Por Laura Carlsen

El miércoles 12 de octubre de 2011, el New York Times, USA Today y otros periódicos publicaron en primera plana reportajes sobre la revelación de un complot de elementos iraníes presuntamente asociados con las Fuerzas Revolucionarias Quds para asesinar al embajador de Arabia Saudita en Washington, D.C., a través de la contratación del cártel mexicano los Zetas, para que ellos realizaran el “trabajo”. En conferencia de prensa el martes 11, el Procurador General de E.U. Eric Holder reveló el asunto con bombo y platillo, declarando que se habían levantado cargos contra dos individuos y que uno de ellos, un vendedor de autos usados iraní americano de nombre Manssor Arbabsiar, se encontraba detenido.

Los cargos eran vagos y empero amplios. Aunque se desconoce hasta qué nivel de participación llegaba el complot dentro del gobierno iraní, Holder emitió una alerta a viajeros para el mundo entero –advirtiendo al parecer a ciudadanos de Estados Unidos de la posibilidad de tropezarse con iraníes en cualquier parte. La confusa alerta advertió sobre el riesgo de ataques dentro de Estados Unidos, a la vez que aconsejó a los ciudadanos estadounidenses a reconsiderar sus planes de viajes internacionales.

“La evaluación del gobierno de E.U. es que este plan respaldado por Irán de asesinar al Embajador saudita puede anunciar una concentración del gobierno iraní en actividades terroristas contra diplomáticos de determinados países, que incluiría posibles ataques en los Estados Unidos.

“En consonancia, los ciudadanos estadounidenses que residan y viajen al extranjero deben estudiar el Aviso de Precaución para el Mundo Entero de la Procuraduría y otras notificaciones a viajeros, para tomar decisiones relativas a sus planes de viaje y actividades mientras se encuentren en el extranjero.”

Según en artículo en el New York Times, el complot también implicaba planes para bombardear las embajadas israelitas en Washington y Argentina, planes para los que, de nuevo, se había contratado a los Zetas. En un trozo ejemplar de reportaje mal hecho y contradictorio, el diario cita a un funcionario policíaco diciendo que el plan incluía también el trasiego de opio del Medio Oriente a México.

Un vocero del presidente de Irán descartó los alegatos en entrevista con CNN, diciendo, “Es un cuento para niños, una invención.”

El NYT informó que el Embajador iraní ante las Naciones Unidas, Mohammad Khazaee, aseveró, en indignada carta al Secretario General Ban Ki-moon, que su gobierno “rechaza firme y categóricamente estos alegatos inventados y sin base alguna, basados en afirmaciones cuestionables de un (solo) individuo.”

Bajo el escrutinio, el complot se diluye 

Resulta que el “contacto Zeta” jamás fue un contacto con Los Zetas, sino un contacto directo entre el chapucero vendedor iraní de carros usados, el supuesto autor intelectual que habría planeado y dirigiría los múltiples ataques terroristas, y un informante de la Agencia Estadounidense contra las Drogas (DEA), que le fue señalando el camino hasta su arresto en el aeropuerto John F. Kennedy.

Hasta la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton expresó a la Prensa Asociada cierta incredulidad, como si el carácter improbable del complot fuera la prueba misma de su veracidad.

La  idea de que intentaran contactar a un cártel mexicano de la droga y contratar a éste para que asesinara al Embajador saudita no pudo haberla inventado nadie, ¿cierto?

Se supone que la pregunta fue retórica, pero abre

Los Zetas no tienen ningún antecedente de participación en actividades terroristas internacionales ni en nada que tenga que ver con geopolítica. Las razones por las que desviarían su atención de sus esfuerzos por aumentar su porcentaje de un mercado de la droga de millones de millones de dólares por un asesinato por contrato de 1.5 millones de dólares son más que incomprensibles. Qué interés tendrían en bombardear embajadas israelitas desafía totalmente cualquier explicación por lo que sabemos de las actividades de los cárteles. Arriesgarse a desafiar abiertamente al gobierno de E.U. tampoco figura en su lista de prioridades. Hasta ahora no se ha aprehendido a miembros de ningún cártel mexicano precisamente porque la única participación que se conoce fue la del agente de la DEA.

El sitio en la web InSight Crime  y otros en donde se escribe sobre los cárteles mexicanos de la droga han señalado otras numerosas contradicciones; entre ellas, que el punto de encuentro en Reynosa no está en territorio Zeta, y que el complot es tan imposiblemente torpe que, o revela una falta de conocimiento de las organizaciones delictivas mexicanas, o bien lo endeble de las acusaciones.

México como “amenaza terrorista” y la intensificación de la guerra

En los hechos, los únicos lazos entre los cárteles del narco mexicanos y el terrorismo son los retumbos igualmente vagos y no demostrados que últimamente han salido de Washington. Una reunión conjunta de los subcomités de Operaciones de Seguridad Nacional y Asuntos Extranjeros -que adoptó el nombre irracional: “Mérida, 2a Parte: Insurgencia y Terrorismo en México”- no arrojó ninguna evidencia de terrorismo de cárteles mexicanos; pero lo que sí hizo fue desvelar una nueva estrategia que “sube las apuestas” en la guerra contra las drogas al redefinir a los cárteles mexicanos, presentándolos ahora como organizaciones terroristas.

Esta redefinición, que el representante Michael McCaul de Texas volvió explícita cuando instó a clasificarlos como Organizaciones Terroristas Extranjeras, se funda en declaraciones del presidente mexicano Felipe Calderón y actos que “aterrorizan” a la ciudadanía y trastornan la gobernabildad. No se hace ningun análisis específico de los motivos tras los actos violentos de los narcos, ni tampoco del hecho de que la causa primordial de los trastornos en la gobernabilidad es el grado de corrupción que existe en los distintos niveles del gobierno.

Con el anuncio del complot Irán-Zetas se llamó a los gobiernos del mundo a aislar diplomáticamente a Irán, a pesar de que el gobierno iraní niega estar implicado y aún no se han llevado a cabo investigaciones a fondo para establecer hechos y responsibilidades. La implicación de México en el complot refuerza las peligrosas tendencias a afianzar la original guerra contra las drogas como una guerra contra el “terrorismo”, contra una “insurgencia” y contra el narcotráfico, que prácticamente asegura la presencia permanente de las fuerzas de seguridad y de inteligencia de Estados Unidos en el país, así como de las fuerzas armadas mexicanas.

Sólo esperemos que la comunidad internacional exija una investigación basada en hechos que nos permita entender las verdaderas naturaleza y dimensión de la amenaza que este caso grotesco ha revelado.

Como bien sabe el gobierno estadounidense, la táctica de “culpa por asociación” puede ser muy eficaz para influir sobre la opinión pública. Asociar la violencia de los cárteles con el terrorismo facilita y abre las puertas para una mayor intervención estadounidense en México y una mayor asignación de recursos escasos a una desastrosa guerra contra el narcotráfico.

Pero al no ser rigurosos en cómo se describe y se analiza a la delincuencia organizada en México, y al recubrir la realidad con brochazos alarmistas, se vuelve imposible encontrar políticas y estrategias efectivas para derrotar a las organizaciones criminales, y evitar así quedar enfangados en otro atolladero.

(El texto completo de los cargos formales puede descargarse aquí:  US_v_Manssor_Arbabsiar.pdf )

Laura Carlsen es directora del CIP Programa de las Américas www.americas.org/es

Traducción: María Soledad Cervantes Ramírez

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