17 minutos y 30 segundos: Neoliberalismo, territorios y la otra geografía

"Para los pueblos indígenas, campesinos y rurales la tierra y el territorio son más
que sólo fuentes de trabajo y alimentos; son también cultura, comunidad, historia,
ancestros, sueños, futuro, vida y madre".

Comandanta Kelly

Robándonos y modificando la idea original planteada por Walter Benjamín, si ubicáramos
la historia del capitalismo midiéndola en un calendario anual, y el día de la muerte
de nuestra antepasada homínida, Lucy, sucediera en el primer minuto del 1 de enero, toda la
historia del capitalismo cabría en 17 minutos y 30 segundos del 31 de diciembre. El neoliberalismo
apenas llegaría a un minuto.

El problema es que como nunca antes en la historia de la humanidad este minuto de nuestro calendario
puede acabar con la historia de todos y todas. En este suspiro histórico se concentra toda la
potencialidad destructiva de un sistema que camina inexorablemente hacia la aniquilación.

No se trata de pintar un escenario apocalíptico por razones ideológicas. El capitalismo,
en su fase neoliberal, potencializa lo que llevaba en su seno desde el inicio: un poder destructivo
impresionante. El capitalismo, no hay que olvidarlo, tiene como objetivo fundamental la autovalorización
del capital y eso permite la caracterización de lo que Carlos Marx definió como " el
progreso destructivo" del capitalismo.

Cada una de las revoluciones industriales o tecnológicas que se han vivido en su historia ha
representado procesos de destrucción y aniquilamiento del entorno ecológico y de masacres
en contra de los seres humanos. Desde luego, no hay comparación entre las tres primeras revoluciones
industriales o tecnológicas y la que estamos viviendo en la actualidad.

La utilización del vapor producto de la existencia del carbón en el siglo XVIII, la
utilización de ríos o petróleo para la generación de energía, o
la introducción de la electrónica y la generación de energía por medio
de la fisión nuclear, cada una de estas modificaciones ha significado un incremento en la dinámica
de destrucción del entorno natural. Podemos decir que la intervención del capital sobre
la naturaleza estaba determinada por la forma de organización normal de la misma. La modificación
del curso de los ríos, o el sacar el uranio de la tierra para utilizarlo como fuente energética
ya tenía de por sí implicaciones importantes en el mantenimiento del equilibrio ecológico.
Pero la cuarta revolución industrial o tecnológica que estamos viviendo tiene implicaciones
mucho más peligrosas que nunca.

Algunos han querido reducir esta cuarta revolución a la informática, pero aquí no
se ubica su característica principal. De lo que estamos hablando es, en lo fundamental, del
control de los mapas genéticos de todos los seres vivos y por lo tanto de la generación
de organismos modificados genéticamente y la llegada de los agrocombustibles, llamados alegremente
biocombustibles, como alternativa al inevitable proceso de decadencia del petróleo.

Parecería que la subsunción (subordinación-inclusión) del trabajo al capital
no ha sido suficiente y ahora lo que se busca es la subsunción del territorio al capital, es
decir de la tierra, el agua, los mares, las montañas, las selvas, los bosques, de toda semilla
o planta que exista, es decir de los bienes terrenales .

En la lógica de las patentes, hace algunos años, se le preguntaba a uno de esos aventureros
que andan por el mundo lo siguiente: ¿para qué patentaba tanta semilla y/o planta que
no tenía ninguna utilidad productiva? Respondió: "en este momento no tiene utilidad,
pero con el tiempo, si la llega a tener, ya nadie podrá hacer nada, será mía".

El espíritu de conquista desarrollado a finales del siglo XIX (ejemplificado con esa declaración
de Cecil Rhodes en la que maldecía a las estrellas porque no podía conquistarlas), vuelve
a ser el combustible que anima al capital. Pero el método ha cambiado, no se trata de conquistar
países y volverlos colonias, eso sale muy caro y es muy peligroso. Es preferible conquistar
territorios específicos y dejar en los gobiernos a una pléyade de sirvientes que hacen
de la genuflexión frente al capital, su ejercicio aeróbico favorito.

En esta nueva relación, el capital no ve países sino territorios: Brasil no es Brasil
sino la selva amazónica y millones de hectáreas que deben ser reubicadas en la lógica
del capital y de sus prioridades. Bolivia no es Bolivia sino una extensión de terreno donde
hay gas en abundancia. México no es México sino la selva Lacandona donde hay petróleo,
uranio, agua, etc.

