{"id":847,"date":"2005-10-06T14:36:50","date_gmt":"2005-10-06T14:36:50","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=847"},"modified":"2006-03-07T13:23:36","modified_gmt":"2006-03-07T13:23:36","slug":"1414","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/1414\/","title":{"rendered":"La dif"},"content":{"rendered":"<p> Una paradoja de las luchas sociales consiste en que los movimientos se convierten en prisioneros de sus &eacute;xitos. Gracias a la intensa capacidad de movilizaci&oacute;n que despliegan, consiguen modificar la relaci&oacute;n de fuerzas en el terreno pol&iacute;tico, pero ese nuevo escenario a menudo se vuelve en contra de ellos, los debilita y en ocasiones hasta provoca divisiones, con lo que los movimientos entran en un per&iacute;odo de repliegue y desmovilizaci&oacute;n.<\/p>\n<p> En los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Am&eacute;rica Latina se formaron varios gobiernos de izquierda o progresistas, o que antes de asumir el poder definieron un programa antineoliberal: Alejandro Toledo se impuso en Per&uacute; gracias a la movilizaci&oacute;n social que desplaz&oacute; al r&eacute;gimen de Alberto Fujimori; el coronel Lucio Guti&eacute;rrez en Ecuador fue llevado al gobierno por un potente movimiento ind&iacute;gena; N&eacute;stor Kirchner y Luiz Inacio Lula da Silva se convirtieron en presidentes por la labor de amplios movimientos sociales que debilitaron o hicieron entrar en crisis el modelo neoliberal. La llamada &ldquo;revoluci&oacute;n bolivariana&rdquo;, encabezada por Hugo Ch&aacute;vez, ser&iacute;a impensable sin la insurrecci&oacute;n de 1989 denominada Caracazo o Sacud&oacute;n, que fue el comienzo de la crisis que hizo estallar el sistema de partidos venezolano. Algo similar, salvando las distancias, puede decirse de los procesos que se viven en Uruguay, Paraguay y, de alguna manera, en Bolivia. <\/p>\n<p> Pero una vez instalados estos gobiernos de signo progresista se le presentaron a los movimientos nuevos dilemas. &iquest;C&oacute;mo relacionarse con fuerzas pol&iacute;ticas con las que tienen fuertes rasgos en com&uacute;n? &iquest;C&oacute;mo pasar de la movilizaci&oacute;n a otro tipo de acci&oacute;n que no puede estar basada en la confrontaci&oacute;n? &iquest;Participar en el gobierno o mantenerse en la oposici&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo hacer para seguir construyendo sus propios movimientos, cuando desde el gobierno se pretende dividirlos y cooptar a los dirigentes m&aacute;s capaces? <\/p>\n<p> Estas preguntas no tienen respuestas sencillas, como lo atestiguan los casos del Movimiento sin Tierra en Brasil (MST), del movimiento ind&iacute;gena ecuatoriano y boliviano y del movimiento piquetero en Argentina. Las relaciones de los movimientos con gobiernos y estados tienen como trasfondo visiones diferentes y opuestas sobre el tema de los tiempos: as&iacute; como existen los tiempos de los movimientos, sujetos a los tiempos de las comunidades, existen lo que podemos denominar como los &ldquo;tiempos de la pol&iacute;tica institucional&rdquo; o del poder estatal, cuyos desajustes suelen estar en la base de la tensi&oacute;n que se produce entre dirigentes y bases al interior de los propios movimientos sociales. Los hechos recientes muestran, adem&aacute;s, que los cambios en la direcci&oacute;n del Estado provocan desajustes en el seno de los movimientos si estos se dejan atrapar por la agenda institucional del poder estatal y abandonan la agenda de prioridades que han construido a lo largo de d&eacute;cadas. