¡Abajo los muros! Frente al nuevo muro de Trump, un llamado a la dignidad

La valla fronteriza Mexicali-Calexico representa lo perverso de la relación entre Estados Unidos y México. Es precisamente allí donde salen los recursos mexicanos que EEUU demanda como el agua y los bienes y donde Donald Trump está constryuendo su nuevo muro como símbolo de la desigualdad y la intolerancia.

Con la consigna ¡Abajo los muros! el comité local de la Nueva Constituyente Ciudadana Popular (NCCP) convocó el 20 de abril del 2018 una marcha-procesión a la valla fronteriza Mexicali-Calexico encabezada por el Obispo de Saltillo, Raúl Vera López, para protestar en contra de las políticas migratorias impulsadas por los gobiernos de Donald Trump y Enrique Peña Nieto, además de hacer visible la violencia sistemática que se ejerce en contra de las y los migrantes. El proprio itinerario de esta procesión en la frontera sintetisó muchas de las problemáticas de las relaciones entre EEUU y México. 

La marcha de la Nueva Constituyente partió del Poblado Compuertas, localidad al poniente del área urbana de Mexicali, donde se encuentra la compuerta histórica por la cual en 1901 -por primera vez- se pasó agua a Estados Unidos a través de territorio mexicano con el propósito de denunciar los planes actuales por exportar -de nuevo- agua a California. 

De este punto se avanzó rumbo a otro lugar representativo de las relaciones entre Estados Unidos y México, la Garita II o Garita Nuevo Mexicali, que se inauguró en 1994 en el marco de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y constituye el punto principal por donde se envían las manufacturas y otras mercancías producidas por las transnacionales maquiladoras usando la mano de obra barata mexicana. Otro lugar donde las desigualdades generan violencia laboral, social y deshumanización.

La construcción de una parte del nuevo muro que impulsa la administración de Trump se inició, en la frontera de Mexicali y Calexico al poniente de la Garita centro. Este muro que consiste en polines de aceros de 11 metros, de los cuales 2 metros están bajo tierra, es una variante de los ocho prototipos que presentaron y fabricaron seis empresas constructoras estadounidenses (Caddel, Yates, Fisher, Texas Sterling, KWR y Elta North America) y que se pretende instalar a lo largo de más de 3000 kilómetros, es decir el doble de la actual que atraviesa la mayor parte de la frontera entre Baja California y California. Aunque la constructora del muro es una empresa estadounidense, SWF Constructors de Nebraska, irónicamente la mayoría de los trabajadores que laboran en la edificación de la valla tienen ascendencia mexicana.

A este símbolo de la desigualdad y la intolerancia que constituye la construcción del muro se suma la política de militarización de la frontera. El gobierno estadounidense anunció el envío de 4,000 efectivos de la Guardia Nacional para “resguardar” su frontera con México y días después la policía mexicana hostigó y dispersó la caravana del Viacrucis migrante por órdenes del gobierno estadounidense -así lo presumió el propio Trump ante gobiernos europeos. Asimismo, la caravana, que estaba compuesta principalmente por centroamericanos, recibió varias amenazas por parte de grupos de la delincuencia organizada, quienes advertieron que balearían la caravana si pasara por sus territorios. De esta forma, pareciera que existe una estrategia coordinada de las autoridades migratorias y policiales de ambos países, en conjunto con los grupos paramilitares del narcotráfico, en contra de los migrantes. Este es un rasgo más del Programa Frontera Sur y de la violencia del Estado mexicano contra la población migrante.

Por otra parte, mientras se construye un enorme muro y se militariza la frontera, a su vez se impulsa el saqueo y la exportación de nuestros recursos naturales y en particular, del agua. A los pocos meses de iniciada su presidencia, Donald Trump aprobó la construcción de un acueducto transfronterizo entre Tijuana y San Diego y otorgó un permiso para importar agua desde la desalinizadora que se pretende construir en Rosarito, Baja California. Esta desalinizadora se está impulsando bajo un esquema de Asociación Público-Privada, bajo la cual se endeuda al estado por más de 8 mil millones de pesos durante 37 años.

A lo largo de la marcha de dos kilómetros la gente portaba pancartas con mensajes dirigidos a los dos gobiernos: “¡Alto a la política de guerra!”, “¡No a los muros!”, “¡Tod@s somos migrantes!”, “¡Ningún ser humano es ilegal!”, la procesión que acabó su recorrido al muro junto a la Garita II. Allí se realizó un mitin en el que el obispo Raúl Vera se pronunció en contra de la política de guerra y militarización del gobierno de Donald Trump y contra el servilismo del gobierno de Peña Nieto a los intereses extranjeros:

“Los migrantes son mensajeros itinerantes de esperanza, de vida, son rebeldes que no se quedaron ahí donde los maltratan y peligran sus vidas, son personas dignas de respeto que buscan otro modelo de vida”, concluyó Vera antes de cruzar, junto con los manifestantes, sus brazos y pancartas entremedio de las vallas como una expresión del anhelo y el sentido de la movilización: ¡que los muros caigan!

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