En medio de crisis sanitaria, económica y política, Bolivia se prepara para nuevas elecciones

By  |  8 / octubre / 2020

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El 18 de octubre se votará en Bolivia un presidente, un vice y la totalidad de los senadores y diputados, quienes se quedarán en el cargo hasta el 2025. Se repetirán así las elecciones de octubre de 2019, que fueron anuladas en el marco de un golpe que derivó en la renuncia y la huida al exilio del presidente Evo Morales. Ese día, si todo sale como está acordado, el país recuperará el sendero democrático extraviado el año pasado.

Serán unos comicios que fueron postergados ya en tres oportunidades y que finalmente van a suceder en medio de una pandemia. El 17 de septiembre la presidenta de facto, Jeanine Áñez, renunció a su candidatura tras la publicación de una encuesta que mostró sus marginales chances de ganar y en aras de la unidad de la derecha. Su renuncia genera intrigas y abre nuevos escenarios en el bloque conservador que ahora se disputan el expresidente Carlos Mesa y el ex presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho.

Del otro lado, el Movimiento al Socialismo (MAS) con su líder Evo Morales inhabilitado y en el exilio en Argentina, busca retornar al poder con una fórmula presidencial encabezada por dos históricos funcionarios de su gestión: Luis Arce Catacora, el ex ministro de economía y David Choquehuanca, ex canciller.

En las elecciones de 2019 el por entonces presidente Morales salió primero, pero la oposición, amparada por un informe lleno de irregularidades de la misión de observación de la OEA, impugnó el proceso denunciando fraude. Fue entonces el propio Morales quien formalmente anunció el 10 de noviembre una nueva convocatoria a las urnas, pero los militares exigieron su renuncia. Finalmente, Morales renunció, denunció un golpe de Estado y se vio forzado a exiliarse, primero en México y luego en Argentina.

Originalmente las nuevas elecciones debían ser el 3 de mayo, fecha que en un principio la presidenta de facto Jeanine Añez, quien asumió interinamente tras la destitución de Morales, apoyó. Sin embargo, el Covid-19 forzó a postergar los comicios para el 6 de septiembre, dado que el país entró en marzo en una etapa de cuarentena. Luego, no sin tensiones[1], se volvió a retrasar la elección que ahora parece tener fecha firme.

En el mundo entero, pero particularmente en la sociedad boliviana, existe un quiebre de expectativas con respecto a lo que vendría para este 2020. Durante los últimos casi 14 años de gobierno del MAS de Morales, el más extenso en la historia del país, Bolivia fue un país que se destacaba en la región por su estabilidad política y económica. Pero ahora naufraga en ambas crisis, a las que se suma una nueva: el Covid-19.

En esta coyuntura, un dato clave para entender los movimientos del MAS es el hecho de que Morales esté en Buenos Aires y que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) lo haya inhabilitado como candidato a Senador por Cochabamba[2]. Esta ausencia marca el tono de la campaña entera

“El hecho de que Morales termine silenciado, marginado, facilitó que todo gire en torno al binomio presidencial. El decisionismo de Morales ha disminuido”, señala el sociólogo Fernando Mayorga.

Hace un año hubiera sido impensable un MAS sin Evo. Su figura tenía tal fuerza que incluso se impulsó su candidatura presidencial a pesar de los resultados de un referéndum de 2016 en el que la ciudadanía votó en contra de modificar la constitución para que se habilite la reelección presidencial indefinida. El resultado del referéndum fue uno de los argumentos de la oposición de entonces para salir a la calle a rechazar la nueva candidatura de Morales, el resultado electoral de octubre 2019 y darle forma al golpe. Según el doctor en Ciencias Políticas y profesor universitario en La Paz, Marcelo Arequipa: “Estamos ante un momento de prueba de consistencia. La pregunta es si hay más masismo que evismo, o no”.

Ante el nuevo escenario, el mapa se modificó rápidamente. La convocatoria a elecciones obligó al MAS a darle forma a la correlación de fuerzas interna a través de una fórmula presidencial. La decisión se tomó en Buenos Aires y tras largas negociaciones fue finalmente el propio Morales el que impulsó a Arce como candidato a la presidencia.

