Muchos ambientalistas ven el Protocolo de Kyoto como la última y mejor esperanza para contrarrestar el calentamiento global. Pero un número creciente de críticos de la sociedad civil señalan que los mecanismos de mercado "flexibles" del Protocolo permiten a los contaminadores corporativos evadir sus obligaciones de reducir sus emisiones, mediante la compra y venta de sumideros de carbono, conocidos también como activos de carbono, o contrapesos de carbono.

Este nuevo comercio es parte del mercado emergente de "servicios ambientales", cuyos partidarios alegan que puede canalizar las fuerzas del mercado y la propiedad privada para proveer incentivos económicos para la protección ambiental. Pero algunos ecologistas y pueblos indígenas advierten que este comercio presagia una nueva ola de confinamiento y privatización de recursos naturales. Sostienen que tiene mucho que ver con ganar dinero y nada que ver con salvar el ambiente.

Contrario a la creencia popular, el Protocolo de Kyoto no compromete los países industrializados a ningunos recortes sustanciales en sus emisiones de contaminantes de carbono causantes del efecto de invernadero. Los compromete a reducirlas a un 5.2% debajo de los niveles emitidos en 1990 para el año 2008, a más tardar en 2012, una meta insignificante en comparación con lo que los expertos del clima dicen que se necesita para evitar una catástrofe planetaria. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climatico las emisiones globales deben ser reducidas a por lo menos 60% debajo de los niveles de 1990. Y hasta ese modesto 5.2% de reducciones quizás no se logre en el itinerario acordado debido a numerosos tecnicismos inscritos en el Protocolo mismo.

Bajo el Protocolo, la ONU distribuyó derechos a contaminar a 38 naciones industrializadas. Con la excepción de Estados Unidos, que está boicoteando el Protocolo, estos gobiernos están silenciosamente repartiendo estos derechos de manera gratuita a los mayores contaminadores corporativos en sectores como generación de electricidad, petróleo, acero, cemento, química, pulpa y papel. Estos derechos de contaminación son comerciables, para el regocijo de los partidarios del libre mercado y la consternación de críticos ambientalistas.

"La distribución de dispensas de carbono constituye uno de los mayores proyectos para la creación y distribución regresiva de derechos de propiedad en la historia humana, si no el mayor ", plantea Larry Lohman, del grupo británico The Corner House.

Bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio, una corporación puede comprar un sumidero de carbono en el Sur global para compensar por sus propias emisiones. Un sumidero de carbono es cualquier cosa que mantenga gases invernadero fuera de la atmósfera al prevenir su escape o al secuestrarlos. Los bosques y plantaciones de árboles son los sumideros preferidos ya que los árboles remueven carbono de la atmósfera y lo secuestran en su madera. Los proyectos de energía renovable también son admisibles pues producen energía sin quemar combustible fósil.

El comercio de derechos de contaminación y sumideros de carbono ha dado lugar a un nuevo comercio cuyos participantes incluyen grandes empresas, universidades, institutos de investigación, eco-consultores, industrias forestales, el Banco Mundial, agencias de la ONU, firmas de corretaje especializadas en carbono como Future Forests, Natsource y Ecosecurities, y algunos grupos ambientalistas como World Resources Institute y Environmental Defense.

Los partidarios del comercio de carbono dicen que es una solución en la que todo el mundo gana, ya que compensa las emisiones contaminantes y a la vez provee unos muy necesitados fondos para el desarrollo sustentable y conservación de bosques en el Sur.

"Las compañías pueden complementar sus compromisos domésticos con la adquisición de reducciones de emisiones de costo potencialmente menor en países en desarrollo", dice el Fondo Prototipo de Carbono del Banco Mundial (FPC) en su página web. "Como resultado, proyectos en esos países conseguirán una nueva fuente de financiamiento para desarrollo sustentable en los sectores de energía, industria y manejo de desperdicios, al igual que en la introducción de tecnologías limpias y renovables… El FPC ha desempeñado un rol pionero en desarrollar el mercado de reducciones de emisiones de gases de invernadero, a la vez promoviendo el desarrollo sustentable y ofreciendo a sectores interesados una oportunidad de aprender al hacer”.

"El reto es crear una nueva oportunidad para campesinos y comunidades rurales de bajos ingresos para recibir paga de países industrializados sembrando árboles que absorberán carbono de la atmósfera", dice el Grupo Katoomba, organización empresarial que promueve los mercados de carbono. "Estos nuevos mercados para sumideros de carbono pueden financiar inversiones de desarrollo rural que ayudarán a reducir la pobreza y conservar la biodiversidad. Los pobres del mundo tienen mucho que ganar mediante su participación en proyectos forestales de carbono que mejoren la producción agrícola y forestal, protejan importantes cuencas hidrográficas o restauren tierras y bosques degradados”.

