{"id":905,"date":"2007-10-12T12:10:13","date_gmt":"2007-10-12T12:10:13","guid":{"rendered":"http:\/\/cipamericas.org\/?p=905"},"modified":"2008-03-20T16:32:53","modified_gmt":"2008-03-20T16:32:53","slug":"4653","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.americas.org\/es\/4653\/","title":{"rendered":"La Victoria: Medio siglo construyendo otro mundo"},"content":{"rendered":"<p><b>La poblaci&oacute;n La Victoria, en Santiago de Chile, cumple este mes 50 a&ntilde;os. Fue una<br \/>\n    de las primeras ocupaciones organizadas de tierras urbanas en el continente: en medio siglo construy&oacute; una<br \/>\n    ciudad alternativa, resisti&oacute; a Pinochet y sigue abriendo caminos para salir del modelo neoliberal. <\/b><\/p>\n<p>La avenida 30 de Octubre luce, orgullosa, decenas de murales pintados por las brigadas de muralistas<br \/>\n  de la poblaci&oacute;n. Parecen indicarle al visitante que lleg&oacute; a un barrio diferente, marcado<br \/>\n  por un vecindario que hizo y sigue haciendo historia. &quot;&iquest;Ves esa ventana donde est&aacute; la<br \/>\n  vela?&quot;. Macarena apunta hacia una min&uacute;scula abertura en lo alto de una modesta vivienda,<br \/>\n  casi igual a todas las viviendas autoconstruidas de esta poblaci&oacute;n. &quot;Ah&iacute; muri&oacute; el<br \/>\n  padre Andr&eacute; Jarl&aacute;n. Una bala lo mat&oacute; cuando estaba leyendo la Biblia, justo el<br \/>\n  pasaje que dice &#8216;perd&oacute;nalos se&ntilde;or que no saben lo que hacen&#8217;&quot;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a>. <\/p>\n<p>Otros testimonios dicen que el sacerdote estaba leyendo el salmo <i>De Profundis<\/i> y<br \/>\n  tambi&eacute;n aseguran qu&eacute; frase le&iacute;a cuando fue muerto por una bala disparada por los<br \/>\n  Carabineros, los &quot;pacos&quot; como se los conoce en Chile. Sea como fuera, el padre Andr&eacute; Jarlan<br \/>\n  forma parte de la abundante mitolog&iacute;a que rodea a La Victoria. Su muerte se produjo el 4 de<br \/>\n  setiembre de 1984 en el marco de una protesta nacional contra el r&eacute;gimen de Augusto Pinochet.<br \/>\n  Ese d&iacute;a los carabineros ingresaron a la poblaci&oacute;n disparando al aire, como acostumbraban<br \/>\n  hacerlo cada vez que entraban al barrio desde el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973. Al conocerse<br \/>\n  la noticia de su muerte, miles de personas encendieron velas y marcharon hasta su vivienda. <\/p>\n<p>Treinta y tres a&ntilde;os despu&eacute;s, el 10 de diciembre de 2006, al conocerse la muerte de Augusto<br \/>\n  Pinochet, La Victoria fue una fiesta. &quot;Los vecinos sal&iacute;an de sus casas, se abrazaban, lloraban.<br \/>\n  Abrieron los grifos y se mojaban como en Carnaval, compart&iacute;an vino y bailaban&quot;, recuerda<br \/>\n  Macarena. En este barrio aguerrido, son pocas las familias que no tuvieron un hijo muerto, preso o<br \/>\n  desaparecido por la dictadura militar. <\/p>\n<h3>Un recodo de la historia <\/h3>\n<p>La noche del 29 de octubre de 1957 un grupo de pobladores del Zanj&oacute;n de la Aguada,<br \/>\n  un cord&oacute;n de miseria de 35.000 personas, de cinco kil&oacute;metros de largo y cien metros de<br \/>\n  ancho en el centro de Santiago, se dispuso a realizar la primera toma masiva y organizada de tierras<br \/>\n  urbanas. A las ocho de la noche comenzaron a desarmar sus casuchas, juntaron tiras de tela con las<br \/>\n  que cubrir los cascos de los caballos para evitar el ruido y reunieron &quot;los tres palos y la bandera&quot; con<br \/>\n  los que habr&iacute;an de crear la nueva poblaci&oacute;n. Sobre las dos y media de la madrugada llegaron<br \/>\n  al lugar