En Asunción, un grupo de activistas de derechos humanos y autoridades de Paraguay se habían reunido en la mañana de este miércoles para inaugurar un museo en lo que una vez fue un centro de torturas de la dictadura. De pronto llegó la noticia: Alfredo Stroessner había muerto.

Esta coincidencia fue interpretada por el abogado y ex preso politico Martín Almada, premio Nobel Alternativo 2002, como una señal de que había concluido una era, y se iniciaba otra en la que las nuevas generaciones tendrán como principal misión conocer a fondo lo que sucedió durante la sangrienta dictadura del general, que gobernó con mano de hierro entre 1954 y 1989.

Stroessner falleció este miércoles en Brasilia, prófugo de la justicia de su país, tras ser internado en un hospital a causa de una complicación pulmonar luego de haber sido operado de una hernia inguinal. Estaba sedado y respiraba artificialmente. Con 93 años, pesaba apenas 45 kilos.