La construcción de una nueva geografía desde arriba busca subsumir todo al capital.
Todos los bienes naturales, comenzando por la tierra, son ambicionados por un capital incapaz de auto
limitarse. Más ahora que sueña que no tiene enemigo enfrente. El neoliberalismo se despojó de
todos los pruritos anteriores del Estado benefactor y decidió caminar desnudo, sin temor al
ridículo, en tanto los sistemas alternativos que tenía enfrente desaparecieron sin el
menor chiste de la escena política. Ahora, la única filosofía es dejar que la
sed de ganancias fluya en toda su dimensión, sin límite alguno. Esa incapacidad para
auto limitarse tiene su raíz en su sed ilimitada de ganancia.

La loca carrera en busca de nuevos energéticos

Esa incapacidad se expresa en la loca carrera en busca de nuevos energéticos que sustituyan
al petróleo, las consecuencias de toda esta locura pueden ser fatales. Pongamos un ejemplo.

Si en el siglo XVII las ovejas se comieron a los campesinos en Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda,
ahora lo que se busca es que los automóviles se coman a los campesinos de África, Asía
y América Latina por medio de la extensión geométrica de la siembra de una serie
de productos destinados a la producción de etanol (maíz y caña de azúcar
sobre todo) y "biodiesel" (palma africana y soya). Pero ¿cuáles son las consecuencias
de la utilización de productos agrarios, en especial granos, para la producción de gasolina?

Según el especialista Lester Brown, la producción mundial de cereales en 2006 llegó a
1,967 millones de toneladas, pero la demanda fue de 2,040 millones de toneladas; de manera que el planeta
no ha producido 73 millones de toneladas, lo que representa un 4%, por lo que estamos hablando de un
déficit histórico. Esto marca una tendencia que ya parece irreversible, pues el déficit
se viene acumulando desde los últimos siete años, dando como resultado que las reservas
mundiales de granos (reservas de las que nadie habla) estén descendiendo al nivel más
bajo de los últimos 34 años ("la última vez que eso sucedió, los precios
del grano y del arroz se multiplicaron por dos", nos recuerda Brown).

En cambio el uso de cereales para la producción de combustibles ha crecido. Ejemplo de esto
son las 54 nuevas destilerías de etanol establecidas en Estados Unidos entre octubre de 2005
y octubre de 2006, las cuales se dice que transformarán 39 millones de toneladas anuales de
grano (casi todo maíz) en cerca de cuatro mil millones de galones de etanol, a las que hay que
sumar los 41 millones de toneladas ya transformadas en etanol en 2005; esto significa que a fines de
2007 los Estados Unidos transformará maíz en carburante a un ritmo de 80 millones de
toneladas al año.

El acuerdo establecido entre el gobierno de George W. Bush y el presidente de Brasil, Luiz Inácio
Lula da Silva, lo mismo que la reunión que se dio entre este último y una comisión
especial de la Unión Europea, nos anuncia lo que será todo un proyecto de reconversión
agrícola bajo la lógica del capital. La idea de aumentar el sembradío de productos
agrícolas destinados a la conversión en agrocombustibles, busca ser presentada como producto
de la preocupación de la sociedad del poder internacional ante el calentamiento de la tierra.
Por eso se habla de biocombustibles o biodiesel. Una vez más, todos son buenos y buscan el bien
común. La realidad es que estamos hablando de un gran negocio, pero que como nunca antes puede
significar un paso hacia la destrucción del entorno ecológico.

Algunos han polemizado sobre este tema diciendo que es una exageración señalar que en
lugar de utilizar el maíz para la alimentación se utilice en la fabricación de
etanol. La realidad es que de lo que se está hablando es que en los próximos años
se produzcan 147 millones de toneladas de agrocombustibles, para lo cual se necesita desde luego que
una parte importante de los sembradíos normales para la alimentación de los seres humanos
sean sustituidos. Inevitablemente, esto permitirá el desarrollo de mayores hambrunas ya que
el déficit de cereales irá en aumento, lo mismo que un proceso creciente de eliminación
del campesinado y de las comunidades indígenas, mientras que las grandes multinacionales, con
la cobertura de la mayoría de los gobiernos que realmente actúan como sus lacayos, serán
las grandes beneficiadas. Por eso, Jeb Bush ya ha sido designado presidente de la organización
internacional a favor de los "biocombustibles", a muy poco tiempo de que termine su mandato
como gobernador de Florida.