elegido, un predio estatal en la zona sur de la ciudad<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a>. &quot;La<br \/>\n  oscuridad nos hac&iacute;a avanzar a porrazo y porrazo. Con las primeras luces del alba, cada cual<br \/>\n  empez&oacute; a limpiar su pedazo de yuyo, a hacer su ruca e izar la bandera&quot;, recuerda uno de<br \/>\n  los testimonios<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a>. <\/p>\n<p>El &quot;campamento&quot; resisti&oacute; la acci&oacute;n policial para desalojarlos y las familias<br \/>\n  comenzaron a construir la poblaci&oacute;n. Desde el primer momento definieron por s&iacute; mismos<br \/>\n  los criterios que habr&iacute;an de seguir. La construcci&oacute;n de la poblaci&oacute;n a la que<br \/>\n  denominaron La Victoria, fue &quot;un enorme ejercicio de auto-organizaci&oacute;n de los pobladores&quot;,<br \/>\n  que debieron &quot;sumar esfuerzos e inventar los recursos, poniendo en juego todos los saberes y todas<br \/>\n  las capacidades&quot; ya que el gobierno si bien no los ech&oacute; no colabor&oacute; en la construcci&oacute;n<br \/>\n  de la nueva poblaci&oacute;n<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">4<\/a>. <\/p>\n<p>El primer aspecto diferenciador con luchas anteriores es la auto-organizaci&oacute;n. La primera noche<br \/>\n  se realiz&oacute; una gran asamblea en la que se decidi&oacute; crear comisiones de vigilancia, subsistencia,<br \/>\n  sanidad y otras. En adelante todas las decisiones importantes pasan por el tamiz del debate colectivo.<br \/>\n  El segundo, es la autoconstrucci&oacute;n. Los primeros edificios p&uacute;blicos, construidos tambi&eacute;n<br \/>\n  por los pobladores, fueron la escuela y la policl&iacute;nica, lo que refleja las prioridades de sus<br \/>\n  habitantes. <\/p>\n<p>Para la escuela cada poblador deb&iacute;a llevar quince adobes: las mujeres consegu&iacute;an la<br \/>\n  paja, los j&oacute;venes hac&iacute;an los adobes y los maestros los pegaban. Comenz&oacute; a funcionar<br \/>\n  a los pocos meses de instalado el campamento y los maestros no cobraban. La policl&iacute;nica empez&oacute; a<br \/>\n  atender a los vecinos en una carpa hasta que se pudo construir el edifico, de la misma manera que se<br \/>\n  levant&oacute; la escuela. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de la toma, La Victoria ten&iacute;a 18 mil<br \/>\n  habitantes y algo m&aacute;s de tres mil viviendas. Una ciudad construida y gobernada por los m&aacute;s<br \/>\n  pobres en base a una rica y extensa red comunitaria, como recuerda Mario Garc&eacute;s. <\/p>\n<p>La &quot;toma&quot; de La Victoria conform&oacute; un patr&oacute;n de acci&oacute;n social que iba<br \/>\n  a repetirse durante las d&eacute;cadas siguientes y hasta el d&iacute;a de hoy, no s&oacute;lo en Chile<br \/>\n  sino en el resto de Am&eacute;rica Latina con peque&ntilde;as variantes. Consiste en la organizaci&oacute;n<br \/>\n  colectiva previa a la toma, la elecci&oacute;n cuidadosa de un espacio adecuado, la acci&oacute;n sorpresiva<br \/>\n  preferentemente durante la noche, la b&uacute;squeda de un paraguas legal de relaciones con las iglesias<br \/>\n  o los partidos pol&iacute;ticos y la elaboraci&oacute;n de un discurso legitimador de la acci&oacute;n<br \/>\n  ilegal. Si la toma logra resistir los primeros momentos en que las fuerzas p&uacute;blicas intentan<br \/>\n  el desalojo, es muy probable que los ocupantes consigan asentarse. <\/p>\n<p>Este patr&oacute;n de acci&oacute;n social, bien distinto a las agregaciones individuales por familias<br \/>\n  predominantes en las favelas, las callampas y las villas miseria, que dio sus primeros