"El secuestro de carbono atmosférico mediante la aforestación y la reforestación se puede lograr por una amplia gama de cambios de usos de tierra, incluyendo muchos cambios que pueden mejorar significativamente las vidas rurales y restaurar ecosistemas degradados", dice una carta abierta dirigida a los delegados de la Convención de Cambio Climático de la ONU firmada por sobre una docena de personalidades como el ex-presidente costarricense y director del Foro Económico Mundial José M Figueres, y Pedro Sánchez y M.S. Swaminathan, ambos galardonados con el Premio Mundial de Alimentos. "Proyectos de carbono bien diseñados pueden ayudar pueblos locales a invertir en sistemas de de manejo de tierras y bosques más sustentables y rentables, restaurar ecosistemas degradados, construir activos naturales y fortalecer organizaciones comunitarias”.

 

Voces críticas

"El comerciar carbono no aportará a la protección del clima de la Tierra", dice la Declaración de Durban sobre el Comercio de Carbono. "Es una falsa solución que atrinchera y amplifica las inequidades sociales en muchas maneras”.

La declaración fue publicada en octubre de 2004 por representates de movimientos populares y entes no gubernamentales que se reunieron en Durban, Suráfrica. Los firmantes incluyen organizaciones de Samoa, India y Brasil, la Red Ambiental Indígena, el grupo inglés Sinkswatch, y de Estados Unidos el Global Justice Ecology Project.

El documento señala que entre los jugadores del comercio de carbono figuran los culpables del calentamiento global, y denuncia que estas mismas instituciones están usando la crisis ambiental que ellas mismas causaron como justificación para apropiarse de más recursos naturales. "Gobiernos, agencias que subvencionan créditos para exportadores, corporaciones e instituciones financieras internacionales continúan apoyando y financiando la exploración y extracción de combustible fósil y otras actividades que empeoran el calentamiento global, como la degradación y destrucción de bosques en una escala masiva, mientras que solamente dedican sumas irrisorias a la energía renovable”.

"La historia ha sido testigo de intentos de convertir tierra, alimentos, labor, bosques, agua, genes e ideas en mercancía. El comercio de carbono sigue en los pasos de esa historia y convierte la capacidad de reciclaje de carbono de la Tierra en propiedad a ser comprada y vendida en el mercado global. A través de este proceso de crear un nuevo bien mercadeable, el carbono, la capacidad de la Tierra para sostener un clima conducente a la vida y sociedades humanas ahora pasa a las mismas manos corporativas que están destruyendo el clima”.

El uso de plantaciones de monocultivo de árboles tiene efectos particularmente perniciosos, advierten los ecologistas- afirman que las plantaciones eliminan la biodiversidad y destruyen ecosistemas regionales. "La idea de sumideros de carbono es irreal y la pretensión de que las plantaciones de árboles sean en modo alguno la solución, está siendo retada", dijo Ricardo Carrere, director del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, con sede en Uruguay. "Se han propuesto alternativas más realistas al cambio climático, y jugar ruleta con dados invisibles no es una de ellas”.

Varios grupos ecologistas en América Latina están comenzando a tomar nota del comercio de carbono y a advertir de sus consecuncias. “Los proyectos de sumideros de carbono y forestales propuestos para ser incluidos dentro del MDL son una forma de que los países industrializados, responsables del 75% de las emisiones de gases con efecto invernadero, accedan a formas baratas de comprar derechos de emitir sin que asuman realmente su compromiso de reducir sus emisiones actuales", declaró el Foro Boliviano sobre Medio Ambiente y Desarrollo. La organización añadió que los proyectos de secuestro tienen serias implicaciones para la soberanía nacional sobre las áreas as ser separadas para servir de sumideros de carbono, ya que los requerimientos para los sumideros imponen programas externos de manejo de bosques.

"La verdadera solución es la conservación de energía, la reducción del consumo, un uso de recursos más equitativo, y distribución de fuentes energéticas de bajo impacto limpias y renovables", declaró el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, en respuesta a alegaciones hechas por los auto-proclamados corredores de carbono. "Aunque sea casi un perogrullo decirlo, la voluntad política de los gobiernos será necesaria. Esta es escasa, y cuando existe se tiene que enfrentar a intereses muy poderosos e implacables".

En un informe de 2005, el grupo ecologista internacional Amigos de la Tierra recomendó las siguientes alternativas al comercio de carbono:

  1. Alentar el debate y las negociaciones acerca de todas las distintas formas posibles de dividir equitativamente el espacio de desecho de carbono existente, incluso aquellas en las que no interviene propiedad privada comerciable.
  2. Trabajar para que no se continúen explotando los combustibles fósiles que quedan, por ejemplo:
    • Apoyando e interconectando los movimientos existentes (por ejemplo contra la excavación petrolera), dejando sus áreas locales fuera de los límites en los que se habilita la minería, la perforación, la producción de energía, etc.
    • Apoyando la eficiencia energética, las energías renovables, las tecnologías de combustibles no fósiles y la plantación responsable de árboles, pero sin que eso sea como contrapartida de continuar extrayendo combustibles fósiles.
    • Estableciendo reglamentaciones, impuestos u otras medidas que no partan del supuesto de que las corporaciones ya son las propietarias de la capacidad de recirculación de carbono del mundo.

"Esto requerirá asegurarse de que la política del clima no esté confinada a espacios ocupados por políticos y expertos sino que salga a la luz", declaró Amigos de la Tierra.