al sur y al norte, formando una ciudad lineal que acompa&ntilde;a los recodos del r&iacute;o. <\/p>\n<p>Apenas uno de cada diez habitantes de los Ba&ntilde;ados tiene empleo formal. El resto recogen basura, la clasifican y venden, crian gallinas, vacas y cerdos, o tienen peque&ntilde;os puestos de venta ambulante. Otros, como Orlando cuando era ni&ntilde;o, pescan en el r&iacute;o para aportar a la olla familiar. Muchos van hasta Puerto Falc&oacute;n, ciudad argentina sobre el r&iacute;o Paraguay, de donde traen aceite, cebolla, tomate y ropa de contrabando. &quot;Nadie dej&oacute; de tener animales. A la ma&ntilde;ana el que tiene vacas recorre las casas vendiendo leche y queso&quot;, dice Orlando. <\/p>\n<p>Todo lo que puede verse en los Ba&ntilde;ados lo construy&oacute; la gente en base a la ayuda mutua. La solidaridad es una se&ntilde;a de identidad, ya que es la &uacute;nica forma de sobrevivir en un entorno tan hostil. Las formas de solidaridad son m&uacute;ltiples y abarcan todos los aspectos imaginables de la vida cotidiana. De modo natural, los vecinos les llevan comida a los que menos tienen; se venden rifas para comprar los medicamentos de los ancianos y los enfermos; se organizan polladas y tallarinadas para recaudar fondos para los obras m&aacute;s importantes del barrio. <\/p>\n<p>Cumplen la funci&oacute;n de la solidaridad pero tambi&eacute;n de la redistribuci&oacute;n interna del dinero, que de ese modo se canaliza de los que tienen algo a los que no tienen nada. &quot;En las familias que no tienen plata para aportar a las tareas comunes, las mujeres colaboran en el trabajo de hacer y vender los tallarines y los hombres ponen la mano de obra para hacer cemento y el trabajo duro, en tanto los vecinos se encargan de la alimentaci&oacute;n de los que trabajan&quot;. <\/p>\n<p>Una divisi&oacute;n del trabajo dentro de cada familia, pero tambi&eacute;n entre los que tienen mayores y menores recursos materiales. Orlando se&ntilde;ala que la comunidad se organiza de forma natural, muchas veces sin siquiera crear instituciones como las comisiones de vecinos: &quot;Los m&aacute;s pobres ponen trabajo, y los que tienen algo m&aacute;s compran las rifas para recaudar fondos. Hay una divisi&oacute;n del trabajo en la que cada uno debe aportar algo. Eso es la minga y se organiza por turnos. Los ni&ntilde;os tambi&eacute;n tienen que colaborar, cuando vienen los materiales son los encargados de acarrearlos&quot;. <\/p>\n<p>As&iacute; han conseguido construir las calles, los acueductos, las canillas para el agua potable, los puestos de salud, y hasta el alumbrado p&uacute;blico. &quot;Porque si queremos luz hay que comprar la columna y a veces pagar la coima para que te conecten en menos de dos meses. El hijo que tiene m&aacute;s estudios es el que se encarga de los tr&aacute;mites. La coima est&aacute; presupuestada en los gastos de la comisi&oacute;n de vecinos&quot;, se r&iacute;e Orlando. <\/p>\n<p>&quot;Hay tres generaciones que nacieron en los Ba&ntilde;ados&quot;. Ahora comienza a relatar la historia de la organizaci&oacute;n social de su barrio, que es muy similar a la que vivieron casi todos los sectores populares de Am&eacute;rica Latina. &quot;Las primeras organizaciones vecinales surgen bajo la dictadura de Stroessner, como comunidades eclesiales de base creadas por los jesuitas. Son curas que se quedan a vivir en la comunidad. Las capillas fueron construidas por la comunidad en minga, muchas veces