Covid-19: El inconcebible impacto en la primera economía del mundo

By  |  2 / junio / 2020

Print Friendly, PDF & Email

Desde que el 31 de diciembre pasado el gobierno chino notificó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que estaba lidiando con una neumonía de origen desconocido, focalizada en la ciudad de Wuhan, la vertiginosa expansión del Covid-19 sobre la faz de la Tierra ha dejado, detrás de su sigiloso andar, una crisis humanitaria y económica sin precedentes.

Los efectos de las medidas de confinamiento y suspensión de actividades que han debido adoptar los países serán peores que los de la crisis de 1929. Según las Naciones Unidas, su impacto en la actividad económica, el incremento de la pobreza y el aumento de la violencia tendrán consecuencias catastróficas y la recuperación llevará años. En la historia mundial, probablemente este período será recordado como la gran recesión de 2020 y marcará no solo cambios de tendencia en las formas de producción y de su relación con el medio ambiente, sino en nuevas formas de relacionamiento laboral y social.

En términos relativos, ningún país habrá sido tan golpeado como Estados Unidos. La primera potencia del mundo concentra un tercio de los contagios y más de un cuarto de las muertes a nivel global. En apenas dos meses, se han perdido 38 millones de empleos. Salvo Brasil, o países de muy bajos ingresos medios, ningún gobierno ha tenido un manejo tan deplorable de la pandemia.

Es solo un virus chino

Las celebraciones del nuevo año en occidente convirtieron los acontecimientos en la lejana Wuhan en noticia de ayer, como diría Héctor Lavoe. Sin embargo, para la OMS, la notificación del gobierno chino no pasó inadvertida. Tampoco para los funcionarios norteamericanos en ese organismo ni para su poderoso servicio de inteligencia.

El 30 de enero, cuando se habían presentado 83 casos sin víctimas mortales en 18 países fuera de China, la OMS decretó el Covid-19 como epidemia internacional y advirtió que el virus podría tener graves consecuencias. Si bien ya se habían presentado casos en Francia, Estados Unidos y Australia, Occidente siguió mirándolo como si se tratase de una serie de Netflix.

Los esfuerzos de China por contener su expansión mediante drásticas cuarentenas, que se extendieron a 17 ciudades y confinaron a 50 millones de habitantes, el cierre del transporte público y de aeropuertos, fuertes castigos a quienes infringieran las normas y la vertiginosa construcción de hospitales en Wuhan, recibieron elogios del presidente Trump. En su cuenta de Twitter, el 24 de enero escribió «China ha estado trabajando muy duro para contener el coronavirus. Estados Unidos aprecia mucho sus esfuerzos y transparencia. Todo funcionará bien. En particular, en nombre del pueblo estadounidense, ¡quiero agradecer al presidente Xi!”[i]. Días antes, el 15 de enero, ambos gobiernos habían suscrito el Acuerdo Comercial ‘Fase Uno’, por el que, entre otros, China aumentaría la compra de productos agrícolas norteamericanos. El arreglo puso fin a una tensión de 18 meses que afectó el crecimiento de ambos países, y también el global.

Cuando llueve… todo se moja

Mientras el Covid-19 se extendía por el mundo, el presidente Trump destacó en su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Congreso, el 5 de febrero, los logros de la economía norteamericana en términos de crecimiento y empleo, los récords del mercado de valores, enfatizó que no había habido un mejor momento para comenzar a vivir el sueño americano y que lo mejor estaba aún por venir. Tenía el terreno fértil para llevarse la presidencia en las elecciones de noviembre.

Desde el pedestal del exitismo económico, el presidente desoyó las insistentes advertencias de la comunidad científica norteamericana sobre la grave amenaza que representaba el Covid-19. El 13 de marzo, ante la imposibilidad de continuar minimizando la agresividad del “virus chino”, que ya había contagiado a 2200 personas, Trump declaró la emergencia nacional. Este mecanismo le permite acelerar el apoyo federal a estados y localidades que habían comenzado a combatir la enfermedad mediante medidas de distanciamiento social que afectaban a cerca de la mitad de la población del país y prácticamente habían paralizado la economía.

