Día del Maíz, entre la celebración y la indignación

Por José Sampietro

Arte desde el cielo: Somos de maíz: No transgénicos. Mira: feminismos y democracias
Somos de maíz. Foto: Gabriel Amador

En Mesoamérica existe un mito que explica cómo se creó el maíz y por qué existe de diversos colores. Este mito es el mito de Coatepetl. Un cerro que contenía las distintas variedades de maíces nativos y, al ser impactada por el dios del rayo, Tláloc, todo el maíz salió volando hacia nuestro mundo. Las semillas que se encontraban más cerca de la superficie, al quemarse, resultaron en semillas azules y oscuras, mientras que los granos que se encontraban en lo más profundo no fueron afectados: son las semillas blancas o amarillas. 

México y Centroamérica son el centro de origen y de diversificación constante del maíz; esto quiere decir que, en lo que hoy es nuestro territorio se domesticó este importante grano, y que, gracias a las prácticas milenarias campesinas de selección, conservación e intercambio de semillas es que hoy en día hay una extensa variedad (59 en México de acuerdo con la CONABIO) de maíces criollos. Estas prácticas han sido encabezadas por mujeres. Para las sociedades mesoamericanas el maíz se sembraba en la milpa, un sistema milenario de policultivo que, dependiendo la región, se siembra con distintos elementos. Los tres básicos son el maíz, la calabaza y el frijol. 

Con los transgénicos se perdería la biodiversidad de la milpa y todo sería monocultivo. 

Contexto

El 5 de julio de 2013, una colectividad de 52 personas y 22 organizaciones de la sociedad civil (OSC) mexicanas solicitaron a las y los jueces que se prohibiera la siemba de maíces genéticamente modificados en el territorio mexicano por el riesgo que significaba para el medioambiente, la salud y la biodiversidad, además del riesgo económico, social y cultural. Lo que se consiguió en esta primera instancia fue una medida precautoria que impidió la siembra de maíz genéticamente modificado. 

Hoy en día, gracias a este movimiento, la siembra de maíz transgénico en todo el país sigue detenida por una sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de 2021 y por una apelación que promovió la Colectividad de científicos, campesinos, activistas y abogados. El juicio sigue abierto y esto apenas fue una primera instancia ya que ahora quedan dos más para saber la resolución final.

Por otro lado, existe una constante ofensiva por parte de las grandes transnacionales y de la agroindustria -siendo Bayer-Monsanto la más conocida-quienes nos intentan imponer su sistema agroalimentario, basado en el monocultivo de semillas transgénicas que requieren de agrotóxicos para sobrevivir. Tratan de imponer que estás semillas modificadas genéticamente  se puedan sembrar y consumir en suelo mexicano. Los riesgos que esto implicaría se pueden ver en distintos ámbitos.

En primer lugar, está el riesgo de que perdamos nuestras variedades de maíz nativo. El maíz es de polinización abierta, esto quiere decir que viaja con el viento, por lo que nuestros maíces se verían contaminados con semillas modificadas genéticamente. Además de que el maíz transgénico está creado en laboratorios para resistir agrotóxicos que impiden que se pueda sembrar en un policultivo  porque sus herbicidas matan el frijol, la calabaza y las plantas medicinales que se cultivan en la Milpa a con el maíz) Se perdería la biodiversidad de la milpa y todo sería monocultivo. 

Somos de maíz. Foto: Gabriel Amador

El segundo riesgo es a la salud de todas las personas que consumimos este grano. Ya que Los maíces transgénicos se crean para que resistan a herbicidas, pesticidas y fungicidas. Se aumenta el uso de estas sustancias dañinas en la producción del alimento para el consumo humano. El más conocido de estos agrotóxicos es el glifosato, el cual ha sido catalogado, por varios organismos entre ellos la FAO y Greenpeace, como potencialmente cancerígeno.

Otro riesgo es el riesgo cultural y social. Con la siembra del maíz transgénico se perderían prácticas milenarias: el maíz transgénico no es compatible con el sistema milpa, un sistema agrícola tradicional de la región que además de su sostenibilidad ecológica y productividad de alimentos,  crea también un tejido social en las comunidades campesinas, donde cada quien aporta lo que puede según sus capacidades. Un ejemplo de esto es el Grupo Vicente Guerrero en Tlaxcala que siembran maíz, calabaza y frijol, además de árboles frutales siguiendo el sistema MIAF (Milpa Intercalada con Árboles Frutales). 

Finalmente, está el riesgo económico. Los maíces creados en laboratorios siguen una lógica capitalista que busca la producción y venta en masa. Al  patentar estas semillas se elimina otra práctica milenaria— de seleccionar y guardar las mejores semillas de cada lugar, así compartiendo los avances y adaptándose a condiciones climáticas, costumbres culinarias y ecosistemas particulares. Las empresas, al contrario, Buscan vender sus semillas patentadas para privatizar todos los pasos de la siembra. Con esto, el libre intercambio de semillas se perdería por completo. 

