El 29 de octubre, el régimen de facto hondureño finalmente aceptó permitir que el Congreso vote sobre "retrotraer todo el poder ejecutivo previo al 28 de junio (de 2009)". Cediendo ante la presión internacional y nacional, el régimen golpista hondureño parece enfrentar sus últimos días.

Fue hace cuatro meses cuando las Fuerzas Armadas secuestraron al presidente electo Manuel Zelaya y lo forzaron a exiliarse en Costa Rica. De mantenerse firme el acuerdo alcanzado esta semana, el movimiento de resistencia hondureño habrá convertido el terrible precedente de un golpe militar en un ejemplo de lo que puede la fuerza de la resistencia popular no violenta.

La Victoria

Los puntos del acuerdo son prácticamente los mismos que los golpistas habían rechazado desde el inicio de las pláticas en San José, Costa Rica. Para la semana pasada se había alcanzado un entendimiento sobre todos los puntos salvo la restitución de Zelaya.

Aunque la decisión de restituir a Zelaya en el poder debe esperar a una opinión no vinculante de la Suprema Corte y ser luego aprobada en el Congreso, parece ser un trato ya cerrado. Según informes, la delegación de Zelaya tenía el apoyo de los miembros del Partido Unificación Democrática, unos 20 miembros del Partido Liberal y, a últimas fechas y según reportes, el respaldo del Partido Nacional, para revocar el decreto que se emitió para justificar su remoción, el cual fue originalmente acompañado de una carta de renuncia falsa que de inmediato fue denunciada como tal.

El Presidente Zelaya expresó su "satisfacción" por el acuerdo. Su equipo de negociadores había aceptado mucho antes los términos de los acuerdos revisados de San José, y las negociaciones se habían estancado por la negativa del régimen golpista a permitir la restitución del presidente. Los términos son:

  1. Conformar un Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional integrado por representantes de los diversos partidos políticos y organizaciones sociales;
  2. Abstener de hacer llamamientos de convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente y renunciar a promover o apoyar cualquier consulta popular con el fin de reformar la Constitución;
  3. Llamar a que el pueblo hondureño participe en las elecciones generales , evitar manifestaciones que se opongan a las elecciones; instar al Tribunal Supremo Electoral a que acredite misiones de observación internacional;
  4. Que las Fuerzas Armadas queden a disposición del Tribunal Supremo Electoral desde un mes antes de las elecciones;
  5. Que el Congreso Nacional, en consulta con las instancias que considere pertinente como la Corte Suprema de Justicias, resuelva en respecto a "retornar la titularidad del Poder ejecutivo a su estado previo al 28 de junio hasta la conclusión del actual periodo gubernamental, el 27 de enero de 2010."
  6. Crear una Comisión de Verificación, coordinado por la Organización de Estados Americanos, y una Comisión de la Verdad.
  7. Al comprometerse a cumplir los compromisos asumidos en el Acuerdo, solicitar la inmediata revocatoria de medidas y sanciones contra Honduras.

El jueves por la noche, el dirigente del régimen de facto, Roberto Micheletti, señaló en una declaración: "Me complace anunciar que hace unos minutos autoricé a mi equipo negociador a firmar un acuerdo que marque el inicio del final de la situación política del país."

Micheletti afirmó que "el aceptar esta propuesta representa una concesión significante por parte de este gobierno." En la última ronda de pláticas, había insistido en que fuera la Suprema Corte la que decidirá la cuestión de la restitución; añadió: "Pero entendemos que nuestro pueblo nos exige dar vuelta a la página de nuestra historia en estos momentos difíciles. Por esa razón, he decidido apoyar esta nueva propuesta para lograr un acuerdo definitivo a la brevedad posible."

Pocos saben qué palabras mágicas se pronunciaron para cambiar la opinión de uno de los dictadores más obstinados de la historia reciente; aunque probablemente salieron de boca de Tom Shannon.

Durante meses, ambas partes señalaron que el gobierno de Estados Unidos es la única entidad con el poder de romper el impasse por la dependencia que tiene Honduras de E.U. en lo económico y militar. En conferencia de prensa realizada en Tegucigalpa poco antes del acuerdo, Shannon confirmó explícitamente que la dificultad estribaba en "la voluntad política" (la renuencia del régimen golpista a aceptar la restitución de Zelaya) y que el gobierno de E.U. estaba allí para inducir esa voluntad política.

"Desde nuestro punto de vista, el trato está sobre la mesa. En realidad no es cuestión de redactar un proyecto o dar forma a un párrafo. Es realmente una cuestión de voluntad política. Y por eso era tan importante, creo, que nosotros viniéramos a Honduras en este momento para dejar claro a todos los hondureños que creemos que la voluntad política que desplieguen y expresen los dirigentes hondureños debe respetar la vocación democrática del pueblo hondureño y las aspiraciones democráticas del pueblo hondureño, y el deseo de Honduras de regresar a una comunidad democrática más amplia en las Américas… Y por eso es que vinimos, para subrayar nuestro interés en asegurar que haya la voluntad política para cerrar un trato."