El 27 de marzo anunció un ingente programa de dos mil millones de dólares que fue aprobado con amplio apoyo del Congreso para ayudar a amortiguar los impactos del Covid-19 en las empresas y los ciudadanos. Dos días después aprobó recomendaciones federales de “distanciamiento social” con vigencia hasta el 30 de abril. No habían pasado ni dos meses desde que Trump advirtió que lo mejor estaba por venir. Según el FMI, el escenario optimista prevé una caída del crecimiento económico de 5,9% en 2020. Los 5 millones de nuevos empleos creados durante su mandato se han diluido en los 38 millones perdidos en solo dos meses.

La imposibilidad de frenar la pandemia

Finalizado el periodo de distanciamiento social establecido por Trump a nivel federal, la curva de contagio del virus en el país no se había aplanado, tal como sucedió en otros países desarrollados y asiáticos que ya han empezado a relajar las medidas de confinamiento. Tres factores podrían explicar el desborde de la pandemia en Estados Unidos. En primer lugar, el retraso en tomar las medidas de aislamiento físico. Así lo ha señalado el doctor Anthony Fauci, jefe del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos y una de las caras más visibles del equipo de respuesta del país a la pandemia: “Nadie negará que medidas de mitigación tempranas podrían haber salvado vidas”[ii]. Trump fue advertido recurrentemente durante enero y febrero sobre las terribles amenazas del virus por los servicios de inteligencia, pero no los escuchó.

Otro factor, de orden más bien estructural que impide disminuir la curva de contagio es la reducida cobertura del sistema de salud en Estados Unidos. En un artículo para el Instituto Roosevelt, con sede en Nueva York, el nobel de Economía Joseph Stiglitz advirtió sobre las deficiencias del modelo de salud pública de ese país y lo comparó con los de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). “Mientras que en otros países de la OCDE todo el mundo está asegurado a través de un seguro público o privado, en el 2018 más de 27 millones de estadounidenses no tenían ningún seguro, y ese número se ha incrementado”[iii]. Pero incluso para muchos que sí tienen seguros, los «copagos» que deben desembolsar son tan altos que muchos pueden desestimar la posibilidad de ir al médico. Según datos de la ONG Commonwealth Fund, más de 44 millones de personas se encuentran en este último grupo, que se define como de «seguro insuficiente».

En la comparación con la OCDE, Stiglitz afirma que la desigualdad salarial y de riqueza en Estados Unidos es mucho mayor que en otros países avanzados, al igual que las brechas de cobertura social y sanitaria, que son mucho más acentuadas y están relacionadas con las bajas remuneraciones y las prestaciones por desempleo. Advierte que estas desigualdades son más marcadas en el caso de los estadounidenses negros y de otras minorías raciales, lo cual explica el alto grado de contagio y muerte en la población afroamericana. Muchos infectados con el Covid-19 salen a trabajar porque carecen de ahorros, viven al día, no reciben pagos por enfermedad y la cobertura de sus seguros médicos es precaria. De esta manera expanden el virus. Aun así, la población hispana es la que más ha sufrido la pérdida de empleos, seguida de la población negra.

Un tercer factor que ha contribuido al descontrol de la epidemia es la falta de disponibilidad de pruebas para identificar y aislar a la población contagiada. En este punto le cabe también una enorme responsabilidad al presidente. Como es sabido, los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) rechazaron las pruebas desarrolladas por Alemania que la OMS había aprobado y distribuido a los países desde enero. El presidente Trump desconfiaba de ellas y se decidió que los CDC las produjeran a partir de la secuencia del virus que China había publicado para que los laboratorios pudieran elaborarlas. Sin embargo, la producción inicial defectuosa y las demoras burocráticas para la aprobación del uso de las que se fabricaron después dio lugar a que se perdieran semanas.

Por otro lado, a diferencia de Europa o de países asiáticos, donde las personas sospechosas de haberse contagiado se hacen el test de forma gratuita, aunque no presenten síntomas, en Estados Unidos, los CDC han determinado una lista de criterios que un paciente debe cumplir para poder acceder a uno de estos. En ese sentido, cuando Trump anunció que cualquier persona con sospechas de haberse contagiado podía hacerse una prueba, no informó que previamente debían tener una prescripción médica que solo puede ser indicada a pacientes que muestren síntomas con problemas respiratorios, fiebre, entre otros.