Peor aún, la extensión masiva de la producción de etanol en esas tristemente
célebres 147 millones de toneladas no resolverá el problema de la sustitución
del petróleo, en realidad únicamente podrá atender la demanda emergente de automóviles.
Para resolver el problema del consumo de gasolina habría que afectar a los grandes pulmones
de la tierra, la selva amazónica, la selva Lacandona, los Chimalapas, la isla de las Galápagos,
la sabana costarricense, la selva en Indonesia, etc. Con las consecuencias terribles que eso tendría.

Todo esto encarecerá los precios del maíz, de la soya, de la palma, incrementará la
renta diferencial, todo lo cual facilitaría el despojo agrario.

Esto no es una exageración apocalíptica, tiene que ver con algo más sencillo:
la rentabilidad del etanol no es comparable con la del petróleo. Simplemente se ha dicho que
para llenar un tanque de un automóvil compacto de 45 litros se requieren de 102 kilogramos de
maíz, lo que significa el consumo de calorías por seis meses de una persona.

La opción que están haciendo el capital y sus esbirros es por los fabricantes de automóviles,
por las 15 grandes multinacionales que fabrican millones de automóviles en esa carrera loca
hacia la autodestrucción. Todo está hecho a favor del habitante más cuidado y
privilegiado del planeta tierra: el automóvil. Los túneles, las grandes carreteras, los
segundos pisos, la forma que están adquiriendo las ciudades hiperdegradadas, todo está hecho
para que el automóvil pueda reproducirse. Mientras 2.5 millones de seres humanos viven en la
pobreza, ellos no son prioridad.

Efectivamente, la disyuntiva en el corto plazo será: gasolina o alimentos, gasolina o equilibrio
ecológico. El problema es que con esta nueva fase de la revolución industrial-tecnológica
lo único que se permitirá es que la brecha entre el agro y la industria se cierre, pero
no a partir de la racionalidad del crecimiento industrial sino a partir de reconvertir una buena parte
de la producción agrícola hacia la fabricación de gasolina. En paralelo se habla
ya de la segunda revolución verde (no satisfechos con el fracaso de la primera) que conjuntamente
con los transgénicos busca la conversión agraria hacia las agroindustrias.

La otra geografía

Quieren convertir a la tierra y el territorio en mercancías que tienen antes que nada valor
de cambio, que sirven únicamente para valorizar al capital. Pero la tierra y el territorio y
las comunidades indígenas o agrarias que han vivido ahí han establecido relaciones sociales
y naturales que se basan en el respeto y el amor. Y ambos no tienen valor de cambio, solamente valor
de uso.

Resulta evidente que la geografía que se dibuja arriba no camina sola. A su lado izquierdo,
pero abajo, camina la otra geografía. La de los que aparte de ser campesinos o indígenas
han decidido ser los guardianes de la tierra y el territorio para bien de la humanidad entera. Ellos
se han echado a cuestas una tarea impresionante: evitar la consumación del peor crimen que está fraguando
el capital (y miren que en su corta historia, el minuto del calendario del que hablamos al inicio,
ha cometido crímenes terribles). Los guardianes nos invitan a todos a esta, la verdadera madre
de todas las luchas: la lucha contra el capital.

Nos invitan a una lucha que se va a ganar porque, como dice Carlos Fuentes en su texto Los cinco
soles:
"Cuando las dinastías pusieron la grandeza del poder por encima de la grandeza
de la vida, la delgada tierra y la tupida selva no bastaron para alimentar, tanto y tan rápidamente,
las exigencias de reyes, sacerdotes, guerreros y funcionarios. Vinieron las guerras, el abandono
de las tierras, la fuga a las ciudades primero, y de las ciudades después. La tierra ya no
pudo mantener el poder. Cayó el poder. Permaneció la tierra. Permanecieron los hombres
sin más poder que el de la tierra".

Los hombres y mujeres sin más poder que el de la tierra tienen una historia mayor que 17 minutos
y 30 segundos. Los hombres y mujeres sin más poder que el de la tierra son los guardianes a
los que tenemos la obligación ética de rendir homenaje acompañándolos en
esta lucha, porque como todo buen guardián son los únicos que están en vigilia
mientras los demás dormimos y son los únicos que están listos para despertar a
los demás. Son el ángel de la historia del que nos hablaba Walter Benjamín.

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