en un sitio donde se dice que hubo un milagro o se encontr&oacute; una imagen y entonces la gente empieza a construir un lugar de oraci&oacute;n&quot;. <\/p>\n<p>Orlando asegura que mientras las capillas estaban influidas por los jesuitas, las parroquias que eran la instancia superior, eran controladas por los salesianos, lo que provoc&oacute; conflictos dentro de la iglesia. A mediados de la d&eacute;cada de 1990 la presi&oacute;n de los salesianos y del Arzobispado provoc&oacute; el alejamiento de los jesuitas de los Ba&ntilde;ados. <\/p>\n<p>En esos a&ntilde;os, las comunidades eclesiales de base, en las que particip&oacute; toda la familia de Orlando, sobre todo su hermana Carmen, una reconocida dirigente barrial, &quot;eran el espacio donde la gente se reun&iacute;a y el cura hac&iacute;a un discurso pol&iacute;tico se&ntilde;alando las injusticias, con un gran compromiso con la comunidad&quot;. Los ni&ntilde;os hac&iacute;an catequesis, los adolescentes participaban en grupos juveniles y los adultos en las comisiones vecinales que eran la conducci&oacute;n pol&iacute;tica del barrio, las encargadas del fomento pero adem&aacute;s de la formaci&oacute;n. Los curas se encargaban de asesorar a las comisiones y de la catequesis. <\/p>\n<p>Como en todo el continente, se realizaba una lectura colectiva de la Biblia, a partir de los debates sobre derechos ciudadanos en base a la educaci&oacute;n popular. Los barrios fueron semilleros de l&iacute;deres populares, sobre todo Santa Cruz y Trinidad. El teatro jug&oacute; un papel importante en la formaci&oacute;n de los j&oacute;venes. &quot;El arte fue una forma de resistencia que no pod&iacute;an controlar. Se hac&iacute;a teatro religioso en la calle revindicando la figura negra de Jes&uacute;s y luego se hac&iacute;a teatro cr&iacute;tico sobre la estructura social. Al final de la dictadura el arte, la m&uacute;sica y las radios comunitarias eran la principales expresiones de oposici&oacute;n&quot;, recuerda Orlando. <\/p>\n<p>Con el tiempo, las organizaciones sociales se emanciparon de la iglesia, dando un paso en el que contribuyeron los propios sacerdotes. De ese modo, el eje de la vida social se traslad&oacute; de la capilla al centro comunitario. La capilla era el lugar donde almorzaban los ni&ntilde;os y por la noche los j&oacute;venes se instalaban bajo el alero a tomar vino y conversar, porque la sent&iacute;an como un espacio seguro. &quot;Hoy ese espacio de libertad se traslad&oacute; al centro comunitario&quot; asegura Carmen. <\/p>\n<p>En el barrio de Santa Cruz, la comunidad consigui&oacute; construir un centro comunitario con materiales donados, y algunos comprados en colectas, y todo el trabajo fue hecho por los vecinos. All&iacute; funciona una escuela y un centro de salud, y es de hecho un centro social y cultural para el barrio. <\/p>\n<h3>Redes de mujeres y salud <\/h3>\n<p>Carmen releva a su hermano Orlando como gu&iacute;a en los Ba&ntilde;ados. Caminamos por calles de tierra y barro y llegamos a una vivienda pobre, pero construida con materiales de cemento y ladrillos, donde vive Patricio, al que llaman &quot;Pinto&quot;. Nos esperan varias mujeres que pertenecen a la comisi&oacute;n directiva de CODECO (Coordinadora de Defensa Comunitaria), la principal organizaci&oacute;n del Ba&ntilde;ado Norte. <\/p>\n<p>Carmen describe el barrio &quot;en positivo&quot;: &quot;Son barrios hermosos, llenos de &aacute;rboles y plantas donde vive gente honesta