Hasta ahora el crecimiento de las ciudades en México ha sido al libre albedrío de los inversionistas privados y especuladores de terrenos, respaldados ampliamente por los gobiernos federal, estatal y municipal. La opinión de la población local y de los investigadores académicos sólo en los últimos años ha sido incorporada en los planes de desarrollo urbano, que muchas de las veces son letra muerta o ya han sido rebasados por la realidad.

Tradicionalmente, el concepto de ciudad ha sido presentado como sinónimo de progreso, en nuevas y mejores fuentes de empleo y por tanto de bienestar económico y de un estilo de vida