pasos en la<br \/>\n  d&eacute;cada de 1950 en Santiago y en Lima, se comenz&oacute; a practicar en Buenos Aires y Montevideo,<br \/>\n  las ciudades m&aacute;s &quot;europeas&quot; por homog&eacute;neas, reci&eacute;n en la d&eacute;cada<br \/>\n  de 1980<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">5<\/a>. <\/p>\n<h3>Una nueva ciudad <\/h3>\n<p>La toma &quot;supone una fractura radical con las l&oacute;gicas institucionales y con el principio<br \/>\n  fundamental de las democracias liberales, la propiedad&quot;<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">6<\/a>.<br \/>\n  La legitimidad ocupa el lugar de la legalidad y el valor de uso de la tierra prevalece por sobre el<br \/>\n  valor de cambio. Con esa acci&oacute;n un colectivo invisibilizado se convierte en sujeto pol&iacute;tico-social.<br \/>\n  En La Victoria sucede algo m&aacute;s: la autoconstrucci&oacute;n de las viviendas y del barrio significa<br \/>\n  la apropiaci&oacute;n de los pobladores de un espacio en el que habita en adelante un &quot;nosotros&quot; que<br \/>\n  se erige como autogobierno de la poblaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Esta cualidad abarca todos los aspectos de la cotidianeidad. Los pobladores de La Victoria no s&oacute;lo<br \/>\n  construyeron sus viviendas, sus calles, sus ca&ntilde;er&iacute;as de agua e instalaron la luz, sino<br \/>\n  tambi&eacute;n levantaron la escuela -con un criterio propio ya que era un edificio circular- y la<br \/>\n  policl&iacute;nica. Gobernaron sus vidas, gobernaron una poblaci&oacute;n entera, crearon formas de<br \/>\n  poder popular o contrapoderes. <\/p>\n<p>Las mujeres jugaron un papel destacado, al punto que muchas aseguran que dejaron a sus maridos para<br \/>\n  ir a la toma o no les informaron del paso crucial que iban a dar en sus vidas. &quot;Yo me fui sola<br \/>\n  con mi hija de siete meses ya que mi marido no me acompa&ntilde;&oacute;&quot;, relata Luisa que en<br \/>\n  el momento de la toma ten&iacute;a 18 a&ntilde;os<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">7<\/a>. Zulema, de<br \/>\n  42, recuerda que &quot;se vinieron varias familias, a escondidas de sus esposos como yo&quot;<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">8<\/a>.<br \/>\n  Las mujeres de los sectores populares ten&iacute;an, incluso a mediados de los a&ntilde;os 50, un nivel<br \/>\n  de autonom&iacute;a sorprendente. En rigor, habr&iacute;a que decir las mujeres y sus hijos, las <i>madres<\/i>.<br \/>\n  Ellas no s&oacute;lo tomaron la delantera a la hora de ocupar, tambi&eacute;n a la hora de resistir<br \/>\n  el desalojo y ponerse con sus hijos frente los carabineros. <\/p>\n<p>El historiador chileno Gabriel Salazar asegura que las mujeres de los sectores populares aprendieron<br \/>\n  antes de 1950 a organizar asambleas de conventillo, huelgas de arrendatarios, tomas de terrenos, grupos<br \/>\n  de salud, resistencias a los desalojos policiales y otras formas de resistencia. Para convertirse en &quot;due&ntilde;as<br \/>\n  de casa&quot; tuvieron que convertirse en activistas y promotoras de tomas; as&iacute;, las pobladoras<br \/>\n  fueron desarrollando &quot;un cierto tipo de poder popular y local&quot;, que se resume en la capacidad<br \/>\n  de crear territorios libres en los que se practicaba un &quot;ejercicio directo de soberan&iacute;a&quot; en<br \/>\n  lo que eran verdaderas comunas aut&oacute;nomas<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">9<\/a>. <\/p>\n<p>La Victoria se construy&oacute; como una <i>comunidad<\/i> de sentimientos y de sentidos. All&iacute; la<br \/>\n  identidad no est&aacute; anclada en el lugar f&iacute;sico sino en los afectos, en lo vivido en com&uacute;n.