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Ecuador: Tiempos internos y tiempos &ldquo;pol&iacute;ticos&rdquo; <\/font><\/h3>\n<p> Desde 1990, el movimiento ind&iacute;gena ecuatoriano se convirti&oacute; en el principal actor social y pol&iacute;tico de su pa&iacute;s, y en un referente obligado a nivel latinoamericano ya que fue sin duda el movimiento m&aacute;s amplio, potente y maduro de la regi&oacute;n. Desde el levantamiento del Inti Raymi, en junio de 1990, la Confederaci&oacute;n de Nacionalidades Ind&iacute;genas del Ecuador (Conaie)&#8211;como expresi&oacute;n unitaria de los indios de la sierra, la costa y la amazon&iacute;a&#8211;despleg&oacute; una potente acci&oacute;n social que se plasm&oacute; en varios levantamientos que no s&oacute;lo modificaron la agenda pol&iacute;tica nacional sino que, en su pico de mayor movilizaci&oacute;n, consigui&oacute; derribar dos gobiernos: el de Abdal&aacute; Bucaram en 1997 y el de Jamil Mahuad en enero de 2000. <\/p>\n<p> Vale la pena detenerse en el caso de Ecuador: se trata de uno de los movimientos m&aacute;s fuertes de Am&eacute;rica Latina, que en una d&eacute;cada y media recorri&oacute; el camino de las insurrecciones, la construcci&oacute;n de amplias alianzas sociales con sectores muy diferentes, la creaci&oacute;n de un frente pol&iacute;tico&#8211;electoral, la participaci&oacute;n en elecciones, la toma del poder durante algunas horas, la integraci&oacute;n en el gobierno y, finalmente, el retorno a la oposici&oacute;n y la lucha de calles. Es un caso &uacute;nico en el continente de un movimiento formado y dirigido por los m&aacute;s pobres y marginados que logra llegar tan lejos, participando en espacios tan heterog&eacute;neos hasta encumbrarse al aparato estatal. Ahora, el movimiento ind&iacute;gena ecuatoriano est&aacute; intentando curar las heridas de esta fracasada participaci&oacute;n en el gobierno. <\/p>\n<p> En 1996 la Conaie, junto con otros movimientos, cre&oacute; Pachakutik, instrumento pol&iacute;tico&#8211;electoral con el que se convirti&oacute; en sujeto pol&iacute;tico. El eje de sus propuestas pol&iacute;ticas gira en torno a la plurinacionalidad, lo que supone la refundaci&oacute;n del Estado nacional ecuatoriano. Seg&uacute;n el soci&oacute;logo Pablo D&aacute;valos, &ldquo;el estado plurinacional es el eje de una bisagra te&oacute;rica y pol&iacute;tica que permite la transici&oacute;n de los indios en el Ecuador, de movimiento social hacia sujeto pol&iacute;tico&rdquo;. En 1998 la presi&oacute;n del movimiento social impuso la convocatoria de una Asamblea Constituyente en la que se deb&iacute;a definir la caracter&iacute;stica del nuevo Estado. Como se&ntilde;ala D&aacute;valos, con su propuesta los indios buscaban un nuevo &ldquo;deber&#8211;ser&rdquo; para el Estado, en el que se debatan &ldquo;los contenidos epistemol&oacute;gicos de la diferencia, sobre todo en la construcci&oacute;n de los nuevos sujetos, como el sujeto comunitario, y las nuevas instituciones, como la administraci&oacute;n de justicia ind&iacute;gena, las instituciones econ&oacute;micas comunitarias, etc., y desde esos contenidos de la diferencia construir el deber ser del Estado&rdquo;.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a><\/p>\n<p> Pero la clase pol&iacute;tica resisti&oacute; y consigui&oacute; deformar las aspiraciones del movimiento. El sistema pol&iacute;tico, al armar las reglas del juego para la elecci&oacute;n de constituyentes, favoreci&oacute; a los partidos, mientras los representantes de los movimientos sociales e ind&iacute;genas concurrieron en desventaja, al mantenerse en pie los mecanismos de clientelismo y caciquismo a la hora de la elecci&oacute;n. Pese a que el proceso electoral se dio en el marco de una potente movilizaci&oacute;n social, con asambleas populares y la elecci&oacute;n de una Asamblea Constituyente del Pueblo, las demandas populares fueron dejadas de lado. O, peor a&uacute;n, se utiliz&oacute; el mecanismo de la aceptaci&oacute;n formal pero sin consecuencias pr&aacute;cticas, tal como sucedi&oacute; en la colonia, cuando se aplicaba el lema &ldquo;se acata pero no se cumple&rdquo;. <\/p>\n<p> D&aacute;valos afirma que, &ldquo;El error estrat&eacute;gico del movimiento ind&iacute;gena fue subestimar al sistema pol&iacute;tico y pensar que su movimiento pol&iacute;tico Pachakutik era de por s&iacute; m&aacute;s que suficiente para afrontar y resolver las disputas con el sistema pol&iacute;tico&rdquo;.