La defensa del cuerpo-territorio
“Defender el territorio-tierra sin defender el territorio-cuerpo es una tremenda contradicción, porque así como el extractivismo mata, el machismo también.”
“Defender el territorio-tierra sin defender el territorio-cuerpo es una tremenda contradicción, porque así como el extractivismo mata, el machismo también.”
Dicen en el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) –la organización que Berta Cáceres fundó, que ella no se murió: se multiplicó; que el 2 de marzo no fue la muerte de Berta, sino la siembra, su regreso a la tierra que tanto defendió cuando aún respiraba, antes de que los asesinos le quitaran la vida.
Las denuncias señalan que la mayoría de los ataques son promovidos por el gobierno y sus funcionarios. Además, que los ataques en contra de mujeres periodistas tienen un alto contenido misógino y de odio.
Las agresiones en el Municipio Autónomo Lucio Cabañas no serían, de acuerdo con las participantes en el foro “Violencia Paramilitar contra las Mujeres Zapatistas”, un episodio aislado sino parte de la guerra de baja intensidad que el Estado y las organizaciones armadas que se benefician de su apoyo están desatando en contra de las comunidades autónomas y organizadas.
En Estados Unidos, los movimientos de mujeres de izquierda y las feministas se han volcado a la participación electoral, no necesariamente desde el partido demócrata —que ofrece una opción tibia frente a los cambios profundos que hacen falta— sino desde la organización de base.
Fue la marcha de mujeres más grande en la historia de la Ciudad de México, y el 8 de marzo más combativo. Decenas de miles de mujeres, en un río color violeta, fluyeron por las calles del centro. Marcharon mujeres de todas las edades, sectores, clases, barrios, escuelas. Ellas llenaron las calles con sus cuerpos y sus gritos. Los pocos hombres presentes se quedaron hasta el final o a los lados.
La marcha sigue siendo el barómetro del movimiento en México y en el mundo, el día en que podemos desplegar abierta y colectivamente nuestros posicionamientos a favor del aborto, por el trabajo digno y valorado, contra el patriarcado y la violencia, y en oposición al capitalismo y extractivismo.
Las manifestaciones protestan contra el feminicidio, mientras la violencia contra la mujer, lejos de disminuir, sigue subiendo frente a la indiferencia de los gobiernos y las inercias de la sociedad. En México, como en muchos lugares del mundo, se va acumulando la rabia, la frustración y el dolor, junto a la convicción de que esto no puede seguir así.
El poder más importante para estas madres es el poder encontrar a sus hijos. Y creen profundamente en este poder—si no, no estarían aquí. Han aprendido que este es un poder colectivo, que hay que organizarse para poder buscar y para poder enfrentar los poderes que tienen en contra
Desde Anchorage hasta Acoma, en todo Estados Unidos y Canadá, mujeres indígenas están movilizandose para procurar justicia para sus hermanas desaparecidas y asesinadas. En los últimos años, los crecientes esfuerzos de base han obtenido un progreso difícil de lograr para contrarrestar la violencia de género en las comunidades colonizadas.