<br \/>\n  En los primeros tiempos todos se dec&iacute;an &quot;compa&ntilde;eros&quot; como aseguran los testimonios.<br \/>\n  En parte porque todo lo hac&iacute;an entre todos. Pero no es un compa&ntilde;erismo ideol&oacute;gico<br \/>\n  sino algo m&aacute;s serio: las lluvias de noviembre provocaron la muerte de 21 ni&ntilde;os de pecho. <\/p>\n<p>La muerte de los ni&ntilde;os es algo especial. Cuando los sin tierra de Brasil ocupan un predio,<br \/>\n  levantan una inmensa cruz de madera. Cada vez que muere un ni&ntilde;o en el campamento le colocan<br \/>\n  un lienzo blanco que cuelga de la cruz. Es algo sagrado. En La Victoria cuando mor&iacute;a un ni&ntilde;o,<br \/>\n  y a veces cuando fallec&iacute;a un adulto, se formaba una larga caravana que marchaba a pie hasta<br \/>\n  el cementerio luego de recorrer las calles de la poblaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Hasta el golpe de Estado 1973 los sectores populares fueron los principales creadores de espacio urbano.<br \/>\n  En setiembre de 1970 la ciudad estaba en completa transformaci&oacute;n, a instancia de los campamentos<br \/>\n  que eran &quot;la fuerza social m&aacute;s influyente en la comunidad urbana del Gran Santiago&quot;<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">10<\/a>.<br \/>\n  El golpe de Estado de Augusto Pinochet buscaba revertir esa posici&oacute;n casi hegem&oacute;nica<br \/>\n  adquirida por los sectores populares. Ese tercio de la poblaci&oacute;n de la capital que hab&iacute;a<br \/>\n  construido sus barrios, sus viviendas, escuelas, consultorios de salud y presionaba por los servicios<br \/>\n  b&aacute;sicos, era una amenaza al dominio de las elites. El r&eacute;gimen militar se aboc&oacute; a<br \/>\n  revertir la situaci&oacute;n desplazando a toda esa poblaci&oacute;n hacia lugares construidos por<br \/>\n  el Estado o el mercado. <\/p>\n<p>Entre 1980 y 2000 se construyeron en Santiago 202 mil &quot;viviendas sociales&quot; para trasladar<br \/>\n  a un mill&oacute;n de personas que viv&iacute;an en poblaciones autoconstruidas, la quinta parte de<br \/>\n  la poblaci&oacute;n de la capital, a conjuntos habitacionales segregados, alejados del centro. Para<br \/>\n  los pobres se construy&oacute; una enorme masa de viviendas de baja calidad en todo el pa&iacute;s.<br \/>\n  Se procedi&oacute; en primer lugar a &quot;limpiar&quot; los barrios ricos. Con ello se buscaba un<br \/>\n  doble objetivo: eliminar las distorsiones que los asentamientos creaban sobre el valor del suelo en<br \/>\n  los sectores centrales y consolidar la segregaci&oacute;n espacial de las clases sociales como medida<br \/>\n  de seguridad. <\/p>\n<p>Urbanistas chilenos consideran que la erradicaci&oacute;n de pobres de la ciudad consolidada procesada<br \/>\n  por la dictadura fue una medida radical y &uacute;nica en el continente. Al parecer, la oleada de movilizaciones<br \/>\n  de 1983 en esas barriadas -luego de diez a&ntilde;os de feroz represi&oacute;n y reestructuraci&oacute;n<br \/>\n  de la sociedad- convenci&oacute; a las elites que deb&iacute;an proceder con urgencia, ya que los pobladores<br \/>\n  fueron los grandes protagonistas de las masivas protestas nacionales que pusieron a la dictadura a<br \/>\n  la defensiva. En 1980 hubo nuevas tomas que amenazaban con generalizarse. <\/p>\n<h3>Las mujeres contra Pinochet <\/h3>\n<p>Desde 1983 las poblaciones que hab&iacute;an creado los sectores populares a partir de la toma de<br \/>\n  La Victoria jugaron un papel decisivo en la resistencia a la dictadura. Los barrios autoconstruidos<br \/>\n  y autogobernados sustituyeron a