La visita de cortesía el 12 de enero entre el entonces presidente electo Barack Obama y el presidente mexicano Felipe Calderón resultó ser más reveladora de lo que se anticipaba. La declaración del secretario de Prensa, Robert Gibbs, dejó claro que la intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no quedará entre meras promesas de campaña.

Manifestación en contra del TLCAN en México. Foto: http://mexfiles.net/.

Dijo Gibbs: "(El presidente-electo Obama) expresó que su compromiso sigue en pie para mejorar el TLCAN fortaleciendo las estipulaciones laborales y ambientales para reflejar los valores compartidos ampliamente en ambos países, y propuso la creación de un grupo consultivo para trabajar en una serie de asuntos que son importantes para Estados Unidos y México, incluyendo el TLCAN, la energía y la infraestructura".

El compromiso de Obama de renegociar el tratado viene tras un cambio perceptible en la opinión pública. Una encuesta nacional de Rasmussen de junio de 2008 mostró que 56 por ciento de la población estadounidense está a favor de la renegociación. Los ataques al TLCAN durante las campañas probaron que las demandas para revisar el modelo de libre comercio han llegado a una masa crítica en Estados Unidos y la crisis económica ha dado más envergadura a esas demandas.

¿Qué se puede esperar de Obama?

Obama está lejos de ser un opositor al sistema neoliberal en sí; sin embargo, el fracaso del sistema y las medidas anti-crisis ponen en entredicho la fe ciega de antaño. El colapso del sector financiero implica la necesidad de una estrategia de reconversión para "la economía real"; es decir, para la capacidad productiva de Estados Unidos. Ello va a exigir darle un vistazo crítico al TLCAN.

Por otro lado, los consejeros económicos de Obama encabezados por Larry Summers y el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, así como la selección de Ron Kirk,—un ex alcalde de Dallas quien nombró su ciudad "la capital del TLCAN"—como representante de Comercio de Estados Unidos, parecen indicar un compromiso de apego al status quo en materia de comercio. Hilda Solis, la secretaria de Trabajo, es la única voz que ha sido crítica del neoliberalismo. Como representante de comunidades latinas, ella también comprende la necesidad de lograr que el TLCAN sea justo para los trabajadores mexicanos.

Ahora la pregunta es ¿cómo quiere renegociar?

Es posible que Obama sólo busque aplicar las medidas establecidas en la plataforma del Partido Demócrata sobre el comercio, lo cual implicaría meter los acuerdos laborales y ambientales en el texto del TLCAN, añadir los estándares básicos de la Organización Mundial del Trabajo y crear un programa más amplio en Estados Unidos para ayudar a los que han perdido su trabajo. Obama apoyó el tratado de libre comercio entre su país y Perú, el cual fue modificado de esta forma.

Por otra parte, Obama ha hablado del problema de las importaciones en el campo mexicano pero no en el contexto concreto de la renegociación.

Sin embargo, con la crisis económica se han puesto sobre la mesa nuevos temas, previamente intocables: mayores controles, vigilancia y reglamentación de las empresas trasnacionales; más espacio para un papel activo del Estado en la economía; la necesidad de protección a sectores vulnerables y estratégicos, y políticas de fomento. Estos cambios contradicen el espíritu y en muchos casos la letra de los tratados de libre comercio y destacan la incapacidad del mercado para resolver la crisis que causó.

Revisar y rehacer: Los ciudadanos se organizan para la renegociación. En los tres países existen grandes sectores de la población que exigen y se movilizan para modificar el tratado. En Canadá crece la demanda para proteger los recursos naturales de las cláusulas predatorias del TLCAN. Las encuestas en la población general muestran que 61 por ciento está a favor de la renegociación.

En México, después de dos grandes movilizaciones campesinas para exigir la renegociación (enero de 2003 y 2008), se preparan más actividades frente a la crisis provocada por la última fase de apertura el año pasado. En medio del colapso de la producción lechera frente a las importaciones, las organizaciones de productores agrícolas demandan la protección de alimentos básicos; piden que éstos salgan del acuerdo comercial.

Para Estados Unidos se presenta un panorama complicado para la renegociación porque la oposición al TLCAN se divide en un sector que culpa a México por la erosión de la economía y el empleo, y otro que ubica el problema en la globalización de la producción y los mercados que privilegia a las grandes empresas. Las prioridades ampliamente compartidas para la renegociación son:

  • Eliminar el Capítulo 11.
  • Eliminar la cláusula de proporcionalidad de energía entre Estados Unidos y Canadá y excluir la comercialización del agua.
  • Sacar del TLCAN los alimentos básicos para asegurar el acceso a ellos y garantizar su calidad y para conservar el trabajo rural.
  • Permitir que los gobiernos recuperen las herramientas de desarrollo y de política social que han sido suprimidas por las reglas de competencia, y
  • Darle fin a la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN).

Para los sectores que se oponen a la desigualdad del neoliberalismo, éste es el momento para activar vigorosamente las campañas trinacionales en pro de la renegociación del TLCAN y de imponer una moratoria en nuevos acuerdos de libre comercio. Ésta es una oportunidad histórica para cambiar el rumbo en la crisis.