La derecha buscar mantenerse en el poder

Todos coinciden en que el voto de octubre será a favor o en contra del MAS. La presidenta interina Áñez pretendía hegemonizar ese espacio, pero no estaba sola. Se lo disputaba principalmente con el ex presidente Carlos Mesa y el ex presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho.

“La pandemia fue útil al gobierno porque le dio posibilidad de disponer de más tiempo para hacer campaña. A una gestión compulsiva y represiva se suma una ineficiencia evidente y la corrupción descomunal. Los primeros tres meses cosechó réditos políticos, enfrentó el miedo y la incertidumbre [del Covid-19] con fuerza e invocaciones a lo religioso. Hubo procesiones religiosas con militares que le dieron cierto prestigio al mostrarse como la súper madre”, analiza Mayorga.

Pero con el tiempo eso se derrumbó y, según sostiene el analista, la popularidad de Añez entró en caída. “La pandemia, de ser un instrumento favorable, pasó a ser algo que no le sirve”, remata. Bolivia ocupa el cuarto lugar en el mundo con más muertes cada millón de habitantes.

En ese marco, el 16 de septiembre se publicó una encuesta[3] que reordenó todo. No solo porque el MAS volvió a aparecer como la primera fuerza, sino porque, según estas cifras, vencería en primera vuelta con el 40,3% y Áñez quedaba desplazada del segundo al cuarto lugar con el 10,6%.

Ante este escenario, al día siguiente Áñez publicó un video en su cuenta de twitter en el que anunció que bajaba su candidatura. “Lo hago ante el riesgo de que se divida el voto democrático entre varios candidatos y a consecuencia de esa división el MAS acabe ganando esta elección”. Ella misma lo dice: se baja de la carrera presidencial porque lee que no puede triunfar. Y lo hace para favorecer a algún candidato que logre eficazmente polarizar contra el MAS.

Para ganar en primera vuelta es necesario obtener más del 40% de los votos y 10 de diferencia con el segundo, o más del 50%. La pregunta de octubre 2020 -la misma que sobrevolaba en octubre 2019- es si el bloque antimasista logrará aglutinar a suficientes votantes en torno a alguna propuesta electoral para que se abra la posibilidad de una segunda vuelta. Así como el MAS se juega todo a vencer el 18 de octubre, la máxima aspiración de cualquiera de los candidatos del bloque conservador es llegar a un balotaje que les permita ganar la elección polarizando en un mano a mano contra Arce. Ese es el lugar que se disputan el expresidente Mesa y Camacho.

En prácticamente todas las encuestas Mesa sigue en segundo lugar[4]. Representante de sectores medios, urbanos, con un perfil moderado y con fuerza especialmente en La Paz, resultó efectivo en su llamado al “voto útil” en contra del MAS en las elecciones de 2019 y obtuvo más del 36% de los votos. Su disputa al interior del campo conservador en aquel entonces fue contra el senador cruceño Oscar Ortiz, quien finalmente quedó desplazado al cuarto lugar con tan solo el 4% de los votos.

“Mesa pertenece a una fuerza política con un discurso antipartido sin constancia orgánica y, a diferencia de Áñez y Camacho, no tiene alcaldías ni gobernaciones. Es simplemente un hecho electoral”, interpreta Mayorga.

En noviembre de 2019 las movilizaciones posteriores a las elecciones que terminaron con un amotinamiento policial y la “sugerencia” de los militares a Evo Morales para que renunciara no fueron motivadas por razones económicas, pero ahora la administración deficiente de la pandemia abrió la puerta a nuevas angustias sociales.

Otro dato a tener en cuenta es que según la encuesta de “Tu voto Cuenta” por la que Áñez decidió bajar su candidatura – siempre teniendo en cuenta que la veracidad de las encuestas es parcial y que sub-representan al voto rural – el MAS vence en seis de los nueve departamentos (La Paz, Cochabamba, Oruro, Pando, Potosí y Tarija), mientras que Mesa se alza con la victoria en Chuquisaca, Camacho triunfa en Santa Cruz y Áñez gana en Beni.