las f&aacute;bricas como epicentro de la acci&oacute;n popular. En<br \/>\n  1983, luego de diez a&ntilde;os de dictadura, los sectores populares desafiaron al r&eacute;gimen en<br \/>\n  la calle a trav&eacute;s de once &quot;protestas nacionales&quot; entre el 11 de mayo de ese a&ntilde;o<br \/>\n  y el 30 de octubre de 1984. Fueron protagonizadas por j&oacute;venes que utilizaron barricadas y fogatas<br \/>\n  como demarcadores de sus territorios. <\/p>\n<p>Desde principios de la d&eacute;cada de 1980 las mujeres y los j&oacute;venes, a trav&eacute;s de<br \/>\n  sus organizaciones de sobrevivencia y socio-culturales, comienzan a ganar protagonismo y a responder<br \/>\n  al intento de desarticulaci&oacute;n del mundo popular que procuraba la dictadura. La apropiaci&oacute;n<br \/>\n  del territorio que se registra en las protestas, donde las barricadas imponen l&iacute;mites a la presencia<br \/>\n  estatal, ha sido la forma de negar la autoridad en los espacios autocontrolados (&quot;aqu&iacute; no<br \/>\n  entran&quot; se escuchaba en las barricadas en referencia a los Carabineros), haciendo efectivo un &quot;cierre<br \/>\n  de la poblaci&oacute;n&quot; que represent&oacute; &quot;la afirmaci&oacute;n de la comunidad popular<br \/>\n  como alternativa a la autoridad del Estado y la negaci&oacute;n de la dictadura como propuesta de totalidad&quot;<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">11<\/a>. <\/p>\n<p>La respuesta estatal fue brutal. En poco m&aacute;s de un a&ntilde;o hubo por lo menos 75 muertos,<br \/>\n  m&aacute;s de mil heridos y seis mil detenidos. En una sola jornada de protesta, el 11 y 12 de agosto<br \/>\n  de 1983, hubo mil detenidos y 29 muertos, y en la represi&oacute;n participaron 18 mil militares adem&aacute;s<br \/>\n  de civiles y carabineros. Esto da una pauta de la intensidad de las protestas que s&oacute;lo pudieron<br \/>\n  existir por una contundente decisi&oacute;n comunitaria. Pese a la represi&oacute;n no hubo derrota.<br \/>\n  Se recuper&oacute; la identidad y el &eacute;xito consisti&oacute; en la existencia misma de las protestas,<br \/>\n  en la capacidad de volver a lanzar un desaf&iacute;o sostenido al sistema durante un a&ntilde;o y medio<br \/>\n  luego de una d&eacute;cada de represi&oacute;n, torturas y desapariciones. <\/p>\n<p>Entre los nuevos actores, b&aacute;sicamente mujeres y j&oacute;venes pobladores, hay<br \/>\n  algunas diferencias en las que resulta necesario detenerse. Los sectores populares, y de modo muy desatacado<br \/>\n  las mujeres del abajo, desarrollan nuevas capacidades, siendo la principal de ellas la capacidad de<br \/>\n  producir y re-producir sus vidas sin acudir al mercado, o sea sin patrones. Gabriel Salazar sostiene<br \/>\n  que &quot;si la experiencia de las mujeres en los 60 hab&iacute;a sido profunda, la de las pobladoras<br \/>\n  de los 80 y 90 fue todav&iacute;a <b>m&aacute;s profunda<\/b> y produjo una respuesta social <b>a&uacute;n<br \/>\n  m&aacute;s integral y vigorosa<\/b>&quot;. <\/p>\n<p>Las pobladoras de los a&ntilde;os 80 no se organizaron s&oacute;lo para tomarse un sitio y levantar<br \/>\n  un campamento a la espera del decreto estatal. &quot;Ellas se organizaron <b>entre s&iacute;<\/b> (y<br \/>\n  con otros pobladores) para <b>producir<\/b> (formando amasader&iacute;as, lavander&iacute;as, talleres<br \/>\n  de tejido, etc.), <b>subsistir<\/b> (ollas comunes, huertos familiares, comprando juntos), <b>autoeducarse<\/b> (colectivos<br \/>\n  de mujeres, grupos culturales) y, adem&aacute;s, <b>resistir<\/b> (militancia, grupos de salud). Todo<br \/>\n  ello no s&oacute;lo al <b>margen<\/b> del Estado, sino tambi&eacute;n <b>contra<\/b> el Estado<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">12<\/a>. <\/p>\n<p>La fortaleza de las mujeres, y esta es una caracter&iacute;stica de los movimientos actuales<br \/>\n  en todo el continente, consiste en algo tan sencillo como juntarse, apoyarse unas a otras, resolver<br \/>\n  los problemas a &quot;su&quot; modo, con la l&oacute;gica implacable de hacer como hacen en sus casas,<br \/>\n  de trasladar al espacio colectivo el mismo estilo del espacio privado, una actitud comunitaria espont&aacute;nea<br \/>\n  de la mujer-madre que hemos visto, entre otros muchos, en movimientos como Madres de Plaza de Mayo<br \/>\n  en Argentina. <\/p>\n<p>Estas mujeres modificaron lo que entend&iacute;amos por movimiento social. No crearon<br \/>\n  aparatos ni estructuras burocr&aacute;ticas con los cargos y las liturgias propias de esas instituciones,<br \/>\n  necesariamente separadas de sus bases. Pero se movieron, y vaya si lo hicieron. Las pobladoras chilenas<br \/>\n  bajo la dictadura se convirtieron en hormiguitas que recorr&iacute;an las casas de sus poblaciones<br \/>\n  conociendo y conversando con todos los vecinos. Su movilidad les permiti&oacute; tejer &quot;redes<br \/>\n  vecinales&quot; y a&uacute;n comunales que tornaron innecesarias las reuniones formales de las juntas<br \/>\n  de vecinos<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">13<\/a> (Salazar y Pinto, 2002a: 267). <\/p>\n<p>La imagen de las mujeres pobres movi&eacute;ndose en sus barrios, y en ese mover-se ir<br \/>\n  tejiendo redes territoriales que son, como apunta Salazar, &quot;c&eacute;lulas de comunidad&quot;,<br \/>\n  es la mejor imagen de un movimiento no institucionalizado y de la creaci&oacute;n de poderes no estatales:<br \/>\n  o sea, no jerarquizados, ni separados del conjunto. De este modo nace, tambi&eacute;n, una nueva forma<br \/>\n  de hacer pol&iacute;tica de la mano de nuevos sujetos, que no aparecen fijados ni referenciados en<br \/>\n  las instituciones estatales, pol&iacute;ticas o sociales. <\/p>\n<p>Para estas mujeres la transici&oacute;n fue un desastre. A partir de 1990, con el retorno del r&eacute;gimen<br \/>\n  electoral, vivieron una derrota que nunca hab&iacute;an imaginado. Dicho de otro modo: &quot;El movimiento<br \/>\n  de pobladores <b>no fue vencido por la dictadura en el terreno de lucha que los pobladores eligieron<\/b>,<br \/>\n  sino en el terreno de la <b>transacci&oacute;n<\/b> elegido por los que, supuestamente, eran sus aliados:<br \/>\n  los profesionales de clase media y los pol&iacute;ticos de centro-izquierda&quot;<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">14<\/a>. <\/p>\n<h3>La Victoria hoy <\/h3>\n<p>En La Victoria pude comprobar personalmente, en el centro cultural Pedro Mariqueo, en el que se estaba<br \/>\n  preparando la celebraci&oacute;n del 12 aniversario de la fundaci&oacute;n de la Radio 1&ordm; de Mayo,<br \/>\n  el grado de autonom&iacute;a de las nuevas organizaciones de pobladores. Una frase me impresion&oacute; m&aacute;s<br \/>\n  que ninguna: &quot;Nuestro problema empez&oacute; con la democracia&quot;<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">15<\/a>.