La persistencia de su escasez y las vacilaciones del gobierno para tomar acciones más firmes para solucionarlo hacen suponer a muchos analistas como Carlota García Encina, del Real Instituto Elcano, que “Aunque las pruebas de diagnóstico no hubieran estado defectuosas, los problemas de escasez hubieran continuado porque el gobierno ha buscado desde el principio una estrategia que perseguía una mínima realización de pruebas, consistente con el mensaje político que estaba enviando a la opinión pública de que los riesgos eran mínimos”[iv].

¿Reabrimos la economía?

A diferencia de otros países que han logrado aplanar la curva de contagios y empiezan a relajar el confinamiento, el presidente Trump alentó su apertura sin haber contenido la expansión de la pandemia. El Equipo Especial de la Casa Blanca para enfrentar el Covid-19 aconseja que el proceso debe realizarse muy lentamente y solo en localidades que han aplanado la curva durante 14 días y disponen del suficiente número de pruebas para hacer exámenes y seguimiento. Este no es el caso para la mayoría de las ciudades y estados norteamericanos.

Por esta razón, el gobierno archivó y no publicó el texto completo de las recomendaciones preparadas por el CDC para abrir la economía establecidas en el documento Guidance for Implementing the Opening Up America Again Framework al que tuvo acceso la agencia Associated Press[v]. Su presentación estaba prevista para el 1 de mayo, pero Trump lo rechazó y solo se publicó un breve resumen de carácter general. Recién el 21 de mayo, el CDC pudo hacer público el documento, en medio de tensiones con la Casa Blanca, lo que impidió que los gobernadores pudieran tener conocimiento cabal de las recomendaciones para reabrir la economía[vi].

Asimismo, el gobierno dispone de proyecciones realizadas por los CDC –divulgadas por el New York Times– que prevén incrementos significativos de contagios y muertes si no se respetan los criterios de reapertura[vii]. A pesar de ello, Trump sostiene que “en todo el país las cifras de casos de Convid-19 están descendiendo rápidamente”. El doctor Fauci ha contradicho esta afirmación en una presentación virtual en el Senado el 12 de mayo, al señalar que el verdadero número de fallecimientos en Estados Unidos es “casi seguramente” más elevado que el recuento oficial[viii].

Con este pronóstico nada más obvio para distraer la atención de la tribuna que responsabilizar a China de la pandemia de haber manipulado el virus en un laboratorio de Wuhan. Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, lideran la campaña que planea reclamar una compensación millonaria al gobierno chino. Un discurso sin asidero, que omite las herramientas que China podría utilizar como respuesta, nada menos que en un año electoral, como no cumplir con el acuerdo de incrementar las compras agrícolas a Estados Unidos, el mayor sector afectado por la guerra comercial con China. Asimismo, podría vender los bonos del Tesoro norteamericano que tiene en su poder, o simplemente dejar de comprarlos. Las consecuencias de ambas medidas podrían erosionar su base electoral.

La Administración norteamericana está presionando a los servicios de inteligencia para que encuentren pruebas de estas teorías conspirativas, sin resultados exitosos. El director del servicio de inteligencia de Estados Unidos, Richard Grenell, ha señalado que, ante las presiones de altas autoridades del gobierno, se ve en la necesidad de aclarar que la comunidad de inteligencia norteamericana “coincide con el amplio consenso científico de que el virus Covid-19 no fue creado por el hombre ni modificado genéticamente”[ix]. La asociación de agencias de inteligencia Five Eyes (conformada por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelandia y Australia) tampoco ha respaldado las afirmaciones de Trump y Pompeo. Es más, esta desmintió tales hipótesis. Asimismo, los servicios de inteligencia alemana informaron a la ministra de Defensa de ese país, Annegret Kramp-Karrenbauer, que las acusaciones de Estados Unidos constituyen un intento deliberado de desviar la atención pública de los «propios fracasos» del presidente Donald Trump[x].

Desde el ámbito científico el doctor Fauci ha descartado públicamente que el Covid-19 fuera creado en un laboratorio y la jefa del Departamento de Enfermedades Emergentes de la OMS, la norteamericana María Van Kerkhove, ha confirmado que este patógeno tiene origen animal, conforme a todas las secuencias genéticas disponibles, que superan las 15,000[xi].