y trabajadora&quot;, dice, sabiendo que la fama que tienen los Ba&ntilde;ados es de refugio de gente pobre que roba. Mar&iacute;a, una mujer de unos 35 a&ntilde;os, grande y morena, asegura que reci&eacute;n en la &uacute;ltima d&eacute;cada se comenzaron a sembrar &aacute;rboles y plantas, porque antes cada vez que el r&iacute;o crec&iacute;a se los llevaba. &quot;Este cambio fue posible por el relleno que hicimos, y todo esto fue de la mano de la autoestima y la organizaci&oacute;n del barrio&quot;. <\/p>\n<p>CODECO abarca diez barrios donde viven unas 5,000 personas. En 2001 armaron una coordinadora zonal con el apoyo de la cooperaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea, &quot;pero lo vivimos como una imposici&oacute;n, as&iacute; que preferimos armar algo m&aacute;s peque&ntilde;o para defender las comunidades y los derechos humanos&quot; dice Carmen. Margarita, con 49 a&ntilde;os que parecen m&aacute;s de 60, fue elegida presidenta de la comisi&oacute;n de su barrio. &quot;Elegimos a los siete cargos de la comisi&oacute;n vecinal en una asamblea a la que asistieron 37 familias de las 91 que viven en mi comunidad. Cada comisi&oacute;n dura dos a&ntilde;os y su tarea principal es recaudar fondos para ayudar a la gente y mejorar el barrio&quot;. <\/p>\n<p>M&aacute;s all&aacute; de la formalidad de la comisi&oacute;n vecinal, se trata de un tipo de organizaci&oacute;n que no se diferencia de la vida cotidiana, porque no crean ninguna estructura ni aparato separados de la vida diaria. &quot;Las viviendas se construyen por ayuda mutua, hacemos tallarinadas y chorizadas para recaudar fondos. &iquest;Para qu&eacute;? Para comprar escombros para rellenar las calles, para ayudar a los enfermos, pagar un taxi para llevarlos a la urgencia del hospital. Aqu&iacute; el Estado no existe, la gente consigue todo&quot;, explica, mezclando palabras en guaran&iacute;. <\/p>\n<p>Los problemas vinculados a la salud, como asegura el ge&oacute;grafo estadounidense Mike Davis, son los que m&aacute;s desestabilizan la vida cotidiana de los pobres. Mar&iacute;a se expresa indignada que para ir al hospital o al puesto de salud, hay que pagar: &quot;El puesto de salud de Santa Cruz lo construy&oacute; la comunidad, pero los m&eacute;dicos y las enfermeras los paga el ministerio. Nosotros no tenemos ning&uacute;n control sobre lo que hacen y adem&aacute;s hay que pagar todo: 5,000 guaran&iacute;es por llenar un ficha para hablar con el doctor, 20,000 cuesta el an&aacute;lisis m&aacute;s barato, un hemograma 15,000. Una se&ntilde;ora tuvo que vender su casa para operarse&quot;. Margarita interumpe: &quot;Para poderme operar de hernia tuve que pagar cinco millones, lo mismo que el valor mi casa. Mejor es morirse&quot;. <\/p>\n<p>Si no mueren, es en gran medida por el apoyo de las redes de mujeres y vecinos organizados. Patricio, al que apodan &quot;el veterinario del barrio&quot;, explica que cuando hay una familia con un enfermo grave, la comisi&oacute;n vecinal cocina, por ejemplo, 100 platos de comida y los vende, y todo lo que recaudan lo entregan al enfermo para gastos de medicamentos y hospital. &quot;Tenemos cuatro familias donde hay alguien con derrame cerebral y hacemos actividades rotativas por minga para ayudarlos con las medicinas&quot;, dice. <\/p>\n<p>Patricio es un privilegiado, ya que tiene trabajo fijo como empleado p&uacute;blico, lo que le permite dedicar mucho tiempo a la comisi&oacute;n del barrio