<br \/>\n  No parec&iacute;a una afirmaci&oacute;n de car&aacute;cter ideol&oacute;gico sino de sentido com&uacute;n<br \/>\n  que el resto de los presentes, unos treinta, compart&iacute;an sin darle mayor trascendencia. <\/p>\n<p>El panorama que ofrec&iacute;a la reuni&oacute;n era digno de ser analizado. La mayor&iacute;a eran<br \/>\n  j&oacute;venes, aunque hab&iacute;a algunos mayores, y predominaban las mujeres. Cada asistente era<br \/>\n  responsable de un programa de la radio: hab&iacute;a desde hip hop y travest&iacute;s hasta obreros;<br \/>\n  cristianos, socialistas, punks y personas que no se defin&iacute;an. La diversidad era enrome, casi<br \/>\n  tan grande como la que existe en la poblaci&oacute;n. De alguna manera, puede decirse que todas esas<br \/>\n  personas est&aacute;n experimentando, en peque&ntilde;o, la convivencia en la diversidad, la acci&oacute;n<br \/>\n  social en diversidad, la resistencia en diversidad. <\/p>\n<p>Al salir del centro Pedro Mariqueo, donde funciona la radio y la biblioteca, sent&iacute; que los<br \/>\n  de abajo est&aacute;n preparando algo grande: ensayan c&oacute;mo ser&aacute; el mundo nuevo. A poca<br \/>\n  distancia de all&iacute;, funciona el canal de televisi&oacute;n comunitaria Se&ntilde;al 3. Lo dirige<br \/>\n  Cristian Valdivia, pintor, carpintero, reparador de computadoras, oficios que le permiten sobrevivir<br \/>\n  y dedicar tiempo a su pasi&oacute;n, la tev&eacute; comunitaria. Se&ntilde;al 3 tiene un alcance de<br \/>\n  9 kil&oacute;metros, trasmite de jueves a domingo de las 6 de la tarde hasta la medianoche. Son 24<br \/>\n  personas las que mantienen la tev&eacute; &quot;educativa, informativa y recreativa&quot; donde los<br \/>\n  centros culturales y sociales del barrio tienen su propia programaci&oacute;n. <\/p>\n<p>El canal no tiene financiaci&oacute;n externa, s&oacute;lo el apoyo de sus socios, de los grupos que<br \/>\n  hacen los programas, y de algunos comerciantes del barrio. &quot;Al municipio no le pedimos nada&quot;,<br \/>\n  dice Cristian. &quot;Lo que podemos hacer lo hacemos con recursos de la misma gente, o sea m&aacute;s<br \/>\n  que recursos econ&oacute;micos lo que se ocupa son recursos humanos&quot;<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">16<\/a>.<br \/>\n  Hasta los ni&ntilde;os tienen su programa. Quieren contribuir a la creaci&oacute;n de una red de canales<br \/>\n  de televisi&oacute;n comunitaria en todo Chile y ya est&aacute;n prestando sus equipos a otros barrios. <\/p>\n<p>Parece evidente que luego de 50 a&ntilde;os, en La Victoria como en tantos lugares de Am&eacute;rica<br \/>\n  Latina el cambio social es b&aacute;sicamente cambio cultural. Para los gobiernos neoliberales, a&uacute;n<br \/>\n  para los encabezados por fuerzas progresistas, la autonom&iacute;a y la diferencia cultural son peligrosas.<br \/>\n  De hecho La Victoria es un barrio intervenido por el Estado que env&iacute;a a los carabineros a vigilar<br \/>\n  las poblaciones. Con la excusa de la droga y la delincuencia, en 2001 se puso en marcha el Programa<br \/>\n  Barrio Seguro a cargo del ministerio del Interior. Con fondos del BID el programa supone la intervenci&oacute;n<br \/>\n  policial y social de los barrios &quot;marginales&quot; o &quot;conflictivos&quot;. La primera poblaci&oacute;n<br \/>\n  afectada fue La Legua, la segunda La Victoria, y as&iacute; hasta nueve poblaciones. <\/p>\n<p>Los objetivos del plan quedan al descubierto cuando las propias autoridades admiten que consiste en &quot;combatir<br \/>\n  el comercio ambulante y la delincuencia en el centro de Santiago&quot;<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">17<\/a>.<br \/>\n  En cada poblaci&oacute;n se busca involucrar a las organizaciones sociales, en particular a las juntas<br \/>\n  de vecinos, lo que redunda en la divisi&oacute;n del barrio y sus n&uacute;cleos organizados. &quot;Tenemos<br \/>\n  vigilancia de los carabineros las 24 horas. Cualquier actividad que se desarrolle hay que avisarle<br \/>\n  a los carabineros&quot;, dice Cristian. <\/p>\n<p>Caminando por La Victoria hacia la casa de las Hermanitas de Jes&uacute;s, que trabajaron junto al padre<br \/>\nAndr&eacute; Jarl&aacute;n, pueden verse en las esquinas camiones de carabineros armados con fusiles.