Como "zanahorias" (o como "palos") en las negociaciones, Shannon mencionó la legitimación de las elecciones y el acceso futuro a ayuda para el desarrollo de las instituciones financieras internacionales:

"…Un acuerdo dentro del diálogo nacional abre un gran espacio para que los miembros de la comunidad internacional asistan a Honduras en este proceso electoral, para que observen las elecciones, y tener un proceso pacífico y que produzca un liderazgo que sea ampliamente reconocido como legítimo en todo el hemisferio. Esto será importante para crear un camino para que Honduras se reintegre a la comunidad interamericana, no sólo (dentro de) la OEA, sino también el Banco Interamericano de Desarrollo y sus demás instituciones, y para dar acceso a financiamiento para el desarrollo a través de las instituciones financieras internacionales."

Funcionó. Por lo menos en las etapas formales, y ahora el mundo espera la puesta en práctica. El Departamento de Estado entro en un estado de ánimo festivo tras el éxito de la delegación de alto nivel formada por Shannon, Craig Kelly y el representante del CNS para el Hemisferio Occidental Dan Restrepo. La Secretaria de Estado Hillary Clinton convocó a una conferencia de prensa especial desde Islamabad, para anunciar el "avance decisivo en las negociaciones" en Honduras:

"Quiero felicitar al pueblo de Honduras así como al Presidente Zelaya y al Sr. Micheletti por alcanzar un acuerdo histórico. También felicito al Presidente costarricense Oscar Arias por el importante papel que desempeñó en conformar el proceso de San José, y a la OEA por su papel de facilitador de la exitosa ronda de pláticas…

"No puedo pensar en ningún otro país de América Latina que habiendo sufrido una ruptura de su orden democrático y constitucional, haya superado una crisis tal a través de la negociación y el diálogo.

"Este es un gran paso adelante para el sistema interamericano y su compromiso con la democracia como está definida en la Carta Democrática Interamericana. Estoy muy orgullosa de haber sido parte del proceso, de que Estados Unidos haya contribuido al proceso. Pero más que nada estoy orgullosa del pueblo de Honduras que tanto se esforzó por resolver este asunto pacíficamente."

Los historiadores marcarán el curso del pequeño golpe que no triunfó.

Pero desde donde se encuentra esta observadora, la negociación y el diálogo desempeñaron una función menor en la aparente resolución. En última instancia, la movilización de la sociedad hondureña envió la clara señal de que no sería posible un gobierno "normal", y que una insurrección aún más extensa amenazaba a menos que el regreso a la democracia reabriera las sendas institucionales. Las presiones y sanciones internacionales tuvieron un efecto mucho mayor que los términos técnicos de un acuerdo que es vago, difícil de aplicar, y contencioso. En este contexto, los retos que se avecinan son enormes.

Los Desafíos

Si no fuera por los extraordinarios niveles de compromiso, participación y conciencia que generó la crisis democrática durante los pasados cuatro meses, los desafíos que enfrenta ahora la sociedad hondureña serían fácilmente considerados imposibles para cualquier democracia. Entre ellos:

1. Restaurar el orden constitucional, dentro de la presidencia, el nuevo gabinete y las instituciones del Estado.

Esta tarea es gigantesca. Zelaya no puede limitarse a entrar al palacio presidencial y asumir que la sociedad regresará a las circunstancias previas al golpe. En términos del acuerdo, debe formar un nuevo gabinete con inclusión de partidarios del golpe. La ira es todavía mucha, y la empresa será controvertida y delicada. Debe examinar el daño infligido a las arcas nacionales durante el régimen golpista. Debe restablecer una relación con las Fuerzas Armadas y demás ramas del gobierno. Muchas instituciones sufrieron purgas de personal y deben restablecerse y funcionar de tal manera que recuperen legitimidad.

2. Organizar elecciones para el 29 de noviembre o para una fecha posterior convenida.

No cambiar la fecha original, dejará menos de un mes para celebrar las elecciones nacionales. Imagínese una nación que avance desde el colapso total de su sistema e instituciones democráticos, hasta campañas, hasta elecciones en menos de treinta días. Los candidatos anti golpistas se habían retirado, otras campañas habían enfrentado protestas continuas, y ahora la mera logística de la organización de elecciones plantea serios problemas.

El cronograma es crítico para el proceso. Zelaya declaró a la Agence France Press (AFP) que hoy se discute este cronograma y resaltó una inquietud que ha ido creciendo entre las organizaciones internacionales y el público hondureño: si la restitución presidencial y el retorno al orden democrático no suceden inmediatamente, las elecciones programadas para el 29 de noviembre se hallarán en riesgo. Su regreso, hizo notar, "tiene que ser mucho antes de las elecciones para poder validarlas."

