Terremotos, tsunamis, huracanes y otros golpes de la naturaleza ponen al descubierto fracturas y fisuras sociales que son invisibles en la vida cotidiana. Estas catástrofes provocan crisis sociales que los estados tienden a resolver con la militarización que pone en evidencia las profundas crisis por la que atraviesan nuestras sociedades.

«El epicentro está en tierra, luego no debería haber tsunami», fue la respuesta de la Armada a las 5:20 a la presidenta Michelle Bachelet, casi dos horas después del terremoto de 8,8 grados en la escala Richter. Diez minutos después se desactivó la alarma de tsunami emitida a las 3:551. Antes y después de esa hora, varias gigantescas olas barrieron la costa sur chilena. De los más de 800 muertos, la mitad perecieron a causa del tsunami.

La Armada reconoció su error. «Fuimos poco claros, no fuimos lo suficientemente precisos para decirle a la presidenta que mantuviera o cancelara la alerta de tsunamis», dijo el 3 de marzo el comandante en jefe de la Armada, Edmundo González2. Este error causó una agria polémica entre el gobierno y la Marina ya que se podrían haber evitado cientos de muertes.

El ministro de Interior, Edmundo Pérez Yoma responsabilizó a las fuerzas armadas de la tardía actuación de las autoridades luego del terremoto. Sostuvo que el sistema de comunicaciones falló y que la fuerza aérea demoró casi seis horas en poner un helicóptero a disposición de la presidenta «porque no estaban los pilotos», para poder hacer una inspección ocular de lo sucedido3.

A raíz del terremoto seguido de tsunami, se cortó la energía eléctrica y el abastecimiento de agua potable, las carreteras fueron intransitables y se debió cerrar los aeropuertos más importantes. Sobre todo en las ciudades del sur, Concepción (la segunda ciudad del país con 250 mil habitantes) y su vecina Talcahuano (200 mil), pero también en Talca (200 mil), cerraron los comercios y las farmacias al no haber energía eléctrica. La gente se sintió abandonada y desesperada al no poder conseguir agua ni comida durante cuatro días.

¿En quién confiar en situaciones críticas?

Según todos los testimonios las primeras ayudas en alimentos demoraron cuatro días en llegar a la zona de Concepción, la más dañada, que en conjunto supera el medio millón de habitantes y está a 500 kilómetros de Santiago. El terremoto fue el sábado 27 de madrugada, y los datos oficiales (Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior) aseguran que la comida comenzó a llegar recién entre el martes 2 y el miércoles 3. La ayuda, como suele suceder en casos similares, llega primero a los centros de las ciudades y, a medida que va siendo posible, comienza a llegar a lugares más apartados.

Decenas de pueblos costeros, vapuleados por gigantescas olas de hasta 20 metros, demoraron casi una semana en recibir asistencia. Medio millón de viviendas fueron destruidas. En suma, la gente estaba a la intemperie, sin agua y sin comida y soportando la inseguridad por los temblores que se producían cada poco tiempo. Y quienes debían informarle, lo hacían mal y a destiempo; quienes debían llevarle alimentos, no eran siquiera capaces de poner transporte a disposición de la presidenta.

«Estoy impresionada de la ausencia del Estado durante los primeros dos días de la tragedia», dijo a la agencia de noticias IPS una vecina de Concepción. «No había nadie que nos diera información, que nos entregara ayuda. Por eso fue el descontrol. Una se sentía abandonada»4. El «descontrol» se concretó en el saqueo de decenas, tal vez cientos, de supermercados, que sólo pudo frenarse con el envío de más de 10 mil soldados y la imposición del toque de queda de 6 de la tarde a 12 del mediodía. «Las imágenes de los militares tomando el control de las ciudades recordaron las peores escenas de la dictadura de Augusto Pinochet», escribió la corresponsal de IPS.

En opinión de muchas personas, los saqueos de supermercados no fueron realizados por delincuentes (que se fueron sumando para conseguir beneficios) sino por mujeres y hombres desesperados. La derecha reclamó mano dura y el diario La Tercera rindió homenaje al vicealmirante Luis Gómez Carreño, que en el terremoto de 1906 en Valparaíso ordenó fusilamientos públicos de saqueadores para restablecer el orden. «Gómez Carreño sujetó a la hez y devolvió a la ciudad el orden por medio de una dictadura ‘bala en boca'»5.

Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia en 2006, uno de los intelectuales más respetados del país, sostuvo que «los saqueos ocurren no sólo después de los terremotos, sino que han sido una constante desde el siglo XIX también en desórdenes políticos, guerras civiles, e incluso movimientos huelguísticos»6. O sea, además de la desesperación hay una cultura política que avala los saqueos, que no pudo controlar ni siquiera la dictadura de Pinochet.

Sostiene que ahora esa violencia social es «más masiva, con más virulencia y más desafiante que antes». Encuentra que estas actitudes las genera la «frustración larvada que produce el modelo», porque «no hay canales políticos para ese descontento social». Los saqueadores detenidos son en su mayoría jóvenes pobres, un sector social que fue siempre víctima de un ejército que «se formó matando mapuches y después rotos y peones»7. Es evidente que Salazar no oculta su malestar: contabiliza 23 masacres en Chile, todas contra el sector popular.

El «terremoto social»

Ariel Dorfman es un consagrado escritor chileno que vive en Estados Unidos. Estaba en Chile en 1960 cuando se produjo el mayor terremoto jamás registrado en el mundo, y dedica una crónica a comparar lo que ha cambiado su país en el medio siglo que separa ambos terremotos. Destaca que ahora el PIB es 15 veces mayor que en 1960, que su economía es una de las más avanzadas de América Latina, pero que esa riqueza «no se ha acumulado sin severas consecuencias sociales y hasta morales»8.

Entre ellas, las más destacadas son que Chile «se ha vuelto una sociedad más egocéntrica e individualista donde, en vez de una visión de justicia social para todos, la ciudadanía se dedica, en su mayoría, a consumir en forma desenfrenada, lo que acarrea, por lo demás, un estrés y un deterioro psíquico considerable en la población». La extensa solidaridad que presenció hace medio siglo, parece haber disminuido considerablemente ahora.

Una tercera mirada es la que ofrece el también historiador social Mario Garcés, al centrar su análisis en lo que denomina como el «terremoto social» que es anterior a la catástrofe9. Sus apreciaciones pueden agruparse en cuatro grandes temas:

En la medida que las autoridades no fueron capaces de informar ni de dar respuestas a la población, sólo el «saber local» de la gente evitó un desastre mayor. En Chile toda la población ha vivido por lo menos un terremoto en su vida y sabe lo que hay que hacer. Los que viven en zonas costeras suben a los cerros, quienes viven en casas o edificios saben que deben protegerse debajo de las vigas y puertas, y salir a la calle cuando puedan.

En la era de la información, las comunicaciones colapsaron junto a los servicios esenciales. Esto es algo normal en situación de desastres, por lo que una efectiva descentralización es imprescindible, no sólo administrativa sino de todos los servicios. Por eso, «no se deben desestimar viejos sistemas radiales», así como otras formas tradicionales de comunicación. «¿Cuánto hemos avanzado realmente en descentralización y cuántas capacidades comunitarias han sido desestimadas por el poder político, que de contar con ellas, el desastre hubiese sido menor?», se pregunta Garcés.

La dificultad para abastecerse de alimentos merece una explicación más detallada. La modernidad neoliberal juega aquí un papel crucial. «El abastecimiento de productos básicos está en manos de grandes cadenas privadas de supermercados y los medicamentos de grandes cadenas de farmacias, que han provocado prácticamente la desaparición del comercio de los barrios. Este sistema oligopólico colapsó, en parte por efectos directos del sismo mismo, pero además porque depende del sistema eléctrico. El resultado, los supermercados y farmacias cerraron sus puertas».

Este es un punto básico ya que se relaciona directamente con el caos y el «terremoto social». En efecto, no había dónde abastecerse, el gran comercio es un gran negocio impersonal, los empleados no conocen a los clientes ni éstos pueden comprar porque no funcionan las cajas ni el sistema de tarjetas, porque se cayó el «sistema». Peor aún: nadie sabía cuándo iban a abrir los comercios. La población más pobre tiene en sus casas apenas lo que va a consumir ese día, tal vez algo para el día siguiente, y nada más. «¿Cuánto tiempo era razonable esperar para que se repusieran todos los sistemas de las grandes cadenas?», se pregunta.