<br \/>\nMar&iacute;a In&eacute;s nos hace pasar a una casita en la que conviven las cuatro monjas, modesta pero<br \/>\ndigna, muy parecida a las dem&aacute;s casas del barrio. Nos sirve caf&eacute; y durante largo tiempo<br \/>\nrelata su experiencia en el sur, junto a las comunidades mapuches. Habla suave y pausado, tal vez porque<br \/>\nsupera largamente los 70 a&ntilde;os. Cuando le preguntamos por La Victoria hoy, baja la vista y hace<br \/>\nun gesto entre el cansancio y el fastidio: &quot;Los pacos tienen que irse de ac&aacute;&quot;. Y se<br \/>\nqueda mirando el infinito. O, tal vez, la imagen de Jes&uacute;s colgada junto a la del padre Andr&eacute;.<\/p>\n<h3>End Notes<\/h3>\n<ol>\n<li><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Entrevista personal, abril de 2007. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>La primera ocupaci&oacute;n de tierras realizada en Chile est&aacute; documentada<br \/>\n  en los libros de Mario Garc&eacute;s y en el trabajo del Grupo Identidad de Memoria Popular citados<br \/>\n  al final. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Mario Garc&eacute;s et al, ob. cit. p. 130. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Mario Garc&eacute;s, ob. cit. p. 138. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Callampas son las poblaciones precarias que reciben ese nombre<br \/>\n  de un hongo, ya que crecen en una noche. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><\/a>Grupo Identidad de Memoria Popular, ob. cit. p. 14. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><\/a>Idem, p. 58 <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><\/a>Idem, p. 25. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\"><\/a>Salazar y Pinto, ob. cit. p. 251. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\"><\/a>Mario Garc&eacute;s, ob. cit, p. 416. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\"><\/a>Marisa Revilla, ob. cit, p. 63. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\"><\/a>Salazar y Pinto, ob. cit. p. 261. Negritas en el original. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\"><\/a>Idem, p. 267. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\"><\/a>Idem, p. 263. Negritas en el original. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\"><\/a>Entrevista personal, abril de 2007. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\"><\/a>Paula Fiamma, ob. cit. <\/li>\n<li><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.gobiernodechile.cl\/\">www.gobiernodechile.cl<\/a><\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La poblaci&oacute;n La Victoria, en Santiago de Chile, cumple este mes 50 a&ntilde;os. Fue una de las primeras ocupaciones organizadas de tierras urbanas en el continente: en medio siglo construy&oacute; una ciudad alternativa, resisti&oacute; a Pinochet y sigue abriendo caminos para salir del modelo neoliberal. La avenida 30 de Octubre luce, orgullosa, decenas de murales [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-905","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/905","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=905"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/905\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=905"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=905"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=905"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.americas.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=905"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}