Además, las semillas gm solamente producen por un ciclo agrícola, impidiendo la selección y el resguardo de semillas y obligando a los y las campesinos volver a comprar de las empresas cada año.  La importancia de este proceso es que, con el conocimiento ancestral que tienen las y los productores, se van mejorando las semillas de manera natural y casi artesanal para que sean lo más adecuadas para la tierra y cultivo. Con esta imposición las y los campesinos tendrían que comprar semillas para cada ciclo, ocasionando un gasto anual que se podrían ahorrar si les dejasen seguir con sus métodos. 

La demanda colectiva ha servido como gran precedente para varios movimientos que defienden los derechos humanos y sobre el medio ambiente. Tiene mucho respaldo internacional y ha logrado impedir que se siembren semillas transgénicas en México. Un ejemplo de esto es con la Ley Monsanto en Colombia, así como el movimiento en contra de transgénicos en Chile y Argentina.

Pese a esto, el juez Víctor Miguel Bravo Melgoza emitió el pasado 29 de septiembre  un dictamen desfavorable: dio preferencia a los argumentos de la agroindustria, donde se dan argumentos económicos y legales. son argumentos de forma y no de fondo como presentó la colectividad. La sentencia del juez niega la protección de la biodiversidad del maíz nativo en México. A pesar del dictamen, gracias a un amparo presentado por la colectividad y por la sentencia de la SCJN, la siembra de maíces modificados genéticamente sigue prohibida. 

Cada 29 de septiembre se celebra el Día Nacional del Maíz. Esta celebración también  festeja la biodiversidad y la cultura que representa este grano y el sistema milpa. Un día que en México es oficial desde hace algunos años gracias a la iniciativa de la sociedad civil y de grupos campesinos. Un día de celebración se convirtió en uno de indignación en consecuencia al dictamen de sentencia adverso que se obtuvo el mismo día -29 de septiembre del 2023- contra la Demanda Colectiva en contra de la siembra de maíz transgénico en nuestro país. 

La demanda colectiva ha servido como gran precedente para varios movimientos que defienden los derechos humanos y sobre el medio ambiente. Tiene mucho respaldo internacional y ha logrado impedir que se siembren semillas transgénicas en México. Un ejemplo de esto es con la Ley Monsanto en Colombia, así como el movimiento en contra de transgénicos en Chile y Argentina.

Existen muchos frentes abiertos que buscan imponer un sistema alimentario regido por el capitalismo. Sin embargo, desde hace más de dos décadas cuando entraron los productos genéticamente modificados promovidos por las empresas transnacionales como Monsanto, las organizaciones campesinas han sido muy claras en que la alimentación y la manera como se produce no pueden entrar en esta lógica. Desde principios de los años noventa exigían que no fuera incluido en el TLCAN, y volvieron a organizarse para exigir que se sacara unos años después. Perdieron esta batalla y como previeron, las empresas ahora buscan utilizar el tratado para imponer su modelo de agricultura que atenta contra la salud, el medioambiente y la cultura.

 Las semillas son bienes comunes. Las semillas han sido mejoradas gracias al trabajo campesino que generación a generación va seleccionando las semillas que mejor se adaptan. Los maíces deben estar en fondos de semillas en manos campesinas. 

La Demanda Colectiva en contra de la siembra de maíz transgénico recibió una sentencia negativa en una primera instancia. Esto no tira abajo todo lo que se ha hecho y se ha conseguido en materia legal pero los logros van más allá. En reconocimiento del trabajo por conservar el maíz criollo, la cultura y la economía campesina, el pasado 23 de octubre del 2023 la Demanda Colectiva en Contra de la Siembra de Maíz Transgénico recibió el premio Pax Natura. Al recibir este premio, también obtuvo las felicitaciones de varios procesos que siguen estas luchas. Esta colectividad ha caminado con muchos frentes en América Latina -Colombia, Chile, Bolivia, Argentina y Brasil- que luchan día a día contra las grandes transnacionales. Es una lucha común en el sur global en contra de la privatización, los monocultivos y agrotóxicos. Es una lucha por las semillas, por la vida y por lo colectivo.

Fuentes consultadas:

La jornada: https://www.jornada.com.mx/2023/07/08/opinion/012a1po

Para más información:

Demanda colectiva: https://demandacolectivamaiz.mx

Sobre el día nacional del maíz: https://www.santiagorobles.info/dia-nacional-del-maiz-2023/

Entrevista de Laura Carlsen sobre este logro en el programa semanal “Hecho en América”: https://youtu.be/klSW_lMH7Us

Sobre las pruebas de los riesgos en la salud: https://conahcyt.mx/las-pruebas-sobre-danos-a-la-salud-y-el-ambiente-causados-por-el-glifosato-tienen-sustento-cientifico/

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