La presión de las elecciones presidenciales

La debacle económica como consecuencia de la pandemia tiene angustiado al presidente. A pesar que cuenta con una base sólida que lo respalda, con el precedente de que todos los presidentes, desde Franklin Roosevelt hasta George W. Bush, incrementaron su índice de aprobación al menos diez puntos después de un importante evento nacional, y que su rival en las elecciones, Joe Biden, no es la chispa de la vida, surge la posibilidad, según encuestas recientes, de que no gane los comicios presidenciales del 3 de noviembre[xii]. Hasta hace dos meses esto se daba como un hecho. Trump necesita poner en marcha la economía y para ello ya no es suficiente ocultar informes sobre la pandemia. Hace falta recurrir a las fake news. Cuenta con buenos asesores y además él mismo es un maestro de la comunicación sin escrúpulos.

Trump forma parte de la corriente mundial ultraderechista y nacionalista iniciada en Europa desde que en 2002 Jean Marie Le Pen, del Frente Nacional, logró la votación necesaria para participar en la segunda vuelta electoral frente a Jacques Chirac. Desde entonces, han triunfado Viktor Orbán, en Hungría; Matteo Salvini, en Italia; el BREXIT, entre otros, y en nuestro continente, Donald Trump y Jair Bolsonaro. El común denominador es el rechazo a los migrantes y a los órganos de gobernanza multilaterales.

En términos comunicacionales coinciden en diseñar propagandas atractivas para las personas menos instruidas. Así, por ejemplo, Steve Bannon, estratega de la campaña de Trump, y consejero voluntario en la campaña de Jair Bolsonaro, considera que la emoción y la rabia son las que impulsan a la gente a votar, por lo que son elegidas frases como ‘¡Enciérrala!’, ‘¡Construyan el muro!’, ‘¡China fabricó el virus!’ que su base electoral, mayoritariamente blanca, conservadora y rural, aplaude enardecidamente. En este ámbito se concentró la pérdida de trabajos ocasionada por la globalización y Trump supo recoger el sentir de esos sectores que hoy apoyan su rol de justiciero global y sus promesas de traer los trabajos de vuelta a casa.

En este marco, bajo el lema America First, Estados Unidos se ha retirado del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), de la UNESCO, de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, del Acuerdo de París sobre el cambio climático, del Pacto Mundial de las Naciones Unidas sobre Migración y Refugiados, del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio suscrito con Rusia y del Acuerdo Nuclear con Irán que se firmó junto a China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania.[xiii] Asimismo, desde 2017 bloquea la nominación de varios miembros del cuerpo de apelaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), con lo cual el órgano que arbitra las disputas comerciales entre países ha quedado inactivo.

También en el ámbito de la salud ha desistido de liderar cualquier esfuerzo internacional para detener la propagación del nuevo virus. Su última acción tuvo lugar el 14 de abril, cuando en plena pandemia suspendió el financiamiento a la OMS por ser “chinocéntricos” y “por su mala gestión y encubrimiento en la propagación del coronavirus”[xiv]. Esta decisión fue rechazada por La Unión Europea, cuyo representante para política exterior, Josep Borrel, señaló que “no hay razón que justifique esta maniobra en un momento en el que se necesitan todos los esfuerzos para ayudar a contener y mitigar la pandemia del coronavirus»[xv].

Antes de que apareciera esta pandemia ya había rechazado, en la práctica, liderar esfuerzos conjuntos en el marco de la cooperación internacional para detener la propagación de nuevos virus. En mayo de 2018, Trump disolvió el equipo de seguridad de salud global en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, creado por el expresidente Obama en 2014 con el fin de coordinar acciones con los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y CDC frente a eventuales epidemias. Además, debilitó drásticamente la sección global de los CDC, lo que redujo de 49 a 10 el número de países con los que trabajaba para contribuir a prevenir posibles brotes epidemiológicos. Lo mismo ocurrió con otras agencias y programas federales creadas por Obama.

La evolución de la pandemia producida por el Covid-19 en Estados Unidos ha puesto en evidencia la extrema desigualdad de su estructura económica y social, que se expresa en el mayor número de muertes y pérdidas de empleos en la población afroamericana y latina, así como en los pueblos indígenas. Asimismo, muestra un sistema de salud excluyente que, sumado a la falta de pruebas necesarias para detectar a las personas infectadas, impiden frenar la pandemia.