La ayuda estatal llegó al cuarto día. La población esperó 48 horas antes de que comenzaran los saqueos. Además, hubo robos de televisores plasma, zapatos, electrodomésticos. «En realidad—dice Garcés—no sólo se había agotado la paciencia frente al colapsado sistema oligopólico de abastecimientos, sino que en el contexto de la desigualdad social estructural que organiza la sociedad chilena, muchos encontraron la oportunidad de ‘pasar la cuenta'». La conclusión es que una sociedad menos desigual, que no hubiera destruido sus tradiciones comunitarias, «contaría con otros recursos y capacidades para hacer frente a la emergencia».

Los habitantes del barrio Boca Sur, del otro lado del río Bio Bio, quedaron aislados entre el mar y el río, ya que se cayeron los tres puentes que los unen con la ciudad de Concepción10. Estuve allí unos meses atrás y pude comprobar que cualquier crecida del río o del mar puede inundar todo el barrio. Una rápida comunicación con Richard Yánez permitió confirmar que la situación es caótica y están aislados. La ayuda recién llegó el martes 2 a Concepción pero «sólo se repartió en el centro de la ciudad, no alcanzó a llegar a las poblaciones periféricas, que no tienen nada».

El recurso militar

Los militares toman control de las ciudades afectadas.

Al parecer, en medio de situaciones graves como las catástrofes, es común que fallen las instituciones gubernamentales, los diversos servicios y también las empresas privadas. Todo parece colapsar, en gran medida porque la profundización de la economía de mercado ha ido carcomiendo los cimientos mismos del vínculo social. Las relaciones de confianza y proximidad que dieron vida al pequeño comercio barrial, donde los trabajadores llevaban alimentos y los pagaban a fin de mes, se quebraron con la implantación de los grandes supermercados. Los espacios de intercomunicación y sociabilidad, las plazas, las tabernas, las ferias vecinales, se fueron vaciando por la especulación urbana y la privatización de la vida cotidiana.

La sociedad ha consumido, o está en vías de hacerlo, los recursos con los que puede hacer frente a los graves problemas que enfrenta. Esos recursos pueden resumirse en el daño que ha sufrido el vínculo social, en la inexistencia de cualquier autorregulación colectiva. Sólo una organización clásica permanece en pie: las fuerzas armadas. A ellas se apeló en Chile, pero también en Haití dos meses antes y en New Orleáns cuando el huracán Katrina.

Sin embargo, la propia gente está empezando a crear mecanismos de auto-ayuda. El 2 de marzo se reunieron en Santiago unos 70 delegados de organizaciones sociales, estudiantiles y sindicales convocados por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile para analizar la situación y coordinar acciones solidarias. En pocas horas registraron 6 mil voluntarios y voluntarias, entre los que seleccionaron personas que irán a las regiones más afectadas y se formaron equipos de trabajo. La Universidad de Concepción preparó operativos de salud fletando diez camiones con agua y alimentos a los pueblos costeros11.

A la asamblea concurrieron trabajadores de la Salud Pública, que denunciaron que el gobierno se negaba a reforzar el Hospital de Concepción con 120 funcionarios voluntarios del norte del país ofrecidos por el sindicato, y también los deudores habitacionales y Pobladores en Lucha quienes sostuvieron que «la reconstrucción de nuestros territorios tenía que ser llevado a cabo por los pobladores y no por las empresas inmobiliarias responsables de la caída de muchos edificios»12. Esta es apenas una de las cientos de iniciativas de base.

Además de la emergencia, han visto a la luz problemas que van a traer serias consecuencias para el modelo neoliberal-empresarial. La Fundación Defendamos la Ciudad, a través de su presidente, Patricio Herman, exigió al Estado que no sea omiso en los casos de construcciones deficientes que ahora son inhabitables: «Hay miles de familias que han sufrido los efectos de la deficiente construcción de edificios nuevos y relativamente nuevos, lo cual es inaceptable porque la normativa chilena de cálculo de estructuras, por ser sísmico nuestro país, es muy exigente. Los colapsos se produjeron por una cadena de negligencias cometidas por distintos actores profesionales y digámoslo con claridad, porque el sector público se ha desentendido de su rol fiscalizador»13.