San Juan. Su forma de colaborar es vacunar los animales del barrio y cobrar s&oacute;lo el precio de la medicina. Margarita es el extremo opuesto. Su esposo trabaja cuidando coches en la ciudad y ella recoge pl&aacute;sticos desde las cuatro de la madrugada hasta las ocho de la ma&ntilde;ana. &quot;Salgo con mi hermana y sacamos unos 5,000 guaran&iacute;es cada una. Lo mismo que cuesta hablar con el m&eacute;dico&quot;, se queja. <\/p>\n<p>Para un barrio como los Ba&ntilde;ados, Mar&iacute;a es una pr&oacute;spera empresaria. En su casa tiene un criadero con 40 cerdos porque su esposo perdi&oacute; el trabajo hace cinco a&ntilde;os. Adem&aacute;s tiene un peque&ntilde;o almac&eacute;n, patos y gallinas, y s&oacute;lo dos hijos para mantener. Tiene una extraordinaria capacidad para organizar la vida familiar y barrial, arte que aprendi&oacute; en una cooperativa de cerdos que montaron con apoyo de la cooperaci&oacute;n internacional. &quot;Ten&iacute;amos 20 socios pero fracasamos porque la gente necesita comer todos los d&iacute;as, y cuando aument&oacute; el precio de la comida de los animales todo se complic&oacute;. Los tiempos de la cooperaci&oacute;n son muy cortos y la gente est&aacute; acostumbrada a comer hoy y ver qu&eacute; hacen para comer ma&ntilde;ana.&quot; <\/p>\n<h3>Resistir el &quot;progreso&quot; <\/h3>\n<p>Con la ca&iacute;da de la dictadura y la llegada de la democracia, las administraciones municipales intentaron institucionalizar las comisiones vecinales informales. Pero se anotaron muchas que son apenas pantallas del Partido Colorado, el que gobern&oacute; Paraguay durante 60 a&ntilde;os. Carmen calcula que existen unas 1,500 comisiones s&oacute;lo en los Ba&ntilde;ados, pero no todas tienen existencia real. As&iacute; y todo, la cifra revela una enorme capacidad organizativa. <\/p>\n<p>A fines de la d&eacute;cada de 1990, los organismos financieros internacionales comenzaron a interesarse por los Ba&ntilde;ados. Su ubicaci&oacute;n estrat&eacute;gica al lado del r&iacute;o, la principal atracci&oacute;n de la ciudad, los convierte en un espacio apto para realizar inversiones y potenciar la especulaci&oacute;n inmobiliaria. Para ello hab&iacute;a dos caminos: expulsar a los vecinos de forma violenta o mejorar sus barrios y viviendas, agrup&aacute;ndolos en unidades m&aacute;s densas, para dejar espacios libres para edificios de mayor valor. <\/p>\n<p>El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) apoya con $200 millones de d&oacute;lares el proyecto de la municipalidad de Asunci&oacute;n denominado &quot;Franja Costera&quot;, para mejorar la zona de los Ba&ntilde;ados y realojar a sus habitantes en otro tipo de viviendas. Al conocer el proyecto, los vecinos sintieron que iban a ser v&iacute;ctimas de un vasto proyecto especulativo que no contemplaba sus intereses. Con el apoyo del CIPAE (Comit&eacute; de Iglesias para Ayudas de Emergencia), pusieron en pie una extensa organizaci&oacute;n sobre la base de la profunda red de organizaciones de base. En agosto de 2003, se realiz&oacute; una gran asamblea en la que formaron la Coordinadora General de Organizaciones Sociales y Comunitarias de los Ba&ntilde;ados de Asunci&oacute;n (COBA&Ntilde;ADOS). <\/p>\n<p>La organizaci&oacute;n abarca a los tres sectores del Ba&ntilde;ado (Norte, Centro y Sur), tiene un Consejo de Coordinaci&oacute;n, un Comit&eacute; Ejecutivo y un Consejo de Coordinadoras zonales. Defini&oacute; un programa de diez puntos: rechazo al desalojo, a la destrucci&oacute;n de los barrios, al hacinamiento, a las viviendas tipo &quot;cajas de f&oacute;sforos&quot;, a la p&eacute;rdida de los empleos informales, a las cuotas de vivienda &quot;imposibles de pagar&quot;, a los costos indebidos por las nuevas viviendas, y reclaman el derecho a ser consultados, a una justa indemnizaci&oacute;n por las mejoras hechas en los Ba&ntilde;ados y tarifas sociales para los servicios p&uacute;blicos. <\/p>\n<p>Quieren permanecer en un barrio en el que la mayor&iacute;a vive desde hace 30 a&ntilde;os, &quot;pues all&iacute; se desarrolla nuestra vida cotidiana y comunitaria, a partir de nuestros barrios podemos acceder al empleo, a la alimentaci&oacute;n, a la educaci&oacute;n, a la salud, a los medios de transporte m&aacute;s econ&oacute;micos y dem&aacute;s servicios sociales&quot;. A&ntilde;aden que el proyecto va a destruir barrios enteros, construidos por esas redes sociales &quot;con nuestros propios esfuerzos y recursos, a la medida de nuestras necesidades y posibilidades&quot;. <\/p>\n<p>Temen que las nuevas urbanizaciones no respeten los espacios comunitarios, que las familias sean confinadas en espacios peque&ntilde;os y se les impida seguir trabajando como lo hacen ahora. En los Ba&ntilde;ados, todas las viviendas tienen un terreno alrededor, m&aacute;s o menos amplio seg&uacute;n las necesidades y oficios de la familia, que les permite una cierta autonom&iacute;a para el trabajo o para ampliar las viviendas. Por eso COBA&Ntilde;ADOS demanda un terreno m&iacute;nimo de 360 metros cuadrados para cada familia. <\/p>\n<p>El debate que est&aacute; planteando la organizaci&oacute;n social y comunitaria de los Ba&ntilde;ados, va mucho m&aacute;s all&aacute; del Proyecto Franja Costera y se relaciona con el tipo de sociedad en la que quieren vivir. Los pobres de Asunci&oacute;n, que seguir&aacute;n siendo pobres aunque los trasladen a otros barrios, con viviendas en hileras, todas iguales, ponen en primer lugar su identidad y las relaciones sociales que han construido. Son esos s&oacute;lidos v&iacute;nculos entre vecinos que han formado verdaderas comunidades, lo les ha permitido vivir con dignidad en la pobreza. Se niegan a perder toda esa riqueza social por la oferta del &quot;progreso&quot;. <\/p>\n<p>Con su larga experiencia en los Ba&ntilde;ados y en los barrios de la periferia de Asunci&oacute;n, Orlando est&aacute; seguro que existen enormes diferencias: &quot;En los Ba&ntilde;ados la gente regresa a las seis de la tarde y hace vida social, en la canchita de f&uacute;tbol o en el centro social. Hay espacios comunes y hay interacci&oacute;n, hay lazos fuertes, peleas y solidaridad. Por el contrario, en los municipios perif&eacute;ricos la gente llega a las nueve de la noche y se encierra en la casa. La pobreza es la misma, pero no hay relaciones fuertes entre vecinos. Por eso en los Ba&ntilde;ados hay organizaci&oacute;n y en las periferias no hay nada y predomina el clientelismo&quot;. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace apenas medio siglo los Ba&ntilde;ados eran una ci&eacute;naga sobre la que el r&iacute;o Paraguay desbordaba sus aguas en &eacute;pocas de lluvias. Eran, tambi&eacute;n el vertedero de basura de Asunci&oacute;n. Hoy es uno de los barrios m&aacute;s poblados, donde la extrema pobreza se vuelve tolerable gracias a una incre&iacute;ble solidaridad. 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