El elevado número de contagios y muertes en este país revelan también el desastroso manejo de la crisis por el presidente Trump quien ha superpuesto sus objetivos electorales sobre la vida de los norteamericanos. El candidato del partido republicano es responsable de pérdidas de miles de vidas que hubieran podido evitarse si no hubiera minimizado la situación y adoptado medidas a tiempo.

La comunidad científica insiste en que la reapertura de la economía sin haberse realizado el número suficiente de pruebas y rastreo, elevarán los contagios y muertes con un impacto mayor en la actividad económica en momentos en que esta comience a despegar. La pronta realización masiva de pruebas a la población ha determinado los mejores resultados en el control de la enfermedad (Alemania y algunos países asiáticos) pero parecería que el no haberse masificado en Estados Unidos desde el inicio, sería parte de la estrategia del gobierno para evitar mostrar el alto número de contagios.

Este espectáculo de desorden, falta de trasparencia, ocultamiento de informes científicos y de inteligencia, así como la suspensión en 2018 del financiamiento de programas de seguridad sanitaria global instrumentados en la etapa del expresidente Obama, están mermando el liderazgo internacional de Estados Unidos dejando un espacio en la cooperación internacional que China no vacila en ocupar.

Ariela Ruiz Caro es economista por la Universidad Humboldt de Berlín con maestría en procesos de integración económica por la Universidad de Buenos Aires, y consultora internacional en temas de comercio, integración y recursos naturales en la CEPAL, Sistema Económico Latinoamericano (SELA), Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL), entre otros. Ha sido funcionaria de la Comunidad Andina entre 1985 y 1994, asesora de la Comisión de Representantes Permanentes del MERCOSUR entre 2006 y 2008 y Agregada Económica de la Embajada de Perú en Argentina entre 2010 y 2015. Es analista del Programa de las Américas para la región andina/cono sur.

NOTAS:

[i] https://twitter.com/realdonaldtrump/status/1220818115354923009

[ii] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52273159

[iii] https://www.efe.com/efe/america/economia/stiglitz-propone-bajas-remuneradas-y-fortalecer-la-seguridad-social-por-pandemia-de-covid-19/20000011-4235539

[iv]http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari29-2020-garciaencina-eeuu-frente-al-covid-19

[v] https://apnews.com/7a00d5fba3249e573d2ead4bd323a4d4

[vi] https://edition.cnn.com/2020/05/19/politics/cdc-reopening-guidance-released/index.html

[vii] https://int.nyt.com/data/documenthelper/6926-mayhhsbriefing/af7319f4a55fd0ce5dc9/optimized/full.pdf#page=1

[viii] https://www.france24.com/es/20200512-fauci-advierte-sufrimiento-muerte-eeuu-desconfinamiento-imprudente-covid19

[ix] https://www.theguardian.com/world/2020/apr/30/cia-pushes-back-at-trump-efforts-to-link-coronavirus-to-chinese-laboratories

[x] https://www.abc.es/internacional/abci-alemania-cuestiona-version-trump-sobre-origen-laboratorio-coronavirus-202005081358_noticia.html

[xi] https://www.eldiario.es/sociedad/OMS-confirma-coronavirus-creacion-laboratorio_0_1023648607.html

[xii] Según encuestas recientes el candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, le llevaría en promedio entre 5 y 6 puntos de ventaja a Donald Trump. https://www.realclearpolitics.com/epolls/latest_polls/elections/

[xiii] El 21 de mayo el presidente Trump anunció su decisión de retirar a su país del Tratado de Cielos Abiertos de la Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE), un pacto de control de armas en el que participan 34 Estados, por considerar que Rusia ha violado reiteradamente el acuerdo alegando que ese país le impide vuelos de reconocimiento de EE.UU. en dos enclaves cruciales: Kaliningrado y Georgia. El acuerdo está vigente desde 2002.

[xiv] https://www.businessinsider.sg/trump-tirade-world-health-organization-coronavirus-briefing-2020-4

[xv] https://www.europapress.es/internacional/noticia-ue-ve-injustificable-decision-eeuu-suspender-financiacion-oms-20200415133104.html