El pasado 22 de abril se llevaron a cabo en Paraguay las séptimas elecciones general desde la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner en 1989.  Los paraguayos acudieron a las urnas para elegir presidente y vicepresidente, miembros del congreso, gobernadores y miembros del Parlamento del Mercosur.

El candidato de la Asociación Nacional Republicana (ANR) también conocido Partido Colorado, Mario Abdo Benítez – hijo del secretario privado del exdictador Alfredo Stroessner – ganó con el 46,44 % de los votos, superando a Efraín Alegre, candidato liberal de la Alianza Ganar (conformada por el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y Frente Guasú (FG)) quien obtuvo el 42,74 % de los votos.

Las elecciones se caracterizaron por un bajo nivel de participación electoral, denuncias de fraude electoral y manipulación de encuestas. Tan solo 61.40% de los votantes registrados asistieron a las urnas, el nivel de participación más bajo desde el retorno a la democracia en el país. Este hecho habla no solo de la apatía política por parte de los ciudadanos, quienes manifestaron no sentirse representados por los candidatos propuestos, sino también de la baja confianza en el sistema electoral y en la capacidad de los candidatos electos de generar cambios políticos reales.

Así mismo, numerosas denuncias de fraude electoral fueron presentadas por la oposición y mencionadas por la ciudadanía en general en las redes sociales. Miles de electores denunciaron ante Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) que sus votos no figuraban en los certificados de las mesas alzadas en la pagina web del TSJE.

Otro aspecto controversial en estas elecciones fue la manipulación política de encuestas a bocas de urnas, las cuales en algunos casos dieron hasta 25 puntos de diferencia a favor del candidato de la ANR y las cuales claramente influenciaron al electorado. Varias empresas encuestadoras fueron acusadas de tener acuerdos políticos y de estar pagadas por ciertas campanas. Con una diferencia final de tan solo 3,7% a favor del candidato de la ANR, es difícil de estimar cuál hubiera sido el impacto de encuestas que demuestren la verdadera puja política que se estaba llevando a cabo.

Másallá de la baja participación electoral y de los numerosos hechos controversiales de estas elecciones, el análisis político ahora se centra en el futuro y lo que el resultado de estas elecciones depara para el país:

Regreso de las fuerzas conservadoras

El presidente electo Mario Abdo Benítez, conocido como Marito a fin de diferenciarlo de su padre, es nada menos que el hijo de quien en vida fuera el secretario privado de Stroessner y parte del poderoso cuadrinomio de oro, responsable y cómplice de los numerosos abusos cometidos en la época. Marito ha reivindicado públicamente en varias ocasiones la dictadura, alegando que Stroessner “dejó las bases de las grandes infraestructuras que hasta hoy tiene el pueblo paraguayo”. Irónicamente, el mismo se define como un fehaciente defensor de la democracia. Sin embargo, varias de sus propuestas políticas – tales como la re-introducción del servicio militar obligatorio – ponen en duda sus verdaderas intenciones y llevan a cuestionar que tan lejos puede caer la fruta del árbol.

La elección de Marito, a pesar de su bagaje histórico, se debe en parte a un fallo de estrategia por parte del actual presidente Horacio Cartes y en parte debido a la debilidad de la oposición. Marito ganó las primarias presidenciales del Partido Colorado en diciembre de 2017 al derrotar al ex ministro de Hacienda Santiago Peña (candidato de Cartes). Peña, quien inicialmente era afiliado al Partido Liberal, fue el candidato elegido al truncarse las esperanzas de Cartes de realizar una enmienda constitucional que le otorgue la reelección. La candidatura de Peña fue percibida dentro de la ANR como un capricho de Cartes y Peña fue acusado de ser un extraño dentro del Partido Colorado sin experiencia de militancia política con las bases, lo cual finalmente le costó las internas.

Por otra parte, la debilidad y fragmentación de los partidos opositores y la incapacidad de proponer candidatos que logren capturar el imaginario colectivo terminaron consolidando la victoria de Marito. Efraín Alegre (PLRA), también conocido como ‘Efraudin’ por las numerosas acusaciones de corrupción que pesan contra él durante su gestión como ministro de Obras Publicas y Comunicaciones, y Leo Rubín (FG), el periodista y medioambientalista candidato a vicepresidente, no lograron convencer a la ciudadanía de poseer una mejor propuesta política.

