Las épocas de crisis demandan un liderazgo audaz y soluciones innovadoras; revelan la necesidad de abandonar paradigmas fracasados y unir a la gente en la creación de otros nuevos.

Harper, Calderón, y Obama ala Cumbre de Líderes de América del Norte. Foto: EFE.

Más sucedió exactamente lo contrario cuando los dirigentes de Canadá, México y Estados Unidos se reunieron en la Cumbre de Líderes de América del Norte en Guadalajara del 9 y 10 de agosto. Antes que liderazgo, los Presidentes Calderón y Obama y el Primer Ministro Harper demostraron una propensión a las generalidades, a la evasión de conflictos y a las recetas de un pasado desacreditado.

Ante las profundas crisis económicas, ambientales, de salud y de seguridad, nuestros jefes de estado volvieron a probar que América del Norte no existe como un bloque unido, al juguetear con los problemas que comparten. Los dirigentes de E.U. y Canadá usaron el foro para reafirmar que su prioridad son sus propias políticas nacionales, mientras un México acosado apenas recibió más que declaraciones de apoyo a la vacilante guerra de Calderón contra el tráfico de drogas. La falta de propuestas y acuerdos regionales provocaron dudas sobre el propósito de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN) del TLCAN. Los líderes no mencionaron siquiera el pacto ejecutivo que había lanzado estas reuniones cumbre.

Las cumbres como éstas a menudo son una muestra simbólica de unidad en tanto que el trabajo real se realiza a niveles menores, por debajo del radar accesible al público. No tienden a producir muchos resultados concretos, "de disponibilidad inmediata". Empero no existe excusa para la superficialidad y las contradicciones de la Cumbre de Guadalajara. Dada la situación crítica de la región, esta cumbre debió haber tomado el toro por los cuernos. Las poblaciones de los tres países necesitan resultados concretos de sus gobiernos… y de aplicación inmediata.

Las organizaciones de la sociedad civil de las tres naciones llevan ya tiempo clamando que las prácticas del TLCAN-ASPAN no representan sus intereses. Estas protestas suelen intensificarse y suavizarse dependiendo del calendario de las Cumbres.

Si examinamos cuatro situaciones clave, cómo respondieron a ellas los dirigentes y cómo podrían haber respondido, podremos tener una mejor idea de lo que resultó equivocado y de lo que una agenda más sostenida de la sociedad civil para la integración regional podría incluir.

1. La crisis y la renegociación del TLCAN

La crisis económica iniciada en Estados Unidos afectó gravemente a sus vecinos. Para el gobierno mexicano, es la peor crisis de los últimos treinta años: México encara este año una contracción del 7% en su economía; 600,000 trabajadores perdieron sus empleos en el sector formal; los salarios reales cayeron; se recortaron los fondos de programas sociales y la deuda externa subió. La combinación de un menor ingreso petrolero y menor demanda de petróleo de E.U. más otros factores golpeó más duramente a los pobres, agravando los índices de pobreza.

La declaración conjunta de la Cumbre considera de dientes para afuera la volátil situación de México al afirmar: "En colaboración, aceleraremos la recuperación y creación de empleos, y construiremos una base fuerte para la prosperidad a largo plazo." Desvía la cuestión a la reunión de los G-20 en Pittsburgh, dominada por naciones prósperas, e ignora las obligaciones regionales. Hace un llamado para una intervención más fuerte de las instituciones financieras internacionales, sobre todo el Banco Interamericano de Desarrollo, ignora de nuevo las exigencias de que se reformen dichas instituciones para que representen en mayor grado a los países en desarrollo y proporcionen créditos incondicionales y sostenibles en la crisis.

En cambio los tres dirigentes hacen hincapié en continuar la desregulación de las empresas y en rechazar "el proteccionismo", sin establecer la función de los gobiernos, en un momento en que Estados Unidos inyectan fondos públicos en cantidades sin precedentes en el sector privado. La declaración llama a proteger más sólidamente la propiedad intelectual, confirmando el papel de México como responsable de los pagos netos mientras su gobierno impone recortes inducidos por la crisis a la educación y a la investigación y desarrollo.