De hecho, pese al avance que significaría la restitución, la legitimidad de las elecciones ya está en riesgo. A los hondureños les preocupa que si el proceso de restitución se prolonga como sucedió con las negociaciones, podrían encontrarse en medio de una farsa electoral. Aun si todo avanza sin tropiezos, nada resultará fácil ni "normal" en el proceso electoral. La Organización de las Naciones Unidas y de los Estados Americanos, y la Unión Europea habían anunciado que no enviarían observadores electorales a unas elecciones patrocinadas por los golpistas, e hicieron notar también las dificultades logísticas de organizar equipos eficaces con tan poca antelación. Ahora la OEA ha indicado que intentará lograrlo pero la logística continúa siendo un problema. La Unión Europea indicó que le requeriría seis semanas mínimo para organizar una misión electoral y que ya no podría hacerlo.

La ley hondureña prevé un período de campaña electoral de tres meses antes de la votación. Incluso la terminación inmediata de graves violaciones de derechos humanos—muchos de los cuales son esenciales para unas elecciones justas y libres, como la libertad de expresión, de prensa y de asociación—dejará heridas y rupturas. Mientras por un lado se hacían esfuerzos por sacar el acuerdo, las fuerzas de seguridad atacaban una marcha pacífica que ya contaba con todos los permisos exigidos por el gobierno de facto para manifestarse legalmente.

3. Continuar avanzando hacia un voto para celebrar una Asamblea Constituyente.

Esta demanda no desaparecerá aunque entre Zelaya y Micheletti haya el acuerdo de no promoverla en este periodo. Este punto en los acuerdos hizo que Juan Barahona, dirigente del Frente Nacional de Resistencia al Golpe, renunciara a la delegación zelayista, porque para el movimiento se ha vuelto medular no solamente restaurar, sino expandir la democracia hondureña.

La Asamblea Constituyente aparece ahora como más necesaria que nunca; serviría para reparar las contradicciones en la Constitución actual que los conspiradores golpistas aprovecharon para romper el orden democrática y canalizar las demandas legítimas de organizaciones campesinas, de pueblos indígenas, de pobres urbanos, femeninas, juveniles y otras. Desde el despertar de los sectores populares en resistencia al golpe, ya no es posible concebir una sociedad libre y estable sin proceder a una Asamblea Constituyente.

Además de estos desafíos inmediatos, será fundamental dar seguimiento a los recursos legales y nuevos recursos respecto a la violación de derechos humanos por parte del régimen de facto. La impunidad histórica en el país fue un factor importante en hacer posible un golpe de estado y contribuyó a las violaciones de derechos humanos recientes.

Definir Posiciones, Apremiante

Zelaya se apresuró a señalar la permanencia de obstáculos. "Es un primer paso para concretar mi restitución que tendrá que sufrir varios momentos. Yo soy un optimista moderado", dijo a la AFP desde la Embajada brasileña, donde ha estado refugiado desde el 21 de septiembre.

Lo probable es que pronto se vote para la restitución del Presidente Zelaya. Los correos electrónicos de los grupos de internet hondureños que han formado una comunidad virtual para debatir y condenar el golpe militar en su país, demuestran ahora una diversidad de sentimientos, desde el júbilo hasta el franco escepticismo. Las elecciones plantean un desafío enorme para las fuerzas anti golpistas ya que dentro del Frente Nacional de Resistencia juegan y se expresan una extensa gama de opiniones.

Hoy los hondureños y las hondureñas avanzan a la siguiente fase de una larga lucha para reconstruir y ampliar la democracia. En el corto plazo, tienen que organizar elecciones justas y libres; en el mediano plazo tienen que enfrentar aspectos críticos de expandir los derechos democráticos y la participación más allá de las elecciones y del sistema de representación. Deben encontrar maneras de sanar las profundas heridas y confrontar una crisis política y económica que está lejos de haber terminado.

Si el régimen golpista cae finalmente y Zelaya es restituido al poder, la sociedad hondureña y la comunidad internacional se anotarán una victoria histórica. Empero, debe recordarse que la victoria es defensiva: marca el haber hecho retroceder fuerzas antidemocráticas en una nación pequeña pero determinada.

Esas fuerzas no desistirán, ya sea en Honduras o en otros sitios donde la democracia es vulnerable y los intereses nefastos son fuertes. Hasta que la democracia en su sentido más pleno—participativa y comprometida con la no violencia—gane terreno, el mundo podría hallarse estancado en prolongadas batallas defensivas en lugar de poder avanzar eficazmente hacia democracias equitativas y sólidas en donde este tipo de ataques al estado de derecho ya no puedan ocurrir.