Es ahora ese voto de casi 11% de Áñez que se disputarán Camacho y Mesa. Según observa el periodista Mariano Vázquez, en occidente el “voto anti-Evo” se vuelca mayoritariamente hacia Mesa, mientras que en el oriente es Camacho quien representa a ese mismo sector, liderando la intención de voto de la vital Santa Cruz con el 31,4%. En ese departamento Arce se ubica en el segundo lugar con el 15,8%. Se trata de una región clave para la economía boliviana y que expresó durante casi todo el mandato de Morales su más intensa oposición. Camacho es hoy su expresión más dura e intransigente. Fue él quien encarnó el golpe en noviembre de 2019 al ingresar con una biblia al Palacio Quemado de La Paz. Su apodo es “el macho” Camacho.

Hasta ahora, Mesa corre desde atrás en Santa Cruz, lo cual es central. Fue justamente la gran victoria en ese departamento de octubre de 2019 la que lo habilitó a dar la pelea hasta el final contra Evo Morales. Ese escenario, hoy, parece más difícil.

La rearticulación

En paralelo, para entender la dinámica interna del MAS es interesante la clasificación que propone el periodista Fernando Molina:

1) El ala formada por las organizaciones obreras y campesinas del denominado «Pacto de Unidad». Esta está dirigida por David Choquehuanca, ex-canciller entre 2006 y 2018, actual candidato vicepresidencial y líder indígena altiplánico.

2) La izquierda tradicional; entre ellos está el candidato a la Presidencia, Arce.

3) La formada por los intelectuales neomarxistas, posmodernos, humanistas de izquierda y demócratas progresistas que se sumaron al MAS en vísperas y después de su llegada al poder y que, dado su capital educativo, cumplieron un importante papel en la gestión gubernamental. Una parte minoritaria de estos elementos de clase media tiene vínculos con Choquehuanca, mientras que otra parte más amplia estuvo relacionada con el ex vicepresidente García Linera, cuyo papel futuro es incierto.

El MAS sabe que nuevamente debe apostar todo a una primera vuelta y que su desafío está en las ciudades. “Hay una población urbana que ha sido golpeada por la crisis, sanitaria y educativa. Es una población susceptible de ser interpelada eficazmente con propuesta de estabilidad. Son sectores medios que son los que definen la elección y que permitieron los triunfos de Morales con grandes mayorías”, señala Mayorga.

A  la izquierda del MAS, no hay fuerzas articuladas. Según Mayorga, haber entendido eso marcó a la gestión de Morales, a la que describe como de “retórica radical y decisiones moderadas”. Hoy Arce y Choquehuanca se muestran incluso más moderados de lo que fueron Morales y García Linera, quienes hicieron su última campaña bajo el escasamente épico slogan de “Futuro seguro”.

En cualquier caso, en un mundo pandémico, el futuro inmediato será difícil para quien sea que triunfe. “Es un escenario complejo en el que las fracturas sociales se ven por todos lados. Hay un quiebre regional en el que Oriente rivaliza con Occidente. Otro de clase que enfrenta a clases medias contra populares, y uno étnico con el campo versus la ciudad”, añade Arequipa.

Aquel que venza deberá lidiar con una crisis sanitaria, una económica y una tercera herida política de larga data. Y por si esto fuera poco, deberá luchar por solidificar un liderazgo que, en todos los casos, será novedoso.

Diego González (gonzalezdiegofernando@gmail.com) es periodista en Buenos Aires.  Es analista para la región Sudamérica del Programa de las Américas http://www.americas.org/es/.

NOTAS:

[1]La Central Obrera Boliviana (COB) fue una de las organizaciones que en un principio se opuso a la postergación y lanzó un ultimátum: «elecciones en septiembre o convulsión social».

[2]El mismo día que se confirmó la inhabilitación de Evo Morales en Ecuador Rafael Correa también fue inhabilitado como candidato a vicepresidente en las elecciones del 28 de febrero del 2021.

[3]Tu voto cuenta. Para llegar a esos números se encuestó a 16.000 personas en áreas urbanas y rurales del país, con cobertura en 225 municipios en los 9 departamentos (provincias) a través de dos métodos: telefónico y presencial.

[4]En la encuesta de “Tu voto cuenta” obtuvo el 26,2%.