Una estrategia trilateral responsable ante la crisis pudo haber incluido los puntos siguientes:

  • Una revisión total realizada por cada país con contribuciones de la sociedad civil, del impacto integral del TLCAN, como un paso preparativo para su renegociación. Antes de la Cumbre, Obama declaró que la renegociación no sería parte de la agenda, no obstante sus promesas de campaña de que lo renegociaría. Aunque en Estados Unidos el sentido de oportunidad política es importante y comprensible, puede comenzarse de inmediato una revisión del TLCAN que arroje información para un compromiso de renegociar en el futuro. Hasta la fecha, las revisiones mínimas se han concentrado solo en los flujos de comercio e inversiones, ignorando los impactos sociales y ambientales y negando el paso a participación alguna de la sociedad civil. El efecto del capítulo agropecuario sobre los agricultores mexicanos debe ser un punto medular de esta revisión.
  • Establecimiento de un fondo trilateral de respuesta a la crisis. Este fondo podría estar dirigido a sectores y regiones donde la crisis ha tenido sus efectos más graves y a México, cuyo gobierno tiene poca capacidad presupuestal para restaurar su economía. Los fondos podrían transferirse de la ayuda escandalosamente destinada a la seguridad y que en este momento fluye principalmente de contratistas de defensa y empresas de seguridad privada estadounidenses, y concentrarse en las regiones de México que son foco de emigración, así como en soluciones duraderas que desarrollen capacidades en educación e investigación.

2. La guerra contra el narcotráfico

La guerra mexicana contra el narco se encuentra en su tercer año, y la Iniciativa Mérida elaborada por E.U. se somete a examen para su último año de obtención de fondos conforme al paquete de tres años propuesto por la administración Bush y autorizado por el Congreso estadounidense. Obama aprovechó la Cumbre para anunciar su apoyo continuo a la Iniciativa y expresar su "gran confianza en que la administración del Presidente Calderón aplicará las técnicas de cumplimiento de la ley necesarias para controlar el poder de los cárteles, pero de manera que sea congruente con los derechos humanos." Canadá también confirmó su respaldo.

La declaración de Obama responde a la preocupación por las violaciones de derechos humanos en la guerra mexicana antidrogas que condujo a la negativa de la oficina del Senador Leahy a aceptar un informe del Departamento de Estado y por ende aprobar el 15 por ciento de parte de los fondos de la Iniciativa Mérida retenidos y condicionados a que se respeten los derechos humanos.

Esto no es falta de iniciativa: es una irresponsable repetición de errores pasados. Entre los resultados de la guerra antinarco de Calderón y de la Iniciativa Mérida de E.U. se cuentan la presencia de 45,000 soldados del Ejército Mexicano en las calles de comunidades mexicanas; un salto a seis veces la cantidad de violaciones de derechos humanos cometidas por el Ejército; 12,300 homicidios relacionados con drogas, y ninguna reducción medible en el flujo de drogas ilegales al mercado estadounidense. Los cárteles se hallan trabados en violentas guerras por el territorio y ocupados en un proceso de reorganización a consecuencia de los arrestos, pero la detención del flujo de drogas en realidad cayó a la mitad entre 2007 y 2008 de acuerdo con el Informe para 2009 de la Estrategia de Control de Narcóticos de E.U. Según encuestas, los ciudadanos mexicanos están perdiendo la fe  en la estrategia, la que parece no tener fin.

Los compromisos trinacionales debieron incluir:

  • Un examen crítico de los resultados de la Iniciativa Mérida y un compromiso de estructurar un enfoque de ayuda a México integral y orientado hacia la paz que dé alta prioridad a los derechos humanos en la lucha contra el crimen organizado. No deberían autorizarse más fondos, sean de E.U. o de Canadá, hasta que este examen/revisión se haya realizado.
  • Un examen total de las alternativas que incluya un enfoque orientado a la salud para el tratamiento de la drogadicción y la disminución del consumo, la legalización y regulación selectivas para eliminar los incentivos económicos al crimen organizado, y la cooperación entre servicios de inteligencia concentrada en sus actividades criminales y en sus estructuras financieras. Si bien Obama hizo énfasis en la corresponsabilidad, la reducción de la demanda en Estados Unidos ha sufrido un recorte proporcional de fondos en lo que va de su administración.

