El ‘quién es quién’ de las elecciones en Argentina

A menos de dos semanas para las elecciones generales en Argentina el oficialismo apuesta todo a un ajustado triunfo en primera vuelta: el Frente para la Victoria (FPV)—con el gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli de candidato—obtuvo un 38.4% en las primarias de agosto y los números de las últimas encuestas indican que podría ganar el 25 de octubre sin balotaje. Mientras tanto, Mauricio Macri—candidato por Cambiemos—y Sergio Massa—UNEN—se disputan el segundo puesto, aunque los número favorecieron siempre al primero, cuya coalición obtuvo un 30 en agosto.

Macri y Massa son opositores pero no por eso son la misma cosa. Mientras Massa—representante de un peronismo de derecha—es un ex funcionario del gobierno nacional que se alejó del oficialismo en las elecciones legislativas de 2013, Macri con su partido PRO representa a una fuerza de derecha nueva, que gobierna desde 2007 la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y que se postula por primera vez a elecciones nacionales. En otra vereda, Daniel Scioli—candidato oficialista por el FPV—se presenta como la continuidad del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

El FPV gobierna el país desde 2003. Primero fue Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández durante los últimos dos períodos. Durante el kirchnerismo, Scioli fue vicepresidente, presidente del Partido Justicialista y diputado nacional. Desde 2007 hasta ahora es Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el circuito electoral más importante del país: representa un 37% del electorado. Por eso será clave en las elecciones, cuando se elija presidente y vicepresidente, representantes para el Parlasur, senadores y diputados. Además, once provincias, entre ellas la de Buenos Aires, eligen gobernador.

Según el sistema electoral argentino, hay dos modos de ganar una elección nacional sin balotaje: superar los 45 puntos o sacar más de 40 y una diferencia mínima de 10 puntos sobre el que sigue. Por eso lo ajustado del domingo 25 de octubre. Desde que en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) de agosto Scioli sacó el 38.4% de los votos, el objetivo era asegurarse los 6 puntos que quedaban para los 45. La estrategia fue apuntar a un electorado de clase media baja de la provincia que no se identifica simbólicamente con el kirchnerismo duro  pero que sí ha visto su realidad modificada por las políticas nacionales: la asignación universal por hijo, el crecimiento del empleo, etcétera. Sin embargo, el FPV sigue lejos de poder asegurarse los 45 y en un desenlace cerrado la gran pregunta es si Scioli logrará cruzar la frontera de los 40 puntos y alcanzar la diferencia de 10 con Macri para que no haya segunda vuelta en noviembre.

El sciolismo sería la continuidad del kirchnerismo: así lo definen sus principales líderes. Es un modo de responder a las acusaciones mediáticas y de la oposición que cuestionan quién gobernará después del 10 de diciembre, momento de cambio de mando, si Scioli o si Cristina. En lo formal, los principales referentes del kirchnerismo duro ocupan hoy las listas para cargos electivos fundamentalmente al congreso nacional. Eso les daría mayor independencia del próximo Ejecutivo  pero al mismo tiempo mayor distancia con las decisiones y los recursos de la Casa Rosada.

Otra pregunta es ¿qué es el sciolismo? Sus asesores se sienten cómodo definiéndolo como un hombre pragmático y estratégico. La que se viene será una etapa con menos romanticismo—los años de Cristina tuvieron mucho de batalla cultural, de cuestionar los sentidos dados—y más construcción. Su próximo gabinete, según lo anunciado, estará conformado por una liga de gobernadores peronistas. Así, Scioli busca un doble movimiento: se repliega sobre el poder territorial de cada uno de ellos expandiendo su capacidad de influencia y, a su vez, reparte cuotas de poder entre quienes ya tienen peso específico propio.

La palabra clave en la campaña es “desarrollo”: construir sobre lo hecho. El sciolismo tiene su propio think tank: la Fundación Desarrollo Argentino (DAR) está liderada por José “Pepe” Scioli, el hermano del candidato. Es una usina de políticas públicas que nació en 2013 y funciona en un moderno piso del centro de la ciudad de Buenos Aires.

Sus spots son una lista de aspectos de los que promete ocuparse: salud, trabajo, educación, mujer, hijos, fábricas. Según el equipo económico de Scioli, la clave está en revisar, estratégicamente, algunas de las medidas que se tomaron en el sector agroindustrial porque es el que tiene capacidad de generar más divisas. Y luego potenciarlo: optimizar la red caminera, red ferroviaria, red comunicaciones y la matriz energética.

Mauricio Macri, por su parte, es un hombre que viene enteramente del sector empresarial. Ve la política como una “técnica administrativa” para alcanzar objetivos. El PRO nació de dos think tanks—Creer y Crecer y Grupo Sophia—tras el colapso partidario de 2001. Sólo en ese contexto podía parecer verosímil candidatear a Macri, entonces presidente de Boca, a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde allí, se fue creando un partido nuevo que fue marcando algunas de las discusiones del país. Se presentaron primero como “no políticos”, luego como “la nueva política”. Se quisieron diferenciar de “lo tradicional”, “lo viejo”. Se presentaron como impolutos, cancheros y delinearon un novedoso modo de marketing político: globos, canciones de moda, escenarios amarillos y pomposos, alegría y poco debate.

Durante los dos últimos períodos estuvieron al frente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y fueron denunciados por una deficiente gestión principalmente en salud y educación. En las últimas semanas a Cambiemos lo sacudió un escándalo de corrupción (conocido como “Caso Niembro”). Como sea, tras la elección presidencial quedará una estela: es la primera vez que un partido de centro derecha—aún en una alianza—tiene tantas posibilidades electorales y la elección posiciona al PRO como un interlocutor más relevante.

Sergio Massa es otro cantar: fue el primer Jefe de Gabinete que eligió Cristina Fernández de Kirchner a meses de haber asumido, pero el hombre dio un giro de cara a las elecciones legislativas de 2013 y formó el Frente Renovador. Con esta coalición política opositora que aglutinó a parte del peronismo de derecha venció entonces en la estratégica provincia de Buenos Aires. Dos años después, aunque salió tercero, su desempeño en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) sorprendió a más de uno: había quienes lo daban por muerto pero obtuvo un 20% de los votos.

Desde entonces hasta ahora, desde el macrismo intentaron que se baje, para darle más posibilidad a Cambiemos de alcanzar el balotaje. Pero no hay manera: sigue disputando el segundo lugar con un discurso belicista contra el narcotráfico como principal bandera. Los números no le dan, pero habrá que prestar atención a cómo quede conformado el Congreso: como en 2013 le fue bien, lo que sume ahora será clave y esa será su principal herramienta de poder. Es que a su vez, el oficialismo renueva sus legisladores que fueron electos con el 54% que obtuvo en la reelección de Fernández de Kirchner en 2011. Así, es probable que el próximo presidente—sea quien fuere—no tenga mayorías propias y esté forzado a constantes negociaciones.

En los últimos momentos de campaña, la oposición se esmera en anunciar caos, doble comando y feroces peleas puertas adentro del kirchnerismo. Pero pese a que existen tensiones, la transición parece que será en un clima de estabilidad y tranquilidad.

Y esto es noticia, en un país que supo tener cinco presidentes en una semana y mandatarios que huyeron en helicóptero o entregaron el poder antes de tiempo.

Diego González (gonzalezdiegofernando@gmail.com) es periodista en Buenos Aires. Su blog es www.diegofgonzalez.blogspot.com. TW: @ diegon2001. Es analista del Programa de las Américas https://www.americas.org/es/. Julia Muriel Dominzain es un periodista con sede Buenos Aires.

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