<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a> En paralelo, hacia 2000 se registra la clausura del espacio pol&iacute;tico que los indios ven&iacute;an reclamando desde 1990. En 1999 se producen dos levantamientos encabezados por la Conaie, ante la creciente par&aacute;lisis y descomposici&oacute;n del Estado. En ese marco cr&iacute;tico, se produce un viraje in&eacute;dito en el movimiento indio: la Conaie se convierte en alternativa de poder, sus dirigentes se separan de sus bases y adoptan la t&aacute;ctica de la conquista del poder que no entraba en el proyecto pol&iacute;tico originario de construir un Estado plurinacional. Dicho de otro modo, la Conaie pasa de movimiento social alternativo a disputar el espacio pol&iacute;tico estatal, y por lo tanto adopta la l&oacute;gica estatista.<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a><\/p>\n<p> El movimiento ind&iacute;gena pasa de construirse en base a una l&oacute;gica de contrapoder, a adoptar una l&oacute;gica de poder. &ldquo;Ello implica una serie de rupturas que conllevan el riesgo de fracturar seriamente la cohesi&oacute;n organizativa y de movilizaci&oacute;n de los indios. Constituirse como poder implica la convicci&oacute;n de que es necesario dejar las din&aacute;micas propias de la resistencia y construir formatos m&aacute;s institucionales que sirvan a la larga como mecanismos de control al surgimiento de posibles resistencias por parte de otros actores sociales. Significa para los indios cambiar su l&oacute;gica de resistencia por la l&oacute;gica del poder. Pero dentro de esta dial&eacute;ctica de las sociedades, asumir la l&oacute;gica del poder puede implicar la destrucci&oacute;n de la experiencia ganada como contrapoder.&rdquo;<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">4<\/a><\/p>\n<p> Aquellos barros trajeron estos lodos. Este recorrido permite comprender la l&oacute;gica que llev&oacute; al movimiento indio a &ldquo;tomar&rdquo; el poder durante unas horas el 21 de enero de 2000, y luego a apoyar la candidatura de Lucio Guti&eacute;rrez a la presidencia y durante seis meses participar en su gobierno. Digamos que adoptar la l&oacute;gica del poder fue el primer paso; la actitud ante la crisis del Estado en enero de 2000, y luego asumir cargos en el gobierno en 2003, fue el segundo. Una vez que el movimiento adopta esta t&aacute;ctica, queda aprisionado en una l&oacute;gica que&#8211;inevitablemente&#8211;tiende a autodestruirlo. Salir del gobierno fue la forma de evitar que la destrucci&oacute;n fuera completa. <\/p>\n<p> En este punto, valen dos aclaraciones: no puede achacarse en exclusiva al gobierno de Guti&eacute;rrez el intento de destrucci&oacute;n, divisi&oacute;n y sometimiento del movimiento, ya que &eacute;ste dio los pasos que le permitieron a aquel proceder de esa forma. En segundo lugar, debe contrastarse la actitud del movimiento indio ecuatoriano con el zapatismo: se trata de dos caminos diferentes, ya que el EZLN, luego de la Marcha del Color de la Tierra, moviliz&oacute; sus energ&iacute;as hacia la construcci&oacute;n de las autonom&iacute;as de hecho, que fructific&oacute; en agosto de 2003 con la creaci&oacute;n