3. La pandemia de influenza porcina

América del Norte tiene ante el mundo la responsabilidad de llegar al fondo de lo que sucedió con la pandemia de la llamada influenza porcina. El virus H1N1 se manifestó por primera vez en una comunidad de México llamada La Gloria, y pronto ganó el apodo de la influenza del TLCAN ya que esta comunidad se localiza junto a una granja porcícola Smithfields que se trasladó allí después de que el Tratado entró en vigor, y porque el virus se extendió debido al movimiento de cerdos y de mano de obra dentro de la región. No ha habido ninguna investigación independiente que haya considerado esta relación.

La "Declaración sobre el H1N1" de la Cumbre repitió lugares comunes sobre cooperación y un compromiso de "informar acerca de futuras decisiones de salud pública que incluirán intervenciones no farmacéuticas y mediante vacunas y antivirales"; es decir, soluciones que en su mayor parte enriquecerán a las compañías farmacéuticas. La declaración no se refirió a ningún financiamiento específico para la investigación o prevención, ni abordó el mayor riesgo a que están expuestas las poblaciones pobres y las mujeres.

Los tres gobiernos presentaron la respuesta a la influenza porcina como "un triunfo de la ASPAN". En la realidad la respuesta a la crisis se demoró casi una semana. La ASPAN nunca suministró al socio más vulnerable, México, la capacidad para analizar virus. En cambio, las muestras fueron enviadas para su análisis al Centro de Control de Enfermedades, en donde el proceso se retardó agravando el retraso con que las autoridades mexicanas reportaron el brote de la enfermedad en La Gloria.

Al mantener el énfasis en "el flujo transfronterizo de personas, servicios y cargamento durante una grave pandemia mientras nos esforzamos en proteger a nuestros ciudadanos", la ASPAN cometió el error de otorgar prioridad al comercio y la inversión por encima de las necesarias medidas de prevención y transferencia de tecnología. Como informó la prensa, funcionarios mexicanos admitieron que la estrategia trilateral para enfrentar la pandemia de influenza no incluye obligación alguna de parte de E.U. y Canadá para ayudar a México, a pesar de que éste fue el país gravemente atacado y padece un sistema de salud seriamente deficiente.

La respuesta de dirigentes fuertes a la epidemia de influenza porcina debió incluir las medidas siguientes:

  • La creación de una comisión científica trinacional para investigar los orígenes del brote concentrándose en su núcleo fundamental: el descubrimiento del virus en La Gloria. Dicha comisión exigiría un análisis independiente de los cerdos de la granja y sus condiciones de higiene. Aunque los países del TLCAN perdieron intencionalmente esta oportunidad con el primer brote del virus y por ende pueden no ser capaces de establecer una relación de causa y efecto habiendo pasado el hecho, la Comisión debía incluir una valoración científica de las posibilidades que existen en este tipo de negocios agropecuarios de que se incuben virus nuevos e incluso más letales.
  • Requerir a la Comisión de Cooperación Ambiental del TLCAN la elaboración de un informe posterior a la investigación de las condiciones ambientales en la granja porcícola Smithfield-Carroll y otros productores industriales de carne, y la relación entre el TLCAN y la elevación de los riesgos ambientales causados por la ubicación de estos negocios en México, donde la legislación ambiental y su cumplimiento son más débiles.
  • La declaración del compromiso de establecer un Centro de Análisis Viral en México totalmente financiado y equipado, que incluya transferencia irrestricta de tecnología y las licencias para la producción para el público de las vacunas y antivirales necesarios en una emergencia sanitaria, como se espera en la temporada de invierno.

4. Migrantes

Durante la Cumbre, el Presidente Obama dijo a la prensa que a fines de este año su administración elaborará legislación bajo la dirección de la Secretaria de Seguridad Nacional (Homeland Security) Janet Napolitano, para someterla a aprobación a principios de 2010. Declaró: "en este momento tengo las manos llenas", relacionando las prioridades de las reformas energéticas y al sistema de salud.