A esto debemos sumar el poder de las fuerzas conservadoras que aun reinan en Paraguay y que vieron en Marito un candidato propicio para dar continuidad a las mismas. La preocupación principal no es solo con Marito, sino con todo su entorno – incluyendo a miembros de la vieja guardia y fuerzas ultraconservadoras – quienes pueden ver este gobierno como una oportunidad no solo de reivindicar el pasado sino de impedir necesarios cambios sociales en el país mas sobre de Sudamérica.

La gobernabilidad en medio de un congreso sin claras mayorías

Varios escándalos de corrupción y trafico de influencias en los días previos a las elecciones involucrando a candidatos de la ANR significaron que el Partido Colorado haya perdido varios escaños tanto en la cámara de diputados como de senadores, dando lugar a representantes de nuevos partidos e incrementando el numero de miembros de la oposición.

El Partido Colorado no cuenta con mayoría en el senado y las numerosas confrontaciones entre diferentes facciones internas de la ANR significa que la mayoría en la cámara de diputados tampoco se encuentra consolidada. Bajo estas circunstancias, la capacidad de gobernabilidad de la nueva administración estará sujeta a la habilidad que tenga de establecer complejas alianzas con partidos de la oposición sin que quede claro que tan factible y sostenibles sean las mismas.

Pujas políticas internas en el Partido Colorado

El pasado 27 de mayo, el presidente Cartes decidió presentar su renuncia a fin de poder asumir como senador; la misma todavía no ha sido aceptada y debe ser aprobada por el congreso antes del 30 de junio a fin de que Cartes pueda integrar el nuevo senado como miembro activo.La controversial decisión de Cartes de postularse como senador ha dividido tanto a la opinión publica como a juristas, ya que muchos consideran que su candidatura viola la constitución. Cartes actualmente tiene derecho como expresidente a un asiento como senador vitalicio – cargo con voz, pero sin voto. Sin embargo, el mismo logró una autorización de la justicia electoral para ser candidato en las últimas elecciones.

Hasta el momento, la aceptación de la renuncia de Cartes aun no ha sido aprobada por falta de quorum en el congreso. Varios de los congresistas que responden a la facción del presidente electo, Añetete, se han reusado a participar de la sesión, lo cual ha llevado a una crisis interna del Partido Colorado. Los Cartistas acusan a los miembros de Añetete de traidores y al presidente electo de haber utilizado los recursos financieros de Cartes para financiar su campana sin cumplir sus promesas.

Hasta el momento es difícil establecer si es más conveniente para Marito tener a Cartes como parte del gobierno en el senado o marginarlo políticamente. Las claras intenciones de Cartes de seguir involucrado y de mantener el control de una manera u otra han creado profundas divisiones dentro del Partido Colorado.

A fin de lograr la gobernabilidad, Marito no solo se verá obligado a establecer alianzas con la oposición, sino que también deberá ser capaz de enmendar las profundas diferencias que surgieron entre las facciones internas de la ANR. La gran pregunta es cuanto tiempo y caudal político le tomará este proceso y si el mismo lo distraerá de la agenda presidencial de los primeros cien días.

Un camino difícil

Cinco años atrás nos preguntábamos si Cartes iba a tener la fortaleza y dominio necesario para dominar al Partido Colorado teniendo en cuenta su figura de outsiderpolítico. Hoy la pregunta es si Marito podrá contrarrestar la concentración de poder amasada por Cartes en los ultimo años y tener gobernabilidad en medio de un congreso dividido.

Los problemas a los que se enfrenta la nueva administración – altos niveles de inequidad y pobreza, baja inversión en salud y educación, un sistema político extremadamente corrupto y una población hastiada de la falta de respuesta por parte de sus representantes – no son necesariamente nuevos, pero si requieren de una urgente atención y solución a fin de evitar una crisis política, económica y social de mayores magnitudes.

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