Hay familias que dedicaron más de 20 años a trabajar duramente para pagar por viviendas defectuosas o que no cuentan con los requisitos antisísmicos legalmente establecidos. ¿Enviará el gobierno a los militares para obligarlos a cumplir la ley, como los envía para detener a los saqueadores?

Para Salazar todo esto sería parte del «terremoto empresarial», visible en la masiva destrucción de edificios, carreteras y aeropuertos mal construidos por las empresas que «construyen las cosas a medias». El 11 de marzo asume la presidencia el empresario multimillonario Sebastián Piñera. La reconstrucción es una situación ideal para que los empresarios hagan buenos negocios, como han advertido varios observadores.

En base a su experiencia como historiador, Salazar cree que lo peor puede estar por venir. Asegura que no será posible apagar el caos social: «El descontento va a seguir siendo grande y la única vía será robar. Y si eso continúa, Piñera tendrá que recurrir al Ejército y comenzar su gobierno con estado de sitio, como comenzó Pinochet»14.

Notas

  1. «El Ejército chileno reconoce errores tras alertar sobre el tsunami», El Mercurio, 3 de marzo de 2010, http://diario.elmercurio.com/2010/03/03/nacional/especial/noticias/C6FCE86C-272D-4587-B809-6EDB5A8BB57C.htm.
  2. «La Armada chilena hizo más mortífero el tsunami», http://www.publico.es/internacional/299484/ejercito/chileno/reconoce/errores/alertar/tsunami.
  3. «Pérez Yoma responsabiliza a las FFA por descoordinaciones tras el terremoto», El Mercurio, 3 de marzo de 2010, http://impreso.elmercurio.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=401547.
  4. Daniela Estrada, «Los contrastes de la tragedia», IPS, 3 de marzo de 2010, http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=94813.
  5. «Gómez Carreño, el «sheriff» que controló Valparaíso en el sismo de 1906″, La Tercera, 2 de marzo de 2010, http://www.latercera.com/contenido/1453_230311_9.shtml.
  6. Gabriel Salazar, «El descontento va a seguir y la única vía será robar», entrevista en La Nación, 2 de marzo de 2010, http://www.lanacion.cl/-el-descontento-va-a-seguir-y-la-unica-via-sera-robar/noticias/2010-03-03/010422.html.
  7. Rotos se denomina en Chile a los pobres.
  8. Ariel Dorfman, «El terremoto y el desafío de otro Chile», El País, 3 de marzo de 2010, http://www.elpais.com/articulo/opinion/terremoto/desafio/Chile/elpepiopi/20100303elpepiopi_4/Tes.
  9. Mario Garcés, «Terremoto natural y terremoto social en Chile», El Clarín, 3 de mayo de 2010, http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=20329&Itemid=48.
  10. Ver mi artículo «El Otro Chile: Tras los sones de Víctor Jara», en http://www.ircamericas.org/esp/6294.
  11. «Reconstrucción solidaria por sujetos autónomos», informe de la asamblea del 2 de marzo, Santiago, Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.
  12. El Ciudadano, 4 de marzo de 2010, http://www.elciudadano.cl/2010/03/04/santiago-organizaciones-populares-y-sociales-se-reunen-en-la-fech/#more-19193.
  13. «Exigen que el estado resguarde a los ciudadanos afectados por la mala calidad de los inmuebles», El Clarín, 4 de marzo de 2010, http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=20343&Itemid=45.
  14. Gabriel Salazar, «El descontento va a seguir y la única vía será robar», entrevista en La Nación, 2 de marzo de 2010, http://www.lanacion.cl/-el-descontento-va-a-seguir-y-la-unica-via-sera-robar/noticias/2010-03-03/010422.html.

Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el «Informe Mensual de Zibechi» para el Programa de las Américas (www.ircamericas.org).

Para usar este artículo, favor de contactar a americas@ciponline.org.

Recursos

Comunicado público de pobladores y pobladoras de Boca Sur:
http://red-latina-sin-fronteras.lacoctelera.net/post/2010/03/06/chile-comunicado-publico-pobladores-y-pobladoras-boca-sur

Para mayor información

Asegurando el Desastre en Haití:
http://www.ircamericas.org/esp/6673

Las crisis alimenticia y de salud de Haití
http://www.ircamericas.org/esp/5498

Cientos reunidos para confrontar la militarización de Latinoamérica:
http://www.ircamericas.org/esp/5625