Se entiende que se busque la oportunidad política, mas no así el énfasis que pone Obama en seguir construyendo sobre el actual sistema disfuncional mientras se esperan sus reformas. Hoy por hoy, los temas de detenciones de inmigrantes, redadas, violaciones de derechos humanos, el muro fronterizo, la exigencia de visa para todos los mexicanos de parte de Canadá y la campaña persecutoria en la frontera México-Estados Unidos forman parte del problema de la inmigración tanto como las reformas. Calderón se abstuvo de ventilar estos temas al igual que Obama. Nunca se mencionó la aportación del TLCAN al enorme aumento de inmigrantes de México durante los últimos quince años, ni del efecto de la crisis económica sobre la migración y las remesas.

Calderón sostuvo que la clave para crear empleos y mantener los posibles migrantes en la nación es la inversión desde Estados Unidos y Canadá, como si los últimos quince años de niveles récord de inversiones y de emigración no nos hubieran enseñado nada sobre los peligros de dejar los flujos de mano de obra a las fuerzas del mercado.

El Primer Ministro confirmo el hecho de que cuando se trata del libre tránsito de personas, la integración del TLCAN se queda corta. Declaró que no eliminaría el nuevo requerimiento de visa para los mexicanos, y echó la responsabilidad sobre el Parlamento por no haber reformado un sistema de refugiados que ha recibido "demasiadas" solicitudes de mexicanos.

Propuestas que fueran auténticas debieron haber incluido:

  • El compromiso de los gobiernos de E.U. y Canadá de financiar un fondo para la creación de empleos en las comunidades de donde parten migrantes a fin de detener el flujo de la emigración y contribuir al desarrollo local. Lo anterior costaría una fracción de lo que Estados Unidos gasta en hacer cumplir las leyes de inmigración, y, de nuevo, podría derivarse del financiamiento actual para la desastrosa estrategia antidrogas.
  • Canadá anuncia un plazo para eliminar el requerimiento de visas a ciudadanos mexicanos. Aunque los jefes de estado reafirmen un compromiso hacia una integración más completa, la imposición del oneroso requisito de una visa sobre todos los ciudadanos mexicanos para filtrar las solicitudes de asilo, contradice tal compromiso. Canadá debe desarrollar procesos de selección dentro del sistema de refugiados y hacerse cargo de las razones legítimas detrás del aumento de solicitudes de asilo por mexicanos, entre ellas amenazas de represalias violentas del crimen organizado, creación de refugiados económicos por el desplazamiento de empleos debido al TLCAN, violencia interna contra la mujer, y creación de refugiados de desastres ambientales.

Organizaciones de estas tres naciones se han quejado desde hace tiempo de que la administración Bush planificó la ASPAN como un foro para una renovada ofensiva corporativa contra las legislaciones e intereses nacionales, y como zona de estacionamiento para una expansión militar y de inteligencia de Estados Unidos, de manera opaca y sin ninguna participación ciudadana.

Riesgos Integrados

Al cabo de quince años, en lugar de una región unida por intereses comunes, el TLCAN-ASPAN ha creado una región de riesgos integrados más que de gestión de riesgos. La cooperación regional debe encontrar formas de satisfacer los intereses nacionales e internos en creciente conflicto, a través de incorporar a ella a todas las partes interesadas. Tal como existen ahora, el TLCAN y la ASPAN excluyen oficialmente todos los intereses que no sean comerciales y de seguridad. Como Obama ha observado repetidamente, la mano de obra subordinada y los acuerdos colaterales no mitigan ese hecho fundamental.

Si América del Norte funcionara realmente como un bloque en el mercado internacional, o incluso como una región de desafíos compartidos, los tres jefes de estado habrían atacado los problemas aquí expuestos, en vez de apaciguarlos a base de retórica.

Si los tres dirigentes no tienen la voluntad de producir los resultados substanciales y públicamente anunciados a partir del proceso de la ASPAN—o como quiera que ahora elijan denominar las reuniones cumbre—quienes paguen impuestos en Estados Unidos, Canadá y México deben exigir un alto a las costosas reuniones cumbre hasta que se haya establecido una nueva estructura que tome en cuenta los diversos intereses de las poblaciones y ataquen los problemas y situaciones con firmeza, justicia y transparencia.

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