de los Caracoles, al margen completamente del Estado nacional, pero sin confrontar con &eacute;l. <\/p>\n<p> Ahora el movimiento ecuatoriano est&aacute; debatiendo duramente los caminos a seguir. Entre el 21 y el 23 de agosto sesion&oacute; el Parlamento Amaz&oacute;nico, m&aacute;xima instancia de la Confeniae (la organizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas amaz&oacute;nicos), dedicada a analizar el delicado momento que vive el movimiento. Uno de sus dirigentes hist&oacute;ricos, Antonio Vargas, es ahora ministro de Bienestar Social del gobierno neoliberal de Guti&eacute;rrez. En la asamblea del parlamento dijo que ten&iacute;a prontos cheques por 300.000 d&oacute;lares para repartir entre las diferentes nacionalidades de la selva si se firmaba un convenio entre la Confeniae y el ministerio. El parlamento estuvo dividido, rein&oacute; la confusi&oacute;n y los pueblos achuar, shuar y kichwas del Pastaza se enfrentaron a la direcci&oacute;n mayoritaria. La sesi&oacute;n del parlamento dej&oacute; un sabor amargo en muchos participantes, que ven c&oacute;mo se est&aacute;n desviando los principios del movimiento. <\/p>\n<p> Un balance realizado por la parlamentaria kichwa M&oacute;nica Chuji Gualinga, se&ntilde;ala: &ldquo;Esta inestabilidad del movimiento ind&iacute;gena se puede ubicar en la alianza que realiz&oacute; el Movimiento Pachakutik, que involucr&oacute; directamente a la Conaie con el r&eacute;gimen de Guti&eacute;rrez, sin ninguna consulta a las bases y sin ninguna discusi&oacute;n o acuerdo program&aacute;tico, esta alianza pol&iacute;tica manejada de espaldas a las bases fue el principio del debilitamiento paulatino de un movimiento que en su momento fue referente para toda Am&eacute;rica Latina&rdquo;. La parlamentaria llama a realizar una profunda autocr&iacute;tica, a retornar a las bases para &ldquo;ir reconstruyendo s&oacute;lidamente el camino que parece hemos perdido durante este &uacute;ltimo per&iacute;odo de la participaci&oacute;n representativa de la llamada democracia pol&iacute;tica del poder establecido, olvidando nuestras ra&iacute;ces pol&iacute;ticas que se basan en la democracia participativa y directa de las nacionalidades y pueblos que tanto logr&oacute; durante la d&eacute;cada de los 90&rdquo;.<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">5<\/a><\/p>\n<p> El caso ecuatoriano es el mejor ejemplo de esta doble din&aacute;mica de los tiempos internos y los tiempos pol&iacute;ticos. Ingresar al sistema pol&iacute;tico tiene sus beneficios y sus costos: puede influirse m&aacute;s en la agenda oficial, pero la organizaci&oacute;n debe adecuarse a sus modos y tiempos. Los tiempos comunitarios&#8211;lentos para los par&aacute;metros de la modernidad y los medios&#8211;suelen ser abandonados para dar respuestas, urgentes casi siempre, a las exigencias del momento. De forma casi ineludible, con la adopci&oacute;n de los &ldquo;tiempos pol&iacute;ticos&rdquo; se produce una separaci&oacute;n entre bases y dirigentes en la que &eacute;stos dejan de ser controlados y mandatados por aquellas. El zapatismo manej&oacute; estos tiempos de forma siempre subordinada a las comunidades, pero esa actitud&#8211;profundamente pol&iacute;tica&#8211;tuvo el costo de alejarlos de la &ldquo;coyuntura&rdquo;. Ese es, por lo menos, uno de los principales reproches que les hace la izquierda pol&iacute;tica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Argentina: Los piqueteros<\/font><\/h3>\n<p> Otros movimientos han adoptado criterios parcialmente diferentes. En Argentina, predomina la fragmentaci&oacute;n del espacio piquetero. Son muy pocos los grupos que consiguen apartarse de la agenda oficial. Entre los grupos mayoritarios, la Federaci&oacute;n de Tierra y Vivienda, dirigida por Luis D&acute;El&iacute;a, opt&oacute; por convertirse en el brazo piquetero del gobierno de Kirchner. Con ello se aseguran un permanente flujo de recursos, pero han dejado de ser un referente &eacute;tico y pol&iacute;tico para el resto del movimiento. Por su parte, los grupos vinculados a los partidos pol&iacute;ticos (comunistas, trotskistas, mao&iacute;stas y guevaristas) buscan mantener la movilizaci&oacute;n en la calle como forma de sortear los problemas derivados de una nueva coyuntura marcada por la &ldquo;generosa&rdquo; actitud del gobierno hacia los m&aacute;s pobres. S&oacute;lo unos pocos grupos han conseguido zafarse de la din&aacute;mica de hierro entre la cooptaci&oacute;n y la movilizaci&oacute;n desgastante y a menudo sin mucho sentido. <\/p>\n<p> El MTD de Solano es quiz&aacute; el grupo piquetero que ve esta nueva situaci&oacute;n con mayor perspectiva. Neka Jara asegura que luego de la insurrrecci&oacute;n del 19 y 20 de diciembre de 2001, los cambios verdaderos ya no son visibles y esa falta de visibilidad suele desesperar a los militantes y dirigentes: &ldquo;Pero no es eso lo m&aacute;s importante, sino lo que construimos detr&aacute;s, que es m&aacute;s valioso que el espect&aacute;culo&rdquo;. En Solano sostienen que hay que saber esperar, que hace falta darle al tiempo la posibilidad de hacer su trabajo, que luchar &ldquo;no s&oacute;lo es ser visible&rdquo;. &ldquo;Este es un fecundo silencio&rdquo;, concluyen.<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">6<\/a><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<h3> <font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Bolivia: La compleja relaci&oacute;n con gobiernos y estados <\/font><\/h3>\n<p> En Bolivia, el poderoso movimiento social que derrib&oacute; al gobierno neoliberal de Gonzalo S&aacute;nchez de Lozada se parti&oacute; en dos cuando Carlos Mesa asumi&oacute; el poder. Por un lado, aparecen la Central Obrera Boliviana (COB), los sin tierra y las juntas vecinales de El Alto&#8211;epicentro de la insurrecci&oacute;n de octubre de 2003&#8211;que mantienen en pie las banderas de la nacionalizaci&oacute;n del gas. Pero su poder de convocatoria se ha debilitado ante un gobierno que hace concesiones y busca aislarlos. Por el otro lado, est&aacute;n los cocaleros dirigidos por Evo Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS), que fueron durante unos meses base de apoyo del nuevo gobierno, traz&aacute;ndose como objetivo ganar las elecciones municipales de diciembre como punto de apoyo para llegar al gobierno en 2007. <\/p>\n<p> La divisi&oacute;n entre ambos sectores sociales tuvo su punto alto durante el refer&eacute;ndum del 18 de julio, que deb&iacute;a zanjar el tema del gas y asumi&oacute; la forma de enfrentamiento entre Felipe Quispe, que abandon&oacute; su banca como diputado para enfrentar al gobierno en la calle, y el propio Morales con su estrategia institucional. Sin embargo, esta divisi&oacute;n est&aacute; facilitando la tarea continuista y entreguista de los recursos naturales de Mesa. El sector ind&iacute;gena aymara, liderado sin duda por Quispe, tiene como objetivo la construcci&oacute;n de la &ldquo;naci&oacute;n aymara&rdquo;. En las provincias del norte de La Paz, &ldquo;va emergiendo esa forma de sustituir todas las autoridades estatales con nuestras propias autoridades originarias&rdquo;, una forma de autogobierno incipiente que se encamina &ldquo;a dictar nuestras propias leyes, a cambiar la Constituci&oacute;n pol&iacute;tica del Estado por nuestra Constituci&oacute;n, a cambiar el sistema capitalista por nuestro sistema comunitario, a cambiar la bandera tricolor por nuestra bandera de siete colores&rdquo; (La Jornada, 2003). <\/p>\n<p> En este punto, los aymaras van configurando una estrategia diferente a la de los zapatistas, que han optado por construir autonom&iacute;as en el marco la naci&oacute;n mexicana, pero se diferencian tambi&eacute;n de la opci&oacute;n de la plurinacionalidad de los indios ecuatorianos. Los aymaras no hablan de Estado sino de naci&oacute;n; no pretenden ocupar o tomar el Estado boliviano sino sustituirlo por una naci&oacute;n autogobernada por las comunidades. Estamos ante un proyecto muy diferente, mucho m&aacute;s radical que los que defienden los indios chiapanecos y ecuatorianos, pero tambi&eacute;n mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de implementar. Por esa raz&oacute;n, la relaci&oacute;n de los aymaras con el Estado boliviano es muy conflictiva y sin aparente soluci&oacute;n de no mediar una guerra civil social que, de hecho, ya han declarado. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Brasil:<br \/>\n      El Movimiento de los Sin Tierra<\/font> <\/h3>\n<p>Un caso particular es el del MST de Brasil, el &uacute;nico pa&iacute;s de Am&eacute;rica Latina donde existe &ldquo;una burgues&iacute;a local con alguna fuerza propia&rdquo;.<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">7<\/a> Los sin tierra son un poderoso movimiento social&#8211;pol&iacute;tico que construye su accionar de forma aut&oacute;noma y no depende de ning&uacute;n partido pol&iacute;tico, aunque mantiene fluidas relaciones con el Estado que, a su vez, apoya con subvenciones diversos emprendimientos del movimiento. Actualmente opt&oacute; por no enfrentar de forma frontal al gobierno de Lula, sino por acumular fuerzas. En abril desarrollaron una campa&ntilde;a nacional con unas 150 ocupaciones de haciendas, instalaron 200 mil familias&#8211;un mill&oacute;n de personas&#8211;en campamentos a las orillas de las carreteras para presionar por la tierra. Defienden una reforma agraria de nuevo tipo, que suponga adem&aacute;s de la distribuci&oacute;n de tierras la &ldquo;democratizaci&oacute;n del capital&rdquo;, la creaci&oacute;n de agroindustrias cooperativizadas y la democratizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n. Este a&ntilde;o comenzaron un combate de largo aliento contra el <i>agrobusiness<\/i> que es un importante aliado del gobierno de Lula. <\/p>\n<p> El MST sostiene que la victoria electoral de Lula cambi&oacute; la correlaci&oacute;n de fuerzas en el pa&iacute;s, pero no consigui&oacute; una derrota estrat&eacute;gica del modelo neoliberal. Sostienen que hasta ahora no ha sido posible encarar reformas estructurales porque el movimiento social atraviesa un largo per&iacute;odo de descenso. Por eso, la prioridad del MST es la organizaci&oacute;n y la movilizaci&oacute;n y ha sido uno de los principales animadores de la puesta en pie de un frente de todos los movimientos sociales de Brasil, la Coordinadora de Movimientos Sociales (CMS). Creen que deben resolver algunos desaf&iacute;os &ldquo;internos&rdquo; de los movimientos: &ldquo;Recuperar los m&eacute;todos del trabajo de base, es decir, volcarse al trabajo de hormiga; ir adonde el pueblo vive, trabaja y estudia y debatir ideas y organizarlo&rdquo;.<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">8<\/a> Sostienen que &ldquo;jam&aacute;s el MST se convertir&aacute; en un partido, eso lo acabar&iacute;a; pero seguir&aacute; siendo cada vez m&aacute;s pol&iacute;tico en el sentido de disputar un proyecto de pa&iacute;s y de hegemon&iacute;a en la sociedad&rdquo;. Sobre el Estado, creen que las elecciones no son la &uacute;nica forma de influenciar el control estatal, pero tampoco piensan que el &ldquo;asalto al poder&rdquo; sea el &ldquo;pase de magia&rdquo; para conseguir la direcci&oacute;n del Estado. A diferencia de las tres experiencias ind&iacute;genas mencionadas, creen que se trata de definir un proyecto para que los sectores populares &ldquo;controlen el Estado y lo transformen de Estado burgu&eacute;s a Estado al servicio de las mayor&iacute;as&rdquo;.<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">9<\/a><\/p>\n<p> Ciertamente, se trata de una concepci&oacute;n ortodoxa de cu&ntilde;o marxista. Pese a ello, el MST mantiene fuertes dosis de autonom&iacute;a respecto del Estado y del partido de Lula y su gobierno. Quiz&aacute; la clave de su autonom&iacute;a radica en los asentamientos, que ya son unos 5.000 con m&aacute;s de dos millones de personas, donde producen sus alimentos b&aacute;sicos e imparten educaci&oacute;n a sus hijos. En este sentido, los asentamientos sin tierra juegan un papel muy similar al de las comunidades indias. <\/p>\n<p> Como puede verse a trav&eacute;s de este recorrido, no existen ni modelos ni recetas. Cuanto m&aacute;s progresistas son los gobiernos, m&aacute;s posibilidades se les abren a los movimientos, a la vez que enfrentan dificultades nuevas para las que a menudo no est&aacute;n preparados. En Argentina, Bolivia y Ecuador, los nuevos gobiernos han dividido al movimiento social y cooptado a algunos sectores. En Brasil, los sin tierra parecen estar eludiendo ambos peligros<i>.<\/i> En todo caso, en ninguno de los pa&iacute;ses mencionados las nuevas dificultades han conseguido frenar la movilizaci&oacute;n y la construcci&oacute;n de nuevas realidades, que incluyen el fortalecimiento de los movimientos. As&iacute; las cosas, los problemas se&ntilde;alados pueden ser un nuevo punto de partida, pero tambi&eacute;n una alerta para movimientos de otros pa&iacute;ses que, tarde o temprano, deber&aacute;n enfrentarse a dilemas para los que nadie tiene respuestas preparadas de antemano. <\/p>\n<h3><font face=\"Arial, Helvetica, sans-serif\">Notas <\/font><\/h3>\n<ol>\n<li><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a> D&aacute;valos, Pablo 2004 &ldquo;Movimiento ind&iacute;gena, democracia, Estado y plurinacionalidad en Ecuador&rdquo;, <i>Revista Venezolana de Econom&iacute;a y Ciencias Sociales, <\/i>vol. 10, No. 1, enero-abril. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a> Ibid. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a> D&aacute;valos, Pablo 2001 &ldquo;Movimiento ind&iacute;gena ecuatoriano. La constituci&oacute;n de un actor pol&iacute;tico&rdquo;, en Cuestiones de Am&eacute;rica No. 7, noviembre, <a href=\"http:\/\/www.cuestiones.ws\/\" target=\"_blank\">www.cuestiones.ws<\/a>. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a> Ibid. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a> Chuji Gualinga, M&oacute;nica 2004 &ldquo;Asamblea Extraordinaria de la Confeniae&rdquo;, en <a href=\"http:\/\/www.alainet.org\/\" target=\"_blank\">www.alainet.org<\/a>. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><\/a><i> Lavaca<\/i> 2004 &ldquo;El ser o no ser de las asambleas&rdquo;, <a href=\"http:\/\/www.lavaca.org\/\" target=\"_blank\">www.lavaca.org<\/a>. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><\/a> Ort&uacute;zar, Ximena, Entrevista a Felipe Quispe, <i>La Jornada<\/i>, 26 de octubre de 2003.<\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><\/a> St&eacute;dile, Joao Pedro 2004 &ldquo;El MST y las disputas por las alternativas en Brasil&rdquo;, <i>OSAL<\/i> No. 13, enero-abril. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\"><\/a> Ibid.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una paradoja de las luchas sociales consiste en que los movimientos se convierten